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domingo, 31 de marzo de 2013

Los hijos del hambre

Por Albert Valor


Siempre se dijo que la Juventus de Turín es el equipo de Italia. Por el contrario -aunque algunos hinchas lo niegan- el entrañable Torino contaba con el favoritismo de la mayoría de los habitantes de la capital del Piamonte. Sea como fuere, y aunque en el mundo del fútbol siempre divergen filias y fobias, toda Italia debería estarle agradecida a la Juve. Por liderar una renovación a través del dominio del balón y porque su columna vertebral haya posibilitado la resurrección del combinado nacional. Italia está hoy remozada y es subcampeona de Europa. Y Buffon, Barzagli, Bonucci, Chiellini, Pirlo o Marchisio son pilares de esa escuadra.

Retomando ya la eliminatoria estrella de estos cuartos de final, podemos concluir que el choque entre Bayern y Juventus rezuma aromas de viejo fútbol por todos los poros. Dos equipos que nunca dejaron de formar parte de la aristocracia continental. Pero que quieren liderar el tumulto de la nueva Europa futbolística. Esencia y vanguardismo. Poso y nuevos tintes. Es un todo en uno.

Y viene lanzada la Vecchia Signora al asalto de Munich. Victoria de mérito en San Siro ante su rival de siempre que a buen seguro refuerza la convicción en su estilo. Un patrón que le ha llevado a liderar un renacimiento que el fútbol italiano ansiaba como el comer. Muchos lo ven todavía hoy arcaico. Es lo que tiene dejarse llevar por la corriente de opinión, el viento que sopla de Twitter y, lo más importante, la falta de determinación para sentarse frente al televisor a ver un partido de Serie A.

En Italia, los Lodi, Candreva, Immobile, Niang, Belfodil o Borja Valero, se unen a los Cassano, Miccoli, Totti, Diamanti o Luca Toni para desembocar en un campeonato que va a más y que quiere jugar al fútbol. Quizá le cueste todavía un tiempo recuperar esa plaza de Champions League que ha perdido recientemente –y de manera justa- en favor de la Bundesliga. Pero es un valor claramente al alza, de eso no cabe duda.

Si hablamos en clave bianconera, nunca un sistema le hizo tanto bien a un modo de entender del fútbol. Guiado por la máxima de que a un equipo lo hacen los futbolistas –nunca al revés- Conte aplicó ese 3-5-2 nada más llegar al banquillo turinés. Jugar con tres centrales no tiene porque ser defensivo. Y obviamente, contar con Pirlo lo hace todo más fácil. Es increíble que un jugador de mediocampo tenga todavía margen de mejora pasada la treintena. El regista de Brescia forma parte de ese selecto grupo en el que también están Xavi, Scholes o Giggs. Si Andrea hubiese nacido británico, quizá sería un One Club Man. La realidad, no obstante, dice que la Juve tuvo la suerte de encontrarlo en el otoño de su carrera. Conte pudo así darle el timón para que fuera piedra angular de una refundación balompédica.


Aunque en ese esquema también los carrileros juegan un papel determinante. La figura clásica del hombre de banda en Italia se construye en base a la herencia de Giancinto Facchetti. Hablamos de un fenómeno de la naturaleza. Rondar el 1,90 no le impedía ser una bala ni mandar en toda su parcela. El lateral izquierdo –que a su vez era diestro- de aquel súper Inter de Helenio Herrera de los 60 es un referente no sólo en Italia, sino en el mundo entero. Es de aquella estirpe de jugadores como Garrincha, Sindelaar o Samitier. Jugadores que trascienden épocas y se instalan en la memoria colectiva. Eternos, como las canciones.

Quizá el último lateral italiano que ha recordado a Facchetti haya sido Davide Santon, que hoy milita en las filas del Newcastle tras no haber triunfado en el Inter.

Precisamente ese es el molde en torno al cual se construye el perfil de carrilero que precisa el esquema de la Juve de hoy. Uno tiende a imaginarse a tipos veloces, de ida y vuelta, de estatura media o incluso baja. Nada más lejos de la realidad. Son, ante todo, tipos espigados y fornidos. No son precisamente lentos. Pero su mayor valor es ser portentosos, algo que les permite gobernar la banda de fondo a fondo. Quizá ello se deba a la idiosincrasia de la sociedad italiana. Inventar perfiles que se hacen a sí mismos y huyen de cánones preestablecidos. Lo curioso es que Lichtsteiner y Asamoah, los titulares de Conte, no hayan nacido en Italia. Sí lo hicieron Padoin y Peluso, que poco a poco irrumpen en el once, aunque tendrán pocas opciones de participar contra el Bayern.

Pero el mayor activo de este equipo es lo interiorizada y asumida que tienen sus piezas la concepción del juego. Ello se logra con una coordinación coral, casi perfecta, en la que tienen mucho que ver dos ternas: la de centrales y la de centrocampistas. Ambas sociedades son también las que aúpan a los carrileros y las que consiguen el equilibrio en la transición defensa-ataque –y viceversa-. Y es que, ante todo, el 3-5-2 es un sistema de ayudas.

Atrás, el consorcio Chiellini-Bonucci-Barzagli está ya plenamente consolidado. Suponen una gran ayuda para los carrileros, a los que liberan de tareas defensivas. Son, además, un cerrojo. Pensemos: si ya cuesta abordar la retaguardia de un equipo italiano, imaginemos si éste se defiende con tres centrales.

Por otro lado, la sala de máquinas juventina roza la perfección. Y es que el medio del campo piamontés es un espectáculo. Ya se ha mentado antes a Pirlo, que domina los tiempos de este deporte a su antojo. El símbolo en ciernes de la institución y un chileno adaptado a base de casta y calidad ayudan a pintar el lienzo y completan una media que ve puerta con facilidad. Claudio Marchisio, Arturo Vidal y Andrea Pirlo; también conocidos como MVP.


Y aún así, Paul Pogba, penúltimo descubrimiento del entrenador, oposita para gozar de minutos. El talentoso volante ha recibido incluso la llamada de la selección francesa. No está mal para un chaval de 20 años recién cumplidos. Aunque una cosa ha de quedar clara: el bueno de Pogba no es –ni lo será nunca- alguien llamado a ser el ancla de un equipo. Su sitio está justo por delante. Parece que Conte, tras algunas probaturas, ya lo ha verificado. Y Deschamps, tras algún desajuste en el último partido contra España, también lo debe haber empezado a ver claro. Estamos ante un diamante en bruto, con cosas del mejor Essien, de Seydou Feita o de Touré Yayá.

Mauricio Isla, meritorio habitual que se ha visto lastrado por las lesiones, ha participado también en algunos partidos en la zona ancha. Aunque sus opciones de tener minutos en la eliminatoria contra el Bayern pasan por jugar en banda si Asamoah no está a tope. Recodemos que la Copa África ha mermado las prestaciones del ghanés a ojos del entrenador. Tampoco convendría olvidar a Giaccherini. Es el gran damnificado de la temporada. Pero su implicación está fuera de toda duda. Conte ya ha dejado claro que mientras él sea el responsable, el jugador formará parte de la plantilla. Giaccherini ya aprovechó sus minutos ante el Catania marcando un gol de incalculable valor. Fue en la celebración de aquel tanto donde, además de mostrarse el compromiso del autor, se le enseñó a toda Europa que si hay un equipo unido y que cree en sus posibilidades, ese es la Juventus.

Pero, claro está, la Juventus también tiene puntos flacos. Su gran debe está en ataque. Quizá más por falta de continuidad que de aptitudes, ya que tiene un amplio ramillete de futbolistas para esa zona. Todos con diferentes características y prestaciones. Pero ninguno de ellos parece agarrarse el puesto con determinación. Tras corroborarse ya que Nicklas Bendtner y Nicolás Anelka han quedado como figurantes, Alessandro Matri, Sebastián Giovinco, Mirko Vucinic y Fabio Quagliarella se reparten minutos, siendo este último el gran perjudicado hasta la fecha.

A buen seguro que Quaglia es el que alberga más fútbol dentro de sí, pero el acto de indisciplina con Alessio en San Siro durante el partido contra el AC Milan en la primera vuelta le costó caro. Por suerte para él, su golazo de este fin de semana –también a la sombra de La Madonnina, aunque ante el Inter- podría jugar a su favor en un posible indulto. Apuntaría al once del Allianz Arena.


El resto se disputaría la otra plaza. En cuanto a Giovinco, fue el propio Conte el que pidió que se le recuperara con presteza del Parma. Incluso empezó titular, pero poco a poco ha ido perdiendo protagonismo. A Sebas se le augura un gran porvenir desde hace años, pero a sus 26 años no termina de explotar. Por si fuera poco, la parroquia del Stadium le ha silbado en demasía últimamente.

Matri -que también mojó ante el Inter con un gol de ariete clásico- lleva una temporada a buen nivel. Es un jugador de buenos movimientos. Recuerda a Luca Toni, aunque tiene menos contundencia. Respecto a Vucinic, también ha estado en entredicho. Quizá le falte gol; nunca clase. Especialmente bello fue su gol en Bolonia antes del parón de selecciones.

Para la próxima temporada, la dirección deportiva ya ha movido ficha. Lo de Fernando Llorente parece prácticamente hecho, aunque se espera que caiga alguno más. Han sonado infinidad de nombres, entre ellos Pablo Osvaldo, ‘Papu’ Gómez o Alexis Sánchez. Pero el que parece hombre clave para desequilibrar arriba es el montenegrino Jovetic. No es de extrañar que desde algunos mentideros ya se le llame Juvetic.

Desde 2010, el Bayern ha jugado dos finales de la Copa de Europa y viene haciendo evidente su ascendente dominancia. Así que para esta eliminatoria la Juventus no es favorita. Pero viene con carrerilla, desde muy atrás. Pocos equipos tendrán más apetito. Conte declaró hace poco: La Juventus apenas se acaba de sentar a la mesa. Tiene mucha, mucha hambre.” Esas palabras son un síntoma, además de una declaración de intenciones. Si ese anhelo no se mezcla con ansiedad, el equipo transalpino tendrá mucho que decir en estos cuartos de final.

Por cierto, que no se ha dicho nada de Buffon. No hace falta. Abran fuego, señores.


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jueves, 28 de junio de 2012

Una 'Roja' de leyenda

Por Cristian Naranjo
Avanza España hasta la final de la Eurocopa tras deshacerse de Portugal en la suerte de los penaltis, en un partido equilibrado al máximo, donde las defensas se impusieron a los ataques  excepto en la prórroga, cuando la Roja sí hizo méritos para desnivelar el choque.

Portugal se comportó como una firme candidata al título de principio a fin, cimentada en la solidez infinita de Pepe, sostenida por su trío de mediocentros, y afilada por ambos extremos con Nani y Cristiano.

No fue un partido vistoso ni de grandes ocasiones, pero sí de emociones fuertes; todas ellas acordes al calado de la cita. Del Bosque apostó por introducir un único cambio en el once: Negredo por Cesc; un intento por fijar a los centrales lusos, dos auténticos menires. La apuesta no terminó de funcionar. España solo se ganó dos tiros francos en la primera parte: uno de Arbeloa en el minuto 8 y otro de Iniesta en el '28. Ambos tiros se perdieron por encima del larguero. 

Las ocasiones más claras para la Roja no llegarían hasta la prórroga, momento en que el once de Del Bosque consiguió voltear el campo. Iniesta tuvo el partido en la primera parte del tiempo añadido, tras una irrupción portentosa de Jordi Alba por la izquierda. Rui Patricio se sacó de encima el remate, en una demostración de reflejos. El guardemeta luso también reaccionó de fábula a un tiro raso de Navas. Fue la última acometida de España, que no fue la de las grandes noches, pero que se mostró infranqueable de mediocampo hacia atrás, en buena parte gracias a su pareja de centrales; la mejor del torneo sin atisbo de duda. 

Arbeloa aplicó masilla en su banda, mientras que Alba (nuevo jugador de Barça) volvió a exhibirse en la izquierda. Alonso y Busquets compartieron parterre. Ambos son innegociables para un Del Bosque que duerme más tranquilo con el doble pivote. El de Badia, ojo derecho del salmantino, volvió a completar un encuentro extraordinario. Jamás se despoja del chaqué. Por más que se embarre el jardín.

El seleccionador español cambió el escenario de mediocampo en adelante en el transcurso de la segunda parte,  dando entrada a Fábregas por Negredo, Navas por Silva y Pedro por Xavi. Cesc se incrustó por delante de los mediocentros con un éxito rotundo, ofreciendo siempre una línea de pase. Pedro aportó el voltaje habitual por la izquierda, complicándole la vida en cada acción a Joao Pereira. No puede decirse lo mismo de Navas, en quien Del Bosque confía ciegamente, pero que no desbordó a Coentrao por más que lo intentó.

El partido se consumía inexorablemente, con una España que apuraba sus opciones, y una Portugal que a punto estuvo de cazar el gol definitivo en una contra mortal.

La prórroga cambió el panorama. La Roja se reordenó entorno a Iniesta, y encontró carbón en la banda de Alba. El partido se rompió en favor de la Selección, que buscó con ahínco el tanto que la eximiera de los penaltis. España no es el tipo de equipo que especula con el resultado. Solo sabe ir a ganar. Ha mutado su metabolismo. La ruleta de los once metros fue la constatación de que atraviesa por un momento histórico y dulce. Casillas descolgó sus alas, Iniesta anotó sin alterar el pulsómetro, los dos centrales lucieron galones (queda para el recuerdo la panenka de Ramos) y Fábregas coronó el ejercicio, como ya hiciera en 2008 frente a Italia en cuartos de final.

Dos años después de asombrar al mundo, España se cita con Europa en un contexto de profunda crisis económica, inversamente proporcional a su auge deportivo, pues disputará su tercera final consecutiva. Todo un hito, solo al alcance de las combinados más grandes. Nadie ha encadenado antes la serie Eurocopa-Mundial-Eurocopa. España está en condiciones de hacerlo. Las apuestas dicen que se jugará el trofeo con el motor económico del continente: la Alemania de Joachim Löw. Pero la Italia de Pirlo y Buffon, la tapada del torneo, se batirá el cobre hasta el pitido final.

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sábado, 19 de junio de 2010

En defensa del talento

Por Cristian Naranjo

"Sabemos que somos buenos y muy creativos", declaraba Van Marwijk tras el Holanda – Dinamarca. Si bien es obvio que la 'Oranje' tiene pegada (véase trallazo de Sneijder), la sensación es que hace décadas que dejó de ser mecánica. Huérfana de Robben es otra aspirante al título, otra más, que juega básicamente a nada. Como mínimo, muy por debajo de sus enormes posibilidades. Y eso supone una gran decepción para quienes gustamos de mejores platos. La cuestión del doble pivote en paralelo roza lo indignante. Nos preguntamos si no sería más eficaz quitar a un tractor como De Jong ─o Van Bommel─ y retrasar a Van der Vaart para dar entrada, ya desde el inicio, a Eljero Elia, que es pura electricidad zurda. Sinceramente, no se entiende. Y más ante selecciones menores como Japón.

Por no hablar del conflicto interno de Del Bosque. ¿A qué espera el bueno del charro para sacar a un pivote y meter más amperios en ataque? Se habla de Cesc y es de justicia, pero ni tanto ni tan poco. Tampoco se trata de acumular a todos los socráticos en tres cuartos. Precisamente ante Suiza nos condenó el efecto embudo. La 'Roja' pide a gritos un felino. Y ahora mismo, el rey de la selva es Pedro.

Con todo, y tal como dijo Del Bosque en una ocasión, en fútbol todo es opinable, pero nada demostrable. La historia de los Mundiales está llena de campeones avaros. Sin ir más lejos, la Italia de 2006 lo ejemplifica. También la del '82, que dio la sorpresa y campeonó tras apear por el camino a la última gran selección brasileña. La de Júnior, Sócrates, Zico y Falcao. Y es que, nos guste o no, la primera premisa para ganar un Mundial es defender a la perfección. Mucho me temo que Sudáfrica 2010 no será la excepción.

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martes, 10 de febrero de 2009

Brasil vuelve a 'sambar'

Por Albert Valor


Un partido como el de esta noche entre Brasil e Italia es de esos que, aunque denominados amistosos, poco tienen de ello. Un duelo entre las dos selecciones más laureadas en la Copa del Mundo, los dos últimos campeones de la Jules Rimet. El partido se jugaba en Wembley, el nuevo santuario del fútbol británico, casi del fútbol mundial. Todo ello daba como resultado un aperitivo exquisito –que bien podría ser el plato estrella- de la tanda de partidos intersemanales que se avecinan, como el España-Inglaterra y el Francia-Argentina.

Brasil llegaba al partido sumida en un mar de dudas, intentando dar con un patrón de juego que casara entre lo que siempre ha sido la verdeamarelha y ese componente de rigidez que Dunga quiere dar a los suyos. Italia, por su parte, llegaba con la moral relativamente renovada tras su chasco en la Eurocopa, y Lippi, seleccionador azzurro, sumaba un total de 31 partidos invicto sumando sus dos etapas en el banquillo.

El partido ha empezado con una obra maestra de Gilardino, que en el 2’ le ha dado a Grosso un pase teledirigido desde 20 metros que el fino lateral del Lyon ha empalmado a la red sin dejar caer el balón al piso. La lástima es que el árbitro, teniendo en cuenta que la jugada rayaba el límite del reglamento, ha anulado la jugada por presunto fuera de juego. En este momento, a Italia se le han fundido los plomos, pero lo peor para los transalpinos es que poco a poco, más a ritmo de vals que de samba, Brasil ha empezado a crear fútbol. El mediocampo de los suramericanos, tan criticado otras veces por rebosar brega pero carecer de fantasía, ha sido el eje del equipo. Gilberto, que apura sus últimos años de fútbol en el Panathinaikos, se ha erigido como un sobrio stopper, mientras que una de las apuestas del míster para este encuentro, Felipe Melo, ha sido una grata sorpresa. Hasta mediada la segunda parte, el ex de Racing y Almería, no ha fallado una sola entrega. Mientras, los dos baluartes del City, Elano y Robinho, demostraban que acompañados de grandes jugadores pueden ser un espectáculo.

En la defensa, Lucio, que cuando podía se encargaba de armar contragolpes como el que ha significado el prólogo del segundo tanto de los suyos, se ha encargado junto a Juan de secar a los italianos, que por vía de Grosso y Luca Toni han dado algún susto. En los laterales, Marcelo no parecía ni mucho menos ese desesperante jugador que veíamos en el Bernabéu con Schuster, que atacaba discretamente y que defendía de modo calamitoso. De Maicon poco podemos decir que no se sepa ya. Basta con decir que su presencia ha sentado a Dani Alves. El barcelonista también ha tenido sus minutos en el segundo tiempo. A día de hoy, Brasil tiene el equivalente a dos Cafús en el lateral derecho. No sería de extrañar que en el futuro, Dunga cambie de banda a uno de los dos para poder gozar de dos misiles en cada lado de la cancha. Bajo los palos, Julio César se empeñaba en demostrar que la pentacampeona del mundo también puede tener un buen arquero. Aunque Mourinho no acabe de estar contento con él, lo cierto es que cada día va a más.

Alguien se preguntará porque no he hablado aún de los delanteros. Ahí ha residido el mérito de Brasil en el día de hoy. Actualmente, jugar con Ronaldinho y Adriano en punta, es hacerlo con 2 menos. El Gaúcho se ha movido en un espacio de cinco metros cuadrados y, como siempre, se ha intentado abonar a su habilidad en el lanzamiento de faltas. Beckham ya le ha quitado el sitio en el Milan, y a este paso, en la Copa del Mundo de Sudáfrica, estará como mucho en el banquillo para poder animar la previa de los partidos en el autobús. El interista, por su lado, se podía dar con un canto en los dientes si conseguía controlar algún balón de espaldas al marco. Uno se imagina el equipo de hoy con Kaká y Pato en el lugar de las ex estrellas –casi ex futbolistas, no se imaginan qué pena siento al decir esto- y la mente le dibuja una exhibición de las que hacen época. No olvidemos tampoco a gente como Luis Fabiano y a Amauri. Puede que hoy el juventino haya despejado las pocas dudas que podía albergar entre una y otra camiseta. Aunque parece que en este caso puede incidir algo más que la voluntad del jugador.

A Italia le queda el consuelo de saber que Toni, Pirlo y De Rossi siguen ahí como base del equipo, que Grosso nunca perderá su zurda de oro y que Buffon acabará cogiendo ritmo de partidos más pronto que tarde. Y tampoco hay que olvidar la ilusionante progresión de Giussepe Rossi. Y por supuesto, que el Mundial 2010 está aún a más de un año vista y queda tiempo -y sobran mimbres- para armar un equipo más que competitivo.

Por cierto, con tanto análisis se me olvidaba recordar el resultado: 2-0 con goles de Elano y Robinho, que ha mostrado al mundo que en el Real Madrid, sino luchaba los balones era porque no quería. Quizá los dos cracks del Manchester City hayan echo un híbrido entre buen guiño y señal de SOS a los grandes de la Premier. Hasta aquí el Brasil-Italia. Mañana más.

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lunes, 23 de junio de 2008

La noche en que 'la Roja' sometió a Italia

Por Cristian Naranjo

Ante la insistencia de su nieto, el abuelo pasó a relatarle una vez más su cuento favorito. Siempre le explicaba la misma historia, la de aquella selección que eliminó a Italia en los penaltis. El viejo detallaba el contexto ante la expectación del niño. Hacía 24 años que no sucedía algo parecido. Eran vísperas de San Juan y la victoria se celebró con el debido estruendo: cláxones, gritos y pirotecnia. La alegría inundó los hogares y las calles en una noche histórica para la hinchada española. El abuelo hablaba de un partido agónico, resuelto por las paradas de un tal Casillas. El nieto, cada vez más emocionado, atendía con los ojos como platos. Además de al portero español, el viejo recordaba a Fàbregas por marcar el último penalti, y a Villa por ser la estrella de aquella Eurocopa. Por parte italiana, el abuelo tenía palabras para sus dos torres: “Su delantero era un gigante vestido de corto y su portero más largo que un domingo sin dinero”. El nieto disfrutaba al mismo tiempo que sin darse cuenta cimentaba sus pasiones y sueños futuros.

En la mente de todos quedó fijada la emoción de los penaltis y la victoria. Ocurre que la memoria es selectivamente traicionera, y sólo permite almacenar pasajes concretos. Lo mejor de aquella noche se perdió por el camino de la historia. El viejo no lo recuerda con nitidez, pero España jugó al billar a costa de la cuatro veces campeona mundial. Echó el balón al tapete, lo multiplicó y se puso a bailar al son de una panda de enanos traviesos. Por desgracia el abuelo olvidó cómo los bajitos se asociaron mil veces para alcanzar la portería rival y cómo un hispano-brasileño se bastó para barrer el mediocampo. Lamentablemente los años hicieron que sólo quedaran los datos, pero aquella noche la selección aunó la belleza con los valores del juego. Puyol, Marchena y Ramos se partieron la cara por cerrar la trinchera; Xavi, Silva, Iniesta y Cesc se conjuraron entorno al balón sustentados siempre por las espaldas de Senna, que dio un recital de percusión y armónica –13 recuperaciones por sólo 3 pérdidas; arriba, contenidos por el oficio de los centrales italianos, Torres y Villa se desfondaron en cada ataque; en la otra orilla, Casillas fue Casillas, el de los milagros cotidianos. Fue una noche de fe, valentía, coraje y orgullo por un patrón de juego. Se anunciaba un duelo a tumba abierta y lo fue. Se escenificó un igualadísimo choque de culturas, donde acabó triunfando a la ruleta rusa quien lo mereció por voluntad y vuelo.

Como siempre tuvo Italia el partido donde lo quiso en muchos instantes del partido: balón parado, balón volando, balón para Toni. La azzurra se mantuvo fiel a su perfil de arisco felino a pesar de contar con talento a grandes cucharadas. Cassano, Aquilani, De Rossi, Di Natale, Del Piero… todos supeditados al manual del catenaccio: balones por alto, contraataques, rebotes, últimos minutos y penaltis. Así se ganaron un nombre entre los todopoderosos y así cayeron aquella noche, ejecutados por su propia mezquindad. En contraste, España hizo algo más que cruzar la alambrada de cuartos. Triunfó en nombre del fútbol, aunque el abuelo no lo recuerde.

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miércoles, 18 de junio de 2008

El verso libre contra el teletipo

Por Cristian Naranjo


España e Italia son dos países acostumbrados a mirarse de cerca. Muy próximos geográficamente, no son escasos los paralelismos históricos, sociales, culturales y económicos que mantienen. El fútbol de selecciones tampoco es ajeno a esa longeva relación. Desde 1920, la Roja y la azzurra se han enfrentado en 9 partidos oficiales –Juegos Olímpicos, Mundiales y Eurocopas– y 18 amistosos. El balance de victorias es abrumador a favor de Italia en los grandes torneos: seis victorias por una de España –1920, JJOO de Amberes, casi en la prehistoria. Con cuatro trofeos mundiales y uno europeo en sus vitrinas, la capacidad de los transalpinos a la hora de batirse el cobre está más que probada.

Para los jóvenes que nacimos a mediados de los ochenta, USA '94 supuso nuestro primer contacto con las desgracias de la selección. Yo tenía 9 años y el fútbol aún no formaba parte de mis prioridades. Me recuerdo junto al televisor a la hora del partido, tras haber apurado hasta la noche un intenso día de piscina. No tengo presente el gol de Caminero. Sí el de Baggio. Sí la sangre de Luis Enrique sobre el blanco perla de la segunda equipación. En suma, sí la impotencia. La misma de todas las decepciones posteriores.

Catorce años después, España vuelve a verse las caras con Italia, la squadra azzurra de toda la vida, con su concepción del fútbol a medio camino entre lo admirable y lo mezquino. Como siempre ha llegado a la cita sin encandilar, a trompicones y generando dudas a periodistas y aficionados. Pero ya la tenemos aquí. Con su Panucci, su Luca Toni, su Buffon y su Donadoni, que en el '94 estaba en el campo y ahora está del otro lado de la línea de banda.

La selección italiana es criticada y odiada porque siempre busca sacar el máximo provecho de la mínima propuesta. En un ejercicio de negación de los propios azares del juego, la azzurra suele destruir mucho más de lo que produce. Se trata del famoso catenaccio, un concepto tan arraigado en la selección como en el calcio; un fútbol en las antípodas del de Brasil y Holanda. Lo cierto es que siempre jugaron y ganaron así, con lo que tienen motivos para seguir cultivando su dañino modelo. Pero que no cuenten conmigo para la causa. Yo soy de Iniesta, no de Perrotta.

De hecho, el contraste de estilos está servido en la zona ancha: De Rossi, Ambrosini, Aquilani, Perrotta y Camoranesi frente a Senna, Xavi, Iniesta, Silva y Cesc. No voy a perder tiempo en pronósticos. Es un duelo en las alturas: o cal o arena, o azul o rojo, o tú o yo. Los contendientes se conocen a las mil maravillas. Saben a qué hora y para qué están citados. Hay muchas cuentas pendientes de ser saldadas. Es tradición contra ilusión; guerreros curtidos contra imberbes descarados; el fútbol de toque contra el directo; el verso libre contra el teletipo; rosas y revólveres. La camada de Luis tiene lo propio de los poetas, excelsos cuando encuentran la inspiración y condenados a sufrir ante el blanco nuclear cuando se desconectan. Lo contrario es Italia, un revólver que te mata si te giras, una batería de teletipos: un fútbol pragmático, uniforme y repetido en serie. Se trata de la belleza del juego contra la pura mercancía. Hasta ahora ya sabemos quién se impuso, pero hay que volver a dirimirlo. Va a ser un choque a cara de perro en cualquier caso. El verbo ágil se ha de imponer a la proteína. Es un España-Italia en los cuartos de una Eurocopa. Palabras mayores.

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La importancia de 'San' Buffon

Por Albert Valor


Lubos Michel y Massimo Busacca pitaban casi al unísono el final del Francia-Italia y del Holanda-Rumanía, respectivamente. Al final no hubo tongo rumano-holandés. Italia estará en cuartos. Y lo estará porque el cuadro que dirige Van Basten ―que jugó muchos años en el calcio― no tuvo pensamientos de futuro ególatras y sí amor por el fútbol, y resolvió en el segundo tiempo con un once plagado de suplentes pero no por ello poco competitivo. A todos nos gustaría que nuestra delantera reserva la formaran Robben, Huntelaar y Van Persie. Por otro lado, está claro que en Italia todo el mundo se acuerda ahora del penalti que San Buffon le paró a Mutu el pasado viernes.

El partido empezaba ya segundos antes de que el trencilla pitara, y en el duelo de los himnos, Italia tomaba ventaja, sobre todo por el ímpetu con el que Talentino entonaba el final, ese 'Siam pronti alla morte L'Italia chiamò' que dejaba a La Marsellesa en un canto de segunda fila.

Todo esto pareció un presagio, ya que a los 7 minutos Francia se quedaba sin el único hombre capaz de cambiar el ritmo del partido. Franck Ribéry se lesionaba solo después de cometer falta sobre Zambrotta y dejaba su puesto a Nasri, que debía ejercer de Mesías entre tanto músculo. Demasiada presión para el joven de origen argelino. Sin quererlo, Domenech, que había cambiado a media defensa, había hecho ya el relevo generacional que tanto pedía la afición gala. Sólo Makélélé y Henry representaban a aquella vieja guardia que tanta gloria dio a nuestros vecinos.

Poco después, el equipo del gallo empezaba a doblar la rodilla. Corría el minuto 24 cuando Abidal, de improvisado central, cometía penalti sobre un Toni que demostró que un buen delantero no sólo es decisivo por sus goles. No sólo forzó la pena máxima, sino también la expulsión del lateral culé. Segundos después, Pirlo anotaba mientras Buffon, girado hacia la grada, no quería mirar. No recordaba que detrás de su portería ―la misma en la que cuatro días antes había rescatado el último aliento italiano― estaba una de las pantallas del Letzigrund, así que también lo vio en directo.

El pobre Nasri, que había sustituido a Scarface 15 minutos antes, se tenía que volver a sentar en el banco para que la entrada de Boumsong reestructurara la defensa. Demasiados desajustes para un equipo ya de por sí confundido y que ahora debía jugar con uno menos.

De aquí al descanso hubo más bien poco, si acaso un chut de Henry que se marchaba cerca del poste y una falta botada por Grosso ―provocada por un De Rossi que aprovechó la oportunidad para reivindicarse como todocampista muy fichable― que sí pegaba en la madera. En ese momento, en el otro duelo, Codrea enviaba al limbo una ocasión cocinada por Mutu. Tras un último achuchón francés, Michel enviaba a los contendientes camino de los vestuarios. No significaba que por andar escaso de fútbol de alto postín, al partido le faltase emoción, más que nada por lo que se jugaban los dos gigantes contendientes.

Al poco de reanudarse el choque, mientras Italia veía que si llegaba a cuartos, además de Pirlo, perdería a Gattusso ―ambos por acumulación de tarjetas―, Huntelaar avanzaba a los Oranje en el otro duelo. A los 61', tras el lanzamiento de una falta, De Rossi hacía el 2-0 después de que el cuero rebotara en la barrera. Italia veía factible, después de nueve enfrentamientos y treinta años, volver a ganar a les bleus en el tiempo reglamentario.
Pero cuando parecía que Francia se empezaba a despedir de la Eurocopa con un fútbol lento, cansino y previsible, Benzema hacía volar a Buffon para que la extremaunción de los suyos fuera con la cabeza alta. Las noticias que venían de Berna seguían siendo satisfactorias para los azzurri, puesto que Rumanía no podía con los suplentes de Van Basten.

A los 81', Donadoni quitaba a Gattusso y daba entrada a Aquilani para que el romanista se fuera aclimatando a la posición que ocupará desde el inicio contra la Roja. No sería de recibo celebrar las ausencias de Andrea y Genaro, puesto que si los transalpinos juegan el domingo con Aquilani y De Rossi, que sustentan a la media más jugona del calcio junto a Perrotta –que también podría ser de la partida―, más Ambrosini haciendo de perro de presa, Italia seguirá contando con una medular de garantías.

Mientras el grupo de la muerte agonizaba, Van Persie ponía la puntilla a Rumania para que la parte azzurra ―que no azul― del estadio Letzigrund de Zurich empezara a festejar el pase a cuartos. Corría el minuto 86. Pero aquí no habría milagro al estilo turco, ni héroes ni villanos de última hora.

Habrá duelo hispano-italiano en cuartos. Villa querrá ganar por Lucho. Casillas y Buffon se medirán por un lugar en el olimpo de los '1'. Habrá duelo de Santos. Y en la media, por exigencias del guión, de jugones.

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viernes, 13 de junio de 2008

Buffon rescata el último aliento italiano

Por Cristian Naranjo

Haciendo uso de su cuello de cisne, Toni pudo adelantar a Italia al filo de la media parte. Sólo lo evitó Tom Henning, muy riguroso con los azzurri durante todo el partido. No obstante, sería Mutu quien ajusticiara primero la portería contraria, merced a una prolongación perfecta de Zambrotta, que sigue sumido en su depresión deportiva. Sólo quedan pavesas del gran lateral de la Juventus.

El encuentro no ha defraudado por lo que a intensidad y ocasiones se refiere; sí por juego. Ni Rumanía ni Italia están concebidas para enamorar, pero han salido a morderse desde el principio. Con el factor suerte en su contra, los de Donadoni tuvieron que remar río arriba. Panucci, un veterano curtido en mil guerras, reequilibró el partido alentado por la historia de su selección. Había pasado un minuto, y todo volvía a la normalidad: la squadra azzurra dispuesta para una nueva resurrección. Pudo marcar De Rossi entrando con el alma al corazón del área. Incluso Zambrotta tuvo la ocasión de redimirse poniendo un centro desde el fondo. Sin embargo sería Mutu, con el inflexible silbato de Henning mediante, quien tendría en su diestra el privilegio de decidir el destino de Italia. Casi nada. Sucede que bajo el marco le esperaban la esbelta figura y fija mirada de Buffon. Apuesto a que Mutu vio entonces la portería empequeñecer. Sólo así se explica que mandara un balón inocuo al medio. Por su parte, el mejor arquero de la Tierra volvió a constatar su condición para rescatar a su país. Es cierto que a Italia sólo le quedan un 20% de opciones de pasar el corte, pero tratándose del tetracampeón mundial, seguir vivo ya es toda una garantía.

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