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miércoles, 9 de diciembre de 2009

Por amor

Por Cristian Naranjo

Sábado tarde. Mientras ahí fuera arrecia el frío de esperar lo extraordinario, la mejor compañía sigue siendo Lady Fútbol. En Italia, un Milan al alza aprovechó la visita de la Samp para barrer la casa sin quitarse las pantuflas, en un nuevo ejercicio de prodigiosa lentitud similar al que llevara a cabo en Chamartín. Más tarde, Juve e Inter ahondaron en la idea de cómo jugar de perlas al calcio y de pena al fútbol sin sonrojo ni complejo alguno, lo cual no hace sino acentuar la decadencia de la Lega. En la Premier, alguien se atrevió por fin con el Chelsea de Ancelotti, el equipo más empedrado, zafio y cínico del continente. Por una vez encontró premio a tanto derroche el antihéroe Tévez, y con su gol se apretó la tabla en beneficio del United, que cada jornada se muestra más acorazado con Rooney como eje de rotación. Se fueron los goles de Cristiano, pero a cambio Sir Alex ha dotado al equipo de un carácter más homogéneo y gremial.

Y por lo que a nuestro fútbol respecta, a estas alturas el Madrid ya debe saber que sin un modelo tampoco arribará muy lejos en 2010 por más rupias que invierta el hombre del maletín. A pocos días de presentarse en Mestalla el conjunto blanco es todo un enigma: ha crecido en confianza tras recuperar a su estrella, pero acumula tantas derrotas como rivales con cuajo ha enfrentado. Cayó con justicia en Sevilla, fue narcotizado por el Milán y no aprovechó la opción de puntuar en el Camp Nou. Todo ello sin obviar la lección de juego impartida por los pupilos de Anquela en Copa del Rey, un torneo maldito para el club de Concha Espina desde el '93. Anoche los de Pellegrini cerraron el grupo de Champions con un triunfo algo ambiguo en el Vélodrome, puesto que las costuras del once son tan visibles como el imponente trapecio de Cristiano Ronaldo. Quien quiera que diseñe los esquemas del Madrid está tardando demasiado en percibir que la disfunción se encuentra en el medio terreno, y que sólo la inclusión de un contrafuerte por detrás de Lass y Alonso podría paliar el problema. Apestado Gago, el Diarra malí no se antoja como una mala opción. Pero, chi lo sa, es tan azarosa la rueca del fútbol que Guti y Granero han dimitido en favor de Van der Vaart. Por suerte para el aficionado no todo son malas noticias: Benzema ha abdicado antes de tomar posesión y su trono por fin pertenece a Higuaín, un delantero menos mundano y pomposo, de mayor raza y hemoglobina.

Por su parte, el perfumado Barcelona de Guardiola ha entrado de nuevo en la otra dimensión, pues parece haber entendido que no basta con disecar el balón, sino que más bien se trata de hacer llover. Y pese a que la banda izquierda siga huérfana de simetría y artificio por el ocaso de Henry, cuando hubo de tronar, tronó. Merced al fuego de un dragón rojo y el veneno de una culebra mortal, el Barça ha regresado al futuro. Puede que con Ibrahimović y Messi rayando lo celestial, secundados por el entusiasmo de Pedrito y la ambivalencia de Iniesta, sea suficiente para opositar a la reválida doméstica y europea, pero esa banda zurda anhela querubines de mejillas pigmentadas o algún indio de tren inferior compacto y centro de gravedad bajo. Con la potencia incontrolable de Pato, Arshavin o Agüero, el Barça convertiría por vez primera el deporte rey en ciencia exacta. Saldría campeón de cuanto quisiera sin margen de error. Pero sucede que ni el fútbol ni la existencia viven de quimeras. Mientras no se filtre un golpe de suerte en mitad de la ventisca, mientras no caigan del cielo las rosas y el tiempo apenas se merezca el beneficio de la duda, la única opción es volver a los barracones de uno mismo. Al origen. Al amor por las cosas. A ese desván donde espera rescate todo aquello que siempre estará ahí, comenzando por la sangre, los hermanos, la libertad… y el balón.
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jueves, 22 de octubre de 2009

Fiesta en el geriátrico

Por Cristian Naranjo

Ya desde el inicio de las clases se viene cuestionando al Madrid por su juego discontinuo y áspero, más cercano a la lija que a la seda. No son críticas gratuitas pero tampoco endógenas: responden al síndrome del triplete azulgrana. Es la famosa teoría de los vasos comunicantes, según la cual el estado moral de unos depende directamente de los otros. En este caso, son mayoría los observadores que atribuyen el derroche de Florentino a la gran temporada culé. Dejando de lado la causa, la consecuencia es que el Madrid ha renovado su cuadriga. De los 250 millones gastados, más de la mitad sufragaron dos corceles incontenibles; un Cavallino Rampante y un Pegaso. A saber: Cristiano Ronaldo y Kaka'. El portugués asegura una lluvia de goles, en tanto que el brasileño se caracteriza por una inteligencia y elegancia que remiten a Julian Ross. Salvo que a él no le duele el corazón. Futbolistas ambos indiscutibles, superlativos, de talla mundial, cuya ausencia acusaría cualquier formación. El Madrid ha perdido al más determinante cara a puerta y lo está sufriendo en los lances de altura, como ocurrió en Sevilla y esta noche frente al Milán. Sobre el césped, a priori, sí estaba el escolapio Kaka', ilusionado por el careo ante sus ex compañeros. En la práctica, sólo la alineación dio fe de su concurso. No existió, y comienza a imponerse la sensación que el media punta se esfuma en noches exigentes. A la pobre actuación del evangelista se unió Benzema, todo un especialista en desapariciones, así como Granero, que de capitán ha pasado a grumete. Tampoco funcionó el doble pivote, donde sigue sin adivinarse qué tarea tiene asignada cada uno. Es una realidad: hoy por hoy Xabi Alonso y Lassana Diarra, más que mezclar, se cortan.

Si el equipo de Pellegrini llegaba al clásico europeo inmerso en dudas y rodeado de críticas, el de Leonardo ─qué nombre más renacentista y bello, ¿no es cierto?─ se presentaba con graves heridas de bala. En plena caída libre desde que levantara su séptima Liga de Campeones, presidido por un demente que ha limpiado las arcas, estructurado en base a futbolistas neolíticos como Kaladze, Seedorf e Inzaghi y huérfano de Kaka', el Milan es hoy un sucio borrón de su leyenda. No hay forma de explicar cómo un gigante de Europa ha podido dejarse llevar así, exprimiendo una generación obsoleta desde incluso antes de aquella final de 2007 en Atenas. Deportivamente fue un suicidio acudir al desguace a por Ronaldo y Ronaldinho, incapaces ambos de mover su cuerpo de mamut. Y no es otra que la afición rossonera la que sufre las consecuencias de la corrupción de sus dirigentes, a los que no es necesario nombrar. Por todo ello llegaba el Milan herido de muerte y el Madrid, rompiendo apuestas, no lo remató. En el último lustro no había tenido el equipo blanco un partido en Europa más propicio para exhibir su bestial pegada. Ante un once deslavazado y hecho jirones, formado por ancianos del deporte, los de Pellegrini volvieron a colmar de razones a los escépticos.

Tras cinco años sin pasar de octavos a nivel continental los merengues habían perdido su temible aura. De la mano de Florentino, inédita y salvaje inversión mediante, todo parecía haber cambiado en Chamartín. Por chamba, todo menos Raúl, el único superviviente del naufragio. Ausente Cristiano Ronaldo y desdibujado Kaka', el Madrid se conjuró una vez más entorno al añejo pescador, que rodeado de sangre fresca aún puede permitirse brillar. Como recitaría Manolo García en relación a aquélla mujer madura, pese a ser uva de la vieja parra Raúl está bendecido por un dios: el de los años bien llevados. Larga vida al eterno capitán, que abrió el marcador de nuevo a su manera, recogiendo las conservas del área como haría Carpanta. Fue Dida quien le cedió los calamares. Quizá le supo mal la segada de Zambrotta a Benzema. A partir de ahí, lo sucedido fue más abstracto que un film de Lars von Trier. No tiene justificación alguna que el Madrid haga una fiesta en el geriátrico, regalándole el campo y el cuero a un grupo de jugadores vetustos, prejubilados, carentes de todo físico. El once blanco ninguneó al Milán, le permitió desplegarse a ritmo de caracol, ganar la zona de tres cuartos y maniobrar sin lastre en la frontal, donde Pirlo, Seedorf y Ronaldinho aún pueden resultar mortales. El italiano empató el marcador ya en la segunda parte, con un respingo precioso que sorprendió a un Casillas contagiado de tanta mediocridad. Acto seguido llegó el segundo en plena revolución senil, merced a un envío a la espalda de Pepe y Albiol que Casillas salió a abortar en falso, abriéndole paso a Pato para que definiera a placer. El tanto, que se antoja sencillo, va precedido de un asombroso quiebro al guardameta con el tronco. El joven brasileño es un escándalo.

Corría el 66' y al Madrid le tocaba recurrir a la épica, esa que tantas veces le salvó el culo a última hora. Entró Drenthe por Granero y activó la batidora. Gracias al holandés el conjunto blanco ganó revoluciones como para exigir a Dida, cuyos guantes tenían restos del desayuno. En el 76', tras una carga de ocasiones y por una cuestión de justicia, Drenthe empató el choque con un zurdazo seco adonde les duele a los porteros. El pase, del más listo del recreo. Siempre 'Tom Cruise'. 2-2 y una minutada por delante. Viento de cara para el Madrid, obligado a cerrar el choque ante un rival que iba en pantuflas por el Bernabéu. No fue así. Un minuto después del empate, Ronaldinho se calzó las botas por primera vez, dejó de rueda a Pepe y su centro terminó a pies de Seedorf, que lo enganchó a bote pronto mandándolo arriba. No fue sino el trailer de lo que estaba por venir. En el 85' Pato exigió lo mejor de Casillas. En el 86', fruto de un córner limpio, llegó el 2-3. El árbitro lo anuló por decoro. Ni así, aprovechando el juego del mentiroso, pudo el Madrid adelantarse en la recta final. De nuevo fueron los saurios los que pusieron cerco al marco contrario, avanzando a paso lento pero a campo abierto, sin oposición alguna. En mitad del ida y vuelta, la zurda de Seedorf alcanzó la media luna y dirigió el balón con plumas de ganso a Alexandre Rodrigues da Silva, 'Pato', que rubricó su exhibición con un remate en suspensión, al primer toque y acolchado de interior. Gol de figura mundial en el mejor escenario posible. No debería tardar mucho el brasileño en migrar de Milán.

Finalmente 2-3 en el Bernabéu en una velada tan fría como la de anoche en el Camp Nou. Si por algo destaca la Liga de Campeones es por ser caprichosa. Depara trampas en lugares inesperados y no concede indultos: quien perdona, lo paga. Los dos grandes ya están apercibidos. Sobre todo el Barcelona, obligado a ganar en Rusia y después ante un Inter que ya prepara el abrigo de borrego. De no ser así deberá ir a Kiev a batirse el cobre de los octavos. Hipotecarse en Europa supone un interés muy elevado, en ocasiones insalvable, como le ocurre a un Atlético para quien lo trágico siempre ha sido magnético. Sólo el Sevilla se mantiene en pie, heráldico, con nueve puntos y goleando fuera de casa. El equipo de Jiménez desprende aromas de jazmín de España, el más oloroso y radiante de su especie.
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viernes, 11 de septiembre de 2009

Íntimo y personal

Por Cristian Naranjo

Llevo siguiendo al Barcelona desde el 20 de mayo del '92, aunque de Wembley sólo recuerdo el destello de la indumentaria oranje. Tenía 7 años. La televisión quedaba a varios metros de la cama y el sueño me venció. Quizá me desvelara el gol, pero no podría asegurarlo. Tras proclamar al Barça campeón de Europa por vez primera, el Dream Team continuó en pleno apogeo y me enganchó definitivamente en el '94, con el memorable 5-0 al Madrid. Aquel histórico repaso, indeleble para todos por el coletazo de Romario a Alkorta, me inyectó para siempre el fútbol en las venas. O Baixinho era la estética al servicio del gol, y Laudrup la elegancia que le completaba. El deporte rey no ha vuelto a generar un bazooka como el de Koeman, mientras que a Stoichkov siempre lo idolatré por su raza. Guardiola era lento, enclenque y débil, pero jugaba con el kit del delineante: compás, escuadra y cartabón. El actual técnico trazaba la geometría de un equipo gourmet, donde los foráneos marcaban la diferencia. Aquel Barcelona se diluyó por sorpresa en Atenas, y la marcha de Cruyff tuvo tantos defensores como detractores. Fue Sir Bobby Robson, ya en el '96, quien acudió a enyesar aquella fractura social. Núñez no escatimó en gastos y le regaló al jugador más caro de la época. Ronaldo se convirtió bien pronto en el estandarte de aquel fugaz proyecto. El astro sólo disputó una temporada de azulgrana, pero tuvo tiempo de causarme el asombro equivalente a un siglo. Mi abuelo siempre comenta que no había visto nada parecido desde Pelé. Yo rallé la cinta de sus goles y lamenté la pérdida con la nostalgia propia de lo que pudo haber sido. Nunca entendí aquella venta.

Se dice que los clubes están por encima de cualquier jugador. Es cierto que a pesar de todo el Barcelona no se detuvo. Pero quedó huérfano de embrujo. Sin Ronaldo, como escribió Sabina, la vida siguió como siguen las cosas que no tienen mucho sentido. Tras el 'Fenómeno' han triunfado con rotundidad Rivaldo, Figo, Ronaldinho, Eto'o y por supuesto Messi. El salto cualitativo sigue corriendo a cargo de los extranjeros, aunque la cantera ha evolucionado hasta el punto de producir primeros espadas. Iniesta, Xavi e innegablemente Messi tienen hoy en día una categoría reconocida a nivel mundial. La historia reciente demuestra que Barcelona es el ecosistema propicio para incubar a los mejores. No hay duda de que nací en el momento y el lugar idóneos para degustar buenos manjares. Pero no es menos cierto que me perdí a Kubala y a Luis Suárez; a Di Stéfano, Gento, Puskas y Kopa; a Eusebio; a Pelé, a Garrincha y a Zico; a Beckenbauer; a Platini; a Sir Bobby Charlton y a George Best; a Cruyff y a Van Basten. Y también a Maradona. A cambio he disfrutado de una saga de brasileños incomparables, de jugadores de casta y genio a los que realmente he idolatrado, y de una cantera exquisita. Paralelamente, en Madrid también han explotado grandes futbolistas que he seguido con atención. Los primeros años de Raúl fueron deslumbrantes. Roberto Carlos era una especie única. Zidane simplemente bailaba claqué. Sobre aquellos que sentaron cátedra en el pasado, ya sea aquí o en el extranjero, apenas puedo opinar. De la humilde porción de fútbol que he consumido en 15 años, me quedo con el temperamento de Stoichkov, Luis Enrique y Eto'o. Con la pareja de ases que formaban Rivaldo y Figo. También con Ronaldinho. Por supuesto con Guardiola, Xavi, Iniesta y Messi. Pero por encima de todos ellos, con enorme diferencia, siempre estará aquel Ronaldo venido del espacio exterior.

En la actualidad, dejando al Barça de lado, hay otros jugadores jóvenes y/o consagrados que me fascinan. En Italia, Alexandre Pato destaca sobre el resto. Es técnico, rápido, potente y versátil. Le sobra talento para derivar en figura mundial. El estado de su equipo y Dunga ya son harina de otro costal. De Alemania es imposible no señalar a Ribéry, que engrosará la nómina de galácticos en 2010, y al paraguayo Haedo Valdez, que la pasada madrugada le hizo un roto aún mayor a Argentina. De la Premier me quedo con el talento puro de Arshavin y la prematura veteranía de Fàbregas. Con la fantasía de Robinho y la suavidad de Adebayor. Con la velocidad de vértigo de Defoe y la calidad que esconde Modrić. Con la jerarquía de Rooney, la pegada de Valencia y todo lo que apunta Macheda. Y qué decir de la Liga, que este verano ha disipado cualquier duda sobre su estatus: Kaka', Xabi Alonso y Granero son garantía de calidad; Villa, Silva, Banega y Mata, todos juntos, equivalen a mimbres de categoría; Kanouté y Luis Fabiano ya son tiradores clásicos del campeonato; De Marcos en particular y el Athletic en general son mi apuesta personal; Nakamura asegura último pase para el Espanyol, mientras que Ben Sahar tiene buenos detalles. Y en el Atlético, Forlán y Agüero contra el mundo. Nunca dos delanteros tan brutales habían formado parte de un once tan maloliente. Asenjo ha sido un hallazgo, pero la línea defensiva tiene más huecos que un jersey de punto. El centro del campo conduce directamente a la depresión.

Aunque su plantilla no dé para más, Abel Resino pasa por ser el peor entrenador de Primera. Por no hablar de propietario, presidente y secretario técnico, que han vuelto a convertir el club en un polvorín. Con todo y con eso, Forlán y Agüero se bastan para competir. Clasificaron al equipo para la previa de Champions y lo han colocado en la fase de grupos. No se le puede pedir más al mejor dúo atacante de Europa. Tener a Forlán supone un contrato vitalicio con el gol, porque domina por igual el arte del desmarque, el posicionamiento y el remate. Es fuerte, potente, va fenomenal por alto y tiene un revólver en cada bota. Sin embargo mi debilidad es Agüero. Messi, Kaka', Iniesta y Xavi son un lujo para los sentidos. Son jugadores prêt-à-porter. Pero ninguno llama tanto mi atención como lo hace Agüero. El Kun tiene demasiados días grises porque casi nunca se generan huecos para él. Ni en el Atlético ni en la albiceleste. Puede asociarse con Forlán o Messi, pero de nada sirve sin gozar de espacios y un buen pasador. Lo que distingue al Kun es que cuando aparece acostumbra a hacer ruido. Sus conducciones y recortes siempre llevan electricidad y encabezan su repertorio. Son esos enormes recursos técnicos los que le permiten fabricar un pase peligroso o inventarse una maravilla de la nada. Siempre que puedo sigo al Kun con la esperanza de ver en directo alguna de sus gambetas. Desvalijados como están sus equipos no suelo obtener premio. Anoche me llevé otra desilusión con el Paraguay-Argentina. Salió de titular pero nunca conectó con Verón. A la 'Brujita' ya no le alcanza el físico para ser el enganche que pide a gritos la delantera argentina. Si algo caracteriza a Agüero es que jamás se esconde. Es más, suele aparecer en los días señalados. Madrid, Barça y Panathinaikos pueden dar fe. Al sucesor de Romario sólo le falta saltar a un grande para hacer buena la comparación. Del mismo modo que Torres encontró su mejor nivel emigrando a Liverpool, Agüero sólo sacará lo mejor de sí mismo cuando fiche por un equipo exquisito y ganador.

Como no se cansa de repetir el gran Joaquín Caparrós, el fútbol es de los futbolistas. Ellos originan el espectáculo y la pasión por unos colores. Cada club tiene su estandarte y cada país su jugador bandera. El aficionado también siente predilección por unas figuras u otras. El criterio es libre, y la mochila de favoritos ilimitada. Elegir un equipo también es condición sine qua non para el hincha. Todos nos debemos a un escudo. Son múltiples los factores que determinan una decisión que no tiene vuelta a atrás. La ciudad en la que se vive, el entorno donde se crece y la influencia de la familia suelen marcar la identidad del nuevo amante del cuero. El tiempo huye y la vida cambia. Algunos amigos no continúan el viaje. Por contra se incorporan otros. Por el camino también se pierden amores, y hay matrimonios que quiebran. El dinero dibuja parábolas. La salud va empeorando. Junto con la familia, sólo las propias convicciones permanecen. El nexo de unión entre el aficionado y sus colores no tiene fecha de caducidad. Cada cual escoge libremente su escudo y sus emblemas. La oferta es infinita, de modo que el mosaico de culturas está asegurado. Yo me decanté en los 90 por el Barça de Stoichkov. Vi en directo la hecatombe de Atenas. Me decepcioné con el fallo de Salinas y la contra magistral de Baggio. Gocé del Ronaldo original. Me identifiqué con Figo y lo maldije por su traición. Contemplé con asombro la impecable trayectoria de Rivaldo, así como la hechicería de Ronaldinho. Quedé prendado para siempre de Eto'o y en su ausencia no tengo más opción que seguir vibrando con el Barça de Guardiola. Siempre nos quedará el fútbol para mitigar la soledad. Esta ha sido la pequeña historia de una desmedida pasión.
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viernes, 26 de junio de 2009

Alves subsana la ineptitud de Dunga

Por Cristian Naranjo

Brasil se salvó en el 87' de sufrir la misma humillación que España. Alves, que había ingresado en el campo seis minutos antes, conectó un golpe crudo al palo de Khune, que nada pudo hacer para evitar el tanto. Quien todavía dudara de la identidad del mejor lateral de mundo, ya tiene la respuesta. Hasta ese momento, Sudáfrica estaba destapando las carencias del sistema de Dunga, falto de inspiración desde el día en que se hizo con el cargo de seleccionador. Los Bafana Bafana, con Modise y Pienaar a la cabeza, estaban tuteando a la pentacampeona del mundo en cuanto a posesión y ocasiones se refiere. La sensación era incluso de cierto dominio sudafricano, gracias al alegre 4-2-3-1 dispuesto por Joel Santana. Una superioridad relativa, ya que Brasil nunca se sintió realmente amenazada. Sudáfrica le ha mostrado al mundo que tiene cosas que decir, pero aún está lejos de ser una selección nociva para los rivales. Tshabalala y Parker, el mediapunta y el punta, no están a la altura del resto del equipo, lo cual merma sus opciones de victoria.

El planteamiento de Dunga fue una vez más caótico y lamentable. Nadie sabe a qué juega actualmente Brasil. Lo que sí es evidente es la ceguera de su entrenador, capaz de apartar sistemáticamente del once inicial a Alves y Pato, dos referencias a nivel mundial y en sus respectivos equipos, Barça y Milan. Las alineaciones de Dunga son indescifrables, al igual que sus convocatorias, de tal modo que es imposible saber qué aptitudes busca en sus futbolistas. Acaso privilegia a los jugadores de su corte. Quién sabe. El caso es que pese a ser brasileño, su fisonomía y sus formas son de centroeuropeo, lo cual es cuanto menos sintomático. Se puede decir que su apuesta es un 4-2-1-3, con Kaka' y Robinho como únicos exponentes del talento brasileño. Lo demás es pura morralla. Es un once envidiable a juzgar por los nombres, pero carece de atractivo. Con un sistema similar, ya ganó Brasil el Mundial 2002 y la Copa América 2007, con Ronaldinho, Rivaldo, Ronaldo y Robinho, las cuatro erres, como abanderados. La magia suele acudir al rescate de Brasil, cuya gloriosa tradición está por encima de cualquier entrenador, por pésimo que sea.

Jugaba la canarinha de forma lenta y monótona, esperando que algún golpe de inspiración resolviera el encuentro, confiada en que Sudáfrica no podría hacerle daño. Un gol de los Bafana Bafana hubiera puesto a Brasil tan al límite de la eliminación que no se habría repuesto. Todo son hipótesis. Hablar por hablar. Lo único cierto es que Dunga tardó 81 minutos en percibir que el partido demandaba a Alves como agua de mayo. Donde lo situara era lo de menos. La intensidad de la tarántula cambiaría el sino de la eliminatoria. En seis minutos demostró más que un once entero en ochenta y uno, señal inequívoca de que Dunga no está a la altura de su cargo. Es probable que Brasil gane esta Copa Confederaciones porque acumula en su plantilla demasiado talento. Comenzando por Kaka', que se basta para ganar una final. Por más que el seleccionador ponga palos en las ruedas de su carromato, Brasil ha de imponerse por acopio de calidad. O no. Kaka', Robinho, Ramires y Luis Fabiano no suenan mejor que Xavi, Cesc, Torres y Villa. Haría bien el staff técnico de Brasil en repasar el España-Estados Unidos. Puede que no sea suficiente con el cuadrado mágico. Dunga está obligado a inventar algo deprisa. No es complicado. La respuesta al sudoku está en su banquillo: Alves y Pato.

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