Adriano Correia. Contrastado, joven -25-, rápido, físico, técnico, polivalente... Y ambidiestro. Junto con Filipe Luis y Coentrão, lo más parecido que había en el mercado a Dani Alves para el ala izquierda. Dijo Rosell antes de ser presidente que una de sus prioridades deportivas era reforzar los laterales. Y no ha tardado en hacerlo. Me aventuro a pronosticar que, pese a su pérdida de protagonismo en Sevilla, le venderá caro el puesto a Abidal, además de mandar a Maxwell al fondo del ropero.
A priori encaja a la perfección con el retrato robot que busca Guardiola: talento, compromiso y adaptación al sistema. Por otro lado, mi sensación es que el fichaje de Adriano complica la llegada de un extremo y pone en cuarentena la de Cesc. El nombre de Mata se ha silenciado y Robinho ya no ocupa portadas. Por desgracia, Arshavin y Elia, tampoco. La prioridad absoluta pasa a ser Fàbregas; pero la guita escasea, y el Arsenal está en plan Rebeca: duro de pelar.
Por ahora el nuevo Barça emite buenas vibraciones, aunque el vacío de Touré, pérdida notable, aún está por cubrir.
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domingo, 18 de julio de 2010
Un lince para las bandas del Barça
viernes, 16 de julio de 2010
Sudáfrica 2010: España encuentra su primera estrella. Así se hizo.
3 de julio. Sábado noche. Acabábamos de liquidar, no sin apuros, a la incómoda Paraguay de Gerardo Martino. 1-0. Gol de Villa en el 81'. En el 58', Casillas paró un penalti. Era momento, pues, de festejar el pase a semifinales, hito histórico de la selección en los mundiales. Pero, cómo celebrar algo tan preciado, cuando se tiene tan cerca y a la vez tan lejos. Cómo recaer en la trampa de soñar despierto, tras casi un siglo mordiendo el polvo. Cómo calcular las distancias, la medida de las pulgadas, cuando el terreno es ajeno a lo humano. Por qué beberse la pista de baile a martillo –me preguntaba–, si al fin y al cabo no existen en el fútbol los cimientos; si nadie paga luego la cuenta de doña decepción y don remordimiento.
Como todos los juegos que molan, el Mundial está lleno de castillos en el aire y puertas secretas, que conducen a princesas que siempre se llaman Daniela. Ni siquiera Super Mario, en el tajo desde el '81, tiene respuesta a tanto acertijo. En cuanto a mí, a cuatro noches de batirnos con Alemania, preso de la sed de estrellas, no se me ocurrió nada mejor que tratar de adivinar lo que estaba por venir. Error. O no. Todo depende de quién sea el coyote, y quién el correcaminos.
Lo primero en que pensé fue en la frase de Maradona que rescaté de por ahí: "Siempre queda una pelota para la epopeya". No cabía esperar menos de un duelo contra la todopoderosa Die Mannschaft –'el equipo'–, que llegaba a la cita como flamante sensación del torneo y con la robótica mejorada respecto a 2008. Es cierto que Joachim Löw perdía por sanción a Thomas Müller, su Mazinger Z particular, pero a esas alturas de campeonato si algo había demostrado la selección germana era la fiabilidad del conjunto de su ingeniería. Competitiva por naturaleza, acostumbrada a verse entre las cuatro mejores, para Alemania disputar una 'semi' –onceava en su historia– era como un día más en la oficina.
De España, más cerca que nunca pero lejos todavía de alcanzar su estrella supernova, esperaba todo lo mejor. Desde el revolcón frente a Suiza, el rendimiento de 'la Roja' dibujaba una curva que invitaba al optimismo. A la confianza. Y a la fe. Esperaba que Casillas se cosiera las alas; que Ramos hiciera de su banda un cortijo; que Piqué y Puyol electrificaran el perímetro a su espalda; que Capdevila, arriba y abajo, continuara pintando su cerca; que Busquets siguiera siendo el jardinero fiel; que Xabi Alonso liberara más palomas mensajeras; que Xavi Hernández marcara la sístole y diástole del partido; que Iniesta fuera Iniesta; que Villa tampoco desayunara ese día; y que Torres, desangelado hasta el momento, volviera a ser el cazador elegido: la voraz hambruna del coyote, junto a la rapidez del correcaminos.
Finalmente, el destino de los sucesos es tan esquivo al pronóstico que el 'Indio' Torres apenas tuvo 25 minutos más en el resto del torneo. Se acabó imponiendo el fulgor de Pedrito. Y en contra de cualquier apuesta previa, el hombre del día resultó siendo el jugador más defensivo; el menos técnico y goleador. Ironías del fútbol. Una más. Guiño a todos aquellos centrales del corte de Puyol: melena, casta y corazón. Sin nada más… Y nada menos. Imposible ganar sin jugadores así.
En la misma línea, para la historia quedará otra mágica contradicción: España conquista el trofeo siendo, con mucho, el campeón con peor número de goles a favor –8–. Tampoco nadie había obrado el milagro de superar los cuatro partidos definitivos sin encajar ninguno. La memoria de millones de aficionados se encargará de resolver el aparente sinsentido: aquel equipo –se ensancharán al decir– defendía como ningún otro. Tenía grandes defensas; Piqué, Puyol y Ramos eran extraordinarios. Pero el mejor defensor de todos… Era Xavi.
Todavía una paradoja más: el gol definitivo no lo fue a marcar precisamente el tipo con mejores registros. Ni siquiera un delantero. Perteneciente al gremio de corte y confección, Andrés Iniesta suele jugar sin demasiadas balas en el revólver. Renegar de los disparos al aire, su particular modo de afinar puntería. Acostumbrado a actuar como centrocampista puro, su labor principal consiste en enhebrar la aguja; casi nunca en dar la última puntada. El arte del gol requiere altas dosis de egocentrismo y voracidad de escenario. Liturgias. Nada que ver con Iniesta, que perfeccionista por definición, se reconoce más en otras facetas del juego que en el disparo. Como si le supiera a poco eso de firmar la obra; siempre más cerca del proletario que del artista endiosado.
Hubo una noche, en cambio, en que el manchego aprendió el valor del último minuto y le encontró el lado bueno al hecho de no malgastar munición. Fue un partido terrible en Londres, en un pisadero llamado The Bridge. En el Soccer City de Johannesburgo, final de la Copa del Mundo, la situación tampoco era la mejor. Ya no se oía una vuvuzela, síntoma de que se acabaron las bromas. Tras 115 minutos al límite del reglamento, la Holanda de Van Marwijk estaba a punto de dejar en nada el enorme despliegue de 'la Roja'.
Demasiadas agresiones soportadas. Excesiva tensión acumulada. Frustración. Rabia contenida. Estaba en juego la honra de centenas de ex futbolistas. De millones de aficionados. La selección quería y creía, pero el tiempo se escurría en cada ataque perdido. Casi a caballo del delirio, asomaban ya los temidos penaltis. Con menos de cinco minutos por jugarse, a España le quedaba una sola baza: percutir la zona de Mathijsen, hecho unos zorros y absolutamente desbordado desde la expulsión de Heitinga. Con Xavi, Fàbregas, Iniesta y Navas, cuatro formidables pasadores a su servicio, el 'Indio' Torres debía tener alguna opción de remate. El segundero apretaba, pero 'la Roja' seguía creyendo. Sinatra tenía razón: lo mejor estaba por llegar.
Descarado como casi nadie hasta entonces en Holanda, Eljero Elia se aventuró a penetrar en terreno vedado. Eléctrico, trató de colarse entre Fàbregas y Ramos. Sólo se vive una vez. Ese balón perdido acabó en botas de su equivalente en España. Jesús Navas se fue hacia arriba con el galopar propio de un potrillo. Su mérito fue convertir, con su alocado sprint, la jugada en contraataque. A partir de ahí, la embestida cobró sentido. Apareció Iniesta en la jugada, que cedió de espuela para Cesc. Éste trató de abrir de primeras hacia Torres. El pase lo interrumpió por un instante Robben, pero ya sin fuerzas para nada. Navas llegó para descargar en banda, donde a pierna cambiada el 'Niño' intentó un centro imposible, destinado a morir en la orilla. Por suerte, a esas alturas de la jugada, tras 20 segundos de achique a contrapelo, en la selección oranje ya nadie sabía quién actuaba de central zurdo. Van der Vaart pasaba por allí. Con un despeje horrible, se convirtió en el autor del penúltimo pase.
80 años y 19 Mundiales después, el balón de los balones cayó a pies de Iniesta. Lejos de ser el ariete del equipo, algo sí estaba asegurado: lo gestionaría con cabeza. Jamás sabremos qué pulsaciones marcaba en el momento del control. Tampoco importa demasiado. Sabemos que la bajó con la clase que define a esta selección, y que el remate llevó la furia de los antiguos.
De apariencia frágil, a la hora de la verdad, cuando las cosas se pusieron realmente feas, a Iniesta no le tembló el gatillo. Conocía el valor de esa pelota. La pelota de la epopeya. En el tambor, una sola bala. Cosido a patadas, sin tiempo para sudores fríos, llegó el momento de la descarga. Pocas cosas tan sanas, tan épicas y justas, como la venganza deportiva. Al final, Andrés Iniesta no tuvo elección: el destino se citó en sus botas. A sangre fría, honorando para siempre a Luis Enrique, disparó con plata de primera ley contra el pecho de Stekelenburg. Galvanizado en ese proyectil, el argento de la Eurocopa trajo consigo el oro bruñido en siglos por Jules Rimet. Faltaban estrellas al sur de la ciudad. También al este del edén. Pero a partir de Iniesta será distinto. Por fin descansa en suelo español el Santo Grial del fútbol. La copa amarilla, madre de todos los trofeos, nunca estuvo en mejores manos. El mundo estrena firmamento, color rojo enamorado.
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lunes, 5 de julio de 2010
O maior espetáculo da Terra
Que el titular de este post sea en portugués no es casualidad. Y Dunga debería darse por aludido. Es el brasileño un tipo que decidió ir a morir con sus arcaicas ideas a cambio de serle infiel a la pelota. Recibió señales, pero no hizo caso. Este deporte, tran grande, tan injusto, tan justo, castiga a veces a los vulgares. ¿Y Argentina? Fue, simple y llanamente, víctima de sí misma y su desproporcionada confianza en que los hados se encargarían de todo. Maradona lo fió todo a la magia, y los argentinos, todo a Maradona. El Pelusa fue víctima de su propia leyenda. Una vez más. Para ganar un Mundial también hace falta fútbol. Incluso Italia tenía a Pirlo en 2006. La eliminación de ambas sin duda restará embrujo a la cita, pero quilates, ni mucho menos.En un Mundial que casi siempre olió a sudor y a miedo, se nos sirve ahora la mejor parte. Si hablamos de la selección española, el gol a Paraguay nos debería servir como ilustración. La victoria se gestó en la sala de turbinas, entorno al triángulo mágico. Iniesta para Busquets, y éste entrega a Xavi, que devuelve a Iniesta. Todo en un par segundos. Ahí, el manchego rompe las líneas de presión y ya lo fía todo a la pólvora. A partir de entonces, Pedro, los palos y Villa -sobre todo Villa- se encargaron de concluir. Qué fácil es el fútbol cuando se juega a flor de piel. Sintiéndolo. El rendimiento de España está donde los expertos, casas de apuestas y demás la colocaban en las quinielas previas. Lo curioso es que no ha llegado explotando las armas que la hicieron temible. El poder de ruptura de Iniesta entre líneas ahí está. Los goles de Villa, también. Busquets se ha erigido como un Senna de tez blanca. Y Xavi sigue siendo la autoridad. Hasta Casillas ha recuperado su aureola. Sí. Pero falta mermelada. El mejor partido de España debería estar por llegar. Y la dulzura. Y el gol de Torres. O el de Pedro. Que así sea. Esperaremos con gusto el desenlace.
Mientras, hemos entendido que España juega ahora a soplos. Durante el resto, se dedica a competir. Veremos si alcanza. Lo que ‘la Roja’ ya ha entendido es que el castillo está tras la zanja. Para rescatar a la princesa ya sólo le hacen falta dos acometidas más. Pero se precisará de toda la artillería. Arietes, arcos y flechas. Incluso morteros. También dagas. Y no se deberían descuidar los yelmos. Nunca una fantasía estuvo tan cerca.
Quizá la mayor traba que el destino y sus avatares le han tendido a la Selección es que el resto de candidatas también tienen cuentas pendientes con la historia. Empezando por Alemania. Tres veces campeona del mundo. Pero otras tantas o más finalista. Los teutones han jugado más finales que Brasil y en más de la mitad de las ocasiones la fortuna miró hacia otro lado.
Y qué decir del otro lado del cuadro. Los oranje, siempre icono del fútbol de etiqueta –excepto en esta competición- perdieron dos finales en los setenta cuando tenían uno de los mejores combinados que ha dado este deporte. Y Cruyff, Resenbrinck, Rep, Krol y los demás mecanizados saben que la tropa del especulativo Van Marwijk puede saldar la deuda. De momento ya dejaron a Brasil en la cuneta. Aunque su destemplada defensa podría ser su mayor enemigo, la dupla Van Bommel-De Jong -tarugos para algunos, imprescindibles para otros- ayudará a cerrar el candado.
Luego, y para terminar, está Uruguay. Puede que el equipo con más mística del campeonato. Sobre todo ahora que la Argentina del Diego dijo adiós. Los charrúas no asomaban por aquí desde hace décadas. Y su manera de acceder a la penúltima ronda conduce irremediablemente a la lírica. Se habló de EEUU, Serbia o Costa de Marfil. Pero nada de eso. La auténtica tapada de la competición es Uruguay. ¿Se habrán aliado los planetas para que el ‘paisito’ complete otra gesta en la Copa del Mundo?
Cada cuatro años, el fútbol nos brinda un regalo. Sentémonos ahora frente al televisor y disfrutemos. Lo mejor está por venir.
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sábado, 3 de julio de 2010
El gol de Abreu
Francamente, hubiera preferido escribir estas líneas bajo el título de 'La estrella negra'. Pero no pudo ser. Un indio, un pirata, un tatuado, un bohemio, un romántico, un tarado... Un loco, en definitiva, casi tan loco como un servidor, lo puso todo patas arriba.Ghana se adelantó en el marcador con ...un zurdazo que Sulley Muntari merecía más que nadie; máxime teniendo en cuenta que bajo el arco estaba un felino como Muslera. Y es que, pese a proclamarse tricampeón con el Inter, el todoterreno ghanés no ha contado demasiado ni para Mourinho ni para Rajevac. Por cuestiones de indisciplina, dicen. Todo lo contrario que Diego Forlán, que lleva más de un lustro rozando la sobreexplotación. Si para Muntari hacer gol es noticia, se diría que para el 'Cacha' es rutina. A nadie sorprende ver a un rubio en portada. Todos saben que Forlán juega con arco y flecha.
Con el 1-1, el partido se fue espesando al compás del miedo. A Uruguay no suele importarle demasiado. Como toda selección sureña, se hace fuerte en periodos de entreguerras. Tanto es así que entregó toda la prórroga al destino, quién sabe si soñando ya con los penaltis.
Minuto 121. Ghana encontró premio a su fe segundos antes de sonar el gong. En un remate a quemarropa, el pigmeo Suárez puso las manos allí donde no le alcanzaban ya ni la estatura, ni el corazón. En ese instante, con todo un estadio encendido y un continente pintado a tres colores, nada debía evitar el gol de Asamoah Gyan. Él debía ser la estrella negra de la bandera. Pero no. Muslera la vio pasar... Y el larguero la escupió, casi con desdén, alertando quizá de lo que nadie vio: la invalidez de la jugada. En el primer remate que saca Suárez con los pies, Appiah viene de fuera de juego. En fin...
El desenlace de lo ocurrido es de dominio público. Gyan llegó tarde a meterla por la escuadra... Y el 'Loco' Abreu me dejó sin habla. Si alguien me preguntara, alguna vez, por cómo quisiera morir, le diría sin pensar: "Con la edad de Cristo, lleno de tatuajes y el 13 a la espalda, todo chulería, pateando con poética comba zurda el penalti definitivo de mi selección en un Mundial. Sé de alguien que lo hizo y además pudo contarlo. Era uruguayo. Se hacía llamar W. S. Abreu G. Estaba loco de remate, pero era la puta bomba".
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Simpatía por Badia
Poco brillante, dicen algunos. ¿Disculpen? Fíjense si es técnico, y hasta qué punto está seguro de ello, que se permite recortes propios de un mediapunta en posiciones defensivas. Y lo mejor es que el 80% de esos regates los hace con sentido. Recordemos que el regate corto es la forma más rápida de saltar una línea de presión. Evidentemente, no es la más segura. Pero ocurre que a Busquets, de cada 10 que intenta, 6 le salen de cine y 3 acaban en falta. Y ese balón que pierde es el margen de error que se puede permitir jugando por delante de la defensa y teniendo detrás a Puyol y Piqué.
Ante todo, dejo claro que yo fui escéptico durante buena parte de la primera temporada de Pep, porque lo consideraba un mediocentro puramente defensivo, y para eso me gustaba más Touré ─indiscutible futbolista─, o el equilibrio y llegada de Keita. Con el tiempo, Busquets ha demostrado galones para ser titular en cualquier equipo del universo... Que pretenda jugar a fútbol ─que, en el fondo, son muy pocos─.
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viernes, 2 de julio de 2010
'Dinamita' Villa
PLF Vintage...
http://piensoluegofutbol.blogspot.com/2008/06/david-ambicin-villa.html
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miércoles, 30 de junio de 2010
Proverbio
Desde el momento en que España conformó su actual estilo de toque, juega cada tarde como transmitiendo la defensa de una causa justa. Estructurado alrededor de Xavi, Iniesta, Busquets y Alonso, no habría equipo capaz de basarse en la destrucción como sistema. No podría siquiera ser inventado en mezquinos tubos de ensayo. Por una cuestión de genoma, la actual quinta de seleccionados no conoce otro plan que no sea el de enroscar una y otra vez el cuero. Pese a que, como en todos los órdenes, construir conlleva tres veces más esfuerzo que derruir, la Roja asumió hace tiempo que alguien tenía que salvar la lírica. Con esa premisa abordó y conquistó la Eurocopa.Dos años después, y con exacta filosofía, se ha abierto paso en el Mundial; no sin dificultades. La derrota frente a Suiza invitó a dudar; ante Honduras se restableció la ilusión; y contra Chile se instaló de nuevo un pequeño amargor respecto a la forma física y el esquema. Con todo, el combinado ya estaba en octavos, donde esperaba una peliaguda Portugal. El duelo ibérico debía dirimir quién aspiraba realmente al Mundial. Y fue España, domesticando una tarde más la bola, quien salió vencedora y reforzada del choque. Se consolidan Busquets y Alonso; crecen Xavi, Iniesta y Ramos; Villa se muestra en estado de gracia; Puyol y Piqué son una red de seguridad.
Queda la incógnita de Torres, desconocido por ahora. Y en menor medida también la de Casillas. Respecto al lateral izquierdo, poco más se le puede exigir al veterano Capdevila. Si el debate existe es porque el banquillo de Del Bosque invita al sonrojo: Cesc, Llorente, Pedro, Javi Martínez, Valdés… Cualquiera sería indiscutible con la Italia de Lippi, la Inglaterra de Capello o la Francia de Domenech. En la Roja, en cambio, calientan banquillo. Anoche, el gol de la victoria llegó con Llorente sobre el campo. A nadie escapa que el Superman de Lezama mejoró las prestaciones de Torres; pero el tanto definitivo se fraguó, ante todo, porque la selección entendió que su juego necesita de algo más importante que el coraje. Para ser efectiva, España también necesita… Paciencia.
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sábado, 26 de junio de 2010
S. of S.: Jamás se fueron, y además volvieron
El segundo gol de España debe ser el camino a seguir: presión alta, descarga rápida en banda, mínimo compás de espera, devolución al centro y remate de primeras. Fútbol sencillo, preciso y plástico. De ejecución dulce, pero letal, el tanto de Iniesta vuelve a subrayar, a modo de campanada, cuál es el rasgo distintivo de la selección: el tuya-mía, sin colorantes ni azúcares añadidos. Sólo fruta fresca, recién caída del árbol. Un sabor inimitable, en tiempos en que impera el balompié de conserva.A estas alturas ya nadie discute a la Roja la patente de sociedades al primer toque. España tiene el ritmo y el rumbo. Si además encuentra hierba para correr, no será necesario llamar al jardinero. Liderados por Xavi, los Sultanes del Swing harán algo más que divertirse y ganar el partido: dejarán el campo tal como a usted le hubiera gustado encontrarlo.
Mientras que, en algún lugar, el viejo Luis sostendrá un habano desgastado con una sonrisa a medias. Pese a los sentimientos encontrados, a todo jefe de banda le encanta que los planes salgan bien.
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sábado, 19 de junio de 2010
En defensa del talento
"Sabemos que somos buenos y muy creativos", declaraba Van Marwijk tras el Holanda – Dinamarca. Si bien es obvio que la 'Oranje' tiene pegada (véase trallazo de Sneijder), la sensación es que hace décadas que dejó de ser mecánica. Huérfana de Robben es otra aspirante al título, otra más, que juega básicamente a nada. Como mínimo, muy por debajo de sus enormes posibilidades. Y eso supone una gran decepción para quienes gustamos de mejores platos. La cuestión del doble pivote en paralelo roza lo indignante. Nos preguntamos si no sería más eficaz quitar a un tractor como De Jong ─o Van Bommel─ y retrasar a Van der Vaart para dar entrada, ya desde el inicio, a Eljero Elia, que es pura electricidad zurda. Sinceramente, no se entiende. Y más ante selecciones menores como Japón.Por no hablar del conflicto interno de Del Bosque. ¿A qué espera el bueno del charro para sacar a un pivote y meter más amperios en ataque? Se habla de Cesc y es de justicia, pero ni tanto ni tan poco. Tampoco se trata de acumular a todos los socráticos en tres cuartos. Precisamente ante Suiza nos condenó el efecto embudo. La 'Roja' pide a gritos un felino. Y ahora mismo, el rey de la selva es Pedro.
Con todo, y tal como dijo Del Bosque en una ocasión, en fútbol todo es opinable, pero nada demostrable. La historia de los Mundiales está llena de campeones avaros. Sin ir más lejos, la Italia de 2006 lo ejemplifica. También la del '82, que dio la sorpresa y campeonó tras apear por el camino a la última gran selección brasileña. La de Júnior, Sócrates, Zico y Falcao. Y es que, nos guste o no, la primera premisa para ganar un Mundial es defender a la perfección. Mucho me temo que Sudáfrica 2010 no será la excepción.
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jueves, 3 de junio de 2010
De cómo la Roja ya no sonroja
Cuentan las malas lenguas -y la historia, y la realidad- que la selección española siempre fue un equipo perdedor. Decepcionante. Afligido. Se recuerda un cuarto puesto en el Mundial de Brasil, en el lejano 1950, y una Eurocopa ganada en pleno apogeo del Franquismo a la Unión Soviética, allá por los sesenta. Ambos logros aparecen en los anales de la historia de la RFEF, pero a duras penas la televisión en blanco y negro puede dar fe de ello.
Desde entonces, el fútbol español vivió en un difuso barbecho. Los fracasos se acumulaban, y cómo muestra fehaciente tenemos el célebre error de Cardeñosa en el '78 o el gol fallado por Julio Salinas cuando España ya se asomaba a las semifinales en USA '94. Se apeló durante aquellas generaciones a la famosa furia. Y aunque es lógico que cuando un futbolista se enfunda la camiseta de su nación afloren la pasión y el ímpetu, la realidad es que la testosterona pareció ser más propia de combinados como el teutón o el albiceleste.
Pero llegó un buen día llegó un hombre, un sabio dicen algunos, que decidió cambiar -para siempre y en todos los aspectos, para bien y para mal- el porvenir de la selección. Respondía al nombre de Luis. Luis Aragonés. Decidió, en primer lugar, cambiar el patrón de juego. Si teníamos a los mejores jugadores en el medio campo, había que poseer el balón. Y no sólo poseerlo. También dominarlo. E incluso admirarlo. Mimarlo. Tratarlo bien. El cuero, actor principal de esta superproducción que es el fútbol, debía ser nuestra arma. También ocupando las bandas. No era capital jugar con extremos. Simplemente ocuparlas con gente válida. Así, con una idea clara de juego, se podía ganar o perder. Pero se creía en algo. Y el lema tenía, por fin, una razón de ser. Cabe decir que el primer intento, en el Mundial de Alemania en 2006, resultó fallido. Pero, claro está, los proyectos necesitan tiempo.
Otro punto delicado fue prescindir de los servicios de un mito. De una leyenda como Raúl González Blanco. Aunque nunca alzó ningún trofeo con la casaca roja, se convirtió en el máximo goleador de todos los tiempos y en un significativo capitán. Una buena temporada en el Real Madrid a pesar de superar ya la treintena, hizo que la prensa capitalina se echara encima del seleccionador por tal acción. Pero si de algo no se podía tachar a Aragonés era de cobarde. Él decidió que jugadores como Villa o Torres eran ya mejores futbolistas y en consecuencia actuó. Y para tener en el banquillo a Raúl, prefirió segundos espadas como Dani Güiza o Sergio García. Gente que sabría que jugaría poco. Pero gente que con el hecho de ocupar el banquillo durante un campeonato internacional ya se sentiría como un palomo buchón.
Luego están Xavi e Iniesta. También Silva, Cesc o Xabi Alonso. Pero el quid de la cuestión está en ellos dos. Por aquel entonces, en 2008, el Barça venía de dos temporadas malas. Muy malas. Xavi había sido una sombra de sí mismo, e Iniesta parecía estancado en su juego a pesar de sus retales de magia. La línea discontinua que había trazado el equipo culé durante aquellos dos cursos parecía haberles afectado demasiado. Además, se les acusaba de no defender. Pero una vez más, Aragonés mostró su personalidad. Creyó en ellos y les animó a dar un paso al frente durante la Eurocopa de naciones. A dominar el centro del campo haciendo lo que mejor sabían hacer, que era mover el esférico. Pero también a defender con y sin la pelota y a tener más verticalidad y protagonismo directo en el juego de ataque. Así se erigieron en líderes durante aquel torneo y del glorioso Barça que Guardiola forjó a continuación.
Se dice que la selección de hoy le debe mucho al Barça. Y es cierto, le debe muchos jugadores y gran parte de su excelso nivel. Pero también el Barça le debe algo al combinado nacional. Ahí fue dónde Xavi e Iniesta se creyeron que podían ser dos centrocampistas de referencia mundial. Apostando por la asociación permanente. Y hasta las últimas consecuencias. Todo ha sido hasta ahora una perfecta simbiosis que los aficionados del Barcelona y de la selección han gozado de lo lindo.
Durante la Euro conquistada en Viena, tuvimos a gente enganchada al equipo desde el minuto uno. También a los oportunistas que se engancharon progresivamente, a la vez que España enamoraba con el balón como argumento. Están los que obviaron, obvian y obviarán a la Roja hasta el fin de los días. Y no debe ser algo criticable. Es algo lícito, de hecho. No se pueden borrar de un plumazo los referentes históricos y sociales. Cada ser humano puede tener su punto de vista. Y razonado con argumentos sólidos siempre será respetable. Pero esta selección ya no tiene tintes sociales ni políticos. Es, simplemente, puro fútbol.
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