lunes, 24 de noviembre de 2008

Ya lo decía Guardiola

Por Albert Valor

Pep Guardiola declaró hace unos días en rueda de prensa, preguntado sobre la crisis del Real Madrid, que él no estaba para tonterías, que contaba con los blancos en la lucha por el título hasta el final. Y no es que estemos al final, pero este Barça implacable, su Barça, que esta jornada debía coger ventaja antes de los duelos que den la medida real de cada uno de los contendientes, durmió anoche a sólo tres puntos del Madrid. A un partido.

Y esto no es una crítica a los azulgrana. Su juego me sigue pareciendo exquisito, el mejor de España con diferencia, y partidos como el de ayer en una temporada los hay a patadas –jugadores como Iniesta y Messi, no tantos-. Pero lo destacable es lo del Real Madrid.

Hace dos temporadas ya consiguió hacerse con el título con una plantilla netamente inferior a la de algunos de sus rivales, y la temporada pasada, aún mejorando con la llegada de hombres como Sneijder o Pepe, hombre por hombre, los blancos seguían siendo, a mi juicio, inferiores a los culés. Pero como resultados mandan, el Barça completó un año desastroso y el Real Madrid ganó su segunda liga consecutiva, esta vez con récord de puntos en un campeonato de 20 equipos y 38 jornadas.

La diferencia básica e histórica entre ambos equipos es lo que cada uno de ellos necesita para llegar a la cima. Nunca he logrado ver al Barcelona ganar una liga sin autoridad, sin jugar bello, sin dar un puñetazo sobre la mesa en sus partidos. Y en Europa, siempre pagó caro un error, individual o colectivo, como lo cometíó Zambrotta en Old Trafford la primavera pasada, como hace dos años Valdés la pifió contra el Liverpool en el Camp Nou, como el equipo entero los primeros veinte minutos de la vuelta de octavos contra el Chelsea en Stamford Bridge en la 04-05. Y otras como el año en que la final europea se disputaba en el Camp Nou, en la que se pagaron los fallos defensivos ya en la fase de grupos contra los que después serían los finalistas, Manchester y Bayern, o aquella temporada en la que el PSG de Bernard Lama y George Weah se aprovechó de las fisuras del epílogo del Dream Team. Sólo en años perfectos –no únicamente buenos- como el 2006, con victorias a domicilio en Londres y Milán, el Barça consigue reinar en Europa tras barrer a sus rivales en España.

En cambio el Madrid está hecho de otra pasta. A los ya mencionados desenlaces ligueros de los últimos tiempos, hay que añadir el modo de conquistar la séptima, la octava y la novena. A mi juicio, las dos primeras, conseguidas con un equipo discreto y una temporada nefasta en competición liguera, pero eso sí, con hazañas como la final de Amsterdam o los famosos cuartos de final contra el Manchester y el taconazo de Redondo, pasando por encima de rivales a priori superiores. La novena ya es otra cosa: tener a Zidane en un equipo, secundado por jugadores como Raúl, Morientes o Roberto Carlos, todos ellos en su plenitud, nunca puede ser malo. Eso sí, el año liguero, discreto: terceros en liga por detrás de Valencia y Deportivo. Bien es verdad que en los últimos cuatro años el Madrid no ha pasado de octavos, pero es que en la Champions League el nivel es muy alto.

Así que nadie se espere este año un camino de rosas azulgrana. Puede que el Madrid esté en crisis, que su juego deje muchísimo que desear. Para colmo, a Van Nistelrooy no lo veremos más hasta el próximo curso, Robben se pasa un tercio del año en la enfermería, otro rehabilitándose y sólo otro jugando, y encima jugadores clave como Pepe siempre están entre algodones. Pero una pírrica victoria por 1-0 ante el Recre vale lo mismo que un 6-1 al Atleti, o sea, 3 puntos. Y además, Barça y Madrid no están solos este año: el Villarreal, el Sevilla y el omnipresente Valencia darán mucha guerra. Queda tela por cortar, exactamente 26 jornadas. Nada más y nada menos que 78 puntos. De momento, sigamos disfrutando del espectáculo.

Nota: Ya sé que este es un blog de fútbol, pero sin que sirva de precedente, me gustaría destacar este 2008 de ensueño para el deporte español, coronado ayer con esa Ensaladera de Plata que hace unos días parecía imposible y a medida que avanzaban los partidos contra Del Potro y compañía se iba haciendo más factible. Creo que ni yo, ni mi padre, ni mi abuelo, habremos visto una año de tanta gloria. En fútbol, la Eurocopa; en ciclismo, el triplete, con Giro, Vuelta –para Contador- y Tour –Carlos Sastre-, además de la medalla de oro lograda en Pequín por Samuel Sánchez. En tenis, además de este logro por equipos, hemos tenido a un torazo en todos los ruedos donde se ha batido: Rafa Nadal ha ganado Roland Garros, el terreno vedado por Roger Federer que era Wimbledon y además ha conseguido el oro olímpico, superando así al suizo como número uno del tenis mundial. En nuestra retina también quedan hazañas como la de la selección de baloncesto, que por un momento nos hizo pensar que tumbaría a las torres de la NBA. Al final dulce derrota y medalla de plata. Y no estaría de más destacar a gente como José Luis Abajo –esgrima-, David Cal –piragüismo-, Joan Llaneras –ciclismo en pista-, Gervasio Deferr –gimnasia- o el equipo español de natación sincronizada, con Gemma Mengual a la cabeza. A algunos los descubrimos en los JJOO y otros sólo vinieron a refrendarnos lo grandes que han sido, son y serán. No está nada mal. Y perdonen mi ignorancia, seguro que me dejo a alguno. De todos modos gracias y felicidades a todos. Ojalá este 2008 sí sirva de precedente.

Lo ideal sería que este año glorioso no acabara nunca, pero aceptemos el paso del tiempo y planteemos nuevos retos. 2009 empieza fuerte con el Dakar y el Open de Australia de tenis. A ver si cae alguno. A ver si cae la Copa Confederaciones, que nunca puede ser un torneo descafeinado con Italia y Brasil. A ver si la Champions vuelve a España –para ser franco, ojalá volviera al Camp Nou-. A ver si Fernando Alonso vuelve a volar con su Renault. Lo que sea para seguir recordando estos meses en los que ser español ha sido un orgullo. Para seguir cantando aquello de: “Yo soy español, español, español, español… la la la la ra la la ra la la ra”.


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