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martes, 22 de septiembre de 2009

Pep Guardiola: del axioma al teorema

Por Cristian Naranjo

Al término del partido frente al Atlético, mientras los ecos del triunfo todavía retumbaban en las tripas del Camp Nou, el entrenador del Barcelona compareció en rueda de prensa con su habitual discurso relativizador. En mitad de un huracán de agasajos a Messi, se descolgó asegurando que su equipo no le convenció. Apenas si citó al astro argentino y sin embargo se deshizo en elogios hacia el sacrificio de Ibrahimović y Henry. En materia de alabanzas nadie conoce el arte del goteo como el entrenador azulgrana, cuyas declaraciones son las propias de un licenciado cum laude. Ducho a la hora de preservar el orden del gallinero, siempre en paralelo al ideario de Cruyff, Guardiola se conoce al dedillo el abecé de algunas ciencias sociales como la pedagogía o la psicología grupal. Obsesionado con mantener el equilibrio emocional, el técnico culé suele apostar por los elogios en los días grises y por sesgar la euforia tras las grandes victorias. Los medios no juegan con él. Él juega con los medios. Y en este caso el orden de factores sí altera el producto. La unanimidad entorno a las decisiones de Guardiola es la tónica general de las corrientes de opinión, de modo que sus ideas fuerza se retroalimentan.

La política del cuestionamiento continuo sólo puede surgir de una mente preclara. Para cualquier otro sería inconcebible mostrarse frío ante un resultado de 5-2, donde se ha exhibido la estrella del equipo. No es hipocresía: a Guardiola no le valen las goleadas si no son fruto del estilo propio. En concreto no le agradan los encuentros de ida y venida porque, según argumenta, la celeridad en ataque propicia un interlineado excesivo, que acarrea el rápido despliegue del rival. Por contra, prefiere dominar el tempo y masticar la jugada hasta que se genere el espacio. En su última aparición, previa al desplazamiento a Santander, el técnico perseveró en la misma idea: "El sábado creo que hicimos 7 u 8 disparos a puerta y nos llegaron 5 ó 6 veces con peligro. Fuimos eficaces, pero no tuvimos el control". Renegar abiertamente del acierto ofensivo no responde sino a profundas convicciones. Sólo así se explica un ejercicio de contradicción tan insólito, bajo el cual un empate a cero puede pesar más que un resultado abultado.

Lo cierto es que, tras analizar en profundidad las declaraciones de Guardiola, se extrae que al técnico le obsesiona rebatir la evidencia para evitar la ciclotimia. Lejos de reconocer la productividad del frente de ataque acusó al equipo de falta de precisión al decidir. En contraste, ensalzó la intensidad defensiva de todo el grupo la noche en que Chygrynskyy se desnortó en medio del páramo. Tampoco ha perdido la ocasión estos días de alabar a Abel Resino ─1 punto en tres jornadas─, Henry ─aún sin muescas en el revólver─ y Busquets ─deficiente inicio de temporada─ entre otros. Es el mecanismo de la compensación, basado en repartir el mérito con calculadora. Hay una frase del propio Pep Guardiola que condensa todo su libro de estilo, alcanzando la categoría de dogma: "El fútbol es un juego coral". Así piensa y así procede el preparador culé, auténtico artífice del estado de júbilo.

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viernes, 29 de mayo de 2009

La madeja rojiblanca

Por Cristian Naranjo

Tras conseguir un doblete histórico la temporada 95-96, el Atlético no ha vuelto a ser el mismo. Se ha consumido en su propio éxito. Con un continuo divorcio entre afición y directiva y construyendo año tras año proyectos deportivos a base de dar palos de ciego, el equipo rojiblanco ha fracasado de forma continua. Con independencia de quién sea su presidente, su entrenador o sus jugadores, la entidad nunca ha encontrado la calma. Tampoco los cientos de millones de euros invertidos han solucionado nada. De hecho, descendió al infierno de Segunda con jugadores como Kiko, Baraja, Hasselbaink y Valerón.

Es el Atlético un equipo propenso a la autodestrucción. Tiene graves complejos de hermano menor y no acierta a encontrar un modelo a seguir. Las caras visibles de la entidad han ido pasando con más o menos gloria, pero sin darle un vuelco al timón. Ni Torres, ni Forlán, ni Agüero han sido suficientes para corresponder a una afición siempre entregada. Este año, los 'indios' contaban con una plantilla aseada a priori, pero apestosa en realidad, con una defensa vulnerable y un centro del campo donde el encargado de llevar el juego ha sido por segundo año consecutivo Raúl García. Qué mal olor. Así las cosas, unas buenas bandas y una delantera sobresaliente no han servido para optar ni por asomo al título, por más que Abel Resino esté a punto de sellar el pasaporte para la 'Champions'.

Ever Banega ha sido la imagen de la incoherencia. Aguirre y Abel prefirieron a Assunçao antes que al gran talento del argentino. Una absoluta vergüenza. Con la Liga a punto de echar el cierre, ya se conocen algunos fichajes para la temporada próxima. Sergio Asenjo, un portero prometedor, y Juanito, central internacional, no parecen grandes nombres para competir con Barça y Madrid, cuyas hojas de ruta están más claras.

Mientras el Atlético no alcance la paz social y trace las líneas maestras a seguir repetirá naufragio. Se necesita una idea con urgencia que no sea el sufrimiento. No tiene que ser propia, sino que puede ser plagiada con total descaro. Camachos y Agüeros no suena del todo mal. Cualquier cosa con tal de insertar miel en el paladar de una afición sobresaliente, ilusionada con deshacer algún día la madeja rojiblanca.

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