miércoles, 30 de junio de 2010

Proverbio

Por Cristian Naranjo

Desde el momento en que España conformó su actual estilo de toque, juega cada tarde como transmitiendo la defensa de una causa justa. Estructurado alrededor de Xavi, Iniesta, Busquets y Alonso, no habría equipo capaz de basarse en la destrucción como sistema. No podría siquiera ser inventado en mezquinos tubos de ensayo. Por una cuestión de genoma, la actual quinta de seleccionados no conoce otro plan que no sea el de enroscar una y otra vez el cuero. Pese a que, como en todos los órdenes, construir conlleva tres veces más esfuerzo que derruir, la Roja asumió hace tiempo que alguien tenía que salvar la lírica. Con esa premisa abordó y conquistó la Eurocopa.

Dos años después, y con exacta filosofía, se ha abierto paso en el Mundial; no sin dificultades. La derrota frente a Suiza invitó a dudar; ante Honduras se restableció la ilusión; y contra Chile se instaló de nuevo un pequeño amargor respecto a la forma física y el esquema. Con todo, el combinado ya estaba en octavos, donde esperaba una peliaguda Portugal. El duelo ibérico debía dirimir quién aspiraba realmente al Mundial. Y fue España, domesticando una tarde más la bola, quien salió vencedora y reforzada del choque. Se consolidan Busquets y Alonso; crecen Xavi, Iniesta y Ramos; Villa se muestra en estado de gracia; Puyol y Piqué son una red de seguridad.

Queda la incógnita de Torres, desconocido por ahora. Y en menor medida también la de Casillas. Respecto al lateral izquierdo, poco más se le puede exigir al veterano Capdevila. Si el debate existe es porque el banquillo de Del Bosque invita al sonrojo: Cesc, Llorente, Pedro, Javi Martínez, Valdés… Cualquiera sería indiscutible con la Italia de Lippi, la Inglaterra de Capello o la Francia de Domenech. En la Roja, en cambio, calientan banquillo. Anoche, el gol de la victoria llegó con Llorente sobre el campo. A nadie escapa que el Superman de Lezama mejoró las prestaciones de Torres; pero el tanto definitivo se fraguó, ante todo, porque la selección entendió que su juego necesita de algo más importante que el coraje. Para ser efectiva, España también necesita… Paciencia.
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