Se sentía. Se presentía. Y volvieron a hacerlo. La pelota no engaña; es una amante fiel. Definitivamente, le ha jurado amor eterno al Doctor X.
Cristian Naranjo
EJERCICIO PERIODÍSTICO INDEPENDIENTE de Cristian Naranjo y Albert Valor / P.L.F. ® 2008
El fútbol inventó partidos como éste para echar por tierra cualquier tipo de pronóstico. Vaticinar lo que puede ocurrir es poco menos que un engaño al pueblo; es como enfrentar a los mejores de cada clase en el patio del instituto, y tratar de adivinar el resultado. No tendría sentido. Cuando reina la incertidumbre, el espectáculo se convierte en el único favorito.
Primeros de abril. Llegó el tramo definitivo del curso. Apenas dos meses para el desenlace. Y ahí, en primera línea, vuelve a estar el Barcelona. Escuadra de autor por definición, el equipo de Guardiola acostumbra a rallar a gran nivel cuando decide levantarse temprano, desayunar a base de cereales y fruta y salir a correr un rato, varias horas antes de concentrarse de lleno en el partido. Es la metáfora de que si el actual jerarca de Europa encara la cita con la liturgia y el protocolo necesarios, el rival lo tiene crudo. Así lo prueba la límpida trayectoria del seis veces campeón en 2009. Salió pues el Barça con el rictus congelado ante un Arsenal pulcro, vestido de blanco y diplomática ralla. Un traje hecho camiseta. El once de Wenger, sesgado por las bajas de Fàbregas y Arshavin ─equivalentes a mamá y papá─, funcionó en base a las mismas directrices que en la ida: superpoblar la tierra media. Xavi padeció el acoso, y los primeros minutos no encontraron dueño. A la inversa que en el Emirates, no se barruntaba tormenta en el Camp Nou. Si bien fue Almunia quien vio caer las primeras gotas.
En el '18, en mitad del ir y venir del cuero, enganchó el Arsenal la jugada que buscaba: recuperación en zona alta y despliegue veloz en beneficio de Bendtner, que puso a prueba el riego sanguíneo de la grada. 0-1. Tocaba correr con arena en los bolsillos. Pero justo entonces, antes de que al aficionado le turbara el miedo, apareció Él. Se presentó ante todos el mismo Satanás. Y decidió quedarse solo en el escenario. No recuerda la moderna Liga de Campeones una exhibición parecida en el plano individual a la de anoche. El electrón es zurdo. Se llama Leo Messi. En el '21 volteó el statu quo con un trallazo demoníaco. En el '37, concretando de cine con la diestra, anunció el monopolio que estaba por venir. Y en el '42, a modo de postre, cerró el encuentro con una vaselina de algodón de azúcar que ya es marca de la casa. Messi es al fútbol algo más que Dios para el catolicismo. Es el todopoderoso y su enemigo. Es el seny i la rauxa. Es Jesucristo y es Lucifer. Es un Beattle y un Rolling Stone.
Desde anoche, la Champions League es señora de Leo Messi. Por fin se conoce el porqué de las grandes orejas que identifican al trofeo. La orejuda estaba esperando a su pequeño ratón animado. A su caballero. A su demonio. Nunca antes la habían cortejado de ese modo tan bipolar; tan descarnado; tan pasional. Cuatro goles en la vuelta de unos cuartos de final. Fotografía de la ambición. Forma humana de un humilde canto rodado. Tan diabólico, tan celestial… Bienvenidos a la dictadura de Lionel Messi: su satánica majestad.
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¡Fútbol, como eres! Una hora de combinaciones, paredes, desmarques y remates que ya es objeto de fábula. Un puñado de ocasiones marradas en la primera parte, el Arsenal encerrado en su campo y algunos, maldiciendo a Ibrahimović. Esos mismos impacientes, callaron luego en diez minutos. En menos, en treinta segundos. Lo que tardaron Piqué y el sueco en inventarse el 0-1 tras la reanudación. Y casi a continuación, prácticamente lo mismo. Esta vez Xavi creó el preludio. En el primero, Zlatan definió con delicia, por arriba. En el segundo, malicia. Un simple cañonazo. No sólo el partido parecía finiquitado. También la eliminatoria.
Pero entonces, llegó la parte mala. Primero, la entrada de Walcott al campo, que trajo consigo un problema de cintura para Maxwell y el primer gol en la cuenta gunner. Y después, lo peor, que llegó todo junto, en una sola bocanada. Amarilla para Piqué, que no jugará la vuelta, y penalti y expulsión de Puyol, que también lo verá desde el palco. Con todo esto, el gol del empate fue lo menos malo. Tampoco estará Cesc. El Barça se aliviará por su baja por acumulación de tarjetas y el fútbol estará en vilo por su lesión.
Nunca un 2-2 en cancha ajena en un partido de ida de la Champions League tuvo un sabor tan avinagrado. Y es que pudo ser un 2-5. Pero no hay mal que por bien no venga. A fin de cuentas, el objetivo es hacer gozar al respetable. Y eso se consiguió. Vaya si se consiguió. Pese a que casi todos tuvieron sus fallos, todos estuvieron bien. Y ahí también entra el árbitro. Piensen en los protagonistas del choque. Todos tuvieron luces y sombras: Ibrahimović, Maxwell, Cesc, Dani Alves, Busquets, Nasri, Puyol, Piqué, Valdés, Wenger, Bussaca… Como excepciones, quizá Almunia y Walcott. El motivo por el que el internacional inglés fue hoy suplente, más aún tras la lesión de Arshavin, es a estas horas indescifrable.
Con todo ello, se hace lógica la lectura final. Partidazo y sensaciones encontradas para ambos contendientes. El Barça, contento por su exhibición y apenado por el resultado final y sus bajas en la zaga. El Arsenal, violentado por ser objeto de risión a lo largo de sesenta minutos y la baja de Cesc y sintiéndose afortunado por salir vivo. Si quieren más, pongan la tele el martes. O vayan al Camp Nou. Todo, a eso de las nueve menos cuarto.
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Sí. Ya se desató el incendio. La Liga arde. Quema. Abrasa. El Barça ganó en Mallorca. Ibrahimović hizo un gol tan horrendo como capital. Y la presión, para el Madrid.*************************************************************
'Messirato'. 'Infinito Messi'. 'Messi, patrimonio de la humanidad. Todos los equipos del mundo deberían poder disfrutarlo al menos durante un partido'. 'La dictadura de Messi'. Esos sean, quizá, los titulares más originales que se han escrito sobre el incalificable '10' del Barça. Vaya por delante que el cuadro de jugadas que nos brindó el azulgrana no se da siquiera en construcciones oníricas. Es imposible incluso soñar con algo parecido. Y la verdad es que tanto hechizo acumulado, tanto en tan poco tiempo, va a secar las plumas de todos los redactores y se va a acabar cayendo en enunciados ordinarios.*************************************************************
Para Ángel Cappa, argentino de cuna, el mejor del mundo no es Leo Messi. Ni siquiera Cristiano Ronaldo. Para el 'profesor', el mejor "lleva la casaca con el número 8". Obviamente, se refiere a Andrés Iniesta. Dice del manchego que le recuerda al gran Ricardo Bochini. Que ambos juegan en diagonal, rompiendo entre líneas con fútbol de alto copete. Añade además que, como el 'Bocha', Andrés nunca está en el suelo. Que siempre termina impoluto los partidos. Con la ropa limpia. Nunca se enfanga. Y a pesar de ello, lo da todo por el escudo que lleva en el pecho.PD: Otro estudioso, Juanma Lillo, dejó otro retal para definir al de Fuentealbilla en una reciente entrevista a un conocido periódico deportivo: "Iniesta es el paradigma de todo un equipo en un solo futbolista".
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En las noches mágicas, Eto’o es Esencia de Loewe. Feroz pero inmejorable. La escopeta de Samuel nunca falla. Nunca en las grandes citas. Decían que 'Mou' conocía los recovecos y pormenores de Stamford Brigde, las debilidades del Chelsea. También el camerunés. Y bien que lo sabía su entrenador. Se especulaban improperios de todo tipo estas jornadas pretéritas en las que el ariete 'chupó' banquillo.
Besar unos labios nuevos, reírse con los amigos hasta quebrarse el tórax o disfrutar del cine en buena compañía. Pocos placeres tan apetecibles como el fútbol en HD, que cuando falta, se hace notar. El balón es condición sine qua non, porque acostumbra a estar ahí para poder volver a sus cifras y letras. La letra es el juego; las cifras, el gol. En la Liga, el equipo literato por antonomasia desde hace un lustro es el Barcelona; lo más parecido a dos generaciones de brillantes poetas. De Rijkaard a Guardiola: la del 98 y la del 27. Ésta última con un joven en estado de gracia. El poeta fue Pedro Salinas; el futbolista, Pedrito Rodríguez, para quien la luna siempre parece estar llena a juzgar por el viento que impulsa sus certeros trallazos. En el contexto de la poesía, se diría que el juego de Pedro vive al límite de la paradoja sin solución de continuidad. Cuando menos interviene, más mortífero se muestra. Su estilo es directo y profundo: sólo aparece para partir en dos los encuentros. Es un pragmático en mitad del éter.
En conjunto, el Barça suele interpretar de forma celestial el lenguaje del fútbol. Tanto, que cuando el balón está en posesión azulgrana se hace polígamo; tiene que repartirse entre Iniesta, Messi, Busquets... Aunque todos saben que la niña de sus ojos es Xavi Hernández, el creador del campo semántico. Por sus botas pasan más llamadas que por una antigua centralita, y él siempre logra la conexión adecuada: recibe, toca, se mueve, recorta, se gira… En cada momento, la figura retórica que exige el soneto. Tal y como sucedía con Federico García Lorca, cuando está Xavi no hace ni frío ni calor: hace Xavi.
Otra de las plumas insignes del Barça es sin duda Ibrahimović, el delantero Art decó por definición; un aristócrata infiltrado en la plebe, cuyo juego desafía lo paradójico para acercarse al oxímoron. Es enorme, luego no precisa de catalejos en la grada y se deja ver desde cualquier atalaya, pero sin embargo no tiene en el remate de cabeza su especialidad. El cíngaro parece jugar con ansiedad y a contrapié, rumiando en exceso en cada acción, como con miedo al fallo; a precipitar la jugada. Y no obstante se acelera cuando el instante requiere pausa. Por momentos está tan fuera de contexto como una columna en mitad del baile. Y hasta donde se sabe, en las pistas los pilares suelen ser un estorbo. Para desgracia de todo buen aficionado, por ahora los hechos dicen que el fútbol de Ibrahimović evoca más al de Gudjohnsen que al del cisne Van Basten, un álter ego al que está tardando en invocar.
Samuel Eto'o era la antítesis del delantero estático: se las llevaba todas por mero amor propio, por confianza en sí, esa variable intangible que tanto influye en cualquiera de los órdenes vitales. Los primeros silbidos hacia el punta de origen balcánico suponen la añoranza implícita del camerunés. Por más que los media sigan silenciándolo, Pep Guardiola cometió un grave error para con Eto'o. Y en cambio volvió a demostrar finura y gusto en la herramienta elegida para motivar a los suyos. La historia de Iñaki Ochoa es un sobrecogedor canto a la libertad y un desafío a los límites de la amistad. Acabó mal, pero fue un milagro de 14 rostros. El reportaje, una obra maestra, eriza y detiene la respiración; simplemente, hace llorar. Es el espíritu de equipo al servicio de un rescate imposible, reconstruido a la perfección por Informe Robinson. En este caso, y como de costumbre, un diez para el minucioso técnico por transmitir ética además de épica.
Lo que Guardiola buscaba era un golpe de efecto en un momento bajo del equipo. Y es que, trasladando los escritos al campo, se diría que el exceso de letra produce hastío, al igual que la cajeta empalaga y las cifras confunden. Para el Barça es siempre temporada de fresas, pero este año le cuesta montar la nata; bruñir el juego. Más deberes para el míster, a quien se le acumulan los exámenes en la mesa. Su ariete púrpura necesita mejorar y lo hará; y el equipo con él. Otros, como Chygrynskyy o Henry, lo tienen más crudo. Hace tiempo que el francés abandonó los tacones de aguja para ponerse cómodo. Y el ucranio ocupa el último pupitre desde su llegada, sin dar indicio alguno de resurrección cristiana. Su expediente es tan simple como triste: cero coma cero en todo, a excepción de un aprobado en geometría, por unos pases que en ningún caso le redimen. Por momentos pareciera que al central le falta alguno de los sentidos. ¿Acaso la vista? ¿Acaso el oído? El caso perfecto para el Dr. Hannibal Lecter, que gusta de examinar a jóvenes introvertidos, esbeltos y de larga cabellera. Un caso perdido a todas luces. El segundo salto al vacío de Guardiola.
En Concha Espina se viven momentos bien distintos. El Madrid es pura praxis. Funciona con valores absolutos. Es el culmen del facta non verba. Mientras que el Barcelona hace de la letra su bandera, las cifras son cosa de Cristiano Ronaldo, Higuaín y compañía. Sumas y más sumas al servicio de Pellegrini. El atleta portugués va camino de borrar el estigma de su nombre, que traía consigo abandono, desidia y nocturnidad. Más que actuar, Cristiano sobreactúa. Pero el luso está justificando la inversión de sus archimillonarios patrocinadores. Es el ejemplo de que ser egocéntrico no es óbice para mantenerse en la cumbre.
Por su parte, Gonzalo Higuaín es algo más que un delantero a la vieja usanza. Más bien pertenece al medievo. Lo constata su aspecto rudo y desaliñado, así como la crudeza de su fútbol febril; vestigios de un superviviente a la peste bubónica. El 'Pipa' juega como reivindicando al gremio de carpinteros, pues jamás esconde sus herramientas: el martillo y el serrucho. Sus cifras dictan sentencia: más que un martillo, martillo pilón.
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Y el fútbol, como la vida misma. Lo realmente curioso es que líos como el acaecido a raíz de la terna formada por Wayne Bridge, John Terry y Vanesa Perroncel no se produzcan más a menudo. Se dice que eran muy amigos antes del affaire. Ahora, ni se saludan. Pasan a menudo estas cosas. Lo curioso es ver como casi siempre se culpa al corneador. ¿Acaso no le debía Perroncel fidelidad al bueno de Wayne? ¿Acaso alguna mujer tiene dueño?