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viernes, 16 de julio de 2010

Sudáfrica 2010: España encuentra su primera estrella. Así se hizo.

Un reportaje de Cristian Naranjo

3 de julio. Sábado noche. Acabábamos de liquidar, no sin apuros, a la incómoda Paraguay de Gerardo Martino. 1-0. Gol de Villa en el 81'. En el 58', Casillas paró un penalti. Era momento, pues, de festejar el pase a semifinales, hito histórico de la selección en los mundiales. Pero, cómo celebrar algo tan preciado, cuando se tiene tan cerca y a la vez tan lejos. Cómo recaer en la trampa de soñar despierto, tras casi un siglo mordiendo el polvo. Cómo calcular las distancias, la medida de las pulgadas, cuando el terreno es ajeno a lo humano. Por qué beberse la pista de baile a martillo –me preguntaba–, si al fin y al cabo no existen en el fútbol los cimientos; si nadie paga luego la cuenta de doña decepción y don remordimiento.

Como todos los juegos que molan, el Mundial está lleno de castillos en el aire y puertas secretas, que conducen a princesas que siempre se llaman Daniela. Ni siquiera Super Mario, en el tajo desde el '81, tiene respuesta a tanto acertijo. En cuanto a mí, a cuatro noches de batirnos con Alemania, preso de la sed de estrellas, no se me ocurrió nada mejor que tratar de adivinar lo que estaba por venir. Error. O no. Todo depende de quién sea el coyote, y quién el correcaminos.

Lo primero en que pensé fue en la frase de Maradona que rescaté de por ahí: "Siempre queda una pelota para la epopeya". No cabía esperar menos de un duelo contra la todopoderosa Die Mannschaft –'el equipo'–, que llegaba a la cita como flamante sensación del torneo y con la robótica mejorada respecto a 2008. Es cierto que Joachim Löw perdía por sanción a Thomas Müller, su Mazinger Z particular, pero a esas alturas de campeonato si algo había demostrado la selección germana era la fiabilidad del conjunto de su ingeniería. Competitiva por naturaleza, acostumbrada a verse entre las cuatro mejores, para Alemania disputar una 'semi' –onceava en su historia– era como un día más en la oficina.

De España, más cerca que nunca pero lejos todavía de alcanzar su estrella supernova, esperaba todo lo mejor. Desde el revolcón frente a Suiza, el rendimiento de 'la Roja' dibujaba una curva que invitaba al optimismo. A la confianza. Y a la fe. Esperaba que Casillas se cosiera las alas; que Ramos hiciera de su banda un cortijo; que Piqué y Puyol electrificaran el perímetro a su espalda; que Capdevila, arriba y abajo, continuara pintando su cerca; que Busquets siguiera siendo el jardinero fiel; que Xabi Alonso liberara más palomas mensajeras; que Xavi Hernández marcara la sístole y diástole del partido; que Iniesta fuera Iniesta; que Villa tampoco desayunara ese día; y que Torres, desangelado hasta el momento, volviera a ser el cazador elegido: la voraz hambruna del coyote, junto a la rapidez del correcaminos.

Finalmente, el destino de los sucesos es tan esquivo al pronóstico que el 'Indio' Torres apenas tuvo 25 minutos más en el resto del torneo. Se acabó imponiendo el fulgor de Pedrito. Y en contra de cualquier apuesta previa, el hombre del día resultó siendo el jugador más defensivo; el menos técnico y goleador. Ironías del fútbol. Una más. Guiño a todos aquellos centrales del corte de Puyol: melena, casta y corazón. Sin nada más… Y nada menos. Imposible ganar sin jugadores así.

En la misma línea, para la historia quedará otra mágica contradicción: España conquista el trofeo siendo, con mucho, el campeón con peor número de goles a favor –8–. Tampoco nadie había obrado el milagro de superar los cuatro partidos definitivos sin encajar ninguno. La memoria de millones de aficionados se encargará de resolver el aparente sinsentido: aquel equipo –se ensancharán al decir– defendía como ningún otro. Tenía grandes defensas; Piqué, Puyol y Ramos eran extraordinarios. Pero el mejor defensor de todos… Era Xavi.

Todavía una paradoja más: el gol definitivo no lo fue a marcar precisamente el tipo con mejores registros. Ni siquiera un delantero. Perteneciente al gremio de corte y confección, Andrés Iniesta suele jugar sin demasiadas balas en el revólver. Renegar de los disparos al aire, su particular modo de afinar puntería. Acostumbrado a actuar como centrocampista puro, su labor principal consiste en enhebrar la aguja; casi nunca en dar la última puntada. El arte del gol requiere altas dosis de egocentrismo y voracidad de escenario. Liturgias. Nada que ver con Iniesta, que perfeccionista por definición, se reconoce más en otras facetas del juego que en el disparo. Como si le supiera a poco eso de firmar la obra; siempre más cerca del proletario que del artista endiosado.

Hubo una noche, en cambio, en que el manchego aprendió el valor del último minuto y le encontró el lado bueno al hecho de no malgastar munición. Fue un partido terrible en Londres, en un pisadero llamado The Bridge. En el Soccer City de Johannesburgo, final de la Copa del Mundo, la situación tampoco era la mejor. Ya no se oía una vuvuzela, síntoma de que se acabaron las bromas. Tras 115 minutos al límite del reglamento, la Holanda de Van Marwijk estaba a punto de dejar en nada el enorme despliegue de 'la Roja'.

Demasiadas agresiones soportadas. Excesiva tensión acumulada. Frustración. Rabia contenida. Estaba en juego la honra de centenas de ex futbolistas. De millones de aficionados. La selección quería y creía, pero el tiempo se escurría en cada ataque perdido. Casi a caballo del delirio, asomaban ya los temidos penaltis. Con menos de cinco minutos por jugarse, a España le quedaba una sola baza: percutir la zona de Mathijsen, hecho unos zorros y absolutamente desbordado desde la expulsión de Heitinga. Con Xavi, Fàbregas, Iniesta y Navas, cuatro formidables pasadores a su servicio, el 'Indio' Torres debía tener alguna opción de remate. El segundero apretaba, pero 'la Roja' seguía creyendo. Sinatra tenía razón: lo mejor estaba por llegar.

Descarado como casi nadie hasta entonces en Holanda, Eljero Elia se aventuró a penetrar en terreno vedado. Eléctrico, trató de colarse entre Fàbregas y Ramos. Sólo se vive una vez. Ese balón perdido acabó en botas de su equivalente en España. Jesús Navas se fue hacia arriba con el galopar propio de un potrillo. Su mérito fue convertir, con su alocado sprint, la jugada en contraataque. A partir de ahí, la embestida cobró sentido. Apareció Iniesta en la jugada, que cedió de espuela para Cesc. Éste trató de abrir de primeras hacia Torres. El pase lo interrumpió por un instante Robben, pero ya sin fuerzas para nada. Navas llegó para descargar en banda, donde a pierna cambiada el 'Niño' intentó un centro imposible, destinado a morir en la orilla. Por suerte, a esas alturas de la jugada, tras 20 segundos de achique a contrapelo, en la selección oranje ya nadie sabía quién actuaba de central zurdo. Van der Vaart pasaba por allí. Con un despeje horrible, se convirtió en el autor del penúltimo pase.

80 años y 19 Mundiales después, el balón de los balones cayó a pies de Iniesta. Lejos de ser el ariete del equipo, algo sí estaba asegurado: lo gestionaría con cabeza. Jamás sabremos qué pulsaciones marcaba en el momento del control. Tampoco importa demasiado. Sabemos que la bajó con la clase que define a esta selección, y que el remate llevó la furia de los antiguos.

De apariencia frágil, a la hora de la verdad, cuando las cosas se pusieron realmente feas, a Iniesta no le tembló el gatillo. Conocía el valor de esa pelota. La pelota de la epopeya. En el tambor, una sola bala. Cosido a patadas, sin tiempo para sudores fríos, llegó el momento de la descarga. Pocas cosas tan sanas, tan épicas y justas, como la venganza deportiva. Al final, Andrés Iniesta no tuvo elección: el destino se citó en sus botas. A sangre fría, honorando para siempre a Luis Enrique, disparó con plata de primera ley contra el pecho de Stekelenburg. Galvanizado en ese proyectil, el argento de la Eurocopa trajo consigo el oro bruñido en siglos por Jules Rimet. Faltaban estrellas al sur de la ciudad. También al este del edén. Pero a partir de Iniesta será distinto. Por fin descansa en suelo español el Santo Grial del fútbol. La copa amarilla, madre de todos los trofeos, nunca estuvo en mejores manos. El mundo estrena firmamento, color rojo enamorado.
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miércoles, 5 de agosto de 2009

La limpieza étnica, el precio de una constelación

Un reportaje de Cristian Naranjo

Hablar del Madrid actual supone hablar de Florentino Pérez, de sus galácticos y de sus cheques en blanco. El constructor ha culminado la incorporación de Xabi Alonso, su séptimo fichaje ─sin contar a Negredo, que se irá por donde vino─. Finalmente, el donostiarra se convierte en el cerebro de Pellegrini, al que supuestamente no le convence Gago. El ritmo al que funciona el mediocentro español dobla las revoluciones del argentino, cuyo fútbol aún conserva el tran tran propio de su tierra. Es un jugador muy académico y por tanto válido: recibe, toca, se mueve, vuelve a recibir y vuelve a pasar. Todo pulcro y correcto, pero sin enseñar las fauces. En definitiva, no admite comparación con Xabi Alonso, el complemento idóneo para una turbina como Lass. Alfredo Relaño escribía estos días que el donostiarra está para dirigir el tráfico y unir las perlas. Dos símiles magistralmente hallados. A sus 27 años, el ex jugador del Liverpool se ha convertido en la mejor versión posible de sí mismo. Se lo debe todo a Rafa Benítez, que lo ha cincelado hasta conseguir al pivote perfecto. Era un grandioso futbolista cuando se marchó a Inglaterra, hace ya un quinquenio. Aún es un misterio por qué entonces no cuajó su fichaje por el Madrid, si ciertamente los protagonistas eran los mismos: Florentino, Valdano y la predisposición del jugador.

Xabi Alonso se convierte pues en la cuarta adquisición nacional de la nueva directiva blanca, que ha cumplido con creces la promesa de españolizar el Madrid. Esta vez, el cuento de los 'Zidanes y Pavones' sí era cierto. Aunque rebautizado por el propio Florentino: "Di Stéfanos, Amancios y Raúles". Esa terna suena excesivamente vintage, por no decir que desprende olor a ácaro. El primero en actualizar el nombre de la política de reunir a mediáticos, canteranos y españoles ha sido Luis Nieto, del diario As. "Cristianos y Graneros" es el título más apropiado para el faraónico proyecto de Florentino Pérez, absolutamente inédito en la historia del fútbol moderno. Ha fichado estrellas mediáticas, sus inversiones predilectas; ha adquirido jugadores nacionales y ha repescado canteranos. La majestuosidad de la obra reside en su precio y en el tiempo en que lo ha logrado: ¡252 millones de euros en un solo verano! Tras cerciorase de que urgía echar el resto por tratar de desbancar a la 'Guardiola Mecánica', Florentino y su séquito se lo han apostado todo a una carta. En menos de un año se conocerá si realmente han jugado bien su mano o si por el contrario la suerte del fútbol funde para siempre su gestión. Por ahora, los representantes del proyecto disparan con bala. Cristiano aspira a convertirse en el mejor futbolista de todos los tiempos, mientras que Granero no titubea: da por acabado el reinado azulgrana.

Cuando se conocieron los créditos que le otorgaron al club blanco Caja Madrid y el Banco Santander, los 300 millones parecían interminables. El resultado de la inversión no debía ser otro que un campo minado de estrellas. Cristiano Ronaldo, Kaka' y Ribéry parecían alcanzables. Los dos primeros fichajes fructificaron pronto. Eran operaciones que contaron con la connivencia de United y Milan. La llegada del tercer galáctico se dio por hecha durante días, dada la estrecha relación de Ribéry y Migliaccio con Zidane. Scarface estaba decidido a ocupar la banda izquierda del Bernabéu y la mesa, con manteles nuevos y cubertería de plata incluida, ya estaba puesta. Pero entonces sucedió algo extraño en el mundo del fútbol. Por norma, cuando un equipo grande quiere a un jugador, éste presiona hasta forzar su marcha, ante la que el club de origen no puede negarse en redondo. Los tres lados se unen y se forma el polígono. Es una ley tácita, que casi siempre se da. Este verano, en cambio, se han sentado algunos precedentes. Equipos como el Valencia con Villa y el Bayern con Ribéry se han hecho fuertes, hasta el punto de conseguir la continuidad del jugador a base de demandar cantidades sobredimensionadas. Sin embargo no está todo dicho en el caso del galo. Para discernir el desenlace de su romance con el Madrid sólo hay que remitirse a la jurisprudencia reciente. El United de Ferguson consiguió retener a Cristiano Ronaldo, pero una sola temporada.

Más allá de las pretensiones económicas del Bayern y de la actitud de sus responsables, se presume intrigante el siguiente movimiento de Florentino, que a buen seguro apurará las opciones de ligar su trío de ases. Por su parte, Valdano podría ir de farol asegurando que la plantilla está totalmente cerrada. Con todos sus principales objetivos cumplidos, nada parece imposible para el presidente madridista. Sólo las estrellas azulgranas son terreno vedado ─aunque a algunos periodistas les ha asegurado off the record que su verdadero sueño es Messi─. Conjeturas aparte, por ahora la diferencia entre el 'debe' y el 'haber' del Madrid esta temporada es abismal. Con sólo 15 millones obtenidos por venta de jugadores, el saldo negativo asciende a 237 millones. Desprenderse a granel de los descartes se presume como única alternativa para acometer el fichaje de Ribéry, que pasa por ser el deseo expreso de Zidane. Exquisito paladar el del maestro marsellés.

Con nueve altas y nueve bajas, por ahora la plantilla blanca no ha crecido ni ha menguado respecto a la temporada pasada. Los ocho fichajes y el regreso de Garay han impedido el adelgazamiento del plantel, al que en estos momentos le sobran un mínimo de tres jugadores pese a la rescisión de contrato a Míchel Salgado. El cerco se sigue estrechando en torno a Negredo y al clan holandés a excepción de Van Nistelrooy, con quien el club parece sentirse en deuda. Si a la espera del último galáctico sobran tres hombres, todo apunta en primer lugar hacia el delantero vallecano, quien no tiene reparos en buscar destino. Siempre es una lástima y una injusticia que a igualdad de condiciones caiga antes el producto nacional que el foráneo. En segundo término, el que parece sentenciado es Van der Vaart, cuyo divorcio con Pellegrini ya es público. El holandés llegó a Madrid como uno de los supuestos galácticos de Calderón. Apenas jugó y ha tenido problemas de adaptación en el vestuario, que sigue comandado por el cacique Raúl. Sólo un año después de su aterrizaje lo arrinconan contra la puerta de emergencia.

Van der Vaart es una víctima más de la trituradora de los equipos grandes. Suelen equivocarse al comprar, lo hacen muy caro y siempre tienen dificultades para dar salida a sus descartes. Les cuelan cobre a precio de platino y ellos lo convierten en morralla, mientras los intermediarios chupan del proceso. El último caso evidente se ha dado en el Barça. Henrique y Keirrison pertenecían, ambos, al Palmeiras y a la empresa Traffic. Sus fichajes han supuesto un desembolso cercano a los 30 millones. Tras su cesión en Alemania, Henrique está fracasando en la pretemporada. La prueba de que Guardiola no confía en él es su apuesta decidida por Chygrynskiy, un central ucranio ─con los pros y contras que ello conlleva─. El caso de Keirrison supone la misma operación, pero aún más cara al tratarse de un delantero. Jugará en el Benfica y con suerte marcará 15 ó 20 goles, la gran mayoría al primer toque y algunos de penalti. Como no es mejor jugador que Saviola, su próximo compañero en la delantera, volverá de la cesión y habrá que cederle de nuevo. Así hasta que alguien muerda el anzuelo y lo compre por la mitad de lo que el Barça pagó. Una ruina económica y deportiva, que convierte el capital del club en comisiones para unos pocos. Todo muy sospechoso, corrupto y maloliente. El asunto de Van der Vaart es distinto. No es mal futbolista. Él llevaba la manija del Ajax primero y del Hamburgo después, dos buenos equipos en sus respectivas ligas, lo cual le acredita como un futbolista aprovechable. En su día lo pretendió el Valencia. No sería una mala noticia para Emery contar con sus servicios. Villa, Silva, Mata, Van der Vaart y Emaná. Suena de perlas.

Finalmente, de entre Huntelaar, Sneijder, Drenthe y Robben debería salir al menos uno. Del rebelde cazador ya se ha escrito en PLF. La repudia que sufre por parte del club sólo se entiende por sus dificultades de adaptación. De otro modo debería convertirse en el relevo natural de Van Nistelrooy. Benzema tiene más caché, más potencia y más brillo, pero Huntelaar nació ariete. De aspecto desairado, facciones futuristas y cuerpo enjuto, lleva el gol tatuado en su piel sonrosada, e inyectado en sus ojos indolentes. Sneijder es otro jugador engendrado por la prolífica escuela del Ajax. Compañero de generación de Huntelaar y Van der Vaart, su caso es divergente. Completó una primera temporada sensacional, con una buena dinámica de juego, trufada de cañonazos. Por su naturalidad, daba la sensación de que había estado siempre en el Madrid, siempre en la Liga. Parecía totalmente acoplado al mecanismo de Schuster. Pero no. Su luz se fundió. Perdió continuidad y acabó cumpliendo un papel casi tan secundario como el de Van der Vaart. Se dice que entre los dos formaron el gueto holandés, y él mismo reconoció en rueda de prensa que salía mucho por las noches. Con todo, es un jugadorazo completo como pocos. Presumiblemente se quedará por un acuerdo con su representante. A Pellegrini le gusta y por tanto tendrá minutos. Con Drenthe también parece contar el técnico, pese a las críticas de prensa y afición. Se dice de él que su juego es alocado e indisciplinado tácticamente. Pero es insultantemente joven y tiene recorrido para ilustrarse. Hacerle actuar de interior, a quince metros de la banda, sería una opción interesante para explotar su nervio de pequeño Tyson. No ocurrirá. Su única vía para tener minutos es el lateral zurdo.

Y por último Robben. El más caro y sin duda el más talentoso de la saga oranje. Nadie duda de su clase ni de sus virtudes de extremo sin aleaciones. Velocidad, desborde, verticalidad y gol. Es especialista en todo lo que compete a un futbolista clásico de banda, en unos tiempos donde los buenos extremos puros son especie protegida. Cuando las lesiones lo han respetado ha desequilibrado siempre, tanto para asistir como para marcar. Durante un tramo de la última Liga sostuvo al equipo de Juande a base de diagonales imposibles. Tanto es así que la prensa madrileña lo llegó a comparar con Messi. Salvando las distancias, él también tiene lo más difícil de encontrar en un futbolista: la capacidad para eliminar rivales. Ante todo se trata de un jugador especial, que parece salido de El curioso caso de Benjamin Button, porque transmite la sensación de envejecer al revés: de viejo a joven. Quizá por eso, como dice Albert Valor, sus músculos sean de cristal de Bohemia. De todos modos, si no llega Ribéry deberá alternarse en la franja izquierda con los minutos que le preste Granero, cuyo enorme rendimiento le hará titular.

Fichar galácticos, españoles y canteranos. La premisa de Florentino era clara y ha sido cumplida a rajatabla. Obviando los precios, el Madrid se ha reforzado mucho y bien. Ha renovado el armario entero, merced a llevarse lo mejor de cada casa, sin salirse del presupuesto proyectado. Ha podido incorporar a ocho jugadores de nivel mundial a pesar de sus dificultades para traspasar a los descartes. Desde un punto de vista formal, un ejercicio perfecto, que dará sus frutos a medio plazo. Con el objetivo de la décima Copa de Europa en el Bernabéu, Florentino ha querido asegurar el tiro con un proyecto de tres años condensado en uno. Una gran muestra del respeto que siente por la temporada del Barça. Una apuesta decidida por borrar cuanto antes el recuerdo de unas temporadas aciagas en Europa. Posiblemente, en el hipotético once ideal de la afición sólo falta un nombre más: Franck Ribéry. Para afrontar su espinoso fichaje, Florentino debe recuperar millones a través de los traspasos. Negredo, Van der Vaart y Huntelaar parecen los elegidos. Aunque desprenderse de dos grandes delanteros jóvenes no es una medida inteligente a priori, es más lógico que mal vender a jugadores de la talla de Sneijder o Robben. Traspasar a más de dos holandeses no respondería a motivos deportivos; supondría evidenciar la intención por eliminar cualquier vestigio calderoniano, una medida fea y prepotente que suelen adoptar los presidentes neófitos, como si el club fuera su casa. Deshacer la facción holandesa, teniendo en cuenta que jugadores como Miguel Torres ─que si fuera feo ya estaría en el Getafe─ seguirán en plantilla, equivaldría a un genocidio deportivo. Y como es sabido, la limpieza étnica nunca tiene sentido.
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martes, 21 de julio de 2009

Benzema se estrena; una generación se pierde

Por Cristian Naranjo

Florentino Pérez ya no puede evitar que la sonrisa le inunde el rostro. Su segundo proyecto, si cabe más galáctico que el anterior, ha echado a andar. Frente al campeón irlandés y ante 10.000 espectadores, Cristiano Ronaldo y Benzema oficiaron la presentación del Real Madrid 2009-10. A la espera de Kaka', aún de vacaciones, el portugués y el francés acapararon todas las miradas. Si bien los partidos de pretemporada no son más que meros entrenamientos con un rival enfrente, sí permiten adivinar conceptos que se repetirán en el futuro. Queda claro que el sistema de Pellegrini es un 4-4-2 que puede convertirse en un 4-3-3. Todo depende del once inicial. Es evidente que Guti no puede ejercer de extremo como Robben, ni tampoco Sneijder como doble pivote. Da la sensación de que serán habituales los cambios en el esquema en función de los protagonistas.

Del primer tiempo, donde actuaron la mayoría de previsibles titulares a excepción de Benzema, destacó la posesión estéril del Madrid, falto de un jugador pequeño, talentoso y vertical. Véase Iniesta. Véase Cesc. Xabi Alonso mejoraría a Gago, pero no le añadiría profundidad. El argentino es un jugador infravalorado. Siempre se ofrece para iniciar la jugada y acostumbra a saber qué hacer con el balón, ya sea tocar en corto o en oblicuo. Evidentemente, acusa el ritmo cansino heredado de la liga argentina. Ahí es donde Xabi Alonso sí marcaría la diferencia: en velocidad de circulación. Sin embargo, el fichaje del guipuzcoano no ayudaría a abrir pasillos interiores. El desequilibrio recaerá con toda seguridad sobre los hombres de banda, que serán Cristiano y Robben a la espera de lo que ocurra con Ribéry. El portugués no ha enseñado nada positivo. Frente a una defensa numantina, se ha mostrado impotente. En España, se encontrará con muchos campos así: estrechos y plagados de minas. De momento está lejos de su mejor estado de forma, cuando su efervescencia se convierte en peligro.

En punta, Pellegrini ha optado por los galones en detrimento de Benzema. Raúl, un año más, sigue aferrado al trono sin noticias de querer abdicar. Su fe es indestructible y su esfuerzo encomiable, pero su hora ha llegado. Va a tener por delante a Kaka', Benzema e Higuaín, más jóvenes y con más vigor, pero no se prevé una rendición. Seguirá peleando hasta sumergido en formol. De momento, por más que arrugue el gesto al correr, sigue generando respeto a su alrededor. Decenas de jugadores y un ramillete de entrenadores han ido desapareciendo. Él ha permanecido, como la palabra escrita. Pegado al gran capitán, absorbiendo sus enseñanzas, ha comparecido Higuaín. El argentino posee todas las virtudes necesarias para jubilar al '7', pero carece de purpurina. La llegada de Benzema, más mediático, le cierra las puertas de la titularidad.

Otro que no tendrá sitio en el once será Guti, un fino especialista en el último pase. Todo el crédito que ha recibido Raúl le ha faltado siempre al '14', taponado todas las temporadas por grandes fichajes. Antaño fue Zidane. Ahora es Kaka'. Esta noche ha actuado de interior izquierdo, ayudando en la fase de creación. Pellegrini, como casi todos los anteriores, le busca acomodo en posiciones que no le pertenecen. Nadie acierta a colocarle en su posición natural, unos metros por detrás de los puntas, trazando líneas mortales.

Con empate a nada en el marcador, el segundo tiempo sirvió para comprobar las aptitudes de Benzema. El joven francés avaló su fichaje en 45 minutos, con tres ocasiones claras y un gol. El juego del lionés está repleto de matices interesantes que remiten a su gran ídolo: el viejo Ronaldo. Potencia de arranque, calidad en el control y cañones en lugar de botas. Esas son las características de Karim Benzema, un delantero imponente a sus 21 años.

Además del estreno goleador de uno de los nuevos galácticos, la segunda mitad permitió analizar el juego de varios futbolistas en entredicho, caso de Drenthe, Sneijder y Van der Vaart. Como ocurre con Huntelaar y Robben, el núcleo de holandeses formado por Mijatovic está bajo sospecha. Por el momento, Pellegrini parece contar con Sneijder y Robben. Al primero lo quiere para nutrir el centro del campo, mientras que al extremo lo necesita para ocupar el flanco izquierdo, deshabitado sin la presencia de Ribéry. A Drenthe, en cambio, lo ve como una alternativa para el lateral. Por su parte, Van der Vaart ha jugado de falso extremo, siendo el mejor con Benzema. Sorprende la intención del club de desprenderse de gran parte del clan naranja. Se intuye como una pretensión de arrasar con el legado de Calderón. En caso de deberse a razones estrictamente deportivas, no es comprensible la necesidad de desprenderse de un jugador como Huntelaar, un delantero preparado para ejercer de sicario a sueldo. Otros que parecen sentenciados son Drenthe y Van der Vaart, dos futbolistas totalmente válidos para rellenar el centro del campo. El ex-director de orquesta del Ajax le vendría de perlas a cualquier equipo consagrado, como puede ser el Barcelona de Guardiola. Asimismo, Van der Vaart sería la estrella indiscutible de cualquier conjunto de clase media. Su juego, como el del resto de holandeses, ha sido víctima de la inestabilidad del Madrid. A Drenthe, se le tiene en la capital por un negado del fútbol. Sin embargo, nadie le ha visto colocado en su posición natural ─interior zurdo─, en un equipo hecho. Se equivoca el Madrid dándole salida de apestados a los oranje. Gente como Salgado, Marcelo, Torres o Javi García sí que apesta de verdad.

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