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jueves, 12 de mayo de 2011

Aún falta algo

Por Albert Valor

Barcelona se echó ayer a la calle. El Barça es campeón de Liga. 3 de 3 con Guardiola. Desde la tranquilidad de mi habitáculo, pienso en trazar un cuaderno de bitácora. Aunque Pep ya ha hablado. Cinco ligas en siete años demuestran que se ha hecho un buen trabajo. Cinco que podrían haber sido seis. E incluso siete. Pero la panacea no es para el que sestea. Y al final de la era Rijkaard, el equipo cayó en la autocomplacencia. Resultado: dos ligas para el Madrid en un lapso en la hegemonía culé de estos inicios de siglo. Pero estos deslices son algo que no ha permitido ni permitirá el de Santpedor. Con todo, queda por saber si la excelsitud del juego culé acabará por vencer algún día las manías persecutorias. Entiéndase Villarato.

La temporada ha sido larga. Aquella derrota ante el Hércules queda ya muy lejos. Pregunten en Alicante, sino. Y el 5-0 parece ya de otra época, con esa tormenta primaveral de Clásicos Básicos cercana a su vez. Pese a ser Pascua, la bacanal entre los dos grandes derivó en la Semana [menos] Santa. Pero aún así, a un servidor le parece que el curso futbolístico todavía no ha alcanzado el súmmum. Como si aún faltara algo. Como si el conejo no hubiera salido aún de la chistera. Como si Villa no fuera del todo Villa. Y es que para el barcelonista, el doble triplete a caballo entre Eto’o e Ibrahimovic sigue siendo la inevitable referencia. Y para un español, el gol de Iniesta en Johannesburgo trajo consigo toda la gloria que el fútbol le debía a la ‘Roja’. El sueño hecho realidad de una noche de verano. Así que ahora, el hincha de a pie no se conforma con cualquier golazo. Esperemos que la final de la Champions colme nuestras ansiosas expectativas. Ya sólo queda esa bala. Veremos. Aunque en PLF no nos olvidamos del Levante. Ni de Camuñas.

PD: No corren tiempos felices en Alicante y Almería. Sus equipos van a dejar la elite. Valdez, Drenthe, Piatti, Ulloa, Kalu Uche o Crusat quedarán libres. Que yo sepa, el Barça necesita atacantes de relleno en su plantilla. Con gol y garantías, a poder ser. También andan medio sueltos por ahí Forlán y Güiza. A río revuelto, ganancia de pescadores.


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martes, 31 de agosto de 2010

Pura filosofía

Por Albert Valor

Es el Barça un equipo cortés que no se quita lo valiente. Y son pocos los efectivos. Pero pueden hacer mucho. Hay mucho deseo, que diría el comandante. No existe el miedo, cantaría Shakira. No hay cansancio. No hay hastío. Sólo pasión. Ibra se fue con la música a otra parte. Justo ahora. Precisamente ahora que Villa había completado el ecosistema, el sueco hubiera resultado idóneo para pasar de la balada al hard rock. Durante el año hay muchos conciertos. No lo olvidemos.

En poco más de dos años, algo se ha tornado axioma. Es cierto que Eto’o fue histórico. O que Ibra podría haberse quedado. Y quizá Villa sea el delantero hecho a medida. Quizá. Pero, cada día que pasa, parece claro quien está en lo alto de la cadena alimenticia. Desde el verano de 2008 el barcelonismo está encomendado a Guardiola. Todo pasa por su filtro. Él sí parece imprescindible. La cosa ha funcionado hasta ahora. Veamos si siguen los réditos.

De momento, todo sigue igual. Incluso el Real Madrid parece aún retraído por el eco de su enemigo. En Mallorca, los blancos se entregaron a la vanidad en tres cuartos de cancha y la portería rival fue siempre una entelequia. Pero esto acaba de empezar. Lo pasaremos genial. Seguro.

¿Y el Atleti? El Atleti nunca es lo que parece. Y es auténtico a su vez. Merece gozar del distintivo de supercampeón de Europa. Es algo que le queda bien. Probablemente no llegará a la pugna bipolar. Pero dará espectáculo. Eso también es seguro.

Se terminaron las vacaciones. Acaba el verano. Empieza la vida real. Pero vuelve el espectáculo. El mayor de todos ellos. Pienso, luego fútbol.

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Si eres cortés, puedes ser valiente

domingo, 18 de julio de 2010

Un lince para las bandas del Barça

Por Cristian Naranjo

Adriano Correia. Contrastado, joven -25-, rápido, físico, técnico, polivalente... Y ambidiestro. Junto con Filipe Luis y Coentrão, lo más parecido que había en el mercado a Dani Alves para el ala izquierda. Dijo Rosell antes de ser presidente que una de sus prioridades deportivas era reforzar los laterales. Y no ha tardado en hacerlo. Me aventuro a pronosticar que, pese a su pérdida de protagonismo en Sevilla, le venderá caro el puesto a Abidal, además de mandar a Maxwell al fondo del ropero.

A priori encaja a la perfección con el retrato robot que busca Guardiola: talento, compromiso y adaptación al sistema. Por otro lado, mi sensación es que el fichaje de Adriano complica la llegada de un extremo y pone en cuarentena la de Cesc. El nombre de Mata se ha silenciado y Robinho ya no ocupa portadas. Por desgracia, Arshavin y Elia, tampoco. La prioridad absoluta pasa a ser Fàbregas; pero la guita escasea, y el Arsenal está en plan Rebeca: duro de pelar.

Por ahora el nuevo Barça emite buenas vibraciones, aunque el vacío de Touré, pérdida notable, aún está por cubrir.
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jueves, 29 de abril de 2010

El campeón se desentiende del ataque

Por Cristian Naranjo

Cantaban los Héroes que todo arde si se aplica la chispa adecuada. Y el Barça dispuso de 90 minutos de pólvora ante un equipo encantado de exponerse al fuego. Pero nadie prendió la mecha. No hubiera ocurrido ni jugando hasta el alba. Pues la chispa estaba en el bando contrario, recorriendo las venas sacrificadas de Samuel Eto'o, al que ya ni por actuar de lateral izquierdo se le caen las alhajas. Algo tendrá el camerunés, que embruja cada vestuario por el que pasa. Será el perfume del ganador. Será Esencia de Loewe. En verano no hubo nadie en el entorno azulgrana que cuestionara su venta. Desde esta noche, y formando parte de una plantilla de corte bajo, aspira al cortejo de su tercera Copa de Europa. Ahí es nada. Muy a su pesar no jugará de azulgrana, ni envuelto en la seda de Xavi y compañía. Lo hará rodeado de veteranos y algún que otro descartado, como es el caso de Sneijder. Ambos han encontrado regalo a su propia fe.

El ejercicio de impotencia del Barça es el que explica el reconocimiento al Inter de Mourinho. No hay nada que reprocharle al finalista, pues en todo momento ha sido el fiel reflejo de su entrenador: malo, mezquino, obsceno, grosero. Era previsible que el balón quemara en pies neroazzurri. No lo era tanto que al vigente campeón le pesara la bola. Sobró ansiedad en la mente. Faltó frescura en las piernas. Ni siquiera gozando una hora de superioridad encontró el Barça respuesta al oficio de Zanetti y su tropa. Sin inspiración ni desequilibrio, diluidos Xavi y Messi, sólo Piqué tuvo corazón para seguir creyendo. Por entonces ya era tarde. Malos y reiterados síntomas para el ataque de Guardiola, a quien Ibrahimović sigue respondiendo con partidos tan fantasmales que invitan a Piqué a escalar en solitario el Annapurna.

A estas alturas de curso, y tras quedar fuera de Europa con justicia, se confirma que a este Barça le falta oxígeno. Faltaron fichajes en verano, y los que se hicieron no mejoraron el equipo. Antes al contrario. Se constata que la delantera carece de fuego. Carece de chispa. El mismo Guardiola se la sacó de encima, argumentando en palabras vacías. Esta noche, menos de un año después, el destino le ha devuelto la jugada, recolocando a cada cual en su sitio. Y es que, digan lo que digan, Samuel Eto'o es cosa fina. Etiqueta negra. Esencia de Loewe.

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lunes, 26 de abril de 2010

Epopeya

Por Cristian Naranjo

¡Quién pudiera estar en la piel de Guardiola esta semana! Por obra de los azares del fútbol, curiosamente el partido más decisivo y complejo del año se presenta también como el más simple de preparar. Pues no hay en el filo de la navaja lugar para pizarras. Ni más táctica posible que la de atacar y atacar.

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http://www.youtube.com/watch?v=P0EvTDy_2lI
Pasaje obligado a soñadores

miércoles, 21 de abril de 2010

La vieja Copa de Europa

Por Cristian Naranjo

En Liga de Campeones el balón adquiere las propiedades del queroseno. Redobla su valor, se vuelve líquido y se inflama a la mínima chispa. En esa coyuntura, cada pelota perdida es algo más que un desperdicio incalculable. Es un arma arrojadiza en manos del adversario. Se trata pues de no malgastar el combustible, y de utilizarlo con malicia.

Parecía el Barcelona doctorado en tales premisas europeas. Pero no. Como ya sucediera el sábado en Cornellà-El Prat, los de Guardiola desdibujaron su impecable retrato a base de inconexos garabatos. Todo lo contrario que el Inter, que fue la versión más picassiana de sí mismo. Fiel reflejo de su técnico, el conjunto neroazzurro se dedicó a no derrochar el crudo. En ningún caso aspiró a sentar escuela. Antes al contrario: geometría simple y efectiva. Cada línea encontrando continuidad en un vértice. Eso es todo. ¿Arte cubista? Arte, al fin y al cabo.

Si se asume que en Europa cada pelota es una oportunidad preciosa, se diría que el Barça se dedicó a perder rubíes al ritmo del crono. Disminuido Xavi, desajustado Busquets, desangelado Ibrahimović e irrelevante Messi. Falló el abecé del campeón la noche más peliaguda. San Siro fue un escenario oscuro, lleno de recovecos y trampas, en el que las veteranas y afiladas fauces interistas hicieron fortuna. No necesitaron mediocampo. Regidos por el moderno paradigma del Calcio, según el cual el fútbol se dirime en las áreas, se lo saltaron. Directamente. Sin bagatelas ni paños calientes. A eso juega el bueno de 'Mou'.

Entre los románticos, esta competición todavía responde al nombre de 'Copa de Europa'. Lleva casi once lustros siendo la dama más anhelada. Bien saben sus pretendientes que por ella no pasan los años. Pizpireta y consentida como pocas, no responde su conducta a lógica alguna. No tiene nada que hacer con ella el excesivamente meloso. Ni tampoco el mezquino puede tenerlas todas consigo. Es mujer azarosa y aguda. No existe en ella justicia. Y, sin embargo, conoce el arte de dictar sentencia. Como cada temporada, sólo ella escogerá Casanova.

Hasta ahora, su candidato predilecto había sido el bien parecido Barcelona de Guardiola. Mas tras pecar de ingenuo en la última cita, al vigente campeón no le queda más salida que pasar al ataque. Desde el minuto cero. Será un examen al arrojo y al coraje. A la valentía. Y a la maldad, pues el cortejo y la lírica se le dan por supuestos al equipo del Doctor X. En Madrid aguarda la única juez del romance. La vieja Copa de Europa. Se trata de ser el chico malo. Sólo por una noche.

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domingo, 18 de abril de 2010

Pasión y cólera

Por Albert Valor

Tarde de derbi en Cornellà-El Prat. El sábado se presentaba movidito desde tres horas antes del encuentro. Los cánticos de la hinchada perica resonaban con fuerza en los aledaños. A medida que se aproximaban las 20:00 horas, los decibelios se elevaban. El Barça tuvo lo que esperaba. No fue un ambiente hostil. Fue en infierno con pelaje de estadio de balompié. El nuevo coliseo del RCDE rugió y hasta tuvo pulso por momentos. Dicen que la Bombonera late. Que vengan a ver si no lo hace también la nueva casa de los espanyolistas.

No fue una caldera. Fue mucho más. Fue, simple y llanamente, la cacerola donde Lucifer cocina sus brebajes. La olla donde los caníbales de las películas cocinan a sus víctimas. Queda claro entonces que al Espanyol lo llevó en volandas su gente. Una mezcla a partes iguales de pasión y cólera. De pasión puramente espanyolista. De cólera netamente antibarcelonista. Negarlo sería evadir un axioma. Decíamos que al Espanyol lo llevó en volandas su gente. También el planteamiento de Pochettino. La presión asfixiante realizada por cada uno de los integrantes del once periquito, desde Osvaldo hasta Kameni, le impidió al Barcelona ser él mismo. Mención especial en esta parada para el propio Osvaldo, para Raúl Baena y para José Callejón. El andaluz no sólo ayudó a Dídac Vilà a frenar a Dani Alves. También le creó problemas punzando por el costado, además de provocar la expulsión del lateral brasileño justo cuando el Barça empezaba a salir de la cueva. Habrá dormido a gusto esta noche el centrocampista.

Ahora, tras neutralizar al referente actual del fútbol mundial, el club que preside Sánchez Llibre debería preguntarse si sale a cuenta este orgasmo una vez al año a cambio de dejarse perder tantos puntos contra rivales de poca enjundia. Si el Espanyol se define algún día, será candidato a mucho más año sí año también. El que sí eligió hace ya tiempo su sino es Gerard Piqué. Él se decantó por ser profeta en su hogar y objeto de vilipendio en casa del enemigo. Para bien o para mal, el ‘3’ del Barça y de la Roja nunca se esconde. Y siempre está concentrado en el juego. Un valladar. El otro referente culé de la noche, Satánico Messi, apenas pudo lucir su repertorio excepto en dos chispazos y fue esta vez un pobre diablo. Del partido en sí nos queda todo eso y, una vez más, la intervención decisiva de Víctor Valdés.

Parecía existir una teoría para mutilar el juego del Barça, pero nadie conseguía ponerla en práctica. Quien sabe si el plan de Pochettino acabe creando escuela. Aunque tampoco hay duda en que Guardiola seguirá buscando una pócima para salir airoso de futuros enfrentamientos en el área metropolitana.

Cuando Undiano señaló el fin, rugieron 40.000 gargantas. De rabia. De pasión. De cólera. También de alegría. Muchos pensarán que no hay nada que celebrar en un empate a cero contra un equipo con diez desde el minuto 60. Pero realmente sí lo hay. Son la bestia negra del mejor equipo del mundo en el último año y medio. Son la piedra en el camino del mejor Barça de todos los tiempos.

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sábado, 10 de abril de 2010

La Liga más bipolar se decide en Chamartín

Un análisis de Cristian Naranjo

El fútbol inventó partidos como éste para echar por tierra cualquier tipo de pronóstico. Vaticinar lo que puede ocurrir es poco menos que un engaño al pueblo; es como enfrentar a los mejores de cada clase en el patio del instituto, y tratar de adivinar el resultado. No tendría sentido. Cuando reina la incertidumbre, el espectáculo se convierte en el único favorito.

Llega el Barça al clásico en curva exponencial, con todos sus efectivos útiles al rojo, y un Messi que echa chispas; que quema; que abrasa. El preciosismo ha dado paso al empirismo que practica el argentino. No hay nada gratuito en sus botas, convencido como está de cerrar los partidos por derribo. Messi está hecho de material conductor. Conduce la alta tensión.

Sería un error, no obstante, limitarse al análisis individual. Las estadísticas dicen que Messi lleva marcados 40 goles ─¡siendo mediapunta!─ esta temporada. De todos ellos, sólo uno con Argentina. Dice Relaño que conoce un modo, el único, para pararle: ponerle a Maradona de entrenador. Los números hablan de cuán importante es tener a la estrella rodeada de secundarios de altura. Xavi, Busquets, Keyta, Iniesta, Pedro, Alves... Prácticamente todos internacionales, jugadores de postín, y sin embargo comprometidos como soldados rasos. Todos trabajan por igual en la presión, siempre constante y agresiva. Es el modo de que el balón le llegue deprisa y a menudo al demonio rosarino. La 'vieja' es la clave. Quien la haga suya, se llevará el partido y la Liga. Es casi imposible meterle mano al Barça cuando acapara la posesión. Porque defiende al mismo tiempo que ataca. En la ida, el Madrid consiguió decomisarle por momentos el cuero. Y los de Guardiola sangraron. ¿Quién le echará el guante, pues, al esférico? Quién sabe... Pero claven su mirada en el dorsal '6' azulgrana. Dicen que juega bastante bien.

Por su parte, el Madrid se explica como un libro abierto. Pellegrini apuntalará la defensa con Arbeloa en el lateral zurdo, acompañando a Garay, Albiol y Ramos, que será el encargado de saltar a por Messi cuando éste gane posición de tres cuartos. El sistema se basará en continuas ayudas e intensidad máxima; una pequeña pérdida de atención puede ser fatal en este tipo de partidos. En cambio, si la defensa funciona, el equipo blanco crecerá en confianza y se verá capaz de poner cerco a la meta contraria. Xabi Alonso, Gago, Van der Vaart y Marcelo parten como teóricos titulares en la media, dibujando un 4-4-2 muy flexible en las alas.

Granero es la imagen de la inconstancia, Lass ha desaparecido de las formaciones por indisciplina, y la lámpara de Guti no da para 90 minutos. Increíble pero cierto: Van der Vaart y Gago, desahuciados hace unos meses, titulares sin discusión en el encuentro del año. Paradojas del fútbol. El holandés será el encargado, junto con Marcelo, de inyectarle dinamismo al juego. Ambos están dotados para el pase, y no les asaltan dudas al mirar a puerta. Serán el complemento atacante a los portentos de la primera línea.

Siempre con el gol en el entrecejo, Cristiano e Higuaín pueden desatar el huracán en cualquier momento. Un desmarque a traición, un crudo proyectil, un remate heterodoxo o académico… Con espacios y cuota de balón, el portugués y el argentino pueden derruir cualquier estructura. Esta noche serán el equivalente a Messi. De salida, ellos ya son dos. Veremos si el '10' del Barça consigue invocar de nuevo a Satanás. Se hace difícil pensar en un buen resultado para los azulgrana sin la magia negra del número uno.
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miércoles, 7 de abril de 2010

Satánico Messi

Por Cristian Naranjo

El fenómeno argentino hace trizas al Arsenal
en un primer tiempo de delirio colectivo

Primeros de abril. Llegó el tramo definitivo del curso. Apenas dos meses para el desenlace. Y ahí, en primera línea, vuelve a estar el Barcelona. Escuadra de autor por definición, el equipo de Guardiola acostumbra a rallar a gran nivel cuando decide levantarse temprano, desayunar a base de cereales y fruta y salir a correr un rato, varias horas antes de concentrarse de lleno en el partido. Es la metáfora de que si el actual jerarca de Europa encara la cita con la liturgia y el protocolo necesarios, el rival lo tiene crudo. Así lo prueba la límpida trayectoria del seis veces campeón en 2009. Salió pues el Barça con el rictus congelado ante un Arsenal pulcro, vestido de blanco y diplomática ralla. Un traje hecho camiseta. El once de Wenger, sesgado por las bajas de Fàbregas y Arshavin ─equivalentes a mamá y papá─, funcionó en base a las mismas directrices que en la ida: superpoblar la tierra media. Xavi padeció el acoso, y los primeros minutos no encontraron dueño. A la inversa que en el Emirates, no se barruntaba tormenta en el Camp Nou. Si bien fue Almunia quien vio caer las primeras gotas.

En el '18, en mitad del ir y venir del cuero, enganchó el Arsenal la jugada que buscaba: recuperación en zona alta y despliegue veloz en beneficio de Bendtner, que puso a prueba el riego sanguíneo de la grada. 0-1. Tocaba correr con arena en los bolsillos. Pero justo entonces, antes de que al aficionado le turbara el miedo, apareció Él. Se presentó ante todos el mismo Satanás. Y decidió quedarse solo en el escenario. No recuerda la moderna Liga de Campeones una exhibición parecida en el plano individual a la de anoche. El electrón es zurdo. Se llama Leo Messi. En el '21 volteó el statu quo con un trallazo demoníaco. En el '37, concretando de cine con la diestra, anunció el monopolio que estaba por venir. Y en el '42, a modo de postre, cerró el encuentro con una vaselina de algodón de azúcar que ya es marca de la casa. Messi es al fútbol algo más que Dios para el catolicismo. Es el todopoderoso y su enemigo. Es el seny i la rauxa. Es Jesucristo y es Lucifer. Es un Beattle y un Rolling Stone.

Desde anoche, la Champions League es señora de Leo Messi. Por fin se conoce el porqué de las grandes orejas que identifican al trofeo. La orejuda estaba esperando a su pequeño ratón animado. A su caballero. A su demonio. Nunca antes la habían cortejado de ese modo tan bipolar; tan descarnado; tan pasional. Cuatro goles en la vuelta de unos cuartos de final. Fotografía de la ambición. Forma humana de un humilde canto rodado. Tan diabólico, tan celestial… Bienvenidos a la dictadura de Lionel Messi: su satánica majestad.

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sábado, 6 de marzo de 2010

Cifras y letras

Un análisis de Cristian Naranjo

Besar unos labios nuevos, reírse con los amigos hasta quebrarse el tórax o disfrutar del cine en buena compañía. Pocos placeres tan apetecibles como el fútbol en HD, que cuando falta, se hace notar. El balón es condición sine qua non, porque acostumbra a estar ahí para poder volver a sus cifras y letras. La letra es el juego; las cifras, el gol. En la Liga, el equipo literato por antonomasia desde hace un lustro es el Barcelona; lo más parecido a dos generaciones de brillantes poetas. De Rijkaard a Guardiola: la del 98 y la del 27. Ésta última con un joven en estado de gracia. El poeta fue Pedro Salinas; el futbolista, Pedrito Rodríguez, para quien la luna siempre parece estar llena a juzgar por el viento que impulsa sus certeros trallazos. En el contexto de la poesía, se diría que el juego de Pedro vive al límite de la paradoja sin solución de continuidad. Cuando menos interviene, más mortífero se muestra. Su estilo es directo y profundo: sólo aparece para partir en dos los encuentros. Es un pragmático en mitad del éter.

En conjunto, el Barça suele interpretar de forma celestial el lenguaje del fútbol. Tanto, que cuando el balón está en posesión azulgrana se hace polígamo; tiene que repartirse entre Iniesta, Messi, Busquets... Aunque todos saben que la niña de sus ojos es Xavi Hernández, el creador del campo semántico. Por sus botas pasan más llamadas que por una antigua centralita, y él siempre logra la conexión adecuada: recibe, toca, se mueve, recorta, se gira… En cada momento, la figura retórica que exige el soneto. Tal y como sucedía con Federico García Lorca, cuando está Xavi no hace ni frío ni calor: hace Xavi.

Otra de las plumas insignes del Barça es sin duda Ibrahimović, el delantero Art decó por definición; un aristócrata infiltrado en la plebe, cuyo juego desafía lo paradójico para acercarse al oxímoron. Es enorme, luego no precisa de catalejos en la grada y se deja ver desde cualquier atalaya, pero sin embargo no tiene en el remate de cabeza su especialidad. El cíngaro parece jugar con ansiedad y a contrapié, rumiando en exceso en cada acción, como con miedo al fallo; a precipitar la jugada. Y no obstante se acelera cuando el instante requiere pausa. Por momentos está tan fuera de contexto como una columna en mitad del baile. Y hasta donde se sabe, en las pistas los pilares suelen ser un estorbo. Para desgracia de todo buen aficionado, por ahora los hechos dicen que el fútbol de Ibrahimović evoca más al de Gudjohnsen que al del cisne Van Basten, un álter ego al que está tardando en invocar.

Samuel Eto'o era la antítesis del delantero estático: se las llevaba todas por mero amor propio, por confianza en sí, esa variable intangible que tanto influye en cualquiera de los órdenes vitales. Los primeros silbidos hacia el punta de origen balcánico suponen la añoranza implícita del camerunés. Por más que los media sigan silenciándolo, Pep Guardiola cometió un grave error para con Eto'o. Y en cambio volvió a demostrar finura y gusto en la herramienta elegida para motivar a los suyos. La historia de Iñaki Ochoa es un sobrecogedor canto a la libertad y un desafío a los límites de la amistad. Acabó mal, pero fue un milagro de 14 rostros. El reportaje, una obra maestra, eriza y detiene la respiración; simplemente, hace llorar. Es el espíritu de equipo al servicio de un rescate imposible, reconstruido a la perfección por Informe Robinson. En este caso, y como de costumbre, un diez para el minucioso técnico por transmitir ética además de épica.

Lo que Guardiola buscaba era un golpe de efecto en un momento bajo del equipo. Y es que, trasladando los escritos al campo, se diría que el exceso de letra produce hastío, al igual que la cajeta empalaga y las cifras confunden. Para el Barça es siempre temporada de fresas, pero este año le cuesta montar la nata; bruñir el juego. Más deberes para el míster, a quien se le acumulan los exámenes en la mesa. Su ariete púrpura necesita mejorar y lo hará; y el equipo con él. Otros, como Chygrynskyy o Henry, lo tienen más crudo. Hace tiempo que el francés abandonó los tacones de aguja para ponerse cómodo. Y el ucranio ocupa el último pupitre desde su llegada, sin dar indicio alguno de resurrección cristiana. Su expediente es tan simple como triste: cero coma cero en todo, a excepción de un aprobado en geometría, por unos pases que en ningún caso le redimen. Por momentos pareciera que al central le falta alguno de los sentidos. ¿Acaso la vista? ¿Acaso el oído? El caso perfecto para el Dr. Hannibal Lecter, que gusta de examinar a jóvenes introvertidos, esbeltos y de larga cabellera. Un caso perdido a todas luces. El segundo salto al vacío de Guardiola.

En Concha Espina se viven momentos bien distintos. El Madrid es pura praxis. Funciona con valores absolutos. Es el culmen del facta non verba. Mientras que el Barcelona hace de la letra su bandera, las cifras son cosa de Cristiano Ronaldo, Higuaín y compañía. Sumas y más sumas al servicio de Pellegrini. El atleta portugués va camino de borrar el estigma de su nombre, que traía consigo abandono, desidia y nocturnidad. Más que actuar, Cristiano sobreactúa. Pero el luso está justificando la inversión de sus archimillonarios patrocinadores. Es el ejemplo de que ser egocéntrico no es óbice para mantenerse en la cumbre.

Por su parte, Gonzalo Higuaín es algo más que un delantero a la vieja usanza. Más bien pertenece al medievo. Lo constata su aspecto rudo y desaliñado, así como la crudeza de su fútbol febril; vestigios de un superviviente a la peste bubónica. El 'Pipa' juega como reivindicando al gremio de carpinteros, pues jamás esconde sus herramientas: el martillo y el serrucho. Sus cifras dictan sentencia: más que un martillo, martillo pilón.

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lunes, 15 de febrero de 2010

Violento amor

Por Cristian Naranjo

Hay leyes intangibles que imperan en el fútbol. Leyes según las cuales el Atlético siempre se empequeñece cuando enfrenta al Madrid en la misma proporción en la que crece cuando le visita el Barça. En un partido gris como la propia tarde de domingo, los de Sánchez Flores no tuvieron piedad de un líder desalmado, apático y falto de reflejos. Esta vez los pequeños no pusieron imperdibles al balón. No existió la juntura entre líneas, Jeffren sangró como lateral, Keita se partió y a consecuencia de todo se fue desdibujando el gesto de Guardiola. Mal síntoma en un banquillo donde reina el suavizante. Un chispazo de Forlán y otro de Simao, dos viejos amigos, fueron suficientes para prender fuego a la Liga. Tanto da que les separen 30 puntos de distancia: la de Atlético y Barça es la historia de un violento amor.

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viernes, 12 de febrero de 2010

En busca de la profundidad

Por Cristian Naranjo

Desde que Ronaldinho decidiera abandonarse a los placeres de la vida alegre, la banda izquierda del ataque del Barça no ha encontrado un inquilino de fiar. Thierry Henry ha sido su arrendatario los dos últimos años sin llegar a ser nunca un buen pagador. Encajado con calzador en el sistema de Rijkaard, y pese a ser reanimado después por Guardiola, el francés no ha alcanzado la quinta esencia de su fútbol de cashmire. La sensación es que se ha ido oxidando desde el día en que llegó, siempre a la sombra de nueves más puros o menos versátiles que él.

Así las cosas, una parcela del Camp Nou pide a gritos ser recalificada en beneficio de un futbolista tan esdrújulo como específico. Insertar en banda a otro nueve de primer orden como Rooney, Villa o Agüero supondría reincidir en el déficit de profundidad y desborde que tanto obsesiona a Guardiola.

Quizá el más indicado para ocupar esa plaza sea Ribéry. Por experiencia, talento y características, no hay jugador como él cuando se trata de mezclar el cuchillo con la burla, tal y como hace el Joker. Velocidad viperina, desmarques incisivos y malicia al encarar. Todo es siniestro en Ribéry. Tanto, que va camino de una temporada in albis a causa de sospechosas y continuas molestias. Lo sucedido en verano habla de blancas intenciones. Sería una sorpresa que Florentino no ejecutara su fichaje a final de curso.

Congelado como está el futuro de Scarface, los tabloides catalanes tampoco olvidan a David Silva, el poeta de Arguineguín. Zurdo aterciopelado y de cálido carácter, el canario aseguraría una adaptación instantánea y un buen ratio de gol; cualidades preciadas pero demasiado similares a las de otro isleño emergente, que a base de fulgor juvenil ha borrado el diminutivo de su camiseta. Se trata de Pedro, anteriormente conocido como Pedrito. Los dos canarios galvanizarían la banda, pero a Guardiola seguirían faltándole líneas de fuga en busca de la profundidad.

Y mientras la prensa sigue vendiendo ejemplares a base de percutir siempre los mismos yunques, un tercer nombre reverbera en la mente de algunos sibaritas: Andréi Arshavin, el cañón soviético. Posiblemente el tipo de jugador que más se parezca a Messi, con todo lo que ello comporte. A excepción de la precocidad. A sus 28 años, de forma tardía, Arshavin por fin ha encontrado el cuajo y la consagración en Londres. Aunque sueña desde antaño en azulgrana, cuando en 2008 Beguiristain decidió no comprarle por algo más de quince millones. Si por el bien del Barcelona fuera el ruso el escogido por Guardiola, esta vez el dinero no sería óbice. Lo soviético cotiza al alza. Y en Londres lo saben. Si un Chygrynskyy vale 30 millones, ¿cuánto cuesta hoy un Arshavin?
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miércoles, 6 de enero de 2010

La Copa desnuda a Chygrynskyy

Por Cristian Naranjo

Desde incluso antes que cristalizara su fichaje, este bloc de notas no ha sido indeciso a la hora de valorar el amor ucranio de Guardiola. En primera instancia se expresó recelo. Y en segunda, se le censuró. Las críticas no han sido gratuitas, sino cimentadas en la lógica, en el sentido común, en la opinión de los entendidos y en la evidencia final de los hechos. De momento los media miran hacia otro lado: escurren el bulto, apelan a la adaptación, ensalzan sus virtudes y no entran al trapo. Nadie se ve legitimado para cuestionar al gurú. Mientras tanto, el club y el representante demandan paciencia para el jugador. Justo aquello que siempre escatima la afición culé. Esta noche se han explicitado silbidos en el Camp Nou, un estadio por el cual Chygrynskyy pasará como un fantasma sin que ni tan siquiera Guardiola pueda ya remediarlo.
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miércoles, 30 de diciembre de 2009

El millor any de la nostra vida

Un reportaje fotográfico de Albert Valor
La eternidad en imágenes

































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miércoles, 25 de noviembre de 2009

La cruda realidad

Por Albert Valor

Hace 24 horas, el barcelonismo tiritaba. Los enemigos públicos culés, en cambio, se frotaban las manos y hasta los ojos. No era para menos. Samuel Eto’o y Jose Mourinho llegaban –supuestamente- con el cuchillo entre los dientes para apear al campeón de todo a las primeras de cambio. La prensa catalana –y la afición, ¿para qué negarlo?- se lamentaba de las bajas de Ibrahimović y Messi y tomaba como elementos de juicio los últimos tropiezos del equipo ante rivales aguerridos. En la capital, en cambio, las portadas eran para Samuel. Decían de él que volvía a jugar para el Real Madrid.

Y llegó la hora. En el túnel de vestuarios, Eto’o saludó y abrazó uno por uno a todos sus ex compañeros. Lo mismo hizo tras escuchar la emocionante melodía de la Champions. El Camp Nou le brindó la ovación merecida y Bussaca pitó el inicio. Cabe decir en este momento que la realización del evento por parte de TVE fue de lo peor visto en años, ya que obvió la salida al campo de los equipos y parte del momento en que los jugadores escuchaban de cara al palco la musiquita europea para conceder una entrevista vacía e inoportuna a ¡Luis Figo! Pregunten a cualquier barcelonista que estuviera viendo el partido en el sofá de su casa. No entraremos ahora a valorar qué significa o deja de significar el portugués para la parroquia culé, pero en ese momento lo importante era ver y escuchar íntegramente el reencuentro de Eto’o con su afición y por supuesto, la previa del partido -¿no?-.

Del partido en sí poco se puede decir que la gente no sepa ya. Monólogo culé ante la apatía –o quizá haya que decir incapacidad- del Inter. Uno escuchará ahora que los nerazurros no fueron un rival de peso. Lo mismo que se escuchó el año pasado acerca de Olympique de Lyon, Bayern de Munich, Manchester United, Sevilla o Real Madrid. Pero algún mérito habrá que conceder al Barcelona. Porque un equipo en el que cada jugador toca, se mueve y se vuelve a ofrecer para recibir nuevamente el balón es muy difícil de defender. Y eso es lo que hizo ayer el Barça contra los italianos y lo que hizo también en el pasado reciente contra todos los equipos antes mencionados. Jugar al fútbol según el libreto de Guardiola. Los goles del cabecilla Gerard Piqué y de Pedro, que golpeó al balón con toda la ilusión de la juventud –expresión acuñada por Alfredo Martínez, ¡grande!-, son lo de menos. Con el 2-0, el Barça sintió plasmada su superioridad y levantó el pie, pero si no hubieran sido esos los goles hubieran sido otros. La gallardía de Sergio Busquets en la zona ancha y la constante percusión de Alves por su costado son también sujetos dignos de mención. Incluso la solidaridad de Henry debe ser elogiada.

Y ahora queda hablar del protagonista real del encuentro. Y digo real porque a fin de cuentas, pasara lo que pasara, todo el mundo acabaría hablando de él. Y así fue. Porque hasta Mourinho, discreto y extrañamente comedido, pasó desapercibido. Pero para desgracia para el fútbol, para demostrar la incapacidad de la mayoría de la masa culé una vez más y para dejar en evidencia a los oportunistas que sólo quieren polémica, Eto’o fue protagonista para que se hablara mal de él. Que si vino con la camiseta del Barça debajo, que adónde va dando besos a todo el mundo, que no hizo nada en todo el partido, que si al final del partido estaba concediendo una entrevista a la televisión sonriendo y abrazado a Gerard Piqué… la lista de improperios es interminable. Y es que la realidad es que al africano forma junto a Guti, Raúl, Cristiano Ronaldo, Beckham o Ronaldinho y alguno más ese grupo de futbolistas a los que criticar es una tarea a la que todo el mundo se apunta. Y es que, ¿qué haría usted si volviera a la empresa donde estuvo cinco años trabajando, conoció a tanta gente que le marcó, fue feliz e hizo feliz a tantas personas? Eso por un lado. Por otro, el rendimiento deportivo del camerunés. No hizo nada, quizá sea verdad. Quizá sea verdad para aquellos que consideran que si un delantero no mete un gol no es nada. Y Eto’o es un goleador. Un goleador al que ayer no le llegaron balones en condiciones –y quizá es ahí donde habría que ensalzar la figura de Xavi e Iniesta-. No sé que partido vieron ustedes, yo sólo sé que en el minuto 80, con el partido ya perdido para el Inter, Samuel aún presionaba la salida de balón del Barcelona. Eso sí, más solo que la una.

El cambio ya está hecho. Eto’o ya es pasado. Y Zlatan, su recambio, todo un jugadorazo. Pero por favor, no olvidemos a quien nos ha hecho tan grandes. En 2004, con la llegada de Samuel, el Barça lucía en sus vitrinas una solitaria Copa de Europa. A su marcha, el pasado verano, lucía tres. Dos más. Una en 105 años y dos en 5. Y no es que él sea el único responsable. Aunque sí que es el único denominador común junto con Valdés, Puyol e Iniesta y alguno más –aunque Xavi no jugó en París, recuerden- de ambas consecuciones. Sin las paradas de Víctor, la tenacidad del de la Pobla o la clarividencia que aporta el manchego tampoco habrían sido posibles las dos orejudas. Pero mami, algo será lo que tiene el negro.

Una vez más el fútbol ha demostrado su grandeza. Siempre dejando lugar a todo tipo de preguntas, comentarios y deseos. Eso sí, después de un partido, se pueden desmontar los vaticinios más indudables, y quien dijo digo, ahora dice Diego. Fíjense que se ha llegado escuchar que tras el partido de ayer, ¿no será que Messi e Ibra sean quizá el problema? De chiste. Sin duda, lo que siempre sucede es que el balón deja al descubierto la cruda realidad. A todos los niveles.

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lunes, 2 de noviembre de 2009

Benzema y Chygrynskyy se ganan el patíbulo

Por Cristian Naranjo

Mientras Benzema comenzaba a esconderse de sí mismo en el Bernabéu, el clásico tono del Plus daba cuenta de lo ocurrido en Chapín. El 'Trueno de Zenica' ─gran Relaño en este caso, aunque últimamente parezca un casquero─, adelantaba a un Sevilla low cost con un gol 'excelso', de imposible planteamiento para el inmaduro francés. A estas alturas los antecedentes no dejan lugar a dudas: los buenos eran Negredo y André-Pierre Gignac.

Tras quedarse con diez en una decisión surrealista de Lahoz, el Madrid volvió a la Guerra Santa, a la épica griega, sin tapujos ni disimulo. Sin sonrojarse. Y en ese tipo de escenarios, Higuaín se maneja como Eneas. El artillero argentino ─aunque de nacimiento también francés ─, mandó al cajón las dos bolas de que dispuso en ventaja, resolviendo así el partido y lanzando al Getafe a la lona, que se presentó mustio en Concha Espina, dispuesto a encajar, no pegar y arrojar la toalla pese al favor arbitral. El segundo balón al 'Pipita' ─que va camino de 'Piponazo', como su abuelo─ se lo entregó Benzema en una contra, única faceta en que luce el lionés. Tras dos meses de competición, otra evidencia palpable es la jerarquía de la delantera blanca: Higuaín, Raúl, Benzema. Ese debiera ser el orden, nunca al revés, pero sucede que en el Madrid el mandamás es el sacerdote y no el ingeniero. La titularidad de los nuevos galácticos no se discute; es el decreto que da forma a la doctrina del ser supremo.

Con una plantilla configurada a marchas forzadas, a base de nombres conocidos pero inconexos, el equipo merengue vive instalado en un oxímoron irresoluble: presidencia, afición y entrenador aspiran a ganar trazando triángulos, a encandilar, y sin embargo sus geómetras tienen querencia por las líneas de fuga. Entre Alonso, Lass, Kaka', Guti y Granero, toda una escalera de color, sigue sin hallar el técnico ni a Pitágoras ni a Brunelleschi. Los cinco se quedan a las puertas de la matemática y la arquitectura, mientras que sí dominan todas las fórmulas del contragolpe.

Semana a semana ha ido quedando al descubierto que tanto Kaka', como Granero y Guti, son media puntas por naturaleza, lo cual puede extrañar pero no sorprender, dado que la posición de trequartista es al soccer lo que la del quaterback al fútbol americano: la más golosa de todas las posibles. La consecuencia es que sobre el campo se solapan, se desdibujan y no acaban de enlazar. Quedan Lass, demasiado alborotado como para marcar el ritmo, y Xabi, teóricamente el más dotado para la elaboración, pero que vive en la praxis a veinte metros del área y no a cinco; primero porque no tiene un socio de inicio de jugada ─que bien podría ser Gago─, y segundo por la costumbre adquirida tanto en Liverpool como en la 'Roja' de ejercer de ancla más que de manija. Mientras el petirrojo de Donosti no se decida a soltar amarras, el Madrid seguirá sin encontrar discurso.

El silbido final en Chamartín sirvió de transición hacia Pamplona, donde Osasuna esperaba con largos cuchillos al líder. Arrancó sólido, ambicioso y reconocible el Barcelona, pero pronto cedió terreno, presencia y buena parte del balón ante el brío de los de Camacho, que cuajaron un partido digno de elogio, cimentado en un primer tiempo de altura y en que jamás se deshilacharon en el segundo, cuando el Barça se adueñó de la noche. Con todo, el campeón se hubiera llevado los tres puntos con justicia de no ser por Rubinos. Y por los errores propios, todos ellos de bulto y protagonizados por los centrales suplentes. La acción donde Ibrahimović se escapaba al galope no requiere más comentario.

En cuanto a la 'Dormita di Márquez', como titulaba La Gazzetta dello Sport, fue de jaula, por el coste que supuso y por reincidencia. A lo largo de su trayectoria en azulgrana, el mejicano ha acumulado una extensa lista de pájaras, varias de ellas de juzgado. No obstante, lo que alarma no son tanto sus errores puntuales como el precario estado de forma en que se encuentra. A su mejor nivel, Márquez también sufría similares desconexiones ─'burritos', según Rac1─, pero sus enormes y genuinas virtudes lo exculpaban. Es el capitán de la 'Tri' un futbolista tan fino como temerario, y que por tanto exige una puesta a punto, más que perfecta, pluscuamperfecta. Pero en cualquier caso Rafa Márquez sigue siendo un defensa señorial y recuperable a todas luces.

Si el sesteo del central fetiche de Guardiola fue grave, lo de Chygrynskyy, que pasa por ser la otra niña de sus ojos, fue como para simular un accidente de madrugada. El técnico hubo de sustituirle porque se avecinaba la roja después que Aranda, un delantero suburbial de trayectoria humilde, se añadiera al grupo de 'Yo también he roto a Chygrynskyy'. Aunque los medios catalanes escurran el bulto, nadie en Barcelona acierta a concebir cómo un futbolista tan torpe, plomizo y gélido pudo enamorar a todo un cuerpo técnico, en bloque. El ucranio es algo más que disminuido: presenta encefalograma plano en comparación con la joyería de Piqué y el alto voltaje de Puyol. Inexpresivo, melenudo y lánguido como un sauce llorón, el ucranio pide a gritos apelativos como 'Jesucristo Superstar', 'Androide C-21' o 'Yo soy Sam'. En realidad, lo que demanda con fervor es subirse al patíbulo.

En definitiva, extrapolado todo a lo estadístico, la tabla dice que pese a los brazos caídos de Benzema, con las solventes victorias de Sevilla y Valencia en territorio andaluz, y gracias a centrales de cuyo nombre Cervantes tampoco querría acordarse, el campeonato se estruja más que nunca. Habemus Ligam.
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sábado, 31 de octubre de 2009

Noches tintadas de azul y grana

Reflexiones insomnes de Cristian Naranjo
para 'Sir' Eduard Ferreres

Sobre Johan, Pep y Samuel

Y lo sabes, Sir. Y lo sabes ─en referencia a un comentario sobre Chygrynskyy de la última entrada─. Tú sabes que estoy en lo cierto. Guardiola está aplicando, y en ocasiones mejorando, todo lo bueno de Cruyff. ¿Dónde está el pero? En que también ha empezado a calcar los mismos errores de autor. Después de Atenas, Cruyff se desprendió de sus cuatro grandes para traer a Escaig, Korneiev, Eskurza, Prosinecki, Hagi y más tarde a Kodro, además de subir al primer equipo a figuras como Sánchez Jara, su yerno Angoy, y su hijo Jordi. Quería una revolución y la tuvo: una revolución patética, fracasada, lamentable.

Casi quince años después, Guardiola desechó a Ronaldinho, Deco y también a Eto'o, al que no quería porque prefería a 'Manolito' Adebayor ─jugador sedoso, por cierto─. Eran tres de los más gigantes que han pasado por aquí. No vamos a descubrirlos ahora. Finalmente se fueron los dos brasileños, y al poco se comprobó que la decisión fue acertada. Aunque personalmente opino que nunca se sabrá qué hubiera pasado con ellos aquí. Quizá eran recuperables para la causa, o quizá no habríamos ganado nada. El caso es que sólo se quedó Eto'o. Y con él, con su espíritu animal, volvimos a ganarlo todo. Y yo vuelvo a preguntarme una y otra vez: ¿En qué cabeza cabe desprenderse de un nueve en su plenitud, que ha marcado 36 goles (120 en el cómputo total) y ha dado tres Ligas y dos Champions? Pues tan sólo en la de un genio algo trastocado, como lo fue Cruyff y como lo es Guardiola. ¿A quién se le ocurriría despreciar a un buen central de perfil defensivo, rápido, intenso y contundente ─Cáceres─, para fichar a un 'no defensa' del género tronco, todavía más lento que Márquez ─que ya es decir─? Pues primero se le ocurrió a Cruyff ─no tengo dudas sobre su influencia en las operaciones del trueque de nueves y del zaguero ucranio─. Y después, Guardiola le obedeció. No discuto el fichaje de Ibrahimović en ningún sentido; desde el primer momento entendí lo que se buscaba con el cíngaro. En cambio sí discuto que el señalado para saltar fuera el 'Negro' y no el gendarme francés, un punta reconvertido, cuatro años mayor, físicamente débil y pasado de vueltas.

Tener a Eto'o en el campo suponía siempre un plus, por físico, carácter ganador e instinto. Y además, en el tramo final demostró que también servía para entrar por banda. No habría delantera más feroz que Messi, 'Ibra' y Eto'o. El debate brillaría por su ausencia. Gente como Henry, a moldear banquillo o mejor al desguace. Gente como Pedro, de revulsivo y sacacorchos ─gran complemento de segundas partes y partidos menores─. Gente como Bojan, al Júpiter si pretende ser titular algún día. ¿Gente como Robinho? Esa delantera no daría lugar a un refuerzo invernal con pedigrí mediático. No lo veo claro, Sir. Salta a la vista que sin Eto'o la plantilla ha perdido tantos goles como voltios. Ni Henry, ni Robinho, ni siquiera Ribéry tienen esa presencia escénica de: 'Hola, soy Eto'o, he venido a buscar otra Copa de Europa'. El díscolo escandinavo es un jugador de bodega, un gran reserva del fútbol, sólo apto para gastrónomos de paladar exquisito. Pero ha venido como recambio, no como refuerzo. Ahí esta el matiz. Con Henry en el IMSERSO y Bojan en el recreo, es Pedro el que habita la banda, pero la tiene arrendada, no en propiedad. Si viene Robinho, bienvenido sea: el lado izquierdo del ataque tendrá nuevo inquilino. Pero no dejará de ser otro pespunte sobre la marcha.

El centro del campo no presenta mejores síntomas. Iniesta aún tardará en ser Iniesta; los africanos están llamados a otra guerra; Busquets ha perdido apresto durante el verano; y Xavi, la placa base, sostiene a duras penas el sistema. En defensa, más de lo mismo: pocos eslabones en la cadena, algunos de ellos débiles o muy débiles. A saber: Márquez, Maxwell y, sobre todo, Chygrynskyy. El mejicano ya está ajado por el tiempo aunque puede resurgir; el brasileño simplemente cubrirá el expediente; y el ucranio evoca a personajes que poco tienen que ver con la esfera de cuero: Jesucristo, Frankenstein o el hombre de las nieves entre otros. Del profeta posee la extrema benevolencia y el discurso. Poco después de fichar por el Barça declaró: "Este club es como una religión". Y de hecho predica con el ejemplo: es un central de lo más religioso, máxime con el balón en juego. Al personaje de Mary Shelley recuerdan sus movimientos mecánicos y al ralentí, como si fuera un sonámbulo de hojalata. Y en cuanto al hombre de las nieves, 'Dima' se asemeja en el pelaje y en ese aspecto desaliñado y abominable, pero no en el carácter. Antes al contrario. Chygrynskyy no muerde. No tiene fauces: sólo come hierba.

Por arte de birle y birloque, este verano se ha malgastado mucho a cambio de bien poco. Tanto como 100 millones en billetes usados, todos al agua en un maletín, por cambiar a un delantero 'súper' por otro que puede serlo, en condicional. 48+20 'quilos' se fueron por ahí. Otros 25 en 'Yo, robot'. 14 más en 'Romarinho' Keirrison. Y los cinco últimos en Maxwell, en este caso bien invertidos por relación calidad-precio.

Es ciertamente triste que con el equipo que había, más una inversión considerable, y después de haber criticado airadamente el desembolso de Florentino, tengamos que acudir a las rebajas de enero, unas rebajas que en términos económicos son en realidad una subida de precios. En fin, veremos qué ocurre cuando se abra el plazo. Hasta entonces no se sabrá qué hay de cierto al respecto de Robson de Souza.

Ya queda menos para el regreso de 'Papá' al Camp Nou. El sentido común se impondrá a los cuatro merluzos disidentes, y se llevará el abrazo absoluto que merece. Si bien el debate al respecto de los sueldos en el deporte sería interminable, lo que sí tengo claro es que tras hacer algo grande sí merecen la gloria y el homenaje del aficionado. No hay que olvidar que un futbolista 'solamente juega para ganar', y no según el volumen de la chequera. En el campo son todos iguales. No corren más los mejor pagados. En todo caso al contrario. El ejemplo está en Milán: fue bañarse en oro y éxito, y 'Ronie' dejó de correr.

Esa misma semana, 28/29-N, se jugará el gran clásico, una vez más el del siglo. No tengo pronóstico, pues son siempre partidos de triple en la quiniela. Pero otra cosa que tengo clara es que con Eto'o me sentiría más rápido, más fuerte, más seguro. Mucho más. El de la piel azul saldría a dejársela por nosotros, como hizo siempre, fiel a su cita con las grandes ocasiones.
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miércoles, 21 de octubre de 2009

Olor a óxido en Arístides Maillol

Por Cristian Naranjo

¿Es posible que un equipo, acumulando el 75% de posesión, lanzando once córners, rematando trece veces a puerta y generando al menos tres ocasiones francas de gol, pueda perder el partido en su propio estadio? Sí, es posible. Ha sucedido esta noche, en la calle Arístides Maillol. Qué gran invento esto del fútbol cuando se revela a las leyes de la lógica. El Rubin Kazan, un neófito en Europa, ha sido capaz de hipotecarle la competición al Barcelona de forma justa, limpia y sorprendente. Con apenas cuatro cáñamos, pocas veces un equipo había logrado tanto con tan poco en el Camp Nou, donde algo huele a óxido más que a gasolina. En mitad de un ambiente gélido y lánguido el conjunto ruso se sintió como en casa, demostrando tener aprendido el temario. Salió a replegarse sin renunciar al gol y lo encontró antes de empezar. Primer fallo garrafal del Barcelona y primer golpe a Valdés: incontestable, violento y directo a la sien. Hay quien dirá que fue un disparo fortuito, de pura casualidad. No fue así. Por desconocido que sea, Ryazantsev reventó la puerta con un obús inteligente, perfecto, fruto de un golpeo intencionado, plástico y soberbio. El 0-1 propició el escenario ideal para el Rubin, que se ganó en dos minutos el oxígeno de cuarenta y cinco. Al Barça no le quedó otra que jugar como menos le gusta: a contrapelo.

De los últimos encuentros azulgranas uno extrae que quizá sea hora de revisar el mito de las bandas cambiadas. Con noventa minutos por delante, los de Guardiola volvieron a atascarse como en Mónaco, Getafe, San Siro, Valencia y también en el Camp Nou frente a Sporting, Dinamo y, sobre todo, Almería. Digan lo que digan los resultados, por más que el Barça siga hablando mientras todos escuchan, lo cierto es que le vienen chirriando algunos mecanismos desde el inicio de curso. Da la sensación que cada rival, aprovechando apuntes en limpio del anterior, le complica un poco más la existencia. No hay nada más excitante que batir al campeón. Fue el caso del equipo de Berdiýew, que mejoró el ejercicio del resto porque se adelantó en el marcador, algo que nadie conseguía desde el Chelsea en Stamford Bridge. Debe Guardiola mirarse a la cara y comenzar a plantearse cosas, porque a este paso Pedro y Messi van a montar una factoría de embudos.

Tras el descanso hubo un atisbo de redención por parte de los culés, que encontraron por fin al gigante cíngaro bajo el tablero. Con una nueva acción de fuoriclasse ─sale a tres por partido─, Ibrahimović engrasó ligeramente la máquina, que comenzó a mejorar por inercia, así como por la fatiga y las dudas del Rubin. A lomos de Touré Yaya, el mejor esta noche por diferencia abrumadora, el Barça se desplegó tanto como pudo. Insistió en la basculación típica del balonmano, tratando de imprimirle velocidad al cuero, esperando el haz de luz, ese resquicio en la cueva, que no iba a llegar. Más bien al contrario. Rebasado el 70', en otra pérdida imperdonable, el 'Chori' Domínguez salió de la mazmorra y habilitó con precisión a Karadeniz, que iba en botas de siete leguas en comparación con Márquez. Sigue cayendo en barrena el mejicano, cuya mixtura con Piqué es temeraria en Europa debido al perfil de ambos. Ni siquiera Guardiola, siempre alerta como un controlador aéreo, podía prever que echaría en falta la electricidad de Puyol, imprescindible en los duelos definitivos. Porque si bien quedan tres partidos, el Barcelona se ha hipotecado sin saber cómo. Viendo la situación del grupo los tres serán de resultado incierto y a cara de perro. La Liga de Campeones no concede descuidos y los de Guardiola ya han tropezado. Ir a Kazan, recibir a un Inter necesitado, con Eto'o al mando, y acabar en la sombría Kiev es como tener el calendario lleno de cardos. Algo huele a óxido en el Camp Nou, cuyo equipo ha perdido duende, lo han abandonado las musas e incluso ese puntito de suerte que todo campeón necesita.
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martes, 20 de octubre de 2009

Ni siquiera el Barça parte la baraja

Por Cristian Naranjo

Por fin volvió lo serio tras el infumable paréntesis de selecciones. Tres jornadas de Liga y una de Champions después, todo sigue prácticamente donde estaba con la diferencia que los aspirantes a estar arriba han desacelerado. El Madrid cayó con justicia en Nervión y los de Jiménez gastaron los tres puntos en A Coruña. Por su parte, el Barça sigue resolviendo trámites con mayor o menor brillo, pero tropezó en Valencia mereciendo perder. Messi, Xavi y compañía han malacostumbrado a la parroquia culé. El año pasado, enfrentar al Barça era enfrentarse a una lluvia de pinzas, al mordisco herbívoro del Diplodocus; a una tortura china. Porque martirizaba a pellizcos, trituraba poco a poco y mataba a cosquillas. Torneaba los partidos a su antojo, les daba las vueltas necesarias, pero siempre conseguía su propósito: ganar jugando. Lo cierto es que de un tiempo a esta parte ha perdido fuelle, en parte porque los rivales ya conocen las reglas. Hoy por hoy, de los cuatro supuestos opositores, el conjunto che es el que traza una parábola más ascendente, aunque los siete puntos respecto al líder hablan de su irregularidad. Sea como fuere, tener a la 'Guardiola Mecánica' contra las cuerdas rebanándole la posesión dice mucho de Emery y sus abejas ─analogía de Pedro Morata─, que cuando se convierten en avispas atacan en nube y picotean en masa, con la 'Abeja Reina' Villa a la cabeza. Como a la postre el asturiano no jugó, los ataques valencianistas no gozaron de la malicia necesaria. Para quebrantar el triángulo agudo e infranqueable que forman Piqué, Puyol y Valdés no basta con ser abejas en versión Rumasa.

Un medio terreno sostenido por Ever Banega, sensación de esta Liga ─que no revelación, porque ya había demostrado su pureza─, desplegado entorno a 'Hakuna Matata' Silva ─término de Javier Pérez Sala─ y completado por 'Doña Rogelia' Hernández y 'Súper Ratón' Mata necesita el aguijón de Villa para hacer daño. El Valencia acumuló un saco de llegadas claras contra Valdés, que si bien estuvo de dulce ─¿cuántas veces van?─ también se benefició de la candidez propia de la 'Abeja Maya'. Mata y Pablo, dos futbolistas al alza, no acertaron a concretar y al final volaron dos puntos de Mestalla. Y gracias, porque el segundo tiempo perteneció por entero al Barcelona, que tuvo el partido en las botas del canarión Pedro, otro fenómeno en ciernes, con un don para el gol pero carente de desborde. Del hecho de juntar a tres enanos arriba, sin referencia alguna, Pep Guardiola sólo sacó una ocasión clara en cada tiempo, principalmente la segunda. La 'Pulga' Messi tampoco tuvo su día y tropezó una y otra vez con Dealbert y David Navarro, que como diría Montes estuvieron aplicados y obedientes como Eric Snow. Obtusos e incapaces de generarse huecos, el rosarino y el canario se hicieron el haraquiri el uno al otro. Los pequeños echaron en falta al 'Narigón' Ibrahimović, que hubiera aculado y porfiado con los centrales en el poste bajo. Con todo, fue un duelo entretenido y de poder a poder al que sólo le faltó decantarse por un gol, en este caso más peleado por parte del Valencia en una noche desangelada del Barcelona.

Lo ocurrido en el Sánchez Pizjuán es bien fácil de condensar, donde el Madrid de Florentino ─que no de Pellegrini, otro entrenador ovejuno─ puso de manifiesto todas sus carencias. El propio Valdano, digno sucesor de Benedetti, las sintetizó a la perfección días después de lo ocurrido: "Tenemos un equipo mucho más dotado para la aceleración que para la posesión". Traducido: el Madrid, que tiene el vestuario lleno de caballos con pedigrí, el 'Pegaso' Kaka' incluido, apenas cuenta con un par de jinetes que puedan darle sentido a su juego. Sus tres principales referencias de ataque están diseñadas para el contragolpe ─Ribéry será la cuarta─ y sin embargo aspiran a otra cosa, a la utópica excelencia, un mero eufemismo para no nombrar al 'Pep Team', la auténtica obsesión de Florentino. El Madrid tiene serios problemas. Ha gastado 250 millones en cambiar las sábanas de Valdebebas y, un mes y medio después, todavía huele a Schuster, Mijatovic y Juande. Mirarse cada mañana en el espejo del enemigo en busca de la imitación sólo puede llevar al complejo. El Bernabéu debe caer en la cuenta de que el Barcelona resucitó como Ave Fénix de sus propias cenizas, de sus propios valores, de su propio modelo. El árbol crece más fuerte cuanto mejores son sus raíces. El Madrid, en cambio, no tiene a quién remitirse. La 'Quinta del Buitre' queda ya muy lejos y Florentino no ha sido capaz de construir uno de sus puentes hacia ella. Sólo hay noticias de Butragueño, cuyo apodo celestial al presidente le asegura un despacho vitalicio. Haciendo qué, no se conoce. Es lo de menos. De modo que el Madrid seguirá funcionando por mucho tiempo al ralentí, viviendo del rompe y rasga, de la comida rápida y apilando rollos de una noche, pero sin encontrar el amor verdadero. Eso sí, ganará partidos por docenas, muchos de ellos por goleada, hasta que un equipo maduro le enseñe cómo se castiga un hígado. Sucedió en Sevilla, donde por momentos se masculló la humillación. Volverá a ocurrir. Sin ir más lejos, otro modesto ─y van cuatro en sendos partidos─ se apoderó del Bernabéu este sábado. A Marcelo se le acumulan las pesadillas: primero fue Navas y ahora Diego Costa. Un tal Robinho se está frotando las manos. Señores, ha vuelto el 'Fútbol' en mayúsculas. El 'Negro' Montes, apodado con acierto por Segurola, tenía toda la razón: efectivamente, la vida puede ser maravillosa.
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viernes, 25 de septiembre de 2009

Cristiano y Messi ya dan lustre a la Liga

Un análisis de Cristian Naranjo

Cuatro jornadas, cuatro victorias. Pleno de puntos para Madrid y Barcelona, que están firmando el arranque liguero más parejo de su historia. Con un total de 27 goles a favor entre ambos, los grandes no han tardado en poner de manifiesto la bicefalia de la Liga. Si en Santander los marcianos fueron 'Ibra', Messi y Xavi, anteanoche recogieron el testigo Cristiano, Guti y Kaka' en el Madrigal. Frente a un Villarreal en recesión, por fin con tres centrocampistas abrigando al astro brasileño, el conjunto blanco dominó una primera parte marcada por el súbito eslalon de Ronaldo, jugador que por sus cifras comienza a hacer honor a su nombre y dorsal. No obstante, al analizar el choque en panorámica, un referente obligado como Santiago Segurola hubiera aseverado: "En el mejor de los casos, fue un partido mediocre". Se podría ir más allá. Tratándose de un aspirante al triplete tuvo una actuación lacrimosa, cercana al cinismo de la Vecchia Signora, a la que se asemeja peligrosamente. A pesar de la reunión de ges en la cocina, formada por Guti, Granero y Gago, el Madrid sigue abonado a la comida rápida: hamburguesas por doquier a cargo de Cristiano.

Resultado a parte, irreprochable a todos los efectos, el equipo blanco insinúa síntomas conocidos. Esto es: elevados niveles de mordiente y escasa elaboración; alto contenido calórico a cambio de bien pocos nutrientes. Esta vez ni siquiera participó Kaka', que pasa por ser el único gastrónomo de primer nivel. Tampoco hizo acto de presencia Granero, ese corsario indiscutible para estructurar el buque. Apenas si apareció Guti, de cuya zurda sólo brotan claveles. Por el contrario, inopinadamente y para sonrojo de sus críticos, el mejor en los fogones fue Gago, que superó la prueba con intensidad máxima atrás y fuego lento pero seguro en la creación. El argentino ha sido sentenciado antes de tiempo por seguidores y periodistas. Se ha sido injusto con su fútbol, siempre laborioso y solidario. Etiquetado desde la cuna como sucesor de Redondo, Fernando Gago nunca ha podido brillar con luz propia. Vino muy joven, procedente de una liga menor, y se le exigió que resolviera el mal endémico de un equipo mayor: la ausencia de discurso. No llegó al lugar correcto en el momento adecuado. Y ahora, el fichaje de Xabi Alonso le cierra todas las compuertas. Definitivamente, Concha Espina no es su sitio. Tarde o temprano deberá buscar otros retos que impulsen de nuevo su carrera. Hay vida después del Madrid. Muchos pueden constatarlo.

En mitad de la nada, hubo más protagonistas secundarios. Lassana Diarra, fontanero al servició de Pellegrini, se confirma como integrante del club de Super Mario. Aprobó con nota el remiendo, al tiempo que Sergio Ramos completaba un asombroso despliegue de facultades. Son pocos pero elegidos los que, a día de hoy, consideran más central que lateral al sevillano. Ni Schuster, ni Juande Ramos, ni Aragonés, ni Del Bosque, ni Pellegrini forman parte de esa lista. Por el contrario, Manu Sarabia, comentarista de Canal+, sí es uno de ellos. El ex futbolista participa de la opinión de que, liberado del tráfico de banda, con un radio de acción menor, las virtudes de Ramos se multiplican: puede exhibir su contundencia y celeridad en el corte, así como su portentoso salto. Por no hablar de las capacidades ofensivas.

Sea como fuere, las palabras mayores de la Liga las pronuncian otros. Con cinco tantos cada uno, Cristiano y Messi no han esperado para opositar a la jefatura del campeonato. Caracterizados por ser jóvenes velocistas incubados en la banda, el portugués y el argentino son hoy en día mucho más que extremos. La línea de cal no es sino su punto de salida para destrozar el crono. A Cristiano le han bastado las últimas citas para acreditarse como el pistolero más rápido de Texas, en tanto que el revólver de Messi acumula cinco muescas en tres partidos. Uno a babor y otro a estribor, generalmente ambos ejercen el oficio a pierna cambiada, y sus diagonales son brocas del 9 para las defensas.

De cuerpo compacto y tejidos fibrosos, los ases de Barça y Madrid son simétricamente cruciales para sus equipos. El rasgo distintivo de Messi es que, además de ser una centella, el balón siempre está de su parte, zurcido a su bota con hilo de oro. Salvo excepción, la izquierda es el pincel con que traza esos zigzags de vértigo que acostumbran a ser carne de portada. Es justo ahí donde reside el valor añadido del genio azulgrana: su juego margina el exhibicionismo en beneficio del pragmatismo. Es fácilmente comprobable la sencillez con que juega Messi, cuyas cuatro acciones básicas le bastan para ser dominante. Sólo con esprintar, asociarse, fintar y tirar ─habilidades inherentes a cualquier delantero─ tiene suficiente para ser el mejor. ¿Motivo? Es insuperable por velocidad, regatea como nadie en carrera, opta por la pared en el momento preciso y sólo engatilla en posición franca. Resultado: pura cicuta para los rivales. Una pluma del nivel de Alfredo Relaño, director de As, publicaba este miércoles: "Messi es un genio del regate corto, el cambio de dirección, la visión y la capacidad para ponerla en los rincones". Palabra de veterano.

Si el desequilibrio de Messi va ligado a su punta de velocidad, el de Cristiano no sería posible sin su físico de atleta. Merced a una musculatura acerada, fruto de la genética y el intenso trabajo, el luso marca diferencias en todas las facetas del juego, casi siempre por mera potencia. Es explosivo al correr. Es explosivo al saltar. Es explosivo al disparar. Parece salido de un laboratorio. Mientras que Messi estuvo al borde del raquitismo, Cristiano aúna, en sus 185 centímetros, las proporciones del Hombre de Vitruvio con las características del deportista total. Eclosionó irrevocablemente en Manchester hace dos temporadas, cuando rebasó los 40 goles, 31 de ellos en liga. Ese curso plasmó en el campo su extenso catálogo de maniobras demoníacas, básicamente diseñadas para abatir porterías. Jugadas en solitario, cohetes multicolor, remates siderales, fusilamientos a sangre fría, cócteles molotov… Todo ese abanico de recursos, unido a su condición de imán para los medios, convenció a Florentino Pérez de que CR9 era el robot que buscaba. Una vez en España, Cristiano se ha adaptado al medio igual que el oso polar al ártico: cinco partidos oficiales, siete dianas. Inmejorable. Relaño le sintetiza así: "Es un fenómeno físico y técnico, de carrera incontenible, disparo tremendo, llegada, cabezazo y magníficos tiros libres". Lo cual, qué duda cabe, es mucho.

Procedentes de Funchal y de Rosario respectivamente, ambos de origen humilde, Lionel Messi y Cristiano Ronaldo han alcanzado la cumbre del fútbol. Tienen títulos como para desbordar márgenes: Ligas, Premiers, Ligas de Campeones, copas domésticas y una ristra de galardones individuales. Cristiano agrega, además, la extinta Copa Intercontinental y el Balón de Oro: un premio discutible, pero clásico y de prestigio. Cristiano lo consiguió en una temporada de frenesí. En contrario a Messi, que recibirá a final de año el primero de varios, a modo de reconocimiento planetario, con absoluta unanimidad y por clamor popular. Tras lacrar un ejercicio artístico, triunfal e irrefutable, la joya rosarina, el último de los carasucias, ya desprende aromas de emperador. Por más que lo idolatre, no piensa detenerse como hizo Ronaldinho. Sus declaraciones, así como su mirada, anuncian más. Según Miguel Rico, en este caso un reputado periodista de Mundo Deportivo, los 80 mejores partidos de Messi aún están por llegar. A tenor de su edad, es probable que los de Cristiano también. Por simple evolución de la especie, cada vez son más los futbolistas precoces que, reclamados por la élite, alcanzan la cima tan pronto como despuntan. Los dos iconos de la Liga, ya curtidos con 22 y 24 años, son el mejor ejemplo. El devenir de sus carreras determinará, en buena medida, el próximo lustro de los dos grandes. El luso, un jugador selvático, tiene a su favor la versatilidad, porque además de ser una liebre lleva lanzamisiles en ambas piernas y un hacha en la frente. Sin embargo, será un llanero solitario, el simple trazo de un lienzo surrealista. Por su parte, Messi engrana un mecanismo que nunca se detiene, repleto de ruedas dentadas como Xavi, Iniesta, Busquets, Touré, Alves o Piqué. Poseedor de una gambeta única, Lionel Messi es el cometa Halley del fútbol, un individuo astral dentro de un sistema que funciona a la luz de Guardiola, el auténtico galáctico en esta Liga de estrellas.

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