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miércoles, 22 de diciembre de 2010

Sweet Christmas

Por Albert Valor

Arrecia ya el frío invierno. Llegó la Navidad. Pero en Can Barça es primavera. Pasión de juventud. Alegría de vivir, de jugar al fútbol. Y la trinchera más temida, convertida en dancefloor. Un empate copero no empañará el recital. La fiesta merece seguir en 2011.

El Barça de Ronaldinho lo era por motivos obvios. Su silueta de purasangre era la mejor fotografía del equipo. Después, en aquellos dos años sin títulos ni lustre, escuché decir a Paco González que del mismo modo que la imagen del Barça se personalizaba anteriormente en el Gaúcho, se podía personalizar en aquel ahora en Gudjhonsen. El Barça de hoy es el Barça de Guardiola. El Barça de Xavi e Iniesta. El Barça de Leo Messi. Ninguna de sus piezas desmerece. Pero es la figura de Pedro Rodríguez Ledesma, un canario introvertido, sencillo y con la mandíbula deshilachada, la que mejor resume a este equipo. Pasión de juventud y alegría de vivir. Correr, correr y correr. Tocar, tocar y tocar. Gol, gol y gol.

Uno recuerda a menudo aquella época oscura de la institución a principios de siglo. Aquel tupido y estúpido lustro que partió en verano del 99 y se liquidó en la primavera del 2005 con aquel gol de Eto’o en el Ciutat de València. Un constante via crucis en forma de equipo de fútbol. Nunca llegaba el Domingo de Resurrección. Ni siquiera el aguinaldo. Y muchos culés quisieran borrarlo. De un plumazo. Pero no. Aquello fue la génesis. La ceniza que prendió la hoguera. En el día a día, no existe angustia sin alegría.

Unos cuantos apuntes como Post-Data: Di María es zurdo cerrado. Cerradísimo. No utiliza la derecha ni para subir al autobús. Pero cada día gusta más su pureza. Su fútbol añejo. ¿Y Benzema? En un mes donde ha recibido tantas críticas como en su peor época, ha marcado dos 'hat-tricks'. Así es el fútbol…

Ah! Me gusta el Levante. Hoy, su ‘once experimental’ se llevó un carro. Pero no olvidemos que los granota se empezaron a desangrar por errores individuales. De todos modos, Juanlu, Rubén Suárez, Caicedo, Sergio y algunos más, son bandera de buen fútbol. Y Luis García Plaza, un gran técnico.


Hasta la próxima.

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jueves, 22 de octubre de 2009

Fiesta en el geriátrico

Por Cristian Naranjo

Ya desde el inicio de las clases se viene cuestionando al Madrid por su juego discontinuo y áspero, más cercano a la lija que a la seda. No son críticas gratuitas pero tampoco endógenas: responden al síndrome del triplete azulgrana. Es la famosa teoría de los vasos comunicantes, según la cual el estado moral de unos depende directamente de los otros. En este caso, son mayoría los observadores que atribuyen el derroche de Florentino a la gran temporada culé. Dejando de lado la causa, la consecuencia es que el Madrid ha renovado su cuadriga. De los 250 millones gastados, más de la mitad sufragaron dos corceles incontenibles; un Cavallino Rampante y un Pegaso. A saber: Cristiano Ronaldo y Kaka'. El portugués asegura una lluvia de goles, en tanto que el brasileño se caracteriza por una inteligencia y elegancia que remiten a Julian Ross. Salvo que a él no le duele el corazón. Futbolistas ambos indiscutibles, superlativos, de talla mundial, cuya ausencia acusaría cualquier formación. El Madrid ha perdido al más determinante cara a puerta y lo está sufriendo en los lances de altura, como ocurrió en Sevilla y esta noche frente al Milán. Sobre el césped, a priori, sí estaba el escolapio Kaka', ilusionado por el careo ante sus ex compañeros. En la práctica, sólo la alineación dio fe de su concurso. No existió, y comienza a imponerse la sensación que el media punta se esfuma en noches exigentes. A la pobre actuación del evangelista se unió Benzema, todo un especialista en desapariciones, así como Granero, que de capitán ha pasado a grumete. Tampoco funcionó el doble pivote, donde sigue sin adivinarse qué tarea tiene asignada cada uno. Es una realidad: hoy por hoy Xabi Alonso y Lassana Diarra, más que mezclar, se cortan.

Si el equipo de Pellegrini llegaba al clásico europeo inmerso en dudas y rodeado de críticas, el de Leonardo ─qué nombre más renacentista y bello, ¿no es cierto?─ se presentaba con graves heridas de bala. En plena caída libre desde que levantara su séptima Liga de Campeones, presidido por un demente que ha limpiado las arcas, estructurado en base a futbolistas neolíticos como Kaladze, Seedorf e Inzaghi y huérfano de Kaka', el Milan es hoy un sucio borrón de su leyenda. No hay forma de explicar cómo un gigante de Europa ha podido dejarse llevar así, exprimiendo una generación obsoleta desde incluso antes de aquella final de 2007 en Atenas. Deportivamente fue un suicidio acudir al desguace a por Ronaldo y Ronaldinho, incapaces ambos de mover su cuerpo de mamut. Y no es otra que la afición rossonera la que sufre las consecuencias de la corrupción de sus dirigentes, a los que no es necesario nombrar. Por todo ello llegaba el Milan herido de muerte y el Madrid, rompiendo apuestas, no lo remató. En el último lustro no había tenido el equipo blanco un partido en Europa más propicio para exhibir su bestial pegada. Ante un once deslavazado y hecho jirones, formado por ancianos del deporte, los de Pellegrini volvieron a colmar de razones a los escépticos.

Tras cinco años sin pasar de octavos a nivel continental los merengues habían perdido su temible aura. De la mano de Florentino, inédita y salvaje inversión mediante, todo parecía haber cambiado en Chamartín. Por chamba, todo menos Raúl, el único superviviente del naufragio. Ausente Cristiano Ronaldo y desdibujado Kaka', el Madrid se conjuró una vez más entorno al añejo pescador, que rodeado de sangre fresca aún puede permitirse brillar. Como recitaría Manolo García en relación a aquélla mujer madura, pese a ser uva de la vieja parra Raúl está bendecido por un dios: el de los años bien llevados. Larga vida al eterno capitán, que abrió el marcador de nuevo a su manera, recogiendo las conservas del área como haría Carpanta. Fue Dida quien le cedió los calamares. Quizá le supo mal la segada de Zambrotta a Benzema. A partir de ahí, lo sucedido fue más abstracto que un film de Lars von Trier. No tiene justificación alguna que el Madrid haga una fiesta en el geriátrico, regalándole el campo y el cuero a un grupo de jugadores vetustos, prejubilados, carentes de todo físico. El once blanco ninguneó al Milán, le permitió desplegarse a ritmo de caracol, ganar la zona de tres cuartos y maniobrar sin lastre en la frontal, donde Pirlo, Seedorf y Ronaldinho aún pueden resultar mortales. El italiano empató el marcador ya en la segunda parte, con un respingo precioso que sorprendió a un Casillas contagiado de tanta mediocridad. Acto seguido llegó el segundo en plena revolución senil, merced a un envío a la espalda de Pepe y Albiol que Casillas salió a abortar en falso, abriéndole paso a Pato para que definiera a placer. El tanto, que se antoja sencillo, va precedido de un asombroso quiebro al guardameta con el tronco. El joven brasileño es un escándalo.

Corría el 66' y al Madrid le tocaba recurrir a la épica, esa que tantas veces le salvó el culo a última hora. Entró Drenthe por Granero y activó la batidora. Gracias al holandés el conjunto blanco ganó revoluciones como para exigir a Dida, cuyos guantes tenían restos del desayuno. En el 76', tras una carga de ocasiones y por una cuestión de justicia, Drenthe empató el choque con un zurdazo seco adonde les duele a los porteros. El pase, del más listo del recreo. Siempre 'Tom Cruise'. 2-2 y una minutada por delante. Viento de cara para el Madrid, obligado a cerrar el choque ante un rival que iba en pantuflas por el Bernabéu. No fue así. Un minuto después del empate, Ronaldinho se calzó las botas por primera vez, dejó de rueda a Pepe y su centro terminó a pies de Seedorf, que lo enganchó a bote pronto mandándolo arriba. No fue sino el trailer de lo que estaba por venir. En el 85' Pato exigió lo mejor de Casillas. En el 86', fruto de un córner limpio, llegó el 2-3. El árbitro lo anuló por decoro. Ni así, aprovechando el juego del mentiroso, pudo el Madrid adelantarse en la recta final. De nuevo fueron los saurios los que pusieron cerco al marco contrario, avanzando a paso lento pero a campo abierto, sin oposición alguna. En mitad del ida y vuelta, la zurda de Seedorf alcanzó la media luna y dirigió el balón con plumas de ganso a Alexandre Rodrigues da Silva, 'Pato', que rubricó su exhibición con un remate en suspensión, al primer toque y acolchado de interior. Gol de figura mundial en el mejor escenario posible. No debería tardar mucho el brasileño en migrar de Milán.

Finalmente 2-3 en el Bernabéu en una velada tan fría como la de anoche en el Camp Nou. Si por algo destaca la Liga de Campeones es por ser caprichosa. Depara trampas en lugares inesperados y no concede indultos: quien perdona, lo paga. Los dos grandes ya están apercibidos. Sobre todo el Barcelona, obligado a ganar en Rusia y después ante un Inter que ya prepara el abrigo de borrego. De no ser así deberá ir a Kiev a batirse el cobre de los octavos. Hipotecarse en Europa supone un interés muy elevado, en ocasiones insalvable, como le ocurre a un Atlético para quien lo trágico siempre ha sido magnético. Sólo el Sevilla se mantiene en pie, heráldico, con nueve puntos y goleando fuera de casa. El equipo de Jiménez desprende aromas de jazmín de España, el más oloroso y radiante de su especie.
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viernes, 11 de septiembre de 2009

Íntimo y personal

Por Cristian Naranjo

Llevo siguiendo al Barcelona desde el 20 de mayo del '92, aunque de Wembley sólo recuerdo el destello de la indumentaria oranje. Tenía 7 años. La televisión quedaba a varios metros de la cama y el sueño me venció. Quizá me desvelara el gol, pero no podría asegurarlo. Tras proclamar al Barça campeón de Europa por vez primera, el Dream Team continuó en pleno apogeo y me enganchó definitivamente en el '94, con el memorable 5-0 al Madrid. Aquel histórico repaso, indeleble para todos por el coletazo de Romario a Alkorta, me inyectó para siempre el fútbol en las venas. O Baixinho era la estética al servicio del gol, y Laudrup la elegancia que le completaba. El deporte rey no ha vuelto a generar un bazooka como el de Koeman, mientras que a Stoichkov siempre lo idolatré por su raza. Guardiola era lento, enclenque y débil, pero jugaba con el kit del delineante: compás, escuadra y cartabón. El actual técnico trazaba la geometría de un equipo gourmet, donde los foráneos marcaban la diferencia. Aquel Barcelona se diluyó por sorpresa en Atenas, y la marcha de Cruyff tuvo tantos defensores como detractores. Fue Sir Bobby Robson, ya en el '96, quien acudió a enyesar aquella fractura social. Núñez no escatimó en gastos y le regaló al jugador más caro de la época. Ronaldo se convirtió bien pronto en el estandarte de aquel fugaz proyecto. El astro sólo disputó una temporada de azulgrana, pero tuvo tiempo de causarme el asombro equivalente a un siglo. Mi abuelo siempre comenta que no había visto nada parecido desde Pelé. Yo rallé la cinta de sus goles y lamenté la pérdida con la nostalgia propia de lo que pudo haber sido. Nunca entendí aquella venta.

Se dice que los clubes están por encima de cualquier jugador. Es cierto que a pesar de todo el Barcelona no se detuvo. Pero quedó huérfano de embrujo. Sin Ronaldo, como escribió Sabina, la vida siguió como siguen las cosas que no tienen mucho sentido. Tras el 'Fenómeno' han triunfado con rotundidad Rivaldo, Figo, Ronaldinho, Eto'o y por supuesto Messi. El salto cualitativo sigue corriendo a cargo de los extranjeros, aunque la cantera ha evolucionado hasta el punto de producir primeros espadas. Iniesta, Xavi e innegablemente Messi tienen hoy en día una categoría reconocida a nivel mundial. La historia reciente demuestra que Barcelona es el ecosistema propicio para incubar a los mejores. No hay duda de que nací en el momento y el lugar idóneos para degustar buenos manjares. Pero no es menos cierto que me perdí a Kubala y a Luis Suárez; a Di Stéfano, Gento, Puskas y Kopa; a Eusebio; a Pelé, a Garrincha y a Zico; a Beckenbauer; a Platini; a Sir Bobby Charlton y a George Best; a Cruyff y a Van Basten. Y también a Maradona. A cambio he disfrutado de una saga de brasileños incomparables, de jugadores de casta y genio a los que realmente he idolatrado, y de una cantera exquisita. Paralelamente, en Madrid también han explotado grandes futbolistas que he seguido con atención. Los primeros años de Raúl fueron deslumbrantes. Roberto Carlos era una especie única. Zidane simplemente bailaba claqué. Sobre aquellos que sentaron cátedra en el pasado, ya sea aquí o en el extranjero, apenas puedo opinar. De la humilde porción de fútbol que he consumido en 15 años, me quedo con el temperamento de Stoichkov, Luis Enrique y Eto'o. Con la pareja de ases que formaban Rivaldo y Figo. También con Ronaldinho. Por supuesto con Guardiola, Xavi, Iniesta y Messi. Pero por encima de todos ellos, con enorme diferencia, siempre estará aquel Ronaldo venido del espacio exterior.

En la actualidad, dejando al Barça de lado, hay otros jugadores jóvenes y/o consagrados que me fascinan. En Italia, Alexandre Pato destaca sobre el resto. Es técnico, rápido, potente y versátil. Le sobra talento para derivar en figura mundial. El estado de su equipo y Dunga ya son harina de otro costal. De Alemania es imposible no señalar a Ribéry, que engrosará la nómina de galácticos en 2010, y al paraguayo Haedo Valdez, que la pasada madrugada le hizo un roto aún mayor a Argentina. De la Premier me quedo con el talento puro de Arshavin y la prematura veteranía de Fàbregas. Con la fantasía de Robinho y la suavidad de Adebayor. Con la velocidad de vértigo de Defoe y la calidad que esconde Modrić. Con la jerarquía de Rooney, la pegada de Valencia y todo lo que apunta Macheda. Y qué decir de la Liga, que este verano ha disipado cualquier duda sobre su estatus: Kaka', Xabi Alonso y Granero son garantía de calidad; Villa, Silva, Banega y Mata, todos juntos, equivalen a mimbres de categoría; Kanouté y Luis Fabiano ya son tiradores clásicos del campeonato; De Marcos en particular y el Athletic en general son mi apuesta personal; Nakamura asegura último pase para el Espanyol, mientras que Ben Sahar tiene buenos detalles. Y en el Atlético, Forlán y Agüero contra el mundo. Nunca dos delanteros tan brutales habían formado parte de un once tan maloliente. Asenjo ha sido un hallazgo, pero la línea defensiva tiene más huecos que un jersey de punto. El centro del campo conduce directamente a la depresión.

Aunque su plantilla no dé para más, Abel Resino pasa por ser el peor entrenador de Primera. Por no hablar de propietario, presidente y secretario técnico, que han vuelto a convertir el club en un polvorín. Con todo y con eso, Forlán y Agüero se bastan para competir. Clasificaron al equipo para la previa de Champions y lo han colocado en la fase de grupos. No se le puede pedir más al mejor dúo atacante de Europa. Tener a Forlán supone un contrato vitalicio con el gol, porque domina por igual el arte del desmarque, el posicionamiento y el remate. Es fuerte, potente, va fenomenal por alto y tiene un revólver en cada bota. Sin embargo mi debilidad es Agüero. Messi, Kaka', Iniesta y Xavi son un lujo para los sentidos. Son jugadores prêt-à-porter. Pero ninguno llama tanto mi atención como lo hace Agüero. El Kun tiene demasiados días grises porque casi nunca se generan huecos para él. Ni en el Atlético ni en la albiceleste. Puede asociarse con Forlán o Messi, pero de nada sirve sin gozar de espacios y un buen pasador. Lo que distingue al Kun es que cuando aparece acostumbra a hacer ruido. Sus conducciones y recortes siempre llevan electricidad y encabezan su repertorio. Son esos enormes recursos técnicos los que le permiten fabricar un pase peligroso o inventarse una maravilla de la nada. Siempre que puedo sigo al Kun con la esperanza de ver en directo alguna de sus gambetas. Desvalijados como están sus equipos no suelo obtener premio. Anoche me llevé otra desilusión con el Paraguay-Argentina. Salió de titular pero nunca conectó con Verón. A la 'Brujita' ya no le alcanza el físico para ser el enganche que pide a gritos la delantera argentina. Si algo caracteriza a Agüero es que jamás se esconde. Es más, suele aparecer en los días señalados. Madrid, Barça y Panathinaikos pueden dar fe. Al sucesor de Romario sólo le falta saltar a un grande para hacer buena la comparación. Del mismo modo que Torres encontró su mejor nivel emigrando a Liverpool, Agüero sólo sacará lo mejor de sí mismo cuando fiche por un equipo exquisito y ganador.

Como no se cansa de repetir el gran Joaquín Caparrós, el fútbol es de los futbolistas. Ellos originan el espectáculo y la pasión por unos colores. Cada club tiene su estandarte y cada país su jugador bandera. El aficionado también siente predilección por unas figuras u otras. El criterio es libre, y la mochila de favoritos ilimitada. Elegir un equipo también es condición sine qua non para el hincha. Todos nos debemos a un escudo. Son múltiples los factores que determinan una decisión que no tiene vuelta a atrás. La ciudad en la que se vive, el entorno donde se crece y la influencia de la familia suelen marcar la identidad del nuevo amante del cuero. El tiempo huye y la vida cambia. Algunos amigos no continúan el viaje. Por contra se incorporan otros. Por el camino también se pierden amores, y hay matrimonios que quiebran. El dinero dibuja parábolas. La salud va empeorando. Junto con la familia, sólo las propias convicciones permanecen. El nexo de unión entre el aficionado y sus colores no tiene fecha de caducidad. Cada cual escoge libremente su escudo y sus emblemas. La oferta es infinita, de modo que el mosaico de culturas está asegurado. Yo me decanté en los 90 por el Barça de Stoichkov. Vi en directo la hecatombe de Atenas. Me decepcioné con el fallo de Salinas y la contra magistral de Baggio. Gocé del Ronaldo original. Me identifiqué con Figo y lo maldije por su traición. Contemplé con asombro la impecable trayectoria de Rivaldo, así como la hechicería de Ronaldinho. Quedé prendado para siempre de Eto'o y en su ausencia no tengo más opción que seguir vibrando con el Barça de Guardiola. Siempre nos quedará el fútbol para mitigar la soledad. Esta ha sido la pequeña historia de una desmedida pasión.
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martes, 23 de junio de 2009

Auge y declive de un genio

Por Cristian Naranjo

Ronaldo de Assis Moreira, más conocido como Ronaldinho Gaúcho, es a sus 29 años el retrato de un cadáver prematuro. Oficialmente no está retirado, pero hace años que su magia se esfumó. Fue tocar el cielo con las manos y precipitarse al vacío. No es el primero que sucumbe ante su propia leyenda. Ya recorrieron el camino inverso a la gloria Best y Maradona, entre otros. Se ha conocido que el Grêmio de Porto Alegre piensa en su fichaje, lo cual supondría una jubilación pagada de forma excelente y una lástima para el fútbol.

Nadie podía imaginar en mayo de 2006 que la carrera de Ronaldinho iba a desviarse tanto. Eran tiempos mejores: tras ganar dos Ligas seguidas, se había proclamado campeón de Europa siendo escogido mejor jugador. El mundo entero se rendía ante un funambulista del fútbol, capaz de dominar con brillantez todas las facetas del juego. Ronaldinho no jugaba jamás para el aprobado; buscaba siempre la Matrícula de Honor, la excelencia. Era un corcel a la hora de esprintar y un alfarero con el balón en los pies. Bicicletas, croquetas, elásticas, sombreros, vaselinas, colas de vaca, rabonas… todo tenía cabida en su bolsillo invisible. Disfrutaba celebrando goles de videoteca, pero nada le satisfacía más que un pase de topógrafo mirando a la grada. Siempre sonreía, en un envidiable gesto de gratitud a la vida, y con su irregular dentadura se ganó a etnias enteras. Con él, el Barcelona se recolocó sobre el mapa y volvió a ser competitivo. A pesar de su condición de estrella, no era arrogante ni individualista. Antes al contrario: siendo el mejor, aumentaba el rendimiento de sus compañeros. Los calificativos se consumen al hablar del buen Ronaldinho, que despuntó en Grêmio y Paris Saint Germain hasta alcanzar el culmen de su fútbol en Barcelona.


Sin embargo, nada fue igual después de París. El futbolista se ahogó en un mar de trofeos y elogios. De 2003 ─año de su fichaje─ a 2008 ─año de su venta al Milan─ su físico se deterioró: llegó al Camp Nou con complexión de maratoniano y se fue con cuerpo de velocista en horas bajas. Tras ganar los títulos más prestigiosos a nivel individual ─FIFA World Player, Balón de Oro─ y colectivo ─Copa Mundial, Champions League─, Ronaldinho se autodestruyó. Comenzó a sustituir entrenamientos por fiestas nocturnas y decidió jubilarse para vivir de su pasado. Un declive vergonzoso para un futbolista concebido para satisfacer los paladares más exquisitos. La historia le recordará como un grande, pero su abandono le impedirá entrar en el Olimpo de Di Stéfano, Pelé, Cruyff y Maradona. Se situará al mismo nivel que Ronaldo y Zidane, pudiendo haber sido el quinto dios. De todos modos, ahora que el Barcelona de Guardiola parece ser el descubridor del juego bonito, conviene recordar más si cabe al Gaúcho, bandera de un equipo irrepetible junto a Eto'o y Messi, y posiblemente el jugador más virtuoso en la historia del Barça. Por desgracia, Ronaldinho se pudrió antes de lo esperado. Ha envejecido, como uva de la vieja parra. Ha pasado de moda como una burda tendencia. No obstante, cuando estas generaciones envejezcan y tengan nietos, a buen seguro les hablarán de cómo jugaba al fútbol Ronaldinho, el artista del alambre.

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PLF os recomienda encarecidamente este vídeo. Todo lo mejor de Ronaldinho con la banda sonora que le corresponde. Homenaje y crítica en una sola pieza. Pura exquisitez.

martes, 10 de febrero de 2009

Brasil vuelve a 'sambar'

Por Albert Valor


Un partido como el de esta noche entre Brasil e Italia es de esos que, aunque denominados amistosos, poco tienen de ello. Un duelo entre las dos selecciones más laureadas en la Copa del Mundo, los dos últimos campeones de la Jules Rimet. El partido se jugaba en Wembley, el nuevo santuario del fútbol británico, casi del fútbol mundial. Todo ello daba como resultado un aperitivo exquisito –que bien podría ser el plato estrella- de la tanda de partidos intersemanales que se avecinan, como el España-Inglaterra y el Francia-Argentina.

Brasil llegaba al partido sumida en un mar de dudas, intentando dar con un patrón de juego que casara entre lo que siempre ha sido la verdeamarelha y ese componente de rigidez que Dunga quiere dar a los suyos. Italia, por su parte, llegaba con la moral relativamente renovada tras su chasco en la Eurocopa, y Lippi, seleccionador azzurro, sumaba un total de 31 partidos invicto sumando sus dos etapas en el banquillo.

El partido ha empezado con una obra maestra de Gilardino, que en el 2’ le ha dado a Grosso un pase teledirigido desde 20 metros que el fino lateral del Lyon ha empalmado a la red sin dejar caer el balón al piso. La lástima es que el árbitro, teniendo en cuenta que la jugada rayaba el límite del reglamento, ha anulado la jugada por presunto fuera de juego. En este momento, a Italia se le han fundido los plomos, pero lo peor para los transalpinos es que poco a poco, más a ritmo de vals que de samba, Brasil ha empezado a crear fútbol. El mediocampo de los suramericanos, tan criticado otras veces por rebosar brega pero carecer de fantasía, ha sido el eje del equipo. Gilberto, que apura sus últimos años de fútbol en el Panathinaikos, se ha erigido como un sobrio stopper, mientras que una de las apuestas del míster para este encuentro, Felipe Melo, ha sido una grata sorpresa. Hasta mediada la segunda parte, el ex de Racing y Almería, no ha fallado una sola entrega. Mientras, los dos baluartes del City, Elano y Robinho, demostraban que acompañados de grandes jugadores pueden ser un espectáculo.

En la defensa, Lucio, que cuando podía se encargaba de armar contragolpes como el que ha significado el prólogo del segundo tanto de los suyos, se ha encargado junto a Juan de secar a los italianos, que por vía de Grosso y Luca Toni han dado algún susto. En los laterales, Marcelo no parecía ni mucho menos ese desesperante jugador que veíamos en el Bernabéu con Schuster, que atacaba discretamente y que defendía de modo calamitoso. De Maicon poco podemos decir que no se sepa ya. Basta con decir que su presencia ha sentado a Dani Alves. El barcelonista también ha tenido sus minutos en el segundo tiempo. A día de hoy, Brasil tiene el equivalente a dos Cafús en el lateral derecho. No sería de extrañar que en el futuro, Dunga cambie de banda a uno de los dos para poder gozar de dos misiles en cada lado de la cancha. Bajo los palos, Julio César se empeñaba en demostrar que la pentacampeona del mundo también puede tener un buen arquero. Aunque Mourinho no acabe de estar contento con él, lo cierto es que cada día va a más.

Alguien se preguntará porque no he hablado aún de los delanteros. Ahí ha residido el mérito de Brasil en el día de hoy. Actualmente, jugar con Ronaldinho y Adriano en punta, es hacerlo con 2 menos. El Gaúcho se ha movido en un espacio de cinco metros cuadrados y, como siempre, se ha intentado abonar a su habilidad en el lanzamiento de faltas. Beckham ya le ha quitado el sitio en el Milan, y a este paso, en la Copa del Mundo de Sudáfrica, estará como mucho en el banquillo para poder animar la previa de los partidos en el autobús. El interista, por su lado, se podía dar con un canto en los dientes si conseguía controlar algún balón de espaldas al marco. Uno se imagina el equipo de hoy con Kaká y Pato en el lugar de las ex estrellas –casi ex futbolistas, no se imaginan qué pena siento al decir esto- y la mente le dibuja una exhibición de las que hacen época. No olvidemos tampoco a gente como Luis Fabiano y a Amauri. Puede que hoy el juventino haya despejado las pocas dudas que podía albergar entre una y otra camiseta. Aunque parece que en este caso puede incidir algo más que la voluntad del jugador.

A Italia le queda el consuelo de saber que Toni, Pirlo y De Rossi siguen ahí como base del equipo, que Grosso nunca perderá su zurda de oro y que Buffon acabará cogiendo ritmo de partidos más pronto que tarde. Y tampoco hay que olvidar la ilusionante progresión de Giussepe Rossi. Y por supuesto, que el Mundial 2010 está aún a más de un año vista y queda tiempo -y sobran mimbres- para armar un equipo más que competitivo.

Por cierto, con tanto análisis se me olvidaba recordar el resultado: 2-0 con goles de Elano y Robinho, que ha mostrado al mundo que en el Real Madrid, sino luchaba los balones era porque no quería. Quizá los dos cracks del Manchester City hayan echo un híbrido entre buen guiño y señal de SOS a los grandes de la Premier. Hasta aquí el Brasil-Italia. Mañana más.

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miércoles, 9 de julio de 2008

4-3-3: vida, muerte y… ¿resurrección?

Por Cristian Naranjo


Mucho se podría discutir sobre la importancia de un esquema de juego en la consecución de éxitos futbolísticos. Lo que parece innegable es que el sistema de un equipo viene a ser su seña de identidad, su propuesta, su idea de entender el juego… su ADN. Aún resuenan los ecos del triunfo de la selección, conseguido merced a un centro del campo versátil y abundante en cantidad y calidad. En clave azulgrana, el súper ofensivo 3-4-3 de Cruyff dio paso al 4-3-3 de Van Gaal tras pasar por la fugaz etapa de Robson –intachable, por cierto–. De la mano de Rivaldo y Figo, Van Gaal ganó dos Ligas de forma impecable, pero la fragilidad defensiva le condenó en Europa. Tras cuatro temporadas en blanco, Rijkaard recogió el testigo holandés en el banquillo y reinstauró el 4-3-3. Con él ganó dos Ligas y una Champions y lo mantuvo inalterable los dos últimos años salvo con alguna excepción –Copa del Rey 2006-07: Zaragoza-Barça, cuando superó el cruce de cuartos sorprendiendo con un 3-4-3–.

Hoy por hoy, nadie puede obviar la sensación de que todos los equipos que se enfrentan al Barça saben con qué se van a encontrar: gran porcentaje de posesión de balón y constantes ataques posicionales a partir del tridente ofensivo. Es un sistema que dejó de funcionar tan pronto como se fundieron sus estrellas. Cuando Ronaldinho exhibía sus dotes de caballo árabe y Eto’o era lo más parecido a un puñal afilado y bruñido, ese Barça sí tenía sentido. Tal era la grandeza de sus delanteros, que Messi, el pequeño Diego, pudo desarrollarse con calma a la inmensa sombra que proyectaban.

Aquel maravilloso 4-3-3 dispuesto por Rijkaard, que parecía destinado a completar una era dorada, falleció en París dejando únicamente a Messi en el testamento. Ronaldinho era tres años mayor que a su llegada y su nula autoexigencia comenzó a pasarle factura sin que nadie del club dijera ni pío. Eto’o, inconformista y combativo por naturaleza, sufrió el lastre de las lesiones y perdió un punto de fiabilidad. Deco, hasta entonces un mariscal en la zona ancha, se contagió por contacto de ambos males y firmó dos temporadas para olvidar. Por su parte, Laporta y Txiki tuvieron dos veranos para detectar el virus y aplicarle antídoto. No lo hicieron. Su respuesta consistió en fichar campeones del mundo: Thuram, Zambrotta, Henry... Sorprendentemente ninguno aportó nada. El equipo inició un proceso autodestructivo para finalmente morir matando: Rijkaard despedido, Deco regalado, Eto’o sentenciado y Ronaldinho cogiendo quilos a su antojo.

Señalados los culpables comenzó el cambio de pósters en el vestuario. Guardiola por Rijkaard, Keyta por Deco, Alves por Zambrotta; parece que Adebayor por Eto’o y Hleb por Ronaldinho. Un cambio de aires a ventanal abierto, como si todo fuera a recuperar su orden primigenio a partir de un simple trueque de alfiles. Algo más tiene que cambiar en el club además de los nombres. Aficionados y periodistas se preguntan el porqué del derrumbe físico de jugadores como Zambrotta o Abidal, auténticos atletas a su llegada e irreconocibles meses después. Es vox populi que en los grandes de España se entrena poco y mal. Aves de paso como Giuly o Cassano lo corroboran desde Italia.

Mejorar la preparación física no va a ser el único reto de Guardiola. Tiene que idear nuevos mecanismos que doten al Barça de la pegada perdida. Por ahora todo apunta a su intención por mantener el 4-3-3, con un mediocampo fortalecido por la presencia africana, dos extremos dinámicos –Messi y Hleb– y un delantero de amplio repertorio capaz de servir y definir con la misma solvencia –Adebayor–. El once tipo que se empieza a definir arroja dudas de todas las líneas. Alves se ha convertido en Sevilla en un lateral portentoso: incansable, rápido, seguro defensivamente, generoso en esfuerzos, de gran calidad, recorrido y profundidad en ataque. Un corazón auxiliar bombeando en la banda, vamos. ¿Será capaz de mantener ese nivel en Barcelona? ¿Recuperará Abidal el tono físico hasta alcanzar un rendimiento decente? ¿O le ganará Sylvinho el puesto una vez más? ¿Confía Guardiola en Touré como muro de contención o piensa más en Márquez para ese puesto? ¿Qué papel va a tener Iniesta en un equipo superpoblado de extranjería? ¿Es Adebayor el delantero idóneo para la causa? ¿Le encontrará Guardiola utilidad a Henry? Son preguntas que surgen por sí mismas a tenor de lo sucedido en el último bienio. Las respuestas, a partir de agosto en la previa de la Champions.

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