jueves, 31 de mayo de 2012

A propósito de 'Ibi'

Por Cristian Naranjo


24 de diciembre de 2010. Tras aprovechar una oportunidad del mercado invernal, el FC Barcelona oficializaba el fichaje de Ibrahim Afellay, joven pero experimentado centrocampista holandés, con  la idea de explotar su polivalencia en ataque, amén de su conocido disparo a puerta. A sus 24 años, cualidades no le faltaban. Tampoco ilusión por crecer; ni hambre. Sin embargo, nada iba a ser fácil para Ibi en su primera temporada en Barcelona. La competencia sería feroz; la exigencia, gigantesca. Ante sí, el reto de hacerse un hueco en el mejor equipo de la era postmoderna.

Participó de forma discontinua en el devenir triunfal del equipo de Guardiola, culminando su balance personal con un regate sobre Marcelo y un posterior centro que, remachado por Messi, acabaron valiendo su peso en plata; el del trofeo de la Liga de Campeones, conquistado en Wembley.

Llegó el verano, el nuevo curso, y los éxitos no impidieron a la secretaría técnica culé seguir acorazando la plantilla. Aterrizaron Cesc y Alexis. Y se acoplaron al instante. Más competencia para un Ibi, cada vez más necesitado y carente de minutos. Y, para colmo, en un entrenamiento rutinario, la lesión del ligamento cruzado anterior. Toda una temporada lanzada por el despeñadero. O quizá no. Porque Afellay llega a punto de nieve a la Eurocopa de Polonia y Ucrania. Ocho meses después de ser operado, ha tenido tiempo de afianzar su rodilla derecha, con lo que llega fresco como pocos a la cita continental. Y además, parece que Van Marwijk apuesta por él para una plaza en la mediapunta de su 4-2-3-1, acompañado por Robben y Sneijder, y en competencia directa con Huntelaar y Kuyt. De la confianza del técnico, de la inspiración del futbolista y del papel que juegue Holanda en la Euro, dependerá buena parte del futuro deportivo de un artillero que a sus 26 años tiene todo lo necesario en la mochila.

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domingo, 20 de mayo de 2012

La fuerza del destino

Por Albert Valor


A Didier Drogba le esperaba un duro regreso a casa tras la Copa África disputada en enero. Héroe nacional e icono de todo el continente, debía en ese ahora dar la cara. Y, como siempre, no osó ni por un momento bajar la cabeza. Él falló un penalti decisivo durante el partido que dio paso a la tanda de penaltis que coronó a Zambia. Una vez más, Costa de Marfil se quedaba sin la CAN. Una vez más, siendo la inmensa favorita. Su gente no cayó en la crítica fácil. En África, los futbolistas no son dioses porque levanten copas. Lo son porque ponen a los suyos en el mapa.

La suerte en las grandes citas siempre solía dar la espalda a Didier. Y no sólo con su selección. Le pasaba lo mismo con su querido Chelsea. Pero tras ese duro revés, algo empezó a cambiar. En Stamford Bridge todo apuntaba al fin de una era, más tras una derrota en el San Paolo de Napoli en el partido de ida de octavos de final de la Champions League. La ciudad del sur de Italia ya acogía a los Lavezzi, Cavani, Hamsik y cía como los herederos del glorioso equipo de Maradona y Careca. Un 3-1 ante un equipo en senda perdedora parecía un buen botín. Nada más lejos de la realidad. Justo en ese momento, apareció en escena un hombre sin el que no se entiende esta historia: Roberto Di Matteo. Miembro de aquel último Chelsea romántico previo a los petrodólares, aquel de los Flo, Zola, Le Saux, Poyet o Desailly, el ítalo-suizo pasó a ocupar el banquillo que André Villas-Boas se veía obligado a abandonar. Así es el fútbol. Él quería liderar un cambio de ciclo en el Chelsea que todo el planeta futbolístico vislumbraba y reclamaba ya. Los Terry, Lampard o el propio Drogba, vetustos y hastiados de fracasar en el intento, debían dejar paso a la nueva savia. Pero el fútbol y el destino no creían lo mismo. Y pueden tener razón o no. Pero siempre hay que hacer lo que ellos digan.

Di Matteo se enfundó su traje y decidió que la vieja guardia debía volver a escena. El primer resultado en un partido importante le dio la vuelta a toda la dinámica: remontada en Stamford Bridge ante el Nápoles consumada en la prórroga. Los goles, de Terry, Lampard, Drogba e Ivanovic. Empezaban los guiños. El sorteo resultó asequible para unos cuartos de final que se superaron con sufrimiento ante un atrevido pero tierno Benfica. La auténtica piedra llegaba en semifinales. Derrotar al Barcelona sonaba a utopía. A sueño de noche primaveral, prácticamente. Entonces nadie reparaba en ello, pero el fútbol le seguía debiendo mucho al Chelsea.

El resultado lo conoce todo el mundo. Decenas de ocasiones marradas por el Barça en los dos partidos de la serie, penalti al larguero –cometido por Drogba- y tres disparos a puerta por parte blue. Y tres goles. Excesivo botín, pensaron algunos. No. El destino. Además, anotar en el añadido del primer tiempo del partido de ida y repetir en el partido de vuelta suele darte opciones. En apenas unas semanas, el Chelsea pasó de la depresión a estar en dos finales, ya que también se plantó en el envite por el título de la FA Cup. En ella, Ramires, héroe en las semifinales europeas, también resultó pieza clave y los de Di Matteo salieron vencedores frente al Liverpool.

Y entonces, la gran final. Es en este momento cuando la historia debe centrarse otra vez en Didider Drogba, esa pantera de hormigón. A 7’ del final, el Bayern anota el 1-0. Parece definitivo. Por fin un anfitrión volverá a ser campeón de Europa. Pero no. Tras ver como los alemanes les han lanzado puñados de córners, Mata se dispone a lanzar el primero para la cuenta blue cuando el partido ya agoniza. Alguien se eleva sobre todos. ¡Zás! Sí. Drogba empata. La enésima pesadilla de los aficionados de Stamford Bridge empieza a tornarse sueño. Prórroga. Y nada más empezar, penalti de Drogba. Ahora sí. Parece que la suerte se agota. Otra vez no. Robben vuelve a marrar una oportunidad decisiva en un partido grande. Drogba sabe lo que es eso. Ya sólo queda la tanda. Una ruleta rusa. El Bayern nunca ha perdido en esa suerte en Copa de Europa. El Chelsea nunca ha ganado. Pero eso ya no importa. Mata falla, pero también Olic y Schweinsteiger. Queda un penalti. Y en el campo, sólo hay un tipo al que Neuer no se le hará gigante. Toda la historia del Chelsea se concentra de pronto en la pétrea figura de Drogba. Qué suerte. Ciertamente, no hay nadie más fiable. Y gol. Dentro. De pronto, el resbalón de Terry, el gol de Iniesta, Ovrebo o los derrapes en Anfield Road en dos semifinales quedan definitivamente atrás. Para el marfileño, las decepciones en la Copa África son ahora parte del camino hasta aquí.

Puede parecer que a veces la gloria sonríe a tipos que ni lo comen ni lo beben, como Di Matteo. Pero no es exactamente así. Él fue el elegido para vehicular toda la gloria que ansiaba una generación. Él, que tantas decepciones sufrió con el Chelsea pre-Abramovich de finales del siglo XX, también lo merecía. Es la fuerza del destino.

Didier Drogba, por su parte, seguirá siendo uno de los iconos de la historia del fútbol africano junto a Samuel Eto’o, George Weah o Roger Milla. Y desde ayer, también es el mito absoluto del primer equipo londinense que alza la Copa de Europa. El fútbol se acuerda de todos. Siempre.

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miércoles, 9 de mayo de 2012

Pelaje rojiblanco

Por Albert Valor


Nadie contaba con ellos. Barça y Madrid tenían que jugar la final española en Europa. Pero no. La cosa ha cambiado tras una secuencia de curas de humildad. Hoy nos tocará cenar con ellos dos. Con dos maneras de entender el fútbol. Dos maneras de entender la vida. A flor de piel. Dos Atléticos. El uno, padre del otro. El otro, vestigio del uno. Dos históricos. Es cierto que Sevilla y Valencia –e incluso el Depor- les quitaron protagonismo en los últimos lustros. Pero tras los dos transatlánticos de la Liga, la Historia les coloca a ellos.

Imaginado como final de Copa, sería ya un duelo tremendo. El hecho de ser en Europa redobla los tambores y atrae al misticismo. No se adivina quien será más intenso. Y lo menos claro es el pronóstico. Se sabe, eso sí, que no faltará personalidad por ninguno de los bandos. Ni nervio. Habrá mucho nervio. Cosas de locos. Cosas de cholos.

En Bilbao hace 28 años que no ven una copa y quieren sacar la gabarra. Aunque habrá que pedir permiso a Neptuno, rey de los mares y de todas las rías. Cuidado. Dicen que él también tiene ganas de fiesta.

Sírvanse ustedes mismos. Menudo partido de fútbol.

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martes, 8 de mayo de 2012

Tres estrellas bien merecidas

Por Albert Valor


Desde que la noche del domingo la Vecchia Signora se proclamara campeona del Scudetto, empecé a ver en diferentes medios el palmarés del campeonato italiano. La Juventus lo lideraba en todos ellos con 28, seguida de Milan e Inter, ambos con 18. Pero en los perfiles de Facebook de algún juventino de pro e incluso en algunas imágenes del vestuario de los bianconeri en Cagliari, ví como algún componente de la plantilla señalaba con sus dedos la cifra redonda: 30.

No lograba comprender el porqué. Mi intuición me llevaba a justificar los hechos por alguna liga de dudosa validez en los años de la Segunda Guerra Mundial. Hasta que me refrescaron la memoria: ¡el ‘Moggigate’! Tan reciente y ya lo había olvidado. Había olvidado la pérdida de dos títulos y el descenso a segunda división por las argucias de Luciano Moggi. No vamos a negar que todas aquellas fechorías merecieran un castigo. Ya la pérdida de categoría fue un severo correctivo. Pero arrancar dos títulos de las vitrinas y desposeer a un campeón de lo logrado sobre el césped… Incluso los aficionados del Inter, al que fueron a parar aquellos dos trofeos, saben que aquellas ligas las ganó la Juve con todo merecimiento.

En esto del fútbol, siempre se vilipendia al aficionado. La travesía ha sido dura. El mismo aficionado que me puso al día me subrayó estos seis años como una auténtica pesadilla. Bien es cierto que los escándalos por amaños venían siendo muy perseguidos por la Justicia Italiana. Se decidió cortar por lo sano y el castigo fue ejemplar. Unos pocos pecadores hicieron pagar a millones de inocentes. El ‘Moggigate’ puso en solfa a todos los estratos del club. Pero la Juve, el equipo de Italia y de los italianos -no tanto de Turín y de los turineses - ha vuelto ya definitivamente. Campeón de Liga sin perder un solo partido. Tienen 30 títulos. Y merecen celebrar 30, aunque las estadísticas les den 28. Todo el mundo lo sabe. Y bien harán en poner la tercera estrella sobre el escudo la próxima temporada.

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jueves, 22 de marzo de 2012

Reflexiones desde el fondo del alma

Por Albert Valor


Es curioso. Es curioso haber visto por fin a tu Granada jugar en el Camp Nou. Es curioso haber esperado toda mi infancia y parte de mi juventud para ver ese estampado a rayas horizontales y rojiblancas en la elite. Es curioso que fuese sólo cuatro días después de haberte dado el último beso.

Es curioso que también el martes nos tocara guardar silencio por Estanislao Basora. Tenía un año menos que tú. Y sólo murió dos días después, el bueno de Basora. Ese extremo al que tú viste jugar junto a César. César. Qué decir de César. Recuerdo todo lo que me contabas de él. Que metía goles desde todos los sitios. De todas las maneras. Hasta con el culo. Recuerdo también cuando me explicabas aquel año en que, ya fichado por el Barça, jugó un año en el Granada que compaginó con su servicio militar. A fin de cuentas, fue uno de esos jugadores cuya impronta pasa de abuelos a nietos. Hasta el martes, el máximo goleador de la historia culé. Hasta el martes porque un diablillo del que tú ya casi no pudiste disfrutar le superó. Algunos dicen que será el mejor de todos los tiempos. Valdano, en cambio, le ha comparado ya con Superman. Dice que cuando se va a casa es Clark Kent, y sólo es en el campo cuando se pone la capa y hace de superhéroe. Lo seguro es que, como tú hiciste con El Pelucas, yo hablaré de Messi a los hijos de mis hijos.

Para cerrar el círculo, otra curiosidad. Y es que hasta el marcador fue de tu época. Un bizarro y abultado 5-3 que bien podrían haber registrado en Les Corts. Nada que ver con el fútbol encorsetado de hoy día.

En un solo partido, se agolparon sentimientos acumulados durante toda la semana. Se revivieron tus recuerdos de mediados de siglo. Y, por supuesto, rememoré la deliciosa infancia que me regalaste. Y lo más curioso de todo es que, tras meses de letargo, todo esto me despertara las ganas de regresar a este blog. Descansa en paz, yayo.

PD: Tú mismo lo dirías, con esa mezcla tan tuya de seny catalán y encanto andaluz. Que sí, que vale. Que hemos recortado cuatro puntos en cuatro días. Pero ni antes era una hecatombe ni ahora vamos a ganar el triplete. Calma.


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miércoles, 8 de junio de 2011

Obrigado

Por Albert Valor

Ayer se fue definitivamente la bomba nuclear con botas, que diría Segurola. La manada, que diría Valdano. Aún se recuerdan tus primeras estampidas en España. La celebración del avión, coetánia a la del zaragocista Rambert, forma parte ya del museo de las delicias. Eres leyenda, Ro.


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martes, 7 de junio de 2011

Martes, 20 de noviembre de 2001

Por Albert Valor


Hay un partido. Un duelo entre Liverpool y Barça hace ya casi diez años. En Anfield. Lo recuerdo como si fuera ahora mismo. Esa temporada, el Madrid acabaría ganando la Novena en Glasgow. Ese día, en mitad del desierto, el Barça lo bordó en un partido que da sentido a su filosofía. Entonces, las urgencias históricas hacían difícil la postulación del modelo. Pese a todo, la exhibición dio mucho que hablar. Noventa minutos tocando. Resultado final, 1-3. Si pueden, veánlo. Lo dan mucho en Barça TV. De hecho, ahora mismo se está emitiendo.

Aquel día, el Barça presentaba la siguiente alineación: Bonano; Christanval, Andersson, De Boer, Coco; Gabri (Rochemback, 56'), Xavi, Cocu; Rivaldo, Kluivert (Reiziger, 89') y Luis Enrique (Overmars, 16').

Los goles los hicieron Kluivert (41'), Rochemback (65') y Overmars (84'). Owen adelantó a los 'reds' en el 27'.

Reixach estaba en el banquillo. Pero lo que había sobre el campo, poco tiene que ver con lo de hoy. Sólo una coincidencia: Xavi. La turbina.


http://www.youtube.com/watch?v=ZwrnLQHZZZ0


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jueves, 12 de mayo de 2011

Aún falta algo

Por Albert Valor

Barcelona se echó ayer a la calle. El Barça es campeón de Liga. 3 de 3 con Guardiola. Desde la tranquilidad de mi habitáculo, pienso en trazar un cuaderno de bitácora. Aunque Pep ya ha hablado. Cinco ligas en siete años demuestran que se ha hecho un buen trabajo. Cinco que podrían haber sido seis. E incluso siete. Pero la panacea no es para el que sestea. Y al final de la era Rijkaard, el equipo cayó en la autocomplacencia. Resultado: dos ligas para el Madrid en un lapso en la hegemonía culé de estos inicios de siglo. Pero estos deslices son algo que no ha permitido ni permitirá el de Santpedor. Con todo, queda por saber si la excelsitud del juego culé acabará por vencer algún día las manías persecutorias. Entiéndase Villarato.

La temporada ha sido larga. Aquella derrota ante el Hércules queda ya muy lejos. Pregunten en Alicante, sino. Y el 5-0 parece ya de otra época, con esa tormenta primaveral de Clásicos Básicos cercana a su vez. Pese a ser Pascua, la bacanal entre los dos grandes derivó en la Semana [menos] Santa. Pero aún así, a un servidor le parece que el curso futbolístico todavía no ha alcanzado el súmmum. Como si aún faltara algo. Como si el conejo no hubiera salido aún de la chistera. Como si Villa no fuera del todo Villa. Y es que para el barcelonista, el doble triplete a caballo entre Eto’o e Ibrahimovic sigue siendo la inevitable referencia. Y para un español, el gol de Iniesta en Johannesburgo trajo consigo toda la gloria que el fútbol le debía a la ‘Roja’. El sueño hecho realidad de una noche de verano. Así que ahora, el hincha de a pie no se conforma con cualquier golazo. Esperemos que la final de la Champions colme nuestras ansiosas expectativas. Ya sólo queda esa bala. Veremos. Aunque en PLF no nos olvidamos del Levante. Ni de Camuñas.

PD: No corren tiempos felices en Alicante y Almería. Sus equipos van a dejar la elite. Valdez, Drenthe, Piatti, Ulloa, Kalu Uche o Crusat quedarán libres. Que yo sepa, el Barça necesita atacantes de relleno en su plantilla. Con gol y garantías, a poder ser. También andan medio sueltos por ahí Forlán y Güiza. A río revuelto, ganancia de pescadores.


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domingo, 20 de marzo de 2011

Miscelánea y delicias de Juanma Trueba

Por Albert Valor

Resulta una verdadera fortuna que lo que te pasa por la cabeza sea pura imaginación, pura lírica, puro ardor y pasión por algo. Si además sabes transformarlo en prosa poética, la cosa ya es memorable. Eso es algo que le sucede a Juanma Trueba, el cronista en As de los partidos del Real Madrid. Pocos, quizá Segurola, pueden competir con tales florituras ante una hoja de papel. Tras cada crónica de este señor periodista, podríamos hacer el ejercicio que hoy se presenta. Pero lo cierto es que ha sido este derbi madrileño en el día del Padre el que ha motivado este manantial de citas. Allá va lo más granado:

“Para el anfitrión queda el consuelo, mínimo, de haber recortado un metro de los mil que todavía le separan del rico vecino. (…) el Atlético no hizo un planteamiento realista del asunto. Se lanzó a por la victoria con los ojos cerrados, el sable apuntando a Cibeles y los caballos al galope, (…). De manera que el partido se dividió en un grupo de comanches románticos y un frío comando de élite. Flechas contra balas. ”

Recital. Qué razón tiene el bueno de Juanma. Sobre todo, apuntando de modo implícito a ese don de Jose Mourinho, ese Rey Midas de la Guerra. Y es que el portugués militariza todo lo que toca. Si su Chelsea parecía un ejército cada vez que saltaba a los terrenos de la húmeda, antigua y pérfida Albión, el Inter parecía un escuadrón de bandera transalpino. Y ahora, el Madrid. Los malditos bastardos del siglo XXI. Los hostiles del Señor de la Guerra siempre siguen el mismo guión: manipulan el calendario y desvirtúan la competición teniendo a los colegiados su lado. Y por supuesto, le tienen envidia. Pero sigamos:

“Para el Atlético no había marcha atrás. La locura era la única solución y el equipo se agarró a su palanca de emergencia: Kun Agüero. (…) y se tropezó con Casillas. Al rato disparó raso y la desvió Casillas. Casillas, Casillas, Casillas. (…) Casillas es un muro en la cima del Everest. Una crueldad intolerable. (…) apareció Marcelo para recordarnos su promiscua relación con las musas. Amagó, ganó la línea de fondo y asistió a Özil, que marcó con delicadeza.”

Dijo Trueba en una ocasión que Özil no era turco de nacimiento. Que era turquesa. Pero aún hay más:

“Entre un paisaje de comanches caídos, Kun lo siguió intentando. Marcelo le robó un balón con el que ya apuntaba a Casillas y cuando se encararon para citarse fuera hicimos la foto de dos genios.”

El derbi nos dejó este triángulo. A Casillas, santo y seña del madridismo, en primera instancia. Tiene aureola. E incluso alas. Él es la hipotenusa. Marcelo y Agüero, los catetos. Dos genios incomprendidos. Al brasileño le vilipendian sus lagunas defensivas y le condena su arrogancia. El Kun cuenta con una desventaja. Los que no le ven jugar a menudo piensan que es un futbolista de jugadas sueltas, de ratitos. Y no. Es un jugador imperial. Y está preparado para ir a cenar a un sitio caro. Desde hace ya tiempo.

De todos modos, la opinión que Adebayor le merece a Trueba tampoco tiene desperdicio: “(…) Adebayor rozó el gol de aquella manera tan suya, entre la torpeza absoluta y la genialidad relativa.”

Curiosa fue también la moraleja que extrae del desenlace del choque: “El gol [de Agüero] demostró a los niños que existe recompensa para quien se esfuerza, aunque no sirva para pagar todas las deudas.”

Así las cosas, la vida sigue igual en la capital. Ya son 21 derbis sin que el Atleti entone el grito de la victoria. Y por abajo, la Liga está que arde. Parece que al Sporting se le pone todo cuesta abajo a costa de un Almería con muchas aptitudes pero con poco pragmatismo. El Málaga abandona el farolillo ganando al Espanyol. Los pericos son la revelación de la temporada, pero siempre les moja la oreja el colista de turno. Colista es ahora el Hércules, que cada jornada que pasa le pierde más la cara a la División de Honor. Pero es otro equipo valenciano el que da gratas sorpresas. El Levante, construido en base a cesiones e ilusión, está a punto de firmar la permanencia con toda justicia. Caicedo, la relación más productiva entre goles y puntos de esta Liga, se lesionó en Riazor. Fue otro de los talentosos del equipo granota, Rubén Suárez, el que decidió. El asturiano fue clave en el ascenso y estaba inédito hasta la fecha. Ya se sabe. En el fútbol, como en la vida, todo viene y va.

Arriba, en las islas, un titán se reconstruye. Y es que viendo el Sunderland-Liverpool que se ofreció en esta sobremesa de domingo quedan claras algunas cosas. La primera, que tras la llegada de Kenny Dalglish, el Liverpool ya no se mueve tan a menudo por arenas movedizas. Con la victoria en The Stadium of Light, suman 20 de los últimos 27 puntos y ya reposan en la sexta plaza, algo impensable en Navidades.

Pese a la marcha de Torres y la lesión de Gerrard, los reds han dejado de dar palos de ciego. Y mucho tiene que ver en ello Luis Suárez, versión charrúa del Lazarillo de Tormes. Y es que el uruguayo está cada vez más asentado en lo que siempre pareció que sería: un crack que lleva siempre la picaresca al límite. Con él, la fiabilidad y compromiso de Kuyt y una defensa con las tuercas apretadas como antaño, ya no se debaten constantemente entre la cal y la arena. Meireles va a más y a Andy Carrol se le empieza a intuir. Acabará siendo un referente.

El duelo propició también el reencuentro entre el nuevo y flamante ‘7’ de Anfield y Gyan Asamoah. Dosis de morbo tras la secuencia ‘Mano-Penalty-Fallo-Lágrimas de todo tipo’ de la eliminatoria de cuartos de final del pasado Mundial entre Ghana y Uruguay. También quedó al descubierto lo desguarnecido que queda el talento de Gyan #33 en los Black Cats. Si yo fuera el secretario técnico de algún equipo que quiere jugar al fútbol y necesita un delantero con recursos técnicos y que sabe jugar de espaldas al arco, vendría ya a rescatarlo. Desde el Sánchez Pizjuán, por ejemplo. O desde el Manzanares.

Fútbol. La ciencia menos cierta. La religión con más adeptos. Y cómo nos gusta.

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jueves, 17 de marzo de 2011

Alto copete

Por Albert Valor


Se avecina la parte noble de la temporada. Ya sólo quedan ocho. En la primera semana, los nombres del Shaktar Donetsk y el Tottenham Hotspur entraban en la aristocracia de la Champions por la puerta grande y por vez primera. Los ucranios vencieron en ida y vuelta a una Roma que ya está pasada de moda. Sobran nombres y falta fútbol en la capital italiana. Luego están los Spurs, apuesta encarecida del PLF desde hace tiempo y candidatos a revelación de la competición. Luego hablaremos más de ellos. De momento, la victoria en San Siro es su mejor carta de presentación. El Barça, un clásico, se colaba con un argumento tan antiguo como el propio balompié: el balón. Messi fue ángel en casa se confirmó como el diablo con la mayor horquilla de la historia moderna del Arsenal. También como la más real de las pesadillas de Manuel Almunia.

El Schalke 04 completaba la nómina de los primeros clasificados. Es la germana una institución con gloria intermitente en las dos últimas décadas. Y ahora, se ha encomendado al jerarca de la Champions. Su mayor problema será que en el futuro el halo de González Blanco empequeñecerá la gesta de todo un conjunto. Partidazo de Farfán. Fresca la aparición la de Gavranovic. Trepidante el partido de Gelsenkirchen. Y maldita la suerte del Valencia, que apostó por jugar al fútbol pero se olvidó de detallar en las áreas. Se esperaba más de Mata y de Aduriz. Otra vez será.

La jornada de ayer martes dejó dos nombres propios. El de Chicharito, avezado lanchero del gol en las islas que pone al United en una cita a la que no falta en el último lustro, y el de Samuel Eto’o. No sólo fue el mejor con un gol, una asistencia y un partidazo. Fue también el mejor de toda la serie y dejó en anécdota los imperdonables errores de Julio Cesar. Un auténtico MVP. Con Samuel sí hay paraíso. Y tripletes. Si Raúl es el rey de esta competición, el camerunés es su mejor amante.

Los últimos en pedir tanda, la vieja gloria y el nuevo clásico. El Real Madrid, grande desde que la Copa de Europa es Copa de Europa, vuelve a tener sangre azul. Estará porque se le esperaba. Y Mourinho podrá colocar otro asterisco en su currículum. El Chelsea, juguete del mecenas Abramovich, intentará de nuevo su asignatura pendiente. La orejuda siempre tiene pretendientes y algunos aún sueñan con agarrarla.

Como decíamos, mención aparte merece el Tottenham. Este histórico de la Premier llega a la parrilla final desde muy atrás. Sus laureles ochenteros ya estaban caducos. El año pasado, se atrevió a romper el Big Four y el talonario de los jeques del City y se coló en la mejor fiesta. De momento, los dos grandes de Milán se han arrugado ante ellos. Si yo fuera uno de los favoritos, no los querría ni en pintura. Crouch, Lennon, Bale, Modric o Dawson –y su fútbol- podrían pasar por cualquier rendija. En White Hart Lane, la proporción entre pasión y propuesta futbolística está equilibrada. Y Harry Redknapp tiene buena culpa de ello.

Y Abidal. Qué decir de Abidal. Se perdió la final de Roma en 2009. Y ahora se perderá lo mejor de la temporada. Maldito cáncer. No te rindas, atleta.

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