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sábado, 10 de abril de 2010

La Liga más bipolar se decide en Chamartín

Un análisis de Cristian Naranjo

El fútbol inventó partidos como éste para echar por tierra cualquier tipo de pronóstico. Vaticinar lo que puede ocurrir es poco menos que un engaño al pueblo; es como enfrentar a los mejores de cada clase en el patio del instituto, y tratar de adivinar el resultado. No tendría sentido. Cuando reina la incertidumbre, el espectáculo se convierte en el único favorito.

Llega el Barça al clásico en curva exponencial, con todos sus efectivos útiles al rojo, y un Messi que echa chispas; que quema; que abrasa. El preciosismo ha dado paso al empirismo que practica el argentino. No hay nada gratuito en sus botas, convencido como está de cerrar los partidos por derribo. Messi está hecho de material conductor. Conduce la alta tensión.

Sería un error, no obstante, limitarse al análisis individual. Las estadísticas dicen que Messi lleva marcados 40 goles ─¡siendo mediapunta!─ esta temporada. De todos ellos, sólo uno con Argentina. Dice Relaño que conoce un modo, el único, para pararle: ponerle a Maradona de entrenador. Los números hablan de cuán importante es tener a la estrella rodeada de secundarios de altura. Xavi, Busquets, Keyta, Iniesta, Pedro, Alves... Prácticamente todos internacionales, jugadores de postín, y sin embargo comprometidos como soldados rasos. Todos trabajan por igual en la presión, siempre constante y agresiva. Es el modo de que el balón le llegue deprisa y a menudo al demonio rosarino. La 'vieja' es la clave. Quien la haga suya, se llevará el partido y la Liga. Es casi imposible meterle mano al Barça cuando acapara la posesión. Porque defiende al mismo tiempo que ataca. En la ida, el Madrid consiguió decomisarle por momentos el cuero. Y los de Guardiola sangraron. ¿Quién le echará el guante, pues, al esférico? Quién sabe... Pero claven su mirada en el dorsal '6' azulgrana. Dicen que juega bastante bien.

Por su parte, el Madrid se explica como un libro abierto. Pellegrini apuntalará la defensa con Arbeloa en el lateral zurdo, acompañando a Garay, Albiol y Ramos, que será el encargado de saltar a por Messi cuando éste gane posición de tres cuartos. El sistema se basará en continuas ayudas e intensidad máxima; una pequeña pérdida de atención puede ser fatal en este tipo de partidos. En cambio, si la defensa funciona, el equipo blanco crecerá en confianza y se verá capaz de poner cerco a la meta contraria. Xabi Alonso, Gago, Van der Vaart y Marcelo parten como teóricos titulares en la media, dibujando un 4-4-2 muy flexible en las alas.

Granero es la imagen de la inconstancia, Lass ha desaparecido de las formaciones por indisciplina, y la lámpara de Guti no da para 90 minutos. Increíble pero cierto: Van der Vaart y Gago, desahuciados hace unos meses, titulares sin discusión en el encuentro del año. Paradojas del fútbol. El holandés será el encargado, junto con Marcelo, de inyectarle dinamismo al juego. Ambos están dotados para el pase, y no les asaltan dudas al mirar a puerta. Serán el complemento atacante a los portentos de la primera línea.

Siempre con el gol en el entrecejo, Cristiano e Higuaín pueden desatar el huracán en cualquier momento. Un desmarque a traición, un crudo proyectil, un remate heterodoxo o académico… Con espacios y cuota de balón, el portugués y el argentino pueden derruir cualquier estructura. Esta noche serán el equivalente a Messi. De salida, ellos ya son dos. Veremos si el '10' del Barça consigue invocar de nuevo a Satanás. Se hace difícil pensar en un buen resultado para los azulgrana sin la magia negra del número uno.
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sábado, 6 de marzo de 2010

Cifras y letras

Un análisis de Cristian Naranjo

Besar unos labios nuevos, reírse con los amigos hasta quebrarse el tórax o disfrutar del cine en buena compañía. Pocos placeres tan apetecibles como el fútbol en HD, que cuando falta, se hace notar. El balón es condición sine qua non, porque acostumbra a estar ahí para poder volver a sus cifras y letras. La letra es el juego; las cifras, el gol. En la Liga, el equipo literato por antonomasia desde hace un lustro es el Barcelona; lo más parecido a dos generaciones de brillantes poetas. De Rijkaard a Guardiola: la del 98 y la del 27. Ésta última con un joven en estado de gracia. El poeta fue Pedro Salinas; el futbolista, Pedrito Rodríguez, para quien la luna siempre parece estar llena a juzgar por el viento que impulsa sus certeros trallazos. En el contexto de la poesía, se diría que el juego de Pedro vive al límite de la paradoja sin solución de continuidad. Cuando menos interviene, más mortífero se muestra. Su estilo es directo y profundo: sólo aparece para partir en dos los encuentros. Es un pragmático en mitad del éter.

En conjunto, el Barça suele interpretar de forma celestial el lenguaje del fútbol. Tanto, que cuando el balón está en posesión azulgrana se hace polígamo; tiene que repartirse entre Iniesta, Messi, Busquets... Aunque todos saben que la niña de sus ojos es Xavi Hernández, el creador del campo semántico. Por sus botas pasan más llamadas que por una antigua centralita, y él siempre logra la conexión adecuada: recibe, toca, se mueve, recorta, se gira… En cada momento, la figura retórica que exige el soneto. Tal y como sucedía con Federico García Lorca, cuando está Xavi no hace ni frío ni calor: hace Xavi.

Otra de las plumas insignes del Barça es sin duda Ibrahimović, el delantero Art decó por definición; un aristócrata infiltrado en la plebe, cuyo juego desafía lo paradójico para acercarse al oxímoron. Es enorme, luego no precisa de catalejos en la grada y se deja ver desde cualquier atalaya, pero sin embargo no tiene en el remate de cabeza su especialidad. El cíngaro parece jugar con ansiedad y a contrapié, rumiando en exceso en cada acción, como con miedo al fallo; a precipitar la jugada. Y no obstante se acelera cuando el instante requiere pausa. Por momentos está tan fuera de contexto como una columna en mitad del baile. Y hasta donde se sabe, en las pistas los pilares suelen ser un estorbo. Para desgracia de todo buen aficionado, por ahora los hechos dicen que el fútbol de Ibrahimović evoca más al de Gudjohnsen que al del cisne Van Basten, un álter ego al que está tardando en invocar.

Samuel Eto'o era la antítesis del delantero estático: se las llevaba todas por mero amor propio, por confianza en sí, esa variable intangible que tanto influye en cualquiera de los órdenes vitales. Los primeros silbidos hacia el punta de origen balcánico suponen la añoranza implícita del camerunés. Por más que los media sigan silenciándolo, Pep Guardiola cometió un grave error para con Eto'o. Y en cambio volvió a demostrar finura y gusto en la herramienta elegida para motivar a los suyos. La historia de Iñaki Ochoa es un sobrecogedor canto a la libertad y un desafío a los límites de la amistad. Acabó mal, pero fue un milagro de 14 rostros. El reportaje, una obra maestra, eriza y detiene la respiración; simplemente, hace llorar. Es el espíritu de equipo al servicio de un rescate imposible, reconstruido a la perfección por Informe Robinson. En este caso, y como de costumbre, un diez para el minucioso técnico por transmitir ética además de épica.

Lo que Guardiola buscaba era un golpe de efecto en un momento bajo del equipo. Y es que, trasladando los escritos al campo, se diría que el exceso de letra produce hastío, al igual que la cajeta empalaga y las cifras confunden. Para el Barça es siempre temporada de fresas, pero este año le cuesta montar la nata; bruñir el juego. Más deberes para el míster, a quien se le acumulan los exámenes en la mesa. Su ariete púrpura necesita mejorar y lo hará; y el equipo con él. Otros, como Chygrynskyy o Henry, lo tienen más crudo. Hace tiempo que el francés abandonó los tacones de aguja para ponerse cómodo. Y el ucranio ocupa el último pupitre desde su llegada, sin dar indicio alguno de resurrección cristiana. Su expediente es tan simple como triste: cero coma cero en todo, a excepción de un aprobado en geometría, por unos pases que en ningún caso le redimen. Por momentos pareciera que al central le falta alguno de los sentidos. ¿Acaso la vista? ¿Acaso el oído? El caso perfecto para el Dr. Hannibal Lecter, que gusta de examinar a jóvenes introvertidos, esbeltos y de larga cabellera. Un caso perdido a todas luces. El segundo salto al vacío de Guardiola.

En Concha Espina se viven momentos bien distintos. El Madrid es pura praxis. Funciona con valores absolutos. Es el culmen del facta non verba. Mientras que el Barcelona hace de la letra su bandera, las cifras son cosa de Cristiano Ronaldo, Higuaín y compañía. Sumas y más sumas al servicio de Pellegrini. El atleta portugués va camino de borrar el estigma de su nombre, que traía consigo abandono, desidia y nocturnidad. Más que actuar, Cristiano sobreactúa. Pero el luso está justificando la inversión de sus archimillonarios patrocinadores. Es el ejemplo de que ser egocéntrico no es óbice para mantenerse en la cumbre.

Por su parte, Gonzalo Higuaín es algo más que un delantero a la vieja usanza. Más bien pertenece al medievo. Lo constata su aspecto rudo y desaliñado, así como la crudeza de su fútbol febril; vestigios de un superviviente a la peste bubónica. El 'Pipa' juega como reivindicando al gremio de carpinteros, pues jamás esconde sus herramientas: el martillo y el serrucho. Sus cifras dictan sentencia: más que un martillo, martillo pilón.

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martes, 1 de septiembre de 2009

El debe y el haber del nuevo Barça

Un análisis de Cristian Naranjo

Volvió la Liga y volvió el campeón. Trámite saldado ante el Sporting. Suma y sigue el Barça en su asombroso duelo al Sol. Hasta ahora ningún equipo había ganado en el campo cinco entorchados de una tacada. Al menos que se sepa. Ha perdido el Barcelona un argumento poderoso como Eto'o, pero mantiene intactas las constantes vitales; esas señas de identidad que le han aupado a la cima: talento, conjunción y sobre todo trabajo. Mucho trabajo. El equipo engendrado por Guardiola tiene más estética que épica, pero en Mónaco, ante el pegajoso Shakhtar de Lucescu, volvió a dejar claro que está preparado para cualquier epopeya. El eterno rival se ha reconstruido de arriba a abajo, mientras que Beguiristain sólo ha alcanzado un fichaje de peso. Además Ibrahimović no es un refuerzo, sino un recambio. A falta de presupuesto, Guardiola ha priorizado apuntalar la defensa con una incógnita de la Europa profunda. Una decisión arriesgada, al más puro estilo Cruyff. Con todo y con eso este Barça sigue transmitiendo confianza. Posee algunos jugadores superlativos, que rozan la perfección partido tras partido. Mención especial merece Touré, un coloso que domina todas las facetas del juego. Es un privilegiado física, técnica y tácticamente, lo cual equivale a ser el futbolista integral. Él solo abarca latifundios, y su polivalencia es oxígeno para Guardiola, que no dudó en situarle de central en los partidos definitivos de la pasada temporada. A saber: Londres, Valencia y Roma. La decisión demostró no ser un experimento, sino un recurso de garantías. Aparentemente lento, el africano exhibió una poderosa zancada y una inteligencia admirable. Touré no sólo respondió a la necesidad del entrenador, sino que rindió al nivel de los mejores centrales del mercado. Nadie hubiera adivinado su posición natural a juzgar por aquellos tres partidos. Y la versatilidad del marfileño no acaba ahí. Guardiola también lo ha probado de mediocampo en adelante, con la intención de explotar la llegada y el trallazo de que dispone.

Gerard Piqué es otro de los superdotados del Barça. No ofrece dudas la jerarquía del canterano, consolidado como un mariscal en el eje defensivo. Es evidente que, por fortaleza y manejo del cuero, podría aspirar al mediocentro si así lo requiere el equipo. Futbolistas tan completos son un tesoro para los entrenadores. Con Touré y Piqué, Guardiola dispone de utensilios dos en uno, lo cual compensa algunas carencias de la plantilla. En ataque es Iniesta el que se multiplica. El manchego es junto a Xavi la lúcida cabeza pensante del Barcelona. Su talento le permite funcionar en cualquier parcela, ya sea cocinando el juego o amortizando la banda izquierda. Y donde no lleguen los doctorados llegarán los hambrientos aspirantes. De hecho ha sido Pedro, un emergente canterano, el que literalmente ha solucionado las dos supercopas. El juego espumoso y dinámico del canario amenaza con romper en una de las sensaciones de la temporada. El gran protagonismo de la cantera será insólito, sorprendente y fascinante. Los revulsivos del equipo para las segundas partes acostumbrarán a ser Pedro, Bojan y Busquets. Las soluciones de urgencia, Muniesa, Fontàs, Dos Santos y compañía. La fórmula que diseñó Cruyff, basada en la proporción de ocho canteranos por tres extranjeros en cada once, es hoy una realidad.

La efervescencia de la fábrica azulgrana es una red de seguridad, pero es natural la congoja del aficionado culé ante el despliegue de Florentino, en contraste con los cuestionables movimientos de Beguiristain y Guardiola. La puñalada a Eto'o ha sido una ruina económica, además de una incalculable pérdida deportiva. Los sospechosos fichajes de Henrique y Keirrison huelen a perro muerto. Unos 24 millones al limbo por dos futbolistas mediocres, cuyo disfraz de promesas se ha tragado Txiqui. Por no hablar de Cáceres y Hleb. Otros 30 millones desperdiciados en dos nombres que sí eran contrastados. Sorprende que Guardiola, que fue quien los solicitó, no responda ante el derroche. De momento el técnico no interviene en la parcela económica. Todo llegará. Que tome nota el candidato que pretenda abordar la presidencia. Guardiola está destinado a convertirse en mánager de forma natural, con plenos poderes deportivos y financieros. Como Wenger, Ferguson o Benítez. Y como el propio Cruyff. El mejor fichaje de la historia del Barcelona sería el contrato vitalicio para Pep Guardiola. Por capacidad y compromiso es el único candidato posible. Su arenga al grupo, ante la inminente prórroga frente al Shakhtar, no admite descripción verbal. Es una prueba de que el club debe estar en manos de un barcelonista de cuna, y el de Santpedor es sangre de la sangre del Barcelona.

Sea como fuere, el ser humano no puede vivir de desgracias pasadas, ni tampoco de esperanzas futuras. Es una ley natural. Como canta Julieta, el presente es lo único que hay. Y el presente cuenta que el Barcelona se ha dejado 100 millones de euros a cambio de meros sustitutos. La inversión exigía sufragar la llegada de Ribéry, Fàbregas o Mascherano. No ha sido así. Y finalmente la plantilla ha quedado innegablemente corta. Ibrahimović, el fichaje estrella, acusará la presión de todas las miradas. Sabe que está obligado a eclosionar desde ya, o la sombra de Eto'o se irá ensanchando. A nadie escapa que el sueco está repleto de quilates, con lo que su incorporación ha de interpretarse como una inversión. El otro refuerzo válido es Chygrynskyy, el deseado. El central es algo más que el amor de verano de Guardiola. Le ha llegado al corazón. Tanto se ha enamorado que ha pedido al ucranio por activa y por pasiva, y no le ha importado estrujar las cuentas. Deportivamente Chygrynskyy es una duda por despejar. Dice Pep que tiene el nivel exigido desplazando el balón. La final de la Supercopa no arrojó demasiada luz sobre sus condiciones. Tuvo a seis hombres dándole cobijo, y apenas intervino en el juego. Se sabe que es de tallo largo, zurdo y que parece Jesucristo. Domina los espacios, pero el gol de Pedro le dejó en mal lugar. Se comprobó que no destaca por ser un defensa intenso. Y reflexionando un poco se concluye, sin margen de error, que no será posible que mueva el cuero como Márquez o Piqué. Dice Pitxi Alonso que es mejor jugador que defensa. Reveladora definición. Sin duda estamos ante un central considerablemente fino y presumiblemente blando. Pronto se conocerá en qué queda, tras pasar por el tamiz de Guardiola.

Esta noche no ha actuado Chygrynskyy, ni Touré, ni tampoco Iniesta. Y con Messi en Buenos Aires, el equipo volvió a recaer sobre los jóvenes opositores. La alineación, francamente desangelada, no modificó el nuevo esquema de Guardiola. Alves y Maxwell habitaron en campo contrario, mientras que Piqué hizo de aguador junto a Busquets. Arriba, Bojan y Pedro fueron los cachorros de papá Ibrahimović. Las rotaciones supusieron apuros poco habituales en un equipo tan curtido. La respuesta a tanto revuelo fue deficiente también gracias a Preciado, que ha armado un equipo serio. La presión en media cancha incordió y mucho al Barça, cuyo riego sanguíneo se resintió. Por extensión, la chispa escaseó en ataque. Ibrahimović estaba bien sujetado por Gregory, y Pedro no hizo acto de presencia. De modo que fue Bojan el portador de todo el peligro. El canterano protagonizó las mejores tentativas de un once mermado, al que le costó encontrar la ganzúa del partido. A pesar de todo el once de Guardiola acaparó la posesión, las llegadas y los tiros a puerta, pero la noticia fue que no pasara el rodillo.

Como premio a tantas expediciones al ataque, el Barcelona halló un yacimiento de córners que solucionaron el atasco. Keita, una de las debilidades de Guardiola, resolvió el partido con sus patas de flamenco. El malí es una rara avis, sólo comparable a algunos pocos como Kanouté. De mirada ausente y constitución enclenque, es un jugador que constata el engaño al que induce la apariencia. Tácticamente es un centrocampista de gran valor. Siempre acude a cubrir cualquier boquete, y se ofrece constantemente al compañero. Sucede que al tener de socios a Xavi e Iniesta, queda retratado en cuanto a velocidad de movimiento. Y sí es cierto que funciona con un ritmo cansino. En Londres o Mónaco supuso un problema porque ralentizó la circulación. Sin embargo lo compensa con una buena zurda, llegada y gol. Capacidades nada desdeñables. Su fichaje no fue discutido por proceder de Sevilla, pero pocos conocían su idiosincrasia. Una temporada después, Keita ha certificado ser válido en un equipo ganador. La religión musulmana mantiene equilibrados a este tipo de jugadores. Les dota de cierta frialdad. Pero se ha comprobado que no les merma en la parcela competitiva. Guardiola tiene un sacacorchos. Sin ir más lejos, esta noche el Barcelona sólo ha encontrado alivio en los zancos de Keita, que ha tocado techo en cada salto. Dos de ellos han acabado en gol y el tercero en la madera. Ha sido el mejor por detrás de Bojan, cuyo concurso fue vital. Se hace mayor el de Linyola, que mariposeó por el área hasta lograr el 1-0. El encuentro prácticamente se cerró ahí, pero el campeón fue de menos a más.

El 2-0 aseguró los tres puntos, y en la segunda parte sí se gustó el Barcelona. Ibrahimović jugó los 90 minutos pese a su discutible estado de forma. Trufó la actuación con gestos que definen su estilo. De momento se desplaza como un elefante sin trompa. Aún le falta contundencia, en parte porque en su manual prima la estética. Hoy ha firmado el 3-0 con el remate propio de un '9' puro. Pero que nadie cuente con las cifras de Eto'o. Ibrahimović es otra cosa. Es una bestia distinta, a la que Guardiola debe domesticar a marchas forzosas. Dice Paco González que el técnico de Santpedor ha querido poner solución a un problema que aún no existe. No parece mal encaminado. Es un entrenador que ha marcado tendencia a todos los niveles. Y paralelamente es un tipo muy peculiar, de ideas tan claras como fijas. Sobre todo obsesivo e intervencionista. Más que sesera, Guardiola ha demostrado tener un vademécum. Tira de él a menudo. Casi siempre con éxito. Ocurre que, cuando falla, lo hace con estrépito. De momento el Madrid de Pellegrini es una filatelia repleta de sellos caros. Sí. Correcto. Pero cualquier anomalía en el plan de rodaje sería mortal para el Barcelona. El tiempo apremia, y no está permitido fallar en Can Barça: de las botas de Kaka' sólo puede surgir arte. Arte renacentista.

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sábado, 15 de agosto de 2009

La Liga más bipolar (II)

Un análisis de Cristian Naranjo

Capítulo II: Guerreros pluscuamperfectos

El cara a cara en el lateral derecho es uno de los más parejos que se pueden encontrar en los respectivos onces de Barça y Madrid. Dani Alves y Sergio Ramos, dos defensas de distinto corte, comparten sin embargo algo más que demarcación. Durante varias temporadas convivieron a las órdenes de Joaquin Caparrós, que les pulió las aristas hasta convertirlos en dos de los principales defensas jóvenes del mundo. Con sólo 18 años, Alves llegó al Sevilla en 2001como una apuesta personal de Monchi, que pagó por él la irrisoria cantidad de 500.000 euros al Esporte Clube Bahia. Con 172 centímetros de puro nervio, desde su llegada al club hispalense se manifestó como un jugador a tener en cuenta: rápido, incansable y muy dotado técnicamente. Con los años, fue perdiendo anarquía y ganando experiencia. Pulió su capacidad defensiva y continúo mejorando en todos los aspectos, hasta el punto de convertirse en el mejor lateral del mundo ─la UEFA le incluyó en el once ideal de la Liga 2005-2006─. Mientras que su perfeccionamiento llevó el sello de Caparrós, fue con Juande Ramos con quien llegaron sus primeros títulos: dos Copas de la UEFA, una Supercopa de Europa, una Copa del Rey y una Supercopa de España. Un palmarés envidiable teniendo en cuenta la dictadura que ejercen los clubes poderosos. Aquel bienio dorado entró de lleno en la historia del Sevilla, y Dani Alves siempre tuvo un papel protagonista. Sus éxitos no pasaron desapercibidos para la selección brasileña, que finalmente se rindió a sus cualidades. En 2007, tras sus dos mejores temporadas como sevillista, se proclamó campeón de la Copa América. A partir de ahí su carrera estaba destinada a cotas más altas. Había cumplido un ciclo en Sevilla y era el momento de dar el salto a uno de los más grandes.

Tras una temporada de barbecho, en la que acabó jugando a regañadientes tras frustrarse su traspaso al Chelsea, en julio de 2008 se confirmó su pase al Barcelona por más de 30 millones. Su precio de superestrella le convirtió en el tercer defensa más caro de la historia del fútbol, por detrás de Ferdinand ─46 millones, del Leeds al Manchester United en 2002─ y Thuram ─36'5, del Parma a la Juventus en 2001─. Fueron muchos los que consideraron una locura el montante de la operación. A día de hoy nadie habla de lo que costó Alves. Convertido en dueño y señor del carril derecho del Camp Nou, la 'tarántula' se ha ganado por derecho ser el sucesor de Roberto Carlos en la Liga. Aún sin igualar la potencia de disparo del mítico '3', Alves es una máquina perfecta. Entre otras cualidades, posee fondo de maratoniano, centro preciso y gran esgrima defensiva. Le sobra capacidad para cumplir con su tarea, motivo por el cual es pieza clave en el esquema de Guardiola. Con él como fichaje estrella volvieron los títulos al club azulgrana. La Copa, la Liga y la Champions han supuesto un buen bocado para el arácnido culé, que sin embargo sigue hambriento. Precisamente, si algo define a Alves es su insaciabilidad.

Nariz prominente, en forma de vela, cuerpo hercúleo y pelo siempre en remojo. A grandes rasgos así es Sergio Ramos, lateral indiscutible en el Madrid y en la selección española. Tras una temporada sorprendente en Sevilla, con 18 años fichó por el club blanco, convirtiéndose en la única contratación nacional de la primera etapa de Florentino Pérez. Su despliegue físico, combinado con una técnica considerable y un disparo maligno, le confirmaron como una de las sensaciones de la Liga 2004-2005. Su pase al Madrid le costó a Florentino 27 millones; cifra nada despreciable teniendo en cuenta que se trataba de un defensa joven, y español. Al primer partido oficial, Ramos ya había justificado la fuerte inversión. Se convirtió en titular en un pispás, merced a la necesitada defensa madridista. Firmó una primera temporada inmejorable, con 46 partidos jugados y 6 goles. En la siguiente campaña, su rendimiento mantuvo una línea ascendente, mostrándose como un coloso atrás y un machete arriba. Se proclamó campeón de Liga. También el año siguiente, aunque su progresión comenzó a estancarse. Aunque las cifras aseguran lo contrario ─43 partidos, 5 goles y 5 asistencias─, al Faraón de Camas comenzó a oxidársele el juego. Las excursiones al ataque ya no eran tan frecuentes, ni tampoco tan incisivas. Sin embargo, además de conseguir la Liga, se alzó con el cetro europeo más preciado a nivel de selecciones. La Eurocopa le encumbró como defensa, pero instaló la duda de si la posición ideal de Ramos es el lateral. Tanto en Madrid como en la absoluta, siempre ha sido colocado ahí, como una forma de explotar al máximo sus virtudes. Si bien un portento físico está capacitado para destacar en cualquier posición de retaguardia, lo cierto es que en las últimas temporadas ha evidenciado una falta de fuelle notable, posiblemente fruto de la acumulación de compromisos.

Con todo, Ramos pasa por ser uno de los grandes laterales de la era actual. Como central, sin duda sería el mejor del mundo. Liberado del trajín de la banda, se convertiría en la versión mejorada de Puyol. A las condiciones de espantapájaros del catalán, les añadiría salida limpia de balón y cientos de perdigones para contrarios a la hora de rematar. Por más que la derecha se haya convertido en su área de trabajo, el '4' del Madrid es el prototipo de central moderno que tanto ansían entrenadores como Guardiola, obsesionados con defensas de guante blanco. Ramos tiene la combinación perfecta: cuerpo acorazado y pies sensibles al tacto del cuero.

Decantarse por Alves o Ramos conllevaría errar siempre. El brasileño funciona con un motor diesel que nunca se detiene, mientras que el sevillano parece protegido como un caballero: cota de malla, yelmo y escudo. Son dos deportistas portentosos, fruto de la naturaleza más generosa. Ambos se caracterizan por el hervor de su sangre, puesta al servicio de sus colores. En concreto, se trata de un duelo sin sentido entre recorrido y potencia. Alves es un fondista incansable, pegajoso en defensa y bombardero en ataque. Ramos es fuerza, raza y orgullo. Formando parte de equipos ganadores, los dos han levantado los trofeos más anhelados, acreditando tener el gen de la competitividad. En definitiva, se trata de dos defensas tallados a conciencia, preparados para cualquier batalla. Si de afrontar una guerra se tratara, los primeros alistados debieran ser Dani Alves y Sergio Ramos.

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sábado, 8 de agosto de 2009

La Liga más bipolar (I)

Un análisis de Cristian Naranjo

Introducción
Desde que la Liga es Liga, Madrid y Barcelona han dominado el torneo con mazo de hierro. Atrás quedaron los años dorados de Atlético, Athletic, Valencia y Real Sociedad, todos ellos campeones en al menos dos ocasiones. En los últimos 25 años, el torneo nacional por excelencia ha evidenciado una bipolaridad prácticamente total ─no podía ser de otro modo en un país con sólo dos colores políticos─. Salvo cinco excepciones puntuales, donde otros clásicos de la Liga se hicieron un hueco en el palmarés, Barça y Madrid se han erigido siempre como campeones. Durante esos años, escasas han sido las temporadas donde algún otro equipo les haya disputado siquiera el trofeo. En cualquier caso, siempre han sido equipos con tradición los encargados de salpimentar el campeonato. Desde 2004, cuando el Valencia de Benítez salió vencedor con autoridad, ningún equipo ha osado a discutirle la hegemonía a los dos grandes. La Liga no es ajena al mal endémico mundial de las desigualdades: los ricos se enriquecen cada vez más, mientras que los necesitados se empobrecen al mismo ritmo. Las diferencias presupuestarias entre Madrid, Barcelona y el resto son cada vez más abismales, lo cual también acrecenta las diferencias deportivas. Los medios tampoco contribuyen a escurrir las desigualdades. Día tras día, privilegian la información de Madrid o Barça, pero nunca la referente a otros equipos, cuyo tratamiento sólo encuentra cobertura en los medios locales. Deportivamente, temporada tras temporada las grandes estrellas del fútbol se congregan en la Liga, merced a los ingresos de televisión. Eso atrae a los aficionados, que se multiplican alrededor del mundo. Con todo, la situación dibuja un círculo cerrado muy difícil de quebrantar. Esta temporada, con los fichajes de Florentino Pérez y el equipazo que ha formado el Barcelona, no se presume una rebelión contra el orden establecido. Es por ello que, una vez que los onces iniciales de Guardiola y Pellegrini ya pueden ser descifrados, ha llegado el momento de radiografiar a los dos grandes jugador a jugador. He aquí el análisis pormenorizado de PLF.

Capítulo I: La sobriedad y el milagro

Cabeza rapada, músculos prietos, tatuajes y gesto serio, desafiante, casi de perdonavidas. Podría pasar por ser la descripción de Derek Vinyard, personaje central de American History X. Por suerte, a Víctor Valdés no se le conoce ideología tan radical y devastadora, aunque desde siempre le ha perseguido una fama de altivo e inaccesible. Pese a ser el guardameta titular del Barcelona desde 2003 y haber contribuido decisivamente en la consecución de cinco títulos mayores, nunca ha encontrado el reconocimiento proporcional a sus méritos. Cualquier error puntual ha sido señalado con fluorescente por parte de medios y aficionados. En cambio sus intervenciones clave, las que ganan títulos, suelen ser sepultadas por los goles de otros. El aficionado azulgrana, de corte operístico, exige al futbolista la perfección a todos los niveles. El modelo a seguir es Xavi, fiable como un Rolex tanto en el césped como después de la ducha. Su secreto estriba en que siempre se muestra accesible, ya sea para recibir el pase del compañero o la pregunta del periodista. Para deleite de la masa social culé, Xavi no es el único cortado por el mismo patrón. En general, todos los canteranos salen bien educados de La Masia: Puyol, Iniesta, Messi, Piqué… Valdés también participa de los mismos valores. Es un profesional ejemplar y sus declaraciones son el reflejo de una cabeza bien amueblada. El problema es otro. Además de su timidez mal comprendida, ser arquero del Barça siempre ha sido una profesión de riesgo. Los rivales llegan poco, y cuando lo hacen no basta con ser un portero cualquiera. Hay que ser un portero de discoteca, preparado para negar el paso a cuantos delanteros se presenten. A lo largo de su trayectoria en el primer equipo, Valdés se ha reivindicado como el mejor para esa tarea. De no ser por él, ni París ni Roma se hubieran convertido en templos azulgranas. Henry o Drogba pueden dar fe de ello. Tampoco las Ligas se hubieran logrado con esa pulcritud. Mientras que hay deportistas que viven de la inspiración, otros no serían nada sin concentración. Valdés forma parte del segundo grupo. Es admirable cómo saca lo mejor de sí mismo en momentos de máxima tensión. Con todo, el Barcelona tiene su cajón a buen recaudo. Valdés es mentalmente pétreo, portentoso con ambos pies, bloca con seguridad y funciona como un candado en el una para uno. Como todos los porteros tiene puntos flacos, pero sólo están al alcance de las mejores ganzúas. En definitiva, no encontraría el equipo culé un portero mejor ni en un millón de años.

Si la imagen que proyecta Valdés no se corresponde con la realidad, no sucede lo mismo con Casillas, cuya personalidad sólo ofrece una lectura posible. Pese a tener 28 años, el mostoleño conserva la mirada despierta de un adolescente. Su extrema humildad es otro de los rasgos que le caracterizan, así como su cercanía. Casillas tiene la virtud de poder ser él mismo siempre, en cualquier contexto. Es risueño, sincero y auténtico. No se esconde ante los medios, sino que más bien se gusta. No rehúsa pregunta alguna, pero jamás se embarra. Es insólito que un deportista de élite, encumbrado con su equipo y su selección, se muestre tan natural y sencillo. Lo cierto es que donde Valdés genera controversia, Casillas genera unanimidad. Cuatro Ligas, dos Ligas de Campeones, una Copa Intercontinental y una Eurocopa. Ocho títulos de altura, además de tres Supercopas de España y una de Europa. Un palmarés que asusta y habla por sí solo. Tras ser considerado durante años como uno de los mejores porteros del mundo, la Federación Internacional de Historia y Estadística de Fútbol (IFFHS) le encumbró definitivamente en 2008, tras levantar la Eurocopa como capitán.

La carrera de Casillas está salpicada de episodios mágicos, como su inesperada entrada en la final de la Champions de 2002, en la que César se lesionó. Su concurso acabó siendo clave para conseguir el trofeo, merced a paradas repletas de reflejos, casi milagrosas. Ese tipo de actuaciones, repetidas en decenas de partidos de Liga, comenzaron a forjar su fama de santo. Con la selección, sus milagros se han manifestado también en forma de penaltis parados. Gracias a él, el combinado nacional superó los octavos de final frente a Irlanda en el Mundial de Corea y Japón 2002, con un total de tres penas máximas detenidas a lo largo del partido. Una actuación similar en los cuartos de final de la última Eurocopa, frente a Italia, permitió extender el puente hacia el Ernst Happel de Viena.

Si Valdés es un candado, Casillas es lo más parecido a un tabique. La gran diferencia entre ambos es que desde que son titulares indiscutibles, la defensa del Madrid ha acostumbrado a hacer más aguas que la del Barça, por lo que Casillas ha tenido que manifestar continuamente sus reflejos gatunos. Valdés para mucho y bien; Casillas lo repele casi todo. Esa es otra de sus grandes diferencias, ya que el catalán destaca por aquello en lo que flaquea el madrileño: salidas por alto y paradas a un tiempo. Casillas aún es algo vulnerable en ese sentido, aunque en la Eurocopa se pareció bastante a su mejor versión de siempre. El sustantivo que mejor define a Valdés es 'sobriedad'. Sigue la tradición de los clásicos porteros españoles, pero añadiendo la capacidad de golpear el balón como un mediocentro. Por su parte, a Casillas le describe cualquier adjetivo similar a 'imposible'. Dos porteros distintos para dos clubes distintos, aunque primos hermanos en el fondo. Cada uno, a su manera, es el portero ideal para su equipo, lo cual evidencia su clase. Valdés y Casillas, dos guardianes de altura para las porterías más cotizadas.
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