viernes 17 de julio de 2009

El fútbol esperará a De la Red

Por Cristian Naranjo

En ocasiones, la vida nos echa un pulso. Nos reta con un giro inesperado que frena en seco la progresión de nuestro proyecto vital. La pérdida de un ser querido, un desamor o la detección de una enfermedad grave son algunos de los contratiempos más habituales. El mundo del deporte no es ajeno a los desajustes físicos y emocionales. Sería imposible cuantificar cuántos deportistas de elite han visto mermado su rendimiento por culpa de sufrir un revés. Con suerte, muchos consiguen escapar de la telaraña que tejen, a medias, mente y cuerpo. Otros, en cambio, quedan lastrados hasta el final de su carrera. Lance Armstrong forma parte del primer grupo. Antes de sufrir el cáncer testicular era un ciclista de perfil bajo, carne de pelotón, que en todo caso destacaba por ser un especialista de clásicas. Ni el más optimista podría haberle augurado lo que estaba por venir. No sólo se recuperó, sino que volvió y ganó siete Tours con una superioridad aplastante. Todos consecutivos; un hito en la historia del ciclismo. Con 33 años, se retiró en lo más alto de su carrera. Ahora, con 37, ha vuelto. Como ya hiciera Michael Jordan, regresa para demostrarse a sí mismo que su mejor etapa aún está por llegar.

Por desgracia, al futbolista Rubén de la Red hay que incluirlo en el segundo grupo. En 2008, tras completar con el Getafe una temporada inmejorable, en la que disputó 49 partidos al máximo nivel, Luis Aragonés le convocó para la Eurocopa de Austria y Suiza. Aunque apenas tuvo minutos, Pumuky formó parte de la generación que hizo historia. Sus acreditadas virtudes de mediocentro le llevaron de vuelta a su club de origen. De hecho, la temporada 2008-09 debía ser la de su consagración en Madrid. Alto y técnicamente muy bien dotado, el juego de De la Red es precioso para un equipo que aspire a llegar al gol de forma limpia y constante, pero sin descuidar el equilibrio. Por eso destaca justamente el mostoleño, por ser un jugador tan equilibrado como los alimentos integrales.

A finales de octubre de 2008, cuando comenzaba a carburar su motor diesel, sufrió un síncope por esfuerzo que le hizo desplomarse. Las imágenes del futbolista desvanecido en el césped remitieron a otros casos de funesto desenlace. Foé, Feher, Antonio Puerta… Por suerte, De la Red volvió en sí e inició su proceso de diagnóstico. Hasta hoy, se le han realizado decenas de pruebas, entre ellas una biopsia que se complicó. No se ha podido esclarecer el origen de su cardiopatía, por lo que el Madrid se ve obligado a no inscribirle para la próxima temporada. A De la Red, ha sido el destino y la genética los que le han jugado una mala pasada. A sus 24 años, y con el Madrid buscando creador desesperadamente, tenía ante sí una buena oportunidad de consolidarse. Ahora, el mediocentro del Madrid es Gago, a la espera de poder firmar a Xabi Alonso. A cualquiera de ellos podría sustituir Pumuky sin demasiados problemas. No en vano domina el arte de sacar al equipo de la caverna, además de conocer los secretos del pase largo y la anticipación por arriba. Se le auguraba un recorrido tan largo como una década. Estaba llamado a ser la versión madrileña de Guardiola, Xavi, Cesc y compañía. Con un factor añadido: el cañón de su pierna buena.

De momento, a De la Red no le queda más opción que esperar una nueva oportunidad. Las pérdidas se asimilan, los amores se renuevan y las enfermedades se superan. Se trata de seguir corriendo, sin caer en el desaliento. Posiblemente, Pumuky, un tipo de rictus optimista, jamás perderá la fe como no la perdió Armstrong. Algún día, los médicos adivinarán el defecto de su corazón. Será entonces cuando el fútbol saldará su deuda con él. No ganará siete Tours, pero se meterá a 80.000 personas en el bolsillo. Alguien recibirá el balón y lo mandará con elegancia al extremo opuesto. Todos sabrán que es él, que ha vuelto: Rubén de la Red.

*************************************************************

He aquí la cuestión

Por Albert Valor


De haberlo pensado durante horas, nunca se nos hubiera ocurrido tal carambola. El sabor a hiel del retorno de tierras ucranianas tras la segunda negativa de Chygrynskiy se tornó meloso en unas horas. Para ello, bastó una escala en Milán. Ibrahimović jugará en el Barça a partir de los próximos días. A cambio, unos 45 millones, Eto’o envuelto con un lazo y la cesión de Hleb.

Jugada maestra, pensarán algunos. Entre ellos, Pep Guardiola. Para el de Santpedor, el sueño de una noche de verano. Se lleva al delantero que anhelaba desde los primeros días del estío y, de paso, se libra de verse las caras con el camerunés.

Por primera vez en muchos años, la secretaría técnica del Barcelona toma la sartén por el mango. Primero, se advirtió a Manuel Llorente, se pisó el ego de Lendoiro y se desvaneció la ilusión de Filipe Luís. Don Augusto, ante la tentativa de vender paletilla a precio de cinco jotas, se queda ahora a un jugador descontento. Pero la adquisición de Maxwell no fue sólo un farol intimidatorio. Llorente podrá seguir ahora mimando al Guaje, y explicarle de paso por qué se quedará un tiempo más a orillas del Turia. El asturiano ya no deberá plantearse si merece la pena perder dinero para recalar en el Camp Nou. El Barça ya tiene a su delantero.

Jugada maestra, pensarán algunos. No exactamente. Tras menospreciar hasta la saciedad al delantero que más gloria le ha reportado en su historia, el Barcelona tenía ya poco margen de maniobra. Todo tipo de improperios se han lanzado sobre el camerunés hasta el día de hoy. Eso, unido a la mala gestión del club para darle una salida, ha llevado al Barça a pinchar unos cuantos huesos. O Eto’o se quedaba cual bomba de relojería o se le regalaba al primero que pasara. Teniendo en cuenta que la opción del '8' interista se tanteó a principios de junio, ese plan no se vislumbraba ya ni en el horizonte. Pero al final, el roto ha encontrado su remiendo. Mucho dinero, sí. Un ligero cálculo mental nos da un montante de no menos de 60 millones. 40 en efectivo y los 20 que pueda costar un infravaloradísimo Eto'o. Juzguen ustedes mismos el precio de la cesión de Hleb.

La operación pretende ser el ungüento perfecto para el sarpullido que ya le salía a muchos culés viendo como se prescindía gratuitamente del mejor goleador del último lustro. Además, Hleb se marcha un año. Más pomada para los detractores del bielorruso. Veremos si se reivindica o acaba de retocar su nicho.

Llega Zlatan Ibrahimović. El perfil que pedía el técnico. Si se prescindía del africano, poco variaba en lo deportivo la entrada en escena de Villa. Teniendo a un delantero veloz, de raza y goleador como el que más, ¿realmente valía la pena regalarlo? ¿Sería de recibo pagar luego 50 millones por un –magnífico- futbolista con unos gramos más de técnica y un océano menos de visceralidad?

Con la llegada del sueco, se cierra un abanico y se abre otra retahíla. Se pierde fiereza pero se gana técnica. Los centros de Alves serán mejor aprovechados, aunque costará más ver punterazos gloriosos. Los recursos de barrio serán sustituidos por las jugadas de Play Station. A fin de cuentas, el instinto dará paso a la fantasía con todo lo que ello conlleva.

Zlatan y Samuel. Eto’o e Ibrahimović. A buen seguro seguirán repartiendo polémica allá adonde van, ahora con las chaquetas cambiadas. De momento, demos la bienvenida a la Liga a otra pieza del museo futbolístico. Al camerunés, démosle mil gracias. El barcelonismo jamás podrá olvidarlo.

************************************************************

miércoles 15 de julio de 2009

'Monsieur' Henry y el rompecabezas imposible

Por Cristian Naranjo

Pasan los días y el Barcelona sigue instalado en una coyuntura delicada. Los fichajes no cuajan y los transferibles se aferran a la plantilla como a una tabla de salvación. Ni tan siquiera fructifica la contratación de Filipe Luís, destinado a ocupar la plaza liberada por Sylvinho. El joven brasileño arde en deseos de ser azulgrana y así se lo ha manifestado a Lendoiro, que de momento no desenrosca la tuerca. Hay un abismo entre los 9 millones que ofrece el Barça y los 14 que demanda el Deportivo. Tremendo negocio al que aspira Lendoiro: multiplicar por siete lo que le costó el jugador hace un año. No presenta buen aspecto la situación para el Barcelona, al que los clubes vendedores siempre esperan con las hachas en alto. Si la operación del lateral está complicada, no menos espinosa es la aspiración de fichar un central. Chygrynskiy y Bruno Alves, los deseados, no supondrían un desembolso menor de 25 millones. Una aberración teniendo en cuenta por cuánto se contrató a Cáceres y a Piqué. El primero llegó mediante el pago de la cláusula de rescisión. Apenas ha participado. Por contra, el catalán aterrizó sin hacer ruido por seis millones y se ha erigido como un estandarte inamovible. Por delante de los centrales hay otro hueco vacante. Mascherano es el mediocentro defensivo escogido por Guardiola y Beguiristain. En este caso, el muro a saltar va más allá de lo monetario. Mientras que Benítez sí accedería a traspasar a Xabi Alonso, ni se plantea desprenderse del ancla de su navío. Todo son complicaciones para un Barcelona que aspira al caviar beluga a precio de sucedáneo.

Al seguir avanzando por el esquema de Guardiola se llega a una posición clave. Xavi e Iniesta, los dos relojeros, regentan casi en exclusiva los interiores. Sergio Busquets no desmerece con el balón en los pies, pero su perfil responde al de un retén defensivo. Keïta es la otra alternativa, mucho más intermitente y oscura, como las luces de socorro. Así las cosas, no es de extrañar que el Barcelona dirija sus miras hacia Cesc Fàbregas. El capitán del Arsenal encajaría como un guante en el sistema de Guardiola. Su fichaje aseguraría la posesión total y permitiría a Iniesta actuar de falso extremo zurdo. El impedimento es una vez más el precio. Santo y seña de su equipo e imprescindible para Wenger, su mentor, Fàbregas sólo podría abandonar Inglaterra por una cifra cercana a los 50 millones. Muchos euros para unos bolsillos en crisis. Ya en la delantera, el mismo dinero que aleja al Barça del resto de sus pretendidos es el que sitúa a Ribéry a años luz de su alcance. 80 millones sólo son accesibles para un jeque, un magnate o un megalómano como Florentino. La misma regla es aplicable al traspaso de Villa. 50 millones es una cifra hinchada con mancha, inabordable con cinturones estrechos. Más mundanos son los 36 que marca la cláusula de Forlán, un producto en exposición, preparado para ser empaquetado y llevado a domicilio. En este caso, el problema no es el dinero sino las buenas relaciones entre Barça y Atlético, que se verían truncadas si el uruguayo acabara en el Camp Nou. Las opciones para ocupar la punta de flecha acaban ahí. Benzema terminó en Madrid por un precio ajustado e Ibrahimović fue sólo fruto de una ilusión. Otros nombres, como Luis Fabiano o Güiza, no figuran entre los preferidos por la secretaría técnica.

El atasco en el que se encuentra el Barcelona es por tanto notable. Las semanas pasan y los precios no descienden. Los refuerzos no llegan y la afición se impacienta. Urgen medidas imaginativas, así como establecer un orden de prioridades. El fichaje de un lateral es ciertamente más necesario que el de un central. Entre otras cosas, porque Filipe Luís relegará al banquillo a Abidal. El mismo mecanismo es válido para la pradera. Mascherano es un muro de cemento armado, pero Cesc le añadiría más registros melódicos al equipo, al tiempo que generaría la ilusión propia de los mediáticos. Y arriba, el mismo sistema de selección natural. Con Ribéry imposible, no tiene sentido rastrear el mercado en busca de substitutos. Ninguno estaría a su nivel, por más que Arshavin y Cazorla pudieran rellenar el flanco con garantías. El resto de nombres, sobre los que se ha especulado más, son de risa. El último en sonar con fuerza ha sido Mata. Un buen jugador sin más, que sin ser extremo destaca por ser cumplidor y tener gol. Lo mismo que ha acreditado Henry. El francés lleva dos temporadas exiliado en la banda, demostrando ser útil fuera de su área de influencia. Aún así, se busca substituto con intensidad para las dos demarcaciones que ocupa. Con Eto'o echado a los pies de los caballos y con Villa muy lejos, la hora de Henry como '9' puede haber llegado. Con un simple giro de 90 grados, Tití podría verse como inquilino del vértice. Sólo sería necesario un fichaje: un centrocampista o un extremo. Cualquiera de las dos opciones desplazaría a Henry de forma natural. La primera llevaría a Iniesta a la banda y a Tití al centro, mientras que la segunda supondría mover al delantero francés para dar entrada al extremo. Parece más viable la primera opción, dado que Fàbregas no oculta sus deseos azulgranas. En cualquier caso, es demostrable que el Barcelona no requiere seis refuerzos exógenos: un lateral, un centrocampista y un extremo deberían ser suficientes. Filipe Luís, Fàbregas y quién sabe si Ribéry, más canteranos como Thiago Alcántara devolverían al Barcelona a su posición de poder. No tiene sentido temer por el '9'. La punta puede quedar en manos de Henry, un aristócrata del gol.
************************************************************

martes 14 de julio de 2009

Delanteros de los de siempre

Por Albert Valor

Ruud Van Nistelrooy ya es un gato viejo. Uno de esos delanteros que ha sido dado por muerto ya unas cuantas veces, las mismas que ha salido a flote. Su primer ‘entierro’ llegó relativamente pronto en su carrera, cuando una grave lesión de rodilla –año 2000- frenó en seco su fichaje por el Manchester United. Jugaba entonces en el PSV Eindhoven, y su trayectoria nos recordaba la facilidad que la factoría del Phillips Stadium tiene para dar ‘killers’ al fútbol europeo. Los más conocidos son Romario o Ronaldo, pero otros como el belga Luc Nilis –al que una grave lesión le apartó de la elite- también se dieron a conocer en el cuadro rojiblanco.

Lo dicho. La lesión podía dar al traste con el futuro de Ruud. Pero nada más lejos de la realidad. Tras unos meses en el dique seco, la vuelta a los terrenos de juego unas semanas antes de que finalizase el curso, sirvieron para comprobar que, como poco, Van Nistelrooy seguía teniendo las mismas cualidades. Así, en verano de 2001, se oficializó su fichaje por los ‘red devils’. Y allí fue donde se consagró.

En los vídeos que llegaban a España, Ruud empezó a mostrarnos su perfil. Era ese típico delantero agrio –no por su estilo sino por su rudeza, por la fatalidad para el rival que tenían sus remates-. Balón que tocaba, balón con marchamo de gol. Y claro, ahí fue donde asociamos su figura con la del típico asesino de área. Esos a los que no se ve en todo el partido pero que la tocan y la mandan para adentro. La imagen de otros como Torpedo Müller, Gary Lineker, Alan Shearer, Hernán Crespo o Gabriel Batistuta se nos venía a la cabeza.

En Old Trafford se hizo un nombre e incluso consiguió batir algún récord –además de superar a otros cañoneros como Thierry Henry en la tabla de goleadores, en su primer año logró ser el debutante en conseguir un mayor número de goles, cifra que Fernando Torres superó en su bautismo en las Islas-. Siempre anotaba, siempre perforaba las redes allá donde fuera. Su especialidad, además, era marcarlos a pares. Pero, como muchos otros, fue a toparse con Sir Alex Ferguson. La 2005-06 fue su última temporada en el United. Al verlo relegado al banquillo durante el último tercio del curso, pensamos que Van Nistelrooy ya se había acabado. Almenos así nos lo hizo creer el escocés. Ese verano salió de la Premier por la puerta de atrás. La irrisoria cifra de 15 millones de € tuvo la culpa.

Su destino, el Real Madrid de Ramón Calderón y Pedja Mijatovic, que se disponían a reconstruir la nave madridista tras el hundimiento del primer Florentinato. Van Gol vino, claro está, a petición de Fabio Capello, que en su instinto básico de ir siempre a contracorriente, apostó por un delantero por el que nadie daba ya un duro. Su treintena de años y sus últimos meses chupando banquillo así lo atestiguaban.

Pero no hay ciencia más incierta ni que vaya más en contra de la lógica que el fútbol. Aunque también habría que preguntarse cuanto componente de lógica había en dar a Van Nistelrooy por acabado. Así pues, el balón empezó a rodar. El Real Madrid andaba al tran-tran, y su delantero centro no se salía, pero cumplía. Se daba más importancia entonces al resurgir de Raúl, que tras su ostracismo en la etapa final de los galácticos volvía a golear.

Pero si en la primera vuelta el ‘killer’ holandés no enamoró, en la segunda encandiló a propios y ajenos. Su primer recital lo dio en aquel archiconocido Barça-Madrid que acabó 3-3. Todo el mundo habla del hat-trick de Leo Messi, pero pocos se acuerdan de que, en diez minutos, Van The Man anotó dos goles y propició la expulsión de Oleguer. Los blancos salieron del Camp Nou a cinco puntos del líder. Poco a poco, el Madrid empezó su resurgir con remontadas memorables que le acabaron aupando como campeón de aquella liga. Si Van Nistelrooy acabó la primera vuelta con no más de 10 goles en su casillero, acabó el torneo con 25, ocho de ellos conseguidos en las últimas cinco jornadas. Colosal. Fue pichichi.

Pues no, no estaba acabado. Pero es que además, durante ese año y el siguiente, nos demostró que el gol no era su única virtud. Caía a bandas con mucha frecuencia –y con mucho rendimiento-, iniciaba contragolpes que daban fe de su velocidad y potencia, centraba más que aceptablemente y poseía un gran nivel de toque y remate con ambas piernas. Y, evidentemente, lo que ya conocíamos de él, su potencial en el juego aéreo. No es que Van Nistelrooy no hubiera mostrado en otras ligas su potencial. El problema es otro. Si, como en la actualidad, Teledeporte ya hubiera retransmitido la Premier al gran público –no sólo a los privilegiados que ya contaban con Canal + Fútbol-, quizá muchos hubieran descubierto que las cualidades del holandés no desaparecían con el balón en las mallas.

Durante ese par de temporadas, él, Raúl, Higuaín y Casillas, sostuvieron al Real Madrid. Se podría catalogar de atrevida esta afirmación dado que los merengues fueron campeones de liga en ambos cursos, pero en realidad fue así.

Este último año, Van Nistelrooy también lo empezó goleando. Pero una desgraciada lesión le apartó de los estadios antes de Navidad. Su baja y la de Mahmadou Diarra dejaron cojo al Madrid en dos zonas muy sensibles, la medular y el área rival. Suerte tuvieron los blancos de tapar sus ausencias con dos hombres de ciertas garantías como son Lass y Huntelaar. La temporada acabó con mucha más pena que otra cosa. Y ahora ha llegado Florentino para sembrar de ilusión los albores de la temporada en Concha Espina.

CR9, Kaká o Benzema son los nuevos galácticos. Van Nistelrooy está de momento en la lista de transferibles. De todos modos, ya ha declarado que no se rendirá. No es para menos. En el último lustro, pocos habrá con mayor media de goles por remate realizado. Huntelaar, otro cazagoles, también está en la puerta de salida. Lo de los galácticos está muy bien, pero bien haría Florentino en tener en cuenta a los delanteros tulipanes. Van Gol y El cazador son delanteros de los que te aseguran goles. Delanteros de los de siempre.

*************************************************************

sábado 11 de julio de 2009

El legado de Eto'o vale un imperio

Por Cristian Naranjo

El romance de amor-odio entre el Barcelona y Samuel Eto'o está cerca de consumirse. Tras dos veranos intentando romper, la convivencia de la pareja es insostenible. El club tenía la voluntad de traspasarlo hace un año. Así lo expresó Guardiola. Finalmente, el camerunés decidió quedarse y se reivindicó con la mejor temporada de su vida: 36 goles en 50 partidos. Le faltó un ápice para alcanzar el Pichichi y marcó el gol decisivo en la final de la Liga de Campeones. Tras cinco cursos de azulgrana, pocos pueden negar la categoría de Eto'o a juzgar por sus estadísticas: tres Ligas, dos Champions y 130 goles. Se trata del mejor artillero de la era moderna del Barcelona, además del extranjero más productivo en la historia del club después de Kubala. Ni Cruyff, ni Rivaldo, ni Ronaldinho, otros tres foráneos de larga trayectoria en el equipo azulgrana, fueron tan rentables como él. Ni tan determinantes. Nadie podrá robarle al africano el orgullo de haber sido decisivo en dos finales de la Liga de Campeones.

Al hablar de Eto'o hay que hacerlo en términos absolutos. Su rendimiento no es cuestionable. Llegó al Barcelona en 2004 procedente del Mallorca como una debilidad personal del presidente. El traspaso se cerró en 25 millones y fueron muchos los que lo criticaron. También hubo quien no dudó sobre su valía y ganó alguna apuesta por ello. Tras un lustro marcando goles a dentelladas y a sus 28 años ya no tiene sitio en el último tercio del Camp Nou. Si bien el Barcelona es un equipo especializado en hacer salir a sus estrellas por la puerta de emergencia, ningún futbolista merecería un mejor trato que Eto'o, que se ha rasgado su piel de pantera en cada partido. No será así. El camerunés tendrá que salir huyendo, como los ladrones de tres al cuarto. Será tan lamentable como la propia operación, que supondrá perder a un delantero franquicia por un máximo de 20 millones. Su sustituto, ya sea Villa o Forlán, no costará menos de 36. Un negocio ruinoso, que denota una patología extraña.

Ante la repudia de todos los estandartes del club, incluido Guardiola, Eto'o se ha visto forzado a dejarse llevar por la corriente. Las mentiras de toda índole que se han vertido sobre su persona le han hecho estallar de ira. Laporta, Beguiristain y Guardiola han faltado a la verdad y le han engañado a él personalmente. Así las cosas, su destino está en Manchester o en Milán. El africano, que mantiene intacto su instinto de chacal, se merece ser recibido en un grande con los mismos honores que se le niegan aquí. Sería entristecedor que acabara en el City, sin posibilidades de despedazar defensas en Europa. Son un bien escaso los delanteros de pura raza como Eto'o. Veloz como un gamo, generoso en el esfuerzo y adiestrado para el gol. Esas son sus virtudes. Su abanico de recursos no es por tanto demasiado amplio. Aún así es mejor que cualquiera, se llame Ibrahimović, Villa, Forlán o Benzema. Eto'o tiene un valor añadido que le distingue por encima del resto: siempre acude al rescate de su equipo. Jamás se esconde, acreditando pertenecer a la familia de animales salvajes, indomables por definición. Tiene la etiqueta de conflictivo, pero curiosamente no ha descuidado un entreno ni se ha ahogado en combinados. Tampoco se conoce ningún altercado con miembros de la plantilla ni del cuerpo técnico. Al contrario, todos han cantado las excelencias de su profesionalidad. En esas condiciones, su marcha nunca será comprensible. El mejor delantero del último quinquenio no puede sobrar jamás. Pero ahora ya nada evitará su marcha. Dado que el Barça lo ningunea con cartas marcadas, él decide abandonar la timba. Su camino debe apuntar hacia el United o el Milan, clubes a la altura de su grandeza. Vaya donde vaya, Eto'o lleva consigo un zurrón repleto de goles. Sería emocionante contemplar los partidos del Manchester, con los díscolos Rooney y Eto'o en vanguardia. En el caso del Milan, supondría una ironía del destino acabar allí, junto a Ronaldinho, con el que supuestamente no existe conexión alguna. Supuestamente. Lo que trasciende no siempre se ajusta a la realidad. Que nadie dude de que el felino y el Gaúcho podrían convivir de nuevo sin problema alguno. No será difícil que el camerunés marque a pase del brasileño, como en los viejos tiempos, cuando juntos fueron los mejores. Pase lo que pase, Eto'o se ha ganado a pulso veinte metros de la hierba del Camp Nou. Ya nadie los recorrerá como él, y será entonces cuando Guardiola llore su error. Para cuando eso ocurra, Eto'o ya estará a miles de kilómetros de aquí, dejándose el alma por otros colores. En el fútbol, como en la vida, suele ser tarde cuando se acude a restañar un error. De nada sirve lamentarse por lo que pudo ser y no fue. Eto'o, que es un loco maravilloso, encontrará un equipo que entienda su genialidad. Entonces, entonará los versos del maestro Sabina: “este pez ya no muere por tu boca / este loco se va con otra loca / estos ojos no lloran más por ti”. Así será porque el Dios de Eto'o sabe, como sus incondicionales, que se lo merece todo.

*************************************************************

jueves 9 de julio de 2009

El viejo Ronaldo; el Ronaldo de siempre

Por Cristian Naranjo

Aún resuenan los ecos de la fastuosa presentación de Cristiano Ronaldo. El acto, opulento hasta el ridículo, significó el aterrizaje en la Liga del nuevo primer espada de los galácticos. Uno de los símbolos más interesantes que se dio a conocer fue la elástica. En España, como en la Premier, Cristiano será simplemente Ronaldo. El detalle sería poco menos que anecdótico de no ser por el dorsal escogido finalmente por el portugués. El 9, asociado a la inscripción 'Ronaldo', pertenecía hasta el lunes en exclusiva a un futbolista de otra generación. Brasileño, delantero centro y dotado con el gen del gol. Ganó todos los premios individuales y colectivos ─incluido el Mundial─ a excepción de la Liga de Campeones. Su explosión como futbolista se produjo en el Barça, donde posiblemente firmó la mejor temporada de un jugador en la historia del club. Por entonces tenía más gol que nadie, más velocidad que nadie y más calidad que nadie. Él sólo llevaba la cadena de montaje hacia la portería. Daba igual donde agarrara la bola: el centro del campo no se le presentaba como un abismo. No en vano era potente como un bisonte y avispado como un gato. Efectivamente, se trataba de un espécimen único. Valdano le definió acertadamente como una manada. Su físico era el de un velocista: músculo y fibra a partes iguales. Tenía pinceladas del buen Ronaldinho, pero con menos fantasía y más contundencia. Dejó goles de filmoteca. Nadie olvidará su cabalgada en solitario hacia el marco del Compostela, pero no fue su mejor gol. Contra el Valencia y la Real Sociedad en el Camp Nou se confirmó como un prodigio racial. Era tan brutal, que nadie dudaba que se convertiría en el quinto grande: Di Stéfano, Pelé, Cruyff, Maradona y Ronaldo. Esa debía ser la relación. Tras agujerear defensas a puñados sólo con su potencia y su sentido del gol, el poder del dinero le llevó al Inter de Milán. A partir de ahí, nada sería igual. Ya convertido en multinacional, los defensas italianos masacraron su juego y una repetida lesión de rodilla lastró su carrera para siempre. Con todo, ganó una UEFA con un gol inolvidable en la final. No regateó al portero; lo quitó directamente. La acción fue estética y mortífera como el beso de una cobra.

Cuando llegó a Madrid ya no era el mismo. Su constitución física había cambiado, hasta el punto que pasó de tener un cuerpo atlético a ganarse con el tiempo el apelativo de gordito. Había perdido por tanto potencia y velocidad, pero le quedaba lo principal: cientos de balas en la cartuchera. Marcó infinidad de goles con suma facilidad y firmó una noche memorable de Champions en Old Trafford, de donde salió ovacionado. Fue ganando kilos y perdiendo capacidad de intimidación, hasta que fue traspasado al Milan en 2007. Tras una temporada decepcionante en San Siro, todos le daban por retirado. De hecho, se había lesionado gravemente y ya no era hábil para el fútbol al más alto nivel. Sólo le restaba una opción; volver al origen: Brasil. Fichó por el Corinthians alimentando su fama de traidor, pero todo fuera por recuperarse física y anímicamente. Unos meses después, Ronaldo parece otro. Continúa con los abdominales tapados, pero ha recuperado velocidad y alegría. Marca goles de bandera e incluso gana títulos siendo determinante. Anoche firmó un hat-trick como los de antes, con exhibición de velocidad, habilidad en el área y potencia de disparo incluidas. Después de todo, sigue siendo una bestia.

Contra el recuerdo de esa maravilla del fútbol tendrá que batallar Cristiano. Tiene a su favor la edad y las condiciones físicas. Técnicamente, tiene que aprender mucho del Ronaldo de siempre, cuyas acciones destacan por ser nocivas para los rivales. Cada bicicleta y cada recorte deben tener un sentido. Sin ser un goleador, Cristiano conseguirá tantos a granel, pero debe detectar que hace más daño solapado en la banda que en el centro. De momento ya ha manifestado que se siente más cómodo sobre la línea de cal, lo cual representa una declaración de intenciones. Todo dependerá de Pellegrini, un hombre reflexivo que a buen seguro sabrá exprimir las virtudes del portugués. La comparación del viejo Ronaldo con el nuevo está servida desde que Cristiano decidió ser CR9. Los dos han triunfado de jóvenes y han contado con un físico privilegiado además de haber ganado el Balón de Oro. Ambos tienen la potencia y la velocidad como sus mejores virtudes. Si Cristiano tiene gol, Ronaldo tiene más. En técnica pura, quizá gana el portugués, que lo tiene todo para marcar una época. De hecho su objetivo es ser el mejor jugador de siempre, por delante de los cuatro grandes. Es una aspiración casi imposible, pero que demuestra ambición. Le queda mucho por enseñar. Su primer referente no debe ser otro que el viejo Ronaldo, el Ronaldo de siempre.
*************************************************************

Nubes y claros del presidente

Por Cristian Naranjo

En un ambiente de ruido y nerviosismo como el que se ha instalado en el entorno barcelonista, las apariciones de Laporta no ayudan en nada. Más bien avivan el fuego de la impaciencia. Referirse permanentemente al eterno rival denota un complejo de inferioridad acuciante. Es cierto que los fichajes de Florentino han elevado el precio de mercado, pero no es necesario remarcarlo a la que se cruza una alcachofa. Laporta lo ha hecho, criticando así la política madridista con múltiples discursos que siempre transmiten lo mismo: enojo y cierta envidia por las operaciones del Madrid. Y es que el presidente del Barça siempre se ha caracterizado por su capacidad de hacer subir el pan. Su egocentrismo, soberbia e inestabilidad emocional le juegan a menudo malas pasadas. Para remediarlo intenta medirse o aplicarse la ley del silencio, pero el Laporta original siempre vuelve para dinamitar el statu quo. Nadie olvida el lastimoso episodio del aeropuerto ni la comparecencia airada ante los socios compromisarios, sucesos que constatan su facilidad para perder los estribos, así como su carácter cambiante. Las últimas informaciones apuntan a un divorcio total entre Laporta y Pep Guardiola debido a las diferencias de concepción del modelo de club. Los fichajes no cristalizan y las bajas no se producen, comenzando por Eto'o. El camerunés no se decide a aceptar las ofertas que llegan desde Manchester y la situación se enquista por momentos. La confesión de Laporta, en la que reconoce que el delantero no se pone al teléfono, es propia de los programas radiofónicos nocturnos, donde se relatan las miserias. Sintomáticamente, los momentos más brillantes del primer equipo suelen coincidir con el mutis del presidente. Ya ocurría con Núñez y Gaspart, y quién sabe si será un mal endémico. No hay mejor muestra que la última temporada, donde el Barcelona funcionó como un reloj suizo de la mano de Guardiola y con Laporta escondido.

No sólo al presidente le pierden los micrófonos. Hablar del Barcelona supone hablar de Cruyff, cuyo retiro para jugar a golf y promocionar su marca deportiva no es tal. El holandés siempre ha jugado un papel importante en el club, cobijado en la sombra y apareciendo en un momento dado ─nunca mejor dicho─. Su estrecho vínculo con Laporta ha propiciado que oficiosamente sea el asesor del presidente, algo así como Zidane para Florentino. Parece ser que Cruyff bendijo a Rijkaard y Guardiola. De hecho, desde su artículo semanal en El Periódico marca las directrices a seguir por el club. Su última intervención no tuvo desperdicio. Aseguró taxativamente que lo mejor es traspasar a Eto'o, que los fichajes del Madrid servirán para incentivar al Barça y que el dispendio económico de Florentino es posible gracias a la candidatura olímpica de Madrid 2016. Una reflexión de lo más interesante y clarificadora. Entre cientos de tópicos balbuceados, Cruyff a veces se descuelga con declaraciones propias de su grandeza. De todos modos, el intervencionismo del holandés en segundo plano es otro de los aspectos imputables a Laporta.

Lo cierto es que el presidente del Barça anda inquieto por más que predique tranquilidad. La entrada en escena de Florentino le ha llevado a despedazar su hoja de ruta. Aunque diga lo contrario, la idea era completar su mandato con incorporaciones de renombre que complementaran el efecto del triplete. Era la manera de garantizar en un gran porcentaje la consecución de más títulos y por ende allanar el camino de la candidatura continuista, encabezada por Xavier Sala i Martín. Laporta quedará para la historia como el presidente más laureado del club. Seis temporadas y un título importante por cada una de ellas: dos Ligas de Campeones, tres Ligas y una Copa del Rey. Envidiable. Con él en la presidencia llegaron el hechizo de Ronaldinho y la raza de Eto'o. Se consolidó el modelo de La Masia hasta el punto de levantar el Santo Grial europeo con siete canteranos en el campo. Admirable. Se acertó siempre a la hora de escoger entrenador. Con Rijkaard y Guardiola llovieron los títulos. Finalmente, se potenció de forma mayúscula la marca Barça a nivel mundial, hasta el punto de convertir al barcelonismo a millones de personas. Muchos pondrán en duda la responsabilidad de Laporta en los éxitos. Los mismos le criticarán aceradamente por sus errores. Evidentemente, ha fallado en algunas cuestiones de peso. A parte de sus esporádicas salidas de tono, se le achacó falta de ética por no dimitir tras la moción de censura. Seguramente no acertó manteniendo a Rijkaard tras una temporada de barbecho. En otro orden de cosas, se ha acusado a Laporta de politizar el fútbol. Fuera de Catalunya no cuaja la idea de vincular al Barça con el catalanismo, cuando viene siendo así desde el franquismo. Por último, Beguiristain genera muchas dudas como secretario técnico, aunque los títulos también le avalan a él. Este verano aún tiene calcetines por zurcir y habrá que esperar a que enhebre la aguja. En cualquier caso, el verano de 2010 ya no queda tan lejos. Ahí finaliza la era Laporta. Será el momento de pasar cuentas.

*************************************************************