miércoles, 20 de mayo de 2009

Litio en las venas

Por Cristian Naranjo

Tras nueve meses de ardua competición, las grandes ligas europeas avanzan inexorablemente hacia su final. En Italia, el Inter de Mourinho ha alzado su cuarto Scudetto consecutivo. Por su parte, el Manchester ha conseguido su tercer entorchado seguido. En Francia y Alemania, en cambio, aún no hay campeón. Lo que se sabe es que Bayern y Olimpique de Lyon han fracasado con estrépito.

En España, el Barça se ha proclamado campeón con todo merecimiento, maravillando a propios y extraños con un fútbol tan lírico como los poemas del desaparecido Benedetti. Guardiola, un novato de los banquillos, ha sabido optimizar su plantilla hasta niveles insospechados. El de Santpedor representa la nueva imagen del Barça. Es elegante, sobrio, educado y optimista, profundamente optimista. En una temporada ha mejorado con creces a su predecesor en el cargo. Como imagen corporativa, Rijkaard era el técnico ideal: jamás se metía en un embrollo en las ruedas de prensa. Dicen de él que era un gran psicólogo de vestuario. Sin embargo, nunca acreditó ser un gran entrenador. Cometía errores garrafales en días señalados. Guardiola se ha destapado como la gran revelación del curso. Con decisiones arriesgadas en momentos cruciales, ha conseguido ganar partidos y superar eliminatorias. Sin ir más lejos, en el clásico del Bernabéu sorprendió a todos haciendo flotar a Messi entre líneas. La asociación del argentino con Xavi e Iniesta destrozó al Madrid. Ese acierto de Guardiola sentenció la Liga.

En la parte baja de la tabla, el Espanyol ha logrado salir del pozo de Segunda cuando ya nadie lo esperaba gracias a otro entrenador joven y hambriento de éxito: Mauricio Pochettino. Mientras, Numancia y Recreativo son carne de segunda. Getafe, Osasuna y Sporting se jugarán en los dos últimos partidos quién de ellos acompaña a numantinos y obetenses a la Liga Adelante. Por desgracia, los tres merecen la salvación, ya sea por juego o por haber resistido.

En la zona Champions, Sevilla parece tener una plaza asegurada, mientras que Atlético y Valencia lucharán hasta el final por el cuarto puesto. Lo mismo ocurre en zona UEFA con Villarreal y Deportivo.

Ha sido la Liga de Guardiola y de Juande, dos técnicos divergentes en todo: edad, estilo, filosofía, discurso, carisma… En todas las facetas supera Guardiola a Juande. Sin embargo, el de Pedro Muñoz ha mantenido a su equipo una vuelta entera con opciones de ganar el título. Supo colocar cada pieza en su casilla y estuvo a dos partidos de la remontada: el del Camp Nou y el del Bernabéu, donde el Barça descubrió las carencias del Madrid y evidenció el abismo que separa a ambos.

Y es que el fútbol está enfermo. Padece un incurable trastorno bipolar que afecta especialmente
a los dos grandes de la Liga. Barça y Madrid, además de ser vasos comunicantes, sufren cíclicamente euforias y depresiones por culpa de la falta de litio en su sangre. Suele ocurrir que cuando uno vive días de vino y rosas, el otro cae en un profundo socavón. Y así continuamente. Mientras que las euforias pasan de manera fugaz, las depresiones no tienen fecha de caducidad. Pueden durar un año, dos, o incluso perpetuarse en el tiempo si no se tratan correctamente. Por ejemplo, la última depresión del Barça ha durado dos temporadas. Con Guardiola ha vuelto a ganar y ha estallado la euforia, al tiempo que el Madrid ha caído en depresión. Si bien el trastorno bipolar es incurable, sí que tiene solución. Esta pasa por la estabilización de la enfermedad mediante tratamiento. Éste consigue evitar la fluctuación cíclica de la euforia a la depresión. La traducción al fútbol sería que el tratamiento más adecuado para los grandes de España es mirar hacia Inglaterra y comprobar cuál es la mentalidad de dirigentes y aficionados. Aquí es impensable una figura como la de Ferguson o Wenger. Se da el caso con algún jugador como Raúl. Nunca con un entrenador. Los proyectos a largo plazo no existen; sólo la inmediatez del resultado. O ganas ya o no eres nadie. Haría bien el Barça en ser el primero que rompa con la tradición del aquí y ahora. Guardiola lo tiene todo para desarrollar una larga carrera en el Barça. Conoce la casa a la perfección y tiene amplios conocimientos que sabe expresar como el mejor comunicador. Es humilde, tiene el cariño de la afición y además tiene porte. En definitiva, el Barça tiene un diamante en su propia caja fuerte. Sólo necesita conservarlo para lograr la estabilización futbolística. El litio que ha de correr por su sangre se llama Pep Guardiola.

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jueves, 7 de mayo de 2009

El gol de Iniesta bien merece un regreso

Por Cristian Naranjo


Llevábamos tres largos meses sin publicar artículo alguno en este cuaderno de bitácora futbolístico. Personalmente, tenía y tengo un motivo: cada vez siento menos la necesidad de estar vinculado directa o indirectamente al periodismo deportivo; cada vez estoy más cómodo en el papel de espectador riguroso y me siento menos atraído por el de profesional sujeto a las rutinas productivas. Durante estos meses he elegido otros canales de comunicación distintos al blog; he priorizado el diálogo a la escritura. No obstante, la ocasión bien merecía un retorno.

Ha llovido mucho desde que abordáramos el debate del mediocampo. Y sin embargo, como la vida dibuja círculos sin cesar, anoche Keita y Busquets dieron su auténtica medida: hoy por hoy, ninguno de los dos es válido para las grandes ocasiones. A mi pesar, Keita debe ser traspasado en verano, en tanto que a sus 29 años no tiene margen de mejora. De él se esperaba que cumpliera el papel de centrocampista doble: que barriera el centro del campo y que a la vez ejerciera de cerrajero desde la segunda línea. En partidos menores ha cumplido con la segunda parte. Ayer no existió. Quedó patente que le falta intensidad y físico para ser un buen carterista y además su aportación en ataque fue exigua. El caso de Busquets es muy distinto: es joven, de la casa y tiene talento y proyección. Varios partidos de trascendencia media y su convocatoria con la selección le avalan.

Han ocurrido tantas cosas en estos tres meses que la lista sería interminable. En clave española, el Madrid ha quedado descolgado de la lucha por la Liga, mientras que el Espanyol ha sacado la cabeza del pozo de segunda. El Barça, por su parte, se encuentra en la mejor posición posible para alcanzar el anhelado trébol. Anoche estuvo a dos minutos de decir adiós a la orejuda. El Chelsea, un equipo mezquino lo entrene quien lo entrene, estaba a un paso de certificar su pase a la final de Roma con un fútbol rácano y cobarde. Le había bastado un obús de Essien para ponerle al Barça la eliminatoria cuesta arriba. Como ya ocurriera en Barcelona, el Chelsea planteó el partido para desactivar al rival, no para explotar sus propias virtudes; un planteamiento tan lícito como deplorable. A punto estuvo de salirle bien la apuesta a Hiddink, que dispuso el mejor 11 posible sobre el campo, con todas las unidades dispuestas para el combate. Los blues cerraron su área a cal y canto, estableciendo su defensa muy atrás pero anulando cualquier línea de pase interior. De nada servía el tacto sedoso de Xavi e Iniesta ni la velocidad de movimientos de Messi. El partido se convirtió pronto en un ataque y gol permanente, con un Barça que quería pero no podía; con un Chelsea agigantándose minuto a minuto. Los ataques culés eran infructuosos, por más que Guardiola inventara fórmulas abrelatas. Eto'o no tenía espacios a la espalda de los centrales; Messi no tenía su noche, ya fuera en la banda o en el centro; Henry, lesionado, no
estaba sobre el tapete.

Desde muy pronto, el encuentro ya parecía predestinado a resolverse en una acción individual puntual. Era evidente que los azulgrana no iban a poder convertir el césped en una pista de baile. Stamford Bridge, hoy por hoy, no es el Bernabéu. Aún así, perserveró el Barça con más tesón que acierto, convencido de poder encontrar un haz de luz entre su penumbra. Sucedía que pasaban los minutos y la trama defensiva del Chelsea se consolidaba. Los disparos del Barça llegaban a cuentagotas y eran siempre forzados o de mala calidad. Cech, un gran portero en horas bajas, fue un espectador más del encuentro. Todo lo contrario que Valdés, de nuevo clave en un partido decisivo. En la ida amargó a Drogba. Anoche lo volvió a desquiciar. El fenomenal delantero marfileño se ganó un mano a mano tras quebrar a Piqué con inusitada frialdad, pero se topó entonces con un pie milagroso del de Hospitalet. Avanzaba el partido y el peligro sólo lo generaba el Chelsea, que trazaba los contraataques de forma vertiginosa. En uno de ellos llegó la injusta expulsión de Abidal. En otro, Piqué cometió un penalti clamoroso al tocar con el brazo extendido un envío de Anelka. El árbitro erró para un lado y para otro. Es el precio a pagar por ser valiente y consecuente con lo que dicta el propio criterio. En un partido a cara o cruz, el perdedor acostumbra a
buscar pretextos para justificar la derrota.

Llegó el partido a su recta final con un guión inmejorable para el Chelsea: ir ganando en su casa y frente a un rival diezmado por una expulsión. Ocurría que enfrente estaba el Barça de Guardiola, un equipo con moral de hierro destinado a hacer historia. Si no eran Messi ni Eto'o, sería Piqué o Alves. Tanto daba quien decidiera, si un actor protagonista o uno de reparto. El partido avanzó inexorablemente hacia la zona Cesarini. El árbitro concedió cuatro minutos de prolongación, que se antojaban pocos para una eliminatoria de 180. Ni por esas se rindió el Barça, decidido a entregar su destino a un golpe de suerte o inspiración.

Sorprendentemente, cuando los culés ya lo daban todo por perdido, Alves, que había estado toda
la noche impreciso pero que se mantenía fresco a pesar del kilometraje, irrumpió por su banda como la flecha de una ballesta y puso su primer y único centro de mérito en todo el partido. Nadie acertó ni a despejar ni a rematar. El balón le cayó a Eto'o que no pudo controlar. Llegó Essien, que se precipitó en su intento por alejarlo del área y se la entregó franca a Messi, que puso pausa donde cualquier otro mortal se hubiera acelerado. El genio argentino se la cedió a otro genio; uno manchego, de Fuentealbilla, humilde, tímido, frío, parco en palabras y que nunca fue el más guapo de clase ni el primero de la foto. A ése le llegó el balón de Messi en el minuto 92. E Iniesta, de empeine exterior, con la precisión de un cirujano penetrando con el bisturí a corazón abierto, reventó de una vez y por todas la resistencia del Chelsea. Sólo un fuera de serie es capaz de dirigir el balón con esa potencia y precisión allá donde dormitan las arañas. Imagínense hacerlo en el descuento del partido de vuelta de una semifinal de Champions League. Lo más parecido al éxtasis futbolístico.

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jueves, 12 de febrero de 2009

Un debate prácticamente cerrado

Por Albert Valor

El pasado fin de semana mi compañero Cristian, todo un entendido de fútbol y que, a mi juicio, es mucho mejor analista que yo, puesto que siempre lee los partidos a una velocidad pasmosa, proponía aquí un debate que no considero tal. Para mi ese ha sido uno de sus pocos errores, haber puesto demasiadas expectativas en Seydou Keita, tantas que ha pasado por alto a la nueva perla que Guardiola se ha sacado de la manga y que ha pasado por encima del mali y de todas las previsiones.

No porque Sergio haya pasado de Tercera a Primera en un santiamén. Ni siquiera porque tras 6 meses en la elite haya sido convocado con la absoluta -sólo tiene 20 años- cuando su padre no fue ni una sola vez internacional en toda su carrera. Tampoco porque Keita haya costado 15 millones de € y él haya supuesto el mismo gasto que supone llevar a alguien de las categorías inferiores al primer equipo, o sea, una inversión mínima en este mundo.

Los motivos son únicamente futbolísticos. Y se refieren puramente a las cualidades que debe albergar alguien que ocupa una posición tan paradigmática como la de pitbull -o volante, o interior, llámenle como quieran- en el centro del campo. Es decir, un futbolista que, sin reunir las cualidades clásicas de un ‘5’ -al estilo de Makelelé- ni las del arquitecto de un equipo -basta con pensar en cualquiera de los '4' que ha dado la factoría de la Masía-, sepa mezclar satisfactoriamente con ellos y a la vez complementar las cualidades de sus compañeros y saber disfrazar las carencias propias y las ajenas sobre el tapete.

Con la estancia de Edgar Davids en los primeros seis meses de 2004, el barcelonismo redescubrió una posición que hacía años que no se cubría en el equipo, quizá desde la marcha de Víctor Muñoz o de Bakero. El gusto por otro tipo de fútbol hacía que los entrenadores que pasaban por el Camp Nou tuvieran en cuenta a jugadores de otro perfil.

El holandés sólo estuvo 6 meses, y tras su marcha existían muchas dudas de si el equipo lograría suplir su baja con garantías. Pero entonces llegó Deco, que estuvo cuatro años en la plantilla y del que se sacó un rendimiento inmejorable. No sólo era uno de los centrocampistas de más brega que han pasado por el Barça en los últimos años, sino que además, no andaba muy a la zaga de las cualidades de otros jugadores como Xavi e Iniesta, que destacaban más por su fino estilismo que por su quite.

Pero el portugués apuró demasiado sus días en Can Barça, y el último año su situación se hizo insostenible. Es verdad que seguía ofreciendo unas garantías mínimas que muchos quisieran para sí, pero él ya no estaba a gusto y el club no confiaba en él. Su venta era inminente, inevitable. Unos 10 millones forzaron su marcha al Chelsea. En aquel momento se consideró un regalo, una mamarrachada más de la junta directiva, hoy en día –viendo la situación del luso en Londres, por una parte, y la que vive el equipo- se considera poco menos que un favor de Abramovich.

Igual que con la marcha de Davids, la salida de Deco creó una cierta preocupación, más cuando él había ocupado un hueco en el campo durante casi un lustro. Como todo el mundo sabe llegó Keita. Presuntamente, el mali debía aportar brega, quite, darle empaque al equipo. Y luego, como extras, estaban su pegada desde media y larga distancia y su llegada al área desde atrás. El problema del malí es que sólo ha aportado una parte de los extras, porque aunque todos sepamos que goza de un gran disparo a puerta, aún no ha marcado con ningún cañonazo desde fuera del área como los que nos regaló en el Sevilla. Y aún sabiendo que algunos de sus goles llegando desde atrás han significado puntos importantes para el equipo, los goles, entendidos como una necesidad que tiene un equipo para ganar partidos, corresponden a los atacantes, igual que las paradas son para los porteros y el saber aguantarle la marca a un delantero es faena de los zagueros.

Y ahí es donde entra Sergio Busquets. Desde que debutó en liga contra el Racing en la segunda jornada, se ha convertido en pieza importante, sino clave. Ocupa la zona ancha con una autoridad encomiable, con una seguridad impropia de un chico de su edad y de su trayectoria. Cuando el rival encara hacia el mediocampo, ahí está la pierna del chaval para cortar el paso. Eso sería en cuanto a recuperaciones. Cuando el balón está en sus pies pueden pasar tres cosas: o bien busca la opción más fácil de pase y se inicia una jugada, o bien acaba provocando una falta que muchas veces significa una tarjeta para el rival –aunque ya hablaremos más adelante del tema de las amonestaciones-. Y, claro falta la tercera opción: a veces, el rival le birla el balón. Algunas veces, lo corta y provoca él la falta, pero lo que sucede normalmente es que lo recupera en un espacio temporal de cinco segundos como máximo. Lo que es seguro, es que cuando el balón parte de su bota, la jugada nunca acaba con una contra del rival, si acaso con una de su equipo. En todos los partidos que le habré visto jugar esta temporada, que habrán sido más de veinte, no le habré visto perder más de cinco balones que no hayan acabado con una posterior recuperación. Además, está claro que por corpulencia, planta y envergadura -mide 1,90 m-, nada debe envidiar a otros como Touré o el propio Keita. Por supuesto que a día de hoy, el debería ocupar la media junto al marfileño y Xavi en los partidos grandes que se avecinan.

Pero hablemos de las tarjetas. Sergio provoca una media de 2 amarillas por partido, a veces más, e incluso alguna expulsión. Y no nos engañemos, él también suele ver una amarilla en cada partido. ¿Pero acaso no las veía Deco? Sólo hay que echar la vista atrás para comprobarlo.

Y hablando de Deco, ¿recuerdan su clase con el balón en los pies? Es evidente que era suprema, pero no creo que Busquets sea precisamente cojo con el balón en los pies. Se mueve bien entre líneas y tiene un excelente desplazamiento en corto y -sin ser Xavi o Márquez- un aceptable desplazamiento en largo. Además, no hay que olvidar que, pese a tener poco gol, se suma al ataque cuando es debido y suele provocar alguna acción de peligro. Ahora mismo me viene a la memoria el trallazo que Diego López le sacó en el Madrigal cuando el balón ya entraba por la escuadra o cuando Míchel Salgado le hizo un penalti en una acción en que el zaguero madridista parecía en novato y el barcelonista el veterano.

Evidentemente, nadie es perfecto, y a Busquets también se le pueden encontrar carencias. Es evidente que en algunos partidos mete la pierna más de la cuenta y algún día puede acabar expulsado. De igual forma, su aportación ofensiva aún podría aumentar mucho más.

Fue una pena que no debutara con la selección. Pero atentos: la posición que hoy en día ocupa Marcos Senna es la que más preocupa a Vicente del Bosque y su cuerpo técnico , puesto que en la cita mundialista el centrocampista de origen brasileño rondará ya los 34 años y se tienen ciertas dudas sobre su estado físico para entonces. De momento, Sergio Busquets se centra en el Barça y en seguir desarrollando su rol en este equipo que parece no tener verdugo.

Sólo una debacle o una lesión le podrían apartar ahora de la titularidad. Y está claro que Keita aún tiene tiempo para mejorar sus prestaciones y que las lesiones no le han respetado. Del mismo modo, hay que recordar que un equipo no son únicamente los once que saltan al campo, ya que se ha de disponer de hombres que completen la plantilla, y el africano merece ser uno de ellos. Pero por ahora, no hay debate en la zona ancha.

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miércoles, 11 de febrero de 2009

¿Y si mi abuelo tenía razón?

Por Albert Valor


Mi abuelo, un respetable hombre que hoy tiene 84 años, me recordaba hace ya un tiempo, en las épocas en las que yo estaba empezando a amar este deporte que es el fútbol y él ya las había visto de todos los colores, que un día todo esto acabaría explotando por algún lado.

Eran las épocas en las que Ronaldo fichó por el Barça por 2.500 millones de pesetas, marcando todo un récord en un traspaso, allá por julio de 1996. Una operación que se vio superada en menos de un mes con el pase de Alan Shearer del Blackburn Rovers al Newcastle por 2.800 millones. Lo curioso es que un año después, esas cifras quedaron atrás, puesto que el mismo Ronaldo voló de Barcelona a Milán por 4.000 millones, más o menos la misma cifra que los azulgrana invirtieron en traerse a Rivaldo del Deportivo.

Tras un tiempo de tregua, más porque se invirtieron discretas millonadas en jugadores mediocres que por una verdadera calma en el mercado, en el 2000 se volvió a abrir la veda. Nada más acabar la temporada, Crespo cambió Parma por Roma para jugar en la Lazio del mecenas Cragnotti por unos 7.500 millones. Y en julio, llegó la bomba, un caso que aún hoy sirve de precedente en muchos contextos. Más allá de la traición que supuso para todos los barcelonistas que Figo recalase en el Real Madrid, casi de la noche a la mañana tras proclamar su estima por el club culé a los cuatro vientos, lo realmente histórico fueron las cifras de su traspaso. Florentino Pérez se hizo con el luso pagando los 10.000 millones de pesetas –o lo que es lo mismo, 60 millones de €- de su cláusula de rescisión.

[Al año siguiente, Zinedine Zidane marcó la cifra récord, unos números que aun a día de hoy no se han superado. El club de Concha Espina desembolsó 75 millones de € por el astro francés.]

En el momento en que vio a Figo presentándose como nuevo jugador merengue, flanqueado por Florentino y Di Stéfano, fue cuando el bueno de mi abuelo puso definitivamente el grito en el cielo. Después de haber visto como César -el jugador que más admiró en su juventud- pasaba del Granada al Barcelona por unos miles de pesetas, después de asistir a operaciones tan polémicas y llenas de misterio como las de Di Stéfano, tras ver como Maradona se convertía en el fichaje más caro del momento -1.000 millones de pesetas pagó Nuñez para traerlo de Boca-, tras indignarse por las cifras que movía Ronaldo, llegó el límite de su paciencia. Él –pese a ser granadino- sentía como todos los barcelonistas la traición del portugués, pero ante todo sentía vergüenza ajena y casi propia por ver que alguien estuviera dispuesto a pagar tales cantidades por un jugador. Aquel día, mi abuelo pronosticó que a este paso, el mundo del fútbol, esa esfera de representantes, intermediarios, clubes, televisiones e infinidad de implicados tal como lo conocemos hoy, acabaría desapareciendo o, en su defecto, reventando por algún lado. Quizá esto suene hoy utópico, pero los casos que poco a poco empiezan a invadir nuestro fútbol hacen que la situación, inimaginable hace poco más de un lustro, sea cada vez más insostenible.

Hace poco nos enteramos de que un histórico como el Club Deportivo Logroñés había desaparecido definitivamente tras algunos descensos administrativos en los últimos años -descensos que también han vivido otros como el Real Oviedo y el Club Polideportivo Mérida-. Todos ellos estuvieron no hace tanto en Primera División. También es conocido el caso del Levante, que descendió por deméritos deportivos, pero que actualmente aun adeuda a jugadores y ex jugadores de la plantilla una importante suma de dinero. Todo ello, desde hace unos dos años. Existen también casos como el de Real Sociedad, que tras su descenso a Segunda se mantiene a duras penas tras ajustar hasta el límite su presupuesto, o los del Espanyol y el Valencia. Estos dos se han endeudado al máximo, y todo para cumplir el sueño de su afición. Los pericos quieren dejar ya el insípido Estadio de Montjuïc, por lo que han construido un hogar a la inglesa que esperan les devuelva sus años de gloria. El problema es que el crédito que demandaron para la construcción del nuevo estadio les hace tener un tope, tanto salarial como a la hora de invertir en fichajes, por lo que cada verano la directiva se las ve y se las desea para poder reforzar el equipo con una mínima garantía. Parece, eso sí, que con la construcción de un centro comercial contiguo al nuevo campo, la deuda podría quedar saldada. En otro orden de cosas, tenemos al Valencia. La construcción del Nuevo Mestalla tiene al club endeudado, tanto que los jugadores ya tienen cobros pendientes. A estas horas, se rumorea incluso con que las obras se detengan por tiempo indefinido.

A todos estos casos, sólo citados brevemente y que tienen toda una historia detrás con sus damnificados debido a gestiones y/u operaciones que en su día se hicieron mal, hay que añadir otros, quizá los que tocan más de cerca a familias de la calle, gente como cualquiera de nosotros. Son todos esos casos que hay en Segunda B y Tercera División, categorías semiprofesionales –también se dan casos en competiciones más inferiores, como preferente y regional-, es decir, con jugadores que además del fútbol tienen otro sustento, pero que evidentemente, necesitan su ficha para llegar a fin de mes, y a los que se les adeudan cantidades importantes de dinero. Cada vez es más frecuente ver a futbolistas en huelgas de hambre o encerrados en su vestuario para reclamar lo que se les debe. Incluso hace poco tuve la oportunidad de ver a la mujer de un futbolista esposada al poste de una portería reclamando en nombre de su marido. Por lo menos, estas situaciones, siempre sacan lo mejor del ser humano.

Toda esta exposición sólo pretende ser una humilde estampa que muestre la desangelada situación en la que está desembocando nuestro fútbol y el tsunami en el que puede acabar convertido todo. Puede que la previsión que hizo un día mi abuelo se acabe cumpliendo. Esperemos que no. ¿Qué haríamos sin fútbol? De momento, bastaría con poner algo de sentido común para frenar la sangría. De momento, me bastaría con no volver a escuchar que un equipo de fútbol quiere derrochar 100 millones de € por un futbolista.

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martes, 10 de febrero de 2009

Brasil vuelve a 'sambar'

Por Albert Valor


Un partido como el de esta noche entre Brasil e Italia es de esos que, aunque denominados amistosos, poco tienen de ello. Un duelo entre las dos selecciones más laureadas en la Copa del Mundo, los dos últimos campeones de la Jules Rimet. El partido se jugaba en Wembley, el nuevo santuario del fútbol británico, casi del fútbol mundial. Todo ello daba como resultado un aperitivo exquisito –que bien podría ser el plato estrella- de la tanda de partidos intersemanales que se avecinan, como el España-Inglaterra y el Francia-Argentina.

Brasil llegaba al partido sumida en un mar de dudas, intentando dar con un patrón de juego que casara entre lo que siempre ha sido la verdeamarelha y ese componente de rigidez que Dunga quiere dar a los suyos. Italia, por su parte, llegaba con la moral relativamente renovada tras su chasco en la Eurocopa, y Lippi, seleccionador azzurro, sumaba un total de 31 partidos invicto sumando sus dos etapas en el banquillo.

El partido ha empezado con una obra maestra de Gilardino, que en el 2’ le ha dado a Grosso un pase teledirigido desde 20 metros que el fino lateral del Lyon ha empalmado a la red sin dejar caer el balón al piso. La lástima es que el árbitro, teniendo en cuenta que la jugada rayaba el límite del reglamento, ha anulado la jugada por presunto fuera de juego. En este momento, a Italia se le han fundido los plomos, pero lo peor para los transalpinos es que poco a poco, más a ritmo de vals que de samba, Brasil ha empezado a crear fútbol. El mediocampo de los suramericanos, tan criticado otras veces por rebosar brega pero carecer de fantasía, ha sido el eje del equipo. Gilberto, que apura sus últimos años de fútbol en el Panathinaikos, se ha erigido como un sobrio stopper, mientras que una de las apuestas del míster para este encuentro, Felipe Melo, ha sido una grata sorpresa. Hasta mediada la segunda parte, el ex de Racing y Almería, no ha fallado una sola entrega. Mientras, los dos baluartes del City, Elano y Robinho, demostraban que acompañados de grandes jugadores pueden ser un espectáculo.

En la defensa, Lucio, que cuando podía se encargaba de armar contragolpes como el que ha significado el prólogo del segundo tanto de los suyos, se ha encargado junto a Juan de secar a los italianos, que por vía de Grosso y Luca Toni han dado algún susto. En los laterales, Marcelo no parecía ni mucho menos ese desesperante jugador que veíamos en el Bernabéu con Schuster, que atacaba discretamente y que defendía de modo calamitoso. De Maicon poco podemos decir que no se sepa ya. Basta con decir que su presencia ha sentado a Dani Alves. El barcelonista también ha tenido sus minutos en el segundo tiempo. A día de hoy, Brasil tiene el equivalente a dos Cafús en el lateral derecho. No sería de extrañar que en el futuro, Dunga cambie de banda a uno de los dos para poder gozar de dos misiles en cada lado de la cancha. Bajo los palos, Julio César se empeñaba en demostrar que la pentacampeona del mundo también puede tener un buen arquero. Aunque Mourinho no acabe de estar contento con él, lo cierto es que cada día va a más.

Alguien se preguntará porque no he hablado aún de los delanteros. Ahí ha residido el mérito de Brasil en el día de hoy. Actualmente, jugar con Ronaldinho y Adriano en punta, es hacerlo con 2 menos. El Gaúcho se ha movido en un espacio de cinco metros cuadrados y, como siempre, se ha intentado abonar a su habilidad en el lanzamiento de faltas. Beckham ya le ha quitado el sitio en el Milan, y a este paso, en la Copa del Mundo de Sudáfrica, estará como mucho en el banquillo para poder animar la previa de los partidos en el autobús. El interista, por su lado, se podía dar con un canto en los dientes si conseguía controlar algún balón de espaldas al marco. Uno se imagina el equipo de hoy con Kaká y Pato en el lugar de las ex estrellas –casi ex futbolistas, no se imaginan qué pena siento al decir esto- y la mente le dibuja una exhibición de las que hacen época. No olvidemos tampoco a gente como Luis Fabiano y a Amauri. Puede que hoy el juventino haya despejado las pocas dudas que podía albergar entre una y otra camiseta. Aunque parece que en este caso puede incidir algo más que la voluntad del jugador.

A Italia le queda el consuelo de saber que Toni, Pirlo y De Rossi siguen ahí como base del equipo, que Grosso nunca perderá su zurda de oro y que Buffon acabará cogiendo ritmo de partidos más pronto que tarde. Y tampoco hay que olvidar la ilusionante progresión de Giussepe Rossi. Y por supuesto, que el Mundial 2010 está aún a más de un año vista y queda tiempo -y sobran mimbres- para armar un equipo más que competitivo.

Por cierto, con tanto análisis se me olvidaba recordar el resultado: 2-0 con goles de Elano y Robinho, que ha mostrado al mundo que en el Real Madrid, sino luchaba los balones era porque no quería. Quizá los dos cracks del Manchester City hayan echo un híbrido entre buen guiño y señal de SOS a los grandes de la Premier. Hasta aquí el Brasil-Italia. Mañana más.

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domingo, 8 de febrero de 2009

Un debate en la zona ancha

Por Cristian Naranjo

Cuando Guardiola volvió al Camp Nou para dirigir al primer equipo del Barça, lo hizo con un libreto aprendido de memoria. Pronto se mostró como un gentleman entregado, metódico, obcecado y valiente. De hecho, no tardó en exponer sus primeras decisiones: Ronaldinho, Deco y, presumiblemente, Eto’o deberían abandonar el barco. Finalmente, el camerunés se comprometió a seguir siendo el hombre para el gol del equipo. Ronaldinho y Deco, en cambio, se vieron obligados a emigrar. Para sustituir al portugués, el elegido fue Keita, un todo terreno malí compuesto por pura fibra. Llegó avalado por una gran temporada en el Sevilla, trufada de goles deslumbrantes desde la media distancia. Se precisaba de Keita tanto su músculo como su aceptable técnica. La idea era rellenar la zona ancha con más poder africano. A día de hoy, son muchos los socios y aficionados que cuestionan su fichaje. Le acusan de no tener toque y de no robar lo que debiera. Hasta el momento, la realidad no les desmiente. Sin embargo, a favor del malí juega una de sus grandes cualidades: la capacidad para llegar desde segunda línea a machacar balones a las mallas. Ha logrado tres goles de ese modo, frente a Getafe, Recreativo y Villarreal. Sus tantos, además, han valido su peso en puntos. No obstante al socio culé, exigente como pocos, no le sirve.

Otro de los factores que han propiciado el nerviosismo barcelonista tiene que ver con un hallazgo: un chaval imberbe de la cantera de tallo largo y piel blanquecina, con la complexión más típica de un delantero que de un centrocampista –de hecho, esa era su antigua demarcación–; un auténtico desconocido para el gran público: Sergio Busquets, el primogénito del ex-portero azulgrana. Ya desde la pretemporada Guardiola contó con sus servicios, conocedor de sus virtudes tras un año entero entrenándole en el equipo filial. El de Badía no tardó en mostrar sus credenciales: mucho trabajo en la medular, calidad técnica para el desplazamiento tanto en corto como en largo, derroche físico y una cualidad de importancia capital, su inteligencia. Sabe cuando toca servir de primeras o de segundas, cuando es el momento de driblar, cuando el de descolgarse… El abanico de virtudes que reúne le acreditan como el gran descubrimiento de esta Liga, además de haberle convertido en internacional. Y lo más importante: Busquets es quien ha ocupado realmente el puesto de Deco en este Barça. El debate está servido: Keita o Busquets. Por delante, media temporada para dirimirlo. El Camp Nou ya ha hablado: el joven de Hospitalet se impone por un largo trecho.

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lunes, 19 de enero de 2009

Infidelidades, desplantes y eternos redimidos

Por Albert Valor



Todas las crónicas que podemos ver hoy sobre el Real Madrid-Osasuna apuntan a Pérez Burrull, uno de los muchos fantoches de Sánchez Arminio que se ha propuesto ocupar el relevo natural del esperpéntico Rafa Guerrero. Resulta casual que el famoso linier se retirara en mayo de 2008 en el Bérnabeu, la misma plaza donde ayer Burrull intentó tomarle el testigo. Casualidad o no, el cántabro protagonizó el enésimo escándalo arbitral de nuestro balompié.

¿Pero se han fijado en los principales damnificados? Cuando digo principales, digo los que más carnalmente lo vivieron, porque en realidad el que se sintió atracado y se fue a casa con cero puntos y a siete de la salvación después de, una vez más, merecer almenos un empate, fue Osasuna entero. Pues eso, que uno de los principales afectados fue José Antonio Camacho. El murciano, madridista de cuna, llegó a casa del club de sus amores necesitado de puntos, que no de fútbol, en una situación casi opuesta a la de los blancos sino fuera porque el líder sigue a esos inquebrantables doce puntos de distancia.

Camacho, que siempre ha sido destacado en los medios como un tipo viril, testosterona pura, es en el fondo como todos los machos, un entregado a su querida. Su querida es, evidentemente, el Real Madrid. Le dolía ver como caía derrotada al descanso por su propia obra, algo así como un desplante, pero él y su Osasuna no tenían opción. Pero llegó la segunda parte y arribó la infidelidad. No del pobre Camacho, siempre fiel a su conciencia, sino de su querida. El Madrid se buscó amante, y de la manera más vil, se alió con el trencilla para que un penalti esquilmara el partidazo de Osasuna en el Bernabéu. Entremedio, Roberto, el meta asturiano de los rojillos, hizo el resto. Pero el técnico, lejos romper a rabiar, exculpó a su amada y cargó males contra el que quizá algún día fue su amigo. Como muchos seres humanos, Camacho tuvo el típico comportamiento de enamorado entregado, aquel al que la pasión le ciega la razón. Disculpó a su amada para hacer las paces en un futuro, pero rompió relaciones con quien algún día le hizo reírse a carcajadas.

El caso de Juanfran es distinto. Con la inocencia de un imberbe, aún considera esas infidelidades como pasajeras, y sigue creyendo que aunque algún día le echara de casa, que por mucho que ayer le volviera a poner los ‘cuernos’, algún día su corazón volverá a latir como él suyo late aún por ella. Sólo falta ver si eso será por mucho tiempo.

El último desplante lo protagonizó Patxi Izco en el palco. El dirigente osasunista, otro de los ‘vikingos’ rojillos que ayer visitaba Chamartín, trató de aguantar el chaparrón. Pero la edad, que da experiencia aunque quita paciencia en ocasiones, le hizo abandonar su butaca antes de hora. El pobre de Vicente Boluda, que ayer ejercía por vez primera como jefe de la casa blanca, pagó los platos rotos. Su primera cita con los focos y las cámaras no fue del todo afortunada.

Eso sí, una vez más, el Real Madrid, salió indemne de un partido que no mereció ganar. Los blancos tienen esa faceta ultraterrenal que les hace ganar porque sí: una vez es Casillas, otra Robben –o ambos-, otra la suerte, otra el árbitro... Del modo que sea, consigue que su afición se vaya a casa, sino satisfecha por el juego, sí almenos por los puntos. Como cuando nuestra amante nos ignora todo el día pero al final nos hace llegar al orgasmo.

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viernes, 26 de diciembre de 2008

A ver si aprendemos

Por Albert Valor


Es la primera vez que vivo en directo el Boxing Day, puesto que nunca he tenido plataformas digitales para poder seguir fútbol internacional. Ahora, gracias a Teledeporte, ese magnífico canal propiedad de TVE que ha adquirido los derechos de la Premier y del Calcio y que podemos disfrutar ya todos gracias a la TDT, visualizo regularmente muy buenos partidos de fútbol.

Pero a lo que ibamos. La primera vez que veo dos partidos seguidos de nivel en plenas fiestas navideñas me ha servido para hacer un ejercicio de meditación. A los verdaderos enfermos de fútbol, a los que queremos goles a todas horas, esos que nos conformamos con una bicicleta bien hecha y hasta con un paradón cuando nos vemos en medio del desierto de los parones ligueros, no nos agrada que el fútbol descanse. Ni en Navidad. Incluso cuando acaba el último partido del domingo, ya queremos que sea martes para poder disfrutar de la Champions, y cuando vemos la final de un Mundial o una Eurocopa deseamos que pase ese infumable mes y medio hasta que comienza la siguiente temporada lo más rápido posible.

Evidentemente, tanta sobredosis no es posible, pero de momento me conformaría con adoptar las costumbres de la Premier League. Cierto es que allí el fútbol es una tradición, casi una religión, y en un día como hoy, Boxing Day allí y San Esteban en mi tierra, acabar la comilona y sentarte delante del televisor para ver saltar al césped a todo un Liverpool repleto de españoles y luego disfrutar de un duelo de nivel entre Aston Villa y Arsenal es, desde luego, gratificante. Sobretodo si uno de los contendientes remonta un 0 a 2 en la última fase del partido, con gol incluido en el descuento. Máxima emoción hasta el final. Para los futbolistas, la jornada es de todo menos festiva.

Lo cierto es que la sesión futbolística del Boxing Day coincide con la fecha dedicada a la solidaridad y a los actos benéficos en el Reino Unido. Además, antiguamente, a finales del siglo XIX y principios del XX, el 26 de diciembre era el único día del año en que el servicio doméstico libraba. Los trabajadores guardaban sus aguinaldos en cajas -boxes en inglés, de ahí el nombre de la festividad-. Pero lo que más les reconfortaba era poder ir con toda la familia al estadio a disfrutar del fútbol.

Pero ese contexto histórico que aquí no tenemos no debe ser una excusa para que en nestra liga no sea así. También en año nuevo o el día de Reyes –días festivos casi universales- se juegan partidos en Inglaterra, y por ejemplo, este año se disputarán más de cincuenta encuentros durante las fiestas. Creo que con el simple hecho de no hacer un parón de dos semanas muchos ya se conformarían. Porque hay algo que no debemos olvidar. Si todos los que componen la burbuja del balompié son lo que son y cobran lo que cobran –no sólo los futbolistas, también los árbitros, entrenadores y directivos- es gracias al espectador. Y éste es siempre el más perjudicado.

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viernes, 12 de diciembre de 2008

No hace falta decir nada más

Por Albert Valor


Con el clásico de los clásicos a la vuelta de la esquina me viene a la cabeza la figura de un tipo peculiar que se lo perderá in extremis. Todos fuerzan para jugar un Barça-Madrid, algunos incluso juegan lesionados -acuérdense de Ronaldo en el 0-3 de hace tres años-. Pero Bernd Schuster -no Bernardo, por favor- no. Él ha preferido perdérselo. Decíamos hace un mes en PLF que, al igual que su actual sustituto Juande Ramos en su aventura inglesa, los jugadores podrían hacerle la cama. Pero no ha sido así. La cama se la hizo él mismo. Buen chico.

Puede que en este año y medio que ha pasado dirigiendo al Real Madrid, el alemán haya perdido todo el crédito que había forjado en otros banquillos más modestos, en los que siempre apostaba por un fútbol atrevido –quizá sus etapas en el Shaktar y en el Colonia sean las más discretas-. En su etapa en el Xerez, el conjunto andaluz estuvo un par de temporadas aspirando al ascenso hasta el último suspiro con los pocos mimbres de que disponía. Después vino su temporada en el Levante, sólo empañada por un presunto arreglo en un partido contra el Barça en el que el reparto de puntos daba el título a los culés y los granotas estaban presuntamente salvados. Pero Schuster fue destituido a la jornada siguiente, lo cual no evitó que los valencianos descendieran. De su etapa en el Getafe sólo se tienen buenos recuerdos. Tanto él, como el presidente, los jugadores y la afición recordarán durante muchas tardes lluviosas aquel maravilloso curso. Al sur de Madrid se ganó definitivamente una reputación. Haciendo un buen papel en la liga, llevó al equipo por primera vez en su historia a una final de Copa tras endosarle un 4-0 al Barça en las semifinales.

Después llegó lo que todo el mundo conoce como al habitual Schuster. No sé si será el verdadero, pero sí el habitual durante estos últimos 18 meses. La primera perla de su repertorio llegó tras un partido contra el Sevilla en el que los merengues perdieron 2-0 y Ramos fue expulsado –otro hábito, por cierto-. Tras ser preguntado acerca del partido, Bernd pregunto retóricamente: “¿De dónde es el árbitro?[En referencia a Álvarez Izquierdo, trencilla del colegio catalán] No hace falta decir nada más”. Del mismo modo, tras una derrota en Bremen, afirmó que él era “un alemán muy andaluz”, como dando a entender que su salero hacía más agradable su mal humor y que noches como las que dejó plantada a la prensa en el Colombino no se debían tener en cuenta. La verdad es que esa temporada, sus rabietas quedaron en un segundo plano ya que gracias a la trayectoria del equipo y a los favores de sus rivales, el Real Madrid se proclamó campeón con un merecimiento innegable y una ventaja abrumadora, pero el juego brillante que anunció a su llegada el teutón nunca terminó de llegar.

Los problemas empezaron a llegar en verano, cuando la falta de fichajes alteró sus nervios. Aunque el nacimiento de su hija Victoria endulzó un poco toda la hiel que le empezaba a invadir, Schuster estaba cada vez más incómodo ante los medios, incluso tras un partido en agosto se marchó de una rueda de prensa diciendo que estaba cansado y que se quería ir a casa. Sus salidas de tono fueron normales mientras avanzaba el campeonato, incluso negó antes de un partido contra el Athletic que conociese a Álvarez Izquierdo. La doble derrota contra la Juve, la inoperancia en el José Zorrilla o el presunto distanciamiento con Raúl hicieron que cada vez se le viera más a disgusto en el banquillo, como si se quisiera quitar de encima el peso de ser entrenador blanco. Y el principio del fin llegó hace dos jornadas, cuando tras un partido ante el Getafe declaró que la derrota –por 3 a 1- no le dolía ya que en ningún momento nadie en la plantilla había pensado que podrían ganar el partido. Y el pasado domingo, decidió ponerse el mismo la soga al cuello para que Mijatovic sólo tuviera que apretarla. Se le ocurrió decir, en la rueda de prensa tras el partido contra el Sevilla, que en el Camp Nou no era posible ganar. Él mismo pidió la cicuta. No hizo falta decir nada más.

Se va un tipo de los que hacen falta en el planeta fútbol, ya no por su sapiencia futbolística –nunca le he visto ganar un partido con un planteamiento táctico o moviendo el banquillo en su etapa en Chamartín- sino por la salsa que aportaba en los terrenos de juego y en las tertulias. Incluso algún programa de televisión le ha caricaturizado. Bernd Schuster se va de momento al paro. Él mismo provocó su cese. Era la crónica de una eutanasia anunciada.


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martes, 9 de diciembre de 2008

Tipos con cartel

Por Albert Valor


Cuando hace poco más de tres horas veía en directo la presentación de Juande Ramos como nuevo entrenador del Real Madrid, han venido a mi cabeza diferentes personajes del mundo del fútbol. Victor Muñoz, José Mourinho, Martin Jol o Miguel Ángel Lotina, gente que como Juande Ramos pasa en el paro menos tiempo que el caldo en la mesa el día de Navidad. Tipos que por una etapa gloriosa, por una trayectoria respetable, o por tener un prestigio en los países donde han entrenado, siempre tienen ofertas encima de la mesa.

Por otro lado, resulta extraño que otros como Irureta o Camacho tarden o hayan tardado tanto en encontrar trabajo. Su experiencia, trayectoria y compromiso están fuera de toda duda, como las de los anteriores, pero unos pasan en la nevera más tiempos que otros. Puede que el quid de la cuestión esté en ese concepto que ha aparecido en los últimos años: lo mediático. Antes sabíamos que los futbolistas podían ser estrellas de la televisión e incluso hacer sus pinitos en el cine después de salir de la cancha. Pero por lo que parece, con los entrenadores sucede lo mismo.

Mucho se ha hablado –y se hablará siempre- del Sevilla de Juande Ramos. Esa etapa fue la que le llevó al éxito, tras buenos papeles como los desempeñados en el otro bando de la ciudad o en Vallecas y algunos más infaustos como su paso por el Espanyol o su descenso a Segunda B con el filial del Barça. Los nervionenes basaban su juego en dos bandas que eran dos espadas punzantes con Alves y Navas –también Sergio Ramos durante una época- en la derecha y Adriano y Capel –y el malogrado Puerta- en la izquierda. A eso unían una magnífica manija del equipo –hombres como Martí, Poulsen o Maresca llevaron el volante del equipo no sólo con buena brújula, también con poderío físico- y delanteros que siempre hacían goles –Kanouté, Luis Fabiano, Baptista o Kerzhakov-. Ese Sevilla ganó dos Copas de la UEFA, una Copa del Rey y dos Supercopas, la de España y la de Europa. Juande se erigió entonces como el técnico maravilla del fútbol europeo, junto a Benítez, Mourinho o Rijkaard. El caso es que el proyecto que lleva a un equipo de la segunda división hasta la cima no se construye en dos años, y poca gente se acordó de Joaquín Caparrós entonces. Jokin siempre ha sido tildado de follonero y amarrategui, pero su pasión y gusto por el buen fútbol siempre estarán fuera de toda duda para un servidor. Quizá sólo le falte ser mediático.

Pocos tuvieron conciencia de que el utrerano empezó a construir el castillo allá por 2001 cuando el equipo intentaba volver a la elite, introduciendo, entre otras cosas, el juego por las bandas como pierda angular del sistema de juego. En 2005, decidió coger las maletas y marcharse a La Coruña, dejando todo preparado para el éxito, como cuando nuestra madre nos cocina un delicioso asado y nos deja una botella de buen vino, se marcha al cine con papá y nos cede la casa para cenemos a solas con nuestra chica. El éxito, aunque también suyo, es a nosotros a quien más nos resulta. Eso le pasó a Caparrós, que hizo de mamá, y a Juande, que hizo de hijo. El Sevilla era el asado.

El último éxito en forma de títulos antes marcharse a las Islas fue la Supercopa de España, con la que le dio una movidita bienvenida a Bernd Schuster, al que ahora releva. En la Premier, Juande cogió un equipo que se hundía en el fondo de la tabla, puso a cada pieza en su lugar, y aún pudo alcanzar la clasificación para la UEFA y lograr otro título, la Carling Cup. Eso sí, cuando ha intentado construir un equipo que sea su imagen y semejanza en el campo, la cosa no le ha ido tan bien. Quizá por falta de tiempo, quizá porque una cosa es aplicar y otra crear.

El Tottenham no tuvo mucha paciencia con el manchego -tampoco sus jugadores-. Quizá sea por algo. Pero ahora otro coloso vuelve a apostar por él. Nada menos que el Madrid. La cosa empieza fuerte. El próximo fin de semana, visita al Camp Nou. Todo o nada. No será fácil para Juande, sobretodo porque ese juego de bandas con el que triunfó en Hispalis no será tal con los de Chamartín, por lo menos hasta que el Madrid fiche a un especialista para la diestra.

Y Schuster, de momento, al paro. Aunque atentos. Él es otro de esos tipos con cartel. Sí quiere, el paro le durará poco, seguro que menos que el finiquito.

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