martes, 14 de julio de 2009

Delanteros de los de siempre

Por Albert Valor

Ruud Van Nistelrooy ya es un gato viejo. Uno de esos delanteros que ha sido dado por muerto ya unas cuantas veces, las mismas que ha salido a flote. Su primer ‘entierro’ llegó relativamente pronto en su carrera, cuando una grave lesión de rodilla –año 2000- frenó en seco su fichaje por el Manchester United. Jugaba entonces en el PSV Eindhoven, y su trayectoria nos recordaba la facilidad que la factoría del Phillips Stadium tiene para dar ‘killers’ al fútbol europeo. Los más conocidos son Romario o Ronaldo, pero otros como el belga Luc Nilis –al que una grave lesión le apartó de la elite- también se dieron a conocer en el cuadro rojiblanco.

Lo dicho. La lesión podía dar al traste con el futuro de Ruud. Pero nada más lejos de la realidad. Tras unos meses en el dique seco, la vuelta a los terrenos de juego unas semanas antes de que finalizase el curso, sirvieron para comprobar que, como poco, Van Nistelrooy seguía teniendo las mismas cualidades. Así, en verano de 2001, se oficializó su fichaje por los ‘red devils’. Y allí fue donde se consagró.

En los vídeos que llegaban a España, Ruud empezó a mostrarnos su perfil. Era ese típico delantero agrio –no por su estilo sino por su rudeza, por la fatalidad para el rival que tenían sus remates-. Balón que tocaba, balón con marchamo de gol. Y claro, ahí fue donde asociamos su figura con la del típico asesino de área. Esos a los que no se ve en todo el partido pero que la tocan y la mandan para adentro. La imagen de otros como Torpedo Müller, Gary Lineker, Alan Shearer, Hernán Crespo o Gabriel Batistuta se nos venía a la cabeza.

En Old Trafford se hizo un nombre e incluso consiguió batir algún récord –además de superar a otros cañoneros como Thierry Henry en la tabla de goleadores, en su primer año logró ser el debutante en conseguir un mayor número de goles, cifra que Fernando Torres superó en su bautismo en las Islas-. Siempre anotaba, siempre perforaba las redes allá donde fuera. Su especialidad, además, era marcarlos a pares. Pero, como muchos otros, fue a toparse con Sir Alex Ferguson. La 2005-06 fue su última temporada en el United. Al verlo relegado al banquillo durante el último tercio del curso, pensamos que Van Nistelrooy ya se había acabado. Almenos así nos lo hizo creer el escocés. Ese verano salió de la Premier por la puerta de atrás. La irrisoria cifra de 15 millones de € tuvo la culpa.

Su destino, el Real Madrid de Ramón Calderón y Pedja Mijatovic, que se disponían a reconstruir la nave madridista tras el hundimiento del primer Florentinato. Van Gol vino, claro está, a petición de Fabio Capello, que en su instinto básico de ir siempre a contracorriente, apostó por un delantero por el que nadie daba ya un duro. Su treintena de años y sus últimos meses chupando banquillo así lo atestiguaban.

Pero no hay ciencia más incierta ni que vaya más en contra de la lógica que el fútbol. Aunque también habría que preguntarse cuanto componente de lógica había en dar a Van Nistelrooy por acabado. Así pues, el balón empezó a rodar. El Real Madrid andaba al tran-tran, y su delantero centro no se salía, pero cumplía. Se daba más importancia entonces al resurgir de Raúl, que tras su ostracismo en la etapa final de los galácticos volvía a golear.

Pero si en la primera vuelta el ‘killer’ holandés no enamoró, en la segunda encandiló a propios y ajenos. Su primer recital lo dio en aquel archiconocido Barça-Madrid que acabó 3-3. Todo el mundo habla del hat-trick de Leo Messi, pero pocos se acuerdan de que, en diez minutos, Van The Man anotó dos goles y propició la expulsión de Oleguer. Los blancos salieron del Camp Nou a cinco puntos del líder. Poco a poco, el Madrid empezó su resurgir con remontadas memorables que le acabaron aupando como campeón de aquella liga. Si Van Nistelrooy acabó la primera vuelta con no más de 10 goles en su casillero, acabó el torneo con 25, ocho de ellos conseguidos en las últimas cinco jornadas. Colosal. Fue pichichi.

Pues no, no estaba acabado. Pero es que además, durante ese año y el siguiente, nos demostró que el gol no era su única virtud. Caía a bandas con mucha frecuencia –y con mucho rendimiento-, iniciaba contragolpes que daban fe de su velocidad y potencia, centraba más que aceptablemente y poseía un gran nivel de toque y remate con ambas piernas. Y, evidentemente, lo que ya conocíamos de él, su potencial en el juego aéreo. No es que Van Nistelrooy no hubiera mostrado en otras ligas su potencial. El problema es otro. Si, como en la actualidad, Teledeporte ya hubiera retransmitido la Premier al gran público –no sólo a los privilegiados que ya contaban con Canal + Fútbol-, quizá muchos hubieran descubierto que las cualidades del holandés no desaparecían con el balón en las mallas.

Durante ese par de temporadas, él, Raúl, Higuaín y Casillas, sostuvieron al Real Madrid. Se podría catalogar de atrevida esta afirmación dado que los merengues fueron campeones de liga en ambos cursos, pero en realidad fue así.

Este último año, Van Nistelrooy también lo empezó goleando. Pero una desgraciada lesión le apartó de los estadios antes de Navidad. Su baja y la de Mahmadou Diarra dejaron cojo al Madrid en dos zonas muy sensibles, la medular y el área rival. Suerte tuvieron los blancos de tapar sus ausencias con dos hombres de ciertas garantías como son Lass y Huntelaar. La temporada acabó con mucha más pena que otra cosa. Y ahora ha llegado Florentino para sembrar de ilusión los albores de la temporada en Concha Espina.

CR9, Kaká o Benzema son los nuevos galácticos. Van Nistelrooy está de momento en la lista de transferibles. De todos modos, ya ha declarado que no se rendirá. No es para menos. En el último lustro, pocos habrá con mayor media de goles por remate realizado. Huntelaar, otro cazagoles, también está en la puerta de salida. Lo de los galácticos está muy bien, pero bien haría Florentino en tener en cuenta a los delanteros tulipanes. Van Gol y El cazador son delanteros de los que te aseguran goles. Delanteros de los de siempre.

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sábado, 11 de julio de 2009

El legado de Eto'o vale un imperio

Por Cristian Naranjo

El romance de amor-odio entre el Barcelona y Samuel Eto'o está cerca de consumirse. Tras dos veranos intentando romper, la convivencia de la pareja es insostenible. El club tenía la voluntad de traspasarlo hace un año. Así lo expresó Guardiola. Finalmente, el camerunés decidió quedarse y se reivindicó con la mejor temporada de su vida: 36 goles en 50 partidos. Le faltó un ápice para alcanzar el Pichichi y marcó el gol decisivo en la final de la Liga de Campeones. Tras cinco cursos de azulgrana, pocos pueden negar la categoría de Eto'o a juzgar por sus estadísticas: tres Ligas, dos Champions y 130 goles. Se trata del mejor artillero de la era moderna del Barcelona, además del extranjero más productivo en la historia del club después de Kubala. Ni Cruyff, ni Rivaldo, ni Ronaldinho, otros tres foráneos de larga trayectoria en el equipo azulgrana, fueron tan rentables como él. Ni tan determinantes. Nadie podrá robarle al africano el orgullo de haber sido decisivo en dos finales de la Liga de Campeones.

Al hablar de Eto'o hay que hacerlo en términos absolutos. Su rendimiento no es cuestionable. Llegó al Barcelona en 2004 procedente del Mallorca como una debilidad personal del presidente. El traspaso se cerró en 25 millones y fueron muchos los que lo criticaron. También hubo quien no dudó sobre su valía y ganó alguna apuesta por ello. Tras un lustro marcando goles a dentelladas y a sus 28 años ya no tiene sitio en el último tercio del Camp Nou. Si bien el Barcelona es un equipo especializado en hacer salir a sus estrellas por la puerta de emergencia, ningún futbolista merecería un mejor trato que Eto'o, que se ha rasgado su piel de pantera en cada partido. No será así. El camerunés tendrá que salir huyendo, como los ladrones de tres al cuarto. Será tan lamentable como la propia operación, que supondrá perder a un delantero franquicia por un máximo de 20 millones. Su sustituto, ya sea Villa o Forlán, no costará menos de 36. Un negocio ruinoso, que denota una patología extraña.

Ante la repudia de todos los estandartes del club, incluido Guardiola, Eto'o se ha visto forzado a dejarse llevar por la corriente. Las mentiras de toda índole que se han vertido sobre su persona le han hecho estallar de ira. Laporta, Beguiristain y Guardiola han faltado a la verdad y le han engañado a él personalmente. Así las cosas, su destino está en Manchester o en Milán. El africano, que mantiene intacto su instinto de chacal, se merece ser recibido en un grande con los mismos honores que se le niegan aquí. Sería entristecedor que acabara en el City, sin posibilidades de despedazar defensas en Europa. Son un bien escaso los delanteros de pura raza como Eto'o. Veloz como un gamo, generoso en el esfuerzo y adiestrado para el gol. Esas son sus virtudes. Su abanico de recursos no es por tanto demasiado amplio. Aún así es mejor que cualquiera, se llame Ibrahimović, Villa, Forlán o Benzema. Eto'o tiene un valor añadido que le distingue por encima del resto: siempre acude al rescate de su equipo. Jamás se esconde, acreditando pertenecer a la familia de animales salvajes, indomables por definición. Tiene la etiqueta de conflictivo, pero curiosamente no ha descuidado un entreno ni se ha ahogado en combinados. Tampoco se conoce ningún altercado con miembros de la plantilla ni del cuerpo técnico. Al contrario, todos han cantado las excelencias de su profesionalidad. En esas condiciones, su marcha nunca será comprensible. El mejor delantero del último quinquenio no puede sobrar jamás. Pero ahora ya nada evitará su marcha. Dado que el Barça lo ningunea con cartas marcadas, él decide abandonar la timba. Su camino debe apuntar hacia el United o el Milan, clubes a la altura de su grandeza. Vaya donde vaya, Eto'o lleva consigo un zurrón repleto de goles. Sería emocionante contemplar los partidos del Manchester, con los díscolos Rooney y Eto'o en vanguardia. En el caso del Milan, supondría una ironía del destino acabar allí, junto a Ronaldinho, con el que supuestamente no existe conexión alguna. Supuestamente. Lo que trasciende no siempre se ajusta a la realidad. Que nadie dude de que el felino y el Gaúcho podrían convivir de nuevo sin problema alguno. No será difícil que el camerunés marque a pase del brasileño, como en los viejos tiempos, cuando juntos fueron los mejores. Pase lo que pase, Eto'o se ha ganado a pulso veinte metros de la hierba del Camp Nou. Ya nadie los recorrerá como él, y será entonces cuando Guardiola llore su error. Para cuando eso ocurra, Eto'o ya estará a miles de kilómetros de aquí, dejándose el alma por otros colores. En el fútbol, como en la vida, suele ser tarde cuando se acude a restañar un error. De nada sirve lamentarse por lo que pudo ser y no fue. Eto'o, que es un loco maravilloso, encontrará un equipo que entienda su genialidad. Entonces, entonará los versos del maestro Sabina: “este pez ya no muere por tu boca / este loco se va con otra loca / estos ojos no lloran más por ti”. Así será porque el Dios de Eto'o sabe, como sus incondicionales, que se lo merece todo.

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jueves, 9 de julio de 2009

El viejo Ronaldo; el Ronaldo de siempre

Por Cristian Naranjo

Aún resuenan los ecos de la fastuosa presentación de Cristiano Ronaldo. El acto, opulento hasta el ridículo, significó el aterrizaje en la Liga del nuevo primer espada de los galácticos. Uno de los símbolos más interesantes que se dio a conocer fue la elástica. En España, como en la Premier, Cristiano será simplemente Ronaldo. El detalle sería poco menos que anecdótico de no ser por el dorsal escogido finalmente por el portugués. El 9, asociado a la inscripción 'Ronaldo', pertenecía hasta el lunes en exclusiva a un futbolista de otra generación. Brasileño, delantero centro y dotado con el gen del gol. Ganó todos los premios individuales y colectivos ─incluido el Mundial─ a excepción de la Liga de Campeones. Su explosión como futbolista se produjo en el Barça, donde posiblemente firmó la mejor temporada de un jugador en la historia del club. Por entonces tenía más gol que nadie, más velocidad que nadie y más calidad que nadie. Él sólo llevaba la cadena de montaje hacia la portería. Daba igual donde agarrara la bola: el centro del campo no se le presentaba como un abismo. No en vano era potente como un bisonte y avispado como un gato. Efectivamente, se trataba de un espécimen único. Valdano le definió acertadamente como una manada. Su físico era el de un velocista: músculo y fibra a partes iguales. Tenía pinceladas del buen Ronaldinho, pero con menos fantasía y más contundencia. Dejó goles de filmoteca. Nadie olvidará su cabalgada en solitario hacia el marco del Compostela, pero no fue su mejor gol. Contra el Valencia y la Real Sociedad en el Camp Nou se confirmó como un prodigio racial. Era tan brutal, que nadie dudaba que se convertiría en el quinto grande: Di Stéfano, Pelé, Cruyff, Maradona y Ronaldo. Esa debía ser la relación. Tras agujerear defensas a puñados sólo con su potencia y su sentido del gol, el poder del dinero le llevó al Inter de Milán. A partir de ahí, nada sería igual. Ya convertido en multinacional, los defensas italianos masacraron su juego y una repetida lesión de rodilla lastró su carrera para siempre. Con todo, ganó una UEFA con un gol inolvidable en la final. No regateó al portero; lo quitó directamente. La acción fue estética y mortífera como el beso de una cobra.

Cuando llegó a Madrid ya no era el mismo. Su constitución física había cambiado, hasta el punto que pasó de tener un cuerpo atlético a ganarse con el tiempo el apelativo de gordito. Había perdido por tanto potencia y velocidad, pero le quedaba lo principal: cientos de balas en la cartuchera. Marcó infinidad de goles con suma facilidad y firmó una noche memorable de Champions en Old Trafford, de donde salió ovacionado. Fue ganando kilos y perdiendo capacidad de intimidación, hasta que fue traspasado al Milan en 2007. Tras una temporada decepcionante en San Siro, todos le daban por retirado. De hecho, se había lesionado gravemente y ya no era hábil para el fútbol al más alto nivel. Sólo le restaba una opción; volver al origen: Brasil. Fichó por el Corinthians alimentando su fama de traidor, pero todo fuera por recuperarse física y anímicamente. Unos meses después, Ronaldo parece otro. Continúa con los abdominales tapados, pero ha recuperado velocidad y alegría. Marca goles de bandera e incluso gana títulos siendo determinante. Anoche firmó un hat-trick como los de antes, con exhibición de velocidad, habilidad en el área y potencia de disparo incluidas. Después de todo, sigue siendo una bestia.

Contra el recuerdo de esa maravilla del fútbol tendrá que batallar Cristiano. Tiene a su favor la edad y las condiciones físicas. Técnicamente, tiene que aprender mucho del Ronaldo de siempre, cuyas acciones destacan por ser nocivas para los rivales. Cada bicicleta y cada recorte deben tener un sentido. Sin ser un goleador, Cristiano conseguirá tantos a granel, pero debe detectar que hace más daño solapado en la banda que en el centro. De momento ya ha manifestado que se siente más cómodo sobre la línea de cal, lo cual representa una declaración de intenciones. Todo dependerá de Pellegrini, un hombre reflexivo que a buen seguro sabrá exprimir las virtudes del portugués. La comparación del viejo Ronaldo con el nuevo está servida desde que Cristiano decidió ser CR9. Los dos han triunfado de jóvenes y han contado con un físico privilegiado además de haber ganado el Balón de Oro. Ambos tienen la potencia y la velocidad como sus mejores virtudes. Si Cristiano tiene gol, Ronaldo tiene más. En técnica pura, quizá gana el portugués, que lo tiene todo para marcar una época. De hecho su objetivo es ser el mejor jugador de siempre, por delante de los cuatro grandes. Es una aspiración casi imposible, pero que demuestra ambición. Le queda mucho por enseñar. Su primer referente no debe ser otro que el viejo Ronaldo, el Ronaldo de siempre.
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Nubes y claros del presidente

Por Cristian Naranjo

En un ambiente de ruido y nerviosismo como el que se ha instalado en el entorno barcelonista, las apariciones de Laporta no ayudan en nada. Más bien avivan el fuego de la impaciencia. Referirse permanentemente al eterno rival denota un complejo de inferioridad acuciante. Es cierto que los fichajes de Florentino han elevado el precio de mercado, pero no es necesario remarcarlo a la que se cruza una alcachofa. Laporta lo ha hecho, criticando así la política madridista con múltiples discursos que siempre transmiten lo mismo: enojo y cierta envidia por las operaciones del Madrid. Y es que el presidente del Barça siempre se ha caracterizado por su capacidad de hacer subir el pan. Su egocentrismo, soberbia e inestabilidad emocional le juegan a menudo malas pasadas. Para remediarlo intenta medirse o aplicarse la ley del silencio, pero el Laporta original siempre vuelve para dinamitar el statu quo. Nadie olvida el lastimoso episodio del aeropuerto ni la comparecencia airada ante los socios compromisarios, sucesos que constatan su facilidad para perder los estribos, así como su carácter cambiante. Las últimas informaciones apuntan a un divorcio total entre Laporta y Pep Guardiola debido a las diferencias de concepción del modelo de club. Los fichajes no cristalizan y las bajas no se producen, comenzando por Eto'o. El camerunés no se decide a aceptar las ofertas que llegan desde Manchester y la situación se enquista por momentos. La confesión de Laporta, en la que reconoce que el delantero no se pone al teléfono, es propia de los programas radiofónicos nocturnos, donde se relatan las miserias. Sintomáticamente, los momentos más brillantes del primer equipo suelen coincidir con el mutis del presidente. Ya ocurría con Núñez y Gaspart, y quién sabe si será un mal endémico. No hay mejor muestra que la última temporada, donde el Barcelona funcionó como un reloj suizo de la mano de Guardiola y con Laporta escondido.

No sólo al presidente le pierden los micrófonos. Hablar del Barcelona supone hablar de Cruyff, cuyo retiro para jugar a golf y promocionar su marca deportiva no es tal. El holandés siempre ha jugado un papel importante en el club, cobijado en la sombra y apareciendo en un momento dado ─nunca mejor dicho─. Su estrecho vínculo con Laporta ha propiciado que oficiosamente sea el asesor del presidente, algo así como Zidane para Florentino. Parece ser que Cruyff bendijo a Rijkaard y Guardiola. De hecho, desde su artículo semanal en El Periódico marca las directrices a seguir por el club. Su última intervención no tuvo desperdicio. Aseguró taxativamente que lo mejor es traspasar a Eto'o, que los fichajes del Madrid servirán para incentivar al Barça y que el dispendio económico de Florentino es posible gracias a la candidatura olímpica de Madrid 2016. Una reflexión de lo más interesante y clarificadora. Entre cientos de tópicos balbuceados, Cruyff a veces se descuelga con declaraciones propias de su grandeza. De todos modos, el intervencionismo del holandés en segundo plano es otro de los aspectos imputables a Laporta.

Lo cierto es que el presidente del Barça anda inquieto por más que predique tranquilidad. La entrada en escena de Florentino le ha llevado a despedazar su hoja de ruta. Aunque diga lo contrario, la idea era completar su mandato con incorporaciones de renombre que complementaran el efecto del triplete. Era la manera de garantizar en un gran porcentaje la consecución de más títulos y por ende allanar el camino de la candidatura continuista, encabezada por Xavier Sala i Martín. Laporta quedará para la historia como el presidente más laureado del club. Seis temporadas y un título importante por cada una de ellas: dos Ligas de Campeones, tres Ligas y una Copa del Rey. Envidiable. Con él en la presidencia llegaron el hechizo de Ronaldinho y la raza de Eto'o. Se consolidó el modelo de La Masia hasta el punto de levantar el Santo Grial europeo con siete canteranos en el campo. Admirable. Se acertó siempre a la hora de escoger entrenador. Con Rijkaard y Guardiola llovieron los títulos. Finalmente, se potenció de forma mayúscula la marca Barça a nivel mundial, hasta el punto de convertir al barcelonismo a millones de personas. Muchos pondrán en duda la responsabilidad de Laporta en los éxitos. Los mismos le criticarán aceradamente por sus errores. Evidentemente, ha fallado en algunas cuestiones de peso. A parte de sus esporádicas salidas de tono, se le achacó falta de ética por no dimitir tras la moción de censura. Seguramente no acertó manteniendo a Rijkaard tras una temporada de barbecho. En otro orden de cosas, se ha acusado a Laporta de politizar el fútbol. Fuera de Catalunya no cuaja la idea de vincular al Barça con el catalanismo, cuando viene siendo así desde el franquismo. Por último, Beguiristain genera muchas dudas como secretario técnico, aunque los títulos también le avalan a él. Este verano aún tiene calcetines por zurcir y habrá que esperar a que enhebre la aguja. En cualquier caso, el verano de 2010 ya no queda tan lejos. Ahí finaliza la era Laporta. Será el momento de pasar cuentas.

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Dos puzzles y una sola pieza

Por Albert Valor

El Barça y el Real Madrid siempre estarán condenados a encontrarse. Y en épocas de compras, la cosa no suele variar. Hace años la rifa por Christian Karembeu fue maratoniana, casi pegajosa, y hace no tanto fue David Beckham el deseado. El Madrid siempre salió ganando en estas pujas; parece ser que la música de Chamartín siempre despierta un indudable pálpito. Este año los capítulos se han ido sucediendo entre el campeón del triplete y el denominado mejor club del siglo XX. La primera subasta fue por Ribéry. Tras dejarse querer por el Barça tras los cuartos de la Champions League y proclamar a los cuatro vientos lo feliz que le haría jugar en el Camp Nou, Scarface cambió el discurso como lo haría mi primo de siete años y vino luego con el cuento de que iría al Madrid o a ninguna parte. Tras desdecirse ya no sabemos de qué exactamente, parece que al final se quedará en la tétrica y fría Bundesliga a las órdenes del positifo Louis Van Gaal y que no recalará en la Liga BBVA, almenos el curso venidero.

El segundo fascículo de la Gran Enciclopedia del Verano lo protagonizó David Villa. Tras mostrar una imparcialidad total e increíble en estos días, demostrando no sólo profesionalidad sino también educación, el Guaje pasó angustiado la concentración de la selección española durante la Copa Confederaciones mientras Marca y As proclamaban a los cuatro vientos sus deseos de vestir la casaca blanca. Sport y Mundo Deportivo, claro, hacían lo propio en sentido opuesto. El Real Madrid, y más especialmente Florentino, sabe que no es de recibo esperar a un jugador hasta última hora –ya le ocurrió con Robinho o con Ronaldo-, y el mecenas blanco, que dice haber aprendido de los errores pasados, decidió lanzar las redes hacia el cabizbajo pero talentoso Karim Benzema. Tras la retirada madridista de la puja por el asturiano, ahora el Barça se ve con el camino despejado –si algo ha dicho ya Villa es que no quiere moverse de España- y casi obligado a adquirir una cromo que, pensándolo bien, no es el que le falta en su colección.

Teniendo en cuenta la edad de Henry –y obviando la aptitud de Hleb, otro tema que también podría salir a debate- y la precipitada baja de Sylvinho, en el Camp Nou, lo que realmente urge es un lateral izquierdo y un hombre de banda, también para la sinistra. Y es aquí donde debería empezar el tercer tomo de las subastas veraniegas. Desde PLF ya se habla hace días de un hombre cuya calidad es tan grande como la sorpresa que causa su ausencia en las portadas: Santi Cazorla.

Por un lado, tenemos a un Real Madrid que, teniendo a Manuel Pellegrini como entrenador, tenía que interesarse por el jugador en cuestión de días; quizá los suficientes como para que el boom suscitado en la capital por las llegadas de Kaka' y Cristiano hubiera pasado de largo. En el otro vértice está el Barça, que no hace más que irse por los cerros de Úbeda. Sin atender a las necesidades que le pide la naturaleza de su propio sistema de juego, se interesa en centrales de clase media –como si en la plantilla no hubiera zagueros de garantías- y en delanteros centro -no vamos a decir que discretos- cuando tiene en sus filas no ya al mejor delantero del mundo, sino al jugador extranjero más productivo de su centenaria historia.

Qué quieren que les diga, si un delantero marca goles en cada una de las finales de Copa de Europa a las que llega el equipo y tiene una media de 25 goles ligueros desde su llegada, ya puede ser díscolo, maleducado o juerguista. Lo que hace ganar partidos son los goles. Y si algo ha demostrado Samuel Eto’o es que no anda escaso de ello, sobre todo en las citas marcadas en rojo.

El único tanteo aceptable que se ha realizado hasta el momento, por mucho que sea una plaza sobradamente cubierta, es el de Javier Mascherano. Su llegada podría retrasar ocasionalmente a Touré al centro de la defensa si las condiciones –o las bajas- lo exigieran o hacerle jugar como interior. Con esa segunda variante, el centro del campo lo completaría Xavi, e Iniesta podría ocupar el flanco izquierdo del ataque.

Pero si lo que se buscan son especialistas para las posiciones requeridas, ya se ha perdido demasiado tiempo. Con las infructuosas negociaciones que se han llevado a cabo ya por Ribéry, Villa o Ibrahimović, ¿no hubiera sido más fácil ir a por Cazorla desde el principio? ¿Es que acaso no encaja en el perfil del equipo tanto o más que Robinho, Mata, Malouda o el propio Ribéry? ¿No ha demostrado ya su capacidad de asociación con Xavi e Iniesta en la selección? Siendo un especialista de banda con desborde y técnica, ¿no ha dejado patente el acierto de cara a gol que se le supone a un jugador en ese puesto? Lamentablemente, ni siquiera a estas horas se ha mostrado el más mínimo interés por él, pero si éste llegara ahora, otra vez estaría el Real de por medio.

Un Real que ya ha hecho lo más difícil. Basta ya de demagogia de mercadillo con los fichajes galácticos que se han hecho en la casa blanca y con las inversiones realizadas. Es evidente que han sido muy elevadas y que causan sonrojo en el contexto económico actual, pero los jugadores que vienen a cambio son muy buenos. En Chamartín se están haciendo las cosas bien –almenos a priori-. El único problema para los blancos es que es ahora cuando después de más de 200 millones invertidos se pueden ver –siempre a priori, recuerden- al nivel que marca el tricampeón. Quizá el problema lo tenga el Barça consigo mismo. Sólo con la cuarta parte de lo que ha invertido Florentino Pérez, ya se podrían haber rellenado los dos huecos realmente vacantes. El tiempo restante sería ahora para encontrar una guinda.

Pero no. Ahora las prisas serán cada vez más sofocantes. Y si por fin se muestra interés en alguien que venga a mejorar lo que ya hay, ya saben lo que pasará. Tendremos el tercer tomo del verano. Y no se preocupen, quizá esa siguiente entrega la protagonice Cazorla o quizá no, pero por si acaso hay otro nombre que también puede empezar a estar entre dos aguas más pronto de lo que esperábamos. Apunten: Cesc Fábregas. Al tiempo.

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martes, 7 de julio de 2009

Ronaldo 2.0

Por Cristian Naranjo

Llegó el día de la bestia. Esta noche ha sido presentado Cristiano, la versión evolucionada del primer Ronaldo: más alto, más bello y sobre todo más artificioso. Con 85.000 aficionados reventando las gradas, la ceremonia de recibimiento al portugués ha sido propia de una estrella del rock. Ningún jugador en el mundo había sido tan costoso ni había generado tanta expectación a su alrededor. Aparecer teñido de blanco nuclear, con el 9 a la espalda y con la inscripción 'Ronaldo' ha sido toda una declaración de intenciones: no le pesan ni el estadio, ni la camiseta, ni el dorsal. Tanto es así que se ha atrevido incluso a eliminar cualquier rastro de su primer nombre. Ronaldo a secas, con todo lo que conlleva. Más allá de las estudiadas estrategias comerciales, al portugués no le falta osadía. Esa combinación de nombre y dorsal tenía un único dueño conocido y una marca registrada: R9. Son palabras mayores las referidas al Ronaldo original, pues suponen hablar de cianuro para porteros. En su momento también fue el jugador más caro de la historia y el más mediático. Los tiempos cambian y los referentes también. El brasileño no se ajusta a los cánones actuales, mientras que Cristiano marca la pauta de toda una generación: pedruscos por pendientes y el culto al cuerpo llevado al extremo. Cualquier aspirante a metrosexual debe mirarse en el espejo de Cristiano, cuya figura parece haber sido tallada en la ebanistería. Ni siquiera Beckham, cada vez más alejado del fútbol de élite y más próximo a las pasarelas, parece ya hacerle sombra.

La brillantina de su presentación le ha venido como anillo al dedo al portugués, acostumbrado a los excesos: gastar mucho dinero, conducir deportivos de muchos caballos y hacer muchas abdominales. Miles de ellas. Cristiano no ha nacido para ser discreto como Messi sino para hacerlo todo a lo grande. Así, desproporcionados, han sido su traspaso y su presentación. Tanto como lo es su fútbol, repleto de arabescos y de herramientas para llegar al gol. Cristiano Ronaldo posee una navaja suiza de la que aún no conoce todas sus posibilidades. Su ramillete de aptitudes es por todos conocido: potencia, velocidad, disparo, remate aéreo, desborde y ante todo un gran sentido del gol. Un purasangre a dos patas. Tiene todas las condiciones para llegar a ser un grandioso futbolista, pero cojea en la azotea. Peca de individualista, de altivo, de no saber descifrar el juego colectivo y de tener mal perder. El Madrid ha apostado fuerte por él con el convencimiento de limar sus aristas. De conseguirlo, estaríamos ante un monstruo de enormes dimensiones. Los primeros partidos servirán para adivinar qué intenciones tiene Pellegrini con respecto a él. El fútbol de Cristiano tiene multitud de variantes posibles, pero todas pasan por el predominio de su figura en el juego. La contrapartida de reunir a la Liga de los hombres extraordinarios es que todos están acostumbrados a hacer acopio de protagonismo. Kaka', Cristiano, Benzema y quien sabe si Ribéry. Todos antropocéntricos y ninguno de perfil silencioso. La mejor mano del tapete no siempre asegura la jugada. Obviando el montante invertido, Florentino está tropezando dos veces en el mismo escollo. Los mejores jugadores no garantizan la galvanización del mejor once. Es lógica la euforia desencadenada en la capital, pero en el madridismo sigue latente la idea de cuál es el modelo anhelado. Incluir un motor de gran cilindrada como Cristiano en un equipo asegura una explosión de revoluciones. Por eso ha costado 94 millones. La brisa marina que suponen Xavi e Iniesta, por contra, no tiene precio.

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domingo, 5 de julio de 2009

Andréi Arshavin o la Revolución Bolchevique

Por Cristian Naranjo

La banda izquierda del Barcelona sigue buscando inquilino desesperadamente. Ribéry, Robinho, Malouda, Ashley Young, Van Persie, Silva y Mata. Sobre la posible incorporación de todos ellos se ha especulado en las últimas semanas. Con la primera opción descartada debido a las intenciones de Scarface, el baile de nombres se ha intensificado. Mucho se escribió sobre la posible cesión de Robinho, aunque el City la desestimó. La renovación de Malouda por el Chelsea le alejó definitivamente del Camp Nou. Ashley Young se contempla como una opción de futuro. Su fichaje no respondería al perfil de jugador contrastado que busca Beguiristain. Con Van Persie, el escollo es su relación calidad-precio. No ofrece totales garantías y su incorporación supondría un navajazo en el capital disponible. En cuanto a Silva no se tienen dudas sobre su categoría, aunque su perfil no se corresponde con el de un señor de la cal. A veces ocurre que un jugador fantástico no tiene cabida en un dibujo determinado. Es el caso del canario, ideal para un 4-4-2 pero inconcreto para el 4-3-3, donde desdibujaría el esquema mental de Guardiola. Finalmente, la alternativa que ha tomado más cuerpo en los últimos días es la de Juan Mata, burgalés de sangre asturiana, que garantizaría la empatía con Villa. La situación económica del Valencia es poco menos que desesperada, lo cual obliga a sus dirigentes a estudiar cualquier tipo de oferta. No obstante, venderán caras sus pieles. El todopoderoso Florentino ya se retiró de la puja por Villa ante las pretensiones valencianistas, razón de más para que en Barcelona preparen la chequera. 55 millones por la dupla de delanteros podrían no bastar.

Mientras Beguiristain apuesta todas sus fichas a la opción ché, las preferencias de la afición azulgrana van en otra dirección. Andréi Arshavin es el elegido por la hinchada. A sus 28 años, su historia es la de una explosión tardía. Tras una larga trayectoria en el Zenit ruso, donde empezó jugando de mediocentro, se dio a conocer al gran público en la pasada Eurocopa. Una actuación descomunal ante Holanda en los cuartos de final le valió el reconocimiento mundial. Se escribieron maravillas de él. Muchas de ellas sobredimensionadas, como compararle con Maradona. Se convirtió en objeto de deseo de los grandes de Europa y sólo faltó un suspiro para su fichaje por el Barça, su equipo soñado. Finalmente, nadie creyó firmemente en él y comenzó la temporada con el Zenit, hasta que ya en 2009 el Arsenal se hizo con sus servicios en una gran operación ─13'3 millones─. En sólo media temporada, Arshavin justificó con creces su fichaje con las virtudes que le definen: desequilibrio y clase, mucha clase. Los goles tampoco le esquivaron ─7 en 12 encuentros─. Especialmente memorable fue la tarde del 21 de abril, cuando consiguió hacer cuatro agujeros en las vetustas porterías de Anfield.

A Arshavin se le acusa de indolente e indisciplinado. Hay quien teme que por sus venas corra la misma sangre que por las de Hleb. No son dos casos comparables. El bielorruso no ha rendido por inadaptación al medio. Acostumbrado a ser el dueño de la banda en el 4-5-1 de Wenger, no ha encontrado su posición en el dibujo de Guardiola. La intermitencia en las alineaciones y la merma de confianza en sí mismo no le han ayudado. Arshavin es otro mundo. Tiene genética de ganador y es descarado por naturaleza. Buscará el balón, encarará, centrará, trazará diagonales… Sin ser Messi ni Ribéry, sí puede ponerse su careta. Ante los escépticos, ha acreditado ser válido para las grandes ligas. Se equivocaría el Barcelona echando el resto por un segundo delantero reconvertido a extremo como Mata. No es un especialista, por más que conozca el arte de la aguja y el ovillo. Aportaría goles y formaría una buena sociedad con Villa, pero su fichaje supondría una solución cómoda y conformista. El asturiano interesante para el flanco azulgrana es Cazorla, sobre el que nadie se pronuncia. Si es un jugador con pies de algodón, valiente y con inspiración lo que anhela el Barcelona, el hombre no es Mata. Adquirir a Cazorla sería respetar el orden establecido; ir sobre seguro. La auténtica revolución tiene nombre: se llama Andréi Arshavin.

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viernes, 3 de julio de 2009

Andrea Pirlo: el artista silencioso

Por Cristian Naranjo

Un verano más, el mercado de fichajes está constatando la ausencia de inspiración por parte de secretarios técnicos, directores deportivos y presidentes. Con la crisis como pretexto, los grandes clubes rastrean sus carteras de seguimiento pero no concretan nada más allá de traspasos menores, caso de Diego Milito, Motta, Tymoschuk o Mario Gómez entre algunos otros. De hecho, sólo Inter y Bayern están haciendo inversiones fuertes además de Florentino, amo y señor de la cámara acorazada y especialista en fichar estrellas mediáticas. 214 millones lleva gastados ─o invertidos─ de momento. Sólo de momento. Tras Albiol y Benzema podrían llegar Ribéry, Xabi Alonso y Silva. Una pesca de arrastre que está cambiándole la cara al Madrid a golpe de billetes morados. Sólo el hombre del millón de dólares es capaz de obrar el milagro: convertir un once mediocre en uno de cientos de quilates. Cuando Florentino sale de compras, tiemblan los mercados. Sin duda, sus movimientos parecen propios del Monopoli o del sueño de una noche de verano. Todo parece suceder en un plano ficticio, pero es real.

Construcciones Galácticas S.A. al margen, si de algo carecen los grandes del fútbol europeo a excepción del Barcelona, que los fabrica en serie, es de un buen mediocentro, una figura clave para entender el fútbol moderno. Guardiola tiene a su disposición a Xavi, Iniesta y Busquets. Con ellos como bandera, el equipo azulgrana sorprendió al mundo consiguiendo un triplete de la forma más lírica posible: haciendo del fútbol algo realmente bello. El Barça ya tiene por tanto una mina en sus tres mediocentros, pero en boca de su presidente ansía uno más. Cesc Fàbregas aportaría más forma y más cuerpo al equipo, necesitado de una incorporación de fuste tras el fiasco de Ribéry. Aún no se conoce el precio que le pondrá el Arsenal a su salida. La cantidad no bajará de los 40 millones, una salvajada teniendo en cuenta que es un producto de la propia factoría.

La efigie del mediocentro conduce inevitablemente a Andrea Pirlo, un futbolista que a sus 30 años es ya considerado un anciano en Italia. Casualmente, el Milan no tiene sitio para él y sí para el oxidado Ronaldinho. Una calamidad. Pirlo es repudiado por su club y también por las hinchadas debido a su etnia gitana. La ola de xenofobia surgida en Italia se ha vertido sobre él al igual que sobre Ibrahimović. De hecho, el país construido por Berlusconi a base de corrupción y de guiños hacia los ricos cada vez está más dividido y carcomido. En esas condiciones se encuentra Pirlo, deseoso por cambiar las costas italianas por las españolas. El Chelsea le quiere, pero la decisión del jugador y del club van de la mano: será traspasado a un equipo de la Liga. Candidatos hay varios. Interesados, sólo uno por desgracia.

El Atlético, en una decisión interesante dado el talento del jugador, apuesta por Pirlo como eje de rotación. El Milan solicita 18 millones, cifra que podría ser escurrida con una negociación inteligente. Metrónomos como Pirlo no estorban en ningún cajón. No es demostrable que Madrid y Barça no le necesiten. El Liverpool sólo venderá a Xabi Alonso a precio de platino mientras que el Arsenal hará lo propio con Cesc. No existe en el mercado futbolista más fino que Pirlo, capaz de conducir a una selección de selecciones como Italia a ganar el Mundial en 2006, donde su fútbol fue tan sedoso como práctico. Su pase de gol a Grosso en la semifinal frente a Alemania fue de manual. Un reverso propio de un artista. Zidane fue Zidane durante todo el torneo, incluyendo la final, donde acaparó todo el caudal de ataque galo. Sin embargo, su actuación no ensombreció la labor del trequartista, que tuvo actuaciones eficaces, silenciosas, estelares. En la reciente Copa Confederaciones Italia fracasó rotundamente con la salvedad de Pirlo, que tiene la virtud de lucir siempre por adversas que sean las circunstancias. En 2006, con motivo del Mundial, el sabio Enric González lo definió así: "El juego no es juego si no se toma en serio. (...) Pirlo conoce el secreto del juego. Juega serio, como un niño". Así es el dorsal 21 de la azzurra. Un mediocentro brutal. Un artista de corte bajo en mitad de una jauría.

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jueves, 2 de julio de 2009

Granero, un producto de diseño proletario

Por Cristian Naranjo

Hoy cumple años Esteban Félix Granero, un futbolista extremadamente joven y extremadamente bueno. Nacido en Pozuelo de Alarcón, fue descubierto por el Madrid en un torneo de organización propia. Pasó por todas las categorías del club hasta alcanzar el primer equipo en 2007, de donde saltó al Getafe sin probar las mieles del Bernabéu. Su primera temporada en primera línea fue brillante, sobre todo en las competiciones paralelas a la Liga. Demostró su categoría en Copa del Rey y en UEFA, donde alcanzó el subcampeonato y los cuartos respectivamente. Su actuación en la final de Copa ante el Valencia fue memorable a pesar de la derrota. Conducciones, diagonales, centros y disparos, sobre todo disparos, secos como un latigazo, como las pedradas de una honda, como los cañonazos de la Perla Negra. Con el madrileño a la cabeza, el Getafe volvió a reivindicarse como el equipo de todos.

A los grandes jugadores se les suele identificar con un apodo. A Granero se le conoce como el 'Pirata' por su aspecto desaliñado. Melena fuera de control y barba cerrada son sus distintivos, que le acercan más al rock de Pereza que a la purpurina de los galácticos. Un producto que no deja de ser de diseño; un estilo que parece un manifiesto a favor de la cultura barriobajera. En el mundo actual, donde sólo existe lo mediático, se precisan referentes de la clase obrera. Granero forma parte de ese estrato de futbolistas. Más fútbol y menos marketing. Sin embargo, los grandes clubes siguen mirando hacia otro lado. Calderón prefirió la fama de van der Vaart. Florentino Pérez seguirá derrochando millones en el extranjero y en Valencia sin reparar en el tesoro que tiene en el extrarradio. Una lástima.


Granero es al Madrid lo que Cesc al Barça. Al respecto del catalán, Joan Laporta aseguró anoche que tiene ADN azulgrana y que por tanto debe acabar jugando en el Barça. Una declaración de intenciones similar alimentaría el sueño del 'Pirata', que ha manifestado en multitud de ocasiones que su deseo es acabar triunfando en Madrid. Su gran amigo De la Red estaba a un paso de conseguirlo cuando sobrevino su desplome a modo de maldición. Definitivamente el Madrid está divorciado de su cantera, de donde han surgido magníficos futbolistas que han acabado por reforzar a sus rivales: Granero, Mata, Negredo y Filipe Luís entre otros. Una generación desperdiciada a excepción de Miguel Torres, quien precisamente pasa por ser un lateral discreto.

Bien es cierto que la segunda temporada del 'Pirata' en Getafe ha sido para olvidar. El equipo azulón se salvó in extremis de la guadaña del descenso y Víctor Muñoz no acertó a exprimirle todo su jugo. Todo cambió con la llegada de Míchel, que le situó más centrado, con libertad de movimientos y sin tantas obligaciones defensivas. El '11' volvió a explotar, anotando varios goles en las últimas jornadas y contribuyendo a la salvación de su equipo. Granero está preparado a todas luces para dar el salto a un grande. Nada parece indicar que Florentino le quiera incluir en su faraónico proyecto. Tampoco Granero ha nacido para la esclavitud sino para la anarquía. Al fin y al cabo, los piratas viven con el objetivo de surcar los mares para ser libres. Todo apunta a que el destino del 'Pirata' está lejos del centralismo de Madrid. Su libertad pasa por alcanzar el mar Mediterráneo.

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miércoles, 1 de julio de 2009

Benzema reabre el fuego

Por Cristian Naranjo

Ya es oficial. Benzema será finalmente el inquilino del vértice madridista, en una operación cifrada en 35 millones fijos más 6 variables. Debido al prohibitivo precio de Ibrahimović y a la decisión de no enemistarse con Valencia y Atlético, el equipo de Florentino ha optado por atar al joven delantero francés, pretendido por otros grandes de Europa como el Manchester United. Así como la adquisición de Villa o Forlán hubieran sido apuestas a caballo ganador, decidirse por Benzema no deja de ser arriesgado. Con su equipo destronado, esta temporada sus números no son los de un goleador de referencia. Ha logrado 17 tantos en 36 partidos, de modo que sólo ha alcanzado el tercer puesto en el ranking de goleadores de la Ligue 1. De hecho ha sido eclipsado por el otro gran goleador de Le Championnat, el tanque Pierre-Alain Gignac, que se ha alzado con el título de máximo artillero. Con todo, decantarse por Benzema denota valentía y confianza en la juventud y el potencial del jugador. Tiene rasgos de Ronaldo, pero no lo es. No alcanza ni de lejos sus cifras en el PSV, aunque su zancada y su potencia le convierten en lo más similar a El Fenómeno hasta la fecha. Espera una Liga apasionante, donde habrá tiempo para juicios más fundados.

El acuerdo del Madrid por Benzema arroja un haz de luz sobre el mercado de fichajes y asegura el efecto dominó. De entrada, supone la renuncia definitiva de Florentino Pérez a Villa, por quien había apostado fuertemente hasta que el Valencia le declarara intransferible. A su vez, la retirada del Madrid y el posterior fichaje del joven francés sirven en bandeja toledana la posibilidad de que el Guaje recale en el Camp Nou. A pesar de los litros de tinta malgastados por la prensa madrileña, la decisión de Villa ya estaba tomada en favor del Barça. Cuenta su tío que siempre le llamó más el azulgrana, aunque en Tuilla no desagradaba la opción blanca. Así pues, el delantero asturiano se perfila como la piedra angular de la futura delantera culé, donde presumiblemente no compartirá tercio ni con Eto'o ni con Ribéry. Seducido por Zidane y Migliaccio, el francés se acerca irremisiblemente al club de Concha Espina. Los 70 millones de euros que exige el Bayern sólo están al alcance de un megalómano como Florentino. Con esa cantidad, Beguiristain debe reforzar las tres líneas. No será tarea fácil.

La operación Villa supondrá un desembolso mínimo de 43 millones, acabe o no Keirrison haciendo las veces de moneda de cambio. Por su parte, Lendoiro se ha enrocado con Filipe Luís: no le dejará marchar por menos de 15 millones. Para apuntalar la zona ancha sigue siendo prioritario el equilibrio de Mascherano, aunque por Benítez es considerado el macho alfa de su vestuario. Una gran alternativa aunque de distinto corte sería Cesc, llamado a volver al Camp Nou tarde o temprano con el permiso de Wenger. Sea como fuere, las cuentas de Laporta no resultan a tenor de las previsiones. Sólo los traspasos de Filipe y Villa conllevarían un gasto de 58 millones, una cantidad tan bestial como innecesaria teniendo en cuenta que Sylvinho y Eto'o han cubierto sus áreas con excelencia. El primero ya es libre, camino de Brasil. El segundo saldrá por la puerta secreta, como los rateros. Sonrojante negocio; tremenda injusticia. Definitivamente se ha instalado la sensación de que Florentino marca la agenda del Barça. Acaso el trébol se ha marchitado bajo los billetes del constructor.

Es innegable que los dos gigantes del fútbol español se están marcando en corto desde la apertura del mercado. Tras concretar las adquisiciones de los primeros galácticos, Florentino, Valdano y Pardeza calcaron el rastro de Beguiristain: Ribéry, Mascherano, Ibrahimović. El secretario técnico azulgrana también ha hecho lo propio, yendo a rebufo del Madrid por Villa. Los dos clubes están destapando las vergüenzas de su proyecto, por más que el Barça se esté mostrando más cauto. Florentino no titubea. Busca caras conocidas y se caracteriza por no regatear en exceso, una estrategia tan dudosa como lícita. Laporta y Beguiristain, tan académicos al principio, presentan ahora un trastorno obsesivo compulsivo. Tenían los deberes hechos, pero los precios de mercado y la negativa de Ribéry han tornado la cautela en nerviosismo. Así, todos los pasos posteriores han sido equivocados: buscar en medianías el sustituto del francés; dejar escapar a Zhirkov para comprar a Filipe por un precio excesivo; obcecarse con Mascherano teniendo un camino menos angosto hacia Cesc; decidir la venta de Eto'o a todo trance; buscar un sustituto del mismo perfil y convertirlo en el fichaje más caro de la historia del club; arriesgarse con Keirrison a que finalmente sea carne de banquillo junto a Bojan; plantearse siquiera la compra de centrales como Chyhrynskyi o Bruno Alves. De pronto, las tornas han cambiado. Ahora es Beguiristain el que da palos de ciego.

Suele ocurrir que las operaciones del verano marcan el devenir de la temporada. Aún escuece en Barcelona el traspaso de Figo al eterno rival, con el posterior desperdicio de la cláusula por parte de Gaspart. Al año siguiente, Florentino volvió a sorprender con la adquisición de Zidane por 12.000 millones de las extintas pesetas. El Barça, en cambio, decidió apostar por la juventud de Saviola, Rochemback y Geovanni. El desenlace es por todos conocido. Zidane ganó una Liga de Campeones con un remate para la historia y deslumbró al mundo con su fútbol de salón. Las tres apuestas del Barça fracasaron. Todas con estrépito. Dos años más tarde, los vasos comunicantes permutaron. Beckham, pretendido por Laporta, acabó en Madrid con honores de galáctico definitivo. En Barcelona, tras una dura pugna con el United, acabó el elegido para portar la sonrisa del fútbol. Aunque sólo son vestigios del pasado, la polémica generada alrededor de Eto'o no supone un buen augurio.

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