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domingo, 31 de marzo de 2013

Los hijos del hambre

Por Albert Valor


Siempre se dijo que la Juventus de Turín es el equipo de Italia. Por el contrario -aunque algunos hinchas lo niegan- el entrañable Torino contaba con el favoritismo de la mayoría de los habitantes de la capital del Piamonte. Sea como fuere, y aunque en el mundo del fútbol siempre divergen filias y fobias, toda Italia debería estarle agradecida a la Juve. Por liderar una renovación a través del dominio del balón y porque su columna vertebral haya posibilitado la resurrección del combinado nacional. Italia está hoy remozada y es subcampeona de Europa. Y Buffon, Barzagli, Bonucci, Chiellini, Pirlo o Marchisio son pilares de esa escuadra.

Retomando ya la eliminatoria estrella de estos cuartos de final, podemos concluir que el choque entre Bayern y Juventus rezuma aromas de viejo fútbol por todos los poros. Dos equipos que nunca dejaron de formar parte de la aristocracia continental. Pero que quieren liderar el tumulto de la nueva Europa futbolística. Esencia y vanguardismo. Poso y nuevos tintes. Es un todo en uno.

Y viene lanzada la Vecchia Signora al asalto de Munich. Victoria de mérito en San Siro ante su rival de siempre que a buen seguro refuerza la convicción en su estilo. Un patrón que le ha llevado a liderar un renacimiento que el fútbol italiano ansiaba como el comer. Muchos lo ven todavía hoy arcaico. Es lo que tiene dejarse llevar por la corriente de opinión, el viento que sopla de Twitter y, lo más importante, la falta de determinación para sentarse frente al televisor a ver un partido de Serie A.

En Italia, los Lodi, Candreva, Immobile, Niang, Belfodil o Borja Valero, se unen a los Cassano, Miccoli, Totti, Diamanti o Luca Toni para desembocar en un campeonato que va a más y que quiere jugar al fútbol. Quizá le cueste todavía un tiempo recuperar esa plaza de Champions League que ha perdido recientemente –y de manera justa- en favor de la Bundesliga. Pero es un valor claramente al alza, de eso no cabe duda.

Si hablamos en clave bianconera, nunca un sistema le hizo tanto bien a un modo de entender del fútbol. Guiado por la máxima de que a un equipo lo hacen los futbolistas –nunca al revés- Conte aplicó ese 3-5-2 nada más llegar al banquillo turinés. Jugar con tres centrales no tiene porque ser defensivo. Y obviamente, contar con Pirlo lo hace todo más fácil. Es increíble que un jugador de mediocampo tenga todavía margen de mejora pasada la treintena. El regista de Brescia forma parte de ese selecto grupo en el que también están Xavi, Scholes o Giggs. Si Andrea hubiese nacido británico, quizá sería un One Club Man. La realidad, no obstante, dice que la Juve tuvo la suerte de encontrarlo en el otoño de su carrera. Conte pudo así darle el timón para que fuera piedra angular de una refundación balompédica.


Aunque en ese esquema también los carrileros juegan un papel determinante. La figura clásica del hombre de banda en Italia se construye en base a la herencia de Giancinto Facchetti. Hablamos de un fenómeno de la naturaleza. Rondar el 1,90 no le impedía ser una bala ni mandar en toda su parcela. El lateral izquierdo –que a su vez era diestro- de aquel súper Inter de Helenio Herrera de los 60 es un referente no sólo en Italia, sino en el mundo entero. Es de aquella estirpe de jugadores como Garrincha, Sindelaar o Samitier. Jugadores que trascienden épocas y se instalan en la memoria colectiva. Eternos, como las canciones.

Quizá el último lateral italiano que ha recordado a Facchetti haya sido Davide Santon, que hoy milita en las filas del Newcastle tras no haber triunfado en el Inter.

Precisamente ese es el molde en torno al cual se construye el perfil de carrilero que precisa el esquema de la Juve de hoy. Uno tiende a imaginarse a tipos veloces, de ida y vuelta, de estatura media o incluso baja. Nada más lejos de la realidad. Son, ante todo, tipos espigados y fornidos. No son precisamente lentos. Pero su mayor valor es ser portentosos, algo que les permite gobernar la banda de fondo a fondo. Quizá ello se deba a la idiosincrasia de la sociedad italiana. Inventar perfiles que se hacen a sí mismos y huyen de cánones preestablecidos. Lo curioso es que Lichtsteiner y Asamoah, los titulares de Conte, no hayan nacido en Italia. Sí lo hicieron Padoin y Peluso, que poco a poco irrumpen en el once, aunque tendrán pocas opciones de participar contra el Bayern.

Pero el mayor activo de este equipo es lo interiorizada y asumida que tienen sus piezas la concepción del juego. Ello se logra con una coordinación coral, casi perfecta, en la que tienen mucho que ver dos ternas: la de centrales y la de centrocampistas. Ambas sociedades son también las que aúpan a los carrileros y las que consiguen el equilibrio en la transición defensa-ataque –y viceversa-. Y es que, ante todo, el 3-5-2 es un sistema de ayudas.

Atrás, el consorcio Chiellini-Bonucci-Barzagli está ya plenamente consolidado. Suponen una gran ayuda para los carrileros, a los que liberan de tareas defensivas. Son, además, un cerrojo. Pensemos: si ya cuesta abordar la retaguardia de un equipo italiano, imaginemos si éste se defiende con tres centrales.

Por otro lado, la sala de máquinas juventina roza la perfección. Y es que el medio del campo piamontés es un espectáculo. Ya se ha mentado antes a Pirlo, que domina los tiempos de este deporte a su antojo. El símbolo en ciernes de la institución y un chileno adaptado a base de casta y calidad ayudan a pintar el lienzo y completan una media que ve puerta con facilidad. Claudio Marchisio, Arturo Vidal y Andrea Pirlo; también conocidos como MVP.


Y aún así, Paul Pogba, penúltimo descubrimiento del entrenador, oposita para gozar de minutos. El talentoso volante ha recibido incluso la llamada de la selección francesa. No está mal para un chaval de 20 años recién cumplidos. Aunque una cosa ha de quedar clara: el bueno de Pogba no es –ni lo será nunca- alguien llamado a ser el ancla de un equipo. Su sitio está justo por delante. Parece que Conte, tras algunas probaturas, ya lo ha verificado. Y Deschamps, tras algún desajuste en el último partido contra España, también lo debe haber empezado a ver claro. Estamos ante un diamante en bruto, con cosas del mejor Essien, de Seydou Feita o de Touré Yayá.

Mauricio Isla, meritorio habitual que se ha visto lastrado por las lesiones, ha participado también en algunos partidos en la zona ancha. Aunque sus opciones de tener minutos en la eliminatoria contra el Bayern pasan por jugar en banda si Asamoah no está a tope. Recodemos que la Copa África ha mermado las prestaciones del ghanés a ojos del entrenador. Tampoco convendría olvidar a Giaccherini. Es el gran damnificado de la temporada. Pero su implicación está fuera de toda duda. Conte ya ha dejado claro que mientras él sea el responsable, el jugador formará parte de la plantilla. Giaccherini ya aprovechó sus minutos ante el Catania marcando un gol de incalculable valor. Fue en la celebración de aquel tanto donde, además de mostrarse el compromiso del autor, se le enseñó a toda Europa que si hay un equipo unido y que cree en sus posibilidades, ese es la Juventus.

Pero, claro está, la Juventus también tiene puntos flacos. Su gran debe está en ataque. Quizá más por falta de continuidad que de aptitudes, ya que tiene un amplio ramillete de futbolistas para esa zona. Todos con diferentes características y prestaciones. Pero ninguno de ellos parece agarrarse el puesto con determinación. Tras corroborarse ya que Nicklas Bendtner y Nicolás Anelka han quedado como figurantes, Alessandro Matri, Sebastián Giovinco, Mirko Vucinic y Fabio Quagliarella se reparten minutos, siendo este último el gran perjudicado hasta la fecha.

A buen seguro que Quaglia es el que alberga más fútbol dentro de sí, pero el acto de indisciplina con Alessio en San Siro durante el partido contra el AC Milan en la primera vuelta le costó caro. Por suerte para él, su golazo de este fin de semana –también a la sombra de La Madonnina, aunque ante el Inter- podría jugar a su favor en un posible indulto. Apuntaría al once del Allianz Arena.


El resto se disputaría la otra plaza. En cuanto a Giovinco, fue el propio Conte el que pidió que se le recuperara con presteza del Parma. Incluso empezó titular, pero poco a poco ha ido perdiendo protagonismo. A Sebas se le augura un gran porvenir desde hace años, pero a sus 26 años no termina de explotar. Por si fuera poco, la parroquia del Stadium le ha silbado en demasía últimamente.

Matri -que también mojó ante el Inter con un gol de ariete clásico- lleva una temporada a buen nivel. Es un jugador de buenos movimientos. Recuerda a Luca Toni, aunque tiene menos contundencia. Respecto a Vucinic, también ha estado en entredicho. Quizá le falte gol; nunca clase. Especialmente bello fue su gol en Bolonia antes del parón de selecciones.

Para la próxima temporada, la dirección deportiva ya ha movido ficha. Lo de Fernando Llorente parece prácticamente hecho, aunque se espera que caiga alguno más. Han sonado infinidad de nombres, entre ellos Pablo Osvaldo, ‘Papu’ Gómez o Alexis Sánchez. Pero el que parece hombre clave para desequilibrar arriba es el montenegrino Jovetic. No es de extrañar que desde algunos mentideros ya se le llame Juvetic.

Desde 2010, el Bayern ha jugado dos finales de la Copa de Europa y viene haciendo evidente su ascendente dominancia. Así que para esta eliminatoria la Juventus no es favorita. Pero viene con carrerilla, desde muy atrás. Pocos equipos tendrán más apetito. Conte declaró hace poco: La Juventus apenas se acaba de sentar a la mesa. Tiene mucha, mucha hambre.” Esas palabras son un síntoma, además de una declaración de intenciones. Si ese anhelo no se mezcla con ansiedad, el equipo transalpino tendrá mucho que decir en estos cuartos de final.

Por cierto, que no se ha dicho nada de Buffon. No hace falta. Abran fuego, señores.


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martes, 8 de mayo de 2012

Tres estrellas bien merecidas

Por Albert Valor


Desde que la noche del domingo la Vecchia Signora se proclamara campeona del Scudetto, empecé a ver en diferentes medios el palmarés del campeonato italiano. La Juventus lo lideraba en todos ellos con 28, seguida de Milan e Inter, ambos con 18. Pero en los perfiles de Facebook de algún juventino de pro e incluso en algunas imágenes del vestuario de los bianconeri en Cagliari, ví como algún componente de la plantilla señalaba con sus dedos la cifra redonda: 30.

No lograba comprender el porqué. Mi intuición me llevaba a justificar los hechos por alguna liga de dudosa validez en los años de la Segunda Guerra Mundial. Hasta que me refrescaron la memoria: ¡el ‘Moggigate’! Tan reciente y ya lo había olvidado. Había olvidado la pérdida de dos títulos y el descenso a segunda división por las argucias de Luciano Moggi. No vamos a negar que todas aquellas fechorías merecieran un castigo. Ya la pérdida de categoría fue un severo correctivo. Pero arrancar dos títulos de las vitrinas y desposeer a un campeón de lo logrado sobre el césped… Incluso los aficionados del Inter, al que fueron a parar aquellos dos trofeos, saben que aquellas ligas las ganó la Juve con todo merecimiento.

En esto del fútbol, siempre se vilipendia al aficionado. La travesía ha sido dura. El mismo aficionado que me puso al día me subrayó estos seis años como una auténtica pesadilla. Bien es cierto que los escándalos por amaños venían siendo muy perseguidos por la Justicia Italiana. Se decidió cortar por lo sano y el castigo fue ejemplar. Unos pocos pecadores hicieron pagar a millones de inocentes. El ‘Moggigate’ puso en solfa a todos los estratos del club. Pero la Juve, el equipo de Italia y de los italianos -no tanto de Turín y de los turineses - ha vuelto ya definitivamente. Campeón de Liga sin perder un solo partido. Tienen 30 títulos. Y merecen celebrar 30, aunque las estadísticas les den 28. Todo el mundo lo sabe. Y bien harán en poner la tercera estrella sobre el escudo la próxima temporada.

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miércoles, 9 de diciembre de 2009

Por amor

Por Cristian Naranjo

Sábado tarde. Mientras ahí fuera arrecia el frío de esperar lo extraordinario, la mejor compañía sigue siendo Lady Fútbol. En Italia, un Milan al alza aprovechó la visita de la Samp para barrer la casa sin quitarse las pantuflas, en un nuevo ejercicio de prodigiosa lentitud similar al que llevara a cabo en Chamartín. Más tarde, Juve e Inter ahondaron en la idea de cómo jugar de perlas al calcio y de pena al fútbol sin sonrojo ni complejo alguno, lo cual no hace sino acentuar la decadencia de la Lega. En la Premier, alguien se atrevió por fin con el Chelsea de Ancelotti, el equipo más empedrado, zafio y cínico del continente. Por una vez encontró premio a tanto derroche el antihéroe Tévez, y con su gol se apretó la tabla en beneficio del United, que cada jornada se muestra más acorazado con Rooney como eje de rotación. Se fueron los goles de Cristiano, pero a cambio Sir Alex ha dotado al equipo de un carácter más homogéneo y gremial.

Y por lo que a nuestro fútbol respecta, a estas alturas el Madrid ya debe saber que sin un modelo tampoco arribará muy lejos en 2010 por más rupias que invierta el hombre del maletín. A pocos días de presentarse en Mestalla el conjunto blanco es todo un enigma: ha crecido en confianza tras recuperar a su estrella, pero acumula tantas derrotas como rivales con cuajo ha enfrentado. Cayó con justicia en Sevilla, fue narcotizado por el Milán y no aprovechó la opción de puntuar en el Camp Nou. Todo ello sin obviar la lección de juego impartida por los pupilos de Anquela en Copa del Rey, un torneo maldito para el club de Concha Espina desde el '93. Anoche los de Pellegrini cerraron el grupo de Champions con un triunfo algo ambiguo en el Vélodrome, puesto que las costuras del once son tan visibles como el imponente trapecio de Cristiano Ronaldo. Quien quiera que diseñe los esquemas del Madrid está tardando demasiado en percibir que la disfunción se encuentra en el medio terreno, y que sólo la inclusión de un contrafuerte por detrás de Lass y Alonso podría paliar el problema. Apestado Gago, el Diarra malí no se antoja como una mala opción. Pero, chi lo sa, es tan azarosa la rueca del fútbol que Guti y Granero han dimitido en favor de Van der Vaart. Por suerte para el aficionado no todo son malas noticias: Benzema ha abdicado antes de tomar posesión y su trono por fin pertenece a Higuaín, un delantero menos mundano y pomposo, de mayor raza y hemoglobina.

Por su parte, el perfumado Barcelona de Guardiola ha entrado de nuevo en la otra dimensión, pues parece haber entendido que no basta con disecar el balón, sino que más bien se trata de hacer llover. Y pese a que la banda izquierda siga huérfana de simetría y artificio por el ocaso de Henry, cuando hubo de tronar, tronó. Merced al fuego de un dragón rojo y el veneno de una culebra mortal, el Barça ha regresado al futuro. Puede que con Ibrahimović y Messi rayando lo celestial, secundados por el entusiasmo de Pedrito y la ambivalencia de Iniesta, sea suficiente para opositar a la reválida doméstica y europea, pero esa banda zurda anhela querubines de mejillas pigmentadas o algún indio de tren inferior compacto y centro de gravedad bajo. Con la potencia incontrolable de Pato, Arshavin o Agüero, el Barça convertiría por vez primera el deporte rey en ciencia exacta. Saldría campeón de cuanto quisiera sin margen de error. Pero sucede que ni el fútbol ni la existencia viven de quimeras. Mientras no se filtre un golpe de suerte en mitad de la ventisca, mientras no caigan del cielo las rosas y el tiempo apenas se merezca el beneficio de la duda, la única opción es volver a los barracones de uno mismo. Al origen. Al amor por las cosas. A ese desván donde espera rescate todo aquello que siempre estará ahí, comenzando por la sangre, los hermanos, la libertad… y el balón.
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jueves, 29 de octubre de 2009

Semana vista, semana enfermiza

Por Cristian Naranjo

Semana psicótica para los amantes del fútbol televisado. El sábado en el Allianz Arena, en partido de Bundesliga, Van Gaal hizo bueno el recurso del central a repicar campanas para doblegar al Eintracht en el último suspiro. Anoche, sólo unos días después, esta vez en Frankfurt y en partido de Copa, el Eintracht recibió un rapapolvo por parte del propio Bayern ─0-4─. Así de malcriado es el deporte rey. El domingo, también en Alemania, Schalke y Hamburgo se dieron al frenesí goleador ─3-3─. Mientras que el gigante de Múnich no llegará muy lejos si pretende vivir a costa de sus monolitos y un centro del campo próximo a la Edad de Piedra, otro futuro bien distinto promete el conjunto norteño, cuyo gozne pertenece a Zé Roberto. Ironías del fútbol: el brasileño, desechado por el Bayern este verano, es justo el resorte del que carece ahora el club bávaro. En un renovado Hamburgo, al veterano todoterreno le secundan jóvenes figuras en ciernes, caso de Pitroipa, Berg y por supuesto el chispeante Eljero Elia, gran revelación de la Bundesliga por una cuestión de velocidad pura. Estará en el Mundial, posiblemente gozando de bastantes minutos en pantalla.

También durante el fin de semana, en la Lega Calcio, los centrocampistas del Inter insistieron en encubrir a sus puntas, el Milán enseñó destellos de resurrección a base de trompazos, la Juve se reencontró con Amauri, y la 'Samp', a lo suyo, disfrutando de su sueño en otra dimensión. Los festivales dejaron de ser noticia en el Luigi Ferraris. Y ayer miércoles, en lugar de la Copa, perseveró la liga. A la espera del líder, el Inter de Mourinho que juega hoy en Palermo, la conclusión es que el Milán seguirá sufriendo los achaques de la vejez y que las cebras de Turín están definitivamente de vuelta. Aplastaron a su vecino en la tabla, la Sampdoria, con una alineación para soñar en grande: Buffon; Grygera, Cannavaro, Chiellini, Grosso; Camoranesi, Sissoko, Felipe Melo, Giovinco; Diego; Amauri. Como ya se presumía, la lesión de Iaquinta será como savia para Amauri, que a partir de ahora dispondrá de todo el frente de ataque, y para Giovinco, el sustituto elegido. Su asociación con Diego, complementada por el apache Camoranesi y la fuerza animal de Sissoko y Melo, ya ha comenzado a generar beneficios. La bien parecida 'Samp' puede dar fe de ello. Le cayeron cinco en Delle Alpi, merced a una exhibición de catálogo de toda la 'Juve', en bloque. La sociedad Amauri y Asociados, especialistas en encimeras de granito, es por fin un hecho.

En Inglaterra es ya una costumbre que el Chelsea golee sin sacudirse el hombro. Essien ─¡qué futbolista!─, Lampard, Anelka, Drogba y compañía van camino de recuperar el cetro doméstico y de alcanzar el europeo. De la mano de Ancelotti, no parecen acusar los blues ni los años ni las decepciones pasadas. Arrollaron al Blackburn en la Premier y anoche hicieron lo propio con el Bolton en la Carling. La zaga sigue funcionando, la delantera es un martillo y la media ha enrolado a un timonel de campanillas. No es un fichaje; es un regreso. En efecto: Deco is back. En cuanto al vigente campeón, el United, nada que reprochar a su inicio de temporada. Si bien no se muestra tan pétreo como Chelsea, dispone igualmente de un grupo contrastado que acumula puntos de experiencia. Sucumbió en Anfield porque Torres gusta de hacerle retratos a la pareja Ferdinand-Vidic ─centrales vulnerables a campo abierto y por tanto sobrevalorados─, pero aguantará a la rueda del Chelsea hasta el final. Del Liverpool, poco que añadir a lo conocido: Torres, Benayoun… y hasta ahí. Un año más ─¡otro más!─, irá dando tumbos por la tabla hasta aburrirse de sí mismo. Anoche en partido de Carling, plagado de suplentes, confirmó tener peor plantilla que el Arsenal además de peor equipo. Y es que Wenger tiene incubadoras para todos. Qué diferencia de modelo. Ambos clubes llevan un siglo sin ganar, pero el baby Arsenal sigue un patrón, tiene una idea, responde a una filosofía: mucha juventud, algo de veteranía y toneladas de talento. El equipo B, con Fran Mérida al mando, simplemente jugó al escondite con los reds. Il Principino Aquilani, que por fin debutó, no anuncia una revolución: es algo más que Lucas Leiva y algo menos que Xabi Alonso.

Analizada en panorámica, ha sido por tanto una semana delirante, generosa en espectáculo, emoción y goles. Y todo sin llegar a España, país de locos geniales, donde se han vivido siete días intensos y convulsos. Es la Liga un torneo tan igualado y cambiante que las fronteras entre la clase media y la baja se difuminan semana tras semana. El Sevilla, que ajustició con arte al Madrid y se ganó el derecho a réplica, cayó después en A Coruña sin paliativos. Se reivindicó entonces el 'Depor' de Lotina, días antes de ser vilipendiado por el Valladolid de Mendilíbar. La conclusión es que la española es una liga rica en matices, repleta de jugadores competitivos y trufada de entrenadores que trabajan sus equipos a conciencia. Eso, que por un lado sanea el torneo y seduce al aficionado, por el otro elimina candidaturas al título. Que los equipos malos sean minoría es lo que finalmente impedirá a Sevilla y Valencia opositar al título. Los números hablan tras ocho jornadas. Los de Jiménez y Emery, que en líneas generales han firmado un buen arranque, están a seis y siete puntos del líder respectivamente. Una distancia sideral a estas alturas. El Valencia cotiza al alza en las últimas jornadas tras un comienzo dubitativo, al tiempo que el Sevilla se presume como un conjunto sólido y fiable, máxime en el Pizjuán. Pero ahí está, en la práctica, la brecha con respecto al Barcelona.

En cualquier caso es una gran noticia que los modestos sí tengan voz y voto. El sábado, en Gijón, 'Super Mario' Preciado ganó la partida a la galaxia, gracias a una defensa numantina más que asturiana. Canella se ha consolidado, Gregory y Botía han sido un hallazgo, y Lora, que era un delantero cerrado en infantil, se ha adaptado con naturalidad al lateral. Junto a Juan Pablo completaron un partido inmaculado. Sin duda, en El Molinón habita una de las defensas a tener en cuenta: rigor táctico, intensidad y clase con el cuero. El empate, visto como un tesoro en Gijón, no cayó bien en Madrid después de la derrota frente al Milán. Lo que nadie podía augurar era el esperpento de Alcorcón, donde las pirámides de Florentino se desmoronaron al unísono y con estrépito. En ocasiones, el fútbol produce resultados de tal sonrojo y contundencia que apenas si dan lugar al escarnio. Pellegrini tiene alarmas en todas las líneas, comenzando por la media, donde apenas la anarquía de Guti ofrece garantías.

Por su parte, el Barça de Guardiola aprovechó la reverencial visita del Zaragoza para recuperar la sintonía y, de paso, castigar la candidez de Marcelino, empeñado en perder sin salir del vestuario. Ibrahimović va a más: descuelga balones de la azotea, asiste, finta, remata y, sólo en sus ratos libres, lanza misiles. El otro destacado fue Keita, que pese a su aspecto abnegado y frágil ya tiene a la grada en el zurrón. Las patas de flamenco del malí son el recurso de moda. Y en Copa, ayer el protagonista volvió a ser Pedro, dotado con un sentido arácnido para el gol. Gai Assulin es pura fantasía, Jeffren aprobó como lateral y Maxwell va ganando confianza a ritmo de minutos. En negativo, Chygrynskyy ofrece cada día nuevas dudas aunque no lo refleje la prensa. Lento, frío y descoordinado, todo un galápago, no hay en él vestigios de Koeman sino más bien de Christanval. No es una sorpresa: las referencias hablaban de un central mediocre. 25 millones al desagüe, imputables euro a euro a Guardiola, un tipo presumiblemente concienciado con las desigualdades. El fútbol lo corrompe todo.
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jueves, 6 de noviembre de 2008

'Vecchio' y 'Signor'

Por Albert Valor

Un Real Madrid-Juventus como el de hoy rezumaba historia, leyenda y prestigio por los cuatro bandos. Cuando los veintidós contendientes miraban al cielo de la capital y la musiquita de la Champions sonaba todos nos acordamos del primer duelo entre Raúl y Del Piero allá por 1996, del offside de Mijatovic que valió la séptima o de cómo el epílogo del Madrid galáctico sucumbía en las eliminatorias en Delle Alpi.

La Juve se presentaba de nuevo al duelo con bajas sensibles, sobretodo en la portería –pasar de Buffon a Manninger es como estrellar un Testarrossa y que tu seguro te deje mientras un Fiat Punto-, pero con sus viejas glorias –Alé y un todoterreno checo- dispuestas a dar tanta guerra como dieron en el Comunale, sino más. Si a esos dos lujos, le unimos una columna vertebral formada por Chiellini, Sissoko y Amauri –cada día mejor-, el Madrid iba a sudar tinta para recuperar el liderato. De hecho, ni siquiera tuvo opción de sudarla, se rindió mentalmente mucho antes de que el duelo pudiese ser de igual a igual.

A los bianconeri les bastó con aplicar la estrategia bélica de McArthur Ranieri y una mala cesión de Guti para dar un golpe que dejó al rival en la lona. Bastó juntar las líneas, tener al equipo agrupado en 25 metros y esperar a que Del Piero frotara una de sus lámparas –puesto que tiene dos, una en cada bota, la ocasión le mereció la sinistra-. El Madrid intentó levantarse, y Ramos y Van Nistelrooy estuvieron cerca de equilibrar la batalla mental. Sin darse cuenta, cada ocasión fallada desconcertaba más a los merengues, a la vez que la Juve se sentía más Pedro en su casa.

A la vuelta de los vestuarios ya no hubo ninguna duda. El Madrid estaba calcando el partido de la pasada temporada ante la Roma de Spalletti. Recuerdo que el partido de ida en Turín sirvió a As y Marca para reivindicar la superioridad merengue, que con un buen partido y el miedo escénico del Bernabéu la victoria estaba asegurada. Nadie recordaba qué es un equipo italiano. Nadie recordaba quien es la Juve. Y lo peor es que tras verse superados en el primer acto, ni los jugadores hayan sabido superar a su rival ni Schuster haya sabido encontrar en el banquillo la solución. Quizá sea porque ahí no la va a encontrar nunca. Sneijder y Van Nistelrooy al banquillo para dar entrada a Higuaín y Van der Vaart, además de Saviola. ¿No será que esta colección no está completa y hay demasiados cromos repetidos? Así pues, el guión de este doble enfrentamiento contra los turineses ha seguido el mismo guión que el de los octavos de la 07-08 con un convidado extra -sería hipócrita no señalar la inoperancia del árbitro, que omitió dos penaltis a favor de los blancos-. Tras caer en la ida por la mínima después de ser superiores en el segundo tiempo, el rival pasa como un rodillo en la vuelta ante la inoperancia madridista. Diferentes rivales, pero misma egolatría y mismos errores. El castigo es algo diferente, eso sí. Aún se pueden salvar los muebles.

Pero ese diablo llamado Del Piero, que sabe más por Vecchio que por diablo, aún debía frotar su otra lámpara, la diestra, esta vez con maldad y arte a partes iguales. Corría el 67’ y Casillas y Schuster quisieron engañarle con la barrera descolocada en el lanzamiento de una falta, como diciéndole: ¿Ves el hueco? Pues tírala ahí. Y sí, sí. Ahí fue el balón, al fondo de la red, bien ajustadito al palo. Puede que el alemán se moviera más que Iker para detenerlo.

Quedaban veinte minutos y el partido ya había acabado. Unos completamente KO y otros contentos y en octavos, prácticamente como líderes de grupo. Puede que la escuadra de Ranieri juegue muchos partidos para su capitán, evitándole tareas defensivas para que todos sus esfuerzos sean para el arte –nunca mejor dicho- de atacar. Y está visto que vale la pena. Con el reloj marcando la hora, el ex de Valencia y Atlético quitó a su diamante del campo. Y el público del Bérnabeu, soberano donde los haya –y con Maradona a la cabeza-, le dedicó una sonora ovación a Alé que esté correspondió con afecto.

El Real Madrid deberá aprender de rivales como el de hoy si quiere que la Décima llegue más pronto que tarde. Deberá también aprender a ser más señor y tener en cuenta a sus rivales, además de estudiarlos más. Deberá saber que para reinar en Europa hay que enfrentarse a unos cuantos como Del Piero. Porque aunque ya sea un poco Vecchio, Alé es un jugadorazo. Y también un Signor. Como siempre lo fue la Juve, aunque Moggi se empeñara en lo contrario.

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