domingo, 20 de mayo de 2012
La fuerza del destino
jueves, 17 de marzo de 2011
Alto copete

Se avecina la parte noble de la temporada. Ya sólo quedan ocho. En la primera semana, los nombres del Shaktar Donetsk y el Tottenham Hotspur entraban en la aristocracia de la Champions por la puerta grande y por vez primera. Los ucranios vencieron en ida y vuelta a una Roma que ya está pasada de moda. Sobran nombres y falta fútbol en la capital italiana. Luego están los Spurs, apuesta encarecida del PLF desde hace tiempo y candidatos a revelación de la competición. Luego hablaremos más de ellos. De momento, la victoria en San Siro es su mejor carta de presentación. El Barça, un clásico, se colaba con un argumento tan antiguo como el propio balompié: el balón. Messi fue ángel en casa se confirmó como el diablo con la mayor horquilla de la historia moderna del Arsenal. También como la más real de las pesadillas de Manuel Almunia.
El Schalke 04 completaba la nómina de los primeros clasificados. Es la germana una institución con gloria intermitente en las dos últimas décadas. Y ahora, se ha encomendado al jerarca de la Champions. Su mayor problema será que en el futuro el halo de González Blanco empequeñecerá la gesta de todo un conjunto. Partidazo de Farfán. Fresca la aparición la de Gavranovic. Trepidante el partido de Gelsenkirchen. Y maldita la suerte del Valencia, que apostó por jugar al fútbol pero se olvidó de detallar en las áreas. Se esperaba más de Mata y de Aduriz. Otra vez será.
La jornada de ayer martes dejó dos nombres propios. El de Chicharito, avezado lanchero del gol en las islas que pone al United en una cita a la que no falta en el último lustro, y el de Samuel Eto’o. No sólo fue el mejor con un gol, una asistencia y un partidazo. Fue también el mejor de toda la serie y dejó en anécdota los imperdonables errores de Julio Cesar. Un auténtico MVP. Con Samuel sí hay paraíso. Y tripletes. Si Raúl es el rey de esta competición, el camerunés es su mejor amante.
Los últimos en pedir tanda, la vieja gloria y el nuevo clásico. El Real Madrid, grande desde que la Copa de Europa es Copa de Europa, vuelve a tener sangre azul. Estará porque se le esperaba. Y Mourinho podrá colocar otro asterisco en su currículum. El Chelsea, juguete del mecenas Abramovich, intentará de nuevo su asignatura pendiente. La orejuda siempre tiene pretendientes y algunos aún sueñan con agarrarla.
Como decíamos, mención aparte merece el Tottenham. Este histórico de la Premier llega a la parrilla final desde muy atrás. Sus laureles ochenteros ya estaban caducos. El año pasado, se atrevió a romper el Big Four y el talonario de los jeques del City y se coló en la mejor fiesta. De momento, los dos grandes de Milán se han arrugado ante ellos. Si yo fuera uno de los favoritos, no los querría ni en pintura. Crouch, Lennon, Bale, Modric o Dawson –y su fútbol- podrían pasar por cualquier rendija. En White Hart Lane, la proporción entre pasión y propuesta futbolística está equilibrada. Y Harry Redknapp tiene buena culpa de ello.
Y Abidal. Qué decir de Abidal. Se perdió la final de Roma en 2009. Y ahora se perderá lo mejor de la temporada. Maldito cáncer. No te rindas, atleta.
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miércoles, 17 de marzo de 2010
Eficacia en la trascendencia
En las noches mágicas, Eto’o es Esencia de Loewe. Feroz pero inmejorable. La escopeta de Samuel nunca falla. Nunca en las grandes citas. Decían que 'Mou' conocía los recovecos y pormenores de Stamford Brigde, las debilidades del Chelsea. También el camerunés. Y bien que lo sabía su entrenador. Se especulaban improperios de todo tipo estas jornadas pretéritas en las que el ariete 'chupó' banquillo.Pero si a Eto'o le tiras balas, te responde con bombas. Siempre llega a tiempo para sellar alguna boca impertinente. Siempre. Porque pese a que algunos no puedan soportarlo, siempre aparece en las grandes citas. Siempre en las grandes plazas. Y The Bridge lo es.
Se le puede achacar falta de técnica, sí. Pero el gol de ayer ya lo quisiera para sí el mejor Van Basten. Control en carrera de un balón que cae con fuerza –bien tocado, eso sí–, carrera ganada a Ivanovic y definición con el exterior a dos metros de Turnbull. Dan igual cuáles sean sus carencias como futbolista. Fecha marcada en rojo, gol de Eto'o.
Parece además que en Italia añadirá una nueva prestación a su sello de garantía. Si en el Barça disponía de multitud de ocasiones para surgir y resultar decisivo, parece que no será así en el Inter. Ayer apenas apareció tres veces en un partido a cara de can. Así que parece que su oportunismo también crecerá.
Si mi equipo fuera cuartofinalista de Champions, no quisiera evitar ni al sanguinario Manchester ni al sorprendente y peludo Lyon. Tampoco al Arsenal ni al Bayern. Ni siquiera al Inter. Me conformaría con no cruzarme con la escopeta de Samuel Eto’o. Esa que nunca falla. Nunca en las grandes citas.
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lunes, 1 de marzo de 2010
El mundo es un balón y la Premier, un triángulo
Y el fútbol, como la vida misma. Lo realmente curioso es que líos como el acaecido a raíz de la terna formada por Wayne Bridge, John Terry y Vanesa Perroncel no se produzcan más a menudo. Se dice que eran muy amigos antes del affaire. Ahora, ni se saludan. Pasan a menudo estas cosas. Lo curioso es ver como casi siempre se culpa al corneador. ¿Acaso no le debía Perroncel fidelidad al bueno de Wayne? ¿Acaso alguna mujer tiene dueño?Bien, tras la primera inmersión de PLF en el mundo rosa –o amarillo, o del color que quieran-, hablemos de fútbol. Se habló mucho del partido antes de su disputa. Pero más dio que hablar mientras se jugaba, e incluso después. El partido de los citizens en Stamford Bridge –nada que ver con Wayne Bridge- expuso al gran público el poderío de los Bellamy, Tévez o Wright-Phillips al contragolpe y de rebote, se intuyó que con un par de inversiones más –dinero no le falta al vecino rico de Manchester-, el City puede ser la próxima campaña un candidato a todo. Una mañana de domingo más, en los bares de Barcelona se habló de lo bien que le iría éste o aquél al Barça. Muchos olvidaban, también una vez más, las pocas opciones que se le plantean a los culés para jugar contragolpeando.
Además, todo ello le da otro aire a la Premier, que otra vez se resolverá entre tres aspirantes. El United queda casi como estaba. Casi porque sigue a un punto. A un punto pero con una Copa de más, esa Carling que carga el calendario de partidos y que deja el pecho henchido a quien la conquista. Otra vez Rooney, aunque suplente, fue decisivo. Y el Arsenal, que tras descolgarse una jornada sí y otra no, coge otra vez el rebufo. Se presume que si se cae en otra curva, ya no llega a la foto finish. La verdad es que no acostumbran el Chelsea y el United a dar muchas alternativas. De hecho, los gunners han perdido ya este año los cuatro partidos ante blues y red devils. Pero también ellos han sufrido derrotas que les han penalizado. Ahora, diez jornadas por delante, 30 puntos en juego y sólo tres entre ellos. Otro triángulo. Pero se intuye que éste no será amoroso.
Tampoco será idílica la lucha a tres bandas por la cuarta plaza. A ella se aferraba, como se apuntaba antes, el Manchester City con esa victoria de enjundia en Londres. Y ayer, los que se apuntaban al incendio de pasiones, eran el Tottenham y el Liverpool. Ninguno de los dos está acostumbrado a estos contextos. Bueno, quizá sí un poco los reds. Aunque vienen los de Merseyside precedidos de un gran prestigio europeo forjado durante el último lustro, la verdad es que en la competición doméstica suelen andar a la cola del Big Four. Y bien es cierto que la temporada pasada pelearon hasta las últimas fechas el cetro al ManU. Pero este año, y tras ver como transcurría el campeonato, quizá se vea esto como un mal menor. Con la vuelta del binomio Gerrard-Torres, Anfield aún alberga esperanzas. Ayer, lograron un gol por barba y tres puntos para seguir en la pomada. Tampoco es habitual ver al equipo de White Hart Lane por aquí. Los del noreste de Londres son un equipo histórico, y hay mucho que contar de ellos en los anales de la liga inglesa. Y tras ese esplendor perdido, parece que por fin un técnico ha sabido transmitir una filosofía que le está dando a los Spurs el lugar que merecen en la clasificación. La victoria de ayer ante el Everton fue de las importantes, ante un rival que juega y hace jugar. Los goles de Pavlyuchenko y Modrić nos hicieron recordar que no sólo de España vivió aquella Eurocopa de Austria y Suiza.
Hablando de la Eurocopa y de España, hablemos del Mundial y de España. Ya nadie quiere renunciar esa ilusión. Somos favoritos. Y aunque una Copa del Mundo es otra cosa, ya nadie obvia la candidatura de la selección española. Sobretodo por plantilla. Y aún más por fútbol. Casillas es el mejor portero, aunque también lo son Julio César o Buffon. Puyol y Piqué son la pareja de centrales del Barcelona hexacampeón, cualquiera los quisiera para sí, puede que no haya otro dúo mejor. Los laterales fallan un poco más. Cuando hablamos de carrileros con recorrido siempre pensamos antes en Maicon, Alves, Glen Jonson e incluso Inkoom –la nueva perla ghanesa- antes que en Capdevila, Ramos, Arbeloa o Fernando Navarro.
El centro del campo ya es otro cantar. Nadie tiene una sala de máquinas donde intervengan Xavi, Iniesta, Cesc o Silva. Realmente, esa sociedad se puede ver superada por físico. Nunca por fútbol. Sobretodo teniendo en cuenta que si alguno se rompe, Xabi Alonso, Busquets o Jesús Navas estarán a la espera. Luego está la delantera. Villa y Torres son fijos en la convocatoria, probablemente titulares. Y las otras dos plazas se deciden partiendo de otro triángulo. El formado por Güiza, Negredo y Llorente. Parece que el riojano, tras tener su esplendor meses atrás, ha quedado un poco a remolque. Le ha ganado la partida ese vallecano con apariencia de miura. El rebautizado por Alfredo Relaño como el Trueno de Zenica. De momento, y pese a no pasar por su mejor momento como goleador, Güiza parece ocupar el hueco de tercer delantero. La realidad es que lleva temporada y media lejos de su mejor nivel. Pero cuando se enfunda la Roja, siempre demuestra su talento. Del Bosque lo sabe. No se puede desperdiciar tanto arte. No se puede desperdiciar tanta pasión.
Se acerca el fin del curso y con él, esa guinda que será el Mundial. Mientras eso llega, las competiciones de clubes empezarán a arder en breve. Está a punto de desatarse más de una hoguera. En algunos casos, de vanidades. En otros, esperemos que de puro fútbol. Pero por ahora, todo se plantea a partir triángulos. *************************************************************
miércoles, 9 de diciembre de 2009
Por amor
Sábado tarde. Mientras ahí fuera arrecia el frío de esperar lo extraordinario, la mejor compañía sigue siendo Lady Fútbol. En Italia, un Milan al alza aprovechó la visita de la Samp para barrer la casa sin quitarse las pantuflas, en un nuevo ejercicio de prodigiosa lentitud similar al que llevara a cabo en Chamartín. Más tarde, Juve e Inter ahondaron en la idea de cómo jugar de perlas al calcio y de pena al fútbol sin sonrojo ni complejo alguno, lo cual no hace sino acentuar la decadencia de la Lega. En la Premier, alguien se atrevió por fin con el Chelsea de Ancelotti, el equipo más empedrado, zafio y cínico del continente. Por una vez encontró premio a tanto derroche el antihéroe Tévez, y con su gol se apretó la tabla en beneficio del United, que cada jornada se muestra más acorazado con Rooney como eje de rotación. Se fueron los goles de Cristiano, pero a cambio Sir Alex ha dotado al equipo de un carácter más homogéneo y gremial.Y por lo que a nuestro fútbol respecta, a estas alturas el Madrid ya debe saber que sin un modelo tampoco arribará muy lejos en 2010 por más rupias que invierta el hombre del maletín. A pocos días de presentarse en Mestalla el conjunto blanco es todo un enigma: ha crecido en confianza tras recuperar a su estrella, pero acumula tantas derrotas como rivales con cuajo ha enfrentado. Cayó con justicia en Sevilla, fue narcotizado por el Milán y no aprovechó la opción de puntuar en el Camp Nou. Todo ello sin obviar la lección de juego impartida por los pupilos de Anquela en Copa del Rey, un torneo maldito para el club de Concha Espina desde el '93. Anoche los de Pellegrini cerraron el grupo de Champions con un triunfo algo ambiguo en el Vélodrome, puesto que las costuras del once son tan visibles como el imponente trapecio de Cristiano Ronaldo. Quien quiera que diseñe los esquemas del Madrid está tardando demasiado en percibir que la disfunción se encuentra en el medio terreno, y que sólo la inclusión de un contrafuerte por detrás de Lass y Alonso podría paliar el problema. Apestado Gago, el Diarra malí no se antoja como una mala opción. Pero, chi lo sa, es tan azarosa la rueca del fútbol que Guti y Granero han dimitido en favor de Van der Vaart. Por suerte para el aficionado no todo son malas noticias: Benzema ha abdicado antes de tomar posesión y su trono por fin pertenece a Higuaín, un delantero menos mundano y pomposo, de mayor raza y hemoglobina.
Por su parte, el perfumado Barcelona de Guardiola ha entrado de nuevo en la otra dimensión, pues parece haber entendido que no basta con disecar el balón, sino que más bien se trata de hacer llover. Y pese a que la banda izquierda siga huérfana de simetría y artificio por el ocaso de Henry, cuando hubo de tronar, tronó. Merced al fuego de un dragón rojo y el veneno de una culebra mortal, el Barça ha regresado al futuro. Puede que con Ibrahimović y Messi rayando lo celestial, secundados por el entusiasmo de Pedrito y la ambivalencia de Iniesta, sea suficiente para opositar a la reválida doméstica y europea, pero esa banda zurda anhela querubines de mejillas pigmentadas o algún indio de tren inferior compacto y centro de gravedad bajo. Con la potencia incontrolable de Pato, Arshavin o Agüero, el Barça convertiría por vez primera el deporte rey en ciencia exacta. Saldría campeón de cuanto quisiera sin margen de error. Pero sucede que ni el fútbol ni la existencia viven de quimeras. Mientras no se filtre un golpe de suerte en mitad de la ventisca, mientras no caigan del cielo las rosas y el tiempo apenas se merezca el beneficio de la duda, la única opción es volver a los barracones de uno mismo. Al origen. Al amor por las cosas. A ese desván donde espera rescate todo aquello que siempre estará ahí, comenzando por la sangre, los hermanos, la libertad… y el balón.
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jueves, 29 de octubre de 2009
Semana vista, semana enfermiza
Semana psicótica para los amantes del fútbol televisado. El sábado en el Allianz Arena, en partido de Bundesliga, Van Gaal hizo bueno el recurso del central a repicar campanas para doblegar al Eintracht en el último suspiro. Anoche, sólo unos días después, esta vez en Frankfurt y en partido de Copa, el Eintracht recibió un rapapolvo por parte del propio Bayern ─0-4─. Así de malcriado es el deporte rey. El domingo, también en Alemania, Schalke y Hamburgo se dieron al frenesí goleador ─3-3─. Mientras que el gigante de Múnich no llegará muy lejos si pretende vivir a costa de sus monolitos y un centro del campo próximo a la Edad de Piedra, otro futuro bien distinto promete el conjunto norteño, cuyo gozne pertenece a Zé Roberto. Ironías del fútbol: el brasileño, desechado por el Bayern este verano, es justo el resorte del que carece ahora el club bávaro. En un renovado Hamburgo, al veterano todoterreno le secundan jóvenes figuras en ciernes, caso de Pitroipa, Berg y por supuesto el chispeante Eljero Elia, gran revelación de la Bundesliga por una cuestión de velocidad pura. Estará en el Mundial, posiblemente gozando de bastantes minutos en pantalla.
También durante el fin de semana, en la Lega Calcio, los centrocampistas del Inter insistieron en encubrir a sus puntas, el Milán enseñó destellos de resurrección a base de trompazos, la Juve se reencontró con Amauri, y la 'Samp', a lo suyo, disfrutando de su sueño en otra dimensión. Los festivales dejaron de ser noticia en el Luigi Ferraris. Y ayer miércoles, en lugar de la Copa, perseveró la liga. A la espera del líder, el Inter de Mourinho que juega hoy en Palermo, la conclusión es que el Milán seguirá sufriendo los achaques de la vejez y que las cebras de Turín están definitivamente de vuelta. Aplastaron a su vecino en la tabla, la Sampdoria, con una alineación para soñar en grande: Buffon; Grygera, Cannavaro, Chiellini, Grosso; Camoranesi, Sissoko, Felipe Melo, Giovinco; Diego; Amauri. Como ya se presumía, la lesión de Iaquinta será como savia para Amauri, que a partir de ahora dispondrá de todo el frente de ataque, y para Giovinco, el sustituto elegido. Su asociación con Diego, complementada por el apache Camoranesi y la fuerza animal de Sissoko y Melo, ya ha comenzado a generar beneficios. La bien parecida 'Samp' puede dar fe de ello. Le cayeron cinco en Delle Alpi, merced a una exhibición de catálogo de toda la 'Juve', en bloque. La sociedad Amauri y Asociados, especialistas en encimeras de granito, es por fin un hecho.
En Inglaterra es ya una costumbre que el Chelsea golee sin sacudirse el hombro. Essien ─¡qué futbolista!─, Lampard, Anelka, Drogba y compañía van camino de recuperar el cetro doméstico y de alcanzar el europeo. De la mano de Ancelotti, no parecen acusar los blues ni los años ni las decepciones pasadas. Arrollaron al Blackburn en la Premier y anoche hicieron lo propio con el Bolton en la Carling. La zaga sigue funcionando, la delantera es un martillo y la media ha enrolado a un timonel de campanillas. No es un fichaje; es un regreso. En efecto: Deco is back. En cuanto al vigente campeón, el United, nada que reprochar a su inicio de temporada. Si bien no se muestra tan pétreo como Chelsea, dispone igualmente de un grupo contrastado que acumula puntos de experiencia. Sucumbió en Anfield porque Torres gusta de hacerle retratos a la pareja Ferdinand-Vidic ─centrales vulnerables a campo abierto y por tanto sobrevalorados─, pero aguantará a la rueda del Chelsea hasta el final. Del Liverpool, poco que añadir a lo conocido: Torres, Benayoun… y hasta ahí. Un año más ─¡otro más!─, irá dando tumbos por la tabla hasta aburrirse de sí mismo. Anoche en partido de Carling, plagado de suplentes, confirmó tener peor plantilla que el Arsenal además de peor equipo. Y es que Wenger tiene incubadoras para todos. Qué diferencia de modelo. Ambos clubes llevan un siglo sin ganar, pero el baby Arsenal sigue un patrón, tiene una idea, responde a una filosofía: mucha juventud, algo de veteranía y toneladas de talento. El equipo B, con Fran Mérida al mando, simplemente jugó al escondite con los reds. Il Principino Aquilani, que por fin debutó, no anuncia una revolución: es algo más que Lucas Leiva y algo menos que Xabi Alonso.
Analizada en panorámica, ha sido por tanto una semana delirante, generosa en espectáculo, emoción y goles. Y todo sin llegar a España, país de locos geniales, donde se han vivido siete días intensos y convulsos. Es la Liga un torneo tan igualado y cambiante que las fronteras entre la clase media y la baja se difuminan semana tras semana. El Sevilla, que ajustició con arte al Madrid y se ganó el derecho a réplica, cayó después en A Coruña sin paliativos. Se reivindicó entonces el 'Depor' de Lotina, días antes de ser vilipendiado por el Valladolid de Mendilíbar. La conclusión es que la española es una liga rica en matices, repleta de jugadores competitivos y trufada de entrenadores que trabajan sus equipos a conciencia. Eso, que por un lado sanea el torneo y seduce al aficionado, por el otro elimina candidaturas al título. Que los equipos malos sean minoría es lo que finalmente impedirá a Sevilla y Valencia opositar al título. Los números hablan tras ocho jornadas. Los de Jiménez y Emery, que en líneas generales han firmado un buen arranque, están a seis y siete puntos del líder respectivamente. Una distancia sideral a estas alturas. El Valencia cotiza al alza en las últimas jornadas tras un comienzo dubitativo, al tiempo que el Sevilla se presume como un conjunto sólido y fiable, máxime en el Pizjuán. Pero ahí está, en la práctica, la brecha con respecto al Barcelona.
En cualquier caso es una gran noticia que los modestos sí tengan voz y voto. El sábado, en Gijón, 'Super Mario' Preciado ganó la partida a la galaxia, gracias a una defensa numantina más que asturiana. Canella se ha consolidado, Gregory y Botía han sido un hallazgo, y Lora, que era un delantero cerrado en infantil, se ha adaptado con naturalidad al lateral. Junto a Juan Pablo completaron un partido inmaculado. Sin duda, en El Molinón habita una de las defensas a tener en cuenta: rigor táctico, intensidad y clase con el cuero. El empate, visto como un tesoro en Gijón, no cayó bien en Madrid después de la derrota frente al Milán. Lo que nadie podía augurar era el esperpento de Alcorcón, donde las pirámides de Florentino se desmoronaron al unísono y con estrépito. En ocasiones, el fútbol produce resultados de tal sonrojo y contundencia que apenas si dan lugar al escarnio. Pellegrini tiene alarmas en todas las líneas, comenzando por la media, donde apenas la anarquía de Guti ofrece garantías.
Por su parte, el Barça de Guardiola aprovechó la reverencial visita del Zaragoza para recuperar la sintonía y, de paso, castigar la candidez de Marcelino, empeñado en perder sin salir del vestuario. Ibrahimović va a más: descuelga balones de la azotea, asiste, finta, remata y, sólo en sus ratos libres, lanza misiles. El otro destacado fue Keita, que pese a su aspecto abnegado y frágil ya tiene a la grada en el zurrón. Las patas de flamenco del malí son el recurso de moda. Y en Copa, ayer el protagonista volvió a ser Pedro, dotado con un sentido arácnido para el gol. Gai Assulin es pura fantasía, Jeffren aprobó como lateral y Maxwell va ganando confianza a ritmo de minutos. En negativo, Chygrynskyy ofrece cada día nuevas dudas aunque no lo refleje la prensa. Lento, frío y descoordinado, todo un galápago, no hay en él vestigios de Koeman sino más bien de Christanval. No es una sorpresa: las referencias hablaban de un central mediocre. 25 millones al desagüe, imputables euro a euro a Guardiola, un tipo presumiblemente concienciado con las desigualdades. El fútbol lo corrompe todo.
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jueves, 7 de mayo de 2009
El gol de Iniesta bien merece un regreso

Ha llovido mucho desde que abordáramos el debate del mediocampo. Y sin embargo, como la vida dibuja círculos sin cesar, anoche Keita y Busquets dieron su auténtica medida: hoy por hoy, ninguno de los dos es válido para las grandes ocasiones. A mi pesar, Keita debe ser traspasado en verano, en tanto que a sus 29 años no tiene margen de mejora. De él se esperaba que cumpliera el papel de centrocampista doble: que barriera el centro del campo y que a la vez ejerciera de cerrajero desde la segunda línea. En partidos menores ha cumplido con la segunda parte. Ayer no existió. Quedó patente que le falta intensidad y físico para ser un buen carterista y además su aportación en ataque fue exigua. El caso de Busquets es muy distinto: es joven, de la casa y tiene talento y proyección. Varios partidos de trascendencia media y su convocatoria con la selección le avalan.
Han ocurrido tantas cosas en estos tres meses que la lista sería interminable. En clave española, el Madrid ha quedado descolgado de la lucha por la Liga, mientras que el Espanyol ha sacado la cabeza del pozo de segunda. El Barça, por su parte, se encuentra en la mejor posición posible para alcanzar el anhelado trébol. Anoche estuvo a dos minutos de decir adiós a la orejuda. El Chelsea, un equipo mezquino lo entrene quien lo entrene, estaba a un paso de certificar su pase a la final de Roma con un fútbol rácano y cobarde. Le había bastado un obús de Essien para ponerle al Barça la eliminatoria cuesta arriba. Como ya ocurriera en Barcelona, el Chelsea planteó el partido para desactivar al rival, no para explotar sus propias virtudes; un planteamiento tan lícito como deplorable. A punto estuvo de salirle bien la apuesta a Hiddink, que dispuso el mejor 11 posible sobre el campo, con todas las unidades dispuestas para el combate. Los blues cerraron su área a cal y canto, estableciendo su defensa muy atrás pero anulando cualquier línea de pase interior. De nada servía el tacto sedoso de Xavi e Iniesta ni la velocidad de movimientos de Messi. El partido se convirtió pronto en un ataque y gol permanente, con un Barça que quería pero no podía; con un Chelsea agigantándose minuto a minuto. Los ataques culés eran infructuosos, por más que Guardiola inventara fórmulas abrelatas. Eto'o no tenía espacios a la espalda de los centrales; Messi no tenía su noche, ya fuera en la banda o en el centro; Henry, lesionado, no estaba sobre el tapete.
Desde muy pronto, el encuentro ya parecía predestinado a resolverse en una acción individual puntual. Era evidente que los azulgrana no iban a poder convertir el césped en una pista de baile. Stamford Bridge, hoy por hoy, no es el Bernabéu. Aún así, perserveró el Barça con más tesón que acierto, convencido de poder encontrar un haz de luz entre su penumbra. Sucedía que pasaban los minutos y la trama defensiva del Chelsea se consolidaba. Los disparos del Barça llegaban a cuentagotas y eran siempre forzados o de mala calidad. Cech, un gran portero en horas bajas, fue un espectador más del encuentro. Todo lo contrario que Valdés, de nuevo clave en un partido decisivo. En la ida amargó a Drogba. Anoche lo volvió a desquiciar. El fenomenal delantero marfileño se ganó un mano a mano tras quebrar a Piqué con inusitada frialdad, pero se topó entonces con un pie milagroso del de Hospitalet. Avanzaba el partido y el peligro sólo lo generaba el Chelsea, que trazaba los contraataques de forma vertiginosa. En uno de ellos llegó la injusta expulsión de Abidal. En otro, Piqué cometió un penalti clamoroso al tocar con el brazo extendido un envío de Anelka. El árbitro erró para un lado y para otro. Es el precio a pagar por ser valiente y consecuente con lo que dicta el propio criterio. En un partido a cara o cruz, el perdedor acostumbra a buscar pretextos para justificar la derrota.
Llegó el partido a su recta final con un guión inmejorable para el Chelsea: ir ganando en su casa y frente a un rival diezmado por una expulsión. Ocurría que enfrente estaba el Barça de Guardiola, un equipo con moral de hierro destinado a hacer historia. Si no eran Messi ni Eto'o, sería Piqué o Alves. Tanto daba quien decidiera, si un actor protagonista o uno de reparto. El partido avanzó inexorablemente hacia la zona Cesarini. El árbitro concedió cuatro minutos de prolongación, que se antojaban pocos para una eliminatoria de 180. Ni por esas se rindió el Barça, decidido a entregar su destino a un golpe de suerte o inspiración.
Sorprendentemente, cuando los culés ya lo daban todo por perdido, Alves, que había estado toda la noche impreciso pero que se mantenía fresco a pesar del kilometraje, irrumpió por su banda como la flecha de una ballesta y puso su primer y único centro de mérito en todo el partido. Nadie acertó ni a despejar ni a rematar. El balón le cayó a Eto'o que no pudo controlar. Llegó Essien, que se precipitó en su intento por alejarlo del área y se la entregó franca a Messi, que puso pausa donde cualquier otro mortal se hubiera acelerado. El genio argentino se la cedió a otro genio; uno manchego, de Fuentealbilla, humilde, tímido, frío, parco en palabras y que nunca fue el más guapo de clase ni el primero de la foto. A ése le llegó el balón de Messi en el minuto 92. E Iniesta, de empeine exterior, con la precisión de un cirujano penetrando con el bisturí a corazón abierto, reventó de una vez y por todas la resistencia del Chelsea. Sólo un fuera de serie es capaz de dirigir el balón con esa potencia y precisión allá donde dormitan las arañas. Imagínense hacerlo en el descuento del partido de vuelta de una semifinal de Champions League. Lo más parecido al éxtasis futbolístico.
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