Avanza España hasta la final de la Eurocopa tras deshacerse de Portugal en la suerte de los penaltis, en un partido equilibrado al máximo, donde las defensas se impusieron a los ataques excepto en la prórroga, cuando la Roja sí hizo méritos para desnivelar el choque.
jueves, 28 de junio de 2012
Una 'Roja' de leyenda
Avanza España hasta la final de la Eurocopa tras deshacerse de Portugal en la suerte de los penaltis, en un partido equilibrado al máximo, donde las defensas se impusieron a los ataques excepto en la prórroga, cuando la Roja sí hizo méritos para desnivelar el choque.
jueves, 21 de junio de 2012
Cuartos y campanadas
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miércoles, 30 de junio de 2010
Proverbio
Desde el momento en que España conformó su actual estilo de toque, juega cada tarde como transmitiendo la defensa de una causa justa. Estructurado alrededor de Xavi, Iniesta, Busquets y Alonso, no habría equipo capaz de basarse en la destrucción como sistema. No podría siquiera ser inventado en mezquinos tubos de ensayo. Por una cuestión de genoma, la actual quinta de seleccionados no conoce otro plan que no sea el de enroscar una y otra vez el cuero. Pese a que, como en todos los órdenes, construir conlleva tres veces más esfuerzo que derruir, la Roja asumió hace tiempo que alguien tenía que salvar la lírica. Con esa premisa abordó y conquistó la Eurocopa.Dos años después, y con exacta filosofía, se ha abierto paso en el Mundial; no sin dificultades. La derrota frente a Suiza invitó a dudar; ante Honduras se restableció la ilusión; y contra Chile se instaló de nuevo un pequeño amargor respecto a la forma física y el esquema. Con todo, el combinado ya estaba en octavos, donde esperaba una peliaguda Portugal. El duelo ibérico debía dirimir quién aspiraba realmente al Mundial. Y fue España, domesticando una tarde más la bola, quien salió vencedora y reforzada del choque. Se consolidan Busquets y Alonso; crecen Xavi, Iniesta y Ramos; Villa se muestra en estado de gracia; Puyol y Piqué son una red de seguridad.
Queda la incógnita de Torres, desconocido por ahora. Y en menor medida también la de Casillas. Respecto al lateral izquierdo, poco más se le puede exigir al veterano Capdevila. Si el debate existe es porque el banquillo de Del Bosque invita al sonrojo: Cesc, Llorente, Pedro, Javi Martínez, Valdés… Cualquiera sería indiscutible con la Italia de Lippi, la Inglaterra de Capello o la Francia de Domenech. En la Roja, en cambio, calientan banquillo. Anoche, el gol de la victoria llegó con Llorente sobre el campo. A nadie escapa que el Superman de Lezama mejoró las prestaciones de Torres; pero el tanto definitivo se fraguó, ante todo, porque la selección entendió que su juego necesita de algo más importante que el coraje. Para ser efectiva, España también necesita… Paciencia.
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sábado, 19 de junio de 2010
En defensa del talento
"Sabemos que somos buenos y muy creativos", declaraba Van Marwijk tras el Holanda – Dinamarca. Si bien es obvio que la 'Oranje' tiene pegada (véase trallazo de Sneijder), la sensación es que hace décadas que dejó de ser mecánica. Huérfana de Robben es otra aspirante al título, otra más, que juega básicamente a nada. Como mínimo, muy por debajo de sus enormes posibilidades. Y eso supone una gran decepción para quienes gustamos de mejores platos. La cuestión del doble pivote en paralelo roza lo indignante. Nos preguntamos si no sería más eficaz quitar a un tractor como De Jong ─o Van Bommel─ y retrasar a Van der Vaart para dar entrada, ya desde el inicio, a Eljero Elia, que es pura electricidad zurda. Sinceramente, no se entiende. Y más ante selecciones menores como Japón.Por no hablar del conflicto interno de Del Bosque. ¿A qué espera el bueno del charro para sacar a un pivote y meter más amperios en ataque? Se habla de Cesc y es de justicia, pero ni tanto ni tan poco. Tampoco se trata de acumular a todos los socráticos en tres cuartos. Precisamente ante Suiza nos condenó el efecto embudo. La 'Roja' pide a gritos un felino. Y ahora mismo, el rey de la selva es Pedro.
Con todo, y tal como dijo Del Bosque en una ocasión, en fútbol todo es opinable, pero nada demostrable. La historia de los Mundiales está llena de campeones avaros. Sin ir más lejos, la Italia de 2006 lo ejemplifica. También la del '82, que dio la sorpresa y campeonó tras apear por el camino a la última gran selección brasileña. La de Júnior, Sócrates, Zico y Falcao. Y es que, nos guste o no, la primera premisa para ganar un Mundial es defender a la perfección. Mucho me temo que Sudáfrica 2010 no será la excepción.
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lunes, 29 de junio de 2009
Gloriosa efeméride
Ayer Brasil se proclamó campeona de la copa Confederaciones con Kaká y Luis Fabiano como puntas de lanza. Mientras, la Selección nos ofreció ayer un partido agridulce: agrio porque no es lo mismo jugar una final de verdad que una de consolación y porque un equipo como Sudáfrica, creemos, no debería poner contra las cuerdas a los suplentes de la campeona de Europa; y dulce porque pese a la baja de Iniesta, reapareció otro sweety, David Silva, y Güiza demostró que cuando un jugador con calidad se enfunda una camiseta por la que daría la vida el resultado puede ser… encuentren ustedes mismos la palabra. El caso es que, con el jerezano y con Fernando Llorente, la dupla Torres-Villa tiene recambios de garantías.Otra cosa sería hablar del planteamiento de Del Bosque, que ha permutado un mediocampo de jugones por un juego de bandas asimétrico que no ha dado el resultado esperado. De nada servirá criticar al seleccionador porque, guste o no, dirigirá a la Roja en la Copa del Mundo. Además, hay que tener claro que los indiscutibles en las bandas siguen siendo Silva e Iniesta, dos hobbits excelsos que no han llegado esta vez en condiciones de ayudarnos a encontrar el anillo. Sólo hay que esperar recuperarlos para cita mundialista sabiendo que Cazorla y Cesc Fábregas han sido unos dignos recambios. Pero a veces el balón no quiere entrar.
Hoy hace un año que España se elevó a los altares del fútbol del europeo, del fútbol mundial, del fútbol total. Desde hace ya meses tenía pensado publicar este artículo -que no es más que la reproducción total de la crónica que publiqué en Tiempo de Fútbol, un excelente blog con geniales colaboradores, ya extinguido por la voracidad de la actualidad- sin saber que sería lo que depararía hoy el presente, sin pensar que para dar paso a esa crónica escrita hace ya un año me daría para escribir casi otro artículo delante, sin pensar por un momento que en el calendario del fútbol los días y los meses envejecen casi tan rápido como los gatos. Valga como ejemplo la final de la Champions en Roma. Se disputó hace hoy un mes y dos días. A mi me ha parecido mucho más. Con todos los movimientos del mercado, las renovaciones de jugadores, la rumorología de fichajes y, por supuesto, esta Copa confederaciones, el triplete del Barça ya ha quedado muy atrás. Algo que por otra parte puede ser incluso bueno para los intereses azulgrana, pero de esto ya se hablará en otra ocasión.
El presente es el que es. Está claro que no se puede vivir del pasado, pero sí hay que respetarlo y si se puede, disfrutarlo. Se lo dice un servidor que lleva cuatro días sin poder parar de ver los conciertos de Michael Jackson –con su increíble moonwalk- y escuchar sus canciones, con esa inevitable sensación de que se ha ido un grande y de que su voz y sus bailes ya son eternos. Ya se que este blog pretende ser ‘delicatessen’ futbolística, pero permitan por favor estas pequeñas líneas para el Rey del Pop. Los medios de comunicación hablarán estos días de su autopsia, de su vida privada y de sus miserias, sin darse cuenta por un momento que la palabra música y, sobretodo, la palabra ritmo no se definen mejor que con este nombre y este apellido: Michael Jackson. Él es la música; él fue, es y será el ritmo. El tiempo lo pondrá en su sitio. En el olimpo, o sea. Descanse en paz.
Y ahora, vayamos al fútbol. Espero que esto les sirva para revivir aquel 29 de junio de 2008. Gloriosa efeméride.
¡Va por ustedes! (ese fue el títul0 que le puse al artículo)
Alemania - España, 0-1
Alemania (4-2-3-1): Lehmann; Friedrich, Merstesacker, Metzelder, Lahm (46' Jansen): Hitzlperger (58' Kuranyi), Frings; Schweinsteiger, Ballack, Podolski, Klose (79' Gómez). Seleccionador: Joachim Löw.
España (4-1-4-1): Casillas; Ramos, Puyol, Marchena, Capdevila; Senna; Iniesta, Xavi (63' Xabi Alonso), Cesc, Silva (66' Cazorla), Torres (78' Güiza). Seleccionador: Luís Aragonés.
Árbitro: Roberto Rosetti (ITA), amonestó a Ballack, Casillas, Torres y Kuranyi.
Goles: Torres (33').
Lo vieron nuestros abuelos. Nuestros padres, nuestros tíos y nuestros suegros eran niños o quizá ni habían nacido y los padres de Cesc ni siquiera habían pasado la varicela. Las imágenes del 64 eran tan añejas que hasta hace poco no sabíamos si había centrado Amancio o Pereda. La vieron pasar Sarabia, Maceda o Gordillo. A Arconada se le escapó. Igual que a Amor, Caminero, Hierro o Raúl. Pero ahora ya no importa. 44 años y 44.000.000 de lágrimas después la Eurocopa volvió. Como la echábamos de menos. Hasta ella nos echaba de menos. Tanto que remodeló su aspecto para la ocasión, como si supiera de antemano que sería Casillas quien la alzaría en el palco del Präter. Un palco, como no, lleno de VIPs en el que cada uno desenvolvió a la perfección su papel. Al Rey y a la Reina sólo les faltaba botar, Zapatero mostraba su sonrisa de joker, Sergio Ramos recordaba a Puerta –y, desde la eternidad, él asentía guiñando el ojo- y hasta Platini –verdugo de Arconada- dio la talla, sobretodo cuando vio que Palop llevaba la camiseta con la que el infravalorado meta fue ajusticiado por el azar en la final del 84. Incluso Angela Merkel, haciendo gala de la hospitalidad y deportividad teutona, enseñó al mundo lo que significa saber perder. Fernando Alonso, por su parte, celebraba su otro Gran Premio de Europa, y Ramón Calderón era un hincha más. De Laporta es mejor no hablar. Torres sonreía como lo que es, El Niño feliz, el del gol, mientras Luis, su padre deportivo, sacó el señor que lleva dentro mientras pensaba: “Disfruten ustedes”. Por cierto, que Senna tiene aún una tarea pendiente: demostrarnos que nació en Río de Janeiro y no en Burgos.
Todo esto era para celebrar que el gol a Yashin ya tiene relevo. Zoco, Rivilla, Iríbar, Suárez, Pereda y compañía han encontrado sucesores. No hay que desmerecer a aquellos gladiadores, sólo hay que lamentar que el régimen los utilizara para autoproclamar sus excelencias, más aún cuando los rivales eran los soviéticos. La generación del gol de Torres tiene otros tintes. Esta es la selección de todos. Ayer todas las ciudades y pueblos de España se echaron a la calle: Madrid, Sevilla, Málaga, Granada, Salamanca, Cáceres, Lugo, La Coruña, Valencia, Logroño, Palma de Mallorca… Todas. Y por supuesto, Bilbao, San Sebastián, Gerona, Tarragona o Barcelona no quisieron omitirse de una fiesta de tal calibre. Este equipo no entiende de ideologías políticas, lo único que ha desprendido ha sido fútbol. Fútbol del bueno. El mejor de Europa, para ser más exactos.
Lo cierto es que la mejor Eurocopa en muchos años ha coronado a España. Y la final estuvo a la altura de lo que ha marcado el torneo. Empezó mordiendo Alemania, que en los primeros minutos parecía que iba a sujetarse en la historia para meter el miedo en el cuerpo a los nuestros. Pero tras los 10 primeros minutos, España se soltó. Empezó el tiqui-taca, el meneo, y cada minuto que pasaba, los germanos eran más perdiz mareada. El primer aviso fue de Iniesta, que calcó la jugada del gol inicial a Rusia, aunque esta vez el rematador fue Metzelder, pero Lehmann reaccionó a tiempo. Acto seguido, centro de Ramos y cabezazo de Torres a la cepa del poste. Poco a poco, se empezaba escribir el principio del final para la Mannschaft. El final a la historia de siempre. Porque no siempre deben ganar ellos. Y entonces, llegó el momento. Corría el 33’. Xavi recibe entre líneas, gira sobre sí mismo y envía un balón al hueco para Torres. Tras un toque en el pie de The Kid, parece que el balón se acabará perdiendo ante la presión de Lahm. Pero sólo era una desilusión óptica. El toque da lugar a un autopase, y Torres, como correcaminos ante el coyote, pasa por detrás del menudo lateral, lo avanza y ¡zas! toque sutil por encima de Lehmann. Antes de que el balón entrara, media España ya cantaba gol. Cuando entró, Torres merodeó la portería y se fue a la banda. Poco a poco fueron llegando Xavi, Ramos, Puyol, Silva… Todos. Villa saltó del banquillo. En el palco, sus Majestades apretaron los puños. Zapatero botó como si hubiera vuelto a ganar las elecciones. Y España entera gritó ¡gol!
A partir de aquí, podríamos decir que el partido siguió con su curso, que España siguió manteniendo su apuesta por el fútbol de quilates, que Alemania quemó todas sus naves en el segundo tiempo dando entrada a Jansen, Kuranyi y Gómez, ese alemán tan español. Podríamos decir que Senna siguió dando lecciones de manual, que Iniesta, Xavi y Cesc son los mejores timones que un equipo pudiera tener, que Cazorla y Güiza refrescaron mucho al equipo, que Ramos, Iniesta o Senna tuvieron el 0-2 y que Alemania nos mantuvo con un nudo en la garganta y otro en el corazón hasta que Rossetti pitó el final. Pero lo cierto es que el partido acabó ahí, en el gol de Torres. La historia ya se había escrito. Después del gol de Marcelino, estará el de El Niño.
Alemania, con Ballack a la cabeza –desgracia la suya, 0 de 4-, se mantuvo con la cabeza alta hasta que Casillas alzó la Henry Delaunay. Saber perder también es importante. Pero saber lo que es ganar es muy bonito. La Roja se acordó de muchos, pero especialmente de Arconada, a quien este mismo torneo le menospreció, y de Antonio Puerta, a quien el destino jugó una mala pasada. Tras muchas pesadillas, llegaron los dulces sueños. La maldición ya ha terminado. Ya nos podemos despertar sin miedo. Esto es real. ¡Podíamos! Pero ahora hay que ir a por el siguiente objetivo: Canarinhos, albicelestes; nos vemos en Sudáfrica.
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Michael Jackson: el Ritmo. Rest In Peace.
jueves, 25 de junio de 2009
Del Bosque olvida los apuntes de Aragonés
España perdió anoche mucho más que una eliminatoria: también se dejó por el sendero su identidad; la que le dio la Eurocopa. Nunca renunció ni al balón ni al ataque, pero se quedó a medio camino entre jugar con dos alas abiertas y apostar por todos los bajitos en el medio. El resultado fue un ataque embarullado, impaciente y sucio. El planteamiento de Del Bosque fracasó con estrépito, por más que se crearan un alud de ocasiones. Riera no es jugador para la selección. Siendo un extremo puro, no domina el juego de toque y movimiento. Cuando recibe, su tendencia natural es encarar, faceta en la que además no obtiene buenos porcentajes. Del mismo modo que Joaquín desapareció de la selección cuando dejó de desbordar, Riera no debería haber acudido nunca. En su categoría le supera por mucho Capel, con quien Del Bosque ya no parece contar. El salmantino ha pecado de intervencionismo. Ha tratado de hacer modificaciones propias y ha naufragado en esta Copa Confederaciones. Con Iniesta fuera de combate Cazorla debería ser indiscutible, del mismo modo que Silva, cojo, ofrece más prestaciones que otros. Por otro lado, Villa y Torres son siameses por decreto, cuando precisamente la selección ha maravillado con cinco centrocampistas. Por no hablar de Capdevila y Ramos, que piden a gritos un recambio. Con todo, España jugó lastrada, diezmada y sobre todo desnaturalizada.No le faltó voluntad a la selección, que fue tan generosa en el esfuerzo como siempre. Disparó un sinfín de veces a la portería de Howard a partir del segundo tiempo. Ejecutó un córner tras otro. Llevó siempre el peso del partido y lo intentó por todas las vías. El problema es que los internacionales trataron de talar un árbol de Alaska con sierras de marquetería. No acertaron a abrir el marcador y fueron incapaces de levantar las hachas. En los partidos que enfrentan a dos equipos separados por un desierto, es clave el nivel de practicidad del favorito: se trata de alcanzar el primer gol por la vía rápida para recrearse después. España, que sólo contempla la dirección del zigzagueo, se estrelló una vez tras otra contra Onyewu, Demerit y Howard, tres auténticos yunques. De hecho el central de ascendencia africana está siendo elevado a los altares por muchos. Craso error. Acaso nadie recuerda el Mundial 2006. España superó a Túnez con todas las dificultades posibles. En el equipo tunecino jugaba Jaidi, un bloque de mármol. Defendió como un coloso hasta que Raúl empató el partido en el 71'. Se cantaron las excelencias de Jaidi hasta ese momento. A partir de entonces, nunca más se volvió a oír su nombre porque Túnez acabó perdiendo el encuentro. Sin el desacierto de España, lo mismo hubiera ocurrido con Onyewu, que sin embargo ahora recibirá ofertas a mansalva. Así de paradójico es el fútbol, un juego donde los pequeños detalles marcan la frontera entre el éxito y el fracaso. Siendo justos, hay que reconocerle al central su capacidad para achicar agua, aunque dudo que conozca otro arte que el despeje.
Los Estados Unidos se adelantaron con un buen gol de Altidore, el suplente de Antoñito en el Xerez. Su mensaje corto a Capdevila resultó ser una premonición. No sólo se llevó el partido, sino que marcó deshaciéndose del lateral. Por supuesto fue una jugada de contraataque, una de tantas de las que dispuso el conjunto americano en la primera mitad. El reverso del bisonte Altidore retrató la descolocación de España, desbordada por el fulgurante arranque de los estadounidenses. El gol estableció un punto de no retorno. El partido se convirtió en un nuevo monólogo de España, que explicó su historia a través del balón pero que no encontró su objetivo: hacer reír. Del Bosque esperó una larga condena para introducir los cambios. Cazorla no encontró su sitio y Mata entró con todo decidido, justo después de que Dempsey ajusticiara a la selección. Derrota indignante por la escasa tradición del rival y por la ineptitud de Del Bosque, incapaz de modificar el guión a medio rodaje. El Mundial debería ser su última oportunidad. Los equipos campeones no tienen banco de pruebas. Se caracterizan por convencer siempre, sin tiempo para equivocarse. Quién sabe si pronto se despertará la nostalgia por Aragonés, el creador de la máquina perfecta. Xavi, Xabi Alonso, Cesc, Iniesta, Silva y Cazorla. Lo demás es todo mentira.
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martes, 18 de noviembre de 2008
Esto ya lo hemos vivido antes

En definitiva, soporta la presión de sostener a un equipo que hace ya demasiado tiempo que coquetea con el descenso -un riesgo demasiado peligroso para un equipo que nunca ha perdido la categoría, por otra parte-. Y todo eso lo hace ya desde hace cuatro temporadas. No está mal para tener 23 años. ¿Quién era Luca Toni con esa edad? ¿Saben que su novia le recomendó al italiano dejar el fútbol y dedicarse a otra cosa porque a esa edad era poco más que un discreto delantero? Tampoco Zlatan Ibrahimovic era un goleador consagrado a esa edad –otra cosa es su abrumadora calidad, ya patente desde que era un juvenil-.
Pero si a alguien me recuerda el caso de Llorente es al de un tocayo suyo. Hasta un apellido comparten. Fernando Llorente Torres uno, Fernando Torres Sanz el otro. Este último un chaval que debutó con su equipo cuando éste intentaba retornar de su bienio en el infierno, que tras regresar a la elite se echó al equipo a la espalda, tiró del carro y se comió todos los marrones. También decían de él que nunca valdría para un grande, que no marcaba suficientes goles, que era intermitente. Hasta que un día Sir Rafa Benítez se trajo unos cuantos millones, un billete de ida para Liverpool y una camiseta de los ‘reds’ con el 9 a la espalda. Las tres partes dijeron que era lo mejor para todos, pero pocos lo creyeron así entonces. Hoy Torres está entre los mejores de la Premier y comparte el protagonismo de los cánticos de The Kop con un tal Steven Gerrard. Además, fue el debutante con mejores cifras goleadoras de la historia de la Premiership y marcó el gol que hizo a España campeona de Europa. Para colmo, su Atleti regresó a la Champions once años después.
Cada persona es un mundo y por ende, cada jugador también. No es necesario que Llorente sea en el futuro idéntico a Torres –tampoco ahora lo es-. Él es más alto y corpulento y no tiene tanta velocidad como El Niño –aunque tampoco le falta dados sus 195 centímetros-. El caso es que su llamada para la selección puede ser un primer paso para su explosión definitiva. En todos los equipos profesionales del mundo hay algo de talento, y por supuesto también lo hay en el Athletic. Pero una cosa es jugar en un primera y otra jugar en un grande. Y ahora mismo la selección es un grande. Cuando te rodeas de jugadores que además de talento tienen carácter ganador, saben lo que es levantar un gran título y llevan la victoria grabada en el ADN te contagias de esos síntomas, sobretodo si en tu interior también está escondida toda esa proyección.
[Recuerdo cuando Sergio González abandonó el Espanyol y fichó por el Deportivo por expreso deseo de Irureta. Allí, con la confianza de verse rodeado de un equipo en estado de gracia que paseaba su fútbol por España y por Europa, se desató y todas sus cualidades anteriores se multiplicaron, convirtiéndose en uno de los centrocampistas más completos de los primeros compases del siglo. Quizá no fue el caso más sonante que se recuerde, pero quien siguió a Sergio en Barcelona y luego en A Coruña seguro que apreció su evolución. Por cierto, que a día de hoy –como hará Torres en un futuro- el catalán se plantea que sus últimos días como futbolista sean en club que le hizo debutar en Primera División.]
Esta convocatoria para la absoluta será el primer paso para que veamos el verdadero talento de Llorente, sin agobios clasificatorios, sin tener que estar constantemente subiendo y bajando de punta a punta del campo, cargando con la responsabilidad de una entidad histórica en horas bajas. Y sintiéndolo mucho para los aficionados del Athletic, el siguiente paso sería dar el salto a un grande, de España o del extranjero. Quizá mejor del extranjero. Y todo ello, más pronto que tarde. Esto ya lo hemos vivido antes. Está en juego la carrera de un jugador con un porvenir muy brillante, quizá glorioso. La cúpula directiva del Athletic deberá entenderlo y dejarse seducir por la millonada del primer atrevido que se pase por San Mamés con el talonario, como en su día lo hicieron a orillas del Manzanares. La lástima para ellos es que no podrán invertirlo en Forlanes y Simaos.
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