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martes, 30 de noviembre de 2010

Cumpleaños feliz

Por Albert Valor



El Barcelona jugó ayer en el edén.
Nadie esperaba algo similar.

Calibre es la palabra.
Siempre lo define todo.

Pasión, el método.
Siempre prende la mecha.

Te amo, Barça. Feliz cumpleaños.
111 y más vivo que nunca.

Pasión de juventud. La alegría de vivir.
La felicidad puede estar cerca.


Pedro Rodríguez Ledesma.
Pasión de juventud.

David Villa.
La alegría de vivir.

Xavi e Iniesta.
Termómetro y calibre.
Mamá y papá.
Y viceversa.

Leo Messi. El átomo.
Origen y fin de todo.

Gerard Piqué.
Gallardía y soberbia.

Carles Puyol. El capitán.
El alma. El 5.

Dani Alves.
El bicharraco.

Sergio Busquets.
El fútbol de la calle también lleva pajarita.

Eric Abidal.
Tiene que haber mosqueteros.

Víctor Valdés. Doble V.
Vicios y virtudes.


Querer es poder. Creer es indispensable.
Pero no lo olviden. Calibre es la palabra.

Pasión de juventud. La alegría de vivir.

Y dosis de realidad.


Feliz Cumpleaños


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viernes, 16 de julio de 2010

Sudáfrica 2010: España encuentra su primera estrella. Así se hizo.

Un reportaje de Cristian Naranjo

3 de julio. Sábado noche. Acabábamos de liquidar, no sin apuros, a la incómoda Paraguay de Gerardo Martino. 1-0. Gol de Villa en el 81'. En el 58', Casillas paró un penalti. Era momento, pues, de festejar el pase a semifinales, hito histórico de la selección en los mundiales. Pero, cómo celebrar algo tan preciado, cuando se tiene tan cerca y a la vez tan lejos. Cómo recaer en la trampa de soñar despierto, tras casi un siglo mordiendo el polvo. Cómo calcular las distancias, la medida de las pulgadas, cuando el terreno es ajeno a lo humano. Por qué beberse la pista de baile a martillo –me preguntaba–, si al fin y al cabo no existen en el fútbol los cimientos; si nadie paga luego la cuenta de doña decepción y don remordimiento.

Como todos los juegos que molan, el Mundial está lleno de castillos en el aire y puertas secretas, que conducen a princesas que siempre se llaman Daniela. Ni siquiera Super Mario, en el tajo desde el '81, tiene respuesta a tanto acertijo. En cuanto a mí, a cuatro noches de batirnos con Alemania, preso de la sed de estrellas, no se me ocurrió nada mejor que tratar de adivinar lo que estaba por venir. Error. O no. Todo depende de quién sea el coyote, y quién el correcaminos.

Lo primero en que pensé fue en la frase de Maradona que rescaté de por ahí: "Siempre queda una pelota para la epopeya". No cabía esperar menos de un duelo contra la todopoderosa Die Mannschaft –'el equipo'–, que llegaba a la cita como flamante sensación del torneo y con la robótica mejorada respecto a 2008. Es cierto que Joachim Löw perdía por sanción a Thomas Müller, su Mazinger Z particular, pero a esas alturas de campeonato si algo había demostrado la selección germana era la fiabilidad del conjunto de su ingeniería. Competitiva por naturaleza, acostumbrada a verse entre las cuatro mejores, para Alemania disputar una 'semi' –onceava en su historia– era como un día más en la oficina.

De España, más cerca que nunca pero lejos todavía de alcanzar su estrella supernova, esperaba todo lo mejor. Desde el revolcón frente a Suiza, el rendimiento de 'la Roja' dibujaba una curva que invitaba al optimismo. A la confianza. Y a la fe. Esperaba que Casillas se cosiera las alas; que Ramos hiciera de su banda un cortijo; que Piqué y Puyol electrificaran el perímetro a su espalda; que Capdevila, arriba y abajo, continuara pintando su cerca; que Busquets siguiera siendo el jardinero fiel; que Xabi Alonso liberara más palomas mensajeras; que Xavi Hernández marcara la sístole y diástole del partido; que Iniesta fuera Iniesta; que Villa tampoco desayunara ese día; y que Torres, desangelado hasta el momento, volviera a ser el cazador elegido: la voraz hambruna del coyote, junto a la rapidez del correcaminos.

Finalmente, el destino de los sucesos es tan esquivo al pronóstico que el 'Indio' Torres apenas tuvo 25 minutos más en el resto del torneo. Se acabó imponiendo el fulgor de Pedrito. Y en contra de cualquier apuesta previa, el hombre del día resultó siendo el jugador más defensivo; el menos técnico y goleador. Ironías del fútbol. Una más. Guiño a todos aquellos centrales del corte de Puyol: melena, casta y corazón. Sin nada más… Y nada menos. Imposible ganar sin jugadores así.

En la misma línea, para la historia quedará otra mágica contradicción: España conquista el trofeo siendo, con mucho, el campeón con peor número de goles a favor –8–. Tampoco nadie había obrado el milagro de superar los cuatro partidos definitivos sin encajar ninguno. La memoria de millones de aficionados se encargará de resolver el aparente sinsentido: aquel equipo –se ensancharán al decir– defendía como ningún otro. Tenía grandes defensas; Piqué, Puyol y Ramos eran extraordinarios. Pero el mejor defensor de todos… Era Xavi.

Todavía una paradoja más: el gol definitivo no lo fue a marcar precisamente el tipo con mejores registros. Ni siquiera un delantero. Perteneciente al gremio de corte y confección, Andrés Iniesta suele jugar sin demasiadas balas en el revólver. Renegar de los disparos al aire, su particular modo de afinar puntería. Acostumbrado a actuar como centrocampista puro, su labor principal consiste en enhebrar la aguja; casi nunca en dar la última puntada. El arte del gol requiere altas dosis de egocentrismo y voracidad de escenario. Liturgias. Nada que ver con Iniesta, que perfeccionista por definición, se reconoce más en otras facetas del juego que en el disparo. Como si le supiera a poco eso de firmar la obra; siempre más cerca del proletario que del artista endiosado.

Hubo una noche, en cambio, en que el manchego aprendió el valor del último minuto y le encontró el lado bueno al hecho de no malgastar munición. Fue un partido terrible en Londres, en un pisadero llamado The Bridge. En el Soccer City de Johannesburgo, final de la Copa del Mundo, la situación tampoco era la mejor. Ya no se oía una vuvuzela, síntoma de que se acabaron las bromas. Tras 115 minutos al límite del reglamento, la Holanda de Van Marwijk estaba a punto de dejar en nada el enorme despliegue de 'la Roja'.

Demasiadas agresiones soportadas. Excesiva tensión acumulada. Frustración. Rabia contenida. Estaba en juego la honra de centenas de ex futbolistas. De millones de aficionados. La selección quería y creía, pero el tiempo se escurría en cada ataque perdido. Casi a caballo del delirio, asomaban ya los temidos penaltis. Con menos de cinco minutos por jugarse, a España le quedaba una sola baza: percutir la zona de Mathijsen, hecho unos zorros y absolutamente desbordado desde la expulsión de Heitinga. Con Xavi, Fàbregas, Iniesta y Navas, cuatro formidables pasadores a su servicio, el 'Indio' Torres debía tener alguna opción de remate. El segundero apretaba, pero 'la Roja' seguía creyendo. Sinatra tenía razón: lo mejor estaba por llegar.

Descarado como casi nadie hasta entonces en Holanda, Eljero Elia se aventuró a penetrar en terreno vedado. Eléctrico, trató de colarse entre Fàbregas y Ramos. Sólo se vive una vez. Ese balón perdido acabó en botas de su equivalente en España. Jesús Navas se fue hacia arriba con el galopar propio de un potrillo. Su mérito fue convertir, con su alocado sprint, la jugada en contraataque. A partir de ahí, la embestida cobró sentido. Apareció Iniesta en la jugada, que cedió de espuela para Cesc. Éste trató de abrir de primeras hacia Torres. El pase lo interrumpió por un instante Robben, pero ya sin fuerzas para nada. Navas llegó para descargar en banda, donde a pierna cambiada el 'Niño' intentó un centro imposible, destinado a morir en la orilla. Por suerte, a esas alturas de la jugada, tras 20 segundos de achique a contrapelo, en la selección oranje ya nadie sabía quién actuaba de central zurdo. Van der Vaart pasaba por allí. Con un despeje horrible, se convirtió en el autor del penúltimo pase.

80 años y 19 Mundiales después, el balón de los balones cayó a pies de Iniesta. Lejos de ser el ariete del equipo, algo sí estaba asegurado: lo gestionaría con cabeza. Jamás sabremos qué pulsaciones marcaba en el momento del control. Tampoco importa demasiado. Sabemos que la bajó con la clase que define a esta selección, y que el remate llevó la furia de los antiguos.

De apariencia frágil, a la hora de la verdad, cuando las cosas se pusieron realmente feas, a Iniesta no le tembló el gatillo. Conocía el valor de esa pelota. La pelota de la epopeya. En el tambor, una sola bala. Cosido a patadas, sin tiempo para sudores fríos, llegó el momento de la descarga. Pocas cosas tan sanas, tan épicas y justas, como la venganza deportiva. Al final, Andrés Iniesta no tuvo elección: el destino se citó en sus botas. A sangre fría, honorando para siempre a Luis Enrique, disparó con plata de primera ley contra el pecho de Stekelenburg. Galvanizado en ese proyectil, el argento de la Eurocopa trajo consigo el oro bruñido en siglos por Jules Rimet. Faltaban estrellas al sur de la ciudad. También al este del edén. Pero a partir de Iniesta será distinto. Por fin descansa en suelo español el Santo Grial del fútbol. La copa amarilla, madre de todos los trofeos, nunca estuvo en mejores manos. El mundo estrena firmamento, color rojo enamorado.
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miércoles, 30 de junio de 2010

Proverbio

Por Cristian Naranjo

Desde el momento en que España conformó su actual estilo de toque, juega cada tarde como transmitiendo la defensa de una causa justa. Estructurado alrededor de Xavi, Iniesta, Busquets y Alonso, no habría equipo capaz de basarse en la destrucción como sistema. No podría siquiera ser inventado en mezquinos tubos de ensayo. Por una cuestión de genoma, la actual quinta de seleccionados no conoce otro plan que no sea el de enroscar una y otra vez el cuero. Pese a que, como en todos los órdenes, construir conlleva tres veces más esfuerzo que derruir, la Roja asumió hace tiempo que alguien tenía que salvar la lírica. Con esa premisa abordó y conquistó la Eurocopa.

Dos años después, y con exacta filosofía, se ha abierto paso en el Mundial; no sin dificultades. La derrota frente a Suiza invitó a dudar; ante Honduras se restableció la ilusión; y contra Chile se instaló de nuevo un pequeño amargor respecto a la forma física y el esquema. Con todo, el combinado ya estaba en octavos, donde esperaba una peliaguda Portugal. El duelo ibérico debía dirimir quién aspiraba realmente al Mundial. Y fue España, domesticando una tarde más la bola, quien salió vencedora y reforzada del choque. Se consolidan Busquets y Alonso; crecen Xavi, Iniesta y Ramos; Villa se muestra en estado de gracia; Puyol y Piqué son una red de seguridad.

Queda la incógnita de Torres, desconocido por ahora. Y en menor medida también la de Casillas. Respecto al lateral izquierdo, poco más se le puede exigir al veterano Capdevila. Si el debate existe es porque el banquillo de Del Bosque invita al sonrojo: Cesc, Llorente, Pedro, Javi Martínez, Valdés… Cualquiera sería indiscutible con la Italia de Lippi, la Inglaterra de Capello o la Francia de Domenech. En la Roja, en cambio, calientan banquillo. Anoche, el gol de la victoria llegó con Llorente sobre el campo. A nadie escapa que el Superman de Lezama mejoró las prestaciones de Torres; pero el tanto definitivo se fraguó, ante todo, porque la selección entendió que su juego necesita de algo más importante que el coraje. Para ser efectiva, España también necesita… Paciencia.
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jueves, 1 de abril de 2010

Hay que ver...

Por Albert Valor

¡Fútbol, como eres! Una hora de combinaciones, paredes, desmarques y remates que ya es objeto de fábula. Un puñado de ocasiones marradas en la primera parte, el Arsenal encerrado en su campo y algunos, maldiciendo a Ibrahimović. Esos mismos impacientes, callaron luego en diez minutos. En menos, en treinta segundos. Lo que tardaron Piqué y el sueco en inventarse el 0-1 tras la reanudación. Y casi a continuación, prácticamente lo mismo. Esta vez Xavi creó el preludio. En el primero, Zlatan definió con delicia, por arriba. En el segundo, malicia. Un simple cañonazo. No sólo el partido parecía finiquitado. También la eliminatoria.

Pero entonces, llegó la parte mala. Primero, la entrada de Walcott al campo, que trajo consigo un problema de cintura para Maxwell y el primer gol en la cuenta gunner. Y después, lo peor, que llegó todo junto, en una sola bocanada. Amarilla para Piqué, que no jugará la vuelta, y penalti y expulsión de Puyol, que también lo verá desde el palco. Con todo esto, el gol del empate fue lo menos malo. Tampoco estará Cesc. El Barça se aliviará por su baja por acumulación de tarjetas y el fútbol estará en vilo por su lesión.

Nunca un 2-2 en cancha ajena en un partido de ida de la Champions League tuvo un sabor tan avinagrado. Y es que pudo ser un 2-5. Pero no hay mal que por bien no venga. A fin de cuentas, el objetivo es hacer gozar al respetable. Y eso se consiguió. Vaya si se consiguió. Pese a que casi todos tuvieron sus fallos, todos estuvieron bien. Y ahí también entra el árbitro. Piensen en los protagonistas del choque. Todos tuvieron luces y sombras: Ibrahimović, Maxwell, Cesc, Dani Alves, Busquets, Nasri, Puyol, Piqué, Valdés, Wenger, Bussaca… Como excepciones, quizá Almunia y Walcott. El motivo por el que el internacional inglés fue hoy suplente, más aún tras la lesión de Arshavin, es a estas horas indescifrable.

Con todo ello, se hace lógica la lectura final. Partidazo y sensaciones encontradas para ambos contendientes. El Barça, contento por su exhibición y apenado por el resultado final y sus bajas en la zaga. El Arsenal, violentado por ser objeto de risión a lo largo de sesenta minutos y la baja de Cesc y sintiéndose afortunado por salir vivo. Si quieren más, pongan la tele el martes. O vayan al Camp Nou. Todo, a eso de las nueve menos cuarto.

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lunes, 2 de noviembre de 2009

Benzema y Chygrynskyy se ganan el patíbulo

Por Cristian Naranjo

Mientras Benzema comenzaba a esconderse de sí mismo en el Bernabéu, el clásico tono del Plus daba cuenta de lo ocurrido en Chapín. El 'Trueno de Zenica' ─gran Relaño en este caso, aunque últimamente parezca un casquero─, adelantaba a un Sevilla low cost con un gol 'excelso', de imposible planteamiento para el inmaduro francés. A estas alturas los antecedentes no dejan lugar a dudas: los buenos eran Negredo y André-Pierre Gignac.

Tras quedarse con diez en una decisión surrealista de Lahoz, el Madrid volvió a la Guerra Santa, a la épica griega, sin tapujos ni disimulo. Sin sonrojarse. Y en ese tipo de escenarios, Higuaín se maneja como Eneas. El artillero argentino ─aunque de nacimiento también francés ─, mandó al cajón las dos bolas de que dispuso en ventaja, resolviendo así el partido y lanzando al Getafe a la lona, que se presentó mustio en Concha Espina, dispuesto a encajar, no pegar y arrojar la toalla pese al favor arbitral. El segundo balón al 'Pipita' ─que va camino de 'Piponazo', como su abuelo─ se lo entregó Benzema en una contra, única faceta en que luce el lionés. Tras dos meses de competición, otra evidencia palpable es la jerarquía de la delantera blanca: Higuaín, Raúl, Benzema. Ese debiera ser el orden, nunca al revés, pero sucede que en el Madrid el mandamás es el sacerdote y no el ingeniero. La titularidad de los nuevos galácticos no se discute; es el decreto que da forma a la doctrina del ser supremo.

Con una plantilla configurada a marchas forzadas, a base de nombres conocidos pero inconexos, el equipo merengue vive instalado en un oxímoron irresoluble: presidencia, afición y entrenador aspiran a ganar trazando triángulos, a encandilar, y sin embargo sus geómetras tienen querencia por las líneas de fuga. Entre Alonso, Lass, Kaka', Guti y Granero, toda una escalera de color, sigue sin hallar el técnico ni a Pitágoras ni a Brunelleschi. Los cinco se quedan a las puertas de la matemática y la arquitectura, mientras que sí dominan todas las fórmulas del contragolpe.

Semana a semana ha ido quedando al descubierto que tanto Kaka', como Granero y Guti, son media puntas por naturaleza, lo cual puede extrañar pero no sorprender, dado que la posición de trequartista es al soccer lo que la del quaterback al fútbol americano: la más golosa de todas las posibles. La consecuencia es que sobre el campo se solapan, se desdibujan y no acaban de enlazar. Quedan Lass, demasiado alborotado como para marcar el ritmo, y Xabi, teóricamente el más dotado para la elaboración, pero que vive en la praxis a veinte metros del área y no a cinco; primero porque no tiene un socio de inicio de jugada ─que bien podría ser Gago─, y segundo por la costumbre adquirida tanto en Liverpool como en la 'Roja' de ejercer de ancla más que de manija. Mientras el petirrojo de Donosti no se decida a soltar amarras, el Madrid seguirá sin encontrar discurso.

El silbido final en Chamartín sirvió de transición hacia Pamplona, donde Osasuna esperaba con largos cuchillos al líder. Arrancó sólido, ambicioso y reconocible el Barcelona, pero pronto cedió terreno, presencia y buena parte del balón ante el brío de los de Camacho, que cuajaron un partido digno de elogio, cimentado en un primer tiempo de altura y en que jamás se deshilacharon en el segundo, cuando el Barça se adueñó de la noche. Con todo, el campeón se hubiera llevado los tres puntos con justicia de no ser por Rubinos. Y por los errores propios, todos ellos de bulto y protagonizados por los centrales suplentes. La acción donde Ibrahimović se escapaba al galope no requiere más comentario.

En cuanto a la 'Dormita di Márquez', como titulaba La Gazzetta dello Sport, fue de jaula, por el coste que supuso y por reincidencia. A lo largo de su trayectoria en azulgrana, el mejicano ha acumulado una extensa lista de pájaras, varias de ellas de juzgado. No obstante, lo que alarma no son tanto sus errores puntuales como el precario estado de forma en que se encuentra. A su mejor nivel, Márquez también sufría similares desconexiones ─'burritos', según Rac1─, pero sus enormes y genuinas virtudes lo exculpaban. Es el capitán de la 'Tri' un futbolista tan fino como temerario, y que por tanto exige una puesta a punto, más que perfecta, pluscuamperfecta. Pero en cualquier caso Rafa Márquez sigue siendo un defensa señorial y recuperable a todas luces.

Si el sesteo del central fetiche de Guardiola fue grave, lo de Chygrynskyy, que pasa por ser la otra niña de sus ojos, fue como para simular un accidente de madrugada. El técnico hubo de sustituirle porque se avecinaba la roja después que Aranda, un delantero suburbial de trayectoria humilde, se añadiera al grupo de 'Yo también he roto a Chygrynskyy'. Aunque los medios catalanes escurran el bulto, nadie en Barcelona acierta a concebir cómo un futbolista tan torpe, plomizo y gélido pudo enamorar a todo un cuerpo técnico, en bloque. El ucranio es algo más que disminuido: presenta encefalograma plano en comparación con la joyería de Piqué y el alto voltaje de Puyol. Inexpresivo, melenudo y lánguido como un sauce llorón, el ucranio pide a gritos apelativos como 'Jesucristo Superstar', 'Androide C-21' o 'Yo soy Sam'. En realidad, lo que demanda con fervor es subirse al patíbulo.

En definitiva, extrapolado todo a lo estadístico, la tabla dice que pese a los brazos caídos de Benzema, con las solventes victorias de Sevilla y Valencia en territorio andaluz, y gracias a centrales de cuyo nombre Cervantes tampoco querría acordarse, el campeonato se estruja más que nunca. Habemus Ligam.
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martes, 20 de octubre de 2009

Ni siquiera el Barça parte la baraja

Por Cristian Naranjo

Por fin volvió lo serio tras el infumable paréntesis de selecciones. Tres jornadas de Liga y una de Champions después, todo sigue prácticamente donde estaba con la diferencia que los aspirantes a estar arriba han desacelerado. El Madrid cayó con justicia en Nervión y los de Jiménez gastaron los tres puntos en A Coruña. Por su parte, el Barça sigue resolviendo trámites con mayor o menor brillo, pero tropezó en Valencia mereciendo perder. Messi, Xavi y compañía han malacostumbrado a la parroquia culé. El año pasado, enfrentar al Barça era enfrentarse a una lluvia de pinzas, al mordisco herbívoro del Diplodocus; a una tortura china. Porque martirizaba a pellizcos, trituraba poco a poco y mataba a cosquillas. Torneaba los partidos a su antojo, les daba las vueltas necesarias, pero siempre conseguía su propósito: ganar jugando. Lo cierto es que de un tiempo a esta parte ha perdido fuelle, en parte porque los rivales ya conocen las reglas. Hoy por hoy, de los cuatro supuestos opositores, el conjunto che es el que traza una parábola más ascendente, aunque los siete puntos respecto al líder hablan de su irregularidad. Sea como fuere, tener a la 'Guardiola Mecánica' contra las cuerdas rebanándole la posesión dice mucho de Emery y sus abejas ─analogía de Pedro Morata─, que cuando se convierten en avispas atacan en nube y picotean en masa, con la 'Abeja Reina' Villa a la cabeza. Como a la postre el asturiano no jugó, los ataques valencianistas no gozaron de la malicia necesaria. Para quebrantar el triángulo agudo e infranqueable que forman Piqué, Puyol y Valdés no basta con ser abejas en versión Rumasa.

Un medio terreno sostenido por Ever Banega, sensación de esta Liga ─que no revelación, porque ya había demostrado su pureza─, desplegado entorno a 'Hakuna Matata' Silva ─término de Javier Pérez Sala─ y completado por 'Doña Rogelia' Hernández y 'Súper Ratón' Mata necesita el aguijón de Villa para hacer daño. El Valencia acumuló un saco de llegadas claras contra Valdés, que si bien estuvo de dulce ─¿cuántas veces van?─ también se benefició de la candidez propia de la 'Abeja Maya'. Mata y Pablo, dos futbolistas al alza, no acertaron a concretar y al final volaron dos puntos de Mestalla. Y gracias, porque el segundo tiempo perteneció por entero al Barcelona, que tuvo el partido en las botas del canarión Pedro, otro fenómeno en ciernes, con un don para el gol pero carente de desborde. Del hecho de juntar a tres enanos arriba, sin referencia alguna, Pep Guardiola sólo sacó una ocasión clara en cada tiempo, principalmente la segunda. La 'Pulga' Messi tampoco tuvo su día y tropezó una y otra vez con Dealbert y David Navarro, que como diría Montes estuvieron aplicados y obedientes como Eric Snow. Obtusos e incapaces de generarse huecos, el rosarino y el canario se hicieron el haraquiri el uno al otro. Los pequeños echaron en falta al 'Narigón' Ibrahimović, que hubiera aculado y porfiado con los centrales en el poste bajo. Con todo, fue un duelo entretenido y de poder a poder al que sólo le faltó decantarse por un gol, en este caso más peleado por parte del Valencia en una noche desangelada del Barcelona.

Lo ocurrido en el Sánchez Pizjuán es bien fácil de condensar, donde el Madrid de Florentino ─que no de Pellegrini, otro entrenador ovejuno─ puso de manifiesto todas sus carencias. El propio Valdano, digno sucesor de Benedetti, las sintetizó a la perfección días después de lo ocurrido: "Tenemos un equipo mucho más dotado para la aceleración que para la posesión". Traducido: el Madrid, que tiene el vestuario lleno de caballos con pedigrí, el 'Pegaso' Kaka' incluido, apenas cuenta con un par de jinetes que puedan darle sentido a su juego. Sus tres principales referencias de ataque están diseñadas para el contragolpe ─Ribéry será la cuarta─ y sin embargo aspiran a otra cosa, a la utópica excelencia, un mero eufemismo para no nombrar al 'Pep Team', la auténtica obsesión de Florentino. El Madrid tiene serios problemas. Ha gastado 250 millones en cambiar las sábanas de Valdebebas y, un mes y medio después, todavía huele a Schuster, Mijatovic y Juande. Mirarse cada mañana en el espejo del enemigo en busca de la imitación sólo puede llevar al complejo. El Bernabéu debe caer en la cuenta de que el Barcelona resucitó como Ave Fénix de sus propias cenizas, de sus propios valores, de su propio modelo. El árbol crece más fuerte cuanto mejores son sus raíces. El Madrid, en cambio, no tiene a quién remitirse. La 'Quinta del Buitre' queda ya muy lejos y Florentino no ha sido capaz de construir uno de sus puentes hacia ella. Sólo hay noticias de Butragueño, cuyo apodo celestial al presidente le asegura un despacho vitalicio. Haciendo qué, no se conoce. Es lo de menos. De modo que el Madrid seguirá funcionando por mucho tiempo al ralentí, viviendo del rompe y rasga, de la comida rápida y apilando rollos de una noche, pero sin encontrar el amor verdadero. Eso sí, ganará partidos por docenas, muchos de ellos por goleada, hasta que un equipo maduro le enseñe cómo se castiga un hígado. Sucedió en Sevilla, donde por momentos se masculló la humillación. Volverá a ocurrir. Sin ir más lejos, otro modesto ─y van cuatro en sendos partidos─ se apoderó del Bernabéu este sábado. A Marcelo se le acumulan las pesadillas: primero fue Navas y ahora Diego Costa. Un tal Robinho se está frotando las manos. Señores, ha vuelto el 'Fútbol' en mayúsculas. El 'Negro' Montes, apodado con acierto por Segurola, tenía toda la razón: efectivamente, la vida puede ser maravillosa.
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jueves, 17 de septiembre de 2009

No todos los días son Iniesta

Una crónica de Cristian Naranjo

Ni vencedores ni vencidos. Indiscutibles tablas en San Siro. No todos los días son Iniesta. Como suele suceder cuando se espera mucho de algo, sea lo que sea, a la postre acaba defraudando. Inter y Barça empataron justamente en un partido donde se les fundieron los plomos en tres cuartos. Fue una grata sorpresa el planteamiento inicial de Mourinho, que no contradijo la naturaleza de sus jugadores. Finalmente apostó por Muntari en lugar de Stanković, y aún así el Inter le discutió el cuero al reputado campeón. Al menos durante el primer tiempo, los neroazzurri no despreciaron la posesión. Y a pesar de su desventaja en el porcentaje final ─37-63%─, los datos revelan que el Inter no mereció menos que el Barcelona. Inició más ataques ─112 por 103─, remató lo mismo a puerta ─3 veces─ y exigió más a Valdés ─12 intervenciones a 7─. Sólo los disparos desviados ─5-11─, así como la sensación de monopolio de la segunda parte ponen en duda la estadística global. El conjunto de Guardiola halló la continuidad tras el descanso, cuando el técnico corrigió los desajustes sobre la marcha. El esférico se puso entonces a la entera disposición del Barcelona. Xavi encabezó una revolución tan loable como estéril: sólo el Inter calibró a Valdés. De hecho el equipo culé no volvió a crear auténtico peligro desde el octavo minuto, momento en el que el choque deliraba. Es cuanto menos significativo. Por idéntica anomalía se vio fuera en Stamford Bridge, pasó serios apuros en Mónaco y volvió a tener problemas en Getafe. Anoche confirmó los peores augurios. Parafraseando a García Márquez, enfrentar al Barça ya no es crónica de una muerte anunciada. Por más que Guardiola se anticipe a las dificultades fichando a defensas que ataquen y delanteros que asistan, el único éxito que asegura es el de la campaña Som Un, de Nike.

Es evidente que el Barcelona ha perdido duende tras las vacaciones. Se lesionó Iniesta y el elegido para suplirle es Keita en lugar de Busquets. Se prescindió de Eto'o, mientras que Ibrahimović y Chygrynskyy fueron las principales incorporaciones. El central ha mostrado detalles de interés, pero no puede competir en Europa. El sueco tampoco ha tardado en enseñar la amplitud de su gran angular. Tiene la visión de un mediapunta y su fútbol abre nuevas compuertas en ataque. Pero también cierra otras, quizá las principales. Anoche tuvo la ocasión más franca del partido en el minuto 7. Amortiguó un balón magistralmente con el pecho, y en boca de gol lo mandó a la grada. Así es Ibrahimović, un futbolista de contrastes. Sea ansiedad o simple desacierto, la ineficacia del nueve titular es una lacra para cualquier equipo. Concretamente, con ese fallo se diluyó todo el picante del Barcelona, que gozó casi siempre de una superioridad ficticia. Eran los despliegues del Inter, puntuales y decididos, los que olían a plomo. Diego Milito fue una amenaza constante, y todas las arrancadas de Eto'o las hubiera firmado el caballo de Atila. Júlio César tuvo menos trabajo que Valdés, cuyo concurso fue crucial. El de Hospitalet, que ha desechado el rechace como recurso, sigue acreditando su categoría ante la ceguera de Del Bosque.

El punto conseguido tampoco hubiera sido posible sin Puyol, y especialmente sin Piqué. Los centrales catalanes se vaciaron para sujetar al dueto africano-argentino, constatando que la merma de nivel no pasa por su zona. No menos brillante estuvo la línea defensiva del Inter, comandada por Lucio y Chivu, dos zagueros infranqueables. Maicon y Alves apenas tuvieron pista libre, pero son dos machetes sobrenaturales. Espeso y falto de inspiración, el Barça se encomendó a una aventura individual. Empresa difícil para un once que vive del colectivo. Ibrahimović no volvió a desatarse de los centrales. Henry, motivado, no probó suficiente a Maicon. Le sustituyó Iniesta, que no tuvo tiempo de engrasar. De modo que Messi, el último de los carasucias ─así se conoce en Rosario a los futbolistas de potrero─, era el tercero en discordia. Libre de ataduras por detrás del punta cíngaro, el argentino arrancó una veintena de veces. La intensidad de Chivu y Lucio le dificultó la existencia tanto como su renuncia a ocupar la banda. El entendimiento con Ibrahimović aún tardará en consolidarse, y de momento se taponan a menudo. En conjunto, la sensación final que dejó el choque es que el Inter, pese a estar en plena reforma, ofreció lo mejor de sí. No regaló el balón en la primera parte y sí dio un paso atrás en la segunda, pero sin soltar nunca la guadaña. Por el contrario, el Barcelona estuvo lejos de su máximo nivel. El regreso de Iniesta y Márquez alimenta las opciones de Guardiola, que no obstante tiene muchos deberes en el frente de ataque.

El empate en San Siro es un saldo valioso para afrontar la fase de grupos, con lo que el equipo azulgrana continúa sin ningún borrón. El tricampeón crecerá necesariamente. Será candidato a todo, aunque su plantilla no desprende la fiabilidad deseada. En verano, el Barça vertió la gran ocasión de blindarse con algún otro jugador de peso. A la espera de Fàbregas, un delantero de banda como Arshavin y un pivote como Poulsen hubieran bastado. Beguiristain prefiere apostar por plebeyos como Henrique y Keirrison, mientras que Guardiola propició un negocio ruinoso a fin y efecto de desprenderse de Eto'o. El entrenador también priorizó el fichaje de un central pese a poder elegir entre Muniesa y Fontàs. Con todo, el Barcelona sigue siendo un equipo serio pero no invulnerable. Hay informaciones que dan respuesta a la obsesión por desterrar a Eto'o. Las publicaciones aseveran que la convivencia entre el camerunés y Henry era insostenible debido a su egocentrismo. Tanto es así que la pretensión de Guardiola era desprenderse de los dos. Sólo ante la dificultad de adquirir un extremo, el técnico aceptó al francés. A tenor de la información, es sangrante la permanencia de Henry, que jamás se acercó a su rendimiento en Londres, que pasa de la treintena y que no deja de ser un punta reconvertido, en detrimento de Eto'o: más joven, más fiable y más goleador. Analizado en global, el balance del mercado de verano es desalentador y peligroso. La plantilla es más corta y los fichajes están en cuarentena. No admite debate que el Barcelona ha desperdiciado la opción de alargar su hegemonía. El estado de las cosas ha cambiado. En este curso, cada compromiso será una dura prueba para una plantilla que no puede ir a más. Acaparar el cuero y triangular no será suficiente. Bien pronto se hará necesaria la máxima eficacia. Tanto en Liga como en Europa, no todos los días son Iniesta.
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sábado, 29 de agosto de 2009

La cantera extiende la supremacía azulgrana

Por Cristian Naranjo

Definitivamente el Barcelona de Pep Guardiola es un equipo ecológico y sostenible. No destruye a sus rivales. Más bien razona con ellos, para finalmente seducirles con argumentos irrefutables. El hilo de la conversación siempre lo teje Xavi, maestro costurero que hace fluir el discurso. A su alrededor gravitan el resto de contertulios, interviniendo en el momento preciso para dar fuste a las ideas del conjunto. La filosofía nace en el cerebro de Guardiola, la expone Xavi y cristaliza en los silogismos que proponen Iniesta y Messi. De ahí la sostenibilidad del equipo, cuyo núcleo procede de la propia cantera. Touré, Alves o Henry, entre otros foráneos, también juegan un papel necesario en la producción de melodía y harmonía, componentes indispensables en un buen grupo de oradores. Así lo propugna desde siempre Arrigo Sacchi. Los extranjeros aportan otras soluciones dialécticas. Son el complemento perfecto para una espina dorsal que pertenece a los futbolistas nacidos en La Masia.

Los hombres de confianza de Guardiola, que no completarían dos onces, han formado algo más que un buen conjunto de pensadores. Han hallado la fórmula del éxito: hacer una familia del vestuario. Este Barcelona caerá algún día como cayeron todos los paradigmas dominantes, pero las bases de su ideología garantizan su regeneración infinita. De las cenizas de un canterano siempre nacerá el siguiente. Así lo acredita la hornada actual, con jugadores como Muniesa, Fontàs, Dos Santos o Thiago. En cualquier caso, para la historia y la memoria quedará la belleza de un fútbol despojado de acritud y miedo. Valdés; Alves, Piqué, Puyol, Abidal; Touré Yaya, Xavi, Iniesta; Messi, Eto'o y Henry. Una alineación plagada de argumentos indiscutibles; repleta de pasión, orgullo y compromiso. Casi todos al ataque, sin más artillería que los mimos al balón. Hubo un tiempo en que se consideraba incompatibles a Xavi e Iniesta en la medular. Se argumentaba que ambos eran bajitos, livianos y carentes de músculo, lo cual evidenciaba que no mezclaban bien. Es asombroso como Guardiola, ideólogo de la teoría, refutó el argumento de forma fulminante, apostándolo todo a la carta del talento. El resultado no encontró precedente en el fútbol español: Copa, Liga y Liga de Campeones.

Anoche, sobre el estadio Louis II, no compareció la prodigiosa sociedad blanquecina, dado que Iniesta aún se recupera de su sobreesfuerzo en Roma. Tampoco actuó Eto'o. Se hizo extraño no verle en el césped, en un partido que en buena parte le pertenecía a él. La final de Mónaco no era más que la herencia de su gol en Roma, donde acudió al rescate de la dama cuando ya estaba en las fauces del lobo. Ocurre que las mentes privilegiadas esconden parcelas encriptadas, en las que se fraguan las decisiones más dogmáticas. Es el caso de Guardiola, un genio capaz de prescindir de la cantidad de goles y sacrificio que asegura Eto'o. A cambio se presentó Ibrahimović en un partido de altura. Era la oportunidad de comprobar las evoluciones del díscolo delantero sueco, destinado a hacer las delicias de la afición azulgrana con remates imposibles, asistencias asombrosas y regates sui géneris. Hasta el momento se había mostrado falto de forma y desubicado. La primera parte de la final corroboró su bajo estado físico, pero desmintió algunas sospechas. Comienza a dar síntomas de su adaptación con pinceladas de fuoriclasse.

A parte del delantero cíngaro, la otra atracción del primer acto fue la disposición táctica de Guardiola, con Touré ejerciendo de líbero, los laterales de centrocampistas y Messi en la mediapunta. Las mezclas de probeta no funcionaron. Con un terreno de juego devastado, el discurso del Barcelona no fluyó con la agilidad habitual. Tampoco ayudó la propuesta de Lucescu, basada en interrumpir al rival sin proponer nada a cambio. Con todo, la final se desarrolló en forma de monólogo. Con el Barcelona de protagonista, no sería noticia si no fuera por la inocencia de sus ataques, abortados sin más problemas por los antiaéreos del Shakhtar. Chygrynskyy, pero sobre todo Kucher, se erigieron como dos fortalezas. Sólo Messi, siempre Messi, se armó de valor para penetrarlas.

La segunda mitad no alteró el orden establecido, con lo que el partido alcanzó un espesor desagradable. Los azulgrana se hincharon a lanzar córners en vano, y sólo Messi conseguía inquietar a Pyatov. La rueda de sustituciones, activada por Lucescu casi en el '80, por fin agitó el duelo. El experimentado entrenador rumano acertó con sus decisiones, basadas en añadir velocidad para enganchar la contra definitiva. Por suerte Guardiola hizo lo propio con Pedro, al que dio entrada en detrimento de Ibrahimović. El sueco dejó el campo extenuado, pero siguió avanzando detalles de su juego plástico y anárquico. Por su indolencia, será difícil encajarle en el esquema defensivo; por sutileza, está condenado a entenderse con Henry y Messi. Conjeturas a parte, fue Pedro el que cambió la cadencia del Barcelona. En su juego, fresco y punzante, el equipo de Guardiola encontró por primera vez argumentos de peso. A casi nadie le preocupa ya Ribéry. La cantera, por sí sola, ha generado una nueva estrella para el ataque. No es francés y su nombre no suena bonito, pero es garantía de calidad y compromiso. Se llama Pedro. Y anoche acabó con el indulto a Pyatov.

El Shakhtar, un equipo incómodo por definición, se resistió a claudicar y envió el partido a la prórroga. Lucescu dio entrada a Aghahowa para que castigara el cansancio de Puyol y Pique, mientras que Guardiola introdujo dos canteranos más: Bojan y Busquets. Con hasta ocho efectivos de La Masia afrontó el Barcelona el tramo decisivo del partido. Corría el minuto 100 y el depósito estaba en reserva, pero la ambición y el orgullo estaban intactos en el bando azulgrana. Tanto es así que las bombas de mortero parecieron caer sobre el área del Shakhtar. No eran más que las trenzas verbales de Messi y compañía. Se engrandecía el Barcelona pero también el conjunto ucranio, encomendado a una aventura de Aghahowa, Kobin o del clan brasileño. La balanza permanecía todavía en punto muerto, a la espera de decantarse de forma definitiva. Los penaltis suponían una amenaza para un equipo plagado de imberbes y carente de cañoneros como el Barcelona.

Pero entonces emergió la figura de Pedro, un futbolista cuya confianza en sí mismo lo ha catapultado. Con libertad para sobrevolar el área, el canario se dejó caer por la izquierda, desde donde encaró y buscó el centro para asociarse con Messi. Desde el instante en que el argentino recibió el balón hasta que terminó la jugada, pasaron sólo dos segundos. Más que suficientes para dos albañiles de sueños, que construyeron una pared de palabras con sólo mirarse. Los defensas del Shakthar, inmunes a cualquier balón aéreo, no lo vieron ni pasar por abajo. Chygrynskyy también quedó retratado, como en varias jugadas anteriores. El tuya-mía de Messi y Pedro, rubricado por el canario con una calidad extrema, cerró un partido que, excepcionalmente, jamás debería haberse disputado. El Barcelona se coronó supercampeón de Europa ya en Roma, con su baile asombroso frente al vigente campeón. En aquel partido se ganó el Barça su condición de jerarca de Europa. Era un equipo de ensueño, casi calcado a éste, pero con el hambre de Eto'o.

En cualquier caso la 'Guardiola Mecánica' sigue imparable, superando a rivales a través del razonamiento y no de la crueldad. Es un equipo ecológico porque conquista trofeos de forma limpia, justa y generando unanimidad. Incluso cuando sus jugadores no tienen el día, siempre proponen algo vistoso. No es el Barcelona un club al que históricamente le haya sonreído la fortuna en Europa. Su modelo no conoce la mezquindad italiana, ni los escuadrones alemanes o ingleses, ni tampoco los golpes de suerte del mismo Madrid. Siempre ha tenido que batirse el cobre para ganar. Sólo siendo el mejor, sin discusión, ha encontrado el premio de la victoria continental. Precisamente esa es la filosofía de Guardiola: sólo jugando bien se puede vencer. Es un modelo propio y genuino, casi inimitable, que no debe cambiar jamás. En la esencia del Barcelona anida su auténtico secreto: la belleza del juego como único argumento.

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jueves, 28 de mayo de 2009

La 'Guardiola Mecànica' tritura al United

Por Cristian Naranjo


Londres, Paris, Roma. Esta vez ha sido la capital italiana la que ha encumbrado al Barça como campeón de Europa. Con este título, logrado con total merecimiento, el club azulgrana se instaura en la élite europea junto a su rival de hoy. Con tres entorchados, el Barça se iguala con el United y se despega de clubes como el Benfica o el Notthingham Forest, alejados hoy en día de la burguesía europea.

No sé quién inventó una frase que ha hecho fortuna: "Las finales no se juegan; las finales se ganan". La Champions League, antigua Copa de Europa, suele ceñirse a ese guión en tanto que el miedo a perder impide a los finalistas desarrollar su juego. Ocurre muy a menudo que el campeón de la competición no se corresponde ni de lejos con el mejor equipo de Europa. Como ya hiciera la selección española sobre el Ernst Happel de Viena, el Barça de Guardiola ha reventado un nuevo tópico: las finales se ganan jugándolas. El azulgrana, no será nunca un equipo capaz de ganar sin proponer nada, sin imponerse al rival. Ese gen, especialmente italiano pero también inglés, no forma parte de su ADN. El Barça, un clásico de Europa por historia ─siempre ha participado en competición continental─ y palmarés, ha estado en seis finales de la máxima competición y ha levantado tres trofeos, un balance que aún le sitúa lejos de Real Madrid, Milan y Liverpool. Ocurre sin embargo que el Barça mereció ganar en Berna ─donde se estrelló contra los palos cuadrados que se cambiarían al curso siguiente─, en Sevilla, en Londres, en Paris y finalmente en Roma. Se trata de un club tan educado, aseado y exquisito, que además de ganar necesita merecerlo. Así es el Barça y así son los culés. Siempre existirán equipos mezquinos, capaces de sacar el máximo rendimiento del mínimo mérito, pero se trata de fútbol, el deporte más grande porque traza multitud de caminos para alcanzar el éxito. No es el caso del Barça, que morirá con su estilo año tras año. El 'Dream Team' ganó la orejuda en su punto álgido; el gran Barça de Rijkaard firmó su obra cumbre en Paris y la 'Guardiola Mecànica' se ha coronado maravillando hasta a Ferguson.

Hasta el momento en que el derechazo de Iniesta hiciera estallar el candado de Cech, no se recordaba una final tan pareja entre dos contendientes de tal magnitud. El Manchester llegaba al partido como vigente campeón y como flamante vencedor de la que dicen es la mejor liga del mundo. Además, Ferguson contaba con todos sus efectivos a excepción de Fletcher, una baja insensible a tenor de su profundidad de banquillo. Nada que ver con el Barça, que se presentaba en el Olímpico de Roma con tres bajas de peso en la misma zona del campo. Márquez, Abidal y sobre todo Alves dejaban un hueco enorme en la retaguardia culé. No obstante, el gran momento del Barça, sellado con la consecución de los dos títulos domésticos, igualaba las manos de Ferguson y Guardiola. En Manchester, se daba como claro favorito al equipo inglés, hasta el punto de no concederle opción alguna al Barça. En Barcelona, se respiraba confianza, optimismo y sobre todo prudencia. Se imponía el 'seny català'.

Llegaban pues a Roma los dos mejores equipos del mundo dispuestos a dirimir quién era superior. El campeón de la Premier League a un lado. Al otro, el ganador de la Liga española. En una punta Cristiano Ronaldo. En la otra, Messi. El vigente Balón de Oro contra el próximo vencedor. Rooney contra Eto’o. Van der Sar contra Valdés. Había tantos duelos igualados ─tantos como once─, que la única solución pasaba por el pitido inicial del árbitro.

A los 10 segundos de juego, el United ya se había ganado su condición de favorito. Su apuesta por apretar al Barça en todo el campo y por jugarle de tú a tú fue una genial sorpresa por parte de Ferguson, que comenzaba a imponerse en el duelo de banquillos. Hasta los 10 minutos, el equipo azulgrana no existió. Le temblaban las piernas y sus neuronas estaban desconectadas. Estaba siendo desintegrado por el vigente campeón, que se presentó al partido imperial en defensa y explosivo en ataque. Rooney y Park asfixiaban la salida de balón culé, y Cristiano Ronaldo era una continua amenaza para el marco de Valdés. A juzgar por lo visto durante esos primeros minutos, la final podría haber acabado con un nada descabellado 0-4. De hecho, a más de un culé le vinieron a la memoria Massaro, Savicevic, Desailly y compañía.

Ocurre que en el Barça juega un tal Iniesta, un maestro de varios gremios que tiene seda en las botas y una ballesta en ristre. El '8' azulgrana domina todas las dimensiones del juego: tiempo, espacio, profundidad. Xavi es un jugador fenomenal. Su juego de toque y movimiento es fundamental para el Barça y para la selección. Cualquier centrocampista de Europa quedaría retratado ─Carrick o Anderson, por ejemplo─ al ser comparado con él. Cualquiera excepto uno. Sólo hay alguien tan técnico e inteligente como él. La paradoja es que juega en su mismo equipo. Y es que Iniesta es tan delicioso como Xavi pero es mucho más nocivo, porque añade cambio de ritmo y regate. Mientras se habla de las cifras astronómicas que valen Cristiano Ronaldo o Kaka', Iniesta se sigue reivindicando como un futbolista sin precio.

Corría el minuto 10 y el de Fuentealbilla conectó con el balón con espacio por delante. Cambió de ritmo y avanzó hasta la zona de tres cuartos, donde advirtió a un antílope desmarcándose. Era Samuel Eto'o, el mejor '9' del mundo. Después de las cifras que ha alcanzado y de haberse dejado el alma para levantar tres Ligas y una Champions League, muchos infiltrados entre la masa culé, carentes de gusto, memoria y respeto, todavía tenían la osadía de criticarle antes de la final. Ojalá el gol de esta noche, repleto de potencia, furia y fuerza animal, selle sus sucias bocas para siempre. Este verano, directiva, secretaría técnica, entrenador y jugador deberán decidir su futuro. No en vano el contrato de Eto'o expira en 2010 y es el momento de llegar a un consenso. Ahora que se ha convertido en el héroe de otra final, cientos se apuntarán al carro y clamarán por su renovación. Con tres Ligas, una Copa y dos Copas de Europa, Eto'o puede salir del Barça con la mirada al frente y con la tranquilidad de haber sido el jugador extranjero con mayor influencia en la centenaria historia del Barça. Casi nada. Ni Kubala, ni Cruyff, ni Ronaldinho lograron tanto.

El gol de Eto'o devolvió el partido a su igualdad original. El equipo azulgrana se oxigenó a través del balón, aunque el United seguía disputándole la posesión y creándole mucho peligro con la explosividad de Cristiano. Una arrancada del portugués hizo temblar los cimientos de la defensa culé, y sólo Piqué, en clara obstrucción, pudo detenerle. Giggs ejecutó la peligrosísima falta, que se marchó por encima de la escuadra de Valdés. Fue la mejor acción del portugués en todo el partido, incapaz de añadir inteligencia a su físico de velocista. Mientras Cristiano no entienda el juego, jamás alcanzará su auténtico potencial. ¿Se lo imaginan pegado a la banda, poniendo a disposición del equipo su velocidad? Sería demoledor.

Hasta el minuto 25, los dos equipos se repartieron las posesiones y los ataques. El United tenía más sensación de peligro, aunque no llegaba a inquietar a Valdés. Las faltas laterales y córners, que se presumían un suplicio para el de Hospitalet, jamás le pusieron en aprietos. La defensa zonal de Guardiola, complementada con dejar a tres unidades arriba para intimidar al Manchester, fue una apuesta magistral. Tanto es así, que el United no pudo rematar un solo balón en ventaja. Además, Puyol, Touré y sobre todo Piqué estuvieron imponentes por arriba.

En la primera mitad, según estadísticas de la UEFA, los dos equipos presentaban un empate técnico en cuanto a pases ejecutados y distancia recorrida se refiere. La segunda parte, para orgullo de los culés, fue una historia bien distinta. Ferguson sustituyó a Anderson por Tévez y ahí comenzó a perder la final, ya que en su búsqueda de pegada se olvidó de la clave del encuentro: la zona ancha. Busquets ─sobresaliente; sólo le recuerdo una mala entrega─, Xavi, Iniesta y Messi comenzaron a conectar descaradamente y el partido se convirtió en un monólogo de gran categoría. Impotente y rudimentario, Ferguson optó por seguir acumulando delanteros. Entró Berbatov por Park Ji-Sung, lo cual no le dio rédito alguno al United. Los pequeños del Barça campaban ya a sus anchas en busca del gol que cerrara el partido. Lo tuvo Xavi en un lanzamiento de falta y pudo llegar antes o después. Finalmente, en el 70', el de Terrassa encontró un espacio virgen en tres cuartos de cancha. Ante la pasividad del United, tuvo tiempo de pensar, caracolear e insuflarle cloroformo al balón. Demasiadas ventajas para un superdotado como Xavi, que detectó el desmarque de Messi y le puso un balón tocado y con algodones. El argentino, voraz de protagonismo, no desaprovechó el regalo y le puso el lazo con un remate propio del mejor ariete. Quedaban 20 minutos para la heroica, una faceta que domina como nadie el United. Sin embargo, como expresaba acertadamente Jorge Valdano, "el fútbol es un estado de ánimo". En esos momentos, el United estaba destrozado física y anímicamente. Sus jugadores habían sido bailados, retratados, humillados. Ferguson se volvió a equivocar introduciendo a un motor diésel como Scholes por Giggs ─decepcionante, inédito en todas las facetas─. Y así se fue consumiendo el partido, con Cristiano, Scholes y Vidic desquiciados. No eran más que el retrato de un equipo superado por la evidencia: el mejor equipo sobre la faz de la Tierra se llama Futbol Club Barcelona.


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viernes, 22 de mayo de 2009

A vueltas con el lateral zurdo

Por Cristian Naranjo


Se acerca peligrosamente la gran cita futbolística del año y a Guardiola siguen sin salirle las cuentas. Debido a las bajas seguras de Márquez, Abidal y Alves, el técnico está obligado a componer una defensa totalmente inédita, donde Piqué, Touré y Puyol tienen plaza asegurada. El marfileño y el espigado central catalán actuarán como centrales, mientras que Puyol jugará en uno de los dos laterales. Hasta hoy, se daba por hecho que la elección de Guardiola para llenar el hueco vacante era Keita, un jugador de su absoluta confianza: “He conocido pocas personas tan generosas como él. En la conversación que tuvimos, dijo que si era preciso jugaría de portero, pero que no es un especialista como lateral y que yo contemplase el riesgo si finalmente lo alineo”. Por tanto, la ecuación de segundo grado sigue sin resolverse y Guardiola parece no recordar la fórmula. Los periodistas tienen por tanto vía libre para el debate y la especulación. Muchos apuestan por Sylvinho, otros por Keita y algunos por Cáceres.

La elección del brasileño se presenta como la más natural. No en vano es un lateral izquierdo puro y ha desarrollado toda su carrera jugando en esa posición. Sylvinho asegura experiencia, entrega, despliegue físico y recorrido, condiciones que no han convencido a Guardiola en partidos de máxima exigencia. A buen seguro, el técnico ve en Sylvinho a un lateral ‘largo’, más dotado para el ataque que para la defensa. Por otro lado, el brasileño anda escaso de centímetros, lo cual supone una merma para el equipo en la batalla aérea. Finalmente, el técnico culé desconoce por qué zona caerá la estrella del United, Cristiano Ronaldo. Se especula con que se situará por el centro pero con total libertad de movimientos, lo cual supone que a la hora de encarar se irá a buscar al peón más débil del tablero. En resumen, Guardiola conoce a la perfección las virtudes y carencias de Sylvinho y a juzgar por lo visto a lo largo de la temporada no está convencido de su validez para partidos de máxima tensión defensiva. Su entrada o no en el once dependerá de si el entrenador acaba seduciendo o no a Keita.

La opción del malí se daba por hecha hasta que hoy mismo el centrocampista sorprendiera a los periodistas auto-descartándose. Ausente Abidal por sanción, sin lugar a dudas es la opción preferida del técnico. Guardiola siente una admiración por Keita rayana a la sodomía. En las ruedas de prensa, nunca escatima elogios hacia él. Alaba su motivación, compañerismo y entrega. Hoy mismo, ha comentado que el malí es el jugador que más ha evolucionado en el juego de posición. Por tanto, no es difícil adivinar que para Guardiola es la primera opción. De hecho, Keita tiene todas las condiciones que busca el entrenador para cubrir el lateral: disciplina táctica, dominio del juego aéreo, esgrima ─capacidad defensiva en el uno para uno─ y resistencia entre otras. Él mismo Guardiola ha reconocido que tratará de convencerle, lo cual evidencia su favoritismo.

La última opción es la más remota y no por tanto descartable. Pasa por desplazar a Puyol del lateral derecho al izquierdo para sujetar a Cristiano y por situar a Martín Cáceres en el puesto vacante. Esta variable es poco probable en tanto que el uruguayo apenas ha contado para Guardiola este curso ─a pesar de haberlo pedido y del coste de su fichaje─, pero conociendo el intervencionismo del de Santpedor no hay nada escrito todavía. No olvidemos las características de Cáceres: rápido, expeditivo, contundente, poderoso por alto, experimentado como marcador, polivalente, generoso en el esfuerzo… En mi opinión es el más capacitado para ocupar la plaza. No en vano costó 20 millones de euros y es el momento de utilizarlo. En su contra juega lo más importante, la confianza del míster, así como su indisciplina táctica, sus pérdidas de concentración y su nula capacidad para sacar el balón jugado.

Guardiola conoce la importancia de los pequeños detalles y también sabe que las finales no se juegan sino que se ganan. En su cabeza dando tumbos, tres opciones para un solo puesto. La experiencia de Sylvinho, la confianza en Keita y la contundencia de Cáceres. Al técnico le quedan cinco días para seguir perdiendo pelo y cinco noches para obsesionarse. A ciencia cierta, ya resuenan en su mente las trompetas romanas y el galope de los caballos del United. Aún tiene horas para tomar una decisión que puede marcar el destino de toda una Champions.

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miércoles, 20 de mayo de 2009

El Barça de Iniesta; el United de Rooney

Por Cristian Naranjo

Falta justo una semana para el partido más esperado de lo que llevamos de siglo XXI. La final de la Liga de Campeones, que ha de enfrentar a los dos equipos más en forma del mundo, se presenta como el mayor espectáculo posible. Si el Barça llega fuerte, el Manchester llega mejor. Por primera vez en muchos años se enfrentan en una final los dos equipos que han acreditado ser mejores a lo largo de la competición.

El Barça llegará a Roma con todos los deberes hechos y los exámenes superados con matrícula de honor. No en vano se ha proclamado campeón de Liga y Copa con un fútbol celestial, arrollando a sus principales rivales a medida que se iban interponiendo en su camino. Como si del caballo de Atila se tratara, por los campos donde ha pasado el Barça esta temporada no ha vuelto a crecer la hierba. Sevilla, Villarreal, Madrid, Londres, Valencia… El equipo de Guardiola se dio un festín en el Bernabéu y en Mestalla, donde trituró a Madrid y Athletic respectivamente. El fútbol que hacen los blaugranas se basa en conceptos sencillos de asimilar pero harto difíciles de lograr. En primer lugar, el Barça tiene al menos un once inicial de jugadores extraordinarios. De esos once, no podrán jugar ni Márquez por lesión ni Alves por sanción. Iniesta y Henry, en cambio, están entre algodones a la espera de poderse recuperar a tiempo de sus dolencias. A pesar de las posibles bajas, Guardiola presentará un once temible porque saldrá con lo mejor que tiene y al ataque, como ha demostrado durante toda la temporada. El Barça sólo sabe jugar a ganar. Sus jugadores están programados para atacar del minuto 1 al 90. En segundo lugar, el equipo cuenta con la coherencia de su entrenador, capaz de sacar el máximo de sus jugadores allá donde los ubique. Y en tercer y último lugar, los culés cuentan con un aliado, con un doceavo hombre: el balón. Y es que el equipo que comanda Xavi no lo suelta ni mediando las armas. La mitad del once tiene un manejo extraordinario de la pelota, lo cual protege al equipo y desespera a los rivales.

Así las cosas, el once que con toda seguridad presentará Guardiola será el siguiente: Valdés en portería, dando seguridad por alto, con los pies y cerrando el candado en el uno para uno; Puyol en el flanco derecho por la ausencia del maratoniano Alves. Qué decir del gran capitán. Todo fiabilidad y entrega; Touré Yaya como central diestro para ocupar el lugar que deja vacante Puyol. El marfileño, una delicia como mediocentro de cierre, cumple también como central. Aporta exuberancia física, salida limpia de balón y sólo ofrece una duda: ¿sabrá defender la velocidad al espacio de Rooney y Cristiano Ronaldo?; a Touré lo acompañará un hombre totalmente consolidado como central titular del Barça. Piqué asegura contundencia por bajo y por alto, inteligencia táctica y excelente salida de balón en corto y en largo. Como Touré carece de velocidad en espacios abiertos y lo puede pasar mal con los delanteros del United; como lateral zurdo actuará por exigencias del guión Keita. Guardiola no tiene reparos en descubrir que su comodín para casos de emergencia es el malí, un jugador que no termina de ejecutar con excelencia ninguna faceta del juego pero que cumple en todas ellas. Al menos en opinión de Guardiola. El africano tiene un aceptable trato de balón, va fenomenal por alto y sabrá cubrir su zona con solvencia; por delante de la defensa repetirá como en Stamford Bridge Sergio Busquets. Guardiola apuesta ciegamente por él a pesar de su juventud. Sin embargo, contra Chelsea no existió. Según Ramon Besa: “Tampoco Busquets funcionaba: tímido en ataque, presionó a destiempo y defendió mal en la jugada del gol”. De hecho, está por ver cómo reaccionará el canterano en un partido que puede marcar el despegue o el declive de su carrera. De su acierto en el corte, en la conducción y en la entrega depende en gran medida el transcurso de la final. Sea como fuere, Busquets asegura intensidad en el juego y poderío aéreo; como volante derecho y llevando la batuta del juego estará el doctor Xavi, alguien de quien está todo dicho y escrito. El de Terrassa es el jugador más fiable del equipo. En lo que va de temporada no se ha lesionado ni tampoco se ha escondido en ningún partido. La Eurocopa le transformó. De ser un buen centrocampista pasó a ser un jugador de enciclopedia. Todo lo que ejecuta lo hace con sentido. Controla, gira, alza la mirada, toca y se mueve… Santiago Segurola decía que Zidane era un reloj con botas. Xavi es el Big Ben; a su lado estará el bautizado por Joaquim Maria Puyal como ‘Don Andrés’. El de Fuentealbilla llegará justo para disputar la final. Por tanto, no sería de extrañar que llegara falto de ritmo. No obstante, siempre ha respondido cuando ha vuelto de una lesión. Iniesta es al Barça lo que las burbujas a la Coca-Cola. Es la chispa que estalla en el paladar de los aficionados. Es tan bueno como Xavi pero además tiene desborde y verticalidad. Un lujo y una necesidad para su equipo; en la derecha del ataque aunque permutando de posición actuará el antílope africano Samuel Eto’o. Son muchos los que le critican por su falta de puntería en los últimos partidos, olvidando quien abrió el camino de la victoria en Paris. Eto’o es el mejor delantero de Europa y volverá a demostrarlo en Roma; en el centro del ataque y suspendido entre líneas jugará el ‘pequeño Diego’. El argentino pondrá la imaginación y el desequilibrio que necesita el Barça para hacer daño al Manchester. Messi es capaz de llegar al gol de mil maneras distintas. Se asociará con Xavi e Iniesta para convertir el partido en un rondo constante; finalmente, como vértice izquierdo del equipo culé flotará monsieur Henry. Al igual que Iniesta, el francés llegará justo para disputar la final. Su lesión es de rodilla, lo cual complica su recuperación, pero todo apunta a que estará a punto para saltar al Olímpico de Roma. Titi es básico para el equipo porque aporta amplitud, profundidad, asistencia y sobre todo gol, mucho gol. Esta temporada se ha reivindicado a base de tantos importantes en momentos importantes, justo cuando deben aparecer las estrellas. Tenerle sobre el campo será una forma de intimidar al Manchester desde el inicio.

Y enfrente, acechante y dispuesto a revalidar corona, espera el peligroso United. Campeón de Inglaterra con solvencia por tercer año seguido, el equipo de Ferguson cuenta con la plantilla más completa del mundo. El escocés tiene donde elegir, aunque su once inicial no brilla tanto como el del Barça. El United alineará a Van der Sar en portería. Experimentado, sobrio y dos veces campeón de Europa; como lateral diestro actuará un centrocampista reconvertido. Debido a su altura ─1’91 m.─, O’Shea no se distingue por ser un jugador rápido. Tampoco destaca por ser un gran marcador, por lo que Henry debe probarle en el uno para uno; en el eje de la zaga y sin discusión, Ferguson alineará a Vidic y a Ferdinand. Se dice de ellos que son la mejor pareja de centrales del mundo. Por contundencia en el corte, juego aéreo y velocidad desde luego lo son. Sin embargo, quizá les falte algo de salida de balón. Los delanteros del Barça tendrán que estar especialmente incisivos en la presión para cazar algún balón en zona decisiva o provocar un balonazo a zona propia; como lateral zurdo jugará el mejor del mundo en su puesto. El francés Evra es como el hermano bueno de Abidal: veloz, incansable, de amplio recorrido, buen defensor y buen atacante. Eto’o no debe intentar desbordarle porque será imposible. La opción es buscarle la espalda por velocidad, aunque será difícil; como pareja en el doble pivote actuarán Carrick y Scholes. El primero es un jugador muy completo: trabajador, bueno técnicamente y con buen disparo de media distancia. Scholes es parecido pero más ofensivo y de más recorrido. Los dos ingleses se presumen escasos para contener el caudal de juego que fabricarán entre los tres canteranos del Barça; ayudando en las tareas de destrucción y aportando despliegue físico y llegada actuará Park Ji Sung. El surcoreano es un fijo para Ferguson en las grandes citas debido a la cantidad de facetas del juego que domina y a su disciplina táctica; en banda izquierda cabe la duda de quién jugará, si el veterano Giggs o el joven Anderson. Es muy posible que Ferguson opte por ser conservador y le dé chance al experimentado galés. El brasileño destaca por su gran zancada y llegada al área, mientras que Giggs tiene una zurda sedosa para lanzar centros a la pareja de atacantes; una pareja formada por dos delanteros que no necesitan presentación: Rooney y Cristiano Ronaldo. El primero es el jugador más peligroso y completo del United: rápidísimo, inteligente, luchador, pasador, goleador… Tiene muchas de las virtudes de Eto’o pero es mucho mejor técnicamente que el africano; y finalmente el mediático Cristiano, un jugador situado por todos al nivel o incluso por encima de Messi. El futbolista por el cual suspira Florentino. Un jugador de fama mundial, más millonario y más bello que su pareja de ataque pero mucho peor jugador. Es cierto que tiene muchos registros para llegar al gol y que eso le convierte en peligroso por impredecible. Sin embargo, no se engañen, el principal peligro del United se llama Wayne Rooney.

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