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lunes, 19 de enero de 2009

Infidelidades, desplantes y eternos redimidos

Por Albert Valor



Todas las crónicas que podemos ver hoy sobre el Real Madrid-Osasuna apuntan a Pérez Burrull, uno de los muchos fantoches de Sánchez Arminio que se ha propuesto ocupar el relevo natural del esperpéntico Rafa Guerrero. Resulta casual que el famoso linier se retirara en mayo de 2008 en el Bérnabeu, la misma plaza donde ayer Burrull intentó tomarle el testigo. Casualidad o no, el cántabro protagonizó el enésimo escándalo arbitral de nuestro balompié.

¿Pero se han fijado en los principales damnificados? Cuando digo principales, digo los que más carnalmente lo vivieron, porque en realidad el que se sintió atracado y se fue a casa con cero puntos y a siete de la salvación después de, una vez más, merecer almenos un empate, fue Osasuna entero. Pues eso, que uno de los principales afectados fue José Antonio Camacho. El murciano, madridista de cuna, llegó a casa del club de sus amores necesitado de puntos, que no de fútbol, en una situación casi opuesta a la de los blancos sino fuera porque el líder sigue a esos inquebrantables doce puntos de distancia.

Camacho, que siempre ha sido destacado en los medios como un tipo viril, testosterona pura, es en el fondo como todos los machos, un entregado a su querida. Su querida es, evidentemente, el Real Madrid. Le dolía ver como caía derrotada al descanso por su propia obra, algo así como un desplante, pero él y su Osasuna no tenían opción. Pero llegó la segunda parte y arribó la infidelidad. No del pobre Camacho, siempre fiel a su conciencia, sino de su querida. El Madrid se buscó amante, y de la manera más vil, se alió con el trencilla para que un penalti esquilmara el partidazo de Osasuna en el Bernabéu. Entremedio, Roberto, el meta asturiano de los rojillos, hizo el resto. Pero el técnico, lejos romper a rabiar, exculpó a su amada y cargó males contra el que quizá algún día fue su amigo. Como muchos seres humanos, Camacho tuvo el típico comportamiento de enamorado entregado, aquel al que la pasión le ciega la razón. Disculpó a su amada para hacer las paces en un futuro, pero rompió relaciones con quien algún día le hizo reírse a carcajadas.

El caso de Juanfran es distinto. Con la inocencia de un imberbe, aún considera esas infidelidades como pasajeras, y sigue creyendo que aunque algún día le echara de casa, que por mucho que ayer le volviera a poner los ‘cuernos’, algún día su corazón volverá a latir como él suyo late aún por ella. Sólo falta ver si eso será por mucho tiempo.

El último desplante lo protagonizó Patxi Izco en el palco. El dirigente osasunista, otro de los ‘vikingos’ rojillos que ayer visitaba Chamartín, trató de aguantar el chaparrón. Pero la edad, que da experiencia aunque quita paciencia en ocasiones, le hizo abandonar su butaca antes de hora. El pobre de Vicente Boluda, que ayer ejercía por vez primera como jefe de la casa blanca, pagó los platos rotos. Su primera cita con los focos y las cámaras no fue del todo afortunada.

Eso sí, una vez más, el Real Madrid, salió indemne de un partido que no mereció ganar. Los blancos tienen esa faceta ultraterrenal que les hace ganar porque sí: una vez es Casillas, otra Robben –o ambos-, otra la suerte, otra el árbitro... Del modo que sea, consigue que su afición se vaya a casa, sino satisfecha por el juego, sí almenos por los puntos. Como cuando nuestra amante nos ignora todo el día pero al final nos hace llegar al orgasmo.

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jueves, 6 de noviembre de 2008

'Vecchio' y 'Signor'

Por Albert Valor

Un Real Madrid-Juventus como el de hoy rezumaba historia, leyenda y prestigio por los cuatro bandos. Cuando los veintidós contendientes miraban al cielo de la capital y la musiquita de la Champions sonaba todos nos acordamos del primer duelo entre Raúl y Del Piero allá por 1996, del offside de Mijatovic que valió la séptima o de cómo el epílogo del Madrid galáctico sucumbía en las eliminatorias en Delle Alpi.

La Juve se presentaba de nuevo al duelo con bajas sensibles, sobretodo en la portería –pasar de Buffon a Manninger es como estrellar un Testarrossa y que tu seguro te deje mientras un Fiat Punto-, pero con sus viejas glorias –Alé y un todoterreno checo- dispuestas a dar tanta guerra como dieron en el Comunale, sino más. Si a esos dos lujos, le unimos una columna vertebral formada por Chiellini, Sissoko y Amauri –cada día mejor-, el Madrid iba a sudar tinta para recuperar el liderato. De hecho, ni siquiera tuvo opción de sudarla, se rindió mentalmente mucho antes de que el duelo pudiese ser de igual a igual.

A los bianconeri les bastó con aplicar la estrategia bélica de McArthur Ranieri y una mala cesión de Guti para dar un golpe que dejó al rival en la lona. Bastó juntar las líneas, tener al equipo agrupado en 25 metros y esperar a que Del Piero frotara una de sus lámparas –puesto que tiene dos, una en cada bota, la ocasión le mereció la sinistra-. El Madrid intentó levantarse, y Ramos y Van Nistelrooy estuvieron cerca de equilibrar la batalla mental. Sin darse cuenta, cada ocasión fallada desconcertaba más a los merengues, a la vez que la Juve se sentía más Pedro en su casa.

A la vuelta de los vestuarios ya no hubo ninguna duda. El Madrid estaba calcando el partido de la pasada temporada ante la Roma de Spalletti. Recuerdo que el partido de ida en Turín sirvió a As y Marca para reivindicar la superioridad merengue, que con un buen partido y el miedo escénico del Bernabéu la victoria estaba asegurada. Nadie recordaba qué es un equipo italiano. Nadie recordaba quien es la Juve. Y lo peor es que tras verse superados en el primer acto, ni los jugadores hayan sabido superar a su rival ni Schuster haya sabido encontrar en el banquillo la solución. Quizá sea porque ahí no la va a encontrar nunca. Sneijder y Van Nistelrooy al banquillo para dar entrada a Higuaín y Van der Vaart, además de Saviola. ¿No será que esta colección no está completa y hay demasiados cromos repetidos? Así pues, el guión de este doble enfrentamiento contra los turineses ha seguido el mismo guión que el de los octavos de la 07-08 con un convidado extra -sería hipócrita no señalar la inoperancia del árbitro, que omitió dos penaltis a favor de los blancos-. Tras caer en la ida por la mínima después de ser superiores en el segundo tiempo, el rival pasa como un rodillo en la vuelta ante la inoperancia madridista. Diferentes rivales, pero misma egolatría y mismos errores. El castigo es algo diferente, eso sí. Aún se pueden salvar los muebles.

Pero ese diablo llamado Del Piero, que sabe más por Vecchio que por diablo, aún debía frotar su otra lámpara, la diestra, esta vez con maldad y arte a partes iguales. Corría el 67’ y Casillas y Schuster quisieron engañarle con la barrera descolocada en el lanzamiento de una falta, como diciéndole: ¿Ves el hueco? Pues tírala ahí. Y sí, sí. Ahí fue el balón, al fondo de la red, bien ajustadito al palo. Puede que el alemán se moviera más que Iker para detenerlo.

Quedaban veinte minutos y el partido ya había acabado. Unos completamente KO y otros contentos y en octavos, prácticamente como líderes de grupo. Puede que la escuadra de Ranieri juegue muchos partidos para su capitán, evitándole tareas defensivas para que todos sus esfuerzos sean para el arte –nunca mejor dicho- de atacar. Y está visto que vale la pena. Con el reloj marcando la hora, el ex de Valencia y Atlético quitó a su diamante del campo. Y el público del Bérnabeu, soberano donde los haya –y con Maradona a la cabeza-, le dedicó una sonora ovación a Alé que esté correspondió con afecto.

El Real Madrid deberá aprender de rivales como el de hoy si quiere que la Décima llegue más pronto que tarde. Deberá también aprender a ser más señor y tener en cuenta a sus rivales, además de estudiarlos más. Deberá saber que para reinar en Europa hay que enfrentarse a unos cuantos como Del Piero. Porque aunque ya sea un poco Vecchio, Alé es un jugadorazo. Y también un Signor. Como siempre lo fue la Juve, aunque Moggi se empeñara en lo contrario.

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