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jueves, 17 de septiembre de 2009

No todos los días son Iniesta

Una crónica de Cristian Naranjo

Ni vencedores ni vencidos. Indiscutibles tablas en San Siro. No todos los días son Iniesta. Como suele suceder cuando se espera mucho de algo, sea lo que sea, a la postre acaba defraudando. Inter y Barça empataron justamente en un partido donde se les fundieron los plomos en tres cuartos. Fue una grata sorpresa el planteamiento inicial de Mourinho, que no contradijo la naturaleza de sus jugadores. Finalmente apostó por Muntari en lugar de Stanković, y aún así el Inter le discutió el cuero al reputado campeón. Al menos durante el primer tiempo, los neroazzurri no despreciaron la posesión. Y a pesar de su desventaja en el porcentaje final ─37-63%─, los datos revelan que el Inter no mereció menos que el Barcelona. Inició más ataques ─112 por 103─, remató lo mismo a puerta ─3 veces─ y exigió más a Valdés ─12 intervenciones a 7─. Sólo los disparos desviados ─5-11─, así como la sensación de monopolio de la segunda parte ponen en duda la estadística global. El conjunto de Guardiola halló la continuidad tras el descanso, cuando el técnico corrigió los desajustes sobre la marcha. El esférico se puso entonces a la entera disposición del Barcelona. Xavi encabezó una revolución tan loable como estéril: sólo el Inter calibró a Valdés. De hecho el equipo culé no volvió a crear auténtico peligro desde el octavo minuto, momento en el que el choque deliraba. Es cuanto menos significativo. Por idéntica anomalía se vio fuera en Stamford Bridge, pasó serios apuros en Mónaco y volvió a tener problemas en Getafe. Anoche confirmó los peores augurios. Parafraseando a García Márquez, enfrentar al Barça ya no es crónica de una muerte anunciada. Por más que Guardiola se anticipe a las dificultades fichando a defensas que ataquen y delanteros que asistan, el único éxito que asegura es el de la campaña Som Un, de Nike.

Es evidente que el Barcelona ha perdido duende tras las vacaciones. Se lesionó Iniesta y el elegido para suplirle es Keita en lugar de Busquets. Se prescindió de Eto'o, mientras que Ibrahimović y Chygrynskyy fueron las principales incorporaciones. El central ha mostrado detalles de interés, pero no puede competir en Europa. El sueco tampoco ha tardado en enseñar la amplitud de su gran angular. Tiene la visión de un mediapunta y su fútbol abre nuevas compuertas en ataque. Pero también cierra otras, quizá las principales. Anoche tuvo la ocasión más franca del partido en el minuto 7. Amortiguó un balón magistralmente con el pecho, y en boca de gol lo mandó a la grada. Así es Ibrahimović, un futbolista de contrastes. Sea ansiedad o simple desacierto, la ineficacia del nueve titular es una lacra para cualquier equipo. Concretamente, con ese fallo se diluyó todo el picante del Barcelona, que gozó casi siempre de una superioridad ficticia. Eran los despliegues del Inter, puntuales y decididos, los que olían a plomo. Diego Milito fue una amenaza constante, y todas las arrancadas de Eto'o las hubiera firmado el caballo de Atila. Júlio César tuvo menos trabajo que Valdés, cuyo concurso fue crucial. El de Hospitalet, que ha desechado el rechace como recurso, sigue acreditando su categoría ante la ceguera de Del Bosque.

El punto conseguido tampoco hubiera sido posible sin Puyol, y especialmente sin Piqué. Los centrales catalanes se vaciaron para sujetar al dueto africano-argentino, constatando que la merma de nivel no pasa por su zona. No menos brillante estuvo la línea defensiva del Inter, comandada por Lucio y Chivu, dos zagueros infranqueables. Maicon y Alves apenas tuvieron pista libre, pero son dos machetes sobrenaturales. Espeso y falto de inspiración, el Barça se encomendó a una aventura individual. Empresa difícil para un once que vive del colectivo. Ibrahimović no volvió a desatarse de los centrales. Henry, motivado, no probó suficiente a Maicon. Le sustituyó Iniesta, que no tuvo tiempo de engrasar. De modo que Messi, el último de los carasucias ─así se conoce en Rosario a los futbolistas de potrero─, era el tercero en discordia. Libre de ataduras por detrás del punta cíngaro, el argentino arrancó una veintena de veces. La intensidad de Chivu y Lucio le dificultó la existencia tanto como su renuncia a ocupar la banda. El entendimiento con Ibrahimović aún tardará en consolidarse, y de momento se taponan a menudo. En conjunto, la sensación final que dejó el choque es que el Inter, pese a estar en plena reforma, ofreció lo mejor de sí. No regaló el balón en la primera parte y sí dio un paso atrás en la segunda, pero sin soltar nunca la guadaña. Por el contrario, el Barcelona estuvo lejos de su máximo nivel. El regreso de Iniesta y Márquez alimenta las opciones de Guardiola, que no obstante tiene muchos deberes en el frente de ataque.

El empate en San Siro es un saldo valioso para afrontar la fase de grupos, con lo que el equipo azulgrana continúa sin ningún borrón. El tricampeón crecerá necesariamente. Será candidato a todo, aunque su plantilla no desprende la fiabilidad deseada. En verano, el Barça vertió la gran ocasión de blindarse con algún otro jugador de peso. A la espera de Fàbregas, un delantero de banda como Arshavin y un pivote como Poulsen hubieran bastado. Beguiristain prefiere apostar por plebeyos como Henrique y Keirrison, mientras que Guardiola propició un negocio ruinoso a fin y efecto de desprenderse de Eto'o. El entrenador también priorizó el fichaje de un central pese a poder elegir entre Muniesa y Fontàs. Con todo, el Barcelona sigue siendo un equipo serio pero no invulnerable. Hay informaciones que dan respuesta a la obsesión por desterrar a Eto'o. Las publicaciones aseveran que la convivencia entre el camerunés y Henry era insostenible debido a su egocentrismo. Tanto es así que la pretensión de Guardiola era desprenderse de los dos. Sólo ante la dificultad de adquirir un extremo, el técnico aceptó al francés. A tenor de la información, es sangrante la permanencia de Henry, que jamás se acercó a su rendimiento en Londres, que pasa de la treintena y que no deja de ser un punta reconvertido, en detrimento de Eto'o: más joven, más fiable y más goleador. Analizado en global, el balance del mercado de verano es desalentador y peligroso. La plantilla es más corta y los fichajes están en cuarentena. No admite debate que el Barcelona ha desperdiciado la opción de alargar su hegemonía. El estado de las cosas ha cambiado. En este curso, cada compromiso será una dura prueba para una plantilla que no puede ir a más. Acaparar el cuero y triangular no será suficiente. Bien pronto se hará necesaria la máxima eficacia. Tanto en Liga como en Europa, no todos los días son Iniesta.
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miércoles, 16 de septiembre de 2009

Muñecas rusas en San Siro

Una previa de Cristian Naranjo

Los enfrentamientos de primer nivel no requieren excesiva presentación. Es el caso de un inmejorable pulso de campeones entre Inter de Milán y Barcelona, en el que todos los protagonistas implicados le son familiares al gran público. El choque de esta noche es lo más parecido a una muñeca rusa, en tanto que su interior alberga multitud de duelos individuales. El cara a cara que concita más expectación es sin duda el que medirá a los mejores nueves del continente, aunque ni por asomo será el único. Con el inesperado trueque Ibrahimović-Eto'o, Inter y Barça permutaron literalmente sus respectivas suertes. Es por eso que, generada en los medios, no extraña la premura por concluir quién sale vencedor y quién vencido del intercambio. Finalmente, periodistas y aficionados empatan en cuanto al ansia por recibir respuestas. Y sin embargo, lo que distingue a estos partidos es la total incertidumbre al respecto de su desenlace. Predecir el ganador de la hipotética escaramuza entre arietes es poco menos que imposible. Aún así se hace inevitable el augurio.

Caracterizado por la estridencia de su carácter, Ibrahimović regresa a un estadio que conoce bien. No es previsible que le afecte la presión. Tampoco a Eto'o. El delantero africano juega en casa y las citas de máxima exigencia no tienen secreto para él. A priori no hay apuesta más segura que los goles del camerunés. Sus números cantan. En Mallorca es poco menos que una leyenda merced a la histórica conquista de la Copa del Rey. Con el Barcelona logró cinco títulos mayores en sendos cursos, alcanzando cifras desorbitadas ─32 tantos de media─ siempre que no estuvo lesionado. De hecho, las dos temporadas de sequía azulgrana coincidieron con su mal estado. Los datos no acaban ahí. Disputó dos finales de la Liga de Campeones. Ganó ambas. Sólo sus goles lo hicieron posible. Más que estadística, es historia. Se trata del bagaje de un delantero demoledor. Es el currículo de Samuel Eto'o Fils, el portador del mazo más contundente de Europa. Por lo que se refiere a Ibrahimović, nada que objetar a su condición de Capocannoniere ni al resto de sus títulos personales y colectivos, donde destacan tres Scudettos consecutivos. Triunfar en la Lega Calcio entraña una dificultad añadida con respecto al resto de ligas europeas. Los planteamientos avaros, profundamente arraigados en Italia, complican la supervivencia de los atacantes más técnicos, mientras que privilegian a los arietes acorazados. De modo que los éxitos de Ibrahimović se explican por sí solos. Es un futbolista salvaje, al que sólo un club como el Barcelona podía darle el impulso que demandaba su clase. Es innegable el atractivo de un careo entre dos puntas tan opuestos y sin embargo tan calcados de temperamento.

Otra de confrontaciones con más contraste reside en los banquillos. Mourinho y Guardiola son viejos amigos. Allá por finales de los 90 compartieron vestuario. El portugués, tras ejercer de intérprete de Robson, se convirtió en entrenador en ciernes de la mano de Van Gaal. Guardiola todavía ejercía de capitán en su penúltima temporada de azulgrana. A buen seguro el técnico del Barça absorbió conocimientos de 'Mou' con la facilidad de una esponja. El camino inverso también alcanza la evidencia. Guardiola ha marcado tendencia al confirmar que es más probable ganar jugando bien. No son pocos los entrenadores que se han aplicado el concepto. Es explícito que uno de ellos es Mourinho, que no esconde su aspiración a cambiar de estilo. Sin ir más lejos esta noche va a reunir en el centro de la cancha a sus centrocampistas más finos: Motta, Stanković, Zanetti y Sneijder. No deja de ser significativo, más allá de que en esta ocasión el Inter asuma el papel de secundario. El equipo neroazzurro dispondrá dos líneas de cuatro por detrás del balón. El objetivo será neutralizar a Xavi justo cuando cruce el centro del rectángulo. A partir de ahí, la solución es un libro abierto: balones al pura sangre. El Barcelona también va a depender de las individualidades. Más que un partido de fútbol, esta noche dará lugar a una gala de estrellas. Messi está obligado a reventar la cintura de Chivu o Santon, y la cita exige la explosión de Ibrahimović. Con todo y con eso la clave del encuentro estará en la media. Si Xavi consigue abrir su cajón de sastre el equipo de Guardiola tendrá mucho ganado. Para finalizar, será delicioso cotejar a Lucio con Piqué y a Maicon con Alves. Lo más granado del fútbol mundial se da cita en San Siro.
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