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miércoles, 8 de junio de 2011

Obrigado

Por Albert Valor

Ayer se fue definitivamente la bomba nuclear con botas, que diría Segurola. La manada, que diría Valdano. Aún se recuerdan tus primeras estampidas en España. La celebración del avión, coetánia a la del zaragocista Rambert, forma parte ya del museo de las delicias. Eres leyenda, Ro.


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viernes, 25 de septiembre de 2009

Cristiano y Messi ya dan lustre a la Liga

Un análisis de Cristian Naranjo

Cuatro jornadas, cuatro victorias. Pleno de puntos para Madrid y Barcelona, que están firmando el arranque liguero más parejo de su historia. Con un total de 27 goles a favor entre ambos, los grandes no han tardado en poner de manifiesto la bicefalia de la Liga. Si en Santander los marcianos fueron 'Ibra', Messi y Xavi, anteanoche recogieron el testigo Cristiano, Guti y Kaka' en el Madrigal. Frente a un Villarreal en recesión, por fin con tres centrocampistas abrigando al astro brasileño, el conjunto blanco dominó una primera parte marcada por el súbito eslalon de Ronaldo, jugador que por sus cifras comienza a hacer honor a su nombre y dorsal. No obstante, al analizar el choque en panorámica, un referente obligado como Santiago Segurola hubiera aseverado: "En el mejor de los casos, fue un partido mediocre". Se podría ir más allá. Tratándose de un aspirante al triplete tuvo una actuación lacrimosa, cercana al cinismo de la Vecchia Signora, a la que se asemeja peligrosamente. A pesar de la reunión de ges en la cocina, formada por Guti, Granero y Gago, el Madrid sigue abonado a la comida rápida: hamburguesas por doquier a cargo de Cristiano.

Resultado a parte, irreprochable a todos los efectos, el equipo blanco insinúa síntomas conocidos. Esto es: elevados niveles de mordiente y escasa elaboración; alto contenido calórico a cambio de bien pocos nutrientes. Esta vez ni siquiera participó Kaka', que pasa por ser el único gastrónomo de primer nivel. Tampoco hizo acto de presencia Granero, ese corsario indiscutible para estructurar el buque. Apenas si apareció Guti, de cuya zurda sólo brotan claveles. Por el contrario, inopinadamente y para sonrojo de sus críticos, el mejor en los fogones fue Gago, que superó la prueba con intensidad máxima atrás y fuego lento pero seguro en la creación. El argentino ha sido sentenciado antes de tiempo por seguidores y periodistas. Se ha sido injusto con su fútbol, siempre laborioso y solidario. Etiquetado desde la cuna como sucesor de Redondo, Fernando Gago nunca ha podido brillar con luz propia. Vino muy joven, procedente de una liga menor, y se le exigió que resolviera el mal endémico de un equipo mayor: la ausencia de discurso. No llegó al lugar correcto en el momento adecuado. Y ahora, el fichaje de Xabi Alonso le cierra todas las compuertas. Definitivamente, Concha Espina no es su sitio. Tarde o temprano deberá buscar otros retos que impulsen de nuevo su carrera. Hay vida después del Madrid. Muchos pueden constatarlo.

En mitad de la nada, hubo más protagonistas secundarios. Lassana Diarra, fontanero al servició de Pellegrini, se confirma como integrante del club de Super Mario. Aprobó con nota el remiendo, al tiempo que Sergio Ramos completaba un asombroso despliegue de facultades. Son pocos pero elegidos los que, a día de hoy, consideran más central que lateral al sevillano. Ni Schuster, ni Juande Ramos, ni Aragonés, ni Del Bosque, ni Pellegrini forman parte de esa lista. Por el contrario, Manu Sarabia, comentarista de Canal+, sí es uno de ellos. El ex futbolista participa de la opinión de que, liberado del tráfico de banda, con un radio de acción menor, las virtudes de Ramos se multiplican: puede exhibir su contundencia y celeridad en el corte, así como su portentoso salto. Por no hablar de las capacidades ofensivas.

Sea como fuere, las palabras mayores de la Liga las pronuncian otros. Con cinco tantos cada uno, Cristiano y Messi no han esperado para opositar a la jefatura del campeonato. Caracterizados por ser jóvenes velocistas incubados en la banda, el portugués y el argentino son hoy en día mucho más que extremos. La línea de cal no es sino su punto de salida para destrozar el crono. A Cristiano le han bastado las últimas citas para acreditarse como el pistolero más rápido de Texas, en tanto que el revólver de Messi acumula cinco muescas en tres partidos. Uno a babor y otro a estribor, generalmente ambos ejercen el oficio a pierna cambiada, y sus diagonales son brocas del 9 para las defensas.

De cuerpo compacto y tejidos fibrosos, los ases de Barça y Madrid son simétricamente cruciales para sus equipos. El rasgo distintivo de Messi es que, además de ser una centella, el balón siempre está de su parte, zurcido a su bota con hilo de oro. Salvo excepción, la izquierda es el pincel con que traza esos zigzags de vértigo que acostumbran a ser carne de portada. Es justo ahí donde reside el valor añadido del genio azulgrana: su juego margina el exhibicionismo en beneficio del pragmatismo. Es fácilmente comprobable la sencillez con que juega Messi, cuyas cuatro acciones básicas le bastan para ser dominante. Sólo con esprintar, asociarse, fintar y tirar ─habilidades inherentes a cualquier delantero─ tiene suficiente para ser el mejor. ¿Motivo? Es insuperable por velocidad, regatea como nadie en carrera, opta por la pared en el momento preciso y sólo engatilla en posición franca. Resultado: pura cicuta para los rivales. Una pluma del nivel de Alfredo Relaño, director de As, publicaba este miércoles: "Messi es un genio del regate corto, el cambio de dirección, la visión y la capacidad para ponerla en los rincones". Palabra de veterano.

Si el desequilibrio de Messi va ligado a su punta de velocidad, el de Cristiano no sería posible sin su físico de atleta. Merced a una musculatura acerada, fruto de la genética y el intenso trabajo, el luso marca diferencias en todas las facetas del juego, casi siempre por mera potencia. Es explosivo al correr. Es explosivo al saltar. Es explosivo al disparar. Parece salido de un laboratorio. Mientras que Messi estuvo al borde del raquitismo, Cristiano aúna, en sus 185 centímetros, las proporciones del Hombre de Vitruvio con las características del deportista total. Eclosionó irrevocablemente en Manchester hace dos temporadas, cuando rebasó los 40 goles, 31 de ellos en liga. Ese curso plasmó en el campo su extenso catálogo de maniobras demoníacas, básicamente diseñadas para abatir porterías. Jugadas en solitario, cohetes multicolor, remates siderales, fusilamientos a sangre fría, cócteles molotov… Todo ese abanico de recursos, unido a su condición de imán para los medios, convenció a Florentino Pérez de que CR9 era el robot que buscaba. Una vez en España, Cristiano se ha adaptado al medio igual que el oso polar al ártico: cinco partidos oficiales, siete dianas. Inmejorable. Relaño le sintetiza así: "Es un fenómeno físico y técnico, de carrera incontenible, disparo tremendo, llegada, cabezazo y magníficos tiros libres". Lo cual, qué duda cabe, es mucho.

Procedentes de Funchal y de Rosario respectivamente, ambos de origen humilde, Lionel Messi y Cristiano Ronaldo han alcanzado la cumbre del fútbol. Tienen títulos como para desbordar márgenes: Ligas, Premiers, Ligas de Campeones, copas domésticas y una ristra de galardones individuales. Cristiano agrega, además, la extinta Copa Intercontinental y el Balón de Oro: un premio discutible, pero clásico y de prestigio. Cristiano lo consiguió en una temporada de frenesí. En contrario a Messi, que recibirá a final de año el primero de varios, a modo de reconocimiento planetario, con absoluta unanimidad y por clamor popular. Tras lacrar un ejercicio artístico, triunfal e irrefutable, la joya rosarina, el último de los carasucias, ya desprende aromas de emperador. Por más que lo idolatre, no piensa detenerse como hizo Ronaldinho. Sus declaraciones, así como su mirada, anuncian más. Según Miguel Rico, en este caso un reputado periodista de Mundo Deportivo, los 80 mejores partidos de Messi aún están por llegar. A tenor de su edad, es probable que los de Cristiano también. Por simple evolución de la especie, cada vez son más los futbolistas precoces que, reclamados por la élite, alcanzan la cima tan pronto como despuntan. Los dos iconos de la Liga, ya curtidos con 22 y 24 años, son el mejor ejemplo. El devenir de sus carreras determinará, en buena medida, el próximo lustro de los dos grandes. El luso, un jugador selvático, tiene a su favor la versatilidad, porque además de ser una liebre lleva lanzamisiles en ambas piernas y un hacha en la frente. Sin embargo, será un llanero solitario, el simple trazo de un lienzo surrealista. Por su parte, Messi engrana un mecanismo que nunca se detiene, repleto de ruedas dentadas como Xavi, Iniesta, Busquets, Touré, Alves o Piqué. Poseedor de una gambeta única, Lionel Messi es el cometa Halley del fútbol, un individuo astral dentro de un sistema que funciona a la luz de Guardiola, el auténtico galáctico en esta Liga de estrellas.

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miércoles, 23 de septiembre de 2009

La caja de música pertenece a Granero

Un análisis de Cristian Naranjo

La realidad no admite dudas: el Madrid está de vuelta. De la mano de Florentino Pérez, poco menos que el dios Ra de Concha Espina, el club blanco ha recuperado sus rasgos distintivos. El reencuentro con la esencia que le llevó a gobernar Europa a principios del 2000 es hoy un hecho. De aquellos tiempos sólo han sobrevivido los canteranos. No está Del Bosque ni queda rastro de los antiguos galácticos, pero el modelo ha sido reinventado. La regresión no atañe sólo al presidente. Con él han llegado Valdano, Butragueño, otro entrenador dócil y una nueva promoción de deslumbrantes estrellas. Florentino tenía naftalina para todos. 250 millones después, el Madrid ha completado un cambio radical. El equipo seguirá funcionando sin pentagrama, pero encenderá una fogata en cada llegada.

Pese a la rutilancia de Cristiano Ronaldo, Kaka' y Benzema, son mayoría los informadores de la capital que consideran el fichaje de Xabi Alonso como el definitivo para cimentar la reconstrucción del Madrid. No les falta razón, pues en su ausencia se han activado todas las sirenas de alarma. Ayer tarde, a poco más de 24 horas del Villarreal-Real Madrid, se produjo un encuentro de altura entre dos doctores en fútbol: Julio César Iglesias y Santiago Segurola. Hablaron del esquema de Pellegrini, de las rotaciones, de la cuestionable titularidad de Raúl, de la validez de Guti, de Fàbregas y, sobre todo, de la desigualdad entre Xabi Alonso y su sustituto. Es una evidencia que el donostiarra supera en todas las facetas a Gago, vigente titular hasta su llegada. Con el cambio, el club blanco se ha asegurado un doble pivote extraordinario, que debiera garantizar la fijación de las líneas con cola de impacto. Ocurre que, sorprendentemente, entre Alonso y Lass el más agitador y perpendicular es el futbolista de raza negra. No es una cuestión baladí. El mediocentro tolosarra destaca por ser completo y equilibrado. Es magistrado en desplazamientos en largo, y en Inglaterra ha crecido incorporando el sentido táctico y defensivo. En relación a Gago, lo rebasa claramente en la asignatura de música. Los biorritmos del bonaerense están muy por debajo de lo que exige el Bernabéu ─que ya le ha repudiado─, mientras que la distribución de Alonso goza de distintas velocidades. El español es por tanto un jugador más enriquecedor porque reúne un mayor número de registros. Con todo y con eso, pese a estar a años luz el uno del otro, Xabi Alonso no es abrumadoramente más apto que Gago. El por qué reside en la posición que ocupan, así como en los efectivos que dispone Pellegrini en mitad de la cancha. Es constatable que ambos abarcan la misma parcela y comparten funciones. A efectos reales los dos acaban por dedicarse a lo mismo, por más que el recién llegado se imponga de manera indiscutible. Con el donostiarra el Madrid gana categoría al tiempo que conserva a su recambio, pero en contra de lo esperado el dibujo no varía. El guipuzcoano ha asumido las tareas de inicio y contención, renunciando así a la proyección que tenía en Liverpool.

Lo cierto es que es Lassana Diarra y no Xabi Alonso el que ejerce de playmaker junto a Kaka', de modo que el Madrid pierde el hilo en ataque. Lass, curiosamente de origen malí como Mahamadou, ha supuesto un hallazgo por su ambivalencia. Ha acreditado su potencial ofensivo tanto con pases cartesianos como con bombas inteligentes, pero no destaca por ser ordenado. Le falta sensibilidad para mantener el compás de juego inherente a los grandes timoneles; en contraste con Alonso, que sí incorpora brújula. Se hace francamente extraño ver al tolosarra por detrás de Lass teniendo en cuenta la naturaleza de uno y otro. El francés no es ni mucho menos un mal socio para Kaka', pero no es la opción más sensata. Al respecto, el maestro Segurola apunta: "Creo que Xabi Alonso está más cómodo con un jugador como Lass a su alrededor, preferiblemente por detrás". En cualquier caso así ha quedado el once tipo de Pellegrini, con sólo dos centrocampistas puros, un medio netamente ofensivo como Kaka' y tres delanteros natos como Cristiano, Raúl y Benzema. En Madrid ya nadie debate sobre cuál es en la práctica el dibujo del técnico chileno. El 4-2-4 es plenamente reconocible. En líneas generales es un esquema tan racional como su propio creador. Tanto la media goleadora ─¡4 dianas por partido!─ como los resultados lo avalan. Y sin embargo hay matices que generan ciertas suspicacias. En la primera jornada frente al Deportivo, durante los primeros minutos en Cornellà, por momentos en Zúrich y por supuesto ante el Xerez, el astronómico Madrid padeció una seria fractura entre la vanguardia y la retaguardia. Ante la disidencia defensiva de la línea de ataque, abundó la desconexión entre líneas. Consecuentemente, los blancos se dejaron arrebatar la posesión, cedieron terreno y concedieron excesivas ocasiones, muchas de ellas a balón parado.

Por más abultados que hayan sido sus marcadores, es un secreto a voces que el desgobierno es la tónica general en los partidos del equipo blanco. Dado que en Madrid unos cuantos periodistas entienden de la materia, las reflexiones acerca de los desajustes no se han hecho esperar. Para algunos, la opción fácil ha sido disparar contra Gago. Los que participan de esa opinión olvidan que Xabi Alonso estaba sobre el campo cuando Valerón tuvo el 2-3 en el Bernabéu o cuando el Espanyol pudo adelantarse en Cornellà. Por otro lado, los especialistas más insignes han colocado el bisturí en la raíz del problema: el centro del campo. Con buen criterio, apuntan que la sangría defensiva podría paliarse dando entrada a un tercer centrocampista en detrimento de un delantero. No hay forma de esconder que el modelo a seguir es el Barcelona. Lass haría las veces de Touré, Xabi Alonso las de Xavi Hernández, y Granero ─o Guti─ las de Iniesta, con Kaka' gozando de total autonomía. Salvando las inevitables distancias, con esa fórmula el Madrid encontraría la anhelada caja de música. Un simple cambio de pieza lo haría posible: Granero por Raúl. Es una opción que no escapa a Pellegrini, porque de hecho la ejecuta en las segundas partes. La barrera que impide el cambio definitivo de sistema no es otra que la grandeza de los damnificados: Raúl, Benzema y Cristiano. En otras palabras, el macho alfa de la plantilla y dos galácticos recién estrenados, que además están metiendo goles a porrillo. Por lógica y necesaria que sea, no es una decisión fácil para Pellegrini dar la titularidad a Granero o Guti a costa de prender fuego al vestuario. De momento, el técnico chileno ha tomado el camino del centro. A través de sus rotaciones, estudiadas a conciencia, está consolidando un pilar esencial: la harmonía del grupo. Tanto es así, que ahora incluso Drenthe se siente útil.

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