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domingo, 5 de julio de 2009

Andréi Arshavin o la Revolución Bolchevique

Por Cristian Naranjo

La banda izquierda del Barcelona sigue buscando inquilino desesperadamente. Ribéry, Robinho, Malouda, Ashley Young, Van Persie, Silva y Mata. Sobre la posible incorporación de todos ellos se ha especulado en las últimas semanas. Con la primera opción descartada debido a las intenciones de Scarface, el baile de nombres se ha intensificado. Mucho se escribió sobre la posible cesión de Robinho, aunque el City la desestimó. La renovación de Malouda por el Chelsea le alejó definitivamente del Camp Nou. Ashley Young se contempla como una opción de futuro. Su fichaje no respondería al perfil de jugador contrastado que busca Beguiristain. Con Van Persie, el escollo es su relación calidad-precio. No ofrece totales garantías y su incorporación supondría un navajazo en el capital disponible. En cuanto a Silva no se tienen dudas sobre su categoría, aunque su perfil no se corresponde con el de un señor de la cal. A veces ocurre que un jugador fantástico no tiene cabida en un dibujo determinado. Es el caso del canario, ideal para un 4-4-2 pero inconcreto para el 4-3-3, donde desdibujaría el esquema mental de Guardiola. Finalmente, la alternativa que ha tomado más cuerpo en los últimos días es la de Juan Mata, burgalés de sangre asturiana, que garantizaría la empatía con Villa. La situación económica del Valencia es poco menos que desesperada, lo cual obliga a sus dirigentes a estudiar cualquier tipo de oferta. No obstante, venderán caras sus pieles. El todopoderoso Florentino ya se retiró de la puja por Villa ante las pretensiones valencianistas, razón de más para que en Barcelona preparen la chequera. 55 millones por la dupla de delanteros podrían no bastar.

Mientras Beguiristain apuesta todas sus fichas a la opción ché, las preferencias de la afición azulgrana van en otra dirección. Andréi Arshavin es el elegido por la hinchada. A sus 28 años, su historia es la de una explosión tardía. Tras una larga trayectoria en el Zenit ruso, donde empezó jugando de mediocentro, se dio a conocer al gran público en la pasada Eurocopa. Una actuación descomunal ante Holanda en los cuartos de final le valió el reconocimiento mundial. Se escribieron maravillas de él. Muchas de ellas sobredimensionadas, como compararle con Maradona. Se convirtió en objeto de deseo de los grandes de Europa y sólo faltó un suspiro para su fichaje por el Barça, su equipo soñado. Finalmente, nadie creyó firmemente en él y comenzó la temporada con el Zenit, hasta que ya en 2009 el Arsenal se hizo con sus servicios en una gran operación ─13'3 millones─. En sólo media temporada, Arshavin justificó con creces su fichaje con las virtudes que le definen: desequilibrio y clase, mucha clase. Los goles tampoco le esquivaron ─7 en 12 encuentros─. Especialmente memorable fue la tarde del 21 de abril, cuando consiguió hacer cuatro agujeros en las vetustas porterías de Anfield.

A Arshavin se le acusa de indolente e indisciplinado. Hay quien teme que por sus venas corra la misma sangre que por las de Hleb. No son dos casos comparables. El bielorruso no ha rendido por inadaptación al medio. Acostumbrado a ser el dueño de la banda en el 4-5-1 de Wenger, no ha encontrado su posición en el dibujo de Guardiola. La intermitencia en las alineaciones y la merma de confianza en sí mismo no le han ayudado. Arshavin es otro mundo. Tiene genética de ganador y es descarado por naturaleza. Buscará el balón, encarará, centrará, trazará diagonales… Sin ser Messi ni Ribéry, sí puede ponerse su careta. Ante los escépticos, ha acreditado ser válido para las grandes ligas. Se equivocaría el Barcelona echando el resto por un segundo delantero reconvertido a extremo como Mata. No es un especialista, por más que conozca el arte de la aguja y el ovillo. Aportaría goles y formaría una buena sociedad con Villa, pero su fichaje supondría una solución cómoda y conformista. El asturiano interesante para el flanco azulgrana es Cazorla, sobre el que nadie se pronuncia. Si es un jugador con pies de algodón, valiente y con inspiración lo que anhela el Barcelona, el hombre no es Mata. Adquirir a Cazorla sería respetar el orden establecido; ir sobre seguro. La auténtica revolución tiene nombre: se llama Andréi Arshavin.

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domingo, 21 de junio de 2009

De cómo los grandes han perdido el norte

Por Cristian Naranjo

Calma tensa en el bazar de fichajes los últimos días. Hay objetos que han sido retirados de la venta, caso de Ribéry, Villa o Mascherano, todos ellos pretendidos por Madrid y Barça, que parecen decididos a discutir sobre quién es más crío de los dos: culo veo, culo quiero. Así ha sido desde que Florentino irrumpiera en el mercado, y así seguirá a menos que los grandes clubes se reencuentren con la brújula del Capitán Sparrow, esa que señala el camino hacia lo que realmente se desea. Milan y Manchester, de quienes se esperaba un trueno en forma de fichaje, han optado por que sea el tiempo el que haga su trabajo y no la precipitación de gastar por gastar, como si de restañar un desengaño amoroso se tratara. Habría que revisar aquello de que un clavo quita otro clavo. Que se lo pregunten a Gaspart.

Otros gigantes de Europa, como Bayern, Inter, Juventus, Liverpool o Chelsea apenas han agitado el árbol. La Vecchia Signora se hizo con los servicios de Diego hace semanas, en una operación de lo más inteligente porque fructificó antes de la segunda era de Florentino. Hasta el momento, no se conocen más operaciones importantes. No falta movimiento en el bazar, sino decisión para comprar. Florentino se la ha quedado toda para sí, aunque sin una hoja de ruta definida, su papel es el del elefante entrando en la cacharrería. Tras reventar la banca con Kaka' y Cristiano Ronaldo, su principal estrategia ha consistido en copiar los planes del enemigo: Ribéry, Mascherano, Ibrahimović… A falta de un modelo definido, el Madrid apuesta por las caras conocidas.

El Barça de Guardiola, en cambio, con el trébol decorando su solapa, protege su plantilla entre algodones para evitar cualquier contratiempo en forma de fuga. Nadie se escapará, ni tan siquiera el rebelde Valdés. Con un equipo campeón, el Barça se centra en reforzar las posiciones señaladas, en un intento por reverdecer laureles y evitar el fracaso posterior a París. Va en busca Beguiristain de un lateral zurdo, un centrocampista defensivo, un jugador de banda izquierda y un ariete. Para cada vacante hay un nombre en mayúscula y varios sucedáneos, señal inequívoca del trabajo del secretario técnico y su equipo. Los nombres responden a sospechosos habituales: Filipe Luís, Mascherano, Ribéry e Ibrahimović. Las alternativas, también: Zhirkov, Robinho, Mata, Ashley Young, Villa, Forlán y Benzema entre muchos otros. Sin embargo, debido a las incongruencias que suele cometer el fútbol, Santi Cazorla no aparece en la lista de la compra de Beguiristain, pese a estar cortado por el mismo patrón que Ribéry: técnica, velocidad, habilidad en el regate y gol. Nunca se descifrará el por qué los españoles no cotizan igual que los extranjeros. Misterios irresolubles del fútbol.

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