
martes, 8 de marzo de 2011
'Avanti, Barça'

miércoles, 7 de abril de 2010
Satánico Messi
El fenómeno argentino hace trizas al Arsenal
en un primer tiempo de delirio colectivo
Primeros de abril. Llegó el tramo definitivo del curso. Apenas dos meses para el desenlace. Y ahí, en primera línea, vuelve a estar el Barcelona. Escuadra de autor por definición, el equipo de Guardiola acostumbra a rallar a gran nivel cuando decide levantarse temprano, desayunar a base de cereales y fruta y salir a correr un rato, varias horas antes de concentrarse de lleno en el partido. Es la metáfora de que si el actual jerarca de Europa encara la cita con la liturgia y el protocolo necesarios, el rival lo tiene crudo. Así lo prueba la límpida trayectoria del seis veces campeón en 2009. Salió pues el Barça con el rictus congelado ante un Arsenal pulcro, vestido de blanco y diplomática ralla. Un traje hecho camiseta. El once de Wenger, sesgado por las bajas de Fàbregas y Arshavin ─equivalentes a mamá y papá─, funcionó en base a las mismas directrices que en la ida: superpoblar la tierra media. Xavi padeció el acoso, y los primeros minutos no encontraron dueño. A la inversa que en el Emirates, no se barruntaba tormenta en el Camp Nou. Si bien fue Almunia quien vio caer las primeras gotas.
En el '18, en mitad del ir y venir del cuero, enganchó el Arsenal la jugada que buscaba: recuperación en zona alta y despliegue veloz en beneficio de Bendtner, que puso a prueba el riego sanguíneo de la grada. 0-1. Tocaba correr con arena en los bolsillos. Pero justo entonces, antes de que al aficionado le turbara el miedo, apareció Él. Se presentó ante todos el mismo Satanás. Y decidió quedarse solo en el escenario. No recuerda la moderna Liga de Campeones una exhibición parecida en el plano individual a la de anoche. El electrón es zurdo. Se llama Leo Messi. En el '21 volteó el statu quo con un trallazo demoníaco. En el '37, concretando de cine con la diestra, anunció el monopolio que estaba por venir. Y en el '42, a modo de postre, cerró el encuentro con una vaselina de algodón de azúcar que ya es marca de la casa. Messi es al fútbol algo más que Dios para el catolicismo. Es el todopoderoso y su enemigo. Es el seny i la rauxa. Es Jesucristo y es Lucifer. Es un Beattle y un Rolling Stone.
Desde anoche, la Champions League es señora de Leo Messi. Por fin se conoce el porqué de las grandes orejas que identifican al trofeo. La orejuda estaba esperando a su pequeño ratón animado. A su caballero. A su demonio. Nunca antes la habían cortejado de ese modo tan bipolar; tan descarnado; tan pasional. Cuatro goles en la vuelta de unos cuartos de final. Fotografía de la ambición. Forma humana de un humilde canto rodado. Tan diabólico, tan celestial… Bienvenidos a la dictadura de Lionel Messi: su satánica majestad.
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jueves, 1 de abril de 2010
Hay que ver...
¡Fútbol, como eres! Una hora de combinaciones, paredes, desmarques y remates que ya es objeto de fábula. Un puñado de ocasiones marradas en la primera parte, el Arsenal encerrado en su campo y algunos, maldiciendo a Ibrahimović. Esos mismos impacientes, callaron luego en diez minutos. En menos, en treinta segundos. Lo que tardaron Piqué y el sueco en inventarse el 0-1 tras la reanudación. Y casi a continuación, prácticamente lo mismo. Esta vez Xavi creó el preludio. En el primero, Zlatan definió con delicia, por arriba. En el segundo, malicia. Un simple cañonazo. No sólo el partido parecía finiquitado. También la eliminatoria.
Pero entonces, llegó la parte mala. Primero, la entrada de Walcott al campo, que trajo consigo un problema de cintura para Maxwell y el primer gol en la cuenta gunner. Y después, lo peor, que llegó todo junto, en una sola bocanada. Amarilla para Piqué, que no jugará la vuelta, y penalti y expulsión de Puyol, que también lo verá desde el palco. Con todo esto, el gol del empate fue lo menos malo. Tampoco estará Cesc. El Barça se aliviará por su baja por acumulación de tarjetas y el fútbol estará en vilo por su lesión.
Nunca un 2-2 en cancha ajena en un partido de ida de la Champions League tuvo un sabor tan avinagrado. Y es que pudo ser un 2-5. Pero no hay mal que por bien no venga. A fin de cuentas, el objetivo es hacer gozar al respetable. Y eso se consiguió. Vaya si se consiguió. Pese a que casi todos tuvieron sus fallos, todos estuvieron bien. Y ahí también entra el árbitro. Piensen en los protagonistas del choque. Todos tuvieron luces y sombras: Ibrahimović, Maxwell, Cesc, Dani Alves, Busquets, Nasri, Puyol, Piqué, Valdés, Wenger, Bussaca… Como excepciones, quizá Almunia y Walcott. El motivo por el que el internacional inglés fue hoy suplente, más aún tras la lesión de Arshavin, es a estas horas indescifrable.
Con todo ello, se hace lógica la lectura final. Partidazo y sensaciones encontradas para ambos contendientes. El Barça, contento por su exhibición y apenado por el resultado final y sus bajas en la zaga. El Arsenal, violentado por ser objeto de risión a lo largo de sesenta minutos y la baja de Cesc y sintiéndose afortunado por salir vivo. Si quieren más, pongan la tele el martes. O vayan al Camp Nou. Todo, a eso de las nueve menos cuarto.
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lunes, 1 de marzo de 2010
El mundo es un balón y la Premier, un triángulo
Y el fútbol, como la vida misma. Lo realmente curioso es que líos como el acaecido a raíz de la terna formada por Wayne Bridge, John Terry y Vanesa Perroncel no se produzcan más a menudo. Se dice que eran muy amigos antes del affaire. Ahora, ni se saludan. Pasan a menudo estas cosas. Lo curioso es ver como casi siempre se culpa al corneador. ¿Acaso no le debía Perroncel fidelidad al bueno de Wayne? ¿Acaso alguna mujer tiene dueño?Bien, tras la primera inmersión de PLF en el mundo rosa –o amarillo, o del color que quieran-, hablemos de fútbol. Se habló mucho del partido antes de su disputa. Pero más dio que hablar mientras se jugaba, e incluso después. El partido de los citizens en Stamford Bridge –nada que ver con Wayne Bridge- expuso al gran público el poderío de los Bellamy, Tévez o Wright-Phillips al contragolpe y de rebote, se intuyó que con un par de inversiones más –dinero no le falta al vecino rico de Manchester-, el City puede ser la próxima campaña un candidato a todo. Una mañana de domingo más, en los bares de Barcelona se habló de lo bien que le iría éste o aquél al Barça. Muchos olvidaban, también una vez más, las pocas opciones que se le plantean a los culés para jugar contragolpeando.
Además, todo ello le da otro aire a la Premier, que otra vez se resolverá entre tres aspirantes. El United queda casi como estaba. Casi porque sigue a un punto. A un punto pero con una Copa de más, esa Carling que carga el calendario de partidos y que deja el pecho henchido a quien la conquista. Otra vez Rooney, aunque suplente, fue decisivo. Y el Arsenal, que tras descolgarse una jornada sí y otra no, coge otra vez el rebufo. Se presume que si se cae en otra curva, ya no llega a la foto finish. La verdad es que no acostumbran el Chelsea y el United a dar muchas alternativas. De hecho, los gunners han perdido ya este año los cuatro partidos ante blues y red devils. Pero también ellos han sufrido derrotas que les han penalizado. Ahora, diez jornadas por delante, 30 puntos en juego y sólo tres entre ellos. Otro triángulo. Pero se intuye que éste no será amoroso.
Tampoco será idílica la lucha a tres bandas por la cuarta plaza. A ella se aferraba, como se apuntaba antes, el Manchester City con esa victoria de enjundia en Londres. Y ayer, los que se apuntaban al incendio de pasiones, eran el Tottenham y el Liverpool. Ninguno de los dos está acostumbrado a estos contextos. Bueno, quizá sí un poco los reds. Aunque vienen los de Merseyside precedidos de un gran prestigio europeo forjado durante el último lustro, la verdad es que en la competición doméstica suelen andar a la cola del Big Four. Y bien es cierto que la temporada pasada pelearon hasta las últimas fechas el cetro al ManU. Pero este año, y tras ver como transcurría el campeonato, quizá se vea esto como un mal menor. Con la vuelta del binomio Gerrard-Torres, Anfield aún alberga esperanzas. Ayer, lograron un gol por barba y tres puntos para seguir en la pomada. Tampoco es habitual ver al equipo de White Hart Lane por aquí. Los del noreste de Londres son un equipo histórico, y hay mucho que contar de ellos en los anales de la liga inglesa. Y tras ese esplendor perdido, parece que por fin un técnico ha sabido transmitir una filosofía que le está dando a los Spurs el lugar que merecen en la clasificación. La victoria de ayer ante el Everton fue de las importantes, ante un rival que juega y hace jugar. Los goles de Pavlyuchenko y Modrić nos hicieron recordar que no sólo de España vivió aquella Eurocopa de Austria y Suiza.
Hablando de la Eurocopa y de España, hablemos del Mundial y de España. Ya nadie quiere renunciar esa ilusión. Somos favoritos. Y aunque una Copa del Mundo es otra cosa, ya nadie obvia la candidatura de la selección española. Sobretodo por plantilla. Y aún más por fútbol. Casillas es el mejor portero, aunque también lo son Julio César o Buffon. Puyol y Piqué son la pareja de centrales del Barcelona hexacampeón, cualquiera los quisiera para sí, puede que no haya otro dúo mejor. Los laterales fallan un poco más. Cuando hablamos de carrileros con recorrido siempre pensamos antes en Maicon, Alves, Glen Jonson e incluso Inkoom –la nueva perla ghanesa- antes que en Capdevila, Ramos, Arbeloa o Fernando Navarro.
El centro del campo ya es otro cantar. Nadie tiene una sala de máquinas donde intervengan Xavi, Iniesta, Cesc o Silva. Realmente, esa sociedad se puede ver superada por físico. Nunca por fútbol. Sobretodo teniendo en cuenta que si alguno se rompe, Xabi Alonso, Busquets o Jesús Navas estarán a la espera. Luego está la delantera. Villa y Torres son fijos en la convocatoria, probablemente titulares. Y las otras dos plazas se deciden partiendo de otro triángulo. El formado por Güiza, Negredo y Llorente. Parece que el riojano, tras tener su esplendor meses atrás, ha quedado un poco a remolque. Le ha ganado la partida ese vallecano con apariencia de miura. El rebautizado por Alfredo Relaño como el Trueno de Zenica. De momento, y pese a no pasar por su mejor momento como goleador, Güiza parece ocupar el hueco de tercer delantero. La realidad es que lleva temporada y media lejos de su mejor nivel. Pero cuando se enfunda la Roja, siempre demuestra su talento. Del Bosque lo sabe. No se puede desperdiciar tanto arte. No se puede desperdiciar tanta pasión.
Se acerca el fin del curso y con él, esa guinda que será el Mundial. Mientras eso llega, las competiciones de clubes empezarán a arder en breve. Está a punto de desatarse más de una hoguera. En algunos casos, de vanidades. En otros, esperemos que de puro fútbol. Pero por ahora, todo se plantea a partir triángulos. *************************************************************
lunes, 14 de diciembre de 2009
Sir Arshavin, el señorito andaluz y el 'Taladro'
Ayer, mientras en la calle arreciaba el frío invernal, yo decidí apostar por lo que en PLF llamamos Lady Fútbol. Y lo decidí por un motivo llamado Liverpool-Arsenal. Lo decidí por la liturgia de un estadio mítico que acoge a un equipo histórico en horas bajas y porque el Arsenal, gane o pierda, no escatima nunca en su apuesta balompédica. He de reconocer que ver a Gerrard y Torres en la alineación me hizo aproximarme aún más al clímax. Sus nombres se unían a los de Cesc Fábregas, Samir Nasri o Andrei Arshavin. Arshavin. Menudo jugador. Aunque ya hablaremos más tarde de este querubín. Todo esto, aderezado con los agudos comentarios de José Manuel Díaz y con el licenciado José Antonio Martín ‘Petón’. El aragonés volvió a impartir, una vez más, clases de dicción, vocabulario y fútbol. Sobretodo de fútbol. Hay personajes como Cañizares o el propio 'Petón' que perderían gran parte de sus virtudes como comentaristas sino añadieran a sus sentencias esa dosis imprescindible de pasión.
La primera hora del partido fue brutal. El más típico fútbol inglés. Intensidad, ritmo, intercambio de golpes y, por supuesto, cada uno fiel a su estilo. Los reds buscaban robar el balón lo más arriba posible y llegar al área con un juego directo, abriendo a la bandas y buscando centros. En esta faceta destacaba Glen Johnson. El carrilero británico percutía una y otra vez su banda. El joven Armand Traoré, un correcto pero inexperto lateral zurdo típico de la factoría Wenger, fue el que más lo sufrió. Los gunners estaban incómodos, puesto que Benítez, fiel a su dogma, apostó por ir al choque. Los londinenses no consiguieron enlazar seis pases seguidos hasta el último tramo del primer tiempo. Su única baza fueron las internadas por la derecha paridas por el binomio Walcott-Sagna. La llegada del descanso parte dejó lugar a sentimientos contradictorios, casi todos con el Liverpool como protagonista. El primero, que el único gol fuera un remate a puerta vacía de Kuyt tras un barullo a la salida de una falta. Después del espectáculo vivido, el gol del holandés no era una buena muestra de lo que había sido el partido. En segundo lugar, se hacía raro echar la vista a la tabla y observar que el equipo de Anfield esté este año tan abajo.
Pero en la reanudación quedaron normalizadas ambas percepciones. El transcurso del partido quiso que en un cuarto de hora, el Arsenal se viera por encima en el marcador. El gol en propia puerta de Glen Johnson mostró que quizá los reds no estén teniendo suerte en momentos clave de los partidos durante esta temporada, de ahí su mala cosecha. El segundo tanto es otra historia. Simplemente una obra de arte con el sello de Andrei Arshavin. Control, quiebro y disparo seco a la escuadra derecha de Pepe Reina. Se puede explicar de muchas maneras, pero lo mejor sería verlo. El gol sirvió como guinda al partido. Ahora sí que había una culminación que le ponía una fotografía al choque. Otra temporada, el Liverpool hubiera empatado e incluso remontado. Pero este año los ánimos no son los de antaño. En su afán por reinventarse a sí misma, la escuadra de Anfield tiene primero que recuperar su autoestima. Algo que no debe ser fácil tras haber caído en Europa a las primeras de cambio y tener el liderato a una distancia quimérica. El Arsenal fue el gran beneficiado de la jornada en Inglaterra, puesto que su victoria, unida a los tropiezos de Chelsea y United le dejó a seis puntos del liderato y con un partido menos.
Pero el fin de semana nos dejó a otros protagonistas. El primero en ser nombrado debería ser Dani Güiza, señorito andaluz. El delantero del Fenerbahçe parece estar apartado de nuestras vidas en la lejana Estambul, pero sigue marcando goles que mantienen a su equipo arriba. Aunque a muchos les pese, él, Villa, Torres y Negredo deberían ser los delanteros del Mundial. Su filia por el gol debe tenerse en cuenta. Ojalá retorne pronto a nuestra Liga.
De momento, aquí nos conformamos con lo que hay, que sigue siendo lo de siempre. La liga vuelve a ser bipolar –si es que alguna vez dejó de serlo- y cada vez queda más claro que Sevilla y Valencia se rifarán la tercera y la cuarta plaza. El Real Madrid sale reforzado de la jornada tras su gran victoria en Mestalla. Benzema brilló por fin e Higuaín sigue a lo suyo, que es encontrar con suma facilidad posiciones de gol y mostrar en todo momento ese ardor tan suyo a la hora de competir. Pepe dijo adiós a la temporada después de oír como crujía su rodilla. Todos le echaremos de menos, pero más su equipo. La Copa del Mundo de Sudáfrica perderá a uno de sus mejores centrales. Vuelve pronto, sultán del área.
El Barça, por su parte, salió rápido hacia Abu Dhabi tras el derbi, como huyendo de la polémica suscitada tras el penalti –o no penalti- sancionado por Iturralde en el derbi. La única realidad es que, tras un año excelso, los azulgranas pueden adornar 2009 con la sexta copa. Algo insólito hasta ahora. Nadie ha cosechado más en doce meses. Que la gloria esté de su parte.
Luego está el Atleti, que juega a la ruleta rusa semana sí, semana también. Dice el bueno de mi hermano, colchonero él, que Juanito debería haberse quedado en Betis. Y le digo yo: y Ujfalusi en la Fiore, y Pablo en el Albacete, y Antonio López y Raúl García en Osasuna, y Sinama en el Recre… Posee el Manzanares un estigma, un tipo extraño de presión, que convierte a los grandes jugadores en jugadores normalitos y a los jugadores normalitos en mediocridades. Mejor no analizar lo que hace de los jugadores mediocres…
La jornada dominical se acabó con un hecho que no hizo sino consumar la situación convulsa que vive el fútbol argentino. Mientras Boca y River, gigantes del torneo, acabaron undécimo y decimocuarto respectivamente, Banfield, un Getafe bonaerense, se proclamó campeón por primera vez en su historia pese a perder, precisamente, en la Bombonera. Su rival por el título, Newell’s, también cedió en su propio estadio ante San Lorenzo. Aun así, habrá que reconocer el mérito del combinado verdiblanco. Felicidades, ‘Taladro’. Si Lady Fútbol te ha concedido la gloria, a buen seguro la mereces.
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jueves, 29 de octubre de 2009
Semana vista, semana enfermiza
Semana psicótica para los amantes del fútbol televisado. El sábado en el Allianz Arena, en partido de Bundesliga, Van Gaal hizo bueno el recurso del central a repicar campanas para doblegar al Eintracht en el último suspiro. Anoche, sólo unos días después, esta vez en Frankfurt y en partido de Copa, el Eintracht recibió un rapapolvo por parte del propio Bayern ─0-4─. Así de malcriado es el deporte rey. El domingo, también en Alemania, Schalke y Hamburgo se dieron al frenesí goleador ─3-3─. Mientras que el gigante de Múnich no llegará muy lejos si pretende vivir a costa de sus monolitos y un centro del campo próximo a la Edad de Piedra, otro futuro bien distinto promete el conjunto norteño, cuyo gozne pertenece a Zé Roberto. Ironías del fútbol: el brasileño, desechado por el Bayern este verano, es justo el resorte del que carece ahora el club bávaro. En un renovado Hamburgo, al veterano todoterreno le secundan jóvenes figuras en ciernes, caso de Pitroipa, Berg y por supuesto el chispeante Eljero Elia, gran revelación de la Bundesliga por una cuestión de velocidad pura. Estará en el Mundial, posiblemente gozando de bastantes minutos en pantalla.
También durante el fin de semana, en la Lega Calcio, los centrocampistas del Inter insistieron en encubrir a sus puntas, el Milán enseñó destellos de resurrección a base de trompazos, la Juve se reencontró con Amauri, y la 'Samp', a lo suyo, disfrutando de su sueño en otra dimensión. Los festivales dejaron de ser noticia en el Luigi Ferraris. Y ayer miércoles, en lugar de la Copa, perseveró la liga. A la espera del líder, el Inter de Mourinho que juega hoy en Palermo, la conclusión es que el Milán seguirá sufriendo los achaques de la vejez y que las cebras de Turín están definitivamente de vuelta. Aplastaron a su vecino en la tabla, la Sampdoria, con una alineación para soñar en grande: Buffon; Grygera, Cannavaro, Chiellini, Grosso; Camoranesi, Sissoko, Felipe Melo, Giovinco; Diego; Amauri. Como ya se presumía, la lesión de Iaquinta será como savia para Amauri, que a partir de ahora dispondrá de todo el frente de ataque, y para Giovinco, el sustituto elegido. Su asociación con Diego, complementada por el apache Camoranesi y la fuerza animal de Sissoko y Melo, ya ha comenzado a generar beneficios. La bien parecida 'Samp' puede dar fe de ello. Le cayeron cinco en Delle Alpi, merced a una exhibición de catálogo de toda la 'Juve', en bloque. La sociedad Amauri y Asociados, especialistas en encimeras de granito, es por fin un hecho.
En Inglaterra es ya una costumbre que el Chelsea golee sin sacudirse el hombro. Essien ─¡qué futbolista!─, Lampard, Anelka, Drogba y compañía van camino de recuperar el cetro doméstico y de alcanzar el europeo. De la mano de Ancelotti, no parecen acusar los blues ni los años ni las decepciones pasadas. Arrollaron al Blackburn en la Premier y anoche hicieron lo propio con el Bolton en la Carling. La zaga sigue funcionando, la delantera es un martillo y la media ha enrolado a un timonel de campanillas. No es un fichaje; es un regreso. En efecto: Deco is back. En cuanto al vigente campeón, el United, nada que reprochar a su inicio de temporada. Si bien no se muestra tan pétreo como Chelsea, dispone igualmente de un grupo contrastado que acumula puntos de experiencia. Sucumbió en Anfield porque Torres gusta de hacerle retratos a la pareja Ferdinand-Vidic ─centrales vulnerables a campo abierto y por tanto sobrevalorados─, pero aguantará a la rueda del Chelsea hasta el final. Del Liverpool, poco que añadir a lo conocido: Torres, Benayoun… y hasta ahí. Un año más ─¡otro más!─, irá dando tumbos por la tabla hasta aburrirse de sí mismo. Anoche en partido de Carling, plagado de suplentes, confirmó tener peor plantilla que el Arsenal además de peor equipo. Y es que Wenger tiene incubadoras para todos. Qué diferencia de modelo. Ambos clubes llevan un siglo sin ganar, pero el baby Arsenal sigue un patrón, tiene una idea, responde a una filosofía: mucha juventud, algo de veteranía y toneladas de talento. El equipo B, con Fran Mérida al mando, simplemente jugó al escondite con los reds. Il Principino Aquilani, que por fin debutó, no anuncia una revolución: es algo más que Lucas Leiva y algo menos que Xabi Alonso.
Analizada en panorámica, ha sido por tanto una semana delirante, generosa en espectáculo, emoción y goles. Y todo sin llegar a España, país de locos geniales, donde se han vivido siete días intensos y convulsos. Es la Liga un torneo tan igualado y cambiante que las fronteras entre la clase media y la baja se difuminan semana tras semana. El Sevilla, que ajustició con arte al Madrid y se ganó el derecho a réplica, cayó después en A Coruña sin paliativos. Se reivindicó entonces el 'Depor' de Lotina, días antes de ser vilipendiado por el Valladolid de Mendilíbar. La conclusión es que la española es una liga rica en matices, repleta de jugadores competitivos y trufada de entrenadores que trabajan sus equipos a conciencia. Eso, que por un lado sanea el torneo y seduce al aficionado, por el otro elimina candidaturas al título. Que los equipos malos sean minoría es lo que finalmente impedirá a Sevilla y Valencia opositar al título. Los números hablan tras ocho jornadas. Los de Jiménez y Emery, que en líneas generales han firmado un buen arranque, están a seis y siete puntos del líder respectivamente. Una distancia sideral a estas alturas. El Valencia cotiza al alza en las últimas jornadas tras un comienzo dubitativo, al tiempo que el Sevilla se presume como un conjunto sólido y fiable, máxime en el Pizjuán. Pero ahí está, en la práctica, la brecha con respecto al Barcelona.
En cualquier caso es una gran noticia que los modestos sí tengan voz y voto. El sábado, en Gijón, 'Super Mario' Preciado ganó la partida a la galaxia, gracias a una defensa numantina más que asturiana. Canella se ha consolidado, Gregory y Botía han sido un hallazgo, y Lora, que era un delantero cerrado en infantil, se ha adaptado con naturalidad al lateral. Junto a Juan Pablo completaron un partido inmaculado. Sin duda, en El Molinón habita una de las defensas a tener en cuenta: rigor táctico, intensidad y clase con el cuero. El empate, visto como un tesoro en Gijón, no cayó bien en Madrid después de la derrota frente al Milán. Lo que nadie podía augurar era el esperpento de Alcorcón, donde las pirámides de Florentino se desmoronaron al unísono y con estrépito. En ocasiones, el fútbol produce resultados de tal sonrojo y contundencia que apenas si dan lugar al escarnio. Pellegrini tiene alarmas en todas las líneas, comenzando por la media, donde apenas la anarquía de Guti ofrece garantías.
Por su parte, el Barça de Guardiola aprovechó la reverencial visita del Zaragoza para recuperar la sintonía y, de paso, castigar la candidez de Marcelino, empeñado en perder sin salir del vestuario. Ibrahimović va a más: descuelga balones de la azotea, asiste, finta, remata y, sólo en sus ratos libres, lanza misiles. El otro destacado fue Keita, que pese a su aspecto abnegado y frágil ya tiene a la grada en el zurrón. Las patas de flamenco del malí son el recurso de moda. Y en Copa, ayer el protagonista volvió a ser Pedro, dotado con un sentido arácnido para el gol. Gai Assulin es pura fantasía, Jeffren aprobó como lateral y Maxwell va ganando confianza a ritmo de minutos. En negativo, Chygrynskyy ofrece cada día nuevas dudas aunque no lo refleje la prensa. Lento, frío y descoordinado, todo un galápago, no hay en él vestigios de Koeman sino más bien de Christanval. No es una sorpresa: las referencias hablaban de un central mediocre. 25 millones al desagüe, imputables euro a euro a Guardiola, un tipo presumiblemente concienciado con las desigualdades. El fútbol lo corrompe todo.
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domingo, 5 de julio de 2009
Andréi Arshavin o la Revolución Bolchevique
La banda izquierda del Barcelona sigue buscando inquilino desesperadamente. Ribéry, Robinho, Malouda, Ashley Young, Van Persie, Silva y Mata. Sobre la posible incorporación de todos ellos se ha especulado en las últimas semanas. Con la primera opción descartada debido a las intenciones de Scarface, el baile de nombres se ha intensificado. Mucho se escribió sobre la posible cesión de Robinho, aunque el City la desestimó. La renovación de Malouda por el Chelsea le alejó definitivamente del Camp Nou. Ashley Young se contempla como una opción de futuro. Su fichaje no respondería al perfil de jugador contrastado que busca Beguiristain. Con Van Persie, el escollo es su relación calidad-precio. No ofrece totales garantías y su incorporación supondría un navajazo en el capital disponible. En cuanto a Silva no se tienen dudas sobre su categoría, aunque su perfil no se corresponde con el de un señor de la cal. A veces ocurre que un jugador fantástico no tiene cabida en un dibujo determinado. Es el caso del canario, ideal para un 4-4-2 pero inconcreto para el 4-3-3, donde desdibujaría el esquema mental de Guardiola. Finalmente, la alternativa que ha tomado más cuerpo en los últimos días es la de Juan Mata, burgalés de sangre asturiana, que garantizaría la empatía con Villa. La situación económica del Valencia es poco menos que desesperada, lo cual obliga a sus dirigentes a estudiar cualquier tipo de oferta. No obstante, venderán caras sus pieles. El todopoderoso Florentino ya se retiró de la puja por Villa ante las pretensiones valencianistas, razón de más para que en Barcelona preparen la chequera. 55 millones por la dupla de delanteros podrían no bastar.
Mientras Beguiristain apuesta todas sus fichas a la opción ché, las preferencias de la afición azulgrana van en otra dirección. Andréi Arshavin es el elegido por la hinchada. A sus 28 años, su historia es la de una explosión tardía. Tras una larga trayectoria en el Zenit ruso, donde empezó jugando de mediocentro, se dio a conocer al gran público en la pasada Eurocopa. Una actuación descomunal ante Holanda en los cuartos de final le valió el reconocimiento mundial. Se escribieron maravillas de él. Muchas de ellas sobredimensionadas, como compararle con Maradona. Se convirtió en objeto de deseo de los grandes de Europa y sólo faltó un suspiro para su fichaje por el Barça, su equipo soñado. Finalmente, nadie creyó firmemente en él y comenzó la temporada con el Zenit, hasta que ya en 2009 el Arsenal se hizo con sus servicios en una gran operación ─13'3 millones─. En sólo media temporada, Arshavin justificó con creces su fichaje con las virtudes que le definen: desequilibrio y clase, mucha clase. Los goles tampoco le esquivaron ─7 en 12 encuentros─. Especialmente memorable fue la tarde del 21 de abril, cuando consiguió hacer cuatro agujeros en las vetustas porterías de Anfield.
A Arshavin se le acusa de indolente e indisciplinado. Hay quien teme que por sus venas corra la misma sangre que por las de Hleb. No son dos casos comparables. El bielorruso no ha rendido por inadaptación al medio. Acostumbrado a ser el dueño de la banda en el 4-5-1 de Wenger, no ha encontrado su posición en el dibujo de Guardiola. La intermitencia en las alineaciones y la merma de confianza en sí mismo no le han ayudado. Arshavin es otro mundo. Tiene genética de ganador y es descarado por naturaleza. Buscará el balón, encarará, centrará, trazará diagonales… Sin ser Messi ni Ribéry, sí puede ponerse su careta. Ante los escépticos, ha acreditado ser válido para las grandes ligas. Se equivocaría el Barcelona echando el resto por un segundo delantero reconvertido a extremo como Mata. No es un especialista, por más que conozca el arte de la aguja y el ovillo. Aportaría goles y formaría una buena sociedad con Villa, pero su fichaje supondría una solución cómoda y conformista. El asturiano interesante para el flanco azulgrana es Cazorla, sobre el que nadie se pronuncia. Si es un jugador con pies de algodón, valiente y con inspiración lo que anhela el Barcelona, el hombre no es Mata. Adquirir a Cazorla sería respetar el orden establecido; ir sobre seguro. La auténtica revolución tiene nombre: se llama Andréi Arshavin.
sábado, 30 de mayo de 2009
La eternidad
El pasado miércoles, 27 de mayo de 2009, sobre las 23:00 horas, Carles Puyol Saforcada alzó al cielo del Olímpico de Roma la Copa de Europa lograda por él y los suyos en un duelo de titanes. Antes del partido, sin saber muy bien el orden, se enfrentaban el mejor equipo del mundo contra el segundo mejor equipo del mundo. Cuando Bussaca pitó el final, la jerarquía ya estaba un poco más clara. No por el resultado, que también, sino por la diferencia entre unos y otros sobre el terreno de juego.Y pese a esa diferencia, hacía falta refrendar tal superioridad con un mayor número de goles que el rival en el marcador. Bien lo sabe el Barça, que tantas y tantas veces ha sido superior en el césped pero no en el marcador. El azulgrana es un club emblemático, con numerosos títulos en sus vitrinas, pero la brecha entre las copas que luce su palmarés y las que podría lucir es más prolongada de lo que pensamos.
Por eso he citado el momento en que Tiburón Puyol alzó la tercera Copa de la Ligue des Champions para el club al principio del artículo. Porque ello significa un cambio de sentido. Significa que por fin el Barça, con un equipo superior al de su rival, alzó un trofeo sin agonía a última hora o un llanto inesperado. Significa que, en tres años, su prestigio ha crecido ostensiblemente; ha pasado del club de grandecillos ─aquellos que como Celtic, Aston Villa o Borussia Dortmund tienen 'sólo' una Copa de Europa─ a estar nada más que un peldaño por debajo de grandes como el Liverpool o el Bayern, que coleccionan 4 ó 5 trofeos, y al mismo nivel que su osado y último rival, el Manchester United, que también ha obtenido 3 entorchados. El Real Madrid y el Milan, la verdad sea dicha, aún quedan lejos, por mucho que algunos de sus alirones sean ya vetustos.
La historia la marcan los detalles. Y eso siempre pesó al Barça. El 31 de mayo de 1961, una de las mejores escuadras que jamás haya tenido esta institución se presentaba en Berna para recoger el testigo del pentacampeón, el Real Madrid de Di Stéfano. Los palos cuadrados del Wankdorf Stadium y ─se comenta, se presume, se sabe─ el sol cegaron a Ramallets y privaron al Barça de ganar su primera final europea. Desde entonces, los palos son redondos, pero fueron los culés quienes pagaron la novatada. En el año 86, los Schuster, Pichi Alonso y cía. acudían a Sevilla para jugar la final contra un desconocido Steaua de Bucarest. Los azulgrana se sentían ya campeones antes de jugar, y claro, la historia de cebó esta vez con su ego, y el portero Duckadam ─ídolo de la anticulerada desde entonces─ se agigantó para detener cuatro penaltis durante la tanda. 0 de 2.
En el 92, Wembley, por fin, pasó a la historia como un santuario propicio para el éxito. El archiconocido disparo de Koeman en el minuto 112 tras una falta de patio de colegio provocada por Eusebio Sacristán daba al Barça su primer título europeo de la máxima.
Dos años después, en la mitológica ciudad de Atenas, se vivió uno de los mayores desastres de la centenaria historia blaugrana. La máquina de fútbol recreada por Fabio Capello tras la desintegración de aquel Milan con Sacchi en el banquillo y Rijkaard, Gullit y Van Basten, pasó como un rodillo sobre un equipo que venía ya emborrachado de títulos. El bueno de Fabio, apostando por hombres como Desailly o Savicevic, añadidos a leyendas como Baresi, Costacurta o Paolo Maldini le infringió a los culés un baño que fue, nada más y nada menos, el preludio de la desintegración del Dream Team. 1 de 4.
Se puede decir que a partir de entonces, la sequía europea llegó al Camp Nou. Tuvieron que pasar 12 largos años para que el Barça volviera a una final. París vio al Barça campeonar otra vez en el Viejo Continente. Eto'o empezó a escribir su gloriosa carrera como azulgrana y otra vez un defensa ─Belletti─ alivió un final agónico ante un equipo inferior al Barça hombre por hombre pero mejor que los barcelonistas sobre el terreno de juego. No nos engañemos, quizá estaba escrito que el Fútbol Club Barcelona ganara en Londres y en París, pero tanto Sampdoria como Arsenal se apoderaron en muchos momentos del miedo de dos equipos que ya están en la historia del club fundado por Hans Gamper en 1899. Con todos mis respetos hacia genoveses y londinenses, esas finales tenían que ser para el Barça. Ambos equipos pasaron a la historia por su fútbol espectáculo, y la guinda no podía ser otra que la Champions.
Y tres años después; o sea, hace dos días, la última final disputada por los culés. Por suerte, Roma era otra gran ciudad europea, muy por encima del rango de Sevilla o Berna, quizá no tanto del de Atenas, pero más al nivel de Londres y París. Se ganó como se anhelaba. Con suficiencia, con trascendencia, con testosterona, con justicia. Pasando por encima de un rival con mucho nivel, que empezó apretando y que pese a doblar la rodilla en el tramo final, nunca le perdió la cara al encuentro aun planteándolo mal. Era el Manchester United. Eran Wayne Rooney, Cristiano Ronaldo, Edwin Van der Sar, Patrice Evra, Nemanja Vidic o Carlitos Tévez, entre otros. Era el 'ogro' Alex Ferguson. Pero claro, delante estaban don Andrés Iniesta, el venerable Samuel Eto'o, el superlativo Leo Messi, el doctor Xavi Henández y el señor Víctor Valdés, entre otros. Y por supuesto, su Santidad Pep Guardiola. Ellos han conseguido cambiar la historia de este club. Han convertido la dinámica perdedora en otra insaciablemente ganadora. Han conseguido junto al triunfo de París, que el saldo se haya igualado y sea de tres finales ganadas de seis disputadas ─algo que tampoco resulta descabellado si vemos que el propio United acumula 3 de 4 o el Real Madrid 9 de 11─.
Más allá de la estadística, siempre fría como una puñalada, el culé mira hacia atrás y es consciente de que nunca se sintió tan lleno, de que nunca se sintió tan vigoroso, de que nunca sintió tan cerca la felicidad total. Y es que da la sensación de que en un solo año, el Fútbol le ha devuelto al Barça todo lo que le quitó años atrás. Está claro que Sevilla o Berna nunca volverán, que las dos últimas Ligas regaladas estarán para siempre en las vitrinas de Concha Espina –recuerden, el 19 a 31, podría ser hoy un 21 a 29 y nadie se rasgaría las vestiduras-, pero también queda claro que la oportunidad del triplete era única. Y eso sí que se ha conseguido. Nadie en España lo consiguió aún. Sólo el gran Celtic del 67, el superlativo Ajax de Cruyff, el PSV de Hiddink o aquel Manchester heroico que vimos en el Camp Nou hace 10 años lo consiguieron.
Por fin el Barça ha conseguido un hito que le coloca en la cima de aquello que nunca dominó: la estadística. El resultado. Pero no por eso ha entrado en la leyenda –que también-. Lo hará porque antes de alzar la orejuda al cielo de Roma, ya había conseguido la verdadera victoria: quedar en la memoria y en el corazón de los aficionados. Ser recordado como los grandes. Como la Hungría de Puskas, como el Real Madrid de Di Stéfano, como el Brasil de Pelé, como el Milan de Sacchi, como el Uruguay del ‘Maracanazo’, como la España campeona de Europa hace menos de un año. Por eso es y será eterno.
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jueves, 30 de octubre de 2008
Football is football
El mundo del fútbol se llena día sí día también de topicazos como el de que los partidos duran noventa minutos y que no hay que bajar los brazos hasta que el árbitro pite el final o que un derby siempre es un derby. A veces, parecen poco más que frases hechas a las que siempre se recurre cuando faltan argumentos mejor construidos. Pero esta noche, el duelo entre los dos contendientes del norte de Londres nos ha recodado que los tópicos están ahí por algo.Esta mañana leía en la programación que La 2 iba a emitir en diferido el Arsenal-Tottenham y, hambriento de ligas europeas, he decidido que vería el partido. Incluso cuando la jornada copera estaba acabando y Carrusel se disponía a relatar lo sucedido en la décima jornada de la Premiership, he apagado la radio para no saber nada acerca del partido. Justo en ese momento comenzaba la retransmisión en diferido en el Emirates Stadium. Un amigo me ha dicho minutos antes que no me diría el resultado del partido, pero que me garantizaba goles. Justo lo que me faltaba para ponerme delante del televisor sin prestar atención a nada más.
Me gusta la Premier. Me gusta porque apuesta siempre por el cuerpo a cuerpo, porque allí juegan los mejores del planeta, porque sabe venderse al resto del mundo, porque el juego de estrategia siempre conlleva goles. Pero ante todo me gusta porque siempre aparecen jugadores –sobretodo de segunda línea- que chutan sin ningún complejo a portería desde media o larga distancia. Y antes del cuarto de hora, Bentley, que formaba en el ataque de los Spurs junto a Pavlyuchenko –jugadorazo, aún no le sonríe la suerte- se ha sacado una bomba inteligente que tras tomar un espectacular efecto se ha colado en la portería del navarro Almunia tras recorrer cuarenta metros. Al Arsenal le ha costado arrancar, más cuando Cesc estaba totalmente anulado por la maraña que formaban Huddlestone y Jenas –muy bien ayudados por Modric- en la medular. Pero ante tal atasco, el balón parado ha conseguido consumar la reacción Gunner, que con dos goles de cada uno de sus centrales –Silvestre y Gallas- ha conseguido voltear el marcador con sendos testarazos antes y después del descanso. Los Spurs no han sabido encajar la desventaja y han sufrido mucho durante la reanudación. En el 63’, Adebayor ha inaugurado el primer acto loco del partido poniendo el 3-1. Bent, recién ingresado en la cancha, ha recortado las diferencias tres minutos después en el segundo balón que tocaba. Ese gol ha nacido fruto del descaro de Huddlestone para bombardear un balón muerto a cinco metros de la frontal que ha obligado a Almunia a rechazar a pies del talentoso delantero inglés. Pero un minuto después, enésimo fallo del lateral visitante Hutton, balón para Adebayor, pase diagonal para Van Persie, y éste fusila a Gomes con su pierna menos buena. En cinco minutos, el marcador se ha doblado: del 2-1 se ha pasado al 4-2. El choque estaba presuntamente cerrado. Pero solo presuntamente, como bien dice el tópico, no hay sentencia hasta que el trencilla pita. Wenger ha empezado a sustituir a sus hombres de talento a cambio de músculo, y la verdad es que el Arsenal ha podido marcar el quinto antes de un final de taquicardia.
Juande Ramos, fichado hace un año por el mecenas Daniel Levy para llevar al Tottenham a lo más alto, fue despedido el fin de semana pasado. Al parecer, la plantilla ya no confiaba en su técnico y se produjo una situación similar a la que vivió Ronald Koeman durante la temporada pasada en el banquillo de Mestalla. Su sustituto en el banco, Harry Redknapp, parece haber dotado al equipo de nuevos ánimos, y tras cumplir otro tópico el pasado domindo –a entrenador nuevo, victoria segura-, ha seguido motivando a los suyos, incluso ha incorporado en el campo a Gunter y otro jugador de clara vocación ofensiva como Aaron Lennon, a la postre decisivo. Con el tiempo a punto de cumplirse Jermaine Jenas ha recogido un balón suelto en la zona de medios, lo ha empujado con más alma que cuerpo hasta la frontal y desde allí, ha colocado un latigazo que el meta español del Arsenal solo ha podido seguir con la mirada. Y casi ni eso. Quedaban aún cuatro minutos de alargue. Al Arsenal, que ya se creía ganador, le ha faltado, como en otras ocasiones, tener la cabeza fría, y tras un saque de portería en largo de Gomes, el balón se ha convertido en una bola de billar hasta acabar a pies de Modric, que estaba en el jardín del área y que hasta entonces había jugado a ráfagas. Desde allí, le ha bastado un control orientado y un chut más colocado que potente que ha pegado en el poste de Almunia. El rechace y el gol para Lennon, y la celebración dedicada a los sufridos hinchas de White Hart Line, allí donde Bentley había celebrado el primero de los suyos. La pesadilla, para Almunia, que esta noche soñará que hombres con camiseta blanca y con el escudo de un gallo sobre un balón en el pecho le acribillan a metrallazos. O a bombazos.
Este espectáculo acaecido en el país que inventó el fútbol ha servido para mostrar la esencia del fútbol y de sus tópicos y para que servidor retome sus artículos en este blog tras meses de dejadez. No olviden que también podrán volver a leer al gran Cristian Naranjo, que hoy también ha decidido abandonar su letargo creativo. De momento, hola de nuevo, ‘Pienso, luego fútbol’.
