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domingo, 20 de marzo de 2011

Miscelánea y delicias de Juanma Trueba

Por Albert Valor

Resulta una verdadera fortuna que lo que te pasa por la cabeza sea pura imaginación, pura lírica, puro ardor y pasión por algo. Si además sabes transformarlo en prosa poética, la cosa ya es memorable. Eso es algo que le sucede a Juanma Trueba, el cronista en As de los partidos del Real Madrid. Pocos, quizá Segurola, pueden competir con tales florituras ante una hoja de papel. Tras cada crónica de este señor periodista, podríamos hacer el ejercicio que hoy se presenta. Pero lo cierto es que ha sido este derbi madrileño en el día del Padre el que ha motivado este manantial de citas. Allá va lo más granado:

“Para el anfitrión queda el consuelo, mínimo, de haber recortado un metro de los mil que todavía le separan del rico vecino. (…) el Atlético no hizo un planteamiento realista del asunto. Se lanzó a por la victoria con los ojos cerrados, el sable apuntando a Cibeles y los caballos al galope, (…). De manera que el partido se dividió en un grupo de comanches románticos y un frío comando de élite. Flechas contra balas. ”

Recital. Qué razón tiene el bueno de Juanma. Sobre todo, apuntando de modo implícito a ese don de Jose Mourinho, ese Rey Midas de la Guerra. Y es que el portugués militariza todo lo que toca. Si su Chelsea parecía un ejército cada vez que saltaba a los terrenos de la húmeda, antigua y pérfida Albión, el Inter parecía un escuadrón de bandera transalpino. Y ahora, el Madrid. Los malditos bastardos del siglo XXI. Los hostiles del Señor de la Guerra siempre siguen el mismo guión: manipulan el calendario y desvirtúan la competición teniendo a los colegiados su lado. Y por supuesto, le tienen envidia. Pero sigamos:

“Para el Atlético no había marcha atrás. La locura era la única solución y el equipo se agarró a su palanca de emergencia: Kun Agüero. (…) y se tropezó con Casillas. Al rato disparó raso y la desvió Casillas. Casillas, Casillas, Casillas. (…) Casillas es un muro en la cima del Everest. Una crueldad intolerable. (…) apareció Marcelo para recordarnos su promiscua relación con las musas. Amagó, ganó la línea de fondo y asistió a Özil, que marcó con delicadeza.”

Dijo Trueba en una ocasión que Özil no era turco de nacimiento. Que era turquesa. Pero aún hay más:

“Entre un paisaje de comanches caídos, Kun lo siguió intentando. Marcelo le robó un balón con el que ya apuntaba a Casillas y cuando se encararon para citarse fuera hicimos la foto de dos genios.”

El derbi nos dejó este triángulo. A Casillas, santo y seña del madridismo, en primera instancia. Tiene aureola. E incluso alas. Él es la hipotenusa. Marcelo y Agüero, los catetos. Dos genios incomprendidos. Al brasileño le vilipendian sus lagunas defensivas y le condena su arrogancia. El Kun cuenta con una desventaja. Los que no le ven jugar a menudo piensan que es un futbolista de jugadas sueltas, de ratitos. Y no. Es un jugador imperial. Y está preparado para ir a cenar a un sitio caro. Desde hace ya tiempo.

De todos modos, la opinión que Adebayor le merece a Trueba tampoco tiene desperdicio: “(…) Adebayor rozó el gol de aquella manera tan suya, entre la torpeza absoluta y la genialidad relativa.”

Curiosa fue también la moraleja que extrae del desenlace del choque: “El gol [de Agüero] demostró a los niños que existe recompensa para quien se esfuerza, aunque no sirva para pagar todas las deudas.”

Así las cosas, la vida sigue igual en la capital. Ya son 21 derbis sin que el Atleti entone el grito de la victoria. Y por abajo, la Liga está que arde. Parece que al Sporting se le pone todo cuesta abajo a costa de un Almería con muchas aptitudes pero con poco pragmatismo. El Málaga abandona el farolillo ganando al Espanyol. Los pericos son la revelación de la temporada, pero siempre les moja la oreja el colista de turno. Colista es ahora el Hércules, que cada jornada que pasa le pierde más la cara a la División de Honor. Pero es otro equipo valenciano el que da gratas sorpresas. El Levante, construido en base a cesiones e ilusión, está a punto de firmar la permanencia con toda justicia. Caicedo, la relación más productiva entre goles y puntos de esta Liga, se lesionó en Riazor. Fue otro de los talentosos del equipo granota, Rubén Suárez, el que decidió. El asturiano fue clave en el ascenso y estaba inédito hasta la fecha. Ya se sabe. En el fútbol, como en la vida, todo viene y va.

Arriba, en las islas, un titán se reconstruye. Y es que viendo el Sunderland-Liverpool que se ofreció en esta sobremesa de domingo quedan claras algunas cosas. La primera, que tras la llegada de Kenny Dalglish, el Liverpool ya no se mueve tan a menudo por arenas movedizas. Con la victoria en The Stadium of Light, suman 20 de los últimos 27 puntos y ya reposan en la sexta plaza, algo impensable en Navidades.

Pese a la marcha de Torres y la lesión de Gerrard, los reds han dejado de dar palos de ciego. Y mucho tiene que ver en ello Luis Suárez, versión charrúa del Lazarillo de Tormes. Y es que el uruguayo está cada vez más asentado en lo que siempre pareció que sería: un crack que lleva siempre la picaresca al límite. Con él, la fiabilidad y compromiso de Kuyt y una defensa con las tuercas apretadas como antaño, ya no se debaten constantemente entre la cal y la arena. Meireles va a más y a Andy Carrol se le empieza a intuir. Acabará siendo un referente.

El duelo propició también el reencuentro entre el nuevo y flamante ‘7’ de Anfield y Gyan Asamoah. Dosis de morbo tras la secuencia ‘Mano-Penalty-Fallo-Lágrimas de todo tipo’ de la eliminatoria de cuartos de final del pasado Mundial entre Ghana y Uruguay. También quedó al descubierto lo desguarnecido que queda el talento de Gyan #33 en los Black Cats. Si yo fuera el secretario técnico de algún equipo que quiere jugar al fútbol y necesita un delantero con recursos técnicos y que sabe jugar de espaldas al arco, vendría ya a rescatarlo. Desde el Sánchez Pizjuán, por ejemplo. O desde el Manzanares.

Fútbol. La ciencia menos cierta. La religión con más adeptos. Y cómo nos gusta.

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miércoles, 9 de diciembre de 2009

Por amor

Por Cristian Naranjo

Sábado tarde. Mientras ahí fuera arrecia el frío de esperar lo extraordinario, la mejor compañía sigue siendo Lady Fútbol. En Italia, un Milan al alza aprovechó la visita de la Samp para barrer la casa sin quitarse las pantuflas, en un nuevo ejercicio de prodigiosa lentitud similar al que llevara a cabo en Chamartín. Más tarde, Juve e Inter ahondaron en la idea de cómo jugar de perlas al calcio y de pena al fútbol sin sonrojo ni complejo alguno, lo cual no hace sino acentuar la decadencia de la Lega. En la Premier, alguien se atrevió por fin con el Chelsea de Ancelotti, el equipo más empedrado, zafio y cínico del continente. Por una vez encontró premio a tanto derroche el antihéroe Tévez, y con su gol se apretó la tabla en beneficio del United, que cada jornada se muestra más acorazado con Rooney como eje de rotación. Se fueron los goles de Cristiano, pero a cambio Sir Alex ha dotado al equipo de un carácter más homogéneo y gremial.

Y por lo que a nuestro fútbol respecta, a estas alturas el Madrid ya debe saber que sin un modelo tampoco arribará muy lejos en 2010 por más rupias que invierta el hombre del maletín. A pocos días de presentarse en Mestalla el conjunto blanco es todo un enigma: ha crecido en confianza tras recuperar a su estrella, pero acumula tantas derrotas como rivales con cuajo ha enfrentado. Cayó con justicia en Sevilla, fue narcotizado por el Milán y no aprovechó la opción de puntuar en el Camp Nou. Todo ello sin obviar la lección de juego impartida por los pupilos de Anquela en Copa del Rey, un torneo maldito para el club de Concha Espina desde el '93. Anoche los de Pellegrini cerraron el grupo de Champions con un triunfo algo ambiguo en el Vélodrome, puesto que las costuras del once son tan visibles como el imponente trapecio de Cristiano Ronaldo. Quien quiera que diseñe los esquemas del Madrid está tardando demasiado en percibir que la disfunción se encuentra en el medio terreno, y que sólo la inclusión de un contrafuerte por detrás de Lass y Alonso podría paliar el problema. Apestado Gago, el Diarra malí no se antoja como una mala opción. Pero, chi lo sa, es tan azarosa la rueca del fútbol que Guti y Granero han dimitido en favor de Van der Vaart. Por suerte para el aficionado no todo son malas noticias: Benzema ha abdicado antes de tomar posesión y su trono por fin pertenece a Higuaín, un delantero menos mundano y pomposo, de mayor raza y hemoglobina.

Por su parte, el perfumado Barcelona de Guardiola ha entrado de nuevo en la otra dimensión, pues parece haber entendido que no basta con disecar el balón, sino que más bien se trata de hacer llover. Y pese a que la banda izquierda siga huérfana de simetría y artificio por el ocaso de Henry, cuando hubo de tronar, tronó. Merced al fuego de un dragón rojo y el veneno de una culebra mortal, el Barça ha regresado al futuro. Puede que con Ibrahimović y Messi rayando lo celestial, secundados por el entusiasmo de Pedrito y la ambivalencia de Iniesta, sea suficiente para opositar a la reválida doméstica y europea, pero esa banda zurda anhela querubines de mejillas pigmentadas o algún indio de tren inferior compacto y centro de gravedad bajo. Con la potencia incontrolable de Pato, Arshavin o Agüero, el Barça convertiría por vez primera el deporte rey en ciencia exacta. Saldría campeón de cuanto quisiera sin margen de error. Pero sucede que ni el fútbol ni la existencia viven de quimeras. Mientras no se filtre un golpe de suerte en mitad de la ventisca, mientras no caigan del cielo las rosas y el tiempo apenas se merezca el beneficio de la duda, la única opción es volver a los barracones de uno mismo. Al origen. Al amor por las cosas. A ese desván donde espera rescate todo aquello que siempre estará ahí, comenzando por la sangre, los hermanos, la libertad… y el balón.
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viernes, 11 de septiembre de 2009

Íntimo y personal

Por Cristian Naranjo

Llevo siguiendo al Barcelona desde el 20 de mayo del '92, aunque de Wembley sólo recuerdo el destello de la indumentaria oranje. Tenía 7 años. La televisión quedaba a varios metros de la cama y el sueño me venció. Quizá me desvelara el gol, pero no podría asegurarlo. Tras proclamar al Barça campeón de Europa por vez primera, el Dream Team continuó en pleno apogeo y me enganchó definitivamente en el '94, con el memorable 5-0 al Madrid. Aquel histórico repaso, indeleble para todos por el coletazo de Romario a Alkorta, me inyectó para siempre el fútbol en las venas. O Baixinho era la estética al servicio del gol, y Laudrup la elegancia que le completaba. El deporte rey no ha vuelto a generar un bazooka como el de Koeman, mientras que a Stoichkov siempre lo idolatré por su raza. Guardiola era lento, enclenque y débil, pero jugaba con el kit del delineante: compás, escuadra y cartabón. El actual técnico trazaba la geometría de un equipo gourmet, donde los foráneos marcaban la diferencia. Aquel Barcelona se diluyó por sorpresa en Atenas, y la marcha de Cruyff tuvo tantos defensores como detractores. Fue Sir Bobby Robson, ya en el '96, quien acudió a enyesar aquella fractura social. Núñez no escatimó en gastos y le regaló al jugador más caro de la época. Ronaldo se convirtió bien pronto en el estandarte de aquel fugaz proyecto. El astro sólo disputó una temporada de azulgrana, pero tuvo tiempo de causarme el asombro equivalente a un siglo. Mi abuelo siempre comenta que no había visto nada parecido desde Pelé. Yo rallé la cinta de sus goles y lamenté la pérdida con la nostalgia propia de lo que pudo haber sido. Nunca entendí aquella venta.

Se dice que los clubes están por encima de cualquier jugador. Es cierto que a pesar de todo el Barcelona no se detuvo. Pero quedó huérfano de embrujo. Sin Ronaldo, como escribió Sabina, la vida siguió como siguen las cosas que no tienen mucho sentido. Tras el 'Fenómeno' han triunfado con rotundidad Rivaldo, Figo, Ronaldinho, Eto'o y por supuesto Messi. El salto cualitativo sigue corriendo a cargo de los extranjeros, aunque la cantera ha evolucionado hasta el punto de producir primeros espadas. Iniesta, Xavi e innegablemente Messi tienen hoy en día una categoría reconocida a nivel mundial. La historia reciente demuestra que Barcelona es el ecosistema propicio para incubar a los mejores. No hay duda de que nací en el momento y el lugar idóneos para degustar buenos manjares. Pero no es menos cierto que me perdí a Kubala y a Luis Suárez; a Di Stéfano, Gento, Puskas y Kopa; a Eusebio; a Pelé, a Garrincha y a Zico; a Beckenbauer; a Platini; a Sir Bobby Charlton y a George Best; a Cruyff y a Van Basten. Y también a Maradona. A cambio he disfrutado de una saga de brasileños incomparables, de jugadores de casta y genio a los que realmente he idolatrado, y de una cantera exquisita. Paralelamente, en Madrid también han explotado grandes futbolistas que he seguido con atención. Los primeros años de Raúl fueron deslumbrantes. Roberto Carlos era una especie única. Zidane simplemente bailaba claqué. Sobre aquellos que sentaron cátedra en el pasado, ya sea aquí o en el extranjero, apenas puedo opinar. De la humilde porción de fútbol que he consumido en 15 años, me quedo con el temperamento de Stoichkov, Luis Enrique y Eto'o. Con la pareja de ases que formaban Rivaldo y Figo. También con Ronaldinho. Por supuesto con Guardiola, Xavi, Iniesta y Messi. Pero por encima de todos ellos, con enorme diferencia, siempre estará aquel Ronaldo venido del espacio exterior.

En la actualidad, dejando al Barça de lado, hay otros jugadores jóvenes y/o consagrados que me fascinan. En Italia, Alexandre Pato destaca sobre el resto. Es técnico, rápido, potente y versátil. Le sobra talento para derivar en figura mundial. El estado de su equipo y Dunga ya son harina de otro costal. De Alemania es imposible no señalar a Ribéry, que engrosará la nómina de galácticos en 2010, y al paraguayo Haedo Valdez, que la pasada madrugada le hizo un roto aún mayor a Argentina. De la Premier me quedo con el talento puro de Arshavin y la prematura veteranía de Fàbregas. Con la fantasía de Robinho y la suavidad de Adebayor. Con la velocidad de vértigo de Defoe y la calidad que esconde Modrić. Con la jerarquía de Rooney, la pegada de Valencia y todo lo que apunta Macheda. Y qué decir de la Liga, que este verano ha disipado cualquier duda sobre su estatus: Kaka', Xabi Alonso y Granero son garantía de calidad; Villa, Silva, Banega y Mata, todos juntos, equivalen a mimbres de categoría; Kanouté y Luis Fabiano ya son tiradores clásicos del campeonato; De Marcos en particular y el Athletic en general son mi apuesta personal; Nakamura asegura último pase para el Espanyol, mientras que Ben Sahar tiene buenos detalles. Y en el Atlético, Forlán y Agüero contra el mundo. Nunca dos delanteros tan brutales habían formado parte de un once tan maloliente. Asenjo ha sido un hallazgo, pero la línea defensiva tiene más huecos que un jersey de punto. El centro del campo conduce directamente a la depresión.

Aunque su plantilla no dé para más, Abel Resino pasa por ser el peor entrenador de Primera. Por no hablar de propietario, presidente y secretario técnico, que han vuelto a convertir el club en un polvorín. Con todo y con eso, Forlán y Agüero se bastan para competir. Clasificaron al equipo para la previa de Champions y lo han colocado en la fase de grupos. No se le puede pedir más al mejor dúo atacante de Europa. Tener a Forlán supone un contrato vitalicio con el gol, porque domina por igual el arte del desmarque, el posicionamiento y el remate. Es fuerte, potente, va fenomenal por alto y tiene un revólver en cada bota. Sin embargo mi debilidad es Agüero. Messi, Kaka', Iniesta y Xavi son un lujo para los sentidos. Son jugadores prêt-à-porter. Pero ninguno llama tanto mi atención como lo hace Agüero. El Kun tiene demasiados días grises porque casi nunca se generan huecos para él. Ni en el Atlético ni en la albiceleste. Puede asociarse con Forlán o Messi, pero de nada sirve sin gozar de espacios y un buen pasador. Lo que distingue al Kun es que cuando aparece acostumbra a hacer ruido. Sus conducciones y recortes siempre llevan electricidad y encabezan su repertorio. Son esos enormes recursos técnicos los que le permiten fabricar un pase peligroso o inventarse una maravilla de la nada. Siempre que puedo sigo al Kun con la esperanza de ver en directo alguna de sus gambetas. Desvalijados como están sus equipos no suelo obtener premio. Anoche me llevé otra desilusión con el Paraguay-Argentina. Salió de titular pero nunca conectó con Verón. A la 'Brujita' ya no le alcanza el físico para ser el enganche que pide a gritos la delantera argentina. Si algo caracteriza a Agüero es que jamás se esconde. Es más, suele aparecer en los días señalados. Madrid, Barça y Panathinaikos pueden dar fe. Al sucesor de Romario sólo le falta saltar a un grande para hacer buena la comparación. Del mismo modo que Torres encontró su mejor nivel emigrando a Liverpool, Agüero sólo sacará lo mejor de sí mismo cuando fiche por un equipo exquisito y ganador.

Como no se cansa de repetir el gran Joaquín Caparrós, el fútbol es de los futbolistas. Ellos originan el espectáculo y la pasión por unos colores. Cada club tiene su estandarte y cada país su jugador bandera. El aficionado también siente predilección por unas figuras u otras. El criterio es libre, y la mochila de favoritos ilimitada. Elegir un equipo también es condición sine qua non para el hincha. Todos nos debemos a un escudo. Son múltiples los factores que determinan una decisión que no tiene vuelta a atrás. La ciudad en la que se vive, el entorno donde se crece y la influencia de la familia suelen marcar la identidad del nuevo amante del cuero. El tiempo huye y la vida cambia. Algunos amigos no continúan el viaje. Por contra se incorporan otros. Por el camino también se pierden amores, y hay matrimonios que quiebran. El dinero dibuja parábolas. La salud va empeorando. Junto con la familia, sólo las propias convicciones permanecen. El nexo de unión entre el aficionado y sus colores no tiene fecha de caducidad. Cada cual escoge libremente su escudo y sus emblemas. La oferta es infinita, de modo que el mosaico de culturas está asegurado. Yo me decanté en los 90 por el Barça de Stoichkov. Vi en directo la hecatombe de Atenas. Me decepcioné con el fallo de Salinas y la contra magistral de Baggio. Gocé del Ronaldo original. Me identifiqué con Figo y lo maldije por su traición. Contemplé con asombro la impecable trayectoria de Rivaldo, así como la hechicería de Ronaldinho. Quedé prendado para siempre de Eto'o y en su ausencia no tengo más opción que seguir vibrando con el Barça de Guardiola. Siempre nos quedará el fútbol para mitigar la soledad. Esta ha sido la pequeña historia de una desmedida pasión.
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miércoles, 9 de septiembre de 2009

Brasil se refuerza a costa de Maradona

Un análisis de Cristian Naranjo

Sucede a menudo que los partidos más esperados por el aficionado acaban reducidos a cenizas una vez terminan. La expectación generada no acostumbra a reflejarse en el juego, y el resultado siempre deja damnificados. El triunfo de unos supone el sinsabor de otros, mientras que el empate suele descontentar a ambos. Los espectadores neutrales, que se cuentan por millones en este tipo de choques, también tienen algo que perder: su tiempo. La madrugada del pasado sábado al domingo, según horario peninsular, buena parte del planeta se acomodó frente a un televisor con señal de Rosario. El duelo se presentaba como una cita ineludible: Argentina-Brasil, un nuevo volumen del clásico de clásicos, con la clasificación mundialista en juego. Una albiceleste en apuros frente a una canarinha confiada. Maradona frente a Dunga. Messi contra Kaka'. Y el escenario, el Gigante de Arroyito, literalmente a reventar. En definitiva, todos los alicientes posibles en el campo, en los banquillos y en la grada.

Argentina llegaba al encuentro necesitada de algo más que puntos. Hasta el momento su trayectoria había sido titubeante, ya fuera con Basile o Maradona al mando. La última derrota frente a Ecuador, así como la debacle sufrida en Bolivia, generaron críticas en todas direcciones. La mayoría cayeron sobre Maradona y Messi, las dos cabezas visibles de la selección. Se cuestiona la validez del técnico, mientras que impacienta el escaso rendimiento de la estrella culé. Parece un hecho que Messi no encaja en el sistema del 'Pelusa', y los periodistas argentinos apuntan hacia el propio director técnico. Así las cosas, la albiceleste compareció al partido con sus líderes sitiados y el ambiente enrarecido. La coyuntura exigió a entrenador y jugadores actuar según el procedimiento habitual: aislarse todo lo posible del entorno. La medida quizá funcionó, pero hay filtraciones del exterior que son inevitables. Es una evidencia que el caldo de cultivo no era el idóneo para afrontar 90 minutos a cara de perro.

Por su parte, Brasil se presentaba en una situación diametralmente opuesta. Acudía a la cita como líder, colmada de confianza y sabedora de que podía obtener billete a Sudáfrica en caso de vencer. La pentacampeona ha dominado con mano de hierro la fase de clasificación, donde se ha destacado como la selección más realizadora y menos goleada. Lo cierto es que nadie ha hecho sombra a Brasil desde 2007, cuando se alzó con la Copa América. Fue la primera competición de Dunga como seleccionador. La verdeamarela no carburó durante los primeros partidos, de modo que el técnico recibió tantas críticas como Maradona ahora. En cambio la seleçao se hizo fuerte ante la adversidad. Sacó brillo a sus espadas y escaló hasta la final, donde aguardaba la incontestable favorita: Argentina. El desenlace, 3-0 para Brasil, fue tan contundente como inesperado. El impacto de aquella final explica el actual estado de las cosas. Argentina cayó de forma inapelable pese a tener a los mejores, y la derrota aún sangra. Los tres directos de Brasil sumieron a la albiceleste en una crisis de identidad de la que aún convalece.

La milicia de Dunga no se detuvo ahí. Llegó a la Copa Confederaciones y también la ganó, en un ejercicio de pragmatismo sólo comparable con USA '94 y Corea-Japón 2002. Definitivamente, Brasil se ha reinventado con el paso de los años. La mutación le ha permitido cosechar más triunfos, al tiempo que se ha resentido su lírica. No hay lugar para la nostalgia. Se llevan los repliegues, los trivotes, los balones colgados y, cómo no, los socorridos contraataques. No ha quedado ni rastro de Zico, Sócrates, Falcão, Junior y compañía, aquellos que maravillaron en España '82. Pero que no vencieron. Salta a la vista que la Confederación Brasileña prioriza el resultado por encima del estilo. No en vano prefiere apostar por tipos como Scolari ─cuyo ideario tiene algo rescatable─ o Dunga, en una nueva vuelta de tuerca. La elección parece tan segura como comprar un melón garantizado. El objetivo es ganar a cualquier precio, y entrenadores de esa calaña tienen el secreto. Conscientes del potencial que por generación natural siempre tendrán arriba, su fórmula se basa en blindar la propia portería y esperar buenas nuevas. Antes eran Rivaldo, Ronaldinho y Ronaldo. Ahora son Kaka', Robinho y Luis Fabiano. Cambian los nombres; permanece el estilo. Poco juego y mucho gol. Pura praxis, sin noticias del jogo bonito.

Finalmente, el clásico respondió a la lógica. Maradona hizo la convocatoria a su modo. Recurrió a un estadio pequeño para intimidar. Cargó toda la presión sobre Messi. Proyectó un vídeo de motivación. Y finalmente dispuso un once de postguerra, con los centrales de Vélez, los laterales del Medievo, el centro del campo comandado por Mascherano y por un Verón de Serie B, y una delantera donde se echó a suertes el compañero de Messi. En su fijación por presentar un dibujo simétrico, Maradona dejó las bandas a cargo de Maxi Rodríguez y Dátolo, que salvo noticia no inventaron el oficio de extremo. Con todo, la improvisación era de enormes proporciones. El vídeo no funcionó, la pizarra más bien no existió, y la albiceleste saltó al campo hecha un manojo de nervios. Tuvo más el balón porque a Brasil le convino, pero Verón no conectó jamás con Messi y Tévez.

En realidad, el partido estaba visto para sentencia desde que Maradona dio a conocer los convocados. Ausencias como las de Zabaleta, Garay, Banega o Higuaín son francamente denunciables. También es digna de llevar a juicio la sustitución de Riquelme por el prejubilado Verón. Pablo Aimar, Ariel Ibagaza y por supuesto Ever Banega serían opositores más capacitados. La no convocatoria de un extremo serio como Di María en beneficio de un jugador plano como Dátolo ─golazo a parte─ tampoco es comprensible más allá del reducido campo de visión de Maradona. Además de los alistamientos, las alineaciones de Maradona también atentan contra el buen gusto. A nadie escapa que 'Nico' Pareja y Coloccini deberían ocupar el eje de la zaga, que el 'Kun' ha de ser un fijo en ataque, y que las bandas son un desperdicio si las regentan Maxi y Dátolo. El anacrónico 4-4-2 de Maradona, donde la movilidad brilla por su ausencia, no conduce más que al naufragio. Sólo un improbable cambio hacia algo similar al 4-3-3, con Messi gozando de un ecosistema más propicio, corregiría el rumbo de Argentina de cara a sus definitivos duelos.

La balanza del clásico la decantó Maradona porque además de ser inepto no tiene ningún plan de acción. Dunga tiene ideas prehistóricas, pero es consecuente con ellas. Sabe cómo hacer fuego con dos piedras, y volvió a constatarlo en territorio enemigo. Los mecanismos que ha introducido compensan el escaso atractivo del esquema. Es cierto que utiliza un trivote de poca elaboración, pero los tres hombres tienen una función perfectamente definida. Gilberto Silva es el ancla del equipo. Barre su zona y no complica la entrega. Su concurso es vital para mantener la firmeza del esqueleto. Felipe Melo es el jugador equilibrado y completo por excelencia. Tiene llegada, disparo y remate aéreo, además de abarcar grandes espacios y asegurar trabajo. Elano es el más fino del trío. Goza de una derecha depurada que le asegura distribución y peligro a balón parado. Como Gilberto y Melo, tampoco rehúye las obligaciones defensivas. La gran ventaja de jugar con tres unidades en el medio es la importancia que adquieren los laterales. André Santos y sobre todo Maicon tienen libertad para surcar su banda con asiduidad porque en su ausencia son los volantes los que cubren el hueco. En cuanto a los centrales, Lucio y Luisão forman una de las mejores parejas de la actualidad. Por arriba, son torres en defensa y catapultas en ataque, además de tener criterio con el balón. Es conocida la capacidad de Lucio de superar líneas de presión con sus decididas conducciones. Y delante, toda la fantasía aglutinada. Kaka' en la mediapunta trazando líneas maestras. Robinho sobrevolando el área en busca de inspiración. Y en punta Luis Fabiano, un goleador de amplio repertorio.

A pesar de que su equipo se asemeja cada vez más a un yunque, Dunga también comete atentados. Alves no debería ser incompatible con Maicon en el once titular. Jugadores de la talla de Alexandre Pato, Diego y Hulk no pueden sobrar nunca en la seleçao. Otros, como Amauri, Anderson, Bastos o Ederson también merecen toda la atención. El caso es que el Brasil actual no levanta pasiones pero es tan fiable como las viejas costumbres. Su juego es un pestiño porque no tiene hilo conductor. Funciona a ráfagas, al ritmo descompasado del propio Kaka'. Su centro del campo no goza de grandes atractivos y sus puntas tampoco deslumbran pese a su categoría. Sin embargo Dunga ha construido una estructura de sólidos cimientos. Ha rastreado la oferta de compatriotas en busca del gen competitivo y a la vista está que lo ha encontrado. Este equipo ganó la Copa América, la Confederaciones y aspira al Mundial 2010. Según lo demostrado, el resto de candidatos deben ponerse a la cola. Incluida España. La pentacampeona quiere más. En Rosario dio un nuevo aviso de su ambición. El manual de Dunga es feo, rudimentario y limitado, pero los resultados lo avalan. Frente a Argentina, la canarinha volvió a mostrarse infalible. Primero apeló al oficio y encontró oro en dos tiros libres. Después ahogó la reacción argentina con una contra bella y letal que finiquitó el partido. Brasil no necesitó más. Maradona le allanó el camino a Dunga. Messi no tocó más de diez balones, y Argentina no existió. Se derrumbó con las decisiones de su entrenador. En conjunto, el partido fue una farsa, un engaño al espectador y una inútil pérdida de horas de sueño. Urge la vuelta de Liga y Champions, con el tricampeón poniendo a prueba su escasa plantilla y Florentino controlando cómo crece su parque de atracciones.

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viernes, 29 de mayo de 2009

La madeja rojiblanca

Por Cristian Naranjo

Tras conseguir un doblete histórico la temporada 95-96, el Atlético no ha vuelto a ser el mismo. Se ha consumido en su propio éxito. Con un continuo divorcio entre afición y directiva y construyendo año tras año proyectos deportivos a base de dar palos de ciego, el equipo rojiblanco ha fracasado de forma continua. Con independencia de quién sea su presidente, su entrenador o sus jugadores, la entidad nunca ha encontrado la calma. Tampoco los cientos de millones de euros invertidos han solucionado nada. De hecho, descendió al infierno de Segunda con jugadores como Kiko, Baraja, Hasselbaink y Valerón.

Es el Atlético un equipo propenso a la autodestrucción. Tiene graves complejos de hermano menor y no acierta a encontrar un modelo a seguir. Las caras visibles de la entidad han ido pasando con más o menos gloria, pero sin darle un vuelco al timón. Ni Torres, ni Forlán, ni Agüero han sido suficientes para corresponder a una afición siempre entregada. Este año, los 'indios' contaban con una plantilla aseada a priori, pero apestosa en realidad, con una defensa vulnerable y un centro del campo donde el encargado de llevar el juego ha sido por segundo año consecutivo Raúl García. Qué mal olor. Así las cosas, unas buenas bandas y una delantera sobresaliente no han servido para optar ni por asomo al título, por más que Abel Resino esté a punto de sellar el pasaporte para la 'Champions'.

Ever Banega ha sido la imagen de la incoherencia. Aguirre y Abel prefirieron a Assunçao antes que al gran talento del argentino. Una absoluta vergüenza. Con la Liga a punto de echar el cierre, ya se conocen algunos fichajes para la temporada próxima. Sergio Asenjo, un portero prometedor, y Juanito, central internacional, no parecen grandes nombres para competir con Barça y Madrid, cuyas hojas de ruta están más claras.

Mientras el Atlético no alcance la paz social y trace las líneas maestras a seguir repetirá naufragio. Se necesita una idea con urgencia que no sea el sufrimiento. No tiene que ser propia, sino que puede ser plagiada con total descaro. Camachos y Agüeros no suena del todo mal. Cualquier cosa con tal de insertar miel en el paladar de una afición sobresaliente, ilusionada con deshacer algún día la madeja rojiblanca.

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