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domingo, 26 de septiembre de 2010

Las 'Busisolutions' *

Por Albert Valor

Podríamos quedarnos con que la Catedral fue el primer campo en la historia del fútbol que abucheó de manera notable a Andrés Iniesta. O con el detonante de todo eso; la rigurosa expulsión de Amorebieta que dibujó el devenir del encuentro. O con la actuación de Keita, el esbirro silencioso, que parece que nunca esté pero siempre dispara. O con las paradas de Gorka Iraizoz. El mejor del partido. O con la convulsión de Villa para con el gol. Ni marcó en San Mamés ni lo hará en el próximo partido. Alguien debía caer en la trampa de Gurpegi. Podríamos destacar también el último arreón del Athletic. Hasta el rabo todo es león.

Pero nos quedamos con el gol de Busquets. El de Badia definió como el mejor Van Basten. Lo de este chico es un escándalo. En PLF somos fans de ti. Desde que debutaste contra el Racing hace dos septiembres. Desde el primer día. Desde siempre, en realidad.

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* 'Busisolutions': Término acuñado por Alfonso Arús en su programa deportivo de éxito en los años 90 en TV3, el popular Força Barça -un programa que a día de hoy podríamos considerar el preludio del actual Crackòvia-. Con esta expresión pretendía mofarse de las curiosas habilidades del portero suplente del Dream Team, Carles Busquets. Curiosamente, su hijo Sergio parece haberles dado un sentido real en la actualidad.

sábado, 3 de julio de 2010

Simpatía por Badia

Por Cristian Naranjo

Poco brillante, dicen algunos. ¿Disculpen? Fíjense si es técnico, y hasta qué punto está seguro de ello, que se permite recortes propios de un mediapunta en posiciones defensivas. Y lo mejor es que el 80% de esos regates los hace con sentido. Recordemos que el regate corto es la forma más rápida de saltar una línea de presión. Evidentemente, no es la más segura. Pero ocurre que a Busquets, de cada 10 que intenta, 6 le salen de cine y 3 acaban en falta. Y ese balón que pierde es el margen de error que se puede permitir jugando por delante de la defensa y teniendo detrás a Puyol y Piqué.

Ante todo, dejo claro que yo fui escéptico durante buena parte de la primera temporada de Pep, porque lo consideraba un mediocentro puramente defensivo, y para eso me gustaba más Touré ─indiscutible futbolista─, o el equilibrio y llegada de Keita. Con el tiempo, Busquets ha demostrado galones para ser titular en cualquier equipo del universo... Que pretenda jugar a fútbol ─que, en el fondo, son muy pocos─.
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lunes, 15 de febrero de 2010

Violento amor

Por Cristian Naranjo

Hay leyes intangibles que imperan en el fútbol. Leyes según las cuales el Atlético siempre se empequeñece cuando enfrenta al Madrid en la misma proporción en la que crece cuando le visita el Barça. En un partido gris como la propia tarde de domingo, los de Sánchez Flores no tuvieron piedad de un líder desalmado, apático y falto de reflejos. Esta vez los pequeños no pusieron imperdibles al balón. No existió la juntura entre líneas, Jeffren sangró como lateral, Keita se partió y a consecuencia de todo se fue desdibujando el gesto de Guardiola. Mal síntoma en un banquillo donde reina el suavizante. Un chispazo de Forlán y otro de Simao, dos viejos amigos, fueron suficientes para prender fuego a la Liga. Tanto da que les separen 30 puntos de distancia: la de Atlético y Barça es la historia de un violento amor.

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viernes, 4 de septiembre de 2009

Busquets afronta su reválida

Por Cristian Naranjo

Los delanteros centro acostumbran a vivir desconectados del juego colectivo. Trabajan como autónomos, a la espera de cazar un balón servido por el compañero. Es lo natural teniendo en cuenta que son la punta de flecha de sus equipos, que se orientan de cara a portería y que están básicamente para el gol. La estirpe de los nueves totales se extinguió hace décadas, y posiblemente Di Stéfano fue el mejor de ellos. Con los centrales sucede un fenómeno similar, en gran parte porque son mayoría los entrenadores que recurren al pelotazo. Hay algunas excepciones en los banquillos. También al otro lado de la banda: los Mariscales de Campo, cuyo icono es Beckenbauer. El defensa de alto rango, que organiza desde atrás, no ha desaparecido pero es especie protegida. Paradójicamente, la rifa del balón también margina a los centrocampistas, principales responsables de concebir el juego. Por suerte, hay escuelas que se han diferenciado, como la brasileña, la argentina, la holandesa o la española. Por influjo de Cruyff, el Barcelona asimiló un modelo basado en el abuso del balón. Es incuestionable que el holandés cambió la historia del club catalán. Impulsó una revolución estableciendo novedosos mecanismos estructurales. En ellos encontró el Barça su auténtica naturaleza. La figura del '4' que diseña el ataque es la piedra angular del estilo importado de Holanda. Actualmente, el club azulgrana es el único del planeta que fabrica directores cinco estrellas. El sistema de Cruyff se basa en seleccionar a los jugadores más singulares ya desde la base, y en moldearlos según la propia filosofía.

Tras los pasos de Xavi e Iniesta, Sergio Busquets ha sido el último en coronar el ascenso al primer equipo. Algunos, como Arteta o Fàbregas, decidieron buscarse el sustento en otras ligas y también han eclosionado. El requisito que cumplen todos ellos es la total preponderancia en el juego. Por lógica, el estereotipo del centrocampista debiera tener esa característica. No es el caso. Por algún motivo no impera ese perfil, y el espectáculo se resiente. También el potencial de los equipos, cada vez más concienciados de la necesidad de un creador. El Barcelona tiene hasta tres, lo cual aclara el por qué de su éxito. Siempre que faltan Iniesta o Xavi, ahí está Busquets, que fue pieza clave la pasada temporada. Los matices que definen al de Badia son enriquecedores. Es inteligente y maximiza sus recursos. Domina el posicionamiento, además de leer los partidos con claridad. Es competente por alto, y un gran carterista en defensa, lo cual le permite suplantar a Touré con garantías. En definitiva, el poliedro de Busquets está muy pulido.

En los primeros compromisos de este curso, el canterano ha actuado prácticamente de líbero, ayudando en las tareas de iniciar el juego. El nuevo dibujo de Guardiola cada vez se parece más al mítico 3-4-3, y Busquets no ha encontrado su nivel. Ha perdido balones inusuales y son preocupantes sus desconexiones. Lo cierto es que el inicio de jugada ha corrido a cargo de Piqué, y que el medio tampoco ha comparecido para defender. Quizá no ha aprendido los nuevos mecanismos; quizá funcione con motor diesel y tarde en calentar. En cualquier caso, hace tiempo que Busquets dejó de ser un futbolista dudoso. Participar activamente en un Barcelona excelso, sentar cátedra en la final de una Liga de Campeones y consolidarse en la selección en su primer año de profesional equivale a tener un crédito ilimitado. Con una plantilla descaradamente corta y la inoportuna Copa África, Busquets deberá redoblar esfuerzos para hacerse pasar por Touré y Keita. Dispone de la confianza ciega de Guardiola y de un catálogo de virtudes sobradamente acreditadas. No es menos cierto que, en este arranque de temporada, Keita le ha comido terreno como primer relevo en la medular. A pesar del ramadán el malí está pletórico, mientras que el catalán debe recuperar sensaciones. Ni el Barcelona ni el futbolista pueden permitirse perder la pelea contra sí mismos. Guardiola no parece haber olvidado lo que sucedió hace no hace tanto. Ronaldinho hincó la rodilla frente a su propio legado, y con él se derrumbó el primoroso Barça de Rijkaard. A pesar del lastimoso precedente, el aficionado culé no tiene nada que temer: Guardiola se sabe los apuntes al dedillo, y sus pupilos le siguen como el rebaño al pastor. Sergio Busquets no es excepción. Pronto volará al encuentro consigo mismo, guiado por el bastón de su mentor.
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martes, 1 de septiembre de 2009

El debe y el haber del nuevo Barça

Un análisis de Cristian Naranjo

Volvió la Liga y volvió el campeón. Trámite saldado ante el Sporting. Suma y sigue el Barça en su asombroso duelo al Sol. Hasta ahora ningún equipo había ganado en el campo cinco entorchados de una tacada. Al menos que se sepa. Ha perdido el Barcelona un argumento poderoso como Eto'o, pero mantiene intactas las constantes vitales; esas señas de identidad que le han aupado a la cima: talento, conjunción y sobre todo trabajo. Mucho trabajo. El equipo engendrado por Guardiola tiene más estética que épica, pero en Mónaco, ante el pegajoso Shakhtar de Lucescu, volvió a dejar claro que está preparado para cualquier epopeya. El eterno rival se ha reconstruido de arriba a abajo, mientras que Beguiristain sólo ha alcanzado un fichaje de peso. Además Ibrahimović no es un refuerzo, sino un recambio. A falta de presupuesto, Guardiola ha priorizado apuntalar la defensa con una incógnita de la Europa profunda. Una decisión arriesgada, al más puro estilo Cruyff. Con todo y con eso este Barça sigue transmitiendo confianza. Posee algunos jugadores superlativos, que rozan la perfección partido tras partido. Mención especial merece Touré, un coloso que domina todas las facetas del juego. Es un privilegiado física, técnica y tácticamente, lo cual equivale a ser el futbolista integral. Él solo abarca latifundios, y su polivalencia es oxígeno para Guardiola, que no dudó en situarle de central en los partidos definitivos de la pasada temporada. A saber: Londres, Valencia y Roma. La decisión demostró no ser un experimento, sino un recurso de garantías. Aparentemente lento, el africano exhibió una poderosa zancada y una inteligencia admirable. Touré no sólo respondió a la necesidad del entrenador, sino que rindió al nivel de los mejores centrales del mercado. Nadie hubiera adivinado su posición natural a juzgar por aquellos tres partidos. Y la versatilidad del marfileño no acaba ahí. Guardiola también lo ha probado de mediocampo en adelante, con la intención de explotar la llegada y el trallazo de que dispone.

Gerard Piqué es otro de los superdotados del Barça. No ofrece dudas la jerarquía del canterano, consolidado como un mariscal en el eje defensivo. Es evidente que, por fortaleza y manejo del cuero, podría aspirar al mediocentro si así lo requiere el equipo. Futbolistas tan completos son un tesoro para los entrenadores. Con Touré y Piqué, Guardiola dispone de utensilios dos en uno, lo cual compensa algunas carencias de la plantilla. En ataque es Iniesta el que se multiplica. El manchego es junto a Xavi la lúcida cabeza pensante del Barcelona. Su talento le permite funcionar en cualquier parcela, ya sea cocinando el juego o amortizando la banda izquierda. Y donde no lleguen los doctorados llegarán los hambrientos aspirantes. De hecho ha sido Pedro, un emergente canterano, el que literalmente ha solucionado las dos supercopas. El juego espumoso y dinámico del canario amenaza con romper en una de las sensaciones de la temporada. El gran protagonismo de la cantera será insólito, sorprendente y fascinante. Los revulsivos del equipo para las segundas partes acostumbrarán a ser Pedro, Bojan y Busquets. Las soluciones de urgencia, Muniesa, Fontàs, Dos Santos y compañía. La fórmula que diseñó Cruyff, basada en la proporción de ocho canteranos por tres extranjeros en cada once, es hoy una realidad.

La efervescencia de la fábrica azulgrana es una red de seguridad, pero es natural la congoja del aficionado culé ante el despliegue de Florentino, en contraste con los cuestionables movimientos de Beguiristain y Guardiola. La puñalada a Eto'o ha sido una ruina económica, además de una incalculable pérdida deportiva. Los sospechosos fichajes de Henrique y Keirrison huelen a perro muerto. Unos 24 millones al limbo por dos futbolistas mediocres, cuyo disfraz de promesas se ha tragado Txiqui. Por no hablar de Cáceres y Hleb. Otros 30 millones desperdiciados en dos nombres que sí eran contrastados. Sorprende que Guardiola, que fue quien los solicitó, no responda ante el derroche. De momento el técnico no interviene en la parcela económica. Todo llegará. Que tome nota el candidato que pretenda abordar la presidencia. Guardiola está destinado a convertirse en mánager de forma natural, con plenos poderes deportivos y financieros. Como Wenger, Ferguson o Benítez. Y como el propio Cruyff. El mejor fichaje de la historia del Barcelona sería el contrato vitalicio para Pep Guardiola. Por capacidad y compromiso es el único candidato posible. Su arenga al grupo, ante la inminente prórroga frente al Shakhtar, no admite descripción verbal. Es una prueba de que el club debe estar en manos de un barcelonista de cuna, y el de Santpedor es sangre de la sangre del Barcelona.

Sea como fuere, el ser humano no puede vivir de desgracias pasadas, ni tampoco de esperanzas futuras. Es una ley natural. Como canta Julieta, el presente es lo único que hay. Y el presente cuenta que el Barcelona se ha dejado 100 millones de euros a cambio de meros sustitutos. La inversión exigía sufragar la llegada de Ribéry, Fàbregas o Mascherano. No ha sido así. Y finalmente la plantilla ha quedado innegablemente corta. Ibrahimović, el fichaje estrella, acusará la presión de todas las miradas. Sabe que está obligado a eclosionar desde ya, o la sombra de Eto'o se irá ensanchando. A nadie escapa que el sueco está repleto de quilates, con lo que su incorporación ha de interpretarse como una inversión. El otro refuerzo válido es Chygrynskyy, el deseado. El central es algo más que el amor de verano de Guardiola. Le ha llegado al corazón. Tanto se ha enamorado que ha pedido al ucranio por activa y por pasiva, y no le ha importado estrujar las cuentas. Deportivamente Chygrynskyy es una duda por despejar. Dice Pep que tiene el nivel exigido desplazando el balón. La final de la Supercopa no arrojó demasiada luz sobre sus condiciones. Tuvo a seis hombres dándole cobijo, y apenas intervino en el juego. Se sabe que es de tallo largo, zurdo y que parece Jesucristo. Domina los espacios, pero el gol de Pedro le dejó en mal lugar. Se comprobó que no destaca por ser un defensa intenso. Y reflexionando un poco se concluye, sin margen de error, que no será posible que mueva el cuero como Márquez o Piqué. Dice Pitxi Alonso que es mejor jugador que defensa. Reveladora definición. Sin duda estamos ante un central considerablemente fino y presumiblemente blando. Pronto se conocerá en qué queda, tras pasar por el tamiz de Guardiola.

Esta noche no ha actuado Chygrynskyy, ni Touré, ni tampoco Iniesta. Y con Messi en Buenos Aires, el equipo volvió a recaer sobre los jóvenes opositores. La alineación, francamente desangelada, no modificó el nuevo esquema de Guardiola. Alves y Maxwell habitaron en campo contrario, mientras que Piqué hizo de aguador junto a Busquets. Arriba, Bojan y Pedro fueron los cachorros de papá Ibrahimović. Las rotaciones supusieron apuros poco habituales en un equipo tan curtido. La respuesta a tanto revuelo fue deficiente también gracias a Preciado, que ha armado un equipo serio. La presión en media cancha incordió y mucho al Barça, cuyo riego sanguíneo se resintió. Por extensión, la chispa escaseó en ataque. Ibrahimović estaba bien sujetado por Gregory, y Pedro no hizo acto de presencia. De modo que fue Bojan el portador de todo el peligro. El canterano protagonizó las mejores tentativas de un once mermado, al que le costó encontrar la ganzúa del partido. A pesar de todo el once de Guardiola acaparó la posesión, las llegadas y los tiros a puerta, pero la noticia fue que no pasara el rodillo.

Como premio a tantas expediciones al ataque, el Barcelona halló un yacimiento de córners que solucionaron el atasco. Keita, una de las debilidades de Guardiola, resolvió el partido con sus patas de flamenco. El malí es una rara avis, sólo comparable a algunos pocos como Kanouté. De mirada ausente y constitución enclenque, es un jugador que constata el engaño al que induce la apariencia. Tácticamente es un centrocampista de gran valor. Siempre acude a cubrir cualquier boquete, y se ofrece constantemente al compañero. Sucede que al tener de socios a Xavi e Iniesta, queda retratado en cuanto a velocidad de movimiento. Y sí es cierto que funciona con un ritmo cansino. En Londres o Mónaco supuso un problema porque ralentizó la circulación. Sin embargo lo compensa con una buena zurda, llegada y gol. Capacidades nada desdeñables. Su fichaje no fue discutido por proceder de Sevilla, pero pocos conocían su idiosincrasia. Una temporada después, Keita ha certificado ser válido en un equipo ganador. La religión musulmana mantiene equilibrados a este tipo de jugadores. Les dota de cierta frialdad. Pero se ha comprobado que no les merma en la parcela competitiva. Guardiola tiene un sacacorchos. Sin ir más lejos, esta noche el Barcelona sólo ha encontrado alivio en los zancos de Keita, que ha tocado techo en cada salto. Dos de ellos han acabado en gol y el tercero en la madera. Ha sido el mejor por detrás de Bojan, cuyo concurso fue vital. Se hace mayor el de Linyola, que mariposeó por el área hasta lograr el 1-0. El encuentro prácticamente se cerró ahí, pero el campeón fue de menos a más.

El 2-0 aseguró los tres puntos, y en la segunda parte sí se gustó el Barcelona. Ibrahimović jugó los 90 minutos pese a su discutible estado de forma. Trufó la actuación con gestos que definen su estilo. De momento se desplaza como un elefante sin trompa. Aún le falta contundencia, en parte porque en su manual prima la estética. Hoy ha firmado el 3-0 con el remate propio de un '9' puro. Pero que nadie cuente con las cifras de Eto'o. Ibrahimović es otra cosa. Es una bestia distinta, a la que Guardiola debe domesticar a marchas forzosas. Dice Paco González que el técnico de Santpedor ha querido poner solución a un problema que aún no existe. No parece mal encaminado. Es un entrenador que ha marcado tendencia a todos los niveles. Y paralelamente es un tipo muy peculiar, de ideas tan claras como fijas. Sobre todo obsesivo e intervencionista. Más que sesera, Guardiola ha demostrado tener un vademécum. Tira de él a menudo. Casi siempre con éxito. Ocurre que, cuando falla, lo hace con estrépito. De momento el Madrid de Pellegrini es una filatelia repleta de sellos caros. Sí. Correcto. Pero cualquier anomalía en el plan de rodaje sería mortal para el Barcelona. El tiempo apremia, y no está permitido fallar en Can Barça: de las botas de Kaka' sólo puede surgir arte. Arte renacentista.

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viernes, 22 de mayo de 2009

A vueltas con el lateral zurdo

Por Cristian Naranjo


Se acerca peligrosamente la gran cita futbolística del año y a Guardiola siguen sin salirle las cuentas. Debido a las bajas seguras de Márquez, Abidal y Alves, el técnico está obligado a componer una defensa totalmente inédita, donde Piqué, Touré y Puyol tienen plaza asegurada. El marfileño y el espigado central catalán actuarán como centrales, mientras que Puyol jugará en uno de los dos laterales. Hasta hoy, se daba por hecho que la elección de Guardiola para llenar el hueco vacante era Keita, un jugador de su absoluta confianza: “He conocido pocas personas tan generosas como él. En la conversación que tuvimos, dijo que si era preciso jugaría de portero, pero que no es un especialista como lateral y que yo contemplase el riesgo si finalmente lo alineo”. Por tanto, la ecuación de segundo grado sigue sin resolverse y Guardiola parece no recordar la fórmula. Los periodistas tienen por tanto vía libre para el debate y la especulación. Muchos apuestan por Sylvinho, otros por Keita y algunos por Cáceres.

La elección del brasileño se presenta como la más natural. No en vano es un lateral izquierdo puro y ha desarrollado toda su carrera jugando en esa posición. Sylvinho asegura experiencia, entrega, despliegue físico y recorrido, condiciones que no han convencido a Guardiola en partidos de máxima exigencia. A buen seguro, el técnico ve en Sylvinho a un lateral ‘largo’, más dotado para el ataque que para la defensa. Por otro lado, el brasileño anda escaso de centímetros, lo cual supone una merma para el equipo en la batalla aérea. Finalmente, el técnico culé desconoce por qué zona caerá la estrella del United, Cristiano Ronaldo. Se especula con que se situará por el centro pero con total libertad de movimientos, lo cual supone que a la hora de encarar se irá a buscar al peón más débil del tablero. En resumen, Guardiola conoce a la perfección las virtudes y carencias de Sylvinho y a juzgar por lo visto a lo largo de la temporada no está convencido de su validez para partidos de máxima tensión defensiva. Su entrada o no en el once dependerá de si el entrenador acaba seduciendo o no a Keita.

La opción del malí se daba por hecha hasta que hoy mismo el centrocampista sorprendiera a los periodistas auto-descartándose. Ausente Abidal por sanción, sin lugar a dudas es la opción preferida del técnico. Guardiola siente una admiración por Keita rayana a la sodomía. En las ruedas de prensa, nunca escatima elogios hacia él. Alaba su motivación, compañerismo y entrega. Hoy mismo, ha comentado que el malí es el jugador que más ha evolucionado en el juego de posición. Por tanto, no es difícil adivinar que para Guardiola es la primera opción. De hecho, Keita tiene todas las condiciones que busca el entrenador para cubrir el lateral: disciplina táctica, dominio del juego aéreo, esgrima ─capacidad defensiva en el uno para uno─ y resistencia entre otras. Él mismo Guardiola ha reconocido que tratará de convencerle, lo cual evidencia su favoritismo.

La última opción es la más remota y no por tanto descartable. Pasa por desplazar a Puyol del lateral derecho al izquierdo para sujetar a Cristiano y por situar a Martín Cáceres en el puesto vacante. Esta variable es poco probable en tanto que el uruguayo apenas ha contado para Guardiola este curso ─a pesar de haberlo pedido y del coste de su fichaje─, pero conociendo el intervencionismo del de Santpedor no hay nada escrito todavía. No olvidemos las características de Cáceres: rápido, expeditivo, contundente, poderoso por alto, experimentado como marcador, polivalente, generoso en el esfuerzo… En mi opinión es el más capacitado para ocupar la plaza. No en vano costó 20 millones de euros y es el momento de utilizarlo. En su contra juega lo más importante, la confianza del míster, así como su indisciplina táctica, sus pérdidas de concentración y su nula capacidad para sacar el balón jugado.

Guardiola conoce la importancia de los pequeños detalles y también sabe que las finales no se juegan sino que se ganan. En su cabeza dando tumbos, tres opciones para un solo puesto. La experiencia de Sylvinho, la confianza en Keita y la contundencia de Cáceres. Al técnico le quedan cinco días para seguir perdiendo pelo y cinco noches para obsesionarse. A ciencia cierta, ya resuenan en su mente las trompetas romanas y el galope de los caballos del United. Aún tiene horas para tomar una decisión que puede marcar el destino de toda una Champions.

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miércoles, 20 de mayo de 2009

El Barça de Iniesta; el United de Rooney

Por Cristian Naranjo

Falta justo una semana para el partido más esperado de lo que llevamos de siglo XXI. La final de la Liga de Campeones, que ha de enfrentar a los dos equipos más en forma del mundo, se presenta como el mayor espectáculo posible. Si el Barça llega fuerte, el Manchester llega mejor. Por primera vez en muchos años se enfrentan en una final los dos equipos que han acreditado ser mejores a lo largo de la competición.

El Barça llegará a Roma con todos los deberes hechos y los exámenes superados con matrícula de honor. No en vano se ha proclamado campeón de Liga y Copa con un fútbol celestial, arrollando a sus principales rivales a medida que se iban interponiendo en su camino. Como si del caballo de Atila se tratara, por los campos donde ha pasado el Barça esta temporada no ha vuelto a crecer la hierba. Sevilla, Villarreal, Madrid, Londres, Valencia… El equipo de Guardiola se dio un festín en el Bernabéu y en Mestalla, donde trituró a Madrid y Athletic respectivamente. El fútbol que hacen los blaugranas se basa en conceptos sencillos de asimilar pero harto difíciles de lograr. En primer lugar, el Barça tiene al menos un once inicial de jugadores extraordinarios. De esos once, no podrán jugar ni Márquez por lesión ni Alves por sanción. Iniesta y Henry, en cambio, están entre algodones a la espera de poderse recuperar a tiempo de sus dolencias. A pesar de las posibles bajas, Guardiola presentará un once temible porque saldrá con lo mejor que tiene y al ataque, como ha demostrado durante toda la temporada. El Barça sólo sabe jugar a ganar. Sus jugadores están programados para atacar del minuto 1 al 90. En segundo lugar, el equipo cuenta con la coherencia de su entrenador, capaz de sacar el máximo de sus jugadores allá donde los ubique. Y en tercer y último lugar, los culés cuentan con un aliado, con un doceavo hombre: el balón. Y es que el equipo que comanda Xavi no lo suelta ni mediando las armas. La mitad del once tiene un manejo extraordinario de la pelota, lo cual protege al equipo y desespera a los rivales.

Así las cosas, el once que con toda seguridad presentará Guardiola será el siguiente: Valdés en portería, dando seguridad por alto, con los pies y cerrando el candado en el uno para uno; Puyol en el flanco derecho por la ausencia del maratoniano Alves. Qué decir del gran capitán. Todo fiabilidad y entrega; Touré Yaya como central diestro para ocupar el lugar que deja vacante Puyol. El marfileño, una delicia como mediocentro de cierre, cumple también como central. Aporta exuberancia física, salida limpia de balón y sólo ofrece una duda: ¿sabrá defender la velocidad al espacio de Rooney y Cristiano Ronaldo?; a Touré lo acompañará un hombre totalmente consolidado como central titular del Barça. Piqué asegura contundencia por bajo y por alto, inteligencia táctica y excelente salida de balón en corto y en largo. Como Touré carece de velocidad en espacios abiertos y lo puede pasar mal con los delanteros del United; como lateral zurdo actuará por exigencias del guión Keita. Guardiola no tiene reparos en descubrir que su comodín para casos de emergencia es el malí, un jugador que no termina de ejecutar con excelencia ninguna faceta del juego pero que cumple en todas ellas. Al menos en opinión de Guardiola. El africano tiene un aceptable trato de balón, va fenomenal por alto y sabrá cubrir su zona con solvencia; por delante de la defensa repetirá como en Stamford Bridge Sergio Busquets. Guardiola apuesta ciegamente por él a pesar de su juventud. Sin embargo, contra Chelsea no existió. Según Ramon Besa: “Tampoco Busquets funcionaba: tímido en ataque, presionó a destiempo y defendió mal en la jugada del gol”. De hecho, está por ver cómo reaccionará el canterano en un partido que puede marcar el despegue o el declive de su carrera. De su acierto en el corte, en la conducción y en la entrega depende en gran medida el transcurso de la final. Sea como fuere, Busquets asegura intensidad en el juego y poderío aéreo; como volante derecho y llevando la batuta del juego estará el doctor Xavi, alguien de quien está todo dicho y escrito. El de Terrassa es el jugador más fiable del equipo. En lo que va de temporada no se ha lesionado ni tampoco se ha escondido en ningún partido. La Eurocopa le transformó. De ser un buen centrocampista pasó a ser un jugador de enciclopedia. Todo lo que ejecuta lo hace con sentido. Controla, gira, alza la mirada, toca y se mueve… Santiago Segurola decía que Zidane era un reloj con botas. Xavi es el Big Ben; a su lado estará el bautizado por Joaquim Maria Puyal como ‘Don Andrés’. El de Fuentealbilla llegará justo para disputar la final. Por tanto, no sería de extrañar que llegara falto de ritmo. No obstante, siempre ha respondido cuando ha vuelto de una lesión. Iniesta es al Barça lo que las burbujas a la Coca-Cola. Es la chispa que estalla en el paladar de los aficionados. Es tan bueno como Xavi pero además tiene desborde y verticalidad. Un lujo y una necesidad para su equipo; en la derecha del ataque aunque permutando de posición actuará el antílope africano Samuel Eto’o. Son muchos los que le critican por su falta de puntería en los últimos partidos, olvidando quien abrió el camino de la victoria en Paris. Eto’o es el mejor delantero de Europa y volverá a demostrarlo en Roma; en el centro del ataque y suspendido entre líneas jugará el ‘pequeño Diego’. El argentino pondrá la imaginación y el desequilibrio que necesita el Barça para hacer daño al Manchester. Messi es capaz de llegar al gol de mil maneras distintas. Se asociará con Xavi e Iniesta para convertir el partido en un rondo constante; finalmente, como vértice izquierdo del equipo culé flotará monsieur Henry. Al igual que Iniesta, el francés llegará justo para disputar la final. Su lesión es de rodilla, lo cual complica su recuperación, pero todo apunta a que estará a punto para saltar al Olímpico de Roma. Titi es básico para el equipo porque aporta amplitud, profundidad, asistencia y sobre todo gol, mucho gol. Esta temporada se ha reivindicado a base de tantos importantes en momentos importantes, justo cuando deben aparecer las estrellas. Tenerle sobre el campo será una forma de intimidar al Manchester desde el inicio.

Y enfrente, acechante y dispuesto a revalidar corona, espera el peligroso United. Campeón de Inglaterra con solvencia por tercer año seguido, el equipo de Ferguson cuenta con la plantilla más completa del mundo. El escocés tiene donde elegir, aunque su once inicial no brilla tanto como el del Barça. El United alineará a Van der Sar en portería. Experimentado, sobrio y dos veces campeón de Europa; como lateral diestro actuará un centrocampista reconvertido. Debido a su altura ─1’91 m.─, O’Shea no se distingue por ser un jugador rápido. Tampoco destaca por ser un gran marcador, por lo que Henry debe probarle en el uno para uno; en el eje de la zaga y sin discusión, Ferguson alineará a Vidic y a Ferdinand. Se dice de ellos que son la mejor pareja de centrales del mundo. Por contundencia en el corte, juego aéreo y velocidad desde luego lo son. Sin embargo, quizá les falte algo de salida de balón. Los delanteros del Barça tendrán que estar especialmente incisivos en la presión para cazar algún balón en zona decisiva o provocar un balonazo a zona propia; como lateral zurdo jugará el mejor del mundo en su puesto. El francés Evra es como el hermano bueno de Abidal: veloz, incansable, de amplio recorrido, buen defensor y buen atacante. Eto’o no debe intentar desbordarle porque será imposible. La opción es buscarle la espalda por velocidad, aunque será difícil; como pareja en el doble pivote actuarán Carrick y Scholes. El primero es un jugador muy completo: trabajador, bueno técnicamente y con buen disparo de media distancia. Scholes es parecido pero más ofensivo y de más recorrido. Los dos ingleses se presumen escasos para contener el caudal de juego que fabricarán entre los tres canteranos del Barça; ayudando en las tareas de destrucción y aportando despliegue físico y llegada actuará Park Ji Sung. El surcoreano es un fijo para Ferguson en las grandes citas debido a la cantidad de facetas del juego que domina y a su disciplina táctica; en banda izquierda cabe la duda de quién jugará, si el veterano Giggs o el joven Anderson. Es muy posible que Ferguson opte por ser conservador y le dé chance al experimentado galés. El brasileño destaca por su gran zancada y llegada al área, mientras que Giggs tiene una zurda sedosa para lanzar centros a la pareja de atacantes; una pareja formada por dos delanteros que no necesitan presentación: Rooney y Cristiano Ronaldo. El primero es el jugador más peligroso y completo del United: rápidísimo, inteligente, luchador, pasador, goleador… Tiene muchas de las virtudes de Eto’o pero es mucho mejor técnicamente que el africano; y finalmente el mediático Cristiano, un jugador situado por todos al nivel o incluso por encima de Messi. El futbolista por el cual suspira Florentino. Un jugador de fama mundial, más millonario y más bello que su pareja de ataque pero mucho peor jugador. Es cierto que tiene muchos registros para llegar al gol y que eso le convierte en peligroso por impredecible. Sin embargo, no se engañen, el principal peligro del United se llama Wayne Rooney.

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jueves, 12 de febrero de 2009

Un debate prácticamente cerrado

Por Albert Valor

El pasado fin de semana mi compañero Cristian, todo un entendido de fútbol y que, a mi juicio, es mucho mejor analista que yo, puesto que siempre lee los partidos a una velocidad pasmosa, proponía aquí un debate que no considero tal. Para mi ese ha sido uno de sus pocos errores, haber puesto demasiadas expectativas en Seydou Keita, tantas que ha pasado por alto a la nueva perla que Guardiola se ha sacado de la manga y que ha pasado por encima del mali y de todas las previsiones.

No porque Sergio haya pasado de Tercera a Primera en un santiamén. Ni siquiera porque tras 6 meses en la elite haya sido convocado con la absoluta -sólo tiene 20 años- cuando su padre no fue ni una sola vez internacional en toda su carrera. Tampoco porque Keita haya costado 15 millones de € y él haya supuesto el mismo gasto que supone llevar a alguien de las categorías inferiores al primer equipo, o sea, una inversión mínima en este mundo.

Los motivos son únicamente futbolísticos. Y se refieren puramente a las cualidades que debe albergar alguien que ocupa una posición tan paradigmática como la de pitbull -o volante, o interior, llámenle como quieran- en el centro del campo. Es decir, un futbolista que, sin reunir las cualidades clásicas de un ‘5’ -al estilo de Makelelé- ni las del arquitecto de un equipo -basta con pensar en cualquiera de los '4' que ha dado la factoría de la Masía-, sepa mezclar satisfactoriamente con ellos y a la vez complementar las cualidades de sus compañeros y saber disfrazar las carencias propias y las ajenas sobre el tapete.

Con la estancia de Edgar Davids en los primeros seis meses de 2004, el barcelonismo redescubrió una posición que hacía años que no se cubría en el equipo, quizá desde la marcha de Víctor Muñoz o de Bakero. El gusto por otro tipo de fútbol hacía que los entrenadores que pasaban por el Camp Nou tuvieran en cuenta a jugadores de otro perfil.

El holandés sólo estuvo 6 meses, y tras su marcha existían muchas dudas de si el equipo lograría suplir su baja con garantías. Pero entonces llegó Deco, que estuvo cuatro años en la plantilla y del que se sacó un rendimiento inmejorable. No sólo era uno de los centrocampistas de más brega que han pasado por el Barça en los últimos años, sino que además, no andaba muy a la zaga de las cualidades de otros jugadores como Xavi e Iniesta, que destacaban más por su fino estilismo que por su quite.

Pero el portugués apuró demasiado sus días en Can Barça, y el último año su situación se hizo insostenible. Es verdad que seguía ofreciendo unas garantías mínimas que muchos quisieran para sí, pero él ya no estaba a gusto y el club no confiaba en él. Su venta era inminente, inevitable. Unos 10 millones forzaron su marcha al Chelsea. En aquel momento se consideró un regalo, una mamarrachada más de la junta directiva, hoy en día –viendo la situación del luso en Londres, por una parte, y la que vive el equipo- se considera poco menos que un favor de Abramovich.

Igual que con la marcha de Davids, la salida de Deco creó una cierta preocupación, más cuando él había ocupado un hueco en el campo durante casi un lustro. Como todo el mundo sabe llegó Keita. Presuntamente, el mali debía aportar brega, quite, darle empaque al equipo. Y luego, como extras, estaban su pegada desde media y larga distancia y su llegada al área desde atrás. El problema del malí es que sólo ha aportado una parte de los extras, porque aunque todos sepamos que goza de un gran disparo a puerta, aún no ha marcado con ningún cañonazo desde fuera del área como los que nos regaló en el Sevilla. Y aún sabiendo que algunos de sus goles llegando desde atrás han significado puntos importantes para el equipo, los goles, entendidos como una necesidad que tiene un equipo para ganar partidos, corresponden a los atacantes, igual que las paradas son para los porteros y el saber aguantarle la marca a un delantero es faena de los zagueros.

Y ahí es donde entra Sergio Busquets. Desde que debutó en liga contra el Racing en la segunda jornada, se ha convertido en pieza importante, sino clave. Ocupa la zona ancha con una autoridad encomiable, con una seguridad impropia de un chico de su edad y de su trayectoria. Cuando el rival encara hacia el mediocampo, ahí está la pierna del chaval para cortar el paso. Eso sería en cuanto a recuperaciones. Cuando el balón está en sus pies pueden pasar tres cosas: o bien busca la opción más fácil de pase y se inicia una jugada, o bien acaba provocando una falta que muchas veces significa una tarjeta para el rival –aunque ya hablaremos más adelante del tema de las amonestaciones-. Y, claro falta la tercera opción: a veces, el rival le birla el balón. Algunas veces, lo corta y provoca él la falta, pero lo que sucede normalmente es que lo recupera en un espacio temporal de cinco segundos como máximo. Lo que es seguro, es que cuando el balón parte de su bota, la jugada nunca acaba con una contra del rival, si acaso con una de su equipo. En todos los partidos que le habré visto jugar esta temporada, que habrán sido más de veinte, no le habré visto perder más de cinco balones que no hayan acabado con una posterior recuperación. Además, está claro que por corpulencia, planta y envergadura -mide 1,90 m-, nada debe envidiar a otros como Touré o el propio Keita. Por supuesto que a día de hoy, el debería ocupar la media junto al marfileño y Xavi en los partidos grandes que se avecinan.

Pero hablemos de las tarjetas. Sergio provoca una media de 2 amarillas por partido, a veces más, e incluso alguna expulsión. Y no nos engañemos, él también suele ver una amarilla en cada partido. ¿Pero acaso no las veía Deco? Sólo hay que echar la vista atrás para comprobarlo.

Y hablando de Deco, ¿recuerdan su clase con el balón en los pies? Es evidente que era suprema, pero no creo que Busquets sea precisamente cojo con el balón en los pies. Se mueve bien entre líneas y tiene un excelente desplazamiento en corto y -sin ser Xavi o Márquez- un aceptable desplazamiento en largo. Además, no hay que olvidar que, pese a tener poco gol, se suma al ataque cuando es debido y suele provocar alguna acción de peligro. Ahora mismo me viene a la memoria el trallazo que Diego López le sacó en el Madrigal cuando el balón ya entraba por la escuadra o cuando Míchel Salgado le hizo un penalti en una acción en que el zaguero madridista parecía en novato y el barcelonista el veterano.

Evidentemente, nadie es perfecto, y a Busquets también se le pueden encontrar carencias. Es evidente que en algunos partidos mete la pierna más de la cuenta y algún día puede acabar expulsado. De igual forma, su aportación ofensiva aún podría aumentar mucho más.

Fue una pena que no debutara con la selección. Pero atentos: la posición que hoy en día ocupa Marcos Senna es la que más preocupa a Vicente del Bosque y su cuerpo técnico , puesto que en la cita mundialista el centrocampista de origen brasileño rondará ya los 34 años y se tienen ciertas dudas sobre su estado físico para entonces. De momento, Sergio Busquets se centra en el Barça y en seguir desarrollando su rol en este equipo que parece no tener verdugo.

Sólo una debacle o una lesión le podrían apartar ahora de la titularidad. Y está claro que Keita aún tiene tiempo para mejorar sus prestaciones y que las lesiones no le han respetado. Del mismo modo, hay que recordar que un equipo no son únicamente los once que saltan al campo, ya que se ha de disponer de hombres que completen la plantilla, y el africano merece ser uno de ellos. Pero por ahora, no hay debate en la zona ancha.

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domingo, 8 de febrero de 2009

Un debate en la zona ancha

Por Cristian Naranjo

Cuando Guardiola volvió al Camp Nou para dirigir al primer equipo del Barça, lo hizo con un libreto aprendido de memoria. Pronto se mostró como un gentleman entregado, metódico, obcecado y valiente. De hecho, no tardó en exponer sus primeras decisiones: Ronaldinho, Deco y, presumiblemente, Eto’o deberían abandonar el barco. Finalmente, el camerunés se comprometió a seguir siendo el hombre para el gol del equipo. Ronaldinho y Deco, en cambio, se vieron obligados a emigrar. Para sustituir al portugués, el elegido fue Keita, un todo terreno malí compuesto por pura fibra. Llegó avalado por una gran temporada en el Sevilla, trufada de goles deslumbrantes desde la media distancia. Se precisaba de Keita tanto su músculo como su aceptable técnica. La idea era rellenar la zona ancha con más poder africano. A día de hoy, son muchos los socios y aficionados que cuestionan su fichaje. Le acusan de no tener toque y de no robar lo que debiera. Hasta el momento, la realidad no les desmiente. Sin embargo, a favor del malí juega una de sus grandes cualidades: la capacidad para llegar desde segunda línea a machacar balones a las mallas. Ha logrado tres goles de ese modo, frente a Getafe, Recreativo y Villarreal. Sus tantos, además, han valido su peso en puntos. No obstante al socio culé, exigente como pocos, no le sirve.

Otro de los factores que han propiciado el nerviosismo barcelonista tiene que ver con un hallazgo: un chaval imberbe de la cantera de tallo largo y piel blanquecina, con la complexión más típica de un delantero que de un centrocampista –de hecho, esa era su antigua demarcación–; un auténtico desconocido para el gran público: Sergio Busquets, el primogénito del ex-portero azulgrana. Ya desde la pretemporada Guardiola contó con sus servicios, conocedor de sus virtudes tras un año entero entrenándole en el equipo filial. El de Badía no tardó en mostrar sus credenciales: mucho trabajo en la medular, calidad técnica para el desplazamiento tanto en corto como en largo, derroche físico y una cualidad de importancia capital, su inteligencia. Sabe cuando toca servir de primeras o de segundas, cuando es el momento de driblar, cuando el de descolgarse… El abanico de virtudes que reúne le acreditan como el gran descubrimiento de esta Liga, además de haberle convertido en internacional. Y lo más importante: Busquets es quien ha ocupado realmente el puesto de Deco en este Barça. El debate está servido: Keita o Busquets. Por delante, media temporada para dirimirlo. El Camp Nou ya ha hablado: el joven de Hospitalet se impone por un largo trecho.

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miércoles, 9 de julio de 2008

4-3-3: vida, muerte y… ¿resurrección?

Por Cristian Naranjo


Mucho se podría discutir sobre la importancia de un esquema de juego en la consecución de éxitos futbolísticos. Lo que parece innegable es que el sistema de un equipo viene a ser su seña de identidad, su propuesta, su idea de entender el juego… su ADN. Aún resuenan los ecos del triunfo de la selección, conseguido merced a un centro del campo versátil y abundante en cantidad y calidad. En clave azulgrana, el súper ofensivo 3-4-3 de Cruyff dio paso al 4-3-3 de Van Gaal tras pasar por la fugaz etapa de Robson –intachable, por cierto–. De la mano de Rivaldo y Figo, Van Gaal ganó dos Ligas de forma impecable, pero la fragilidad defensiva le condenó en Europa. Tras cuatro temporadas en blanco, Rijkaard recogió el testigo holandés en el banquillo y reinstauró el 4-3-3. Con él ganó dos Ligas y una Champions y lo mantuvo inalterable los dos últimos años salvo con alguna excepción –Copa del Rey 2006-07: Zaragoza-Barça, cuando superó el cruce de cuartos sorprendiendo con un 3-4-3–.

Hoy por hoy, nadie puede obviar la sensación de que todos los equipos que se enfrentan al Barça saben con qué se van a encontrar: gran porcentaje de posesión de balón y constantes ataques posicionales a partir del tridente ofensivo. Es un sistema que dejó de funcionar tan pronto como se fundieron sus estrellas. Cuando Ronaldinho exhibía sus dotes de caballo árabe y Eto’o era lo más parecido a un puñal afilado y bruñido, ese Barça sí tenía sentido. Tal era la grandeza de sus delanteros, que Messi, el pequeño Diego, pudo desarrollarse con calma a la inmensa sombra que proyectaban.

Aquel maravilloso 4-3-3 dispuesto por Rijkaard, que parecía destinado a completar una era dorada, falleció en París dejando únicamente a Messi en el testamento. Ronaldinho era tres años mayor que a su llegada y su nula autoexigencia comenzó a pasarle factura sin que nadie del club dijera ni pío. Eto’o, inconformista y combativo por naturaleza, sufrió el lastre de las lesiones y perdió un punto de fiabilidad. Deco, hasta entonces un mariscal en la zona ancha, se contagió por contacto de ambos males y firmó dos temporadas para olvidar. Por su parte, Laporta y Txiki tuvieron dos veranos para detectar el virus y aplicarle antídoto. No lo hicieron. Su respuesta consistió en fichar campeones del mundo: Thuram, Zambrotta, Henry... Sorprendentemente ninguno aportó nada. El equipo inició un proceso autodestructivo para finalmente morir matando: Rijkaard despedido, Deco regalado, Eto’o sentenciado y Ronaldinho cogiendo quilos a su antojo.

Señalados los culpables comenzó el cambio de pósters en el vestuario. Guardiola por Rijkaard, Keyta por Deco, Alves por Zambrotta; parece que Adebayor por Eto’o y Hleb por Ronaldinho. Un cambio de aires a ventanal abierto, como si todo fuera a recuperar su orden primigenio a partir de un simple trueque de alfiles. Algo más tiene que cambiar en el club además de los nombres. Aficionados y periodistas se preguntan el porqué del derrumbe físico de jugadores como Zambrotta o Abidal, auténticos atletas a su llegada e irreconocibles meses después. Es vox populi que en los grandes de España se entrena poco y mal. Aves de paso como Giuly o Cassano lo corroboran desde Italia.

Mejorar la preparación física no va a ser el único reto de Guardiola. Tiene que idear nuevos mecanismos que doten al Barça de la pegada perdida. Por ahora todo apunta a su intención por mantener el 4-3-3, con un mediocampo fortalecido por la presencia africana, dos extremos dinámicos –Messi y Hleb– y un delantero de amplio repertorio capaz de servir y definir con la misma solvencia –Adebayor–. El once tipo que se empieza a definir arroja dudas de todas las líneas. Alves se ha convertido en Sevilla en un lateral portentoso: incansable, rápido, seguro defensivamente, generoso en esfuerzos, de gran calidad, recorrido y profundidad en ataque. Un corazón auxiliar bombeando en la banda, vamos. ¿Será capaz de mantener ese nivel en Barcelona? ¿Recuperará Abidal el tono físico hasta alcanzar un rendimiento decente? ¿O le ganará Sylvinho el puesto una vez más? ¿Confía Guardiola en Touré como muro de contención o piensa más en Márquez para ese puesto? ¿Qué papel va a tener Iniesta en un equipo superpoblado de extranjería? ¿Es Adebayor el delantero idóneo para la causa? ¿Le encontrará Guardiola utilidad a Henry? Son preguntas que surgen por sí mismas a tenor de lo sucedido en el último bienio. Las respuestas, a partir de agosto en la previa de la Champions.

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