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viernes, 12 de febrero de 2010

En busca de la profundidad

Por Cristian Naranjo

Desde que Ronaldinho decidiera abandonarse a los placeres de la vida alegre, la banda izquierda del ataque del Barça no ha encontrado un inquilino de fiar. Thierry Henry ha sido su arrendatario los dos últimos años sin llegar a ser nunca un buen pagador. Encajado con calzador en el sistema de Rijkaard, y pese a ser reanimado después por Guardiola, el francés no ha alcanzado la quinta esencia de su fútbol de cashmire. La sensación es que se ha ido oxidando desde el día en que llegó, siempre a la sombra de nueves más puros o menos versátiles que él.

Así las cosas, una parcela del Camp Nou pide a gritos ser recalificada en beneficio de un futbolista tan esdrújulo como específico. Insertar en banda a otro nueve de primer orden como Rooney, Villa o Agüero supondría reincidir en el déficit de profundidad y desborde que tanto obsesiona a Guardiola.

Quizá el más indicado para ocupar esa plaza sea Ribéry. Por experiencia, talento y características, no hay jugador como él cuando se trata de mezclar el cuchillo con la burla, tal y como hace el Joker. Velocidad viperina, desmarques incisivos y malicia al encarar. Todo es siniestro en Ribéry. Tanto, que va camino de una temporada in albis a causa de sospechosas y continuas molestias. Lo sucedido en verano habla de blancas intenciones. Sería una sorpresa que Florentino no ejecutara su fichaje a final de curso.

Congelado como está el futuro de Scarface, los tabloides catalanes tampoco olvidan a David Silva, el poeta de Arguineguín. Zurdo aterciopelado y de cálido carácter, el canario aseguraría una adaptación instantánea y un buen ratio de gol; cualidades preciadas pero demasiado similares a las de otro isleño emergente, que a base de fulgor juvenil ha borrado el diminutivo de su camiseta. Se trata de Pedro, anteriormente conocido como Pedrito. Los dos canarios galvanizarían la banda, pero a Guardiola seguirían faltándole líneas de fuga en busca de la profundidad.

Y mientras la prensa sigue vendiendo ejemplares a base de percutir siempre los mismos yunques, un tercer nombre reverbera en la mente de algunos sibaritas: Andréi Arshavin, el cañón soviético. Posiblemente el tipo de jugador que más se parezca a Messi, con todo lo que ello comporte. A excepción de la precocidad. A sus 28 años, de forma tardía, Arshavin por fin ha encontrado el cuajo y la consagración en Londres. Aunque sueña desde antaño en azulgrana, cuando en 2008 Beguiristain decidió no comprarle por algo más de quince millones. Si por el bien del Barcelona fuera el ruso el escogido por Guardiola, esta vez el dinero no sería óbice. Lo soviético cotiza al alza. Y en Londres lo saben. Si un Chygrynskyy vale 30 millones, ¿cuánto cuesta hoy un Arshavin?
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miércoles, 30 de diciembre de 2009

El millor any de la nostra vida

Un reportaje fotográfico de Albert Valor
La eternidad en imágenes

































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miércoles, 25 de noviembre de 2009

La cruda realidad

Por Albert Valor

Hace 24 horas, el barcelonismo tiritaba. Los enemigos públicos culés, en cambio, se frotaban las manos y hasta los ojos. No era para menos. Samuel Eto’o y Jose Mourinho llegaban –supuestamente- con el cuchillo entre los dientes para apear al campeón de todo a las primeras de cambio. La prensa catalana –y la afición, ¿para qué negarlo?- se lamentaba de las bajas de Ibrahimović y Messi y tomaba como elementos de juicio los últimos tropiezos del equipo ante rivales aguerridos. En la capital, en cambio, las portadas eran para Samuel. Decían de él que volvía a jugar para el Real Madrid.

Y llegó la hora. En el túnel de vestuarios, Eto’o saludó y abrazó uno por uno a todos sus ex compañeros. Lo mismo hizo tras escuchar la emocionante melodía de la Champions. El Camp Nou le brindó la ovación merecida y Bussaca pitó el inicio. Cabe decir en este momento que la realización del evento por parte de TVE fue de lo peor visto en años, ya que obvió la salida al campo de los equipos y parte del momento en que los jugadores escuchaban de cara al palco la musiquita europea para conceder una entrevista vacía e inoportuna a ¡Luis Figo! Pregunten a cualquier barcelonista que estuviera viendo el partido en el sofá de su casa. No entraremos ahora a valorar qué significa o deja de significar el portugués para la parroquia culé, pero en ese momento lo importante era ver y escuchar íntegramente el reencuentro de Eto’o con su afición y por supuesto, la previa del partido -¿no?-.

Del partido en sí poco se puede decir que la gente no sepa ya. Monólogo culé ante la apatía –o quizá haya que decir incapacidad- del Inter. Uno escuchará ahora que los nerazurros no fueron un rival de peso. Lo mismo que se escuchó el año pasado acerca de Olympique de Lyon, Bayern de Munich, Manchester United, Sevilla o Real Madrid. Pero algún mérito habrá que conceder al Barcelona. Porque un equipo en el que cada jugador toca, se mueve y se vuelve a ofrecer para recibir nuevamente el balón es muy difícil de defender. Y eso es lo que hizo ayer el Barça contra los italianos y lo que hizo también en el pasado reciente contra todos los equipos antes mencionados. Jugar al fútbol según el libreto de Guardiola. Los goles del cabecilla Gerard Piqué y de Pedro, que golpeó al balón con toda la ilusión de la juventud –expresión acuñada por Alfredo Martínez, ¡grande!-, son lo de menos. Con el 2-0, el Barça sintió plasmada su superioridad y levantó el pie, pero si no hubieran sido esos los goles hubieran sido otros. La gallardía de Sergio Busquets en la zona ancha y la constante percusión de Alves por su costado son también sujetos dignos de mención. Incluso la solidaridad de Henry debe ser elogiada.

Y ahora queda hablar del protagonista real del encuentro. Y digo real porque a fin de cuentas, pasara lo que pasara, todo el mundo acabaría hablando de él. Y así fue. Porque hasta Mourinho, discreto y extrañamente comedido, pasó desapercibido. Pero para desgracia para el fútbol, para demostrar la incapacidad de la mayoría de la masa culé una vez más y para dejar en evidencia a los oportunistas que sólo quieren polémica, Eto’o fue protagonista para que se hablara mal de él. Que si vino con la camiseta del Barça debajo, que adónde va dando besos a todo el mundo, que no hizo nada en todo el partido, que si al final del partido estaba concediendo una entrevista a la televisión sonriendo y abrazado a Gerard Piqué… la lista de improperios es interminable. Y es que la realidad es que al africano forma junto a Guti, Raúl, Cristiano Ronaldo, Beckham o Ronaldinho y alguno más ese grupo de futbolistas a los que criticar es una tarea a la que todo el mundo se apunta. Y es que, ¿qué haría usted si volviera a la empresa donde estuvo cinco años trabajando, conoció a tanta gente que le marcó, fue feliz e hizo feliz a tantas personas? Eso por un lado. Por otro, el rendimiento deportivo del camerunés. No hizo nada, quizá sea verdad. Quizá sea verdad para aquellos que consideran que si un delantero no mete un gol no es nada. Y Eto’o es un goleador. Un goleador al que ayer no le llegaron balones en condiciones –y quizá es ahí donde habría que ensalzar la figura de Xavi e Iniesta-. No sé que partido vieron ustedes, yo sólo sé que en el minuto 80, con el partido ya perdido para el Inter, Samuel aún presionaba la salida de balón del Barcelona. Eso sí, más solo que la una.

El cambio ya está hecho. Eto’o ya es pasado. Y Zlatan, su recambio, todo un jugadorazo. Pero por favor, no olvidemos a quien nos ha hecho tan grandes. En 2004, con la llegada de Samuel, el Barça lucía en sus vitrinas una solitaria Copa de Europa. A su marcha, el pasado verano, lucía tres. Dos más. Una en 105 años y dos en 5. Y no es que él sea el único responsable. Aunque sí que es el único denominador común junto con Valdés, Puyol e Iniesta y alguno más –aunque Xavi no jugó en París, recuerden- de ambas consecuciones. Sin las paradas de Víctor, la tenacidad del de la Pobla o la clarividencia que aporta el manchego tampoco habrían sido posibles las dos orejudas. Pero mami, algo será lo que tiene el negro.

Una vez más el fútbol ha demostrado su grandeza. Siempre dejando lugar a todo tipo de preguntas, comentarios y deseos. Eso sí, después de un partido, se pueden desmontar los vaticinios más indudables, y quien dijo digo, ahora dice Diego. Fíjense que se ha llegado escuchar que tras el partido de ayer, ¿no será que Messi e Ibra sean quizá el problema? De chiste. Sin duda, lo que siempre sucede es que el balón deja al descubierto la cruda realidad. A todos los niveles.

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sábado, 31 de octubre de 2009

Noches tintadas de azul y grana

Reflexiones insomnes de Cristian Naranjo
para 'Sir' Eduard Ferreres

Sobre Johan, Pep y Samuel

Y lo sabes, Sir. Y lo sabes ─en referencia a un comentario sobre Chygrynskyy de la última entrada─. Tú sabes que estoy en lo cierto. Guardiola está aplicando, y en ocasiones mejorando, todo lo bueno de Cruyff. ¿Dónde está el pero? En que también ha empezado a calcar los mismos errores de autor. Después de Atenas, Cruyff se desprendió de sus cuatro grandes para traer a Escaig, Korneiev, Eskurza, Prosinecki, Hagi y más tarde a Kodro, además de subir al primer equipo a figuras como Sánchez Jara, su yerno Angoy, y su hijo Jordi. Quería una revolución y la tuvo: una revolución patética, fracasada, lamentable.

Casi quince años después, Guardiola desechó a Ronaldinho, Deco y también a Eto'o, al que no quería porque prefería a 'Manolito' Adebayor ─jugador sedoso, por cierto─. Eran tres de los más gigantes que han pasado por aquí. No vamos a descubrirlos ahora. Finalmente se fueron los dos brasileños, y al poco se comprobó que la decisión fue acertada. Aunque personalmente opino que nunca se sabrá qué hubiera pasado con ellos aquí. Quizá eran recuperables para la causa, o quizá no habríamos ganado nada. El caso es que sólo se quedó Eto'o. Y con él, con su espíritu animal, volvimos a ganarlo todo. Y yo vuelvo a preguntarme una y otra vez: ¿En qué cabeza cabe desprenderse de un nueve en su plenitud, que ha marcado 36 goles (120 en el cómputo total) y ha dado tres Ligas y dos Champions? Pues tan sólo en la de un genio algo trastocado, como lo fue Cruyff y como lo es Guardiola. ¿A quién se le ocurriría despreciar a un buen central de perfil defensivo, rápido, intenso y contundente ─Cáceres─, para fichar a un 'no defensa' del género tronco, todavía más lento que Márquez ─que ya es decir─? Pues primero se le ocurrió a Cruyff ─no tengo dudas sobre su influencia en las operaciones del trueque de nueves y del zaguero ucranio─. Y después, Guardiola le obedeció. No discuto el fichaje de Ibrahimović en ningún sentido; desde el primer momento entendí lo que se buscaba con el cíngaro. En cambio sí discuto que el señalado para saltar fuera el 'Negro' y no el gendarme francés, un punta reconvertido, cuatro años mayor, físicamente débil y pasado de vueltas.

Tener a Eto'o en el campo suponía siempre un plus, por físico, carácter ganador e instinto. Y además, en el tramo final demostró que también servía para entrar por banda. No habría delantera más feroz que Messi, 'Ibra' y Eto'o. El debate brillaría por su ausencia. Gente como Henry, a moldear banquillo o mejor al desguace. Gente como Pedro, de revulsivo y sacacorchos ─gran complemento de segundas partes y partidos menores─. Gente como Bojan, al Júpiter si pretende ser titular algún día. ¿Gente como Robinho? Esa delantera no daría lugar a un refuerzo invernal con pedigrí mediático. No lo veo claro, Sir. Salta a la vista que sin Eto'o la plantilla ha perdido tantos goles como voltios. Ni Henry, ni Robinho, ni siquiera Ribéry tienen esa presencia escénica de: 'Hola, soy Eto'o, he venido a buscar otra Copa de Europa'. El díscolo escandinavo es un jugador de bodega, un gran reserva del fútbol, sólo apto para gastrónomos de paladar exquisito. Pero ha venido como recambio, no como refuerzo. Ahí esta el matiz. Con Henry en el IMSERSO y Bojan en el recreo, es Pedro el que habita la banda, pero la tiene arrendada, no en propiedad. Si viene Robinho, bienvenido sea: el lado izquierdo del ataque tendrá nuevo inquilino. Pero no dejará de ser otro pespunte sobre la marcha.

El centro del campo no presenta mejores síntomas. Iniesta aún tardará en ser Iniesta; los africanos están llamados a otra guerra; Busquets ha perdido apresto durante el verano; y Xavi, la placa base, sostiene a duras penas el sistema. En defensa, más de lo mismo: pocos eslabones en la cadena, algunos de ellos débiles o muy débiles. A saber: Márquez, Maxwell y, sobre todo, Chygrynskyy. El mejicano ya está ajado por el tiempo aunque puede resurgir; el brasileño simplemente cubrirá el expediente; y el ucranio evoca a personajes que poco tienen que ver con la esfera de cuero: Jesucristo, Frankenstein o el hombre de las nieves entre otros. Del profeta posee la extrema benevolencia y el discurso. Poco después de fichar por el Barça declaró: "Este club es como una religión". Y de hecho predica con el ejemplo: es un central de lo más religioso, máxime con el balón en juego. Al personaje de Mary Shelley recuerdan sus movimientos mecánicos y al ralentí, como si fuera un sonámbulo de hojalata. Y en cuanto al hombre de las nieves, 'Dima' se asemeja en el pelaje y en ese aspecto desaliñado y abominable, pero no en el carácter. Antes al contrario. Chygrynskyy no muerde. No tiene fauces: sólo come hierba.

Por arte de birle y birloque, este verano se ha malgastado mucho a cambio de bien poco. Tanto como 100 millones en billetes usados, todos al agua en un maletín, por cambiar a un delantero 'súper' por otro que puede serlo, en condicional. 48+20 'quilos' se fueron por ahí. Otros 25 en 'Yo, robot'. 14 más en 'Romarinho' Keirrison. Y los cinco últimos en Maxwell, en este caso bien invertidos por relación calidad-precio.

Es ciertamente triste que con el equipo que había, más una inversión considerable, y después de haber criticado airadamente el desembolso de Florentino, tengamos que acudir a las rebajas de enero, unas rebajas que en términos económicos son en realidad una subida de precios. En fin, veremos qué ocurre cuando se abra el plazo. Hasta entonces no se sabrá qué hay de cierto al respecto de Robson de Souza.

Ya queda menos para el regreso de 'Papá' al Camp Nou. El sentido común se impondrá a los cuatro merluzos disidentes, y se llevará el abrazo absoluto que merece. Si bien el debate al respecto de los sueldos en el deporte sería interminable, lo que sí tengo claro es que tras hacer algo grande sí merecen la gloria y el homenaje del aficionado. No hay que olvidar que un futbolista 'solamente juega para ganar', y no según el volumen de la chequera. En el campo son todos iguales. No corren más los mejor pagados. En todo caso al contrario. El ejemplo está en Milán: fue bañarse en oro y éxito, y 'Ronie' dejó de correr.

Esa misma semana, 28/29-N, se jugará el gran clásico, una vez más el del siglo. No tengo pronóstico, pues son siempre partidos de triple en la quiniela. Pero otra cosa que tengo clara es que con Eto'o me sentiría más rápido, más fuerte, más seguro. Mucho más. El de la piel azul saldría a dejársela por nosotros, como hizo siempre, fiel a su cita con las grandes ocasiones.
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martes, 22 de septiembre de 2009

Pep Guardiola: del axioma al teorema

Por Cristian Naranjo

Al término del partido frente al Atlético, mientras los ecos del triunfo todavía retumbaban en las tripas del Camp Nou, el entrenador del Barcelona compareció en rueda de prensa con su habitual discurso relativizador. En mitad de un huracán de agasajos a Messi, se descolgó asegurando que su equipo no le convenció. Apenas si citó al astro argentino y sin embargo se deshizo en elogios hacia el sacrificio de Ibrahimović y Henry. En materia de alabanzas nadie conoce el arte del goteo como el entrenador azulgrana, cuyas declaraciones son las propias de un licenciado cum laude. Ducho a la hora de preservar el orden del gallinero, siempre en paralelo al ideario de Cruyff, Guardiola se conoce al dedillo el abecé de algunas ciencias sociales como la pedagogía o la psicología grupal. Obsesionado con mantener el equilibrio emocional, el técnico culé suele apostar por los elogios en los días grises y por sesgar la euforia tras las grandes victorias. Los medios no juegan con él. Él juega con los medios. Y en este caso el orden de factores sí altera el producto. La unanimidad entorno a las decisiones de Guardiola es la tónica general de las corrientes de opinión, de modo que sus ideas fuerza se retroalimentan.

La política del cuestionamiento continuo sólo puede surgir de una mente preclara. Para cualquier otro sería inconcebible mostrarse frío ante un resultado de 5-2, donde se ha exhibido la estrella del equipo. No es hipocresía: a Guardiola no le valen las goleadas si no son fruto del estilo propio. En concreto no le agradan los encuentros de ida y venida porque, según argumenta, la celeridad en ataque propicia un interlineado excesivo, que acarrea el rápido despliegue del rival. Por contra, prefiere dominar el tempo y masticar la jugada hasta que se genere el espacio. En su última aparición, previa al desplazamiento a Santander, el técnico perseveró en la misma idea: "El sábado creo que hicimos 7 u 8 disparos a puerta y nos llegaron 5 ó 6 veces con peligro. Fuimos eficaces, pero no tuvimos el control". Renegar abiertamente del acierto ofensivo no responde sino a profundas convicciones. Sólo así se explica un ejercicio de contradicción tan insólito, bajo el cual un empate a cero puede pesar más que un resultado abultado.

Lo cierto es que, tras analizar en profundidad las declaraciones de Guardiola, se extrae que al técnico le obsesiona rebatir la evidencia para evitar la ciclotimia. Lejos de reconocer la productividad del frente de ataque acusó al equipo de falta de precisión al decidir. En contraste, ensalzó la intensidad defensiva de todo el grupo la noche en que Chygrynskyy se desnortó en medio del páramo. Tampoco ha perdido la ocasión estos días de alabar a Abel Resino ─1 punto en tres jornadas─, Henry ─aún sin muescas en el revólver─ y Busquets ─deficiente inicio de temporada─ entre otros. Es el mecanismo de la compensación, basado en repartir el mérito con calculadora. Hay una frase del propio Pep Guardiola que condensa todo su libro de estilo, alcanzando la categoría de dogma: "El fútbol es un juego coral". Así piensa y así procede el preparador culé, auténtico artífice del estado de júbilo.

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jueves, 17 de septiembre de 2009

No todos los días son Iniesta

Una crónica de Cristian Naranjo

Ni vencedores ni vencidos. Indiscutibles tablas en San Siro. No todos los días son Iniesta. Como suele suceder cuando se espera mucho de algo, sea lo que sea, a la postre acaba defraudando. Inter y Barça empataron justamente en un partido donde se les fundieron los plomos en tres cuartos. Fue una grata sorpresa el planteamiento inicial de Mourinho, que no contradijo la naturaleza de sus jugadores. Finalmente apostó por Muntari en lugar de Stanković, y aún así el Inter le discutió el cuero al reputado campeón. Al menos durante el primer tiempo, los neroazzurri no despreciaron la posesión. Y a pesar de su desventaja en el porcentaje final ─37-63%─, los datos revelan que el Inter no mereció menos que el Barcelona. Inició más ataques ─112 por 103─, remató lo mismo a puerta ─3 veces─ y exigió más a Valdés ─12 intervenciones a 7─. Sólo los disparos desviados ─5-11─, así como la sensación de monopolio de la segunda parte ponen en duda la estadística global. El conjunto de Guardiola halló la continuidad tras el descanso, cuando el técnico corrigió los desajustes sobre la marcha. El esférico se puso entonces a la entera disposición del Barcelona. Xavi encabezó una revolución tan loable como estéril: sólo el Inter calibró a Valdés. De hecho el equipo culé no volvió a crear auténtico peligro desde el octavo minuto, momento en el que el choque deliraba. Es cuanto menos significativo. Por idéntica anomalía se vio fuera en Stamford Bridge, pasó serios apuros en Mónaco y volvió a tener problemas en Getafe. Anoche confirmó los peores augurios. Parafraseando a García Márquez, enfrentar al Barça ya no es crónica de una muerte anunciada. Por más que Guardiola se anticipe a las dificultades fichando a defensas que ataquen y delanteros que asistan, el único éxito que asegura es el de la campaña Som Un, de Nike.

Es evidente que el Barcelona ha perdido duende tras las vacaciones. Se lesionó Iniesta y el elegido para suplirle es Keita en lugar de Busquets. Se prescindió de Eto'o, mientras que Ibrahimović y Chygrynskyy fueron las principales incorporaciones. El central ha mostrado detalles de interés, pero no puede competir en Europa. El sueco tampoco ha tardado en enseñar la amplitud de su gran angular. Tiene la visión de un mediapunta y su fútbol abre nuevas compuertas en ataque. Pero también cierra otras, quizá las principales. Anoche tuvo la ocasión más franca del partido en el minuto 7. Amortiguó un balón magistralmente con el pecho, y en boca de gol lo mandó a la grada. Así es Ibrahimović, un futbolista de contrastes. Sea ansiedad o simple desacierto, la ineficacia del nueve titular es una lacra para cualquier equipo. Concretamente, con ese fallo se diluyó todo el picante del Barcelona, que gozó casi siempre de una superioridad ficticia. Eran los despliegues del Inter, puntuales y decididos, los que olían a plomo. Diego Milito fue una amenaza constante, y todas las arrancadas de Eto'o las hubiera firmado el caballo de Atila. Júlio César tuvo menos trabajo que Valdés, cuyo concurso fue crucial. El de Hospitalet, que ha desechado el rechace como recurso, sigue acreditando su categoría ante la ceguera de Del Bosque.

El punto conseguido tampoco hubiera sido posible sin Puyol, y especialmente sin Piqué. Los centrales catalanes se vaciaron para sujetar al dueto africano-argentino, constatando que la merma de nivel no pasa por su zona. No menos brillante estuvo la línea defensiva del Inter, comandada por Lucio y Chivu, dos zagueros infranqueables. Maicon y Alves apenas tuvieron pista libre, pero son dos machetes sobrenaturales. Espeso y falto de inspiración, el Barça se encomendó a una aventura individual. Empresa difícil para un once que vive del colectivo. Ibrahimović no volvió a desatarse de los centrales. Henry, motivado, no probó suficiente a Maicon. Le sustituyó Iniesta, que no tuvo tiempo de engrasar. De modo que Messi, el último de los carasucias ─así se conoce en Rosario a los futbolistas de potrero─, era el tercero en discordia. Libre de ataduras por detrás del punta cíngaro, el argentino arrancó una veintena de veces. La intensidad de Chivu y Lucio le dificultó la existencia tanto como su renuncia a ocupar la banda. El entendimiento con Ibrahimović aún tardará en consolidarse, y de momento se taponan a menudo. En conjunto, la sensación final que dejó el choque es que el Inter, pese a estar en plena reforma, ofreció lo mejor de sí. No regaló el balón en la primera parte y sí dio un paso atrás en la segunda, pero sin soltar nunca la guadaña. Por el contrario, el Barcelona estuvo lejos de su máximo nivel. El regreso de Iniesta y Márquez alimenta las opciones de Guardiola, que no obstante tiene muchos deberes en el frente de ataque.

El empate en San Siro es un saldo valioso para afrontar la fase de grupos, con lo que el equipo azulgrana continúa sin ningún borrón. El tricampeón crecerá necesariamente. Será candidato a todo, aunque su plantilla no desprende la fiabilidad deseada. En verano, el Barça vertió la gran ocasión de blindarse con algún otro jugador de peso. A la espera de Fàbregas, un delantero de banda como Arshavin y un pivote como Poulsen hubieran bastado. Beguiristain prefiere apostar por plebeyos como Henrique y Keirrison, mientras que Guardiola propició un negocio ruinoso a fin y efecto de desprenderse de Eto'o. El entrenador también priorizó el fichaje de un central pese a poder elegir entre Muniesa y Fontàs. Con todo, el Barcelona sigue siendo un equipo serio pero no invulnerable. Hay informaciones que dan respuesta a la obsesión por desterrar a Eto'o. Las publicaciones aseveran que la convivencia entre el camerunés y Henry era insostenible debido a su egocentrismo. Tanto es así que la pretensión de Guardiola era desprenderse de los dos. Sólo ante la dificultad de adquirir un extremo, el técnico aceptó al francés. A tenor de la información, es sangrante la permanencia de Henry, que jamás se acercó a su rendimiento en Londres, que pasa de la treintena y que no deja de ser un punta reconvertido, en detrimento de Eto'o: más joven, más fiable y más goleador. Analizado en global, el balance del mercado de verano es desalentador y peligroso. La plantilla es más corta y los fichajes están en cuarentena. No admite debate que el Barcelona ha desperdiciado la opción de alargar su hegemonía. El estado de las cosas ha cambiado. En este curso, cada compromiso será una dura prueba para una plantilla que no puede ir a más. Acaparar el cuero y triangular no será suficiente. Bien pronto se hará necesaria la máxima eficacia. Tanto en Liga como en Europa, no todos los días son Iniesta.
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sábado, 29 de agosto de 2009

La cantera extiende la supremacía azulgrana

Por Cristian Naranjo

Definitivamente el Barcelona de Pep Guardiola es un equipo ecológico y sostenible. No destruye a sus rivales. Más bien razona con ellos, para finalmente seducirles con argumentos irrefutables. El hilo de la conversación siempre lo teje Xavi, maestro costurero que hace fluir el discurso. A su alrededor gravitan el resto de contertulios, interviniendo en el momento preciso para dar fuste a las ideas del conjunto. La filosofía nace en el cerebro de Guardiola, la expone Xavi y cristaliza en los silogismos que proponen Iniesta y Messi. De ahí la sostenibilidad del equipo, cuyo núcleo procede de la propia cantera. Touré, Alves o Henry, entre otros foráneos, también juegan un papel necesario en la producción de melodía y harmonía, componentes indispensables en un buen grupo de oradores. Así lo propugna desde siempre Arrigo Sacchi. Los extranjeros aportan otras soluciones dialécticas. Son el complemento perfecto para una espina dorsal que pertenece a los futbolistas nacidos en La Masia.

Los hombres de confianza de Guardiola, que no completarían dos onces, han formado algo más que un buen conjunto de pensadores. Han hallado la fórmula del éxito: hacer una familia del vestuario. Este Barcelona caerá algún día como cayeron todos los paradigmas dominantes, pero las bases de su ideología garantizan su regeneración infinita. De las cenizas de un canterano siempre nacerá el siguiente. Así lo acredita la hornada actual, con jugadores como Muniesa, Fontàs, Dos Santos o Thiago. En cualquier caso, para la historia y la memoria quedará la belleza de un fútbol despojado de acritud y miedo. Valdés; Alves, Piqué, Puyol, Abidal; Touré Yaya, Xavi, Iniesta; Messi, Eto'o y Henry. Una alineación plagada de argumentos indiscutibles; repleta de pasión, orgullo y compromiso. Casi todos al ataque, sin más artillería que los mimos al balón. Hubo un tiempo en que se consideraba incompatibles a Xavi e Iniesta en la medular. Se argumentaba que ambos eran bajitos, livianos y carentes de músculo, lo cual evidenciaba que no mezclaban bien. Es asombroso como Guardiola, ideólogo de la teoría, refutó el argumento de forma fulminante, apostándolo todo a la carta del talento. El resultado no encontró precedente en el fútbol español: Copa, Liga y Liga de Campeones.

Anoche, sobre el estadio Louis II, no compareció la prodigiosa sociedad blanquecina, dado que Iniesta aún se recupera de su sobreesfuerzo en Roma. Tampoco actuó Eto'o. Se hizo extraño no verle en el césped, en un partido que en buena parte le pertenecía a él. La final de Mónaco no era más que la herencia de su gol en Roma, donde acudió al rescate de la dama cuando ya estaba en las fauces del lobo. Ocurre que las mentes privilegiadas esconden parcelas encriptadas, en las que se fraguan las decisiones más dogmáticas. Es el caso de Guardiola, un genio capaz de prescindir de la cantidad de goles y sacrificio que asegura Eto'o. A cambio se presentó Ibrahimović en un partido de altura. Era la oportunidad de comprobar las evoluciones del díscolo delantero sueco, destinado a hacer las delicias de la afición azulgrana con remates imposibles, asistencias asombrosas y regates sui géneris. Hasta el momento se había mostrado falto de forma y desubicado. La primera parte de la final corroboró su bajo estado físico, pero desmintió algunas sospechas. Comienza a dar síntomas de su adaptación con pinceladas de fuoriclasse.

A parte del delantero cíngaro, la otra atracción del primer acto fue la disposición táctica de Guardiola, con Touré ejerciendo de líbero, los laterales de centrocampistas y Messi en la mediapunta. Las mezclas de probeta no funcionaron. Con un terreno de juego devastado, el discurso del Barcelona no fluyó con la agilidad habitual. Tampoco ayudó la propuesta de Lucescu, basada en interrumpir al rival sin proponer nada a cambio. Con todo, la final se desarrolló en forma de monólogo. Con el Barcelona de protagonista, no sería noticia si no fuera por la inocencia de sus ataques, abortados sin más problemas por los antiaéreos del Shakhtar. Chygrynskyy, pero sobre todo Kucher, se erigieron como dos fortalezas. Sólo Messi, siempre Messi, se armó de valor para penetrarlas.

La segunda mitad no alteró el orden establecido, con lo que el partido alcanzó un espesor desagradable. Los azulgrana se hincharon a lanzar córners en vano, y sólo Messi conseguía inquietar a Pyatov. La rueda de sustituciones, activada por Lucescu casi en el '80, por fin agitó el duelo. El experimentado entrenador rumano acertó con sus decisiones, basadas en añadir velocidad para enganchar la contra definitiva. Por suerte Guardiola hizo lo propio con Pedro, al que dio entrada en detrimento de Ibrahimović. El sueco dejó el campo extenuado, pero siguió avanzando detalles de su juego plástico y anárquico. Por su indolencia, será difícil encajarle en el esquema defensivo; por sutileza, está condenado a entenderse con Henry y Messi. Conjeturas a parte, fue Pedro el que cambió la cadencia del Barcelona. En su juego, fresco y punzante, el equipo de Guardiola encontró por primera vez argumentos de peso. A casi nadie le preocupa ya Ribéry. La cantera, por sí sola, ha generado una nueva estrella para el ataque. No es francés y su nombre no suena bonito, pero es garantía de calidad y compromiso. Se llama Pedro. Y anoche acabó con el indulto a Pyatov.

El Shakhtar, un equipo incómodo por definición, se resistió a claudicar y envió el partido a la prórroga. Lucescu dio entrada a Aghahowa para que castigara el cansancio de Puyol y Pique, mientras que Guardiola introdujo dos canteranos más: Bojan y Busquets. Con hasta ocho efectivos de La Masia afrontó el Barcelona el tramo decisivo del partido. Corría el minuto 100 y el depósito estaba en reserva, pero la ambición y el orgullo estaban intactos en el bando azulgrana. Tanto es así que las bombas de mortero parecieron caer sobre el área del Shakhtar. No eran más que las trenzas verbales de Messi y compañía. Se engrandecía el Barcelona pero también el conjunto ucranio, encomendado a una aventura de Aghahowa, Kobin o del clan brasileño. La balanza permanecía todavía en punto muerto, a la espera de decantarse de forma definitiva. Los penaltis suponían una amenaza para un equipo plagado de imberbes y carente de cañoneros como el Barcelona.

Pero entonces emergió la figura de Pedro, un futbolista cuya confianza en sí mismo lo ha catapultado. Con libertad para sobrevolar el área, el canario se dejó caer por la izquierda, desde donde encaró y buscó el centro para asociarse con Messi. Desde el instante en que el argentino recibió el balón hasta que terminó la jugada, pasaron sólo dos segundos. Más que suficientes para dos albañiles de sueños, que construyeron una pared de palabras con sólo mirarse. Los defensas del Shakthar, inmunes a cualquier balón aéreo, no lo vieron ni pasar por abajo. Chygrynskyy también quedó retratado, como en varias jugadas anteriores. El tuya-mía de Messi y Pedro, rubricado por el canario con una calidad extrema, cerró un partido que, excepcionalmente, jamás debería haberse disputado. El Barcelona se coronó supercampeón de Europa ya en Roma, con su baile asombroso frente al vigente campeón. En aquel partido se ganó el Barça su condición de jerarca de Europa. Era un equipo de ensueño, casi calcado a éste, pero con el hambre de Eto'o.

En cualquier caso la 'Guardiola Mecánica' sigue imparable, superando a rivales a través del razonamiento y no de la crueldad. Es un equipo ecológico porque conquista trofeos de forma limpia, justa y generando unanimidad. Incluso cuando sus jugadores no tienen el día, siempre proponen algo vistoso. No es el Barcelona un club al que históricamente le haya sonreído la fortuna en Europa. Su modelo no conoce la mezquindad italiana, ni los escuadrones alemanes o ingleses, ni tampoco los golpes de suerte del mismo Madrid. Siempre ha tenido que batirse el cobre para ganar. Sólo siendo el mejor, sin discusión, ha encontrado el premio de la victoria continental. Precisamente esa es la filosofía de Guardiola: sólo jugando bien se puede vencer. Es un modelo propio y genuino, casi inimitable, que no debe cambiar jamás. En la esencia del Barcelona anida su auténtico secreto: la belleza del juego como único argumento.

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miércoles, 15 de julio de 2009

'Monsieur' Henry y el rompecabezas imposible

Por Cristian Naranjo

Pasan los días y el Barcelona sigue instalado en una coyuntura delicada. Los fichajes no cuajan y los transferibles se aferran a la plantilla como a una tabla de salvación. Ni tan siquiera fructifica la contratación de Filipe Luís, destinado a ocupar la plaza liberada por Sylvinho. El joven brasileño arde en deseos de ser azulgrana y así se lo ha manifestado a Lendoiro, que de momento no desenrosca la tuerca. Hay un abismo entre los 9 millones que ofrece el Barça y los 14 que demanda el Deportivo. Tremendo negocio al que aspira Lendoiro: multiplicar por siete lo que le costó el jugador hace un año. No presenta buen aspecto la situación para el Barcelona, al que los clubes vendedores siempre esperan con las hachas en alto. Si la operación del lateral está complicada, no menos espinosa es la aspiración de fichar un central. Chygrynskiy y Bruno Alves, los deseados, no supondrían un desembolso menor de 25 millones. Una aberración teniendo en cuenta por cuánto se contrató a Cáceres y a Piqué. El primero llegó mediante el pago de la cláusula de rescisión. Apenas ha participado. Por contra, el catalán aterrizó sin hacer ruido por seis millones y se ha erigido como un estandarte inamovible. Por delante de los centrales hay otro hueco vacante. Mascherano es el mediocentro defensivo escogido por Guardiola y Beguiristain. En este caso, el muro a saltar va más allá de lo monetario. Mientras que Benítez sí accedería a traspasar a Xabi Alonso, ni se plantea desprenderse del ancla de su navío. Todo son complicaciones para un Barcelona que aspira al caviar beluga a precio de sucedáneo.

Al seguir avanzando por el esquema de Guardiola se llega a una posición clave. Xavi e Iniesta, los dos relojeros, regentan casi en exclusiva los interiores. Sergio Busquets no desmerece con el balón en los pies, pero su perfil responde al de un retén defensivo. Keïta es la otra alternativa, mucho más intermitente y oscura, como las luces de socorro. Así las cosas, no es de extrañar que el Barcelona dirija sus miras hacia Cesc Fàbregas. El capitán del Arsenal encajaría como un guante en el sistema de Guardiola. Su fichaje aseguraría la posesión total y permitiría a Iniesta actuar de falso extremo zurdo. El impedimento es una vez más el precio. Santo y seña de su equipo e imprescindible para Wenger, su mentor, Fàbregas sólo podría abandonar Inglaterra por una cifra cercana a los 50 millones. Muchos euros para unos bolsillos en crisis. Ya en la delantera, el mismo dinero que aleja al Barça del resto de sus pretendidos es el que sitúa a Ribéry a años luz de su alcance. 80 millones sólo son accesibles para un jeque, un magnate o un megalómano como Florentino. La misma regla es aplicable al traspaso de Villa. 50 millones es una cifra hinchada con mancha, inabordable con cinturones estrechos. Más mundanos son los 36 que marca la cláusula de Forlán, un producto en exposición, preparado para ser empaquetado y llevado a domicilio. En este caso, el problema no es el dinero sino las buenas relaciones entre Barça y Atlético, que se verían truncadas si el uruguayo acabara en el Camp Nou. Las opciones para ocupar la punta de flecha acaban ahí. Benzema terminó en Madrid por un precio ajustado e Ibrahimović fue sólo fruto de una ilusión. Otros nombres, como Luis Fabiano o Güiza, no figuran entre los preferidos por la secretaría técnica.

El atasco en el que se encuentra el Barcelona es por tanto notable. Las semanas pasan y los precios no descienden. Los refuerzos no llegan y la afición se impacienta. Urgen medidas imaginativas, así como establecer un orden de prioridades. El fichaje de un lateral es ciertamente más necesario que el de un central. Entre otras cosas, porque Filipe Luís relegará al banquillo a Abidal. El mismo mecanismo es válido para la pradera. Mascherano es un muro de cemento armado, pero Cesc le añadiría más registros melódicos al equipo, al tiempo que generaría la ilusión propia de los mediáticos. Y arriba, el mismo sistema de selección natural. Con Ribéry imposible, no tiene sentido rastrear el mercado en busca de substitutos. Ninguno estaría a su nivel, por más que Arshavin y Cazorla pudieran rellenar el flanco con garantías. El resto de nombres, sobre los que se ha especulado más, son de risa. El último en sonar con fuerza ha sido Mata. Un buen jugador sin más, que sin ser extremo destaca por ser cumplidor y tener gol. Lo mismo que ha acreditado Henry. El francés lleva dos temporadas exiliado en la banda, demostrando ser útil fuera de su área de influencia. Aún así, se busca substituto con intensidad para las dos demarcaciones que ocupa. Con Eto'o echado a los pies de los caballos y con Villa muy lejos, la hora de Henry como '9' puede haber llegado. Con un simple giro de 90 grados, Tití podría verse como inquilino del vértice. Sólo sería necesario un fichaje: un centrocampista o un extremo. Cualquiera de las dos opciones desplazaría a Henry de forma natural. La primera llevaría a Iniesta a la banda y a Tití al centro, mientras que la segunda supondría mover al delantero francés para dar entrada al extremo. Parece más viable la primera opción, dado que Fàbregas no oculta sus deseos azulgranas. En cualquier caso, es demostrable que el Barcelona no requiere seis refuerzos exógenos: un lateral, un centrocampista y un extremo deberían ser suficientes. Filipe Luís, Fàbregas y quién sabe si Ribéry, más canteranos como Thiago Alcántara devolverían al Barcelona a su posición de poder. No tiene sentido temer por el '9'. La punta puede quedar en manos de Henry, un aristócrata del gol.
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jueves, 28 de mayo de 2009

La 'Guardiola Mecànica' tritura al United

Por Cristian Naranjo


Londres, Paris, Roma. Esta vez ha sido la capital italiana la que ha encumbrado al Barça como campeón de Europa. Con este título, logrado con total merecimiento, el club azulgrana se instaura en la élite europea junto a su rival de hoy. Con tres entorchados, el Barça se iguala con el United y se despega de clubes como el Benfica o el Notthingham Forest, alejados hoy en día de la burguesía europea.

No sé quién inventó una frase que ha hecho fortuna: "Las finales no se juegan; las finales se ganan". La Champions League, antigua Copa de Europa, suele ceñirse a ese guión en tanto que el miedo a perder impide a los finalistas desarrollar su juego. Ocurre muy a menudo que el campeón de la competición no se corresponde ni de lejos con el mejor equipo de Europa. Como ya hiciera la selección española sobre el Ernst Happel de Viena, el Barça de Guardiola ha reventado un nuevo tópico: las finales se ganan jugándolas. El azulgrana, no será nunca un equipo capaz de ganar sin proponer nada, sin imponerse al rival. Ese gen, especialmente italiano pero también inglés, no forma parte de su ADN. El Barça, un clásico de Europa por historia ─siempre ha participado en competición continental─ y palmarés, ha estado en seis finales de la máxima competición y ha levantado tres trofeos, un balance que aún le sitúa lejos de Real Madrid, Milan y Liverpool. Ocurre sin embargo que el Barça mereció ganar en Berna ─donde se estrelló contra los palos cuadrados que se cambiarían al curso siguiente─, en Sevilla, en Londres, en Paris y finalmente en Roma. Se trata de un club tan educado, aseado y exquisito, que además de ganar necesita merecerlo. Así es el Barça y así son los culés. Siempre existirán equipos mezquinos, capaces de sacar el máximo rendimiento del mínimo mérito, pero se trata de fútbol, el deporte más grande porque traza multitud de caminos para alcanzar el éxito. No es el caso del Barça, que morirá con su estilo año tras año. El 'Dream Team' ganó la orejuda en su punto álgido; el gran Barça de Rijkaard firmó su obra cumbre en Paris y la 'Guardiola Mecànica' se ha coronado maravillando hasta a Ferguson.

Hasta el momento en que el derechazo de Iniesta hiciera estallar el candado de Cech, no se recordaba una final tan pareja entre dos contendientes de tal magnitud. El Manchester llegaba al partido como vigente campeón y como flamante vencedor de la que dicen es la mejor liga del mundo. Además, Ferguson contaba con todos sus efectivos a excepción de Fletcher, una baja insensible a tenor de su profundidad de banquillo. Nada que ver con el Barça, que se presentaba en el Olímpico de Roma con tres bajas de peso en la misma zona del campo. Márquez, Abidal y sobre todo Alves dejaban un hueco enorme en la retaguardia culé. No obstante, el gran momento del Barça, sellado con la consecución de los dos títulos domésticos, igualaba las manos de Ferguson y Guardiola. En Manchester, se daba como claro favorito al equipo inglés, hasta el punto de no concederle opción alguna al Barça. En Barcelona, se respiraba confianza, optimismo y sobre todo prudencia. Se imponía el 'seny català'.

Llegaban pues a Roma los dos mejores equipos del mundo dispuestos a dirimir quién era superior. El campeón de la Premier League a un lado. Al otro, el ganador de la Liga española. En una punta Cristiano Ronaldo. En la otra, Messi. El vigente Balón de Oro contra el próximo vencedor. Rooney contra Eto’o. Van der Sar contra Valdés. Había tantos duelos igualados ─tantos como once─, que la única solución pasaba por el pitido inicial del árbitro.

A los 10 segundos de juego, el United ya se había ganado su condición de favorito. Su apuesta por apretar al Barça en todo el campo y por jugarle de tú a tú fue una genial sorpresa por parte de Ferguson, que comenzaba a imponerse en el duelo de banquillos. Hasta los 10 minutos, el equipo azulgrana no existió. Le temblaban las piernas y sus neuronas estaban desconectadas. Estaba siendo desintegrado por el vigente campeón, que se presentó al partido imperial en defensa y explosivo en ataque. Rooney y Park asfixiaban la salida de balón culé, y Cristiano Ronaldo era una continua amenaza para el marco de Valdés. A juzgar por lo visto durante esos primeros minutos, la final podría haber acabado con un nada descabellado 0-4. De hecho, a más de un culé le vinieron a la memoria Massaro, Savicevic, Desailly y compañía.

Ocurre que en el Barça juega un tal Iniesta, un maestro de varios gremios que tiene seda en las botas y una ballesta en ristre. El '8' azulgrana domina todas las dimensiones del juego: tiempo, espacio, profundidad. Xavi es un jugador fenomenal. Su juego de toque y movimiento es fundamental para el Barça y para la selección. Cualquier centrocampista de Europa quedaría retratado ─Carrick o Anderson, por ejemplo─ al ser comparado con él. Cualquiera excepto uno. Sólo hay alguien tan técnico e inteligente como él. La paradoja es que juega en su mismo equipo. Y es que Iniesta es tan delicioso como Xavi pero es mucho más nocivo, porque añade cambio de ritmo y regate. Mientras se habla de las cifras astronómicas que valen Cristiano Ronaldo o Kaka', Iniesta se sigue reivindicando como un futbolista sin precio.

Corría el minuto 10 y el de Fuentealbilla conectó con el balón con espacio por delante. Cambió de ritmo y avanzó hasta la zona de tres cuartos, donde advirtió a un antílope desmarcándose. Era Samuel Eto'o, el mejor '9' del mundo. Después de las cifras que ha alcanzado y de haberse dejado el alma para levantar tres Ligas y una Champions League, muchos infiltrados entre la masa culé, carentes de gusto, memoria y respeto, todavía tenían la osadía de criticarle antes de la final. Ojalá el gol de esta noche, repleto de potencia, furia y fuerza animal, selle sus sucias bocas para siempre. Este verano, directiva, secretaría técnica, entrenador y jugador deberán decidir su futuro. No en vano el contrato de Eto'o expira en 2010 y es el momento de llegar a un consenso. Ahora que se ha convertido en el héroe de otra final, cientos se apuntarán al carro y clamarán por su renovación. Con tres Ligas, una Copa y dos Copas de Europa, Eto'o puede salir del Barça con la mirada al frente y con la tranquilidad de haber sido el jugador extranjero con mayor influencia en la centenaria historia del Barça. Casi nada. Ni Kubala, ni Cruyff, ni Ronaldinho lograron tanto.

El gol de Eto'o devolvió el partido a su igualdad original. El equipo azulgrana se oxigenó a través del balón, aunque el United seguía disputándole la posesión y creándole mucho peligro con la explosividad de Cristiano. Una arrancada del portugués hizo temblar los cimientos de la defensa culé, y sólo Piqué, en clara obstrucción, pudo detenerle. Giggs ejecutó la peligrosísima falta, que se marchó por encima de la escuadra de Valdés. Fue la mejor acción del portugués en todo el partido, incapaz de añadir inteligencia a su físico de velocista. Mientras Cristiano no entienda el juego, jamás alcanzará su auténtico potencial. ¿Se lo imaginan pegado a la banda, poniendo a disposición del equipo su velocidad? Sería demoledor.

Hasta el minuto 25, los dos equipos se repartieron las posesiones y los ataques. El United tenía más sensación de peligro, aunque no llegaba a inquietar a Valdés. Las faltas laterales y córners, que se presumían un suplicio para el de Hospitalet, jamás le pusieron en aprietos. La defensa zonal de Guardiola, complementada con dejar a tres unidades arriba para intimidar al Manchester, fue una apuesta magistral. Tanto es así, que el United no pudo rematar un solo balón en ventaja. Además, Puyol, Touré y sobre todo Piqué estuvieron imponentes por arriba.

En la primera mitad, según estadísticas de la UEFA, los dos equipos presentaban un empate técnico en cuanto a pases ejecutados y distancia recorrida se refiere. La segunda parte, para orgullo de los culés, fue una historia bien distinta. Ferguson sustituyó a Anderson por Tévez y ahí comenzó a perder la final, ya que en su búsqueda de pegada se olvidó de la clave del encuentro: la zona ancha. Busquets ─sobresaliente; sólo le recuerdo una mala entrega─, Xavi, Iniesta y Messi comenzaron a conectar descaradamente y el partido se convirtió en un monólogo de gran categoría. Impotente y rudimentario, Ferguson optó por seguir acumulando delanteros. Entró Berbatov por Park Ji-Sung, lo cual no le dio rédito alguno al United. Los pequeños del Barça campaban ya a sus anchas en busca del gol que cerrara el partido. Lo tuvo Xavi en un lanzamiento de falta y pudo llegar antes o después. Finalmente, en el 70', el de Terrassa encontró un espacio virgen en tres cuartos de cancha. Ante la pasividad del United, tuvo tiempo de pensar, caracolear e insuflarle cloroformo al balón. Demasiadas ventajas para un superdotado como Xavi, que detectó el desmarque de Messi y le puso un balón tocado y con algodones. El argentino, voraz de protagonismo, no desaprovechó el regalo y le puso el lazo con un remate propio del mejor ariete. Quedaban 20 minutos para la heroica, una faceta que domina como nadie el United. Sin embargo, como expresaba acertadamente Jorge Valdano, "el fútbol es un estado de ánimo". En esos momentos, el United estaba destrozado física y anímicamente. Sus jugadores habían sido bailados, retratados, humillados. Ferguson se volvió a equivocar introduciendo a un motor diésel como Scholes por Giggs ─decepcionante, inédito en todas las facetas─. Y así se fue consumiendo el partido, con Cristiano, Scholes y Vidic desquiciados. No eran más que el retrato de un equipo superado por la evidencia: el mejor equipo sobre la faz de la Tierra se llama Futbol Club Barcelona.


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miércoles, 20 de mayo de 2009

El Barça de Iniesta; el United de Rooney

Por Cristian Naranjo

Falta justo una semana para el partido más esperado de lo que llevamos de siglo XXI. La final de la Liga de Campeones, que ha de enfrentar a los dos equipos más en forma del mundo, se presenta como el mayor espectáculo posible. Si el Barça llega fuerte, el Manchester llega mejor. Por primera vez en muchos años se enfrentan en una final los dos equipos que han acreditado ser mejores a lo largo de la competición.

El Barça llegará a Roma con todos los deberes hechos y los exámenes superados con matrícula de honor. No en vano se ha proclamado campeón de Liga y Copa con un fútbol celestial, arrollando a sus principales rivales a medida que se iban interponiendo en su camino. Como si del caballo de Atila se tratara, por los campos donde ha pasado el Barça esta temporada no ha vuelto a crecer la hierba. Sevilla, Villarreal, Madrid, Londres, Valencia… El equipo de Guardiola se dio un festín en el Bernabéu y en Mestalla, donde trituró a Madrid y Athletic respectivamente. El fútbol que hacen los blaugranas se basa en conceptos sencillos de asimilar pero harto difíciles de lograr. En primer lugar, el Barça tiene al menos un once inicial de jugadores extraordinarios. De esos once, no podrán jugar ni Márquez por lesión ni Alves por sanción. Iniesta y Henry, en cambio, están entre algodones a la espera de poderse recuperar a tiempo de sus dolencias. A pesar de las posibles bajas, Guardiola presentará un once temible porque saldrá con lo mejor que tiene y al ataque, como ha demostrado durante toda la temporada. El Barça sólo sabe jugar a ganar. Sus jugadores están programados para atacar del minuto 1 al 90. En segundo lugar, el equipo cuenta con la coherencia de su entrenador, capaz de sacar el máximo de sus jugadores allá donde los ubique. Y en tercer y último lugar, los culés cuentan con un aliado, con un doceavo hombre: el balón. Y es que el equipo que comanda Xavi no lo suelta ni mediando las armas. La mitad del once tiene un manejo extraordinario de la pelota, lo cual protege al equipo y desespera a los rivales.

Así las cosas, el once que con toda seguridad presentará Guardiola será el siguiente: Valdés en portería, dando seguridad por alto, con los pies y cerrando el candado en el uno para uno; Puyol en el flanco derecho por la ausencia del maratoniano Alves. Qué decir del gran capitán. Todo fiabilidad y entrega; Touré Yaya como central diestro para ocupar el lugar que deja vacante Puyol. El marfileño, una delicia como mediocentro de cierre, cumple también como central. Aporta exuberancia física, salida limpia de balón y sólo ofrece una duda: ¿sabrá defender la velocidad al espacio de Rooney y Cristiano Ronaldo?; a Touré lo acompañará un hombre totalmente consolidado como central titular del Barça. Piqué asegura contundencia por bajo y por alto, inteligencia táctica y excelente salida de balón en corto y en largo. Como Touré carece de velocidad en espacios abiertos y lo puede pasar mal con los delanteros del United; como lateral zurdo actuará por exigencias del guión Keita. Guardiola no tiene reparos en descubrir que su comodín para casos de emergencia es el malí, un jugador que no termina de ejecutar con excelencia ninguna faceta del juego pero que cumple en todas ellas. Al menos en opinión de Guardiola. El africano tiene un aceptable trato de balón, va fenomenal por alto y sabrá cubrir su zona con solvencia; por delante de la defensa repetirá como en Stamford Bridge Sergio Busquets. Guardiola apuesta ciegamente por él a pesar de su juventud. Sin embargo, contra Chelsea no existió. Según Ramon Besa: “Tampoco Busquets funcionaba: tímido en ataque, presionó a destiempo y defendió mal en la jugada del gol”. De hecho, está por ver cómo reaccionará el canterano en un partido que puede marcar el despegue o el declive de su carrera. De su acierto en el corte, en la conducción y en la entrega depende en gran medida el transcurso de la final. Sea como fuere, Busquets asegura intensidad en el juego y poderío aéreo; como volante derecho y llevando la batuta del juego estará el doctor Xavi, alguien de quien está todo dicho y escrito. El de Terrassa es el jugador más fiable del equipo. En lo que va de temporada no se ha lesionado ni tampoco se ha escondido en ningún partido. La Eurocopa le transformó. De ser un buen centrocampista pasó a ser un jugador de enciclopedia. Todo lo que ejecuta lo hace con sentido. Controla, gira, alza la mirada, toca y se mueve… Santiago Segurola decía que Zidane era un reloj con botas. Xavi es el Big Ben; a su lado estará el bautizado por Joaquim Maria Puyal como ‘Don Andrés’. El de Fuentealbilla llegará justo para disputar la final. Por tanto, no sería de extrañar que llegara falto de ritmo. No obstante, siempre ha respondido cuando ha vuelto de una lesión. Iniesta es al Barça lo que las burbujas a la Coca-Cola. Es la chispa que estalla en el paladar de los aficionados. Es tan bueno como Xavi pero además tiene desborde y verticalidad. Un lujo y una necesidad para su equipo; en la derecha del ataque aunque permutando de posición actuará el antílope africano Samuel Eto’o. Son muchos los que le critican por su falta de puntería en los últimos partidos, olvidando quien abrió el camino de la victoria en Paris. Eto’o es el mejor delantero de Europa y volverá a demostrarlo en Roma; en el centro del ataque y suspendido entre líneas jugará el ‘pequeño Diego’. El argentino pondrá la imaginación y el desequilibrio que necesita el Barça para hacer daño al Manchester. Messi es capaz de llegar al gol de mil maneras distintas. Se asociará con Xavi e Iniesta para convertir el partido en un rondo constante; finalmente, como vértice izquierdo del equipo culé flotará monsieur Henry. Al igual que Iniesta, el francés llegará justo para disputar la final. Su lesión es de rodilla, lo cual complica su recuperación, pero todo apunta a que estará a punto para saltar al Olímpico de Roma. Titi es básico para el equipo porque aporta amplitud, profundidad, asistencia y sobre todo gol, mucho gol. Esta temporada se ha reivindicado a base de tantos importantes en momentos importantes, justo cuando deben aparecer las estrellas. Tenerle sobre el campo será una forma de intimidar al Manchester desde el inicio.

Y enfrente, acechante y dispuesto a revalidar corona, espera el peligroso United. Campeón de Inglaterra con solvencia por tercer año seguido, el equipo de Ferguson cuenta con la plantilla más completa del mundo. El escocés tiene donde elegir, aunque su once inicial no brilla tanto como el del Barça. El United alineará a Van der Sar en portería. Experimentado, sobrio y dos veces campeón de Europa; como lateral diestro actuará un centrocampista reconvertido. Debido a su altura ─1’91 m.─, O’Shea no se distingue por ser un jugador rápido. Tampoco destaca por ser un gran marcador, por lo que Henry debe probarle en el uno para uno; en el eje de la zaga y sin discusión, Ferguson alineará a Vidic y a Ferdinand. Se dice de ellos que son la mejor pareja de centrales del mundo. Por contundencia en el corte, juego aéreo y velocidad desde luego lo son. Sin embargo, quizá les falte algo de salida de balón. Los delanteros del Barça tendrán que estar especialmente incisivos en la presión para cazar algún balón en zona decisiva o provocar un balonazo a zona propia; como lateral zurdo jugará el mejor del mundo en su puesto. El francés Evra es como el hermano bueno de Abidal: veloz, incansable, de amplio recorrido, buen defensor y buen atacante. Eto’o no debe intentar desbordarle porque será imposible. La opción es buscarle la espalda por velocidad, aunque será difícil; como pareja en el doble pivote actuarán Carrick y Scholes. El primero es un jugador muy completo: trabajador, bueno técnicamente y con buen disparo de media distancia. Scholes es parecido pero más ofensivo y de más recorrido. Los dos ingleses se presumen escasos para contener el caudal de juego que fabricarán entre los tres canteranos del Barça; ayudando en las tareas de destrucción y aportando despliegue físico y llegada actuará Park Ji Sung. El surcoreano es un fijo para Ferguson en las grandes citas debido a la cantidad de facetas del juego que domina y a su disciplina táctica; en banda izquierda cabe la duda de quién jugará, si el veterano Giggs o el joven Anderson. Es muy posible que Ferguson opte por ser conservador y le dé chance al experimentado galés. El brasileño destaca por su gran zancada y llegada al área, mientras que Giggs tiene una zurda sedosa para lanzar centros a la pareja de atacantes; una pareja formada por dos delanteros que no necesitan presentación: Rooney y Cristiano Ronaldo. El primero es el jugador más peligroso y completo del United: rápidísimo, inteligente, luchador, pasador, goleador… Tiene muchas de las virtudes de Eto’o pero es mucho mejor técnicamente que el africano; y finalmente el mediático Cristiano, un jugador situado por todos al nivel o incluso por encima de Messi. El futbolista por el cual suspira Florentino. Un jugador de fama mundial, más millonario y más bello que su pareja de ataque pero mucho peor jugador. Es cierto que tiene muchos registros para llegar al gol y que eso le convierte en peligroso por impredecible. Sin embargo, no se engañen, el principal peligro del United se llama Wayne Rooney.

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