jueves, 14 de enero de 2010

Sólo Palop resiste el tiroteo

Por Cristian Naranjo y Albert Valor

Cayó el campeón. Pero lo hizo con grandeza: jugando a rock and roll, fabricando fútbol en alta definición y asombrando de nuevo al mundo a través de un mero balón. Sevilla y Barcelona dignificaron la tan denostada Copa en una noche de pelo en pecho y hombría, sólo apta para orgullos infinitos. Solo contra todos, Palop aguantó el tiroteo y evitó la sangría en una segunda parte de ardor azulgrana. Pasa el corte el equipo de Jiménez al encuentro de un Deportivo con hechuras de rebeldía. Es de justicia reconocer que la Copa ha redoblado su valor merced a un Barça rojo pasión, que desde hoy inicia una escalada hacia cotas más altas.
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miércoles, 6 de enero de 2010

La Copa desnuda a Chygrynskyy

Por Cristian Naranjo

Desde incluso antes que cristalizara su fichaje, este bloc de notas no ha sido indeciso a la hora de valorar el amor ucranio de Guardiola. En primera instancia se expresó recelo. Y en segunda, se le censuró. Las críticas no han sido gratuitas, sino cimentadas en la lógica, en el sentido común, en la opinión de los entendidos y en la evidencia final de los hechos. De momento los media miran hacia otro lado: escurren el bulto, apelan a la adaptación, ensalzan sus virtudes y no entran al trapo. Nadie se ve legitimado para cuestionar al gurú. Mientras tanto, el club y el representante demandan paciencia para el jugador. Justo aquello que siempre escatima la afición culé. Esta noche se han explicitado silbidos en el Camp Nou, un estadio por el cual Chygrynskyy pasará como un fantasma sin que ni tan siquiera Guardiola pueda ya remediarlo.
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miércoles, 30 de diciembre de 2009

El millor any de la nostra vida

Un reportaje fotográfico de Albert Valor
La eternidad en imágenes

































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domingo, 20 de diciembre de 2009


Te amo Barça.
Eres lo mejor que me ha pasado.

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jueves, 17 de diciembre de 2009

Lo de los chicos de Guardiola es más que un escándalo.

Es un bochorno.

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lunes, 14 de diciembre de 2009

Sir Arshavin, el señorito andaluz y el 'Taladro'

Por Albert Valor


Ayer, mientras en la calle arreciaba el frío invernal, yo decidí apostar por lo que en PLF llamamos Lady Fútbol. Y lo decidí por un motivo llamado Liverpool-Arsenal. Lo decidí por la liturgia de un estadio mítico que acoge a un equipo histórico en horas bajas y porque el Arsenal, gane o pierda, no escatima nunca en su apuesta balompédica. He de reconocer que ver a Gerrard y Torres en la alineación me hizo aproximarme aún más al clímax. Sus nombres se unían a los de Cesc Fábregas, Samir Nasri o Andrei Arshavin. Arshavin. Menudo jugador. Aunque ya hablaremos más tarde de este querubín. Todo esto, aderezado con los agudos comentarios de José Manuel Díaz y con el licenciado José Antonio Martín ‘Petón’. El aragonés volvió a impartir, una vez más, clases de dicción, vocabulario y fútbol. Sobretodo de fútbol. Hay personajes como Cañizares o el propio 'Petón' que perderían gran parte de sus virtudes como comentaristas sino añadieran a sus sentencias esa dosis imprescindible de pasión.

La primera hora del partido fue brutal. El más típico fútbol inglés. Intensidad, ritmo, intercambio de golpes y, por supuesto, cada uno fiel a su estilo. Los reds buscaban robar el balón lo más arriba posible y llegar al área con un juego directo, abriendo a la bandas y buscando centros. En esta faceta destacaba Glen Johnson. El carrilero británico percutía una y otra vez su banda. El joven Armand Traoré, un correcto pero inexperto lateral zurdo típico de la factoría Wenger, fue el que más lo sufrió. Los gunners estaban incómodos, puesto que Benítez, fiel a su dogma, apostó por ir al choque. Los londinenses no consiguieron enlazar seis pases seguidos hasta el último tramo del primer tiempo. Su única baza fueron las internadas por la derecha paridas por el binomio Walcott-Sagna. La llegada del descanso parte dejó lugar a sentimientos contradictorios, casi todos con el Liverpool como protagonista. El primero, que el único gol fuera un remate a puerta vacía de Kuyt tras un barullo a la salida de una falta. Después del espectáculo vivido, el gol del holandés no era una buena muestra de lo que había sido el partido. En segundo lugar, se hacía raro echar la vista a la tabla y observar que el equipo de Anfield esté este año tan abajo.

Pero en la reanudación quedaron normalizadas ambas percepciones. El transcurso del partido quiso que en un cuarto de hora, el Arsenal se viera por encima en el marcador. El gol en propia puerta de Glen Johnson mostró que quizá los reds no estén teniendo suerte en momentos clave de los partidos durante esta temporada, de ahí su mala cosecha. El segundo tanto es otra historia. Simplemente una obra de arte con el sello de Andrei Arshavin. Control, quiebro y disparo seco a la escuadra derecha de Pepe Reina. Se puede explicar de muchas maneras, pero lo mejor sería verlo. El gol sirvió como guinda al partido. Ahora sí que había una culminación que le ponía una fotografía al choque. Otra temporada, el Liverpool hubiera empatado e incluso remontado. Pero este año los ánimos no son los de antaño. En su afán por reinventarse a sí misma, la escuadra de Anfield tiene primero que recuperar su autoestima. Algo que no debe ser fácil tras haber caído en Europa a las primeras de cambio y tener el liderato a una distancia quimérica. El Arsenal fue el gran beneficiado de la jornada en Inglaterra, puesto que su victoria, unida a los tropiezos de Chelsea y United le dejó a seis puntos del liderato y con un partido menos.

Pero el fin de semana nos dejó a otros protagonistas. El primero en ser nombrado debería ser Dani Güiza, señorito andaluz. El delantero del Fenerbahçe parece estar apartado de nuestras vidas en la lejana Estambul, pero sigue marcando goles que mantienen a su equipo arriba. Aunque a muchos les pese, él, Villa, Torres y Negredo deberían ser los delanteros del Mundial. Su filia por el gol debe tenerse en cuenta. Ojalá retorne pronto a nuestra Liga.

De momento, aquí nos conformamos con lo que hay, que sigue siendo lo de siempre. La liga vuelve a ser bipolar –si es que alguna vez dejó de serlo- y cada vez queda más claro que Sevilla y Valencia se rifarán la tercera y la cuarta plaza. El Real Madrid sale reforzado de la jornada tras su gran victoria en Mestalla. Benzema brilló por fin e Higuaín sigue a lo suyo, que es encontrar con suma facilidad posiciones de gol y mostrar en todo momento ese ardor tan suyo a la hora de competir. Pepe dijo adiós a la temporada después de oír como crujía su rodilla. Todos le echaremos de menos, pero más su equipo. La Copa del Mundo de Sudáfrica perderá a uno de sus mejores centrales. Vuelve pronto, sultán del área.

El Barça, por su parte, salió rápido hacia Abu Dhabi tras el derbi, como huyendo de la polémica suscitada tras el penalti –o no penalti- sancionado por Iturralde en el derbi. La única realidad es que, tras un año excelso, los azulgranas pueden adornar 2009 con la sexta copa. Algo insólito hasta ahora. Nadie ha cosechado más en doce meses. Que la gloria esté de su parte.

Luego está el Atleti, que juega a la ruleta rusa semana sí, semana también. Dice el bueno de mi hermano, colchonero él, que Juanito debería haberse quedado en Betis. Y le digo yo: y Ujfalusi en la Fiore, y Pablo en el Albacete, y Antonio López y Raúl García en Osasuna, y Sinama en el Recre… Posee el Manzanares un estigma, un tipo extraño de presión, que convierte a los grandes jugadores en jugadores normalitos y a los jugadores normalitos en mediocridades. Mejor no analizar lo que hace de los jugadores mediocres…

La jornada dominical se acabó con un hecho que no hizo sino consumar la situación convulsa que vive el fútbol argentino. Mientras Boca y River, gigantes del torneo, acabaron undécimo y decimocuarto respectivamente, Banfield, un Getafe bonaerense, se proclamó campeón por primera vez en su historia pese a perder, precisamente, en la Bombonera. Su rival por el título, Newell’s, también cedió en su propio estadio ante San Lorenzo. Aun así, habrá que reconocer el mérito del combinado verdiblanco. Felicidades, ‘Taladro’. Si Lady Fútbol te ha concedido la gloria, a buen seguro la mereces.

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sábado, 12 de diciembre de 2009

"El Barcelona hace un fútbol de ganchillo".

José Ramón de la Morena

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miércoles, 9 de diciembre de 2009

Por amor

Por Cristian Naranjo

Sábado tarde. Mientras ahí fuera arrecia el frío de esperar lo extraordinario, la mejor compañía sigue siendo Lady Fútbol. En Italia, un Milan al alza aprovechó la visita de la Samp para barrer la casa sin quitarse las pantuflas, en un nuevo ejercicio de prodigiosa lentitud similar al que llevara a cabo en Chamartín. Más tarde, Juve e Inter ahondaron en la idea de cómo jugar de perlas al calcio y de pena al fútbol sin sonrojo ni complejo alguno, lo cual no hace sino acentuar la decadencia de la Lega. En la Premier, alguien se atrevió por fin con el Chelsea de Ancelotti, el equipo más empedrado, zafio y cínico del continente. Por una vez encontró premio a tanto derroche el antihéroe Tévez, y con su gol se apretó la tabla en beneficio del United, que cada jornada se muestra más acorazado con Rooney como eje de rotación. Se fueron los goles de Cristiano, pero a cambio Sir Alex ha dotado al equipo de un carácter más homogéneo y gremial.

Y por lo que a nuestro fútbol respecta, a estas alturas el Madrid ya debe saber que sin un modelo tampoco arribará muy lejos en 2010 por más rupias que invierta el hombre del maletín. A pocos días de presentarse en Mestalla el conjunto blanco es todo un enigma: ha crecido en confianza tras recuperar a su estrella, pero acumula tantas derrotas como rivales con cuajo ha enfrentado. Cayó con justicia en Sevilla, fue narcotizado por el Milán y no aprovechó la opción de puntuar en el Camp Nou. Todo ello sin obviar la lección de juego impartida por los pupilos de Anquela en Copa del Rey, un torneo maldito para el club de Concha Espina desde el '93. Anoche los de Pellegrini cerraron el grupo de Champions con un triunfo algo ambiguo en el Vélodrome, puesto que las costuras del once son tan visibles como el imponente trapecio de Cristiano Ronaldo. Quien quiera que diseñe los esquemas del Madrid está tardando demasiado en percibir que la disfunción se encuentra en el medio terreno, y que sólo la inclusión de un contrafuerte por detrás de Lass y Alonso podría paliar el problema. Apestado Gago, el Diarra malí no se antoja como una mala opción. Pero, chi lo sa, es tan azarosa la rueca del fútbol que Guti y Granero han dimitido en favor de Van der Vaart. Por suerte para el aficionado no todo son malas noticias: Benzema ha abdicado antes de tomar posesión y su trono por fin pertenece a Higuaín, un delantero menos mundano y pomposo, de mayor raza y hemoglobina.

Por su parte, el perfumado Barcelona de Guardiola ha entrado de nuevo en la otra dimensión, pues parece haber entendido que no basta con disecar el balón, sino que más bien se trata de hacer llover. Y pese a que la banda izquierda siga huérfana de simetría y artificio por el ocaso de Henry, cuando hubo de tronar, tronó. Merced al fuego de un dragón rojo y el veneno de una culebra mortal, el Barça ha regresado al futuro. Puede que con Ibrahimović y Messi rayando lo celestial, secundados por el entusiasmo de Pedrito y la ambivalencia de Iniesta, sea suficiente para opositar a la reválida doméstica y europea, pero esa banda zurda anhela querubines de mejillas pigmentadas o algún indio de tren inferior compacto y centro de gravedad bajo. Con la potencia incontrolable de Pato, Arshavin o Agüero, el Barça convertiría por vez primera el deporte rey en ciencia exacta. Saldría campeón de cuanto quisiera sin margen de error. Pero sucede que ni el fútbol ni la existencia viven de quimeras. Mientras no se filtre un golpe de suerte en mitad de la ventisca, mientras no caigan del cielo las rosas y el tiempo apenas se merezca el beneficio de la duda, la única opción es volver a los barracones de uno mismo. Al origen. Al amor por las cosas. A ese desván donde espera rescate todo aquello que siempre estará ahí, comenzando por la sangre, los hermanos, la libertad… y el balón.
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miércoles, 25 de noviembre de 2009

La cruda realidad

Por Albert Valor

Hace 24 horas, el barcelonismo tiritaba. Los enemigos públicos culés, en cambio, se frotaban las manos y hasta los ojos. No era para menos. Samuel Eto’o y Jose Mourinho llegaban –supuestamente- con el cuchillo entre los dientes para apear al campeón de todo a las primeras de cambio. La prensa catalana –y la afición, ¿para qué negarlo?- se lamentaba de las bajas de Ibrahimović y Messi y tomaba como elementos de juicio los últimos tropiezos del equipo ante rivales aguerridos. En la capital, en cambio, las portadas eran para Samuel. Decían de él que volvía a jugar para el Real Madrid.

Y llegó la hora. En el túnel de vestuarios, Eto’o saludó y abrazó uno por uno a todos sus ex compañeros. Lo mismo hizo tras escuchar la emocionante melodía de la Champions. El Camp Nou le brindó la ovación merecida y Bussaca pitó el inicio. Cabe decir en este momento que la realización del evento por parte de TVE fue de lo peor visto en años, ya que obvió la salida al campo de los equipos y parte del momento en que los jugadores escuchaban de cara al palco la musiquita europea para conceder una entrevista vacía e inoportuna a ¡Luis Figo! Pregunten a cualquier barcelonista que estuviera viendo el partido en el sofá de su casa. No entraremos ahora a valorar qué significa o deja de significar el portugués para la parroquia culé, pero en ese momento lo importante era ver y escuchar íntegramente el reencuentro de Eto’o con su afición y por supuesto, la previa del partido -¿no?-.

Del partido en sí poco se puede decir que la gente no sepa ya. Monólogo culé ante la apatía –o quizá haya que decir incapacidad- del Inter. Uno escuchará ahora que los nerazurros no fueron un rival de peso. Lo mismo que se escuchó el año pasado acerca de Olympique de Lyon, Bayern de Munich, Manchester United, Sevilla o Real Madrid. Pero algún mérito habrá que conceder al Barcelona. Porque un equipo en el que cada jugador toca, se mueve y se vuelve a ofrecer para recibir nuevamente el balón es muy difícil de defender. Y eso es lo que hizo ayer el Barça contra los italianos y lo que hizo también en el pasado reciente contra todos los equipos antes mencionados. Jugar al fútbol según el libreto de Guardiola. Los goles del cabecilla Gerard Piqué y de Pedro, que golpeó al balón con toda la ilusión de la juventud –expresión acuñada por Alfredo Martínez, ¡grande!-, son lo de menos. Con el 2-0, el Barça sintió plasmada su superioridad y levantó el pie, pero si no hubieran sido esos los goles hubieran sido otros. La gallardía de Sergio Busquets en la zona ancha y la constante percusión de Alves por su costado son también sujetos dignos de mención. Incluso la solidaridad de Henry debe ser elogiada.

Y ahora queda hablar del protagonista real del encuentro. Y digo real porque a fin de cuentas, pasara lo que pasara, todo el mundo acabaría hablando de él. Y así fue. Porque hasta Mourinho, discreto y extrañamente comedido, pasó desapercibido. Pero para desgracia para el fútbol, para demostrar la incapacidad de la mayoría de la masa culé una vez más y para dejar en evidencia a los oportunistas que sólo quieren polémica, Eto’o fue protagonista para que se hablara mal de él. Que si vino con la camiseta del Barça debajo, que adónde va dando besos a todo el mundo, que no hizo nada en todo el partido, que si al final del partido estaba concediendo una entrevista a la televisión sonriendo y abrazado a Gerard Piqué… la lista de improperios es interminable. Y es que la realidad es que al africano forma junto a Guti, Raúl, Cristiano Ronaldo, Beckham o Ronaldinho y alguno más ese grupo de futbolistas a los que criticar es una tarea a la que todo el mundo se apunta. Y es que, ¿qué haría usted si volviera a la empresa donde estuvo cinco años trabajando, conoció a tanta gente que le marcó, fue feliz e hizo feliz a tantas personas? Eso por un lado. Por otro, el rendimiento deportivo del camerunés. No hizo nada, quizá sea verdad. Quizá sea verdad para aquellos que consideran que si un delantero no mete un gol no es nada. Y Eto’o es un goleador. Un goleador al que ayer no le llegaron balones en condiciones –y quizá es ahí donde habría que ensalzar la figura de Xavi e Iniesta-. No sé que partido vieron ustedes, yo sólo sé que en el minuto 80, con el partido ya perdido para el Inter, Samuel aún presionaba la salida de balón del Barcelona. Eso sí, más solo que la una.

El cambio ya está hecho. Eto’o ya es pasado. Y Zlatan, su recambio, todo un jugadorazo. Pero por favor, no olvidemos a quien nos ha hecho tan grandes. En 2004, con la llegada de Samuel, el Barça lucía en sus vitrinas una solitaria Copa de Europa. A su marcha, el pasado verano, lucía tres. Dos más. Una en 105 años y dos en 5. Y no es que él sea el único responsable. Aunque sí que es el único denominador común junto con Valdés, Puyol e Iniesta y alguno más –aunque Xavi no jugó en París, recuerden- de ambas consecuciones. Sin las paradas de Víctor, la tenacidad del de la Pobla o la clarividencia que aporta el manchego tampoco habrían sido posibles las dos orejudas. Pero mami, algo será lo que tiene el negro.

Una vez más el fútbol ha demostrado su grandeza. Siempre dejando lugar a todo tipo de preguntas, comentarios y deseos. Eso sí, después de un partido, se pueden desmontar los vaticinios más indudables, y quien dijo digo, ahora dice Diego. Fíjense que se ha llegado escuchar que tras el partido de ayer, ¿no será que Messi e Ibra sean quizá el problema? De chiste. Sin duda, lo que siempre sucede es que el balón deja al descubierto la cruda realidad. A todos los niveles.

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lunes, 2 de noviembre de 2009

Benzema y Chygrynskyy se ganan el patíbulo

Por Cristian Naranjo

Mientras Benzema comenzaba a esconderse de sí mismo en el Bernabéu, el clásico tono del Plus daba cuenta de lo ocurrido en Chapín. El 'Trueno de Zenica' ─gran Relaño en este caso, aunque últimamente parezca un casquero─, adelantaba a un Sevilla low cost con un gol 'excelso', de imposible planteamiento para el inmaduro francés. A estas alturas los antecedentes no dejan lugar a dudas: los buenos eran Negredo y André-Pierre Gignac.

Tras quedarse con diez en una decisión surrealista de Lahoz, el Madrid volvió a la Guerra Santa, a la épica griega, sin tapujos ni disimulo. Sin sonrojarse. Y en ese tipo de escenarios, Higuaín se maneja como Eneas. El artillero argentino ─aunque de nacimiento también francés ─, mandó al cajón las dos bolas de que dispuso en ventaja, resolviendo así el partido y lanzando al Getafe a la lona, que se presentó mustio en Concha Espina, dispuesto a encajar, no pegar y arrojar la toalla pese al favor arbitral. El segundo balón al 'Pipita' ─que va camino de 'Piponazo', como su abuelo─ se lo entregó Benzema en una contra, única faceta en que luce el lionés. Tras dos meses de competición, otra evidencia palpable es la jerarquía de la delantera blanca: Higuaín, Raúl, Benzema. Ese debiera ser el orden, nunca al revés, pero sucede que en el Madrid el mandamás es el sacerdote y no el ingeniero. La titularidad de los nuevos galácticos no se discute; es el decreto que da forma a la doctrina del ser supremo.

Con una plantilla configurada a marchas forzadas, a base de nombres conocidos pero inconexos, el equipo merengue vive instalado en un oxímoron irresoluble: presidencia, afición y entrenador aspiran a ganar trazando triángulos, a encandilar, y sin embargo sus geómetras tienen querencia por las líneas de fuga. Entre Alonso, Lass, Kaka', Guti y Granero, toda una escalera de color, sigue sin hallar el técnico ni a Pitágoras ni a Brunelleschi. Los cinco se quedan a las puertas de la matemática y la arquitectura, mientras que sí dominan todas las fórmulas del contragolpe.

Semana a semana ha ido quedando al descubierto que tanto Kaka', como Granero y Guti, son media puntas por naturaleza, lo cual puede extrañar pero no sorprender, dado que la posición de trequartista es al soccer lo que la del quaterback al fútbol americano: la más golosa de todas las posibles. La consecuencia es que sobre el campo se solapan, se desdibujan y no acaban de enlazar. Quedan Lass, demasiado alborotado como para marcar el ritmo, y Xabi, teóricamente el más dotado para la elaboración, pero que vive en la praxis a veinte metros del área y no a cinco; primero porque no tiene un socio de inicio de jugada ─que bien podría ser Gago─, y segundo por la costumbre adquirida tanto en Liverpool como en la 'Roja' de ejercer de ancla más que de manija. Mientras el petirrojo de Donosti no se decida a soltar amarras, el Madrid seguirá sin encontrar discurso.

El silbido final en Chamartín sirvió de transición hacia Pamplona, donde Osasuna esperaba con largos cuchillos al líder. Arrancó sólido, ambicioso y reconocible el Barcelona, pero pronto cedió terreno, presencia y buena parte del balón ante el brío de los de Camacho, que cuajaron un partido digno de elogio, cimentado en un primer tiempo de altura y en que jamás se deshilacharon en el segundo, cuando el Barça se adueñó de la noche. Con todo, el campeón se hubiera llevado los tres puntos con justicia de no ser por Rubinos. Y por los errores propios, todos ellos de bulto y protagonizados por los centrales suplentes. La acción donde Ibrahimović se escapaba al galope no requiere más comentario.

En cuanto a la 'Dormita di Márquez', como titulaba La Gazzetta dello Sport, fue de jaula, por el coste que supuso y por reincidencia. A lo largo de su trayectoria en azulgrana, el mejicano ha acumulado una extensa lista de pájaras, varias de ellas de juzgado. No obstante, lo que alarma no son tanto sus errores puntuales como el precario estado de forma en que se encuentra. A su mejor nivel, Márquez también sufría similares desconexiones ─'burritos', según Rac1─, pero sus enormes y genuinas virtudes lo exculpaban. Es el capitán de la 'Tri' un futbolista tan fino como temerario, y que por tanto exige una puesta a punto, más que perfecta, pluscuamperfecta. Pero en cualquier caso Rafa Márquez sigue siendo un defensa señorial y recuperable a todas luces.

Si el sesteo del central fetiche de Guardiola fue grave, lo de Chygrynskyy, que pasa por ser la otra niña de sus ojos, fue como para simular un accidente de madrugada. El técnico hubo de sustituirle porque se avecinaba la roja después que Aranda, un delantero suburbial de trayectoria humilde, se añadiera al grupo de 'Yo también he roto a Chygrynskyy'. Aunque los medios catalanes escurran el bulto, nadie en Barcelona acierta a concebir cómo un futbolista tan torpe, plomizo y gélido pudo enamorar a todo un cuerpo técnico, en bloque. El ucranio es algo más que disminuido: presenta encefalograma plano en comparación con la joyería de Piqué y el alto voltaje de Puyol. Inexpresivo, melenudo y lánguido como un sauce llorón, el ucranio pide a gritos apelativos como 'Jesucristo Superstar', 'Androide C-21' o 'Yo soy Sam'. En realidad, lo que demanda con fervor es subirse al patíbulo.

En definitiva, extrapolado todo a lo estadístico, la tabla dice que pese a los brazos caídos de Benzema, con las solventes victorias de Sevilla y Valencia en territorio andaluz, y gracias a centrales de cuyo nombre Cervantes tampoco querría acordarse, el campeonato se estruja más que nunca. Habemus Ligam.
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