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domingo, 31 de marzo de 2013

Los hijos del hambre

Por Albert Valor


Siempre se dijo que la Juventus de Turín es el equipo de Italia. Por el contrario -aunque algunos hinchas lo niegan- el entrañable Torino contaba con el favoritismo de la mayoría de los habitantes de la capital del Piamonte. Sea como fuere, y aunque en el mundo del fútbol siempre divergen filias y fobias, toda Italia debería estarle agradecida a la Juve. Por liderar una renovación a través del dominio del balón y porque su columna vertebral haya posibilitado la resurrección del combinado nacional. Italia está hoy remozada y es subcampeona de Europa. Y Buffon, Barzagli, Bonucci, Chiellini, Pirlo o Marchisio son pilares de esa escuadra.

Retomando ya la eliminatoria estrella de estos cuartos de final, podemos concluir que el choque entre Bayern y Juventus rezuma aromas de viejo fútbol por todos los poros. Dos equipos que nunca dejaron de formar parte de la aristocracia continental. Pero que quieren liderar el tumulto de la nueva Europa futbolística. Esencia y vanguardismo. Poso y nuevos tintes. Es un todo en uno.

Y viene lanzada la Vecchia Signora al asalto de Munich. Victoria de mérito en San Siro ante su rival de siempre que a buen seguro refuerza la convicción en su estilo. Un patrón que le ha llevado a liderar un renacimiento que el fútbol italiano ansiaba como el comer. Muchos lo ven todavía hoy arcaico. Es lo que tiene dejarse llevar por la corriente de opinión, el viento que sopla de Twitter y, lo más importante, la falta de determinación para sentarse frente al televisor a ver un partido de Serie A.

En Italia, los Lodi, Candreva, Immobile, Niang, Belfodil o Borja Valero, se unen a los Cassano, Miccoli, Totti, Diamanti o Luca Toni para desembocar en un campeonato que va a más y que quiere jugar al fútbol. Quizá le cueste todavía un tiempo recuperar esa plaza de Champions League que ha perdido recientemente –y de manera justa- en favor de la Bundesliga. Pero es un valor claramente al alza, de eso no cabe duda.

Si hablamos en clave bianconera, nunca un sistema le hizo tanto bien a un modo de entender del fútbol. Guiado por la máxima de que a un equipo lo hacen los futbolistas –nunca al revés- Conte aplicó ese 3-5-2 nada más llegar al banquillo turinés. Jugar con tres centrales no tiene porque ser defensivo. Y obviamente, contar con Pirlo lo hace todo más fácil. Es increíble que un jugador de mediocampo tenga todavía margen de mejora pasada la treintena. El regista de Brescia forma parte de ese selecto grupo en el que también están Xavi, Scholes o Giggs. Si Andrea hubiese nacido británico, quizá sería un One Club Man. La realidad, no obstante, dice que la Juve tuvo la suerte de encontrarlo en el otoño de su carrera. Conte pudo así darle el timón para que fuera piedra angular de una refundación balompédica.


Aunque en ese esquema también los carrileros juegan un papel determinante. La figura clásica del hombre de banda en Italia se construye en base a la herencia de Giancinto Facchetti. Hablamos de un fenómeno de la naturaleza. Rondar el 1,90 no le impedía ser una bala ni mandar en toda su parcela. El lateral izquierdo –que a su vez era diestro- de aquel súper Inter de Helenio Herrera de los 60 es un referente no sólo en Italia, sino en el mundo entero. Es de aquella estirpe de jugadores como Garrincha, Sindelaar o Samitier. Jugadores que trascienden épocas y se instalan en la memoria colectiva. Eternos, como las canciones.

Quizá el último lateral italiano que ha recordado a Facchetti haya sido Davide Santon, que hoy milita en las filas del Newcastle tras no haber triunfado en el Inter.

Precisamente ese es el molde en torno al cual se construye el perfil de carrilero que precisa el esquema de la Juve de hoy. Uno tiende a imaginarse a tipos veloces, de ida y vuelta, de estatura media o incluso baja. Nada más lejos de la realidad. Son, ante todo, tipos espigados y fornidos. No son precisamente lentos. Pero su mayor valor es ser portentosos, algo que les permite gobernar la banda de fondo a fondo. Quizá ello se deba a la idiosincrasia de la sociedad italiana. Inventar perfiles que se hacen a sí mismos y huyen de cánones preestablecidos. Lo curioso es que Lichtsteiner y Asamoah, los titulares de Conte, no hayan nacido en Italia. Sí lo hicieron Padoin y Peluso, que poco a poco irrumpen en el once, aunque tendrán pocas opciones de participar contra el Bayern.

Pero el mayor activo de este equipo es lo interiorizada y asumida que tienen sus piezas la concepción del juego. Ello se logra con una coordinación coral, casi perfecta, en la que tienen mucho que ver dos ternas: la de centrales y la de centrocampistas. Ambas sociedades son también las que aúpan a los carrileros y las que consiguen el equilibrio en la transición defensa-ataque –y viceversa-. Y es que, ante todo, el 3-5-2 es un sistema de ayudas.

Atrás, el consorcio Chiellini-Bonucci-Barzagli está ya plenamente consolidado. Suponen una gran ayuda para los carrileros, a los que liberan de tareas defensivas. Son, además, un cerrojo. Pensemos: si ya cuesta abordar la retaguardia de un equipo italiano, imaginemos si éste se defiende con tres centrales.

Por otro lado, la sala de máquinas juventina roza la perfección. Y es que el medio del campo piamontés es un espectáculo. Ya se ha mentado antes a Pirlo, que domina los tiempos de este deporte a su antojo. El símbolo en ciernes de la institución y un chileno adaptado a base de casta y calidad ayudan a pintar el lienzo y completan una media que ve puerta con facilidad. Claudio Marchisio, Arturo Vidal y Andrea Pirlo; también conocidos como MVP.


Y aún así, Paul Pogba, penúltimo descubrimiento del entrenador, oposita para gozar de minutos. El talentoso volante ha recibido incluso la llamada de la selección francesa. No está mal para un chaval de 20 años recién cumplidos. Aunque una cosa ha de quedar clara: el bueno de Pogba no es –ni lo será nunca- alguien llamado a ser el ancla de un equipo. Su sitio está justo por delante. Parece que Conte, tras algunas probaturas, ya lo ha verificado. Y Deschamps, tras algún desajuste en el último partido contra España, también lo debe haber empezado a ver claro. Estamos ante un diamante en bruto, con cosas del mejor Essien, de Seydou Feita o de Touré Yayá.

Mauricio Isla, meritorio habitual que se ha visto lastrado por las lesiones, ha participado también en algunos partidos en la zona ancha. Aunque sus opciones de tener minutos en la eliminatoria contra el Bayern pasan por jugar en banda si Asamoah no está a tope. Recodemos que la Copa África ha mermado las prestaciones del ghanés a ojos del entrenador. Tampoco convendría olvidar a Giaccherini. Es el gran damnificado de la temporada. Pero su implicación está fuera de toda duda. Conte ya ha dejado claro que mientras él sea el responsable, el jugador formará parte de la plantilla. Giaccherini ya aprovechó sus minutos ante el Catania marcando un gol de incalculable valor. Fue en la celebración de aquel tanto donde, además de mostrarse el compromiso del autor, se le enseñó a toda Europa que si hay un equipo unido y que cree en sus posibilidades, ese es la Juventus.

Pero, claro está, la Juventus también tiene puntos flacos. Su gran debe está en ataque. Quizá más por falta de continuidad que de aptitudes, ya que tiene un amplio ramillete de futbolistas para esa zona. Todos con diferentes características y prestaciones. Pero ninguno de ellos parece agarrarse el puesto con determinación. Tras corroborarse ya que Nicklas Bendtner y Nicolás Anelka han quedado como figurantes, Alessandro Matri, Sebastián Giovinco, Mirko Vucinic y Fabio Quagliarella se reparten minutos, siendo este último el gran perjudicado hasta la fecha.

A buen seguro que Quaglia es el que alberga más fútbol dentro de sí, pero el acto de indisciplina con Alessio en San Siro durante el partido contra el AC Milan en la primera vuelta le costó caro. Por suerte para él, su golazo de este fin de semana –también a la sombra de La Madonnina, aunque ante el Inter- podría jugar a su favor en un posible indulto. Apuntaría al once del Allianz Arena.


El resto se disputaría la otra plaza. En cuanto a Giovinco, fue el propio Conte el que pidió que se le recuperara con presteza del Parma. Incluso empezó titular, pero poco a poco ha ido perdiendo protagonismo. A Sebas se le augura un gran porvenir desde hace años, pero a sus 26 años no termina de explotar. Por si fuera poco, la parroquia del Stadium le ha silbado en demasía últimamente.

Matri -que también mojó ante el Inter con un gol de ariete clásico- lleva una temporada a buen nivel. Es un jugador de buenos movimientos. Recuerda a Luca Toni, aunque tiene menos contundencia. Respecto a Vucinic, también ha estado en entredicho. Quizá le falte gol; nunca clase. Especialmente bello fue su gol en Bolonia antes del parón de selecciones.

Para la próxima temporada, la dirección deportiva ya ha movido ficha. Lo de Fernando Llorente parece prácticamente hecho, aunque se espera que caiga alguno más. Han sonado infinidad de nombres, entre ellos Pablo Osvaldo, ‘Papu’ Gómez o Alexis Sánchez. Pero el que parece hombre clave para desequilibrar arriba es el montenegrino Jovetic. No es de extrañar que desde algunos mentideros ya se le llame Juvetic.

Desde 2010, el Bayern ha jugado dos finales de la Copa de Europa y viene haciendo evidente su ascendente dominancia. Así que para esta eliminatoria la Juventus no es favorita. Pero viene con carrerilla, desde muy atrás. Pocos equipos tendrán más apetito. Conte declaró hace poco: La Juventus apenas se acaba de sentar a la mesa. Tiene mucha, mucha hambre.” Esas palabras son un síntoma, además de una declaración de intenciones. Si ese anhelo no se mezcla con ansiedad, el equipo transalpino tendrá mucho que decir en estos cuartos de final.

Por cierto, que no se ha dicho nada de Buffon. No hace falta. Abran fuego, señores.


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martes, 10 de febrero de 2009

Brasil vuelve a 'sambar'

Por Albert Valor


Un partido como el de esta noche entre Brasil e Italia es de esos que, aunque denominados amistosos, poco tienen de ello. Un duelo entre las dos selecciones más laureadas en la Copa del Mundo, los dos últimos campeones de la Jules Rimet. El partido se jugaba en Wembley, el nuevo santuario del fútbol británico, casi del fútbol mundial. Todo ello daba como resultado un aperitivo exquisito –que bien podría ser el plato estrella- de la tanda de partidos intersemanales que se avecinan, como el España-Inglaterra y el Francia-Argentina.

Brasil llegaba al partido sumida en un mar de dudas, intentando dar con un patrón de juego que casara entre lo que siempre ha sido la verdeamarelha y ese componente de rigidez que Dunga quiere dar a los suyos. Italia, por su parte, llegaba con la moral relativamente renovada tras su chasco en la Eurocopa, y Lippi, seleccionador azzurro, sumaba un total de 31 partidos invicto sumando sus dos etapas en el banquillo.

El partido ha empezado con una obra maestra de Gilardino, que en el 2’ le ha dado a Grosso un pase teledirigido desde 20 metros que el fino lateral del Lyon ha empalmado a la red sin dejar caer el balón al piso. La lástima es que el árbitro, teniendo en cuenta que la jugada rayaba el límite del reglamento, ha anulado la jugada por presunto fuera de juego. En este momento, a Italia se le han fundido los plomos, pero lo peor para los transalpinos es que poco a poco, más a ritmo de vals que de samba, Brasil ha empezado a crear fútbol. El mediocampo de los suramericanos, tan criticado otras veces por rebosar brega pero carecer de fantasía, ha sido el eje del equipo. Gilberto, que apura sus últimos años de fútbol en el Panathinaikos, se ha erigido como un sobrio stopper, mientras que una de las apuestas del míster para este encuentro, Felipe Melo, ha sido una grata sorpresa. Hasta mediada la segunda parte, el ex de Racing y Almería, no ha fallado una sola entrega. Mientras, los dos baluartes del City, Elano y Robinho, demostraban que acompañados de grandes jugadores pueden ser un espectáculo.

En la defensa, Lucio, que cuando podía se encargaba de armar contragolpes como el que ha significado el prólogo del segundo tanto de los suyos, se ha encargado junto a Juan de secar a los italianos, que por vía de Grosso y Luca Toni han dado algún susto. En los laterales, Marcelo no parecía ni mucho menos ese desesperante jugador que veíamos en el Bernabéu con Schuster, que atacaba discretamente y que defendía de modo calamitoso. De Maicon poco podemos decir que no se sepa ya. Basta con decir que su presencia ha sentado a Dani Alves. El barcelonista también ha tenido sus minutos en el segundo tiempo. A día de hoy, Brasil tiene el equivalente a dos Cafús en el lateral derecho. No sería de extrañar que en el futuro, Dunga cambie de banda a uno de los dos para poder gozar de dos misiles en cada lado de la cancha. Bajo los palos, Julio César se empeñaba en demostrar que la pentacampeona del mundo también puede tener un buen arquero. Aunque Mourinho no acabe de estar contento con él, lo cierto es que cada día va a más.

Alguien se preguntará porque no he hablado aún de los delanteros. Ahí ha residido el mérito de Brasil en el día de hoy. Actualmente, jugar con Ronaldinho y Adriano en punta, es hacerlo con 2 menos. El Gaúcho se ha movido en un espacio de cinco metros cuadrados y, como siempre, se ha intentado abonar a su habilidad en el lanzamiento de faltas. Beckham ya le ha quitado el sitio en el Milan, y a este paso, en la Copa del Mundo de Sudáfrica, estará como mucho en el banquillo para poder animar la previa de los partidos en el autobús. El interista, por su lado, se podía dar con un canto en los dientes si conseguía controlar algún balón de espaldas al marco. Uno se imagina el equipo de hoy con Kaká y Pato en el lugar de las ex estrellas –casi ex futbolistas, no se imaginan qué pena siento al decir esto- y la mente le dibuja una exhibición de las que hacen época. No olvidemos tampoco a gente como Luis Fabiano y a Amauri. Puede que hoy el juventino haya despejado las pocas dudas que podía albergar entre una y otra camiseta. Aunque parece que en este caso puede incidir algo más que la voluntad del jugador.

A Italia le queda el consuelo de saber que Toni, Pirlo y De Rossi siguen ahí como base del equipo, que Grosso nunca perderá su zurda de oro y que Buffon acabará cogiendo ritmo de partidos más pronto que tarde. Y tampoco hay que olvidar la ilusionante progresión de Giussepe Rossi. Y por supuesto, que el Mundial 2010 está aún a más de un año vista y queda tiempo -y sobran mimbres- para armar un equipo más que competitivo.

Por cierto, con tanto análisis se me olvidaba recordar el resultado: 2-0 con goles de Elano y Robinho, que ha mostrado al mundo que en el Real Madrid, sino luchaba los balones era porque no quería. Quizá los dos cracks del Manchester City hayan echo un híbrido entre buen guiño y señal de SOS a los grandes de la Premier. Hasta aquí el Brasil-Italia. Mañana más.

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miércoles, 18 de junio de 2008

La importancia de 'San' Buffon

Por Albert Valor


Lubos Michel y Massimo Busacca pitaban casi al unísono el final del Francia-Italia y del Holanda-Rumanía, respectivamente. Al final no hubo tongo rumano-holandés. Italia estará en cuartos. Y lo estará porque el cuadro que dirige Van Basten ―que jugó muchos años en el calcio― no tuvo pensamientos de futuro ególatras y sí amor por el fútbol, y resolvió en el segundo tiempo con un once plagado de suplentes pero no por ello poco competitivo. A todos nos gustaría que nuestra delantera reserva la formaran Robben, Huntelaar y Van Persie. Por otro lado, está claro que en Italia todo el mundo se acuerda ahora del penalti que San Buffon le paró a Mutu el pasado viernes.

El partido empezaba ya segundos antes de que el trencilla pitara, y en el duelo de los himnos, Italia tomaba ventaja, sobre todo por el ímpetu con el que Talentino entonaba el final, ese 'Siam pronti alla morte L'Italia chiamò' que dejaba a La Marsellesa en un canto de segunda fila.

Todo esto pareció un presagio, ya que a los 7 minutos Francia se quedaba sin el único hombre capaz de cambiar el ritmo del partido. Franck Ribéry se lesionaba solo después de cometer falta sobre Zambrotta y dejaba su puesto a Nasri, que debía ejercer de Mesías entre tanto músculo. Demasiada presión para el joven de origen argelino. Sin quererlo, Domenech, que había cambiado a media defensa, había hecho ya el relevo generacional que tanto pedía la afición gala. Sólo Makélélé y Henry representaban a aquella vieja guardia que tanta gloria dio a nuestros vecinos.

Poco después, el equipo del gallo empezaba a doblar la rodilla. Corría el minuto 24 cuando Abidal, de improvisado central, cometía penalti sobre un Toni que demostró que un buen delantero no sólo es decisivo por sus goles. No sólo forzó la pena máxima, sino también la expulsión del lateral culé. Segundos después, Pirlo anotaba mientras Buffon, girado hacia la grada, no quería mirar. No recordaba que detrás de su portería ―la misma en la que cuatro días antes había rescatado el último aliento italiano― estaba una de las pantallas del Letzigrund, así que también lo vio en directo.

El pobre Nasri, que había sustituido a Scarface 15 minutos antes, se tenía que volver a sentar en el banco para que la entrada de Boumsong reestructurara la defensa. Demasiados desajustes para un equipo ya de por sí confundido y que ahora debía jugar con uno menos.

De aquí al descanso hubo más bien poco, si acaso un chut de Henry que se marchaba cerca del poste y una falta botada por Grosso ―provocada por un De Rossi que aprovechó la oportunidad para reivindicarse como todocampista muy fichable― que sí pegaba en la madera. En ese momento, en el otro duelo, Codrea enviaba al limbo una ocasión cocinada por Mutu. Tras un último achuchón francés, Michel enviaba a los contendientes camino de los vestuarios. No significaba que por andar escaso de fútbol de alto postín, al partido le faltase emoción, más que nada por lo que se jugaban los dos gigantes contendientes.

Al poco de reanudarse el choque, mientras Italia veía que si llegaba a cuartos, además de Pirlo, perdería a Gattusso ―ambos por acumulación de tarjetas―, Huntelaar avanzaba a los Oranje en el otro duelo. A los 61', tras el lanzamiento de una falta, De Rossi hacía el 2-0 después de que el cuero rebotara en la barrera. Italia veía factible, después de nueve enfrentamientos y treinta años, volver a ganar a les bleus en el tiempo reglamentario.
Pero cuando parecía que Francia se empezaba a despedir de la Eurocopa con un fútbol lento, cansino y previsible, Benzema hacía volar a Buffon para que la extremaunción de los suyos fuera con la cabeza alta. Las noticias que venían de Berna seguían siendo satisfactorias para los azzurri, puesto que Rumanía no podía con los suplentes de Van Basten.

A los 81', Donadoni quitaba a Gattusso y daba entrada a Aquilani para que el romanista se fuera aclimatando a la posición que ocupará desde el inicio contra la Roja. No sería de recibo celebrar las ausencias de Andrea y Genaro, puesto que si los transalpinos juegan el domingo con Aquilani y De Rossi, que sustentan a la media más jugona del calcio junto a Perrotta –que también podría ser de la partida―, más Ambrosini haciendo de perro de presa, Italia seguirá contando con una medular de garantías.

Mientras el grupo de la muerte agonizaba, Van Persie ponía la puntilla a Rumania para que la parte azzurra ―que no azul― del estadio Letzigrund de Zurich empezara a festejar el pase a cuartos. Corría el minuto 86. Pero aquí no habría milagro al estilo turco, ni héroes ni villanos de última hora.

Habrá duelo hispano-italiano en cuartos. Villa querrá ganar por Lucho. Casillas y Buffon se medirán por un lugar en el olimpo de los '1'. Habrá duelo de Santos. Y en la media, por exigencias del guión, de jugones.

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viernes, 13 de junio de 2008

Buffon rescata el último aliento italiano

Por Cristian Naranjo

Haciendo uso de su cuello de cisne, Toni pudo adelantar a Italia al filo de la media parte. Sólo lo evitó Tom Henning, muy riguroso con los azzurri durante todo el partido. No obstante, sería Mutu quien ajusticiara primero la portería contraria, merced a una prolongación perfecta de Zambrotta, que sigue sumido en su depresión deportiva. Sólo quedan pavesas del gran lateral de la Juventus.

El encuentro no ha defraudado por lo que a intensidad y ocasiones se refiere; sí por juego. Ni Rumanía ni Italia están concebidas para enamorar, pero han salido a morderse desde el principio. Con el factor suerte en su contra, los de Donadoni tuvieron que remar río arriba. Panucci, un veterano curtido en mil guerras, reequilibró el partido alentado por la historia de su selección. Había pasado un minuto, y todo volvía a la normalidad: la squadra azzurra dispuesta para una nueva resurrección. Pudo marcar De Rossi entrando con el alma al corazón del área. Incluso Zambrotta tuvo la ocasión de redimirse poniendo un centro desde el fondo. Sin embargo sería Mutu, con el inflexible silbato de Henning mediante, quien tendría en su diestra el privilegio de decidir el destino de Italia. Casi nada. Sucede que bajo el marco le esperaban la esbelta figura y fija mirada de Buffon. Apuesto a que Mutu vio entonces la portería empequeñecer. Sólo así se explica que mandara un balón inocuo al medio. Por su parte, el mejor arquero de la Tierra volvió a constatar su condición para rescatar a su país. Es cierto que a Italia sólo le quedan un 20% de opciones de pasar el corte, pero tratándose del tetracampeón mundial, seguir vivo ya es toda una garantía.

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