miércoles, 18 de junio de 2008

El verso libre contra el teletipo

Por Cristian Naranjo


España e Italia son dos países acostumbrados a mirarse de cerca. Muy próximos geográficamente, no son escasos los paralelismos históricos, sociales, culturales y económicos que mantienen. El fútbol de selecciones tampoco es ajeno a esa longeva relación. Desde 1920, la Roja y la azzurra se han enfrentado en 9 partidos oficiales –Juegos Olímpicos, Mundiales y Eurocopas– y 18 amistosos. El balance de victorias es abrumador a favor de Italia en los grandes torneos: seis victorias por una de España –1920, JJOO de Amberes, casi en la prehistoria. Con cuatro trofeos mundiales y uno europeo en sus vitrinas, la capacidad de los transalpinos a la hora de batirse el cobre está más que probada.

Para los jóvenes que nacimos a mediados de los ochenta, USA '94 supuso nuestro primer contacto con las desgracias de la selección. Yo tenía 9 años y el fútbol aún no formaba parte de mis prioridades. Me recuerdo junto al televisor a la hora del partido, tras haber apurado hasta la noche un intenso día de piscina. No tengo presente el gol de Caminero. Sí el de Baggio. Sí la sangre de Luis Enrique sobre el blanco perla de la segunda equipación. En suma, sí la impotencia. La misma de todas las decepciones posteriores.

Catorce años después, España vuelve a verse las caras con Italia, la squadra azzurra de toda la vida, con su concepción del fútbol a medio camino entre lo admirable y lo mezquino. Como siempre ha llegado a la cita sin encandilar, a trompicones y generando dudas a periodistas y aficionados. Pero ya la tenemos aquí. Con su Panucci, su Luca Toni, su Buffon y su Donadoni, que en el '94 estaba en el campo y ahora está del otro lado de la línea de banda.

La selección italiana es criticada y odiada porque siempre busca sacar el máximo provecho de la mínima propuesta. En un ejercicio de negación de los propios azares del juego, la azzurra suele destruir mucho más de lo que produce. Se trata del famoso catenaccio, un concepto tan arraigado en la selección como en el calcio; un fútbol en las antípodas del de Brasil y Holanda. Lo cierto es que siempre jugaron y ganaron así, con lo que tienen motivos para seguir cultivando su dañino modelo. Pero que no cuenten conmigo para la causa. Yo soy de Iniesta, no de Perrotta.

De hecho, el contraste de estilos está servido en la zona ancha: De Rossi, Ambrosini, Aquilani, Perrotta y Camoranesi frente a Senna, Xavi, Iniesta, Silva y Cesc. No voy a perder tiempo en pronósticos. Es un duelo en las alturas: o cal o arena, o azul o rojo, o tú o yo. Los contendientes se conocen a las mil maravillas. Saben a qué hora y para qué están citados. Hay muchas cuentas pendientes de ser saldadas. Es tradición contra ilusión; guerreros curtidos contra imberbes descarados; el fútbol de toque contra el directo; el verso libre contra el teletipo; rosas y revólveres. La camada de Luis tiene lo propio de los poetas, excelsos cuando encuentran la inspiración y condenados a sufrir ante el blanco nuclear cuando se desconectan. Lo contrario es Italia, un revólver que te mata si te giras, una batería de teletipos: un fútbol pragmático, uniforme y repetido en serie. Se trata de la belleza del juego contra la pura mercancía. Hasta ahora ya sabemos quién se impuso, pero hay que volver a dirimirlo. Va a ser un choque a cara de perro en cualquier caso. El verbo ágil se ha de imponer a la proteína. Es un España-Italia en los cuartos de una Eurocopa. Palabras mayores.

*************************************************************

La importancia de 'San' Buffon

Por Albert Valor


Lubos Michel y Massimo Busacca pitaban casi al unísono el final del Francia-Italia y del Holanda-Rumanía, respectivamente. Al final no hubo tongo rumano-holandés. Italia estará en cuartos. Y lo estará porque el cuadro que dirige Van Basten ―que jugó muchos años en el calcio― no tuvo pensamientos de futuro ególatras y sí amor por el fútbol, y resolvió en el segundo tiempo con un once plagado de suplentes pero no por ello poco competitivo. A todos nos gustaría que nuestra delantera reserva la formaran Robben, Huntelaar y Van Persie. Por otro lado, está claro que en Italia todo el mundo se acuerda ahora del penalti que San Buffon le paró a Mutu el pasado viernes.

El partido empezaba ya segundos antes de que el trencilla pitara, y en el duelo de los himnos, Italia tomaba ventaja, sobre todo por el ímpetu con el que Talentino entonaba el final, ese 'Siam pronti alla morte L'Italia chiamò' que dejaba a La Marsellesa en un canto de segunda fila.

Todo esto pareció un presagio, ya que a los 7 minutos Francia se quedaba sin el único hombre capaz de cambiar el ritmo del partido. Franck Ribéry se lesionaba solo después de cometer falta sobre Zambrotta y dejaba su puesto a Nasri, que debía ejercer de Mesías entre tanto músculo. Demasiada presión para el joven de origen argelino. Sin quererlo, Domenech, que había cambiado a media defensa, había hecho ya el relevo generacional que tanto pedía la afición gala. Sólo Makélélé y Henry representaban a aquella vieja guardia que tanta gloria dio a nuestros vecinos.

Poco después, el equipo del gallo empezaba a doblar la rodilla. Corría el minuto 24 cuando Abidal, de improvisado central, cometía penalti sobre un Toni que demostró que un buen delantero no sólo es decisivo por sus goles. No sólo forzó la pena máxima, sino también la expulsión del lateral culé. Segundos después, Pirlo anotaba mientras Buffon, girado hacia la grada, no quería mirar. No recordaba que detrás de su portería ―la misma en la que cuatro días antes había rescatado el último aliento italiano― estaba una de las pantallas del Letzigrund, así que también lo vio en directo.

El pobre Nasri, que había sustituido a Scarface 15 minutos antes, se tenía que volver a sentar en el banco para que la entrada de Boumsong reestructurara la defensa. Demasiados desajustes para un equipo ya de por sí confundido y que ahora debía jugar con uno menos.

De aquí al descanso hubo más bien poco, si acaso un chut de Henry que se marchaba cerca del poste y una falta botada por Grosso ―provocada por un De Rossi que aprovechó la oportunidad para reivindicarse como todocampista muy fichable― que sí pegaba en la madera. En ese momento, en el otro duelo, Codrea enviaba al limbo una ocasión cocinada por Mutu. Tras un último achuchón francés, Michel enviaba a los contendientes camino de los vestuarios. No significaba que por andar escaso de fútbol de alto postín, al partido le faltase emoción, más que nada por lo que se jugaban los dos gigantes contendientes.

Al poco de reanudarse el choque, mientras Italia veía que si llegaba a cuartos, además de Pirlo, perdería a Gattusso ―ambos por acumulación de tarjetas―, Huntelaar avanzaba a los Oranje en el otro duelo. A los 61', tras el lanzamiento de una falta, De Rossi hacía el 2-0 después de que el cuero rebotara en la barrera. Italia veía factible, después de nueve enfrentamientos y treinta años, volver a ganar a les bleus en el tiempo reglamentario.
Pero cuando parecía que Francia se empezaba a despedir de la Eurocopa con un fútbol lento, cansino y previsible, Benzema hacía volar a Buffon para que la extremaunción de los suyos fuera con la cabeza alta. Las noticias que venían de Berna seguían siendo satisfactorias para los azzurri, puesto que Rumanía no podía con los suplentes de Van Basten.

A los 81', Donadoni quitaba a Gattusso y daba entrada a Aquilani para que el romanista se fuera aclimatando a la posición que ocupará desde el inicio contra la Roja. No sería de recibo celebrar las ausencias de Andrea y Genaro, puesto que si los transalpinos juegan el domingo con Aquilani y De Rossi, que sustentan a la media más jugona del calcio junto a Perrotta –que también podría ser de la partida―, más Ambrosini haciendo de perro de presa, Italia seguirá contando con una medular de garantías.

Mientras el grupo de la muerte agonizaba, Van Persie ponía la puntilla a Rumania para que la parte azzurra ―que no azul― del estadio Letzigrund de Zurich empezara a festejar el pase a cuartos. Corría el minuto 86. Pero aquí no habría milagro al estilo turco, ni héroes ni villanos de última hora.

Habrá duelo hispano-italiano en cuartos. Villa querrá ganar por Lucho. Casillas y Buffon se medirán por un lugar en el olimpo de los '1'. Habrá duelo de Santos. Y en la media, por exigencias del guión, de jugones.

*************************************************************

lunes, 16 de junio de 2008

Y Turquía sigue creyendo

Por Albert Valor

Hace unos días hablaba con unos amigos de la alarmante falta de goles, emoción y buen fútbol en esta Euro’08. Hoy me tengo que callar. Es posible que, más allá de los buenos momentos que nos han regalado Portugal, Holanda y España, haya visto, concentrado en 20 minutos, todo lo que no he visto durante toda la temporada; la porción de fútbol más pura en lo que llevamos de Eurocopa. Turquía, que se veía en la calle, ha apelado a la pasión que lleva su gentilicio para dejar fuera a los checos a base de ímpetu, fe y calidad, sobre todo la de un Nihat que se iba a ir de vacaciones con más pena que gloria y que se ha convertido en héroe en 3 minutos. Empieza a ser el del Villarreal.

Teniendo a sus órdenes a una de las peores defensas del campeonato, Fatih Terim habrá pensado que ya daba igual perder por 2 que por 4 y ha lanzado a sus chicos al ataque quemando todas las naves. En estos últimos minutos hemos vivido de todo. Fútbol en estado puro: errores de bulto, golazos, destellos de calidad, detalles feos ―como el de Demirel con Koller― y sobre todo, la pasión con la que 22 jabatos, 11 por cada bando, defendían a su patria con el cuchillo entre los dientes. Eso que quizá le falte a España.

El partido se ha decidido, no obstante, por un simple detalle: la creencia en uno mismo. En este caso la creencia de un equipo, de todo un país que vive el fútbol como una religión, en sí mismo. Allá por el minuto 60 Plasil anotaba, tras una triangulación perfecta de los centroeuropeos, el 0-2. Koller había hecho el primero antes del descanso. Los checos ya se veían en cuartos e incluso Polak pudo finiquitar el encuentro, pero su disparo pegó en la madera. Aún así, Turquía seguía creyendo. Un cuarto de hora después, Arda Turan, uno de los tapados del torneo y que ya fue héroe hace 4 días frente a Suiza, recortaba distancias. Los checos se echaban entonces atrás para contener los ataques otomanos. Turquía, por su parte, seguía creyendo. A los 88’, Nihat, tras un error garrafal del gran Cech, empataba el partido. Las radios y las televisiones de medio mundo ya anunciaban los morbosos penaltis, los primeros en la historia de una Eurocopa en su primera fase. Cech pensaba ya en redimirse con los 11 metros mediante y algunos de los jugones checos ya veían inevitable emular a su gran antepasado futbolístico, Antonín Panenka, para salvar los muebles. Pero Turquía seguía creyendo. No le bastaba con haber forzado los penaltis. Y tan grande fue el corazón de los turcos, que al final Nihat la rompió en un mano a mano con el meta del Chelsea, resuelto de forma inapelable.

Fue entonces cuando Chequia, un tanto superada por los acontecimientos, se lanzó al ataque para volver a igualar la balanza, la del electrónico y la psicológica. Pero ya era demasiado tarde. Turquía había creído demasiado como para venirse abajo. Tanto, que a Volkan no le importó tocarle la cara a Koller para dejar a los suyos con diez, y a Tuncay rezando bajo los palos de improvisado cancerbero. Un minuto después, se confirmaba la hombrada. Después de creer hasta el final, Turquía alcanzó los cuartos y la gloria del que nunca desfallece. La República Checa, un buen conjunto pero que ha sido algo rácano en este europeo, se va a casa porque le faltó tesón y le sobró conformismo en los minutos decisivos.

El buen fútbol es como la pasión, siempre vuelve a nuestras vidas. Y hoy toda Turquía, el final de Europa o el principio de Asia, empezando por Nihat y acabando por Volkan, pasando por Fatih Terim o por los que estaban en la grada, todos, nos lo han demostrado. Ahora les espera Croacia, una selección que, con el toque rockero de su entrenador Slaven Bilic, juega ―y lucha― los 90 minutos. Pero Turquía sigue creyendo.

*************************************************************

10 añitos en el infierno

Por Albert Valor


Cuando en la temporada 99-00 el Atlético bajaba a la Segunda División, el club colchonero preparó un slogan para alentar a los suyos. ‘Un añito en el infierno’, rezaba el anuncio en el que un Kiko en posición acrobática representaba la esperanza de una afición tocada, nunca hundida. El añito no resultó ser tal; al final fueron 24 largos meses. A día de hoy, en Gijón se ríen de esos 2 años. Y digo hoy, porque por fin les ha llegado la hora. A diez minutos del final, el canterano Luis Morán marcaba el gol definitivo. El gol que ponía el 2-0 y confirmaba el ascenso. El esperado regreso a la gloria 10 años después. Aquella temporada 97-98 el Sporting firmaba una de las peores temporadas de un equipo en toda la historia de Liga española ―sólo 13 puntos en 38 jornadas―, que evidentemente sellaba su caída al infierno.

Durante una década, uno de los equipos históricos de la Primera División ha sufrido las miserias de una categoría igualadísima, loca y que siempre depara desgracias inesperadas ―sin ir más lejos, hoy el Cádiz, otro histórico, ha fallado un penalti en el quinto minuto del alargue que le condena a la 2º B; un lanzamiento que tras pegar en el palo y en el cuerpo del arquero del Hércules, se ha marchado a córner―. Los rojiblancos han empezado muchos años como un tiro, y han sido líderes durante la primera vuelta. Pero la segunda parte de una temporada muy larga acababa por alejarles de la gloria y sumirlos en una resignación tras otra.

Una región uniprovincial que en los noventa vivía en primera uno de los derbis por excelencia del balompié español, el Sporting-Oviedo ―si antes decía que los dos añitos del Atleti en la categoría de plata provocaban risas en Gijón, a los carbayones, en Tercera, les provoca carcajadas oír que en Gijón hablan del infierno de Segunda―, un duelo que tras ser amputado en la máxima por el descenso sportinguista, en apenas tres años vio como el Oviedo, con la inauguración de un nuevo y flamante estadio incluida, daba con sus carnes en Tercera por deméritos sobre el césped y falta de buena gestión en los despachos. Atrás quedaban los duelos en que los rusos Lediakhov y Tcherischev, por parte sportinguista, y la magnífica dupla formada por el panameño Dely Valdés y el uruguayo Héctor el Tito Pompei, por parte ovetense, ponían la pólvora.

Hoy Asturias, en un mes de junio en el que parece que sólo exista la Eurocopa, ha regresado a la élite aunque sólo sea a medias. El Sporting dejará de visitar Ipurúa y el Helmántico para preparar sus visitas al Camp Nou y al Bernabéu. En la 2008/09 tratará de dar el salto de calidad necesario para afianzarse en la Liga de las Estrellas apelando a su historia, recordando que mitos como Quini, Luis Enrique o Villa ―héroe local y nacional en estos momentos― salieron de El Molinón. También le puede servir para subsistir esa gran cantera que es Mareo, una de las mejores de España. Entretanto, cada año mirará de reojo las fases de ascenso de categorías inferiores hasta que un día se reencuentre con su rival del alma. Por el bien de la tradición, esperemos que sea en Primera.

Para acabar, sólo me queda felicitar a un Málaga que también regresa a la élite tres años después y a los cuatro equipos que hoy regresan al fútbol profesional procedentes de las catacumbas de la Segunda B: el Huesca ―ojo al derby aragonés de la temporada que viene―, al Rayo Vallecano, al Alicante y en especial a un Girona que, a parte de ser un equipo al que he seguido toda la temporada de cerca, regresa a Segunda 52 años después. Seguro que a diferencia de otros, jugar en el supuesto infierno no les sabrá a hiel.

*************************************************************

David 'Ambición' Villa

Por Cristian Naranjo

La Roja estuvo a un minuto de dinamitar la carga de ilusión generada tras la desmedida campaña de Cuatro y el festival ante Rusia. Un primer cuarto de hora de fútbol a cuatro vértices permitió a la selección seguir advirtiendo a Europa con el balón por bandera. Torres se aprovechó de su agilidad para acabar una jugada digna de ser enmarcada con honores y que además nació en la esquina, dato que habla de las mejoras introducidas por Aragonés en el sistema de ataque. A partir de ahí, Suecia estaba a priori condenada a jugar a contrapelo, tremendamente exigida por el toque de la selección. El guión parecía perfecto para los españoles, entregados de nuevo a la sapiencia de Xavi.

Fue entonces cuando llegaron las malas noticias. Al destape de las vergüenzas defensivas de la Roja se unió la lesión de Puyol, de largo el mejor central nacional a pesar de su bajón. El gol del hijo de Ibrahim ―el sufijo '-ovic' significa 'descendiente de' en los Balcanes― llegó precedido por el obligado cambio de piezas en la zona trasera. Entró Albiol, de perfil similar al de Marchena: grande, fuerte, contundente, y ahí terminan sus virtudes. Es una lástima que la categoría de la cobertura española no alcance la del resto de líneas; de ser así estaríamos ante un equipo dotado de tracción a las cuatro ruedas.

La retirada del yunque Ibra en la pausa descabezó a los suecos, resignados por fin a la ardua tarea de buscar con escaso éxito un objeto blanco entre casacas rojas. Si algo distingue a la selección es que ama el balón como Oliver Atom: lo mima, lo pule, lo guarda para sí. A tipos como Xavi ―94% de efectividad en el pase durante el partido―, Iniesta y Cesc habría que darles otro esférico a parte. De lo contrario, para que lo suelten hay que celebrar su réquiem.

Y así, mecida por un tuya-mía tan abrumador como estéril, la Roja se veía una vez más ante el vía crucis de evocar su legado perdedor. Ocurre que el fútbol se rige por leyes indescifrables que a veces derivan en sentencias insospechadas. En el 92', cuando ya nadie le esperaba, Villa emergió desde el fondo de las minas de Tuilla para seguir dando cuenta de su ambición. Los réditos que genere esa voracidad van a marcar el destino de la selección de cuartos en adelante. De momento el Guaje parece obstinado en querer versionar al mejor Eto'o. Un gran síntoma para España, casi siempre deficitaria de raza, acierto... y fe.

*************************************************************

sábado, 14 de junio de 2008

'La Naranja Metálica'

Por Albert Valor

La Holanda de los 70, la que dirigía Johan Cruyff en el campo y Rinus Michels desde la banda, maravilló al mundo durante los mundiales de Alemania ‘74 y Argentina ‘78. Su problema fue que ese idilio que mantenía con el espectáculo transcurría paralelo a su divorcio con los grandes trofeos. Johnny Rep, Johan Neeskens, Robert Rensenbrink, Ruud Krol, el Flaco y compañía mostraron el fútbol total al gran público. Había nacido La Naranja Mecánica.

Una década después, en 1988, una nueva versión de fútbol en estado puro conquistaba la Eurocopa de naciones en Alemania. Aquella escuadra, cuya columna vertebral formaban Koeman, Rijkaard, Gullit y Van Basten, por fin consiguió llevar un título a las vitrinas de la KNVB. En la final frente a la URSS, el Cisne de Utrecht sentenció el partido conectando sin ángulo un remate que al salir de su bota se convirtió en un misil directo a la red que defendía Dasaev; quizá sea el mejor empalme de todos los tiempos por fuerza, colocación, elegancia y magia ―qué bonito hubiera sido no tener sólo 2 años para poder contar que lo vi en directo. Ese torneo y sus posteriores temporadas en el Milan de Arrigo Sacchi coronaron a un jugador que, de no ser por una lesión que le hizo colgar las botas con tan sólo 29 años, hoy sería considerado el 5º grande sin ningún tipo de dudas.

Quizá desde el día en que dijo adiós a los terrenos de juego, Marco Van Basten tiene una espina clavada. Una espina que quizá se quiera quitar en la etapa que ahora vive en su vida profesional, la de entrenador. De Holanda para ser más exactos. Es evidente que el genio que Marco llevaba dentro guarda regalos que su elegante figura ya nunca podrá mostrar sobre el tapete, y a nadie más que a él le dolerá. Pero el sistema de juego que ha ideado para la Oranje en esta Eurocopa de Austria y Suiza ―un modo de juego que ha llegado a ser criticado por ese experimentado entrenador de equipos en la sombra que es Cruyff― quizá le permita redimirse.

Van Basten ha diseñado un equipo rocoso, que no está constantemente enamorando a la grada como aquel equipo que él veía por televisión cuando era sólo un crío ni que alberga tanto talento como el del que él formaba parte, pero que sabe leer los partidos, resistir en momentos de poca inspiración y matar al rival con contragolpes mortales, a la par que reuniendo a un grupo de hombres que se encuentra en una plenitud física incuestionable. El Cisne ha creado La Naranja Metálica, un equipo que ciñéndose a los cánones del balompié actual se muestra férreo en la medular, infranqueable en área propia y resolutivo en la del rival, dando muestras de una pegada descomunal en los metros finales.

Entorno al círculo central ―y si empiezo por esta zona es porque a mi entender ahí se encuentra el centro de gravedad del equipo―, Orlando Engeelar y Nigel De Jong secan la brújula de los rivales ―Pirlo y Gatusso; Makélélé y Toulalan, ya lo han comprobado― mientras Wesley Sneijder guía la nave. Delante del irregular Van der Sar ―sublime en esta recta final de la temporada―, los desconocidos Mathijsen y Ooijer cierran a cal y canto la puerta del área, mientras el incombustible Gio Van Bronckhorst ―quién te ha visto y quién te ve― y el infravalorado ―tanto en el Pizjuán como en Stamford Bridge― Khalid Boulahrouz vigilan las bandas e intentan crear peligro cuando el exhausto extremo de turno lo permite.

La fiabilidad de todos estos jugadores y la capacidad para armar contras de muchos de ellos, hace que con tres atacantes, véase Van der Vaart, Van Nistelrooy y Kuyt, la selección holandesa se haya bastado para destrozar sistemas defensivos durante los dos primeros partidos de esta Euro’08. Y menudos sistemas. Nada más y nada menos que los del campeón y del subcampeón del mundo. Fieras del área, auténticas pesadillas para los atacantes como Materazzi, Panucci, Gallas o Evra, soñarán estos días con el juego de escuadra y cartabón desplegado por la Oranje.

Bien es verdad que en el primer partido, la suerte giró la cara a los transalpinos, que cuando más luchaban por recortar la distancia se encontraron con un tercer tanto que los condenaba definitivamente y que en el segundo, la Francia de Domenech ―ese señor que ha intentado juntar a viejas glorias con savia nueva pero se ha quedado e medias, consiguiendo un resultado parecido al que se obtendría al intentar mezclar el agua con el aceite― se ha visto con el marcador en contra en los primeros compases del partido. Pero un envite dura 90 minutos, y en cada uno de esos 2 actos, Holanda ha infligido crueles derrotas a azzurris y blues. Claro está que el componente de la suerte también ha estado de su lado. Pero la suerte hay que buscarla, dicen.

Holanda ya está en cuartos y además como primera de grupo. A partir de aquí empezarán los partidos a vida o muerte. Y ahí será donde los pupilos de Marco demostrarán si la metalización que han mostrado en esta primera fase seguirá dando sus frutos. De momento parece que este va a ser su año, o al menos eso se cree a estas horas en los Países Bajos. El problema es que los croatas, tras proclamarse como la bestia negra oficial de Germania, también creen lo mismo. Y aquí, esperanzados con que por fin será el año de la Roja, también. No mintamos, todos lo hemos pensado ya, aunque sea sólo una vez: ‘¿Y si este es el año?’

El caso es que en el mercado de la Eurocopa hay mucha demanda y la oferta de la gloria sólo será para uno. Veremos qué pasa al final. El desenlace, el día 29 en el Präter de Viena. A eso de las 11.

*************************************************************

viernes, 13 de junio de 2008

Buffon rescata el último aliento italiano

Por Cristian Naranjo

Haciendo uso de su cuello de cisne, Toni pudo adelantar a Italia al filo de la media parte. Sólo lo evitó Tom Henning, muy riguroso con los azzurri durante todo el partido. No obstante, sería Mutu quien ajusticiara primero la portería contraria, merced a una prolongación perfecta de Zambrotta, que sigue sumido en su depresión deportiva. Sólo quedan pavesas del gran lateral de la Juventus.

El encuentro no ha defraudado por lo que a intensidad y ocasiones se refiere; sí por juego. Ni Rumanía ni Italia están concebidas para enamorar, pero han salido a morderse desde el principio. Con el factor suerte en su contra, los de Donadoni tuvieron que remar río arriba. Panucci, un veterano curtido en mil guerras, reequilibró el partido alentado por la historia de su selección. Había pasado un minuto, y todo volvía a la normalidad: la squadra azzurra dispuesta para una nueva resurrección. Pudo marcar De Rossi entrando con el alma al corazón del área. Incluso Zambrotta tuvo la ocasión de redimirse poniendo un centro desde el fondo. Sin embargo sería Mutu, con el inflexible silbato de Henning mediante, quien tendría en su diestra el privilegio de decidir el destino de Italia. Casi nada. Sucede que bajo el marco le esperaban la esbelta figura y fija mirada de Buffon. Apuesto a que Mutu vio entonces la portería empequeñecer. Sólo así se explica que mandara un balón inocuo al medio. Por su parte, el mejor arquero de la Tierra volvió a constatar su condición para rescatar a su país. Es cierto que a Italia sólo le quedan un 20% de opciones de pasar el corte, pero tratándose del tetracampeón mundial, seguir vivo ya es toda una garantía.

*************************************************************

miércoles, 11 de junio de 2008

Baile de cromos en Can Barça

Por Cristian Naranjo

Mientras la Eurocopa comienza a entrar en calor, el mercado de fichajes parece haber perdido protagonismo mediático. Los grandes clubes no están parados ―todo lo contrario―, pero sí expectantes. Una competición de selecciones es el mayor de los bazares futbolísticos, donde a modo bursátil los precios no hacen más que subir o bajar. Algunos equipos concretaron buena parte de los deberes veraniegos días antes del inicio del Europeo y ahora están tomando posiciones por los jugadores que pretenden, a la espera de que finalice el torneo para poder contratarlos. Entre otros es el caso del Barça, obligado a renovar su plantilla de arriba a abajo tras dos temporadas nefastas. Ocho jugadores azulgranas de la actual plantilla están en la nómina de la Eurocopa: Puyol, Xavi, Iniesta, Thuram, Henry, Abidal, Zambrotta y Deco. El futuro de todos ellos está prácticamente confirmado a excepción del del medio luso. Los tres españoles van a ser pesos pesados para Guardiola; Thuram termina contrato y ya hace tiempo que busca destino; Zambrotta lo tiene cerrado con el Milan; Henry se quedará, ante la falta de pretendientes de altura. Por último, Abidal mantendrá su puesto en el lateral izquierdo a la espera de poder recuperarle físicamente. La gran duda sigue siendo Deco; más aún tras los dos grandes partidos que ha firmado ante Turquía y República Checa. El futuro del todoterreno de origen brasileño condicionará el aspecto final de la media del Barça. Si finalmente decide unirse al proyecto neroazzurro de Mourinho, su compañero de medular en la selección, de nombre casi idéntico al del técnico, podría convertirse en su sustituto: João Moutinho. Cualquiera de los dos complementaría la lista de centrocampistas para la 2008-09. Yo me inclino por pensar que Deco se marchará para ser titular en Italia, ya que ante Xavi, Iniesta, Touré y Keita parece carne de banquillo. Lo de Moutinho es toda una incógnita de momento.

Por ahora, el Barça se ha centrado en mejorar su trinchera en detrimento del armamento ofensivo. Llegaron Piqué, Keita, Cáceres y finalmente Alves. Lo del brasileño merece capítulo a parte por el gran desembolso que ha supuesto. 30 millones de euros ―el tercer fichaje más caro de la historia del club― por un lateral se antoja una cifra desorbitada. Si bien es cierto que Alves era viejo objeto de deseo azulgrana, ese argumento no justifica en absoluto haber cedido a las pretensiones del acre Del Nido. Si Laporta estaba dispuesto a pagar 30 millones, ¿por qué se ha demorado dos temporadas en ficharlo? La liga pasada y la anterior Alves fue dueño y señor del flanco derecho de todos los campos que pisó. Por carácter, sacrificio, velocidad y omnipotencia. Nadie dudaba de que se tratara del mejor lateral posible, a mucha distancia de sus perseguidores. A día de hoy, su fichaje alberga dudas. Sigue siendo el mismo, pero con dos años más y una temporada a medio gas a sus espaldas. Cualquier fichaje del Barça está bajo sospecha desde el día en que rubrica su contrato. Alves, el lateral de los 30 millones, sufrirá un control propio de El show de Truman. En sus piernas está hacer olvidar su precio. Sergio Ramos sabe algo de eso.

Perfiladas casi por completo la media y la defensa, sorprende el agujero existente en el frente de ataque titular. Un agujero que puede ser negro azabache de confirmarse la marcha de Eto’o. Por principios, el que escribe nunca renegaría del delantero africano. Soy de los que opina que fue él quien le añadió el picante al hasta entonces bondadoso equipo de Ronaldinho. El Barça nunca habría ganado dos Ligas y una Champions sin el estilete camerunés. No creo que nadie haya olvidado sus señas de identidad: derroche físico, garra, desmarque, velocidad punta y gol; mucho gol. Por todo eso cuesta imaginarse un Barça ganador sin él. Villa responde al mismo perfil de delantero. Añade más calidad técnica que el camerunés y posee el mismo olfato goleador, pero no está dotado de su sexta velocidad. La regularidad que exige un equipo grande sería el gran reto del asturiano. Hay otras alternativas, todas ellas con inconvenientes: Benzema sería un fichaje tan caro como arriesgado de asumir; Drogba encajaría bien en el dibujo, pero como solución transitoria; Güiza se ha destapado como goleador, pero no tiene el cartel suficiente; Adebayor reúne grandes condiciones y al parecer es el preferido de Guardiola, pero será difícil sacarle del Arsenal tras haber explotado este año; Ibrahimovic… fue un bonito sueño de verano.

El problema de suplir la marcha de Eto’o radica en lo bueno que es al 100%. Que nadie dude de que será harto complicado sustituirle sin salir perdiendo en una o varias facetas. Estaremos atentos. Por lo pronto, el próximo fichaje sigue sin apuntar al centro de la delantera sino a la banda. El bielorruso Hleb aportará capacidad de asociación, calidad, movilidad, desborde y trabajo, pero el gol no parece ser lo suyo. El cenit del deporte rey está reservado para un selecto grupo de elegidos. El Barça sigue en busca del suyo cuando en realidad ya lo tiene. El fútbol, como la vida, es una eterna paradoja.

*************************************************************

De la mano de Iniesta y Villa

Por Cristian Naranjo



Tras debutar en la Eurocopa, no parece mala noticia estar entre las tres selecciones que han desplegado mejor juego hasta el momento junto con Holanda y Portugal. Y aunque suene a agrio presagio mundialista, marcar cuatro goles siempre es sinónimo de jolgorio justificado. No obstante, no es conveniente apuntarse al carro de la euforia de buenas a primeras. Al fin y al cabo se trata de España, la misma selección que lleva acumulando batacazos desde el 84. Mentira, no es del todo cierto. En este equipo habitan jugadores que huelen distinto. La lista la encabeza Iniesta, un tipo tan poco agraciado en el plano físico como portentoso en el mental; alguien que en caso de medir 1'85 y ser tan ubersexual como Zidane tendría plaza preferente en el olimpo. Después está Villa, el delantero perfecto para ir a la guerra: ambicioso, luchador, veloz, hábil... y acreditado como el que más en el arte de golear. Hoy le ha hecho un traje a los rusos de patrón asturiano. A su lado juega Torres, a priori el punta más titular de todos por su excelente temporada. La lacra del Niño es su incapacidad para producir en espacios reducidos. Ocurre que hoy Rusia ha salido a dar la cara y Torres se ha hinchado a tirar desmarques en carrera.

Iniesta, Villa y Torres, secundados por la raza de Ramos, el pundonor de Puyol, la brújula de Xavi, la llegada de Cesc, el vuelo de Casillas y el aporte de perfectos jugadores de fondo de armario como Cazorla y Güiza forman un grupo apto para defender a la selección con dignidad. Nadie sabe donde se estrellarán: puede que en cuartos, puede que en semis, puede que en la final… No me imagino a Casillas levantando el trofeo, pero sí creo en ir partido a partido resolviendo los problemas tal y como vayan apareciendo. Por lo pronto, no todos los equipos saldrán a atacar como lo ha hecho Rusia, lo cual aminora la pegada de la selección, acostumbrada a aburrirse y a aburrir cuando enfrenta a equipos cimentados en el culto al cerrojazo. El próximo escollo se llama Zlatan y se apellida Ibrahimovic. Hoy ha firmado el mejor gol de lo que llevamos de Eurocopa. Sin embargo, Aragonés no debe preocuparse tanto del imprevisible punta como del posible entramado defensivo ideado por Lagerbäck. Si la selección se apoya en Iniesta para trazar el camino y en Villa para penetrarlo, España tendrá mucho ganado en su aspiración por ser primera de grupo. Más adelante habrá tiempo para escudriñar la frontera de cuartos. Mientras tanto, hay vía libre para soñar.

martes, 3 de junio de 2008

¿Podemos?

Por Albert Valor



La selección española no pertenece a esa estirpe de selecciones como Italia –capaz de ganar 2 de sus 4 Copas del Mundo los mismos años en los que su liga se ha visto salpicada por el escándalo de la compra de partidos– o Alemania –que un día de verano de 1954 derrotó en la final de la copa Jules Rimet a uno de los mejores equipos de todos los tiempos (la Hungría de Czibor, Puskas o Boszik, entre otros) sin saber aún cómo; o que en 1990 tuvo tiempo de vengarse del Pelusa y sus otros 10 comparsas, que los habían derrotado 4 años antes en México-, selecciones en las que la mayoría de sus internacionales jugaban en la liga de su país –con excepción de la Manschaft campeona en Italia ’90, que confirma la regla– y con el coraje como bandera. Tampoco pertenece al estilo de Argentina o de Brasil, combinados que en época de trabajo reparten a sus figuras por las mejores ligas de Europa para tocar la gloria algún verano de cada 4 años, y casi siempre guiados por un faro superlativo, aquél que separa a vencedores de vencidos, desde Pelé hasta Maradona, pasando por Garrincha o Kempes.

Dicen que España nunca ha tenido un gran jugador al nivel de éstos, alguien que guiara a los nuestros hacia la gloria. También está en boca de todos que España nunca ha ganado nada. Quizá lo dicen porque no recuerdan que, en 1964, España ganó la Eurocopa de naciones en una final ante la URSS que resolvió el gallego Marcelino cuando el partido ya agonizaba. Tampoco recuerdan que el emblema de aquel equipo era Luis Suárez, un jugador que además logró de la mano de Helenio Herrera llevar al Inter de Milán a conquistar sus 2 primeras –y únicas– Copas de Europa y que hoy por hoy es el único futbolista español que tiene el Balón de Oro.

Actualmente, España está entre medio de esos dos estilos descritos antes y muy lejos de ellos a la vez. También parece difícil acercarse al estilo del combinado campeón en el 64 aunque coincidamos en que este año también hay sede olímpica asiática –antes Tokio, ahora Pekín– y en la convocatoria dos jugadores del Real Madrid –ayer Zoco y Amancio, hoy Casillas y Sergio Ramos–. El caso es que el Sabio aún está por encontrar definitivamente el patrón de juego de la roja: a día de hoy, sólo sabemos que la Selección apostará por el toque, pero nos falta saber si Cesc encajará con Xavi, si Villa acompañará a Torres –o si Torres acompañará a Villa–, y si la pareja de centrales necesita algún retoque.

Con todas estas premisas, el ambiente que vive la afición no es precisamente de euforia, lo cual puede ser favorable. También lo sería no apabullar a Rusia en el primer partido, al más puro estilo del debut en Alemania 2006, cuando la Ucrania de Sheva cayó por 4-0 ante los que iban a ser los nuevos campeones del Mundo según Marca y As. La verdad es que el lema que Cuatro ha elegido para alentarnos de cara a la cita en Austria y Suiza no se lo creen ni Los Manolos –por Carreño y Lama–, pero eso también es positivo; como lo sería pasar la primera fase con más pena que gloria –daría lo mismo ser primeros que segundos– para no crear falsas esperanzas en el respetable. Una vez en cuartos empezaría la hora de la verdad para los nuestros. Ahí el rival será un coco: o Italia, o Francia, u Holanda –y no olvidemos a Rumanía, según Luis, uno de los favoritos y de los que nadie habla–.

Con un equipo para tener el balón pero también con futbolistas para jugar a la contra –Cazorla, Xabi Alonso, Fernando Torres– pese a no contar con un extremo puro, España debería desarrollar entonces el papel de agente doble. Sea cual sea el rival, Luis ya debería tener claros para entonces los once guerreros que por fin nos harían pasar de cuartos en la época moderna, y el equipo debería ser la mezcla perfecta entre tiqui-taca y catenaccio, entre pianistas y asesinos, asociados para matar al rival cuando menos se lo espere. Es posible que la combinación entre los que juegan aquí y los ingleses –Xabi, Cesc y el Niño (quizá el protagonismo que estos dos últimos puedan tener en el equipo sea clave)–, que han conocido los recovecos de otra concepción del fútbol, sea la fórmula.

Se pueden hacer mil pronósticos, pero ya sabemos que en el fútbol cualquier predicción puede quedar en broma –recuerden que en la Copa del Mundo de 2002 todo el mundo apostaba por una final entre Francia y Argentina, eliminadas en la primera fase, y nadie daba un duro por Brasil, a la postre campeona, o que en la Euro ’96 la subcampeona del mundo, Italia, tampoco pasó de la liguilla–. Piensen ahora en la sorpresa que se llevó el Planeta Fútbol cuando la República Checa llegó a la final del 96 en Wembley para después morir en la orilla liderada por un mediocampo demoledor formado por la valentía de Karel Poborsky, el pundonor de Patrik Berger y la calidad emergente de Pavel Nedved; o cuando en la última cita europea de selecciones, Otto Rehaggel reunió a 11 gladiadores al más puro estilo de los ejércitos de Alejandro Magno, con una columna vertebral formada por Nikopolidis, Dellas, Zagorakis y Charisteas, apostando por contener los ataques del rival y aprovechando cualquier error para acabar con ellos. Así se deshicieron de Francia en cuartos, la vigente campeona por aquel entonces; de la República Checa en semifinales, la mayor favorita para alzarse con el trofeo; y de Portugal, la anfitriona, en la final. La principal baza de cualquier campeón –y sobre todo de aquella Grecia– es apostar por un patrón de juego y llevarlo hasta las últimas consecuencias.

Quizá sea la hora de que la selección española defina el suyo. Quizá teniendo el balón. Quizá jugando a la contra. Quizá con una mezcla de ambos –y siempre creyendo en lo que ponga sobre el tapete–, creando un nuevo estilo entre la LFP y la Premier que pase a los anales de la historia. Sólo así Casillas puede levantar la copa Henry Delaunay el 29 de junio en el Ernst Happel de Viena. Sólo así podemos.

*************************************************************

La motivación se llama Cuatro: