viernes, 19 de marzo de 2010

Palabra del 'profesor'

Por Albert Valor

Para Ángel Cappa, argentino de cuna, el mejor del mundo no es Leo Messi. Ni siquiera Cristiano Ronaldo. Para el 'profesor', el mejor "lleva la casaca con el número 8". Obviamente, se refiere a Andrés Iniesta. Dice del manchego que le recuerda al gran Ricardo Bochini. Que ambos juegan en diagonal, rompiendo entre líneas con fútbol de alto copete. Añade además que, como el 'Bocha', Andrés nunca está en el suelo. Que siempre termina impoluto los partidos. Con la ropa limpia. Nunca se enfanga. Y a pesar de ello, lo da todo por el escudo que lleva en el pecho.

PD: Otro estudioso, Juanma Lillo, dejó otro retal para definir al de Fuentealbilla en una reciente entrevista a un conocido periódico deportivo: "Iniesta es el paradigma de todo un equipo en un solo futbolista".

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miércoles, 17 de marzo de 2010

Eficacia en la trascendencia

Por Albert Valor

En las noches mágicas, Eto’o es Esencia de Loewe. Feroz pero inmejorable. La escopeta de Samuel nunca falla. Nunca en las grandes citas. Decían que 'Mou' conocía los recovecos y pormenores de Stamford Brigde, las debilidades del Chelsea. También el camerunés. Y bien que lo sabía su entrenador. Se especulaban improperios de todo tipo estas jornadas pretéritas en las que el ariete 'chupó' banquillo.

Pero si a Eto'o le tiras balas, te responde con bombas. Siempre llega a tiempo para sellar alguna boca impertinente. Siempre. Porque pese a que algunos no puedan soportarlo, siempre aparece en las grandes citas. Siempre en las grandes plazas. Y The Bridge lo es.

Se le puede achacar falta de técnica, sí. Pero el gol de ayer ya lo quisiera para sí el mejor Van Basten. Control en carrera de un balón que cae con fuerza –bien tocado, eso sí–, carrera ganada a Ivanovic y definición con el exterior a dos metros de Turnbull. Dan igual cuáles sean sus carencias como futbolista. Fecha marcada en rojo, gol de Eto'o.

Parece además que en Italia añadirá una nueva prestación a su sello de garantía. Si en el Barça disponía de multitud de ocasiones para surgir y resultar decisivo, parece que no será así en el Inter. Ayer apenas apareció tres veces en un partido a cara de can. Así que parece que su oportunismo también crecerá.

Si mi equipo fuera cuartofinalista de Champions, no quisiera evitar ni al sanguinario Manchester ni al sorprendente y peludo Lyon. Tampoco al Arsenal ni al Bayern. Ni siquiera al Inter. Me conformaría con no cruzarme con la escopeta de Samuel Eto’o. Esa que nunca falla. Nunca en las grandes citas.
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sábado, 6 de marzo de 2010

Cifras y letras

Un análisis de Cristian Naranjo

Besar unos labios nuevos, reírse con los amigos hasta quebrarse el tórax o disfrutar del cine en buena compañía. Pocos placeres tan apetecibles como el fútbol en HD, que cuando falta, se hace notar. El balón es condición sine qua non, porque acostumbra a estar ahí para poder volver a sus cifras y letras. La letra es el juego; las cifras, el gol. En la Liga, el equipo literato por antonomasia desde hace un lustro es el Barcelona; lo más parecido a dos generaciones de brillantes poetas. De Rijkaard a Guardiola: la del 98 y la del 27. Ésta última con un joven en estado de gracia. El poeta fue Pedro Salinas; el futbolista, Pedrito Rodríguez, para quien la luna siempre parece estar llena a juzgar por el viento que impulsa sus certeros trallazos. En el contexto de la poesía, se diría que el juego de Pedro vive al límite de la paradoja sin solución de continuidad. Cuando menos interviene, más mortífero se muestra. Su estilo es directo y profundo: sólo aparece para partir en dos los encuentros. Es un pragmático en mitad del éter.

En conjunto, el Barça suele interpretar de forma celestial el lenguaje del fútbol. Tanto, que cuando el balón está en posesión azulgrana se hace polígamo; tiene que repartirse entre Iniesta, Messi, Busquets... Aunque todos saben que la niña de sus ojos es Xavi Hernández, el creador del campo semántico. Por sus botas pasan más llamadas que por una antigua centralita, y él siempre logra la conexión adecuada: recibe, toca, se mueve, recorta, se gira… En cada momento, la figura retórica que exige el soneto. Tal y como sucedía con Federico García Lorca, cuando está Xavi no hace ni frío ni calor: hace Xavi.

Otra de las plumas insignes del Barça es sin duda Ibrahimović, el delantero Art decó por definición; un aristócrata infiltrado en la plebe, cuyo juego desafía lo paradójico para acercarse al oxímoron. Es enorme, luego no precisa de catalejos en la grada y se deja ver desde cualquier atalaya, pero sin embargo no tiene en el remate de cabeza su especialidad. El cíngaro parece jugar con ansiedad y a contrapié, rumiando en exceso en cada acción, como con miedo al fallo; a precipitar la jugada. Y no obstante se acelera cuando el instante requiere pausa. Por momentos está tan fuera de contexto como una columna en mitad del baile. Y hasta donde se sabe, en las pistas los pilares suelen ser un estorbo. Para desgracia de todo buen aficionado, por ahora los hechos dicen que el fútbol de Ibrahimović evoca más al de Gudjohnsen que al del cisne Van Basten, un álter ego al que está tardando en invocar.

Samuel Eto'o era la antítesis del delantero estático: se las llevaba todas por mero amor propio, por confianza en sí, esa variable intangible que tanto influye en cualquiera de los órdenes vitales. Los primeros silbidos hacia el punta de origen balcánico suponen la añoranza implícita del camerunés. Por más que los media sigan silenciándolo, Pep Guardiola cometió un grave error para con Eto'o. Y en cambio volvió a demostrar finura y gusto en la herramienta elegida para motivar a los suyos. La historia de Iñaki Ochoa es un sobrecogedor canto a la libertad y un desafío a los límites de la amistad. Acabó mal, pero fue un milagro de 14 rostros. El reportaje, una obra maestra, eriza y detiene la respiración; simplemente, hace llorar. Es el espíritu de equipo al servicio de un rescate imposible, reconstruido a la perfección por Informe Robinson. En este caso, y como de costumbre, un diez para el minucioso técnico por transmitir ética además de épica.

Lo que Guardiola buscaba era un golpe de efecto en un momento bajo del equipo. Y es que, trasladando los escritos al campo, se diría que el exceso de letra produce hastío, al igual que la cajeta empalaga y las cifras confunden. Para el Barça es siempre temporada de fresas, pero este año le cuesta montar la nata; bruñir el juego. Más deberes para el míster, a quien se le acumulan los exámenes en la mesa. Su ariete púrpura necesita mejorar y lo hará; y el equipo con él. Otros, como Chygrynskyy o Henry, lo tienen más crudo. Hace tiempo que el francés abandonó los tacones de aguja para ponerse cómodo. Y el ucranio ocupa el último pupitre desde su llegada, sin dar indicio alguno de resurrección cristiana. Su expediente es tan simple como triste: cero coma cero en todo, a excepción de un aprobado en geometría, por unos pases que en ningún caso le redimen. Por momentos pareciera que al central le falta alguno de los sentidos. ¿Acaso la vista? ¿Acaso el oído? El caso perfecto para el Dr. Hannibal Lecter, que gusta de examinar a jóvenes introvertidos, esbeltos y de larga cabellera. Un caso perdido a todas luces. El segundo salto al vacío de Guardiola.

En Concha Espina se viven momentos bien distintos. El Madrid es pura praxis. Funciona con valores absolutos. Es el culmen del facta non verba. Mientras que el Barcelona hace de la letra su bandera, las cifras son cosa de Cristiano Ronaldo, Higuaín y compañía. Sumas y más sumas al servicio de Pellegrini. El atleta portugués va camino de borrar el estigma de su nombre, que traía consigo abandono, desidia y nocturnidad. Más que actuar, Cristiano sobreactúa. Pero el luso está justificando la inversión de sus archimillonarios patrocinadores. Es el ejemplo de que ser egocéntrico no es óbice para mantenerse en la cumbre.

Por su parte, Gonzalo Higuaín es algo más que un delantero a la vieja usanza. Más bien pertenece al medievo. Lo constata su aspecto rudo y desaliñado, así como la crudeza de su fútbol febril; vestigios de un superviviente a la peste bubónica. El 'Pipa' juega como reivindicando al gremio de carpinteros, pues jamás esconde sus herramientas: el martillo y el serrucho. Sus cifras dictan sentencia: más que un martillo, martillo pilón.

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lunes, 1 de marzo de 2010

El mundo es un balón y la Premier, un triángulo

Por Albert Valor

Y el fútbol, como la vida misma. Lo realmente curioso es que líos como el acaecido a raíz de la terna formada por Wayne Bridge, John Terry y Vanesa Perroncel no se produzcan más a menudo. Se dice que eran muy amigos antes del affaire. Ahora, ni se saludan. Pasan a menudo estas cosas. Lo curioso es ver como casi siempre se culpa al corneador. ¿Acaso no le debía Perroncel fidelidad al bueno de Wayne? ¿Acaso alguna mujer tiene dueño?

Bien, tras la primera inmersión de PLF en el mundo rosa –o amarillo, o del color que quieran-, hablemos de fútbol. Se habló mucho del partido antes de su disputa. Pero más dio que hablar mientras se jugaba, e incluso después. El partido de los citizens en Stamford Bridge –nada que ver con Wayne Bridge- expuso al gran público el poderío de los Bellamy, Tévez o Wright-Phillips al contragolpe y de rebote, se intuyó que con un par de inversiones más –dinero no le falta al vecino rico de Manchester-, el City puede ser la próxima campaña un candidato a todo. Una mañana de domingo más, en los bares de Barcelona se habló de lo bien que le iría éste o aquél al Barça. Muchos olvidaban, también una vez más, las pocas opciones que se le plantean a los culés para jugar contragolpeando.

Además, todo ello le da otro aire a la Premier, que otra vez se resolverá entre tres aspirantes. El United queda casi como estaba. Casi porque sigue a un punto. A un punto pero con una Copa de más, esa Carling que carga el calendario de partidos y que deja el pecho henchido a quien la conquista. Otra vez Rooney, aunque suplente, fue decisivo. Y el Arsenal, que tras descolgarse una jornada sí y otra no, coge otra vez el rebufo. Se presume que si se cae en otra curva, ya no llega a la foto finish. La verdad es que no acostumbran el Chelsea y el United a dar muchas alternativas. De hecho, los gunners han perdido ya este año los cuatro partidos ante blues y red devils. Pero también ellos han sufrido derrotas que les han penalizado. Ahora, diez jornadas por delante, 30 puntos en juego y sólo tres entre ellos. Otro triángulo. Pero se intuye que éste no será amoroso.

Tampoco será idílica la lucha a tres bandas por la cuarta plaza. A ella se aferraba, como se apuntaba antes, el Manchester City con esa victoria de enjundia en Londres. Y ayer, los que se apuntaban al incendio de pasiones, eran el Tottenham y el Liverpool. Ninguno de los dos está acostumbrado a estos contextos. Bueno, quizá sí un poco los reds. Aunque vienen los de Merseyside precedidos de un gran prestigio europeo forjado durante el último lustro, la verdad es que en la competición doméstica suelen andar a la cola del Big Four. Y bien es cierto que la temporada pasada pelearon hasta las últimas fechas el cetro al ManU. Pero este año, y tras ver como transcurría el campeonato, quizá se vea esto como un mal menor. Con la vuelta del binomio Gerrard-Torres, Anfield aún alberga esperanzas. Ayer, lograron un gol por barba y tres puntos para seguir en la pomada. Tampoco es habitual ver al equipo de White Hart Lane por aquí. Los del noreste de Londres son un equipo histórico, y hay mucho que contar de ellos en los anales de la liga inglesa. Y tras ese esplendor perdido, parece que por fin un técnico ha sabido transmitir una filosofía que le está dando a los Spurs el lugar que merecen en la clasificación. La victoria de ayer ante el Everton fue de las importantes, ante un rival que juega y hace jugar. Los goles de Pavlyuchenko y Modrić nos hicieron recordar que no sólo de España vivió aquella Eurocopa de Austria y Suiza.

Hablando de la Eurocopa y de España, hablemos del Mundial y de España. Ya nadie quiere renunciar esa ilusión. Somos favoritos. Y aunque una Copa del Mundo es otra cosa, ya nadie obvia la candidatura de la selección española. Sobretodo por plantilla. Y aún más por fútbol. Casillas es el mejor portero, aunque también lo son Julio César o Buffon. Puyol y Piqué son la pareja de centrales del Barcelona hexacampeón, cualquiera los quisiera para sí, puede que no haya otro dúo mejor. Los laterales fallan un poco más. Cuando hablamos de carrileros con recorrido siempre pensamos antes en Maicon, Alves, Glen Jonson e incluso Inkoom –la nueva perla ghanesa- antes que en Capdevila, Ramos, Arbeloa o Fernando Navarro.

El centro del campo ya es otro cantar. Nadie tiene una sala de máquinas donde intervengan Xavi, Iniesta, Cesc o Silva. Realmente, esa sociedad se puede ver superada por físico. Nunca por fútbol. Sobretodo teniendo en cuenta que si alguno se rompe, Xabi Alonso, Busquets o Jesús Navas estarán a la espera. Luego está la delantera. Villa y Torres son fijos en la convocatoria, probablemente titulares. Y las otras dos plazas se deciden partiendo de otro triángulo. El formado por Güiza, Negredo y Llorente. Parece que el riojano, tras tener su esplendor meses atrás, ha quedado un poco a remolque. Le ha ganado la partida ese vallecano con apariencia de miura. El rebautizado por Alfredo Relaño como el Trueno de Zenica. De momento, y pese a no pasar por su mejor momento como goleador, Güiza parece ocupar el hueco de tercer delantero. La realidad es que lleva temporada y media lejos de su mejor nivel. Pero cuando se enfunda la Roja, siempre demuestra su talento. Del Bosque lo sabe. No se puede desperdiciar tanto arte. No se puede desperdiciar tanta pasión.

Se acerca el fin del curso y con él, esa guinda que será el Mundial. Mientras eso llega, las competiciones de clubes empezarán a arder en breve. Está a punto de desatarse más de una hoguera. En algunos casos, de vanidades. En otros, esperemos que de puro fútbol. Pero por ahora, todo se plantea a partir triángulos.

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sábado, 27 de febrero de 2010

Fantasía y señorío

Por Cristian Naranjo y Albert Valor


Erró ligeramente James Cameron cuando designó a Sam Worthington como protagonista de su laureada Avatar. No es que el chico no haya dado la talla. Es que hay un sujeto que da mucho más el perfil. Aunque, bien es cierto, no se le puede hallar en Hollywood. Se trata de Zlatan Ibrahimović, que a estas alturas ya no necesita presentaciones. El sueco no precisa de la creación virtual para tener dimensiones de Omatikaya. Su silueta multiplica por uno y medio a la de los que tiene en derredor. Goza de largos zancos y su nariz es característica. Acaso podría discutirse su pigmentación cutánea. La piel de Ibra no es azul, pero sí lo es su sangre. Como si de un noble se tratara. Zlatan nunca se manchará las manos por el Barça, nunca se dejará la piel. Y ello es contradictorio, porque como los Omatikaya, pareciera que todo en él está diseñado para compartir. Pero no es así. Como si su linaje se lo impusiese, él siempre se mostrará apuesto y elegante, pero nunca trabajará más de la cuenta. Si lo expresásemos en los términos acuñados por la superproducción de Cameron, diríamos que aún no ha creado el vínculo. Y precisamente en base a muchos vínculos, el Barça creó el pasado curso un mundo parecido al de Pandora. Todo era perfecto. Todo fluía. Y lo más bonito, todo era real.

Puede todo esto parecer una crítica, pero no es tal. Zlatan es Zlatan, con sus más y sus menos. Nunca correrá como un negro, eso ya lo sabe el respetable. Pero siempre brillará como las vestiduras de un insigne caballero. No es que sea un Omatikaya. Pero tiene sangre azul. Y también, como los grandes éxitos de taquilla, sabe convivir con la mercadotecnia y las multitudes. Esperemos que todo ello le baste para salvaguardar el Árbol Madre.

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martes, 23 de febrero de 2010

Una moneda y sus dos caras

Por Albert Valor

Eso es el Atlético. Nunca un equipo ejemplificó mejor esa liturgia. Cara o cruz. El porvenir rojiblanco parece siempre marcado por el azar. Da igual el orden de los elementos, el resultado del producto siempre es aleatorio. No importa que el equipo juegue bien, el resultado puede ser derrota. O victoria. Empate, a veces. Tampoco importa que juegue mal. También así puede ganar. O perder. Empatar, a veces. Se puede llegar a la final de Copa. Se le puede ganar al Barça. Pero tras todo eso, se puede tirar a la basura una hora de buen juego contra el Galatasaray y perder en Almería.

Cuando parecía que el Atleti ya había soltado todo el lastre que arrastraba desde el inicio del curso, David De Gea padeció una lesión que desmontaba el castillo de naipes. Y Sergio Asenjo salió al campo aturdido, frío, acomplejado. Todo eso le cambió también la cara al equipo, que canjeó una victoria europea por un empate con sabor a hiel. Este domingo, pese a encajar un gol postrero, el vallisoletano pudo redimirse con grandes paradas. Veremos si recupera la titularidad. Puede que el destino le haya echado un cable. O puede que haya sido el propio Atleti. Rifar un puesto entre De Gea y Asenjo no debe ser fácil. Así que lanzó la moneda y… salió Asenjo. En la sub-21, David es el suplente de Sergio. En el Atleti parece que ahora es justo al revés. Con el canterano ya recuperado para la vuelta en Estambul, el tiempo dirá para quién es la cara y para quién es la cruz. Para algunos parece que ya está claro. Se deben olvidar de que todo esto está sucendiendo en el Atleti.

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miércoles, 17 de febrero de 2010

Otra vez la primera cita

Por Albert Valor

El Real Madrid tornaba ayer al ruedo tras un luengo periodo de aridez. Después de haber sido el mayor casanova europeo que se recuerda, los años sin conquistas pesan como las bolas de aquellos presidiarios de ropaje rayado. Por si fuera poco, los cortejos exitosos de sus rivales de siempre aún le atan más la soga alrededor del cuello. Ayer tenía la primera cita con la orejuda, una señorita que en otros contextos sería objeto de burla, pero que en éste es la que más libido despierta entre los aspirantes. Creía llegar el Madrid al envite con sus mejores galas. Con su mejor reloj, con su corbata más sedosa, con su traje favorito y con su colonia más cara. Aunque descuidó un poco los zapatos. Sí, el calzado es importante. Siempre hay que pisar fuerte. Quizá por eso se sintió extraño. O quizá fue porque no le gustara el lugar. Como si no le inspirase confianza. Se presume que la zona le traía malos recuerdos, puede que por desencuentros pasados. Y la verdad es que no estuvo bien. No impresionó a la dama. Tampoco aprovechó sus momentos de flaqueza. Y por si fuera poco, en un momento de nervios, manchó de café la blanca blusa de la damisela. Mal empezó la cosa.

Lo único que sabe ahora es que volverá a verla. Puede que tenga más de una cita con ella, pero la siguiente será crucial. Quizá definitiva. Lo malo es que no será hasta dentro de tres semanas. Lo bueno es que ese día la invita a casa a cenar. Estará en su terreno, sí. Pero eso no garantiza nada. Mucho tendrá que demostrar. Y ante todo, se verá ante el imperativo de atacar. Atacar con estilo. Con personalidad. Con amor propio. Sin miedo a que otro error le amargue la existencia. Esta vez ya no habrá subterfugios. A la orejuda no se le antojan los ordinarios. Ni los cobardes.


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martes, 16 de febrero de 2010

El señor de los ladrillos

Por Albert Valor

Arbeloa llegó este verano al Real Madrid a la sombra de los otros fichajes de relumbrón. Todo el mundo hablaba de la refundación galáctica. Incluso se hablaba más de Albiol o de la necesaria resurrección de Sergio Ramos. No aparecía en ninguna quiniela para ser titular. Pero hubo una tarde en el Sánchez Pizjuán en la que Navas, Adriano, Zokora y cía hicieron turnos para reírse de Marcelo y de su cintura. Fue entonces cuando los técnicos se dieron cuenta que, aún siendo diestro, podía resultar mejor lateral izquierdo que el brasileño. La lesión de Pepe ha sido un buen pretexto que le ha permitido demostrar que también es mejor lateral derecho que Sergio Ramos. Mientras se corrobora con el paso de los tiempos que la posición ideal del Faraón de Camas es la de central, incluso la de medio de contención, Arbeloa ya es un fijo en una de las alas de la retaguardia blanca –hoy la derecha-. Lo creíamos nulo en labores ofensivas, simplemente le adivinábamos la cualidad de ser un marcador decente. El partido en el Camp Nou contra Messi en febrero de 2007 así lo atestiguaba. Pero la temporada ha avanzado con Álvaro percutiendo cada vez más por los costados. No lo hace con la violencia de Dani Alves ni con la contundencia de Maicon. El repertorio que nos muestra el salmantino aúna más bien candidez y perseverancia; es mucho más simple. A cada paso que da pone un ladrillo, como para demostrar que su fragilidad es sólo de apariencia. Como para marcar el sitio por donde ha pasado y para que no se le olvide por donde hay que volver a la guarida.

En La Coruña ya le regaló a Benzema el gol que cerraba el encuentro y cercenaba la reacción deportivista. El sábado, en Chapín, todos se rendían a la grandilocuencia de Cristiano Ronaldo y de su enésimo doblete. Nadie recordaba ya al final del envite que el jugador más circunspecto de la plantilla había inaugurado un marcador que se cerraba por momentos a cal y canto. Y lo hizo de la manera que mejor sabe. Haciendo la transición ofensiva sin prisa pero sin pausa. Porque Arbeloa lo hace todo igual. Sin hacer ruido. Y esa es su mejor cualidad. También así se pueden construir imperios. Ladrillo a ladrillo.

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lunes, 15 de febrero de 2010

Violento amor

Por Cristian Naranjo

Hay leyes intangibles que imperan en el fútbol. Leyes según las cuales el Atlético siempre se empequeñece cuando enfrenta al Madrid en la misma proporción en la que crece cuando le visita el Barça. En un partido gris como la propia tarde de domingo, los de Sánchez Flores no tuvieron piedad de un líder desalmado, apático y falto de reflejos. Esta vez los pequeños no pusieron imperdibles al balón. No existió la juntura entre líneas, Jeffren sangró como lateral, Keita se partió y a consecuencia de todo se fue desdibujando el gesto de Guardiola. Mal síntoma en un banquillo donde reina el suavizante. Un chispazo de Forlán y otro de Simao, dos viejos amigos, fueron suficientes para prender fuego a la Liga. Tanto da que les separen 30 puntos de distancia: la de Atlético y Barça es la historia de un violento amor.

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viernes, 12 de febrero de 2010

En busca de la profundidad

Por Cristian Naranjo

Desde que Ronaldinho decidiera abandonarse a los placeres de la vida alegre, la banda izquierda del ataque del Barça no ha encontrado un inquilino de fiar. Thierry Henry ha sido su arrendatario los dos últimos años sin llegar a ser nunca un buen pagador. Encajado con calzador en el sistema de Rijkaard, y pese a ser reanimado después por Guardiola, el francés no ha alcanzado la quinta esencia de su fútbol de cashmire. La sensación es que se ha ido oxidando desde el día en que llegó, siempre a la sombra de nueves más puros o menos versátiles que él.

Así las cosas, una parcela del Camp Nou pide a gritos ser recalificada en beneficio de un futbolista tan esdrújulo como específico. Insertar en banda a otro nueve de primer orden como Rooney, Villa o Agüero supondría reincidir en el déficit de profundidad y desborde que tanto obsesiona a Guardiola.

Quizá el más indicado para ocupar esa plaza sea Ribéry. Por experiencia, talento y características, no hay jugador como él cuando se trata de mezclar el cuchillo con la burla, tal y como hace el Joker. Velocidad viperina, desmarques incisivos y malicia al encarar. Todo es siniestro en Ribéry. Tanto, que va camino de una temporada in albis a causa de sospechosas y continuas molestias. Lo sucedido en verano habla de blancas intenciones. Sería una sorpresa que Florentino no ejecutara su fichaje a final de curso.

Congelado como está el futuro de Scarface, los tabloides catalanes tampoco olvidan a David Silva, el poeta de Arguineguín. Zurdo aterciopelado y de cálido carácter, el canario aseguraría una adaptación instantánea y un buen ratio de gol; cualidades preciadas pero demasiado similares a las de otro isleño emergente, que a base de fulgor juvenil ha borrado el diminutivo de su camiseta. Se trata de Pedro, anteriormente conocido como Pedrito. Los dos canarios galvanizarían la banda, pero a Guardiola seguirían faltándole líneas de fuga en busca de la profundidad.

Y mientras la prensa sigue vendiendo ejemplares a base de percutir siempre los mismos yunques, un tercer nombre reverbera en la mente de algunos sibaritas: Andréi Arshavin, el cañón soviético. Posiblemente el tipo de jugador que más se parezca a Messi, con todo lo que ello comporte. A excepción de la precocidad. A sus 28 años, de forma tardía, Arshavin por fin ha encontrado el cuajo y la consagración en Londres. Aunque sueña desde antaño en azulgrana, cuando en 2008 Beguiristain decidió no comprarle por algo más de quince millones. Si por el bien del Barcelona fuera el ruso el escogido por Guardiola, esta vez el dinero no sería óbice. Lo soviético cotiza al alza. Y en Londres lo saben. Si un Chygrynskyy vale 30 millones, ¿cuánto cuesta hoy un Arshavin?
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