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lunes, 1 de marzo de 2010

El mundo es un balón y la Premier, un triángulo

Por Albert Valor

Y el fútbol, como la vida misma. Lo realmente curioso es que líos como el acaecido a raíz de la terna formada por Wayne Bridge, John Terry y Vanesa Perroncel no se produzcan más a menudo. Se dice que eran muy amigos antes del affaire. Ahora, ni se saludan. Pasan a menudo estas cosas. Lo curioso es ver como casi siempre se culpa al corneador. ¿Acaso no le debía Perroncel fidelidad al bueno de Wayne? ¿Acaso alguna mujer tiene dueño?

Bien, tras la primera inmersión de PLF en el mundo rosa –o amarillo, o del color que quieran-, hablemos de fútbol. Se habló mucho del partido antes de su disputa. Pero más dio que hablar mientras se jugaba, e incluso después. El partido de los citizens en Stamford Bridge –nada que ver con Wayne Bridge- expuso al gran público el poderío de los Bellamy, Tévez o Wright-Phillips al contragolpe y de rebote, se intuyó que con un par de inversiones más –dinero no le falta al vecino rico de Manchester-, el City puede ser la próxima campaña un candidato a todo. Una mañana de domingo más, en los bares de Barcelona se habló de lo bien que le iría éste o aquél al Barça. Muchos olvidaban, también una vez más, las pocas opciones que se le plantean a los culés para jugar contragolpeando.

Además, todo ello le da otro aire a la Premier, que otra vez se resolverá entre tres aspirantes. El United queda casi como estaba. Casi porque sigue a un punto. A un punto pero con una Copa de más, esa Carling que carga el calendario de partidos y que deja el pecho henchido a quien la conquista. Otra vez Rooney, aunque suplente, fue decisivo. Y el Arsenal, que tras descolgarse una jornada sí y otra no, coge otra vez el rebufo. Se presume que si se cae en otra curva, ya no llega a la foto finish. La verdad es que no acostumbran el Chelsea y el United a dar muchas alternativas. De hecho, los gunners han perdido ya este año los cuatro partidos ante blues y red devils. Pero también ellos han sufrido derrotas que les han penalizado. Ahora, diez jornadas por delante, 30 puntos en juego y sólo tres entre ellos. Otro triángulo. Pero se intuye que éste no será amoroso.

Tampoco será idílica la lucha a tres bandas por la cuarta plaza. A ella se aferraba, como se apuntaba antes, el Manchester City con esa victoria de enjundia en Londres. Y ayer, los que se apuntaban al incendio de pasiones, eran el Tottenham y el Liverpool. Ninguno de los dos está acostumbrado a estos contextos. Bueno, quizá sí un poco los reds. Aunque vienen los de Merseyside precedidos de un gran prestigio europeo forjado durante el último lustro, la verdad es que en la competición doméstica suelen andar a la cola del Big Four. Y bien es cierto que la temporada pasada pelearon hasta las últimas fechas el cetro al ManU. Pero este año, y tras ver como transcurría el campeonato, quizá se vea esto como un mal menor. Con la vuelta del binomio Gerrard-Torres, Anfield aún alberga esperanzas. Ayer, lograron un gol por barba y tres puntos para seguir en la pomada. Tampoco es habitual ver al equipo de White Hart Lane por aquí. Los del noreste de Londres son un equipo histórico, y hay mucho que contar de ellos en los anales de la liga inglesa. Y tras ese esplendor perdido, parece que por fin un técnico ha sabido transmitir una filosofía que le está dando a los Spurs el lugar que merecen en la clasificación. La victoria de ayer ante el Everton fue de las importantes, ante un rival que juega y hace jugar. Los goles de Pavlyuchenko y Modrić nos hicieron recordar que no sólo de España vivió aquella Eurocopa de Austria y Suiza.

Hablando de la Eurocopa y de España, hablemos del Mundial y de España. Ya nadie quiere renunciar esa ilusión. Somos favoritos. Y aunque una Copa del Mundo es otra cosa, ya nadie obvia la candidatura de la selección española. Sobretodo por plantilla. Y aún más por fútbol. Casillas es el mejor portero, aunque también lo son Julio César o Buffon. Puyol y Piqué son la pareja de centrales del Barcelona hexacampeón, cualquiera los quisiera para sí, puede que no haya otro dúo mejor. Los laterales fallan un poco más. Cuando hablamos de carrileros con recorrido siempre pensamos antes en Maicon, Alves, Glen Jonson e incluso Inkoom –la nueva perla ghanesa- antes que en Capdevila, Ramos, Arbeloa o Fernando Navarro.

El centro del campo ya es otro cantar. Nadie tiene una sala de máquinas donde intervengan Xavi, Iniesta, Cesc o Silva. Realmente, esa sociedad se puede ver superada por físico. Nunca por fútbol. Sobretodo teniendo en cuenta que si alguno se rompe, Xabi Alonso, Busquets o Jesús Navas estarán a la espera. Luego está la delantera. Villa y Torres son fijos en la convocatoria, probablemente titulares. Y las otras dos plazas se deciden partiendo de otro triángulo. El formado por Güiza, Negredo y Llorente. Parece que el riojano, tras tener su esplendor meses atrás, ha quedado un poco a remolque. Le ha ganado la partida ese vallecano con apariencia de miura. El rebautizado por Alfredo Relaño como el Trueno de Zenica. De momento, y pese a no pasar por su mejor momento como goleador, Güiza parece ocupar el hueco de tercer delantero. La realidad es que lleva temporada y media lejos de su mejor nivel. Pero cuando se enfunda la Roja, siempre demuestra su talento. Del Bosque lo sabe. No se puede desperdiciar tanto arte. No se puede desperdiciar tanta pasión.

Se acerca el fin del curso y con él, esa guinda que será el Mundial. Mientras eso llega, las competiciones de clubes empezarán a arder en breve. Está a punto de desatarse más de una hoguera. En algunos casos, de vanidades. En otros, esperemos que de puro fútbol. Pero por ahora, todo se plantea a partir triángulos.

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sábado, 11 de julio de 2009

El legado de Eto'o vale un imperio

Por Cristian Naranjo

El romance de amor-odio entre el Barcelona y Samuel Eto'o está cerca de consumirse. Tras dos veranos intentando romper, la convivencia de la pareja es insostenible. El club tenía la voluntad de traspasarlo hace un año. Así lo expresó Guardiola. Finalmente, el camerunés decidió quedarse y se reivindicó con la mejor temporada de su vida: 36 goles en 50 partidos. Le faltó un ápice para alcanzar el Pichichi y marcó el gol decisivo en la final de la Liga de Campeones. Tras cinco cursos de azulgrana, pocos pueden negar la categoría de Eto'o a juzgar por sus estadísticas: tres Ligas, dos Champions y 130 goles. Se trata del mejor artillero de la era moderna del Barcelona, además del extranjero más productivo en la historia del club después de Kubala. Ni Cruyff, ni Rivaldo, ni Ronaldinho, otros tres foráneos de larga trayectoria en el equipo azulgrana, fueron tan rentables como él. Ni tan determinantes. Nadie podrá robarle al africano el orgullo de haber sido decisivo en dos finales de la Liga de Campeones.

Al hablar de Eto'o hay que hacerlo en términos absolutos. Su rendimiento no es cuestionable. Llegó al Barcelona en 2004 procedente del Mallorca como una debilidad personal del presidente. El traspaso se cerró en 25 millones y fueron muchos los que lo criticaron. También hubo quien no dudó sobre su valía y ganó alguna apuesta por ello. Tras un lustro marcando goles a dentelladas y a sus 28 años ya no tiene sitio en el último tercio del Camp Nou. Si bien el Barcelona es un equipo especializado en hacer salir a sus estrellas por la puerta de emergencia, ningún futbolista merecería un mejor trato que Eto'o, que se ha rasgado su piel de pantera en cada partido. No será así. El camerunés tendrá que salir huyendo, como los ladrones de tres al cuarto. Será tan lamentable como la propia operación, que supondrá perder a un delantero franquicia por un máximo de 20 millones. Su sustituto, ya sea Villa o Forlán, no costará menos de 36. Un negocio ruinoso, que denota una patología extraña.

Ante la repudia de todos los estandartes del club, incluido Guardiola, Eto'o se ha visto forzado a dejarse llevar por la corriente. Las mentiras de toda índole que se han vertido sobre su persona le han hecho estallar de ira. Laporta, Beguiristain y Guardiola han faltado a la verdad y le han engañado a él personalmente. Así las cosas, su destino está en Manchester o en Milán. El africano, que mantiene intacto su instinto de chacal, se merece ser recibido en un grande con los mismos honores que se le niegan aquí. Sería entristecedor que acabara en el City, sin posibilidades de despedazar defensas en Europa. Son un bien escaso los delanteros de pura raza como Eto'o. Veloz como un gamo, generoso en el esfuerzo y adiestrado para el gol. Esas son sus virtudes. Su abanico de recursos no es por tanto demasiado amplio. Aún así es mejor que cualquiera, se llame Ibrahimović, Villa, Forlán o Benzema. Eto'o tiene un valor añadido que le distingue por encima del resto: siempre acude al rescate de su equipo. Jamás se esconde, acreditando pertenecer a la familia de animales salvajes, indomables por definición. Tiene la etiqueta de conflictivo, pero curiosamente no ha descuidado un entreno ni se ha ahogado en combinados. Tampoco se conoce ningún altercado con miembros de la plantilla ni del cuerpo técnico. Al contrario, todos han cantado las excelencias de su profesionalidad. En esas condiciones, su marcha nunca será comprensible. El mejor delantero del último quinquenio no puede sobrar jamás. Pero ahora ya nada evitará su marcha. Dado que el Barça lo ningunea con cartas marcadas, él decide abandonar la timba. Su camino debe apuntar hacia el United o el Milan, clubes a la altura de su grandeza. Vaya donde vaya, Eto'o lleva consigo un zurrón repleto de goles. Sería emocionante contemplar los partidos del Manchester, con los díscolos Rooney y Eto'o en vanguardia. En el caso del Milan, supondría una ironía del destino acabar allí, junto a Ronaldinho, con el que supuestamente no existe conexión alguna. Supuestamente. Lo que trasciende no siempre se ajusta a la realidad. Que nadie dude de que el felino y el Gaúcho podrían convivir de nuevo sin problema alguno. No será difícil que el camerunés marque a pase del brasileño, como en los viejos tiempos, cuando juntos fueron los mejores. Pase lo que pase, Eto'o se ha ganado a pulso veinte metros de la hierba del Camp Nou. Ya nadie los recorrerá como él, y será entonces cuando Guardiola llore su error. Para cuando eso ocurra, Eto'o ya estará a miles de kilómetros de aquí, dejándose el alma por otros colores. En el fútbol, como en la vida, suele ser tarde cuando se acude a restañar un error. De nada sirve lamentarse por lo que pudo ser y no fue. Eto'o, que es un loco maravilloso, encontrará un equipo que entienda su genialidad. Entonces, entonará los versos del maestro Sabina: “este pez ya no muere por tu boca / este loco se va con otra loca / estos ojos no lloran más por ti”. Así será porque el Dios de Eto'o sabe, como sus incondicionales, que se lo merece todo.

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