lunes, 30 de junio de 2008

Resaca personal del 'pudimos'

Por Cristian Naranjo


Sevillistas, béticos, atléticos, merengues, culés, pericos, valencianistas, racinguistas, ovetenses, sportinguistas… Hoy todos somos del mismo equipo y compartimos triunfo por obra y gracia de la selección del “toquen, toquen” de Aragonés. Es francamente bonito. Es francamente sano. Era una necesidad casi imperiosa en un país acostumbrado a vivir en la fracturación política. En parte es una victoria contra los que promueven esa crispación. Gracias al fútbol todos hemos sido España. Desde A Coruña a Tenerife. Desde Bilbao a Barcelona. El triunfo ha abierto una caja de sentimientos que buscaban motivo para ser expresados. Yo soy de Barcelona, de un barrio de tradición independentista. Sin ir más lejos, mi madre está más próxima a serlo que a lo contrario. Mi hermana ídem. Incluso yo, que ante todo me siento barcelonés, tengo inquietudes en ese sentido. No obstante, en mi barrio y en los contiguos se instalaron pantallas para seguir la final. Como debe ser. Sucede que hay un Estado que por el momento aúna a todas las comunidades. Es España, y todos formamos parte, pese a quién pese.

Por eso es mágico un día como hoy, porque hace saltar las caretas de muchos y las destroza, dejando una gran alegría al descubierto. Entiendo las tendencias políticas de cada uno siempre y cuando respeten las demás. Creo que ese es el camino a seguir. Nuestros políticos podrían tomar nota. Ciertos sectores de nuestra ciudadanía, también. Podrían tomar nota porque gracias a una selección de jóvenes traviesos todos hemos cantado victoria. Algunos lo habrán sentido más que otros. Obvio. Algunos lo habrán exteriorizado con entusiasmo y otros no. Lógico. Pero en cualquier caso es una gran noticia sentirnos unidos entorno a algo. Sea lo que sea. Estas líneas surgen como crítica hacia ciertas imágenes que tengo almacenadas: ¿Qué pretendía simular Laporta en el palco, más pendiente del móvil que del partido? ¿Acaso se cree omnipresente, capaz de estar en misa y repicando? En la vida, o se está o no se está. Nunca entenderé las medianías ni las paradojas de esa naturaleza. Laporta podría haberse quedado en casa como otros muchos, alegrándose de la victoria a escondidas. Al menos no habría metido la zanca públicamente.

En mi opinión la coherencia es un valor a tener en cuenta. Por eso critico a Laporta. Por eso critico a Montilla, cuya columna en La Vanguardia tampoco termino de entender: ¿Tiene sentido que el President de la Generalitat de Catalunya –socialista además de nacido y criado en Córdoba– justifique el por qué quería que ganara España? ¿Es de recibo que ponga por delante a los catalanes simplemente por el hecho de serlo? En fin…

Me ha gustado que el triunfo se haya celebrado a lo grande en una ciudad como Barcelona. No me ha gustado que algunos aprovecharan el contexto para dar rienda suelta a sus proclamas retrógradas e intolerantes. Nada que objetar al profundo sentimiento nacional mientras no atente contra las opciones alternativas. Ayer sentí vergüenza ajena cuando por culpa de cuatro analfabetos quemacontenedores los Mossos d’Esquadra tuvieron que evacuarnos a la fuerza de Plaza España. ¡Viva el fútbol valiente! ¡Viva la selección que ha apostado por ese modelo! ¡Y viva España! Con todas las autonomías que la articulan y todas sus gentes. Finalmente sí pudimos.


[*] A modo de homenaje, el 'himno' de La Roja:



*************************************************************

domingo, 29 de junio de 2008

¿Juego de niños en Viena?

Por Cristian Naranjo


Restan apenas 13 horas para la final cuando termino este texto. El minutero avanza ya inexorable. Es imposible conciliar el sueño ante una cita de tal magnitud. Cierto es que nosotros no jugamos, pero moralmente todos formamos parte del equipo que saltará al Ernst Happel esta noche. Los jóvenes de la generación de los 80 no nos hemos visto en una igual. Algunos no habíamos siquiera nacido; otros no tenían todavía uso de razón. El caso es que hasta ahora toda nuestra memoria conectaba con despedidas tan tempranas como amargas. Pudimos echar a Italia en el '94. Perdimos. A Inglaterra en el '96. Caímos. A Francia en el 2000. Palmamos. Debimos proclamarnos campeones en 2002 tras eliminar a Alemania en 'semis' y comernos a Brasil en la final. Teníamos a un Joaquín y a un Morientes estelares, pero un robo coreano y una tanda de penaltis donde Casillas no paró nos devolvieron a casa. De 2004 no se puede salvar nada. Iñaki Sáez no dio con la tecla, Torres fue una escopeta de fogueo y a Raúl Bravo le superaron más veces de las que le encararon. Fue un desastre España y una calamidad la Eurocopa, que coronó la especulación griega por encima del jogo de Portugal. En 2006 más de lo mismo, con el atenuante de que nos echaron los últimos compases de Zidane, así como “la menor condición física de base y tal…” –según Aragonés.

Y así llegamos hasta hoy, con la sensación de que esta Eurocopa le está devolviendo a España algo de lo que le ha ido quitando a lo largo de cuatro desérticas décadas, y al fútbol lo del catenaccio grecorromano de 2004-06. Una vez aquí hay que cerrar el círculo en nombre de Arconada, Maceda, Señor, Camacho, Gordillo, Santillana, Sarabia… En definitiva, hay que hacerlo para redimir a la tropa del '84. También para refrescar la emoción a los veteranos del '64; para honrar al resto de generaciones lacradas por infortunios e injusticias… Hay que rematar “el tema y tal” por Aragonés, sus hijos y su camada de nietos. Todos ellos se lo merecen en la misma medida que nosotros.

Noventa minutos para cerrar una brecha de 44 años. A un lado, la España de los pesos pluma. Al otro, la Alemania de los pesados. La baja de Villa puede quedar compensada por la de Ballack. Juegue quien juegue, el plan de ataque de ambas es de sobra conocido. La Mannschaft se decanta por el veneno de los alacranes: inesperado, fugaz y efectivo. La Roja, en cambio, procede a la hipnosis antes de deleitarse en aplicar una muerte parsimoniosa y dulce. La fiabilidad de otra histórica como última prueba para el tuya-mía de la selección. Más allá de los estilos, las finales son para valientes y descarados. El corazón nos dice que los 'pequeños' se han soltado las riendas definitivamente. De confirmarse nuestras sospechas, el Ernst Happel va a convertirse en el perfecto marco para un lienzo goyesco: Juego de niños.

*************************************************************

viernes, 27 de junio de 2008

Ingeniería alemana

Por Albert Valor

El 16 de junio de 1954, Alemania reaparecía en los grandes torneos. Era la Copa del Mundo de Suiza y los teutones aparecían en escena por vez primera tras la Segunda Guerra Mundial. Previamente, habían sido vetados en los JJOO del 48 y en el Mundial del 50. Nadie hablaba de ellos, es más, eran señalados como unos apestados, y precisamente fue ese rechazo lo que empezó a forjar su leyenda.

El día del debut, se enfrentaron al último rival que han tenido hasta ahora –es decir, Turquía-. Como el pasado miércoles, los otomanos tomaron la delantera en el marcador, pero de nada les sirvió, ya que los germanos acabaron ganando por 4-1. En la final, Alemania derrotó a uno de los mejores equipos que se hayan visto sobre un terreno de juego, la Hungría de Cañoncito Puskas y compañía. Pero como Alemania siempre tiene un plan, la historia de ese partido empezó a forjarse en la primera fase. En la segunda jornada de la liguilla, alemanes y magiares se enfrentaron por vez primera en un día muy caluroso. El seleccionador, Sepp Herberger alineó al capitán Fritz Wälter junto a otros 10 suplentes. Hungría aplastó a la Mannschaft: 8-3. [Walter era el mejor jugador alemán del momento –actualmente el estadio del FC Kaiserslautern lleva su nombre-, pero tras contraer la malaria se hizo muy vulnerable a los partidos disputados bajo el calor y la humedad]. Nadie lo sospechaba entonces, pero ese resultado puso la primera piedra para construir la gloria. La competición fue avanzando y ambos combinados alcanzaron la final. Aquel día, Berna amaneció lluviosa y fría. Hacía un día Fritz Walter. Evidentemente, los dos equipos mostraron sus onces de gala, y una vez más las húngaros eran favoritos. Más cuando a los 9’ el marcador era ya de 0-2. Pero entonces afloró el orgullo alemán. Tras sacar de centro, una jugada dirigida por Walter, la remachó Morlock a la red. Eso espoleó a los teutones, que antes de los 20 minutos ya habían empatado. El desconcierto se apoderó de los magiares, que quedaron intimidados por el ímpetu de su oponente. Tras la reanudación el área alemana era bombardeada una y otra vez, pero una fuerza desconocida impedía que los ataques fueran culminados. Entonces apareció Rahn, que tras un rechace de la defensa magiar recogió el balón en la frontal, buscó el hueco y ¡zas! Corría el minuto 84 y la tropa de Herberger solo tuvo que aguantar el resultado. Esa tarde nació la leyenda alemana. Ellos fueron los primeros exponentes de la fiabilidad que atesoran los germanos cuando la cosa va de fútbol. Aquel partido se recuerda desde entonces como El Milagro de Berna, un hito que fue el punto de inflexión para un país que gracias al fútbol se vino arriba y creyó en salir adelante y reconstruirse.

La siguiente hombrada alemana llegó en el Mundial que organizaron en 1974. Otra vez tras un camino con altibajos –llegaron a perder un partido contra sus vecinos comunistas de la RDA-, los alemanes se plantaron en la final. Y otra vez les esperaba el mejor equipo del momento, en este caso la Holanda de Cruyff. Y otra vez el rival se avanzó bien pronto. Al minuto de juego, Berti Vogts cometió penalti sobre El Flaco tras una jugada en la que ningún alemán tocó el balón. La pena máxima la transformó Neeskens. Beckenbauer, Breitner, Hoeness y compañía estaban hundidos y no sabían como hacer frente al Fútbol Total. Pero como Alemania siempre tiene un plan, decidió pagarle a Holanda con la misma moneda y sus jugadores empezaron a ocupar todas las zonas del campo sin importar su demarcación. Primero fue un penalti y luego una jugada culminada por uno de los mejores definidores de todos los tiempos, Torpedo Müller. Todo antes del descanso. En la segunda parte, la tropa teutona se dedicó a neutralizar a La Naranja Mecánica –el marcaje que Vogts le hizo a Cruyff está hoy en todos los manuales- y sólo hubo que esperar al pitido final.

El triunfo en Italia ‘90 es algo diferente. Contando con una de las escuadras favoritas al triunfo final –en sus filas estaban Voeller, Klinsmann, Matthaus, Kohler o Brehme - la Mannschaft se vengó de la Argentina de Maradona, que la había derrotado en la final de México ’86, en una de las peores finales que se recuerdan.

Visto lo visto, la leyenda que Alemania se ha forjado a través de la Copa del Mundo es para tener en cuenta. Pero en la Eurocopa la cosa cambia. Los tres títulos conseguidos han sido siempre ante rivales a priori inferiores. En 1972, víspera del Mundial ’74, destrozaron a la URSS por 3-0 –hasta ayer no se había visto nada parecido a esas alturas en un Europeo- guiados por un magnífico Gunter Netzer. En el 80, la terna formada por Rummenigge, Schuster y Hrubesch se impuso en la final de Roma a una de las mejores generaciones que ha dado el fútbol belga. Y en el 96, la víctima fue el equipo sorpresa del torneo, la República Checa. Sin contar con un equipazo, la Mannschaft se impuso por oficio y por acierto en los compases decisivos.

Pero si analizamos las dos derrotas que han sufrido los alemanes en el partido final de una Eurocopa llega el lugar para la esperanza. En el 76, cayeron ante Checoslovaquia tras el famoso penalti de Panenka y después de comprobar que en el fútbol del este había nacido otro muro: el meta Ivo Viktor. En la Euro ’92, disputada en Suecia, los tricampeones mundiales sucumbieron ante uno de los campeones más inesperados de la historia. Dinamarca no se había clasificado, pero Yugoslavia tuvo que renunciar a participar tras la guerra. La plaza fue para los nórdicos, que con una columna vertebral formada por Schmeichel, Olsen, Jensen y el hermanísimo Brian Laudrup, se plantaron en la final, donde borraron del campo a los alemanes para acabar ganando 2-0.

Ambas fueron ocasiones en las que Alemania, pese a no enfrentarse al mejor combinado del momento, sí tenía enfrente al equipo que había desarrollado una propuesta más atrevida. Y a diferencia de la Copa del Mundo, cuando se ha encontrado con la generación dorada de un país poco acostumbrado a la victoria en la competición continental, Alemania sí ha mordido el polvo.

‘No importa que sea un vehículo, una lavadora o un equipo de fútbol. Un producto alemán siempre es fiable’. Algo así dijo Alfredo Relaño el pasado día 8, cuando Ballack y compañía saltaban al césped para debutar contra Polonia en este Europeo. Quizá su derrota ante Croacia en la segunda jornada hizo creer a muchos que no bastaba sólo con ser fiables. Pero Alemania ha vuelto. De hecho está a la vuelta de la esquina. Y como decíamos, siempre tiene un plan. Su primer mazazo fue despertar a Portugal del sueño de redimirse de la decepción que supuso perder ante Grecia el primer y el último partido de su Eurocopa. Löw vio que la formación utilizada en la primera fase, con dos delanteros y cuatro centrocampistas, mermaba las cualidades de Ballack, que jugaba demasiado retrasado. Por eso decidió cambiar ante los lusos. Rolfes y Hitzlspelger –a la espera de recuperar al mejor Frings- cubrían las espaldas del crack del Chelsea en la medular mientras éste, escoltado en la izquierda por Podolski y en la derecha por Schweinsteiger, hacía, deshacía y dirigía a su antojo en la mediapunta. Por delante de él, Klose hizo de cazagoles. En la semifinal ante Turquía repitieron. Pero el juego de violines desarrollado por la Roja está haciendo meditar al guaperas Löw, que está barajando la opción de volver a colocar dos puntas para aprovechar mejor las ocasiones que puedan concederles los pupilos del Abuelo. Sea como fuere, seguro que tendrán un plan.

Pero hablemos de los puntos débiles de la Mannschaft. Si de ¾ en adelante cuentan con jugadores resolutivos, tras la medular se esconden las carencias de este equipo. Mertesacker y Metzelder se asemejan más a la competencia de Nowitzki y Jagla –ambos sobrepasan el 1’90- que a una pareja de centrales convencional. Por ende, son eficientes en el juego aéreo, pero si España echa el balón al césped lo pasarán mal. Los laterales dan una de cal y otra de arena, sobretodo Lahm. Si el menudo carrilero del Bayern es un delantero más en las jugadas de ataque –ya lo demostró con su decisivo gol ante Turquía-, sufrirá para defenderse de las internadas y/o combinaciones de Ramos e Iniesta. Friedrich, por contra, pese a no ser tan ofensivo, es mucho más defensa, aunque tampoco es un portento físico. Qué decir de Jens Lehmann. Con unas manos de mantequilla, unos reflejos más bien escasos y una agilidad poco privilegiada es, junto a Rüstü, uno de los peores arqueros que hemos visto durante estas tres semanas. Nadie se explica como puede ser aún el portero de la selección –quizá la respuesta esté en que su sustituto es el ex azulgrana Enke-, y muchos creen que algún día, un error suyo –no porque no los haya cometido ya- le costará un buen disgusto al equipo.
·
En todo caso, el partido está ya listo para servirse. A los alemanes, que ganan una de cada tres Eurocopas, les toca ya por estadística, pero a los nuestros -24 años sin final, 44 sin título- la historia les debe una –y unas cuantas más les debe el fútbol-. Y aunque Alemania haya rebuscado en los anales de su historia para recordarnos en estos últimos partidos la esencia de la frase que un día pronunció Gary Lineker, España se está reivindicando como el mejor equipo del torneo, por los menos como el más diferente al resto. Seguro que Alemania llevará su estilo –ese que le ha dado tanta gloria- hasta las últimas consecuencias. España, como ha hecho hasta hoy, no podrá ser menos. Todo campeón surge de la creencia en un estilo. El domingo, el único imperativo debe ser el choque de filosofías, de estilos, de ingenierías. A partir de ahí, que gane el mejor.

*************************************************************

La España de los 'bajitos' se doctora con matrícula ante Rusia

Por Cristian Naranjo


Sigue la fiesta española en Viena y en la península. Continúa el jolgorio merced a la exhibición de los 'pequeños'. Rusia sobrevivió un tiempo entero. Demasiado según lo visto tras el descanso. Gozó de vida mientras la selección se lo permitió. No hay que olvidar los méritos de la tropa bolchevique de Hiddink. Se plantaron en 'semis' destrozando a la gran Holanda de Van Basten con un juego que impresionó. Situaron su fútbol en el mapa comandados por Arshavin, del cual no hubo noticias esta vez. Pavlyuchenko fue el único capaz de inquietar a Casillas, en una mera demostración de su papel de boya en el mar. El delantero ruso es un jugadorazo, un tanque del Este dotado de la mejor tecnología, pero solo y desasistido quedó reducido a poco más que nada. Si además Puyol y Marchena siguen obstinados en ser la pareja perfecta tenemos dibujado el naufragio ruso.

Cuando un equipo tiene alma, calidad, coraje, cuajo y fe es que está diseñado para el éxito. El sexto factor es la suerte, pero suele derivar de los demás. España completó ayer un ejercicio de precisa humillación. En la primera parte, como si de un gran púgil se tratara, midió sus fuerzas y las del oponente. Vaciló masticando en exceso el juego, huérfana de último pase. Le dio a Rusia motivos para seguir soñando con la machada. En el segundo acto, simplemente arrasó cualquier duda sobre el partido. La Roja fue un vendaval de fútbol.

Y todo coincidió con la entrada en escena del más liviano de la tropa. Iniesta sacó el compás y solucionó la cita. Apareció por la izquierda –flanco en el que se muestra más dañino–, le hizo el ovillo con naturalidad a Anyukov y sirvió un balón con lazo para la entrada de Xavi, que remató ante el orgullo de un país y la admiración de un continente. España se ha doctorado a lo grande. Iniesta, Xavi, Cesc y Silva: ligeros, inteligentes, generosos, descarados y sobre todo talentosos, extremadamente talentosos. Ellos son el ADN de la selección. Entre los cuatro fabricaron una goleada de bellísima factura en las semifinales de una Eurocopa. Casi nada.

Tras el 0-1 la Roja se dedicó a gustarse. Estaba sola en el campo, recreándose en su propia calidad. Poco importaban ya la lluvia, el cambio de Villa o el desacierto de Torres. Todo el partido giraba entorno a un solo equipo. En esas condiciones, Rusia se vio obligada a dimitir sin rechistar. Y con ella se despidió Arshavin, una merma para el espectáculo coral.

El 0-2 fue la obra maestra de dos diestras de seda. Cesc puso la bola con mimo al interior del área para el desmarque de Güiza, que la acarició antes de guardarla en el cajón. El arquero demostró que sus flechas también riman en la poesía de la selección.

Y qué decir del 0-3. De nuevo Iniesta, esta vez trazando por arriba, y de nuevo Cesc, utilizando el cartabón al servicio del pase a Silva, que cerró la jugada con categoría: control con la derecha y definición con la izquierda. Un broche dorado –el color anoche de la selección– para un deslumbrante partido.

Es lógico que una victoria de tal calibre haya desatado la euforia. España va a disputar la tercera final de su historia. Hace 24 años que no se da la circunstancia y por ende hay que celebrarlo. Pero no demasiado. La selección sigue estando en deuda con su hinchada. Tiene los mejores jugadores y sobre todo el mejor equipo del torneo. En lo más alto espera la Legión Cóndor alemana. Ballack, Klose, Schweinsteiger y Podolski son los estandartes de un equipo avalado por su exitosa historia –3 Mundiales y 3 Eurocopas–. El equipo actual tiene los centímetros y el vigor de siempre, más las dosis justas de calidad. Como mandan los cánones, la final será el duelo en mayúsculas del torneo. Será un reto durísimo para España, más pedregoso incluso que el de Italia por la relevancia del choque y la variedad del arsenal alemán.

Holanda fue la primera en asombrar tras dejar secas a Italia y Francia. Cuando se antojaba como favorita recibió el severo correctivo de Rusia. Ahora los de Hiddink han caído sin oposición ante España, cediéndole así el testigo. La Roja tiene ahora la ocasión de romper la línea lógica derrotando a Alemania. La Mannschaft es al fútbol lo que el granito a la naturaleza. Es un grupo rocoso y cuenta con la experiencia que dan los triunfos. Esta vez, delante va a tener a una selección surgida de la necesidad de ganar, de esa escasez que agudiza el ingenio según el refranero. Aragonés ha repartido con criterio la escuadra, el cartabón, el compás y el medidor de ángulos entre los capacitados para delinear el juego. Geometría al servicio del fútbol. Esos pequeños genios saben bien que a Alemania es más fácil rodearla que rebasarla por arriba. Por eso pondrán el balón en el piso y se arrancarán a jugar. La fórmula conocida; la fórmula del éxito. Es cierto que no estará Villa para sellar la producción de los jugones. Visto lo visto, apuesto a que Löw no sabe quién le da más miedo, si Cesc o Güiza.

*************************************************************

jueves, 26 de junio de 2008

Siempre gana Alemania

Por Albert Valor

Se acabó el sueño turco. Tras creer hasta el último segundo, los pupilos de Fatih Terim doblaron la rodilla. Poco se le puede objetar a estos guerreros, que han dado la cara en todo momento y que han encadenado un milagro tras otro. Todos los entrenadores que quieran adquirir durante el verano algún jugador que garantice lucha, entrega y compromiso durante 90 minutos –o los que sean necesarios- ya sabe que en la selección turca tiene un buen abanico para elegir. Junto a ese derroche de corazón, habría que destacar a algunos jugadores como Sabri Sarioglu, un pequeño y escurridizo hombre de banda que ha jugado donde le ha exigido el guión, Hamit Altintop, que ha refrendado que aúna clase, temple y polivalencia, Mehmet Aurelio –que junto a Senna ha demostrado que si Brasil no cuenta hoy en día con un mediocentro de garantías es porque no quiere-, Ugur Boral, un desconocido e irregular extremo que ha mostrado su mejor versión en este europeo, Semith Senturk, que ha ejercido de ‘9’ tal y como le exigía su dorsal, Kazim Kazim, el interior que vino de Londres, o Arda Turan, que pese a no estar disponible hoy –al igual que Nihat o Tuncay- ha aprovechado este torneo para darse a conocer.

Si había un equipo que pudiera hacer frente a la imprevisibilidad turca ese era Alemania. Y así fue. El duelo empezó con los germanos demasiado relajados, como si creyesen que el partido se iba a ganar sin dejarse la piel sólo por el simple hecho de que alguien diga que en este deporte siempre ganan ellos o porque los otomanos estuvieron jugando diezmados por sus numerosas bajas. Y claro, los turcos, además de fe, tienen orgullo y decidieron que si se quedaban sin final no sería por no haberlo intentado. Primero avisó Kazim Kazim con un trallazo al larguero, y acto seguido una jugada de carambola acababa con un empalme de Ugur Boral que se le escurría al siempre inseguro Lehman. Por primera vez en esta Eurocopa la selección de los milagros se veía por delante en el marcador. Y evidentemente, como eso no es lo suyo, tras acribillar a la Mannschaft durante unos minutos más, concedieron el empate en la primera jugada de peligro creada por sus rivales. Bastian marcó a pase de Podolski. La primera parte acabó en tablas, sin ofrecer mucho más que una contra marrada por el ‘polaco’.

El segundo acto empezó como acabó el primero, con sopor, y así fue casi todo él. Cuando el telespectador ya pensaba en disfrutar de uno de estos últimos instantes de Eurocopa con treinta minutos más de propina llegó el epílogo. En los últimos 11 minutos se vendió todo el pescado –no podía ser de otra manera con Turquía sobre el green-. Minuto 79; centro siniestro desde la izquierda de Lahm, parecía que Rüstü iba a llegar, pero para no manchar su reputación cantó, y Klose, ave de rapiña donde los haya, aprovechó el regalo. 2-1. La tropa de Terim tenía 11 minutos para jugar al milagro, que es lo que le gusta. Y para no variar con su táctica, siguió creyendo. ¿Qué es un gol de desventaja con 11 minutos por delante? Para ellos bien poco. Y evidentemente empató, a los 86’, cuando el partido agonizaba. Centro raso de Sabri desde la derecha al palo corto y Senturk, avanzándose a su marcador bate a Lehmann por debajo de las piernas. Probablemente medio mundo estuviera frente al televisor con la certeza de que lo que acababa de pasar ya lo esperaba. Pero tres minutos después Alemania, fiable donde los haya, verdugo entre verdugos, asesina a sangre fría, dio de beber a los turcos de su propio elixir. Quedaba un minuto más los tres del alargue. Evidentemente Turquía seguía creyendo. El problema para ellos fue que Alemania ya tenía demasiado claro lo que podía pasar si concedía un solo milímetro. De hecho, Turquía tuvo última opción en una falta que botó Tumer Metin. El jugador del Larissa griego mandó el balón a la grada y con él, toda la proeza al limbo. Tras el saque de puerta Busacca pitó el final.

Turquía puede estar orgullosa de lo que ha hecho. Sin contar entre los favoritos al título, ha demostrado que con fe, testosterona y, evidentemente, algo de fútbol, se puede optar a todo. Terim –el indiscutible parecido razonable de Robert de Niro-, ha comandado un grupo sobradamente preparado para competir aun cuando la guillotina les rozaba el pescuezo. Es para estar orgullosos. Si siguen creyendo así, el futuro estará lleno de dulces. Para nada deben estar tristes. Ya se sabe, en el fútbol, siempre gana Alemania ¿o quizá no?

*************************************************************

lunes, 23 de junio de 2008

¡Cuánto tiempo sin vernos por aquí!

Por Albert Valor

22 de junio. El día en que Diego metió El Gol a los ingleses. Hasta ayer, día fatídico para la selección. Desde anoche, el día en que se superaron todos los malos farios. El de los cuartos. También el de los penaltis. Y hasta el de que Italia siempre se salga con la suya.

España está en semifinales. Allí se encontrará con un viejo, conocido y reconstruido rival. Tras la caída del muro de Berlín, la URSS se desmembró. Aquella selección, siempre competitiva, también sufrió las consecuencias en lo deportivo. La competitividad soviética se la tuvieron que repartir entre Rusia, Ucrania, Letonia y un largo etcétera de selecciones. Todas ellas han sido durante un largo tiempo equipos menores. Si acaso el combinado liderado por Shevchenko, que llegó hasta los cuartos en Alemania 2006, sea la única excepción, la que confirma la regla.

Tras esas dos décadas de sequía, el fútbol del este se ha ido reinventando poco a poco a sí mismo. Podría decirse que el holandés Gus Hiddink, el hombre milagro de los banquillos –llevó a Corea del Sur a las semifinales de una Copa del Mundo y a Australia a los octavos- ha sido en gran artífice. Pero no, ni mucho menos. Tras ir dando tumbos con más pena que gloria por algunas fases finales –lo más destacado sería el 6-1 ante Camerún en USA ’94, con 5 goles de Oleg Salenko, uno de los récords de la Historia de los Mundiales- el fútbol ruso ha dado con una generación excelente de futbolistas que han empezado a despuntar en el momento justo para coincidir con los nuevos talentos. Es curioso el caso de Arshavin y Zyrianov, que con 27 y 30 años respectivamente, han explotado de modo un tanto tardío para unirse así a los Bilyaletdinov (23), Zhirvov (24), Sychev (23), Anyukov (25) o Akinfeev, el meta (22). Un tanto diferente es el caso de Pavlyuchenko, que con 26 años ya lleva varias temporadas destacando en el Spartak de Moscú. Y sí, sería injusto no reconocer la aportación del ex entrenador del Real Madrid con sus resolutivos sistemas tácticos y su receta para que no se cortara la mayonesa.

El partido ante Holanda -aquella que presumíamos como La Naranja Metálica- fue un recital ruso. Quizá era el partido perfecto para la resurrección de los zares. En el 88, se habían despedido de los grandes partidos precisamente ante la Holanda de Van Basten, en aquella final en el Olímpico de Munich. El fútbol de aquella Holanda era enorme. El de Rusia para meterse en la ‘semis’ de este Europeo -con Arshavin haciendo las veces de faro guía, mientras los suyos lanzaban misiles desde cualquier parte del campo a la par que combinaban para llegar al área hasta que llegó un momento en el que la Oranje sólo podía mirar- fue sublime. A estas horas, Hiddink será el villano predilecto de los Países Bajos.

Como decía, el jueves se enfrentan en las semifinales de la Eurocopa España y Rusia. “Jugamos contra los soviéticos”, dirá mi abuelo. Y es que el duelo despertará la nostalgia de los más mayores, aquellas épocas lejanas –sobretodo para los nuestros- en que ambas se enfrentaban en las grandes citas. Como la final del europeo del 64 en el Bernabéu. Ese día, una España anfitriona, llena de talento e ilusión, se medía a un combinado que contaba con Lev Yashin, el mejor portero del mundo por entonces –para muchos, con permiso de Zamora, el mejor de todos los tiempos; de hecho es el único arquero que tiene el Balón de Oro-. Desde entonces -con la final del 84 en el Parque de los Príncipes como paréntesis- España no está entre la flor y nata. Rusia, aunque hace menos, también tiene amnesia triunfal.

Seguro que el jueves, desde Villa hasta Akinfeev, de Arshavin a Casillas, pasando por Xavi o Zyrianov, habrá momentos en los que se evocará a aquella vieja rivalidad. Marcelino se acordará de su gol. Y Pereda de su centro. Y Yashin, desde algún lugar, sonreirá. Y muchos pensarán: “¡Cuánto tiempo sin vernos por aquí!”. Y el fútbol, como antaño, supurará por todos los poros.

*************************************************************

La noche en que 'la Roja' sometió a Italia

Por Cristian Naranjo

Ante la insistencia de su nieto, el abuelo pasó a relatarle una vez más su cuento favorito. Siempre le explicaba la misma historia, la de aquella selección que eliminó a Italia en los penaltis. El viejo detallaba el contexto ante la expectación del niño. Hacía 24 años que no sucedía algo parecido. Eran vísperas de San Juan y la victoria se celebró con el debido estruendo: cláxones, gritos y pirotecnia. La alegría inundó los hogares y las calles en una noche histórica para la hinchada española. El abuelo hablaba de un partido agónico, resuelto por las paradas de un tal Casillas. El nieto, cada vez más emocionado, atendía con los ojos como platos. Además de al portero español, el viejo recordaba a Fàbregas por marcar el último penalti, y a Villa por ser la estrella de aquella Eurocopa. Por parte italiana, el abuelo tenía palabras para sus dos torres: “Su delantero era un gigante vestido de corto y su portero más largo que un domingo sin dinero”. El nieto disfrutaba al mismo tiempo que sin darse cuenta cimentaba sus pasiones y sueños futuros.

En la mente de todos quedó fijada la emoción de los penaltis y la victoria. Ocurre que la memoria es selectivamente traicionera, y sólo permite almacenar pasajes concretos. Lo mejor de aquella noche se perdió por el camino de la historia. El viejo no lo recuerda con nitidez, pero España jugó al billar a costa de la cuatro veces campeona mundial. Echó el balón al tapete, lo multiplicó y se puso a bailar al son de una panda de enanos traviesos. Por desgracia el abuelo olvidó cómo los bajitos se asociaron mil veces para alcanzar la portería rival y cómo un hispano-brasileño se bastó para barrer el mediocampo. Lamentablemente los años hicieron que sólo quedaran los datos, pero aquella noche la selección aunó la belleza con los valores del juego. Puyol, Marchena y Ramos se partieron la cara por cerrar la trinchera; Xavi, Silva, Iniesta y Cesc se conjuraron entorno al balón sustentados siempre por las espaldas de Senna, que dio un recital de percusión y armónica –13 recuperaciones por sólo 3 pérdidas; arriba, contenidos por el oficio de los centrales italianos, Torres y Villa se desfondaron en cada ataque; en la otra orilla, Casillas fue Casillas, el de los milagros cotidianos. Fue una noche de fe, valentía, coraje y orgullo por un patrón de juego. Se anunciaba un duelo a tumba abierta y lo fue. Se escenificó un igualadísimo choque de culturas, donde acabó triunfando a la ruleta rusa quien lo mereció por voluntad y vuelo.

Como siempre tuvo Italia el partido donde lo quiso en muchos instantes del partido: balón parado, balón volando, balón para Toni. La azzurra se mantuvo fiel a su perfil de arisco felino a pesar de contar con talento a grandes cucharadas. Cassano, Aquilani, De Rossi, Di Natale, Del Piero… todos supeditados al manual del catenaccio: balones por alto, contraataques, rebotes, últimos minutos y penaltis. Así se ganaron un nombre entre los todopoderosos y así cayeron aquella noche, ejecutados por su propia mezquindad. En contraste, España hizo algo más que cruzar la alambrada de cuartos. Triunfó en nombre del fútbol, aunque el abuelo no lo recuerde.

*************************************************************

domingo, 22 de junio de 2008

El niño aprendió la lección, pero vuelve por sus fueros

Por Albert Valor

Mucho se está hablando estos días del posible fichaje de Cristiano Ronaldo por el Real Madrid. El affaire es ya el culebrón del verano, como en otros tiempos lo fueron Figo, Saviola, Ronaldo o David Beckham. Y lo es porque nadie dio un paso al frente ―quizá Ferguson ha sido el único con sus, por otra parte, desafortunadas declaraciones; a este paso perderá el juicio― en su debido momento: el Real Madrid no se decide a negociar en firme por el jugador, y Cristiano, lejos de esa humildad que todo hombre necesita para triunfar en la vida ―no quizá en el plano profesional pero sí en el humano―, ha estado lanzando balones fuera cada vez que se le preguntaba sobre su futuro, diciendo incluso que ni su madre ni su novia sabían qué haría el año próximo. Con ello, no sólo ha faltado a la mujer que le dio el ser o a la bella con la que comparte su vida ―que ya es decir―, sino también al equipo que le ha dado fama mundial ―y evidentemente a la afición de Old Trafford― y de rebote, a un club que suspira por hacerse con sus servicios y que tiene miedo de volver a quedar con la cara pintada como en aquella ocasión en la que quiso traerse a un tal Patrick Vieira a Concha Espina allá por 2004. Decían que a aquel Madrid le faltaba un mediocentro como el francés para aspirar a todo y dicen que a éste le falta un crack como el luso no sólo para aspirar a todo en Europa y poner la guinda a un gran equipo, sino también para volver a ponerle rostro a la imagen publicitaria del equipo blanco.

El caso es que al fin, el luso, tras decir Diego donde dijo digo infinidad de veces, ya ha dado a entender que su sueño es el Real Madrid. Evidentemente, lo ha hecho dando muestras de su egocentrismo. Esta vez ha optado por no respetar ya ni a sus compatriotas, maltrechos en su moral tras el KO en la Eurocopa. A 'CR7' le faltó tiempo para hablar tras el partido contra Alemania.

Quizá muchos piensen ya que el niño a quien me refiero en estas líneas es Cristiano Ronaldo, pero no, el mocoso que un día aprendió la lección y hoy parece haberla olvidado no es otro que el Real Madrid Club de Fútbol, un niño de 106 años. Todos vemos aún cercana aquella imagen del Madrid galáctico y caduco que cada verano paseaba su estrellato por las Antípodas ―Asia o Estados Unidos― y que durante el invierno se dedicaba a arrastrar su descompensación por los campos de España y Europa con aquellas estrellas estrelladas ―los Figo, Ronaldo, Beckham y cía―. Aquel Madrid galáctico pareció ser un día el sueño de cualquier aficionado, un equipo de Play Station en el que sólo se daba cabida a los más grandes ―¿o quizá a los más mediáticos? Pero ese Madrid acabó suponiendo el fin del florentinato ―también fue Florentino Pérez quien lo ideó―, y también sumió a los de Chamartín en una de las mayores crisis deportivas de toda su historia y de la que les costó un buen tiempo salir.

Fue el año pasado, con la nave comandada por el capitán Capello y ocupada por hombres –que no por nombres– cuando el Madrid resurgió de sus cenizas para ganar una Liga en la que nadie contaba con ellos a dos meses para su fin. A día de hoy, y siguiendo la estela de Capello, el Madrid ha creado un equipo joven y compensado que si bien aún no da la talla en Europa, sí que ha conseguido arrebatarle el trono al Barça en España. Nombres como los de Pepe, Sergio Ramos, Gago, Sneijder o Higuaín forman la columna vertebral seguro en torno a la cual girará el futuro a medio plazo. Una clase media no exenta de calidad que asegura garra, sacrificio, compromiso y como se ha podido ver, títulos. Al Madrid le faltan un par guindas. Y quizá la primera sea saber encontrar en el mercado a un futbolista que responda en los momentos clave en los partidos cruciales y que a la vez no desestabilice la plantilla. La segunda será no volver a convertirse en aquel niño mimado que quiere tener el juguete de moda. Prácticamente todos los de mi generación hemos podido ver lo difícil que le resultó a Arnold Schwarzeneger conseguir el juguete más preciado por su hijo en Un padre en apuros para hacerlo feliz. Puede que comprar a Cristiano Ronaldo haga feliz a la afición merengue –que no a toda– en este verano. Pero eso no garantiza que en junio de 2009, ese niño que es cada aficionado –del Madrid en este caso, pero al fin y al cabo un caso que se puede dar en cualquier afición del 'planeta fútbol'– siga estando feliz, sobre todo si no se ha conseguido lo que se anhelaba.

En los últimos años el Madrid se ha ido reinventando con la fortuna de que su falta de caché hacía que los jugadores más preciados del mercado se mostraran reacios a recalar en sus filas. Poco a poco, en la Casa Blanca están recuperando el glamour perdido, tanto que ya vuelven a parecer aquel chiquillo malcriado que se aplica aquello de 'culo veo, culo quiero'. Y no sólo eso; siempre se ha de pretender lo que esté más de moda: hace dos veranos era Cesc, el pasado Kaká, y ahora Cristiano –sin olvidar que coincidiendo con un momento de apogeo de Diego, del Werder Bremen, durante la primera mitad de la temporada, también se habló del posible interés por ficharlo.

¿Dónde está ahora Kaká? ¿Acaso ha perdido el atleta de Cristo y último Balón de Oro la calidad que atesoraba hace 12 meses? Rotundamente no. Lo que ha perdido es su protagonismo mediático, y su condición de faro del actual campeón de Europa, ahora en manos del '7' de los red devils. Y eso parece ser que no le sirve al Real Madrid. Pero yo me pregunto: después de haber anhelado tanto a Ricardo Isaczon, ahora que el Milan ha caído a la segunda división europea que es la UEFA y no disputará la próxima Champions, ¿no querrá ahora más que nunca el brasileño dejar Milanello? Además, su precio sería inferior al de hace unos meses y seguro que también inferior al del portugués.

No es por desmerecer, Cristiano me parece un excelente jugador individualmente –aunque no un gran jugador de equipo–, una excelente guinda para un pastel bien cocinado, pero quizá en el molde en el que se está cociendo el Madrid 2008-09, Kaká tendría un mejor acople. Las bandas del Madrid no están para nada mal cubiertas con Robben y Robinho –también me parece prometedor el futuro de Royston Drenthe, por muchas críticas que haya recibido, apenas tiene 20 años–, y para quitarle minutos a Raúl y a Van Gol en la delantera no se han de pagar 80 millones. El mediocampo merengue ha estado sublime en muchos momentos de la temporada –como en el duelo prenavideño del Camp Nou–, pero también ha naufragado en otros. Ahí entra en escena la figura de Kaká: pese a su juventud, es un guerrero curtido en mil batallas que no ha desaparecido en momentos clave, como en unas semifinales de Copa de Europa o una final de la Copa Intercontinental, así que, puestos a poner guindas, pongámosla en el centro de la tarta, que luce más.

No se trata de hacer una comparación entre Kaká y Cristiano, ni de discutir quién es mejor; se trata de que el Real Madrid busque lo que más satisfaga sus necesidades deportivas –no las comerciales– buscando, como apuntaba en un principio, un crack que venga con humildad y con ganas de sumarse al ejército merengue como un guerrero más. Puede que después de ver al luso en este tramo final de temporada –sobre todo en la final de Champions y en la eliminatoria contra los germanos en la Euro, partidos importantes en los que quiso y no pudo–, Pedja y Calderón se lo piensen. Quizá se den cuenta de que el Real Madrid no necesita precisamente a ese jugador. Por no hablar de que su multimillonario fichaje y su elevada ficha podrían desestabilizar una plantilla a la que por fin había llegado el buen rollo. Pero lo más importante es que, ahora que el Real Madrid ha aprendido la lección, no debe olvidarla.

*************************************************************

sábado, 21 de junio de 2008

El héroe circense

Por Albert Valor


El fútbol ha vuelto a demostrar que no se rige por ninguna ley. ¿Cómo es posible que el mejor jugador de un partido –con una abismal diferencia sobre el resto– tenga que irse con la cabeza gacha como uno de los responsables de la eliminación de los suyos y que el peor del partido –también con bastante diferencia- salga a hombros como un héroe? Ayer Rüstü Reçber, ese portero que le endosaron a Laporta para que empezara a construir el Barça postgasparista, tras evocar en cada acción a la madre de Forrest Gump y recordarnos en cada acción del partido que la vida es una caja de bombones y que –con el ex azulgrana– nunca sabes lo que te va a tocar, alternó paradas de mérito con actuaciones circenses –como la del gol. Hasta que llegaron los penaltis. Ahí el meta turco se miró en el espejo de otros cancerberos con más sombras que luces que también se han erigido en héroes después de las fatídicas tandas –su compañero de selección Volkan Demirel, el ahora madridista Dudek o el portugués Ricardo.

Esa es la primera impresión que deja el partido. La segunda viene tras una breve observación. En el descanso de su segundo partido en esta Eurocopa, Turquía estaba fuera, con las maletas por hacer para regresar a casa. Ahora mismo, está en semifinales, con la moral más alta después de cada partido; no por el qué sino por el cómo. Tras el gol postrero de Arda Turan contra Suiza y el ejercicio de creencia demostrado ante Chequia, pensábamos que un mismo equipo de fútbol ya no nos podía enseñar nada más, que en el libro de los milagros Turquía ya lo había escrito todo.

Al partido de ayer le sobraron 118 minutos –excluyendo, claro está, a Modric, que estuvo exquisito, cruyffesco por momentos, maradoniano incluso; la pena es que apareció con cuentagotas en un partido huérfano de talento. De hecho le sobraron los 120 –si acaso un balón enviado al larguero por Olic tras genialidad de Modric y algún chut envenenado de los hombres de segunda línea turca, pero poco más–, pero el caso es que en esos dos últimos se empezó a configurar la balanza psicológica del encuentro, esa que tan bien dominan los pupilos de Terim y que sería decisiva en la lotería final. Faltaba un minuto para que se cumpliera la totalidad de la prórroga cuando Modric llegó por los pelos a un balón que parecía perderse por la línea de fondo. Eso creyó Rüstü, que salió a proteger el balón. Al verse entre la portería y el crack croata, ya con el balón junto a la bota, el meta reculó. Mientras, el '14' centró para que Klasnic hiciera más grande su hazaña tras la operación de riñón. El balón entró tras tocar en Rüstü, que lo tocó a contrapelo. La selección ajedrezada se veía ya en 'semis'. Pero, ¿acaso alguien creía que con 3 minutos de alargue Turquía no seguiría creyendo? Con el tiempo cumplido –mientras Bilic pedía un cambio–, Rüstü envió el cuero desde su campo directo hasta el área croata, y tras un par de segundos de incertidumbre –y de falta de contundencia croata–, Senturk la empalmó directa a la escuadra de Pletikosa para después mandar callar a la afición balcánica. De locos. Bilic se mostraba entre atónito e indignado –sobretodo con Mejuto- con lo que veían sus ojos. A Croacia entera le parecía una película de terror. A los turcos les resultaba ya de lo más normal.

Luego llegó la tanda. La estupefacción de unos y la fe de otros acabaron por finiquitar la eliminatoria. Turquía ha llegado ya al penúltimo escalón. Su siguiente rival será Alemania. Eso ya les da igual. Lo único que les compete es seguir creyendo.

*************************************************************

jueves, 19 de junio de 2008

Balas en la recámara

Por Albert Valor


España siempre ha sido un país con tendencia a la crítica fácil. El día que Luis dio la convocatoria para la Eurocopa, hubo división de opiniones. Ya casi nadie discutía sobre la ausencia de Raúl, pero muchos echaban en falta a extremos puros como Capel o Joaquín, y Riera o Navas en segunda instancia. A última hora, el Sabio supo que no podría contar con Bojan. Eso, unido al mal tramo final de temporada realizado por el extremo manacorí, dio entrada a Sergio García y Cazorla en la lista final.

Aunque ahora extinguidas, hubo críticas respecto a la inclusión de este último. Que si ‘ya tenemos muchos como Cazorla’, que si ‘para llevarme a Cazorla me llevo Joaquín aunque no esté al 100%’… Zanjado el 'tema Raúl', por algo había que discutir. Pero parece que ya ningún detractor se atreve a alzar la voz. El asturiano ha tenido suficiente con dos ratitos y un partido de trámite para mostrar sus credenciales como revulsivo de lujo: capacidad de sobras para llevar el balón cosido a la bota, gran visión de juego, buen cambio de ritmo para romper entramados defensivos, incursiones tanto por el centro como por las bandas... Quizá el sistema de la Roja necesite un jugador polivalente y que a la vez se distinga en algo de los demás jugones.

Luego está Güiza, el hombre que un día decidió que cuando marcara un gol emularía a su ídolo Kiko Narváez. Cuando el mallorquinista estaba enrolado en las filas del Ciudad de Murcia, su presidente dijo en una ocasión: “Hemos fichado al delantero con más talento de España, pero también al más golfo”. El hombre se refería al idilio que el jerezano mantenía con la noche, puesto que en más de una ocasión llegaba con resaca a los entrenamientos. Poco se imaginaba el joven Dani que un lustro después estaría en un torneo internacional de selecciones, tras haber encontrado el equilibrio personal gracias al matrimonio con la antaño polémica Núria Bermúdez –que también es su representante–, una mujer que estaba más cerca de la farándula que del fútbol profesional cuando su esposo era un fiestero y que también le ha dado dos retoños –y van camino del tercero–. Pero así es la vida, y a veces las mezclas explosivas dan estos excelentes resultados.

Hoy Güiza está en Austria –apoyado en todo momento por su cónyuge– tras haber completado una campaña espectacular con el Mallorca, que además le ha encumbrado como pichichi –27 goles–. No ha debutado en el torneo hasta que se ha resuelto la clasificación, pero de no ser por las exhibiciones del Guaje, puede que muchos hubieran pedido su entrada, porque si algo asegura el arquero actualmente, es gol. Y compromiso. Que nadie olvide que prefirió debutar como internacional en un amistoso antes que ver nacer a ¡su hijo! Atentos, porque si nuestra dupla no tiene el día –Dios no lo quiera–, puede tener su momento.

Otro tema es el de la media. Quizá sea esta la zona más definida del equipo, ya desde la fase de clasificación. Pero si algo le falta a esta medular, más allá de si hay que discutir la facilidad para entrar por las bandas, es el atrevimiento a chutar de lejos. Y hoy Xabi Alonso y De la Red nos han demostrado que descaro para ello precisamente, no les falta. Sensacional el remate a bote pronto de Pumuki para empatar el duelo –también sensacional la dejada de Güiza, y eso que su mejor arma es el gol–. Además, sería una baza importante para el juego aéreo. No creo que Donadoni lo tenga muy estudiado. De Xabi hay poco que decir en ese aspecto, no vamos a descubrir ahora su facilidad para el zapatazo después de sus años en Anfield y en su casa de Donosti. Hoy ha dado varias muestras de su repertorio.

Luis ha recibido muchas críticas desde que está en este banquillo y se le puede acusar de muchas cosas. Pero al César lo que es del César. Él ha sabido ver el talento de muchos jóvenes emergentes y ha llevado de forma equilibrada el cambio generacional al combinado nacional. Si ha dejado algunos fuera es porque hay que llevar a 23. No a 45. Se puede ganar o perder, pero lo que seguro tenemos son mimbres para dar la cara. Y acabo: no es por desmerecer a Capdevila, está haciendo un papel aceptable, pero el momento de forma que vive Navarro es sensacional. Lo de los centrales es otra cosa.

*************************************************************