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viernes, 29 de enero de 2010

Sensaciones de la primera evaluación

Por Albert Valor



Ante ustedes un cúmulo de pensamientos entorno a lo que ha deparado nuestro querido fútbol hasta la mitad del curso. Todo ello, en una semana a caballo entre la primera y la segunda vuelta. Época en que las universidades dirimen los exámenes semestrales. No se trata de ningún de ningún análisis exhaustivo ni de ningún balance, simplemente son una serie de reflexiones con el balón como protagonista. Si se hubieran hecho hace un mes, quizá serían otras. Si escribiera desde Zaragoza, a buen seguro mis percepciones serían distintas. Si estuviera en A Coruña, quizá hablaría de Filipe Luis. Pero estoy en Barcelona. Y desde aquí les emplazo. Hablemos de fútbol.

Y si lo hagámoslo una vez han quedado remendadas las semifinales de la Copa del Rey. Mejor que mejor. Y es que a uno le queda la sensación de que este torneo se está revalorizando poco a poco pese a que la RFEF se empeñe en lo contrario. Quizá porque el Barça lo ganó el año pasado, puede que por el partido de vuelta de octavos entre sevillistas y azulgranas en el Pizjuán hace dos semanas. Quiso el destino –y Palop- que en una segunda parte de cuento el Barça tuviera una docena de ocasiones y sólo le entrara una. La primera eliminación barcelonista en 18 meses a cambio de que un torneo denostado nos brindara el mayor espectáculo visto hasta ahora en la 2009-2010. Todo ello supone un resquicio de esperanza para los aspirantes a destronar al hexacampeón, pero también para la propia Copa. Ahora, las eliminatorias Sevilla-Getafe y Racing-Atlético, que se juegan durante las próximas semanas, darán paso a la final de una competición que vuelve a ser una de las estrellas de la función. Que dure.

De la Liga hay que decir que es como la vida. Sigue igual. Hastiados de escuchar como se ha frito y refrito el tema de Cristiano Ronaldo y su codazo, braceo o desliz, la realidad es que no se puede analizar al conjunto de Concha Espina sin la figura de su crack. El Madrid tiene cada día más empaque, verdad. Pero lo cierto es que todavía no tiene más plan que la pomposidad de CR9. Le falta una hoja de ruta. Todo el mundo sabe que quiere llegar a la cima del Annapurna. Lo que no se sabe aún es cómo. ¿Con Xabi Alonso como ancla? ¿Basando su juego de ataque en las subidas de los laterales? ¿Contando con Guti –ayer villano, hoy mesías- como lámpara maravillosa? En cada partido vemos una pizca de cada una de estas intenciones, pero siempre de un modo anárquico, así como desordenado.

Y para desviarse aún más de lo que realmente importa, Florentino, Valdano, Pellegrini y la práctica totalidad de la plantilla se encuentran estos días ante comités, ruedas de prensa y cadenas de radio llorando por el perdón de la flor más tierna del rosal. Creían que de amor no se podrían pinchar, pero lo cierto es que el portugués, su personalidad y sus hechuras son un pack indivisible. No habrá perdón. Sólo queda Raúl para Riazor. Él no es una rosa. Más bien es un cactus. No necesita tanta agua. Ni tanto cariño. Pero al fin y al cabo, forma parte del mismo jardín.

De todos modos, se encuentra el equipo blanco un tanto acomplejado aún por el Barça y su marcha de bólido. Y pese a ello, tenían razón los agoreros. Es verdad, en 2010 el Barça ya no será como el del año pasado. Ya no ganará la Copa. Eso sí, el precio a pagar ya lo conoce el Sevilla. Tras la eliminatoria copera, 4-0 en partido liguero y ni pa’ ti ni pa’ mi. Esa secuencia de enfrentamientos demostró, ante todo, dos cosas. Lo trascendente en el fútbol, pese a quien pese, son los goles. El nivel del juego viene inmediatamente después. No es que el culé se pueda quejar de lo primero. Menos aún de los segundo. Y es que el Barça siempre juega igual. Igual de bien. Porque la belleza es un todo, no está hecha de retales. O se tiene o no se tiene.

De retales sí está hecho el Mallorca, lo cual no significa que en su singladura no tenga cabida la poesía. En la isla hacen mudanza cada doce meses, pero el bueno de Manzano siempre acierta con los muebles. No es que tenga un convenio de colaboración con Ikea ni nada por el estilo. Pero si se le va Arango, él se reencuentra con Borja Valero, si Güiza emigra al principio de Asia, él adopta a Aritz Aduriz, y si el Atlético recupera a Cléber, Mario Suárez se convierte en algo más que un mediocentro de contención. Los isleños ocupan plaza europea ahora mismo y del Ono Estadi no ha salido ni un punto. Su única pena es haberse quedado a un gol de las ‘semis’ del torneo del KO. Hasta ahora y pese a ello, son la grata sorpresa del campeonato. Vencen y convencen.

Luego está el Espanyol. Su caso merece mención aparte en este primer semestre del curso. Bien es cierto que la desgracia siempre se ceba con esta centenaria institución. Es verdad que los árbitros siempre lo utilizan como carne de cañón –como el pasado domingo, sin ir más lejos-. Pero detalles como el conocido hace unas horas, dejan lugar para una reflexión. Milan Smiljanic, centrocampista que lleva desde septiembre sin ficha por no disponer la plantilla de una plaza de extracomunitario para él, ha sido cedido al Sporting hasta final de temporada. Justo ahora que Iván Pillud ha obtenido el pasaporte italiano. Justo ahora que Moisés Hurtado, mediocentro titular, está lesionado para un mes. ¿No parece extraño? Más aún cuando el Espanyol, un club que siempre adolece de una precaria situación económica, busca ahora un centrocampista con urgencia. Y además, resulta que Óscar Sielva, una de las perlas de la cantera, está cedido en el Cartagena y apenas cuenta con minutos. Todo muy surrealista, la verdad.

Está claro que hechos como la muerte de Dani Jarque justo cuando el club vivía momentos de éxtasis con la inauguración del nuevo campo, hacen pensar que esta gente no se puede llevar dos alegrías seguidas. Y les aseguro que esa afición no lo merece. Pero también es cierto que, en el último lustro, el Espanyol ha evadido tres descensos casi seguros sin saber aún como. Pero es que cuando las cosas no se hacen del todo bien, siempre se abren grietas.

Podrían tratarse más dimes y diretes, y quizá saldría a la palestra el talento de Canales o el de otras perlas como Medunjanin o Azpilicueta, o se hablaría de la tremenda temporada del Deportivo de Lotina. A buen seguro que todos ellos tendrán cabida en PLF en algún momento. Pero otra vez será. De momento, y como diría Bugs Bunny, esto es todo, amigos.

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jueves, 14 de enero de 2010

Sólo Palop resiste el tiroteo

Por Cristian Naranjo y Albert Valor

Cayó el campeón. Pero lo hizo con grandeza: jugando a rock and roll, fabricando fútbol en alta definición y asombrando de nuevo al mundo a través de un mero balón. Sevilla y Barcelona dignificaron la tan denostada Copa en una noche de pelo en pecho y hombría, sólo apta para orgullos infinitos. Solo contra todos, Palop aguantó el tiroteo y evitó la sangría en una segunda parte de ardor azulgrana. Pasa el corte el equipo de Jiménez al encuentro de un Deportivo con hechuras de rebeldía. Es de justicia reconocer que la Copa ha redoblado su valor merced a un Barça rojo pasión, que desde hoy inicia una escalada hacia cotas más altas.
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miércoles, 6 de enero de 2010

La Copa desnuda a Chygrynskyy

Por Cristian Naranjo

Desde incluso antes que cristalizara su fichaje, este bloc de notas no ha sido indeciso a la hora de valorar el amor ucranio de Guardiola. En primera instancia se expresó recelo. Y en segunda, se le censuró. Las críticas no han sido gratuitas, sino cimentadas en la lógica, en el sentido común, en la opinión de los entendidos y en la evidencia final de los hechos. De momento los media miran hacia otro lado: escurren el bulto, apelan a la adaptación, ensalzan sus virtudes y no entran al trapo. Nadie se ve legitimado para cuestionar al gurú. Mientras tanto, el club y el representante demandan paciencia para el jugador. Justo aquello que siempre escatima la afición culé. Esta noche se han explicitado silbidos en el Camp Nou, un estadio por el cual Chygrynskyy pasará como un fantasma sin que ni tan siquiera Guardiola pueda ya remediarlo.
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lunes, 2 de noviembre de 2009

Benzema y Chygrynskyy se ganan el patíbulo

Por Cristian Naranjo

Mientras Benzema comenzaba a esconderse de sí mismo en el Bernabéu, el clásico tono del Plus daba cuenta de lo ocurrido en Chapín. El 'Trueno de Zenica' ─gran Relaño en este caso, aunque últimamente parezca un casquero─, adelantaba a un Sevilla low cost con un gol 'excelso', de imposible planteamiento para el inmaduro francés. A estas alturas los antecedentes no dejan lugar a dudas: los buenos eran Negredo y André-Pierre Gignac.

Tras quedarse con diez en una decisión surrealista de Lahoz, el Madrid volvió a la Guerra Santa, a la épica griega, sin tapujos ni disimulo. Sin sonrojarse. Y en ese tipo de escenarios, Higuaín se maneja como Eneas. El artillero argentino ─aunque de nacimiento también francés ─, mandó al cajón las dos bolas de que dispuso en ventaja, resolviendo así el partido y lanzando al Getafe a la lona, que se presentó mustio en Concha Espina, dispuesto a encajar, no pegar y arrojar la toalla pese al favor arbitral. El segundo balón al 'Pipita' ─que va camino de 'Piponazo', como su abuelo─ se lo entregó Benzema en una contra, única faceta en que luce el lionés. Tras dos meses de competición, otra evidencia palpable es la jerarquía de la delantera blanca: Higuaín, Raúl, Benzema. Ese debiera ser el orden, nunca al revés, pero sucede que en el Madrid el mandamás es el sacerdote y no el ingeniero. La titularidad de los nuevos galácticos no se discute; es el decreto que da forma a la doctrina del ser supremo.

Con una plantilla configurada a marchas forzadas, a base de nombres conocidos pero inconexos, el equipo merengue vive instalado en un oxímoron irresoluble: presidencia, afición y entrenador aspiran a ganar trazando triángulos, a encandilar, y sin embargo sus geómetras tienen querencia por las líneas de fuga. Entre Alonso, Lass, Kaka', Guti y Granero, toda una escalera de color, sigue sin hallar el técnico ni a Pitágoras ni a Brunelleschi. Los cinco se quedan a las puertas de la matemática y la arquitectura, mientras que sí dominan todas las fórmulas del contragolpe.

Semana a semana ha ido quedando al descubierto que tanto Kaka', como Granero y Guti, son media puntas por naturaleza, lo cual puede extrañar pero no sorprender, dado que la posición de trequartista es al soccer lo que la del quaterback al fútbol americano: la más golosa de todas las posibles. La consecuencia es que sobre el campo se solapan, se desdibujan y no acaban de enlazar. Quedan Lass, demasiado alborotado como para marcar el ritmo, y Xabi, teóricamente el más dotado para la elaboración, pero que vive en la praxis a veinte metros del área y no a cinco; primero porque no tiene un socio de inicio de jugada ─que bien podría ser Gago─, y segundo por la costumbre adquirida tanto en Liverpool como en la 'Roja' de ejercer de ancla más que de manija. Mientras el petirrojo de Donosti no se decida a soltar amarras, el Madrid seguirá sin encontrar discurso.

El silbido final en Chamartín sirvió de transición hacia Pamplona, donde Osasuna esperaba con largos cuchillos al líder. Arrancó sólido, ambicioso y reconocible el Barcelona, pero pronto cedió terreno, presencia y buena parte del balón ante el brío de los de Camacho, que cuajaron un partido digno de elogio, cimentado en un primer tiempo de altura y en que jamás se deshilacharon en el segundo, cuando el Barça se adueñó de la noche. Con todo, el campeón se hubiera llevado los tres puntos con justicia de no ser por Rubinos. Y por los errores propios, todos ellos de bulto y protagonizados por los centrales suplentes. La acción donde Ibrahimović se escapaba al galope no requiere más comentario.

En cuanto a la 'Dormita di Márquez', como titulaba La Gazzetta dello Sport, fue de jaula, por el coste que supuso y por reincidencia. A lo largo de su trayectoria en azulgrana, el mejicano ha acumulado una extensa lista de pájaras, varias de ellas de juzgado. No obstante, lo que alarma no son tanto sus errores puntuales como el precario estado de forma en que se encuentra. A su mejor nivel, Márquez también sufría similares desconexiones ─'burritos', según Rac1─, pero sus enormes y genuinas virtudes lo exculpaban. Es el capitán de la 'Tri' un futbolista tan fino como temerario, y que por tanto exige una puesta a punto, más que perfecta, pluscuamperfecta. Pero en cualquier caso Rafa Márquez sigue siendo un defensa señorial y recuperable a todas luces.

Si el sesteo del central fetiche de Guardiola fue grave, lo de Chygrynskyy, que pasa por ser la otra niña de sus ojos, fue como para simular un accidente de madrugada. El técnico hubo de sustituirle porque se avecinaba la roja después que Aranda, un delantero suburbial de trayectoria humilde, se añadiera al grupo de 'Yo también he roto a Chygrynskyy'. Aunque los medios catalanes escurran el bulto, nadie en Barcelona acierta a concebir cómo un futbolista tan torpe, plomizo y gélido pudo enamorar a todo un cuerpo técnico, en bloque. El ucranio es algo más que disminuido: presenta encefalograma plano en comparación con la joyería de Piqué y el alto voltaje de Puyol. Inexpresivo, melenudo y lánguido como un sauce llorón, el ucranio pide a gritos apelativos como 'Jesucristo Superstar', 'Androide C-21' o 'Yo soy Sam'. En realidad, lo que demanda con fervor es subirse al patíbulo.

En definitiva, extrapolado todo a lo estadístico, la tabla dice que pese a los brazos caídos de Benzema, con las solventes victorias de Sevilla y Valencia en territorio andaluz, y gracias a centrales de cuyo nombre Cervantes tampoco querría acordarse, el campeonato se estruja más que nunca. Habemus Ligam.
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jueves, 29 de octubre de 2009

Semana vista, semana enfermiza

Por Cristian Naranjo

Semana psicótica para los amantes del fútbol televisado. El sábado en el Allianz Arena, en partido de Bundesliga, Van Gaal hizo bueno el recurso del central a repicar campanas para doblegar al Eintracht en el último suspiro. Anoche, sólo unos días después, esta vez en Frankfurt y en partido de Copa, el Eintracht recibió un rapapolvo por parte del propio Bayern ─0-4─. Así de malcriado es el deporte rey. El domingo, también en Alemania, Schalke y Hamburgo se dieron al frenesí goleador ─3-3─. Mientras que el gigante de Múnich no llegará muy lejos si pretende vivir a costa de sus monolitos y un centro del campo próximo a la Edad de Piedra, otro futuro bien distinto promete el conjunto norteño, cuyo gozne pertenece a Zé Roberto. Ironías del fútbol: el brasileño, desechado por el Bayern este verano, es justo el resorte del que carece ahora el club bávaro. En un renovado Hamburgo, al veterano todoterreno le secundan jóvenes figuras en ciernes, caso de Pitroipa, Berg y por supuesto el chispeante Eljero Elia, gran revelación de la Bundesliga por una cuestión de velocidad pura. Estará en el Mundial, posiblemente gozando de bastantes minutos en pantalla.

También durante el fin de semana, en la Lega Calcio, los centrocampistas del Inter insistieron en encubrir a sus puntas, el Milán enseñó destellos de resurrección a base de trompazos, la Juve se reencontró con Amauri, y la 'Samp', a lo suyo, disfrutando de su sueño en otra dimensión. Los festivales dejaron de ser noticia en el Luigi Ferraris. Y ayer miércoles, en lugar de la Copa, perseveró la liga. A la espera del líder, el Inter de Mourinho que juega hoy en Palermo, la conclusión es que el Milán seguirá sufriendo los achaques de la vejez y que las cebras de Turín están definitivamente de vuelta. Aplastaron a su vecino en la tabla, la Sampdoria, con una alineación para soñar en grande: Buffon; Grygera, Cannavaro, Chiellini, Grosso; Camoranesi, Sissoko, Felipe Melo, Giovinco; Diego; Amauri. Como ya se presumía, la lesión de Iaquinta será como savia para Amauri, que a partir de ahora dispondrá de todo el frente de ataque, y para Giovinco, el sustituto elegido. Su asociación con Diego, complementada por el apache Camoranesi y la fuerza animal de Sissoko y Melo, ya ha comenzado a generar beneficios. La bien parecida 'Samp' puede dar fe de ello. Le cayeron cinco en Delle Alpi, merced a una exhibición de catálogo de toda la 'Juve', en bloque. La sociedad Amauri y Asociados, especialistas en encimeras de granito, es por fin un hecho.

En Inglaterra es ya una costumbre que el Chelsea golee sin sacudirse el hombro. Essien ─¡qué futbolista!─, Lampard, Anelka, Drogba y compañía van camino de recuperar el cetro doméstico y de alcanzar el europeo. De la mano de Ancelotti, no parecen acusar los blues ni los años ni las decepciones pasadas. Arrollaron al Blackburn en la Premier y anoche hicieron lo propio con el Bolton en la Carling. La zaga sigue funcionando, la delantera es un martillo y la media ha enrolado a un timonel de campanillas. No es un fichaje; es un regreso. En efecto: Deco is back. En cuanto al vigente campeón, el United, nada que reprochar a su inicio de temporada. Si bien no se muestra tan pétreo como Chelsea, dispone igualmente de un grupo contrastado que acumula puntos de experiencia. Sucumbió en Anfield porque Torres gusta de hacerle retratos a la pareja Ferdinand-Vidic ─centrales vulnerables a campo abierto y por tanto sobrevalorados─, pero aguantará a la rueda del Chelsea hasta el final. Del Liverpool, poco que añadir a lo conocido: Torres, Benayoun… y hasta ahí. Un año más ─¡otro más!─, irá dando tumbos por la tabla hasta aburrirse de sí mismo. Anoche en partido de Carling, plagado de suplentes, confirmó tener peor plantilla que el Arsenal además de peor equipo. Y es que Wenger tiene incubadoras para todos. Qué diferencia de modelo. Ambos clubes llevan un siglo sin ganar, pero el baby Arsenal sigue un patrón, tiene una idea, responde a una filosofía: mucha juventud, algo de veteranía y toneladas de talento. El equipo B, con Fran Mérida al mando, simplemente jugó al escondite con los reds. Il Principino Aquilani, que por fin debutó, no anuncia una revolución: es algo más que Lucas Leiva y algo menos que Xabi Alonso.

Analizada en panorámica, ha sido por tanto una semana delirante, generosa en espectáculo, emoción y goles. Y todo sin llegar a España, país de locos geniales, donde se han vivido siete días intensos y convulsos. Es la Liga un torneo tan igualado y cambiante que las fronteras entre la clase media y la baja se difuminan semana tras semana. El Sevilla, que ajustició con arte al Madrid y se ganó el derecho a réplica, cayó después en A Coruña sin paliativos. Se reivindicó entonces el 'Depor' de Lotina, días antes de ser vilipendiado por el Valladolid de Mendilíbar. La conclusión es que la española es una liga rica en matices, repleta de jugadores competitivos y trufada de entrenadores que trabajan sus equipos a conciencia. Eso, que por un lado sanea el torneo y seduce al aficionado, por el otro elimina candidaturas al título. Que los equipos malos sean minoría es lo que finalmente impedirá a Sevilla y Valencia opositar al título. Los números hablan tras ocho jornadas. Los de Jiménez y Emery, que en líneas generales han firmado un buen arranque, están a seis y siete puntos del líder respectivamente. Una distancia sideral a estas alturas. El Valencia cotiza al alza en las últimas jornadas tras un comienzo dubitativo, al tiempo que el Sevilla se presume como un conjunto sólido y fiable, máxime en el Pizjuán. Pero ahí está, en la práctica, la brecha con respecto al Barcelona.

En cualquier caso es una gran noticia que los modestos sí tengan voz y voto. El sábado, en Gijón, 'Super Mario' Preciado ganó la partida a la galaxia, gracias a una defensa numantina más que asturiana. Canella se ha consolidado, Gregory y Botía han sido un hallazgo, y Lora, que era un delantero cerrado en infantil, se ha adaptado con naturalidad al lateral. Junto a Juan Pablo completaron un partido inmaculado. Sin duda, en El Molinón habita una de las defensas a tener en cuenta: rigor táctico, intensidad y clase con el cuero. El empate, visto como un tesoro en Gijón, no cayó bien en Madrid después de la derrota frente al Milán. Lo que nadie podía augurar era el esperpento de Alcorcón, donde las pirámides de Florentino se desmoronaron al unísono y con estrépito. En ocasiones, el fútbol produce resultados de tal sonrojo y contundencia que apenas si dan lugar al escarnio. Pellegrini tiene alarmas en todas las líneas, comenzando por la media, donde apenas la anarquía de Guti ofrece garantías.

Por su parte, el Barça de Guardiola aprovechó la reverencial visita del Zaragoza para recuperar la sintonía y, de paso, castigar la candidez de Marcelino, empeñado en perder sin salir del vestuario. Ibrahimović va a más: descuelga balones de la azotea, asiste, finta, remata y, sólo en sus ratos libres, lanza misiles. El otro destacado fue Keita, que pese a su aspecto abnegado y frágil ya tiene a la grada en el zurrón. Las patas de flamenco del malí son el recurso de moda. Y en Copa, ayer el protagonista volvió a ser Pedro, dotado con un sentido arácnido para el gol. Gai Assulin es pura fantasía, Jeffren aprobó como lateral y Maxwell va ganando confianza a ritmo de minutos. En negativo, Chygrynskyy ofrece cada día nuevas dudas aunque no lo refleje la prensa. Lento, frío y descoordinado, todo un galápago, no hay en él vestigios de Koeman sino más bien de Christanval. No es una sorpresa: las referencias hablaban de un central mediocre. 25 millones al desagüe, imputables euro a euro a Guardiola, un tipo presumiblemente concienciado con las desigualdades. El fútbol lo corrompe todo.
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jueves, 22 de octubre de 2009

Fiesta en el geriátrico

Por Cristian Naranjo

Ya desde el inicio de las clases se viene cuestionando al Madrid por su juego discontinuo y áspero, más cercano a la lija que a la seda. No son críticas gratuitas pero tampoco endógenas: responden al síndrome del triplete azulgrana. Es la famosa teoría de los vasos comunicantes, según la cual el estado moral de unos depende directamente de los otros. En este caso, son mayoría los observadores que atribuyen el derroche de Florentino a la gran temporada culé. Dejando de lado la causa, la consecuencia es que el Madrid ha renovado su cuadriga. De los 250 millones gastados, más de la mitad sufragaron dos corceles incontenibles; un Cavallino Rampante y un Pegaso. A saber: Cristiano Ronaldo y Kaka'. El portugués asegura una lluvia de goles, en tanto que el brasileño se caracteriza por una inteligencia y elegancia que remiten a Julian Ross. Salvo que a él no le duele el corazón. Futbolistas ambos indiscutibles, superlativos, de talla mundial, cuya ausencia acusaría cualquier formación. El Madrid ha perdido al más determinante cara a puerta y lo está sufriendo en los lances de altura, como ocurrió en Sevilla y esta noche frente al Milán. Sobre el césped, a priori, sí estaba el escolapio Kaka', ilusionado por el careo ante sus ex compañeros. En la práctica, sólo la alineación dio fe de su concurso. No existió, y comienza a imponerse la sensación que el media punta se esfuma en noches exigentes. A la pobre actuación del evangelista se unió Benzema, todo un especialista en desapariciones, así como Granero, que de capitán ha pasado a grumete. Tampoco funcionó el doble pivote, donde sigue sin adivinarse qué tarea tiene asignada cada uno. Es una realidad: hoy por hoy Xabi Alonso y Lassana Diarra, más que mezclar, se cortan.

Si el equipo de Pellegrini llegaba al clásico europeo inmerso en dudas y rodeado de críticas, el de Leonardo ─qué nombre más renacentista y bello, ¿no es cierto?─ se presentaba con graves heridas de bala. En plena caída libre desde que levantara su séptima Liga de Campeones, presidido por un demente que ha limpiado las arcas, estructurado en base a futbolistas neolíticos como Kaladze, Seedorf e Inzaghi y huérfano de Kaka', el Milan es hoy un sucio borrón de su leyenda. No hay forma de explicar cómo un gigante de Europa ha podido dejarse llevar así, exprimiendo una generación obsoleta desde incluso antes de aquella final de 2007 en Atenas. Deportivamente fue un suicidio acudir al desguace a por Ronaldo y Ronaldinho, incapaces ambos de mover su cuerpo de mamut. Y no es otra que la afición rossonera la que sufre las consecuencias de la corrupción de sus dirigentes, a los que no es necesario nombrar. Por todo ello llegaba el Milan herido de muerte y el Madrid, rompiendo apuestas, no lo remató. En el último lustro no había tenido el equipo blanco un partido en Europa más propicio para exhibir su bestial pegada. Ante un once deslavazado y hecho jirones, formado por ancianos del deporte, los de Pellegrini volvieron a colmar de razones a los escépticos.

Tras cinco años sin pasar de octavos a nivel continental los merengues habían perdido su temible aura. De la mano de Florentino, inédita y salvaje inversión mediante, todo parecía haber cambiado en Chamartín. Por chamba, todo menos Raúl, el único superviviente del naufragio. Ausente Cristiano Ronaldo y desdibujado Kaka', el Madrid se conjuró una vez más entorno al añejo pescador, que rodeado de sangre fresca aún puede permitirse brillar. Como recitaría Manolo García en relación a aquélla mujer madura, pese a ser uva de la vieja parra Raúl está bendecido por un dios: el de los años bien llevados. Larga vida al eterno capitán, que abrió el marcador de nuevo a su manera, recogiendo las conservas del área como haría Carpanta. Fue Dida quien le cedió los calamares. Quizá le supo mal la segada de Zambrotta a Benzema. A partir de ahí, lo sucedido fue más abstracto que un film de Lars von Trier. No tiene justificación alguna que el Madrid haga una fiesta en el geriátrico, regalándole el campo y el cuero a un grupo de jugadores vetustos, prejubilados, carentes de todo físico. El once blanco ninguneó al Milán, le permitió desplegarse a ritmo de caracol, ganar la zona de tres cuartos y maniobrar sin lastre en la frontal, donde Pirlo, Seedorf y Ronaldinho aún pueden resultar mortales. El italiano empató el marcador ya en la segunda parte, con un respingo precioso que sorprendió a un Casillas contagiado de tanta mediocridad. Acto seguido llegó el segundo en plena revolución senil, merced a un envío a la espalda de Pepe y Albiol que Casillas salió a abortar en falso, abriéndole paso a Pato para que definiera a placer. El tanto, que se antoja sencillo, va precedido de un asombroso quiebro al guardameta con el tronco. El joven brasileño es un escándalo.

Corría el 66' y al Madrid le tocaba recurrir a la épica, esa que tantas veces le salvó el culo a última hora. Entró Drenthe por Granero y activó la batidora. Gracias al holandés el conjunto blanco ganó revoluciones como para exigir a Dida, cuyos guantes tenían restos del desayuno. En el 76', tras una carga de ocasiones y por una cuestión de justicia, Drenthe empató el choque con un zurdazo seco adonde les duele a los porteros. El pase, del más listo del recreo. Siempre 'Tom Cruise'. 2-2 y una minutada por delante. Viento de cara para el Madrid, obligado a cerrar el choque ante un rival que iba en pantuflas por el Bernabéu. No fue así. Un minuto después del empate, Ronaldinho se calzó las botas por primera vez, dejó de rueda a Pepe y su centro terminó a pies de Seedorf, que lo enganchó a bote pronto mandándolo arriba. No fue sino el trailer de lo que estaba por venir. En el 85' Pato exigió lo mejor de Casillas. En el 86', fruto de un córner limpio, llegó el 2-3. El árbitro lo anuló por decoro. Ni así, aprovechando el juego del mentiroso, pudo el Madrid adelantarse en la recta final. De nuevo fueron los saurios los que pusieron cerco al marco contrario, avanzando a paso lento pero a campo abierto, sin oposición alguna. En mitad del ida y vuelta, la zurda de Seedorf alcanzó la media luna y dirigió el balón con plumas de ganso a Alexandre Rodrigues da Silva, 'Pato', que rubricó su exhibición con un remate en suspensión, al primer toque y acolchado de interior. Gol de figura mundial en el mejor escenario posible. No debería tardar mucho el brasileño en migrar de Milán.

Finalmente 2-3 en el Bernabéu en una velada tan fría como la de anoche en el Camp Nou. Si por algo destaca la Liga de Campeones es por ser caprichosa. Depara trampas en lugares inesperados y no concede indultos: quien perdona, lo paga. Los dos grandes ya están apercibidos. Sobre todo el Barcelona, obligado a ganar en Rusia y después ante un Inter que ya prepara el abrigo de borrego. De no ser así deberá ir a Kiev a batirse el cobre de los octavos. Hipotecarse en Europa supone un interés muy elevado, en ocasiones insalvable, como le ocurre a un Atlético para quien lo trágico siempre ha sido magnético. Sólo el Sevilla se mantiene en pie, heráldico, con nueve puntos y goleando fuera de casa. El equipo de Jiménez desprende aromas de jazmín de España, el más oloroso y radiante de su especie.
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martes, 20 de octubre de 2009

Ni siquiera el Barça parte la baraja

Por Cristian Naranjo

Por fin volvió lo serio tras el infumable paréntesis de selecciones. Tres jornadas de Liga y una de Champions después, todo sigue prácticamente donde estaba con la diferencia que los aspirantes a estar arriba han desacelerado. El Madrid cayó con justicia en Nervión y los de Jiménez gastaron los tres puntos en A Coruña. Por su parte, el Barça sigue resolviendo trámites con mayor o menor brillo, pero tropezó en Valencia mereciendo perder. Messi, Xavi y compañía han malacostumbrado a la parroquia culé. El año pasado, enfrentar al Barça era enfrentarse a una lluvia de pinzas, al mordisco herbívoro del Diplodocus; a una tortura china. Porque martirizaba a pellizcos, trituraba poco a poco y mataba a cosquillas. Torneaba los partidos a su antojo, les daba las vueltas necesarias, pero siempre conseguía su propósito: ganar jugando. Lo cierto es que de un tiempo a esta parte ha perdido fuelle, en parte porque los rivales ya conocen las reglas. Hoy por hoy, de los cuatro supuestos opositores, el conjunto che es el que traza una parábola más ascendente, aunque los siete puntos respecto al líder hablan de su irregularidad. Sea como fuere, tener a la 'Guardiola Mecánica' contra las cuerdas rebanándole la posesión dice mucho de Emery y sus abejas ─analogía de Pedro Morata─, que cuando se convierten en avispas atacan en nube y picotean en masa, con la 'Abeja Reina' Villa a la cabeza. Como a la postre el asturiano no jugó, los ataques valencianistas no gozaron de la malicia necesaria. Para quebrantar el triángulo agudo e infranqueable que forman Piqué, Puyol y Valdés no basta con ser abejas en versión Rumasa.

Un medio terreno sostenido por Ever Banega, sensación de esta Liga ─que no revelación, porque ya había demostrado su pureza─, desplegado entorno a 'Hakuna Matata' Silva ─término de Javier Pérez Sala─ y completado por 'Doña Rogelia' Hernández y 'Súper Ratón' Mata necesita el aguijón de Villa para hacer daño. El Valencia acumuló un saco de llegadas claras contra Valdés, que si bien estuvo de dulce ─¿cuántas veces van?─ también se benefició de la candidez propia de la 'Abeja Maya'. Mata y Pablo, dos futbolistas al alza, no acertaron a concretar y al final volaron dos puntos de Mestalla. Y gracias, porque el segundo tiempo perteneció por entero al Barcelona, que tuvo el partido en las botas del canarión Pedro, otro fenómeno en ciernes, con un don para el gol pero carente de desborde. Del hecho de juntar a tres enanos arriba, sin referencia alguna, Pep Guardiola sólo sacó una ocasión clara en cada tiempo, principalmente la segunda. La 'Pulga' Messi tampoco tuvo su día y tropezó una y otra vez con Dealbert y David Navarro, que como diría Montes estuvieron aplicados y obedientes como Eric Snow. Obtusos e incapaces de generarse huecos, el rosarino y el canario se hicieron el haraquiri el uno al otro. Los pequeños echaron en falta al 'Narigón' Ibrahimović, que hubiera aculado y porfiado con los centrales en el poste bajo. Con todo, fue un duelo entretenido y de poder a poder al que sólo le faltó decantarse por un gol, en este caso más peleado por parte del Valencia en una noche desangelada del Barcelona.

Lo ocurrido en el Sánchez Pizjuán es bien fácil de condensar, donde el Madrid de Florentino ─que no de Pellegrini, otro entrenador ovejuno─ puso de manifiesto todas sus carencias. El propio Valdano, digno sucesor de Benedetti, las sintetizó a la perfección días después de lo ocurrido: "Tenemos un equipo mucho más dotado para la aceleración que para la posesión". Traducido: el Madrid, que tiene el vestuario lleno de caballos con pedigrí, el 'Pegaso' Kaka' incluido, apenas cuenta con un par de jinetes que puedan darle sentido a su juego. Sus tres principales referencias de ataque están diseñadas para el contragolpe ─Ribéry será la cuarta─ y sin embargo aspiran a otra cosa, a la utópica excelencia, un mero eufemismo para no nombrar al 'Pep Team', la auténtica obsesión de Florentino. El Madrid tiene serios problemas. Ha gastado 250 millones en cambiar las sábanas de Valdebebas y, un mes y medio después, todavía huele a Schuster, Mijatovic y Juande. Mirarse cada mañana en el espejo del enemigo en busca de la imitación sólo puede llevar al complejo. El Bernabéu debe caer en la cuenta de que el Barcelona resucitó como Ave Fénix de sus propias cenizas, de sus propios valores, de su propio modelo. El árbol crece más fuerte cuanto mejores son sus raíces. El Madrid, en cambio, no tiene a quién remitirse. La 'Quinta del Buitre' queda ya muy lejos y Florentino no ha sido capaz de construir uno de sus puentes hacia ella. Sólo hay noticias de Butragueño, cuyo apodo celestial al presidente le asegura un despacho vitalicio. Haciendo qué, no se conoce. Es lo de menos. De modo que el Madrid seguirá funcionando por mucho tiempo al ralentí, viviendo del rompe y rasga, de la comida rápida y apilando rollos de una noche, pero sin encontrar el amor verdadero. Eso sí, ganará partidos por docenas, muchos de ellos por goleada, hasta que un equipo maduro le enseñe cómo se castiga un hígado. Sucedió en Sevilla, donde por momentos se masculló la humillación. Volverá a ocurrir. Sin ir más lejos, otro modesto ─y van cuatro en sendos partidos─ se apoderó del Bernabéu este sábado. A Marcelo se le acumulan las pesadillas: primero fue Navas y ahora Diego Costa. Un tal Robinho se está frotando las manos. Señores, ha vuelto el 'Fútbol' en mayúsculas. El 'Negro' Montes, apodado con acierto por Segurola, tenía toda la razón: efectivamente, la vida puede ser maravillosa.
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domingo, 2 de agosto de 2009

Enemigos íntimos

Un reportaje de Cristian Naranjo

El periodo estival avanza inexorablemente al encuentro de las grandes competiciones. Sin ir más lejos, la Champions y su hermana pequeña, la Europa League, ya han echado a andar en sus rondas previas. Puede dar fe de ello el Athletic, que se dejó hace unos días media eliminatoria en San Mamés frente al pintoresco Young Boys suizo. El resto de equipos españoles, exentos todavía de partidos oficiales, invierten el tiempo en entrenar duro, jugar partidos amistosos y reforzar sus planteles. Hasta el momento, los dos gigantes de la Liga, Madrid y Barça, están dibujando trayectorias diametralmente opuestas tanto en el plano deportivo como a nivel de despachos. Las diferencias no responden más que al reflejo del anterior curso, donde el Barcelona hizo las delicias de sus aficionados a base de arte, goleadas y conquistas. Por su parte, el Madrid fue cayendo de las competiciones hasta poder optar sólo a la Liga, de la que finalmente también se descolgó. Guardiola y sus bajitos le precipitaron al vacío con un vendaval de juego incontestable. En un clásico, el resultado de 2-6 tiene necesariamente un efecto demoledor. Tras ese partido, aficionados, dirigentes y medios de comunicación colgaron el cartel de cerrado por reformas en el club blanco. Urgía una revolución en todos los estratos, comenzando por la presidencia y pasando por el cuerpo técnico y la plantilla. Florentino Pérez, señalado como el salvador, asumió la responsabilidad de reflotar a un equipo devastado por sus resultados mediocres y las victorias del eterno rival.

Con 300 millones de euros a su disposición, Florentino sólo tuvo que señalar sus objetos de deseo: Kaka', Cristiano Ronaldo y Benzema. Valdano y Pardeza entre otros, se han dedicado a un trabajo menor y sin embargo requerido: recuperar a los principales exponentes de la cantera madridista. Arbeloa y especialmente Granero se ganarán por derecho propio una plaza fija en el once de Pellegrini. Albiol y a buen seguro Xabi Alonso elevarán a cuatro el número de incorporaciones nacionales. No en vano, una de las líneas maestras del nuevo proyecto era españolizar el equipo. Se camufló con ese nombre la aspiración de repetir el modelo del Barcelona, capaz de ganar una Liga de Campeones con siete canteranos.

Más allá de las cantidades invertidas, Florentino y su equipo no han errado ningún tiro. Todas las incorporaciones y las que aún están por llegar tienen aptitudes suficientes para remodelar cualquier plantilla. Ahora bien, los descartes, ya sean de Pellegrini o de la directiva, están causando migrañas. Huntelaar, Van der Vaart, Negredo… buenos jugadores todos ellos, pero al fin y al cabo desechados. Supondrían un hallazgo para cientos de equipos. En el Madrid son un problema. A la espera de ir deshaciendo poco a poco ese nudo, el proceso para hacer nuevos fichajes no se detiene. Una vez que Xabi Alonso ha agotado todas las vías para expresar su voluntad, José Ángel Sánchez y Christian Purslow, directores ejecutivos de Madrid y Liverpool, están condenados a entenderse. El donostiarra podría ser el último refuerzo para Pellegrini, siempre y cuando Florentino no fabrique billetes para comprar a Ribéry.

Con la plantilla prácticamente diseñada a la espera de cerrar las últimas altas y bajas, Pellegrini ha podido acumular entrenos y probar a sus futbolistas en cuatro amistosos. Dicen los entendidos que esa clase de partidos no sirven para sacar conclusiones, que son meros entrenamientos con público. Esa opinión no se ajusta a la realidad. En primer lugar, Pellegrini ha dispuesto el dibujo táctico que pretende aplicar. Un sistema moderno, a medio camino entre el 4-4-2 y el 4-3-3, donde las bandas sólo son ocupadas llegado el momento. Al chileno no le convence que los extremos, ya sean Cristiano o Robben, actúen en paralelo a la banda. Prefiere apostar por la movilidad de todos los elementos de ataque como instrumento para sorprender al contrario. En segundo término, el técnico también ha dado a conocer qué espera de los jugadores que presumiblemente no parten como titulares: Míchel Salgado, Metzelder, Garay, Miguel Torres, Drenthe, Guti, Higuaín, Sneijder, Negredo, Granero… todos han tenido minutos para tratar de convencer a Pellegrini. Sólo algunos lo han logrado. Entre ellos Granero, a quien no le ha sido difícil avalar su fichaje: calidad en ambas piernas, inteligencia táctica y violencia en el disparo. Esas son las armas del 'Pirata', que está llamado a ser una de las sensaciones del campeonato que se avecina. Además de Granero han habido más sorpresas. Metzelder, Drenthe y por supuesto Higuaín han rallado a buen nivel. En tercer y último lugar, Pellegrini ha podido constatar el potencial de sus dos fichajes estrella para la vanguardia. La sensación es que a ambos les queda mucho recorrido para alcanzar el nivel esperado. Benzema ha enseñado sus cañones, pero del viejo Ronaldo sólo parece poseer la forma de correr. Si del francés se ha podido extraer poco, menos jugo se ha obtenido de Cristiano. El portugués desprende sensación de ansiedad, de no poder plasmar lo que imagina. Es francamente preocupante lo indeciso que se muestra al encarar. Y sobre todo, que entre Pellegrini y él hayan olvidado sus virtudes de extremo puro, supone un atraso mayúsculo. De todos modos, es pronto para ser categóricos. La Liga arranca en un mes, y será en ella donde cada uno dará su auténtica medida.

Situado en un lugar totalmente opuesto al Madrid, el Barcelona vive un momento dulce, heredado de la conquista del trébol y reforzado por una adquisición de campanillas: Zlatan Ibrahimović. Mientras que Florentino ha gastado cerca de 220 millones en seis fichajes, el Barça ha optado por confiar en la plantilla del triplete a excepción de Sylvinho y Eto'o, que han sido reemplazados con solvencia. Mientras no llegue un centrocampista, los gastos del equipo azulgrana ascienden a 86 millones, teniendo en cuenta que Eto'o ha sido valorado en 20. Dado que la lista de efectivos de Pep Guardiola es corta, y debido a la ausencia de los internacionales, el de Santpedor optó por llevarse al stage a un abanico de canteranos: Muniesa, Fontàs, Jonathan Dos Santos, Jeffren, Gai Assulin, Rueda, Montoya y Espasandín. De ellos, Guardiola escogió a cuatro para que formaran parte de la gira americana. En los tres partidos amistosos disputados hasta la fecha, todos los jóvenes, casi sin excepción, han mostrado un buen nivel. En Inglaterra, frente a Tottenham y Al-Ahly, Muniesa, Fontàs, Dos Santos y Assulin se presentaron al gran público. De hecho, Guardiola eligió a tres de ellos para la gira, con el único cambio de Assulin por Jeffren, en una decisión posiblemente discutible. El israelí transmite desparpajo y frescura pese a su precocidad. Por su parte, Jeffren es un extremo más académico y está maduro, pero no se le intuyen cualidades especiales.

Así, mientras el Madrid completa las alineaciones con descartes, el Barça apuesta por la cantera. El paralelismo es francamente inevitable. En sus tres partidos, ya sea repleto de canteranos o con los internacionales, el equipo de Guardiola ha sido fiel a su identidad: posesiones largas y persistir en el ataque. Frente a Los Ángeles Galaxy, el nuevo lateral izquierdo, Maxwell, demostró por qué Beguiristain se fijó en él. Messi, Touré, Henry, Puyol y el resto de pilares se mostraron muy frescos pese a las cargas de trabajo a las que se están sometiendo estos días. Mantener esa chispa será la clave de la temporada, y parece que el equipo no se ha desenchufado de la fórmula del éxito. Una gran noticia para culés y buenos aficionados al deporte rey.

En la gira americana no puede participar activamente el fichaje más caro de la historia del Barça. Una lesión en la mano se lo impide. En sus primeras entrevistas a la prensa catalana, Ibrahimović se muestra como un jugador extremadamente ambicioso. No tiene reparos en asegurar que estará en la fotografía del equipo ganador de la Champions en el Bernabéu. No existe mayor reto para un azulgrana, y que un recién llegado aspire a conseguirlo es una carta de presentación asombrosa. Al parecer el sueco no ha querido perder la ocasión de dar muestras de su carácter. Ibrahimović es la pieza que faltaba en el ajedrez de Guardiola, que pierde un caballo como Eto'o, pero gana una torre. El camerunés no vivía del artificio. Sólo estaba para el gol. Justo al contrario que el delantero cíngaro, un ariete tecnológico, fruto del mestizaje cultural. De Ibrahimović se puede esperar todo. En ocasiones parece desmontable y repleto de herramientas, como el Inspector Gadget. Pero sobre todo se asemeja a Gulliver, un gigante entre liliputienses. El sueco viene a dar si cabe más lustro a la Liga española, engrandecida por los últimos fichajes. En unas semanas, su debut será un hecho. Será el momento de comenzar a valorar qué gana el Barcelona con el delantero agitanado. Lo que ha perdido es conocido: la raza en sí misma.

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Epílogo
Aunque los medios reflejen lo contrario, hay vida lejos de la brillantina galáctica que aglutinan los dos grandes. Algunos equipos de tamaño mediano y otros incluso más humildes, sin apenas presupuesto, se mueven en el bazar de fichajes con la agilidad de los peces. Es el caso de Villarreal, Sevilla, Espanyol y Valladolid. El equipo amarillo se ha reforzado con el prometedor lateral Iván Marcano y con Nilmar, delantero brasileño capaz de hacer las maravillas con las que sueña Keirrison. El Sevilla, con Monchi a la cabeza de la secretaría técnica, ha optado este verano por los caballos ganadores. Las incorporaciones de Zokora y Sergio Sánchez así lo atestiguan. Por su parte, Valladolid y Espanyol, clubes sufridores por antonomasia, se han movido de forma ejemplar. Con 7 millones y uno respectivamente, pucelanos y periquitos han importado a jugadores como Manucho, Pelé, Nakamura o Ben Sahar. Ellos también son galácticos. De corte bajo, más humildes, pero galácticos al fin y al cabo.

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sábado, 30 de mayo de 2009

La eternidad

Por Albert Valor

El pasado miércoles, 27 de mayo de 2009, sobre las 23:00 horas, Carles Puyol Saforcada alzó al cielo del Olímpico de Roma la Copa de Europa lograda por él y los suyos en un duelo de titanes. Antes del partido, sin saber muy bien el orden, se enfrentaban el mejor equipo del mundo contra el segundo mejor equipo del mundo. Cuando Bussaca pitó el final, la jerarquía ya estaba un poco más clara. No por el resultado, que también, sino por la diferencia entre unos y otros sobre el terreno de juego.

Y pese a esa diferencia, hacía falta refrendar tal superioridad con un mayor número de goles que el rival en el marcador. Bien lo sabe el Barça, que tantas y tantas veces ha sido superior en el césped pero no en el marcador. El azulgrana es un club emblemático, con numerosos títulos en sus vitrinas, pero la brecha entre las copas que luce su palmarés y las que podría lucir es más prolongada de lo que pensamos.

Por eso he citado el momento en que Tiburón Puyol alzó la tercera Copa de la Ligue des Champions para el club al principio del artículo. Porque ello significa un cambio de sentido. Significa que por fin el Barça, con un equipo superior al de su rival, alzó un trofeo sin agonía a última hora o un llanto inesperado. Significa que, en tres años, su prestigio ha crecido ostensiblemente; ha pasado del club de grandecillos ─aquellos que como Celtic, Aston Villa o Borussia Dortmund tienen 'sólo' una Copa de Europa─ a estar nada más que un peldaño por debajo de grandes como el Liverpool o el Bayern, que coleccionan 4 ó 5 trofeos, y al mismo nivel que su osado y último rival, el Manchester United, que también ha obtenido 3 entorchados. El Real Madrid y el Milan, la verdad sea dicha, aún quedan lejos, por mucho que algunos de sus alirones sean ya vetustos.

La historia la marcan los detalles. Y eso siempre pesó al Barça. El 31 de mayo de 1961, una de las mejores escuadras que jamás haya tenido esta institución se presentaba en Berna para recoger el testigo del pentacampeón, el Real Madrid de Di Stéfano. Los palos cuadrados del Wankdorf Stadium y ─se comenta, se presume, se sabe─ el sol cegaron a Ramallets y privaron al Barça de ganar su primera final europea. Desde entonces, los palos son redondos, pero fueron los culés quienes pagaron la novatada. En el año 86, los Schuster, Pichi Alonso y cía. acudían a Sevilla para jugar la final contra un desconocido Steaua de Bucarest. Los azulgrana se sentían ya campeones antes de jugar, y claro, la historia de cebó esta vez con su ego, y el portero Duckadam ─ídolo de la anticulerada desde entonces─ se agigantó para detener cuatro penaltis durante la tanda. 0 de 2.

En el 92, Wembley, por fin, pasó a la historia como un santuario propicio para el éxito. El archiconocido disparo de Koeman en el minuto 112 tras una falta de patio de colegio provocada por Eusebio Sacristán daba al Barça su primer título europeo de la máxima.

Dos años después, en la mitológica ciudad de Atenas, se vivió uno de los mayores desastres de la centenaria historia blaugrana. La máquina de fútbol recreada por Fabio Capello tras la desintegración de aquel Milan con Sacchi en el banquillo y Rijkaard, Gullit y Van Basten, pasó como un rodillo sobre un equipo que venía ya emborrachado de títulos. El bueno de Fabio, apostando por hombres como Desailly o Savicevic, añadidos a leyendas como Baresi, Costacurta o Paolo Maldini le infringió a los culés un baño que fue, nada más y nada menos, el preludio de la desintegración del Dream Team. 1 de 4.

Se puede decir que a partir de entonces, la sequía europea llegó al Camp Nou. Tuvieron que pasar 12 largos años para que el Barça volviera a una final. París vio al Barça campeonar otra vez en el Viejo Continente. Eto'o empezó a escribir su gloriosa carrera como azulgrana y otra vez un defensa ─Belletti─ alivió un final agónico ante un equipo inferior al Barça hombre por hombre pero mejor que los barcelonistas sobre el terreno de juego. No nos engañemos, quizá estaba escrito que el Fútbol Club Barcelona ganara en Londres y en París, pero tanto Sampdoria como Arsenal se apoderaron en muchos momentos del miedo de dos equipos que ya están en la historia del club fundado por Hans Gamper en 1899. Con todos mis respetos hacia genoveses y londinenses, esas finales tenían que ser para el Barça. Ambos equipos pasaron a la historia por su fútbol espectáculo, y la guinda no podía ser otra que la Champions.

Y tres años después; o sea, hace dos días, la última final disputada por los culés. Por suerte, Roma era otra gran ciudad europea, muy por encima del rango de Sevilla o Berna, quizá no tanto del de Atenas, pero más al nivel de Londres y París. Se ganó como se anhelaba. Con suficiencia, con trascendencia, con testosterona, con justicia. Pasando por encima de un rival con mucho nivel, que empezó apretando y que pese a doblar la rodilla en el tramo final, nunca le perdió la cara al encuentro aun planteándolo mal. Era el Manchester United. Eran Wayne Rooney, Cristiano Ronaldo, Edwin Van der Sar, Patrice Evra, Nemanja Vidic o Carlitos Tévez, entre otros. Era el 'ogro' Alex Ferguson. Pero claro, delante estaban don Andrés Iniesta, el venerable Samuel Eto'o, el superlativo Leo Messi, el doctor Xavi Henández y el señor Víctor Valdés, entre otros. Y por supuesto, su Santidad Pep Guardiola. Ellos han conseguido cambiar la historia de este club. Han convertido la dinámica perdedora en otra insaciablemente ganadora. Han conseguido junto al triunfo de París, que el saldo se haya igualado y sea de tres finales ganadas de seis disputadas ─algo que tampoco resulta descabellado si vemos que el propio United acumula 3 de 4 o el Real Madrid 9 de 11─.

Más allá de la estadística, siempre fría como una puñalada, el culé mira hacia atrás y es consciente de que nunca se sintió tan lleno, de que nunca se sintió tan vigoroso, de que nunca sintió tan cerca la felicidad total. Y es que da la sensación de que en un solo año, el Fútbol le ha devuelto al Barça todo lo que le quitó años atrás. Está claro que Sevilla o Berna nunca volverán, que las dos últimas Ligas regaladas estarán para siempre en las vitrinas de Concha Espina –recuerden, el 19 a 31, podría ser hoy un 21 a 29 y nadie se rasgaría las vestiduras-, pero también queda claro que la oportunidad del triplete era única. Y eso sí que se ha conseguido. Nadie en España lo consiguió aún. Sólo el gran Celtic del 67, el superlativo Ajax de Cruyff, el PSV de Hiddink o aquel Manchester heroico que vimos en el Camp Nou hace 10 años lo consiguieron.

Por fin el Barça ha conseguido un hito que le coloca en la cima de aquello que nunca dominó: la estadística. El resultado. Pero no por eso ha entrado en la leyenda –que también-. Lo hará porque antes de alzar la orejuda al cielo de Roma, ya había conseguido la verdadera victoria: quedar en la memoria y en el corazón de los aficionados. Ser recordado como los grandes. Como la Hungría de Puskas, como el Real Madrid de Di Stéfano, como el Brasil de Pelé, como el Milan de Sacchi, como el Uruguay del ‘Maracanazo’, como la España campeona de Europa hace menos de un año. Por eso es y será eterno.

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martes, 9 de diciembre de 2008

Tipos con cartel

Por Albert Valor


Cuando hace poco más de tres horas veía en directo la presentación de Juande Ramos como nuevo entrenador del Real Madrid, han venido a mi cabeza diferentes personajes del mundo del fútbol. Victor Muñoz, José Mourinho, Martin Jol o Miguel Ángel Lotina, gente que como Juande Ramos pasa en el paro menos tiempo que el caldo en la mesa el día de Navidad. Tipos que por una etapa gloriosa, por una trayectoria respetable, o por tener un prestigio en los países donde han entrenado, siempre tienen ofertas encima de la mesa.

Por otro lado, resulta extraño que otros como Irureta o Camacho tarden o hayan tardado tanto en encontrar trabajo. Su experiencia, trayectoria y compromiso están fuera de toda duda, como las de los anteriores, pero unos pasan en la nevera más tiempos que otros. Puede que el quid de la cuestión esté en ese concepto que ha aparecido en los últimos años: lo mediático. Antes sabíamos que los futbolistas podían ser estrellas de la televisión e incluso hacer sus pinitos en el cine después de salir de la cancha. Pero por lo que parece, con los entrenadores sucede lo mismo.

Mucho se ha hablado –y se hablará siempre- del Sevilla de Juande Ramos. Esa etapa fue la que le llevó al éxito, tras buenos papeles como los desempeñados en el otro bando de la ciudad o en Vallecas y algunos más infaustos como su paso por el Espanyol o su descenso a Segunda B con el filial del Barça. Los nervionenes basaban su juego en dos bandas que eran dos espadas punzantes con Alves y Navas –también Sergio Ramos durante una época- en la derecha y Adriano y Capel –y el malogrado Puerta- en la izquierda. A eso unían una magnífica manija del equipo –hombres como Martí, Poulsen o Maresca llevaron el volante del equipo no sólo con buena brújula, también con poderío físico- y delanteros que siempre hacían goles –Kanouté, Luis Fabiano, Baptista o Kerzhakov-. Ese Sevilla ganó dos Copas de la UEFA, una Copa del Rey y dos Supercopas, la de España y la de Europa. Juande se erigió entonces como el técnico maravilla del fútbol europeo, junto a Benítez, Mourinho o Rijkaard. El caso es que el proyecto que lleva a un equipo de la segunda división hasta la cima no se construye en dos años, y poca gente se acordó de Joaquín Caparrós entonces. Jokin siempre ha sido tildado de follonero y amarrategui, pero su pasión y gusto por el buen fútbol siempre estarán fuera de toda duda para un servidor. Quizá sólo le falte ser mediático.

Pocos tuvieron conciencia de que el utrerano empezó a construir el castillo allá por 2001 cuando el equipo intentaba volver a la elite, introduciendo, entre otras cosas, el juego por las bandas como pierda angular del sistema de juego. En 2005, decidió coger las maletas y marcharse a La Coruña, dejando todo preparado para el éxito, como cuando nuestra madre nos cocina un delicioso asado y nos deja una botella de buen vino, se marcha al cine con papá y nos cede la casa para cenemos a solas con nuestra chica. El éxito, aunque también suyo, es a nosotros a quien más nos resulta. Eso le pasó a Caparrós, que hizo de mamá, y a Juande, que hizo de hijo. El Sevilla era el asado.

El último éxito en forma de títulos antes marcharse a las Islas fue la Supercopa de España, con la que le dio una movidita bienvenida a Bernd Schuster, al que ahora releva. En la Premier, Juande cogió un equipo que se hundía en el fondo de la tabla, puso a cada pieza en su lugar, y aún pudo alcanzar la clasificación para la UEFA y lograr otro título, la Carling Cup. Eso sí, cuando ha intentado construir un equipo que sea su imagen y semejanza en el campo, la cosa no le ha ido tan bien. Quizá por falta de tiempo, quizá porque una cosa es aplicar y otra crear.

El Tottenham no tuvo mucha paciencia con el manchego -tampoco sus jugadores-. Quizá sea por algo. Pero ahora otro coloso vuelve a apostar por él. Nada menos que el Madrid. La cosa empieza fuerte. El próximo fin de semana, visita al Camp Nou. Todo o nada. No será fácil para Juande, sobretodo porque ese juego de bandas con el que triunfó en Hispalis no será tal con los de Chamartín, por lo menos hasta que el Madrid fiche a un especialista para la diestra.

Y Schuster, de momento, al paro. Aunque atentos. Él es otro de esos tipos con cartel. Sí quiere, el paro le durará poco, seguro que menos que el finiquito.

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jueves, 20 de noviembre de 2008

Sevilla vuelve a tener un color especial

Por Albert Valor


Era la última jornada de la liga 2004-05 y un lanzamiento de falta de Marcos Assunçao daba un empate en Son Moix que le otorgaba al Real Betis una plaza en la previa de la Champions de la temporada siguiente. Además, los pupilos de Serra Ferrer lograron conquistar la Copa del Rey frente a Osasuna. Todo eran risas en el bando verdiblanco de la ciudad, que se mofaba de que en Hispalis ‘sólo’ fueran a jugar la UEFA.

El Betis, liderado entonces por Oliveira y Joaquin, consiguió superar la fase preliminar y llegar a la fase de grupos, pero allí se encontró con el vigente campeón por aquel entonces, el Liverpool, y con el todopoderoso Chelsea de Mourinho. Los béticos dieron la cara –incluso ganaron a los blues en el Ruiz de Lopera-, pero acabaron terceros de grupo y por ende, fuera de la competición. Allí se acabó el coqueteo verdiblanco con los partidos de postín. Pero también se acabó el color del derbi sevillano. Mientras sus vecinos se agigantaban y ganaban Copas de la UEFA con suficiencia a la vez que se codeaban con los grandes de la liga, los béticos empezaron a lidiar peligrosamente con los equipos de la zona baja de la tabla –incluso en la última jornada de la 06-07, Edú salvó in extremis a los suyos con dos goles en los Campos de Esport del Sardinero-. Ni que decir tiene que los derbis eran de muy fácil pronóstico: en el Pizjuán, la victoria local –e incluso la goleada- estaba asegurada, y en el antiguo Villamarín, lo máximo a lo que podían aspirar Arzu y compañía era a un empate sin goles.

Pero parece que este año las cosas empiezan a equilibrarse. En primer lugar, porque tras la enésima tanda de fichajes de relumbrón, parece que el entrenador ha conseguido que los ingredientes mezclen bien en el campo. Y en segundo, porque el Sevilla ya no es aquella máquina de hacer fútbol que era antaño. Pero hablemos del Betis. Desde hace tres años a esta parte, han llegado al Betis jugadores como Ricardo –el parapenaltis pesadilla de Inglaterra-, Damià, Sobis, José Mari, Pavone o Mark González. Todos ellos grandes jugadores, pero que no acabaron de cuajar. Algunos como el brasileño –que no consiguió responder a su apodo de Alfonsobis- ya han abandonado el equipo, mientras que otros como Damià parece que empiezan a recuperar la confianza en sus posibilidades. De todos modos, parece algo más difícil que José Mari y el Tanque Pavone recuperen su olfato goleador.

Luego están los fichajes de este año. Empecemos por Mehmet Aurelio. El turco-brasileño es un hombre clave por su posición de enlace entre defensa y ataque. Siendo un magnífico stopper, distribuye el juego muy al estilo de Marcos Senna, bascula con eficacia y además tiene llegada al área y una excelente pegada desde media distancia. Por otra parte, el éxito que está teniendo Achille Emaná recuerda al que tuvo no hace mucho Julio Baptista en el vecino ciudadano. Fichado como un centrocampista de brega y con cierta llegada, su lentitud en el pase y su inmensa facilidad para encontrar puerta, han hecho que termine jugando por detrás del ‘9’. El ‘9’. Parecía que esa plaza iba a ser para José Mari o Pavone, pero su sequía ha hecho que otro de los fichajes, Sergio García, haya acabado en esa posición. El barcelonés llegó para jugar en la banda, posición en la que ya jugó en Zaragoza -reconvertido por la competencia con Oliveira y Diego Milito-, pero parecía que su rendimiento real quedaba desaprovechado en la línea de cal. Chaparro decidió ponerle el fin de semana pasado de ariete y el resultado fue más que satisfactorio: aprovechando su velocidad y su técnica -y recordando su etapa en el filial del Barça-, anotó dos goles y dio otro. También hay que destacar a Nelson, lateral derecho procedente del Benfica que ya ha mostrado sus maneras. Recuerda mucho al joven y desatado Dani Alves que empezó a despuntar en el Pizjuán hace ya seis temporadas. Lo curioso es que este mismo verano pudo ser sevillista. Si explota puede ser una pieza importante, al igual que Monzón, lateral zurdo algo más defensivo, campeón olímpico con Messi y el Kun y con un excelente disparo. Casto, Juanito, Arzu y Capi siguen reivindicando por otra parte el poder la cantera bética.

Pero como señalábamos hace unas líneas, es muy importante la tarea de Chaparro en todo esto. Al final, la apuesta por un técnico de la casa ha dado sus frutos. Colocando a cada jugador en la posición más beneficiosa para él y para el equipo, ha conseguido por fin que un grupo de buenos futbolistas mezcle y se asocie bien. Aunque el comienzo fue un tanto titubeante. Quizá timoratos por el pasado reciente, a los jugadores les costó encontrar la confianza suficiente como para sacar los partidos adelante. Para colmo, Barça y Villarreal, algunos de los rivales en este inicio de curso, tuvieron la suerte de cara. El potente arranque de sus vecinos aún les tiene ahora a nueve puntos, y las plazas de privilegio serán difíciles de abordar, pero si esta temporada se consolida una base, podemos tener ante nosotros a un proyecto interesante. De ese modo, el Betis reverdecerá viejos laureles y Sevilla recuperará el color de su derby, uno de los más apasionados del fútbol mundial.

A veces, en el fútbol, los éxitos más destacados vienen de situaciones anómalas, como que un centrocampista africano acabe jugando de segundo punta, o que un habilidoso hombre banda recupere la posición de cuando se estaba formando. De momento, Emaná y Sergio García ya se ponen el sombrero de Finidi.

Nota: Y atentos, porque Edú, el alma del equipo en estos años difíciles, aun está por volver.

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