domingo, 26 de julio de 2009

Carta abierta a Samuel Eto'o

Por Albert Valor


No sé por donde empezar. No sé por donde acabar. Aunque sería bueno recordar que alguien me dijo un día ─leyendo este blog queda claro quién─ que te podías permitir el lujo de ser el mejor delantero del planeta aún siendo patizambo, aún sin ir bien de cabeza, sin ser ambidiestro y sin ser bueno técnicamente. Sólo velocidad, raza y hambre ─sobretodo hambre─. Cualidades todas ellas infinitas.

Un día les contaré a mis nietos quién fuiste. Les diré que tu periplo por España empezó en el Real Madrid. Y que allí te cedieron al Leganés, donde montaste uno de tus primeros líos. Que luego, el Espanyol te consideró inválido para su plantilla ─bendita equivocación─. Les diré además que siempre te repudiaron allá en Concha Espina. Y que luego te traspasaron al Mallorca. Y ahí podría empezar a hablarles de tu hambre. De tu hambre de gol.

Será entonces cuando empiece la parte más bonita del cuento. Y les diré que un día fichaste por el Barça. Que prometiste nada más llegar que correrías "como un negro para mañana vivir como un blanco". Les hablaré de tus primeros goles con la elástica culé y de que ese año tu hambre te jugó una mala pasada. Ibas a ser Pichichi pero la fijación por la red te cegó al final. Forlán se quedó el distintivo. Como consuelo, tu primera Liga. Buen botín, pero insuficiente para un ser como tú. Para un ser insaciable como tú. Y ahí podría seguir hablándoles de tu hambre. De tu hambre de victorias.

Llegó el año de la reválida. Había que defender el título doméstico, asaltar el Pichichi e intentar la gloria europea. En todos esos frentes fuiste protagonista. La Liga volvió a ser culé y tú conseguiste el ansiado título de mejor goleador del campeonato. Ya sólo quedaba conquistar París. Siempre nos quedará París. A ti y a todos los culés. Una vez más, no te abandonó tu hambre. Tu hambre de gloria.

Tras tocar el cielo, tú y aquel virtuoso equipo conocisteis la cruz de la moneda. Tras la borrachera de éxitos, llegó la recesión. Dos años en blanco con derrotas pusilánimes, partidos regalados y conflictos internos en el vestuario. Muchos señalarán tus declaraciones en Vilafranca como un motivo de peso de aquella travesía por el desierto. Seguías marcando goles, pero un par de lesiones graves te dejaron fuera de combate durante buena parte de ese par de temporadas. Un par de temporadas que se fueron al limbo.

Entonces llegó Guardiola, que te metió en el saco junto a Deco y Ronaldinho. Como si tuvierais algo que ver. Como si fuerais compañeros de fiesta. Como si tu falta de protagonismo en el equipo también fuera por descuidar los entrenamientos. Pero todo el mundo merece una segunda oportunidad, sobre todo si realmente se la ha ganado. En tu pretemporada más goleadora, empezaste a dar visos de lo que sería el planteamiento y el desenlace del curso. Decidieron quedarse contigo. Y tú respondiste con goles, goles y más goles. Un hat-trick al Almería, cuatro al Valladolid... Te disparaste en la tabla de goleadores y parecía una vez más que el Pichichi volvería a tu casa. Pero no. Otra vez el hambre te traicionó. Y otra vez Forlán te superó en la foto finish. 30 goles no fueron suficientes para superar el tercer trimestre del uruguayo. Pero entonces llegó Roma. Tras la Copa y la Liga llegó Roma. Tras tu mejor temporada como blaugrana llegó Roma. Si hubiera apostado un euro con cada uno de los que dudaron de tu gol en esa final, ahora me podría cambiar de moto. Pero me sobra con la satisfacción de no haberlo dudado nunca. De no dudar de que vendrías al rescate. De nunca vacilar sobre tu hambre. De tu hambre por entrar en la historia. Ser insaciable.

Ahora te vas. Más bien, te echan. Te han tratado como a un perro. Primero te subastan como a un barril de petróleo. Subasta a la baja, para más inri. Como si no te hubieras dejado hasta el último suspiro de tu aliento por esta camiseta. Como sino fueras el mejor delantero de la actualidad. Como sino fueras el jugador más decisivo de la historia del Barça. Para postre, Pep Guardiola, el considerado por todos como gurú del barcelonismo, tratado incluso como el único artífice del triplete, dice que prescinde de ti por cuestiones de feeling. Como si fueras un jugador discreto. Como si tu aportación no hubiese sido decisiva como la que más en la consecución del trébol. Como si se pudiera encontrar tu recambio al girar la esquina. El colmo. Lamentable.

De todos modos, no debieras preocuparte. La historia te pondrá en tu sitio. No te pondrá al nivel de Kubala, ni de Cruyff, ni de Ronaldinho. Te pondrá por encima de ellos. El sitio que realmente mereces. No es que fueses mejor que ellos. Es que has sido más relevante. La historia recordará tus goles. Tus goles decisivos. Recordará también que siempre dabas el 101% en cada partido, en cada entreno, en cada pachanga. Recordará que siempre empezabas tú la presión al rival, que no sólo eras el mejor delantero sino también el primer defensa. No se acordará de los goles cantados que fallabas, sino de los que anotabas y daban la gloria. Tanto al equipo como a ti mismo. Quizá recuerde también que siempre decías lo que pensabas, y que si alguna vez tu tono no fue el adecuado, nunca lo hiciste actuando en contra del Barça, si acaso en contra de los que te despreciaban. Y, sobre todo, recordará que tú fuiste el denominador común del quinquenio más glorioso de la vida del Fútbol Club Barcelona.

Ahora nos han traído a un crack. Zlatan Ibrahimović traerá nuevos aires al Camp Nou. Seguro lo colmará de aplausos y ovaciones. De goles de fantasía y de ovillos para la retina. Y seguro lanzará mejor los penaltis. E irá mejor de cabeza. Pero créeme, todos lo que te idolatraban, todos los que te odiaban, todos, te echarán de menos algún día. Aunque sólo sea uno. Aunque sólo sea el día de una final de la Copa de Europa.

Realmente habrá que estar de enhorabuena si un día, no Zlatan, sino quien sea, logra superarte. Significará que el Barça habrá seguido abarrotando sus vitrinas. El Inter te espera a ti a partir de ya. Ya has entrado en la historia del Barça. Ya lo has alzado a los altares a base de goles. Intenta cambiar ahora el porvenir nerozzurro. Está en tus pies entrar también en los anales interistas. Pasar de jugador histórico a leyenda de este maravilloso deporte. Ten en cuenta que el Dios del Fútbol siempre se acabará poniendo de tu parte. Y recuerda una cosa. Jamás te olvidaremos, Samuel. Jamás.

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1 comentario:

Antoni Noguera i Martínez dijo...

Gracias. Black Power. Bien dicho, mejor escrito, razón y cabeza en un hecho incomprensible.